Statamic
Sermones

Ocupado… orando

Reynaldo Logroño 29 septiembre, 2025

La ansiedad fragmenta la mente, la divide en mil pedazos, la hala en direcciones opuestas hasta que perdemos la capacidad de enfocarnos. El término griego que Pablo usa en Filipenses 4:6, merinao, significa literalmente tener la mente partida. Es esa experiencia de estar acostado a medianoche mirando el techo, preocupado por el trabajo, las deudas, la salud de un hijo, una conversación difícil que evitamos. El mundo nos dice que eso es normal, que debemos ser multitasking, pero Pablo ofrece un contraste radical: no simplemente dejar de preocuparse, sino reemplazar activamente la ansiedad con oración, súplica y acción de gracias.

El pasaje no promete que los problemas desaparecerán. Lo que garantiza es algo diferente: la paz de Dios, una paz que sobrepasa todo entendimiento, montará guardia alrededor de nuestro corazón. El término militar que usa Pablo implica protección activa y constante. Es como el soldado perseguido que finalmente cruza las puertas del fuerte: el enemigo sigue afuera, pero ahora lo ve desde otro punto de vista, a través de las rendijas de la fortaleza. Así debemos ver nuestras pruebas: a través de las manos de nuestro Señor.

La gratitud juega un papel crucial, incluso en medio de la dificultad. Matthew Henry, tras ser asaltado, encontró cuatro razones para dar gracias: nunca antes lo habían robado, no le quitaron la vida, no era mucho lo que tenía, y él fue la víctima y no el ladrón. Esta actitud revela el tipo de comunión que tenemos con Dios. Nuestras peticiones deben presentarse con detalle, como un hijo que habla claramente a su padre, reconociendo que dependemos completamente de él.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bendiciones, hermanos. Siempre es un enorme privilegio tener la oportunidad de compartir la Palabra con ustedes, y hoy es un sermón especial para mí porque voy a tener la oportunidad de predicar de un pasaje que, si no es mi pasaje favorito, está entre los primeros tres. Es un pasaje muy conocido.

Es uno de esos textos bonitos que tiene la Biblia, que usamos en nuestras pantallas, en nuestras redes sociales, lo usamos para decorar nuestras salas, nuestras oficinas. Es un pasaje que se encuentra en la carta de Pablo a los Filipenses, capítulo 4, versículos 6 y 7. Voy a leer en la Nueva Biblia de las Américas.

Dice: "Por nada estén afanosos, antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús."

Señor, gracias. Gracias, Padre, porque hace muchos años, Señor, tú inspiraste al apóstol Pablo para escribirle esto a una iglesia joven con muchas necesidades. Pero Padre, esas mismas necesidades las tenemos nosotros más de dos mil años después. Y sabemos, Señor, que necesitamos entenderlo. Ayúdanos, Señor, a verlo de una manera fresca. Sabemos, Padre, que todos los que estamos aquí lo más seguro hemos leído este pasaje muchas veces, pero queremos que hoy tome un color especial y sea usado por tu Espíritu en nuestras vidas, en Cristo Jesús.

¿Cuántas veces nosotros habremos leído estos versículos? ¿Cuántas veces los hemos repetido? ¿Cuántos de nosotros incluso los sabemos de memoria? Y es que este es uno de esos textos a los que nosotros los cristianos le damos un valor como de mantra, y lo repetimos y lo repetimos y lo repetimos, sobre todo esa primera parte: "Por nada estén afanosos. Por nada estén afanosos. Por nada, por nada, por nada, nada, nada." Y creemos que simplemente repitiéndolo va a surtir efecto, y de esta manera entendemos que todos nuestros problemas van a ser resueltos, y de alguna forma entendemos que nuestros corazones y nuestras mentes van a ser aplacados.

Mi propuesta el día de hoy es que revisitemos este pasaje, lo pongamos en su justo lugar y le otorguemos su real importancia. Yo he titulado este sermón: "Ocupado orando."

Y yo no sé si a ustedes les pasa, pero yo sufro de inconscientemente hacer brincos mentales cuando estoy estudiando la Biblia. Cuando llego a uno de esos pasajes que ya me lo sé de memoria, es como si mi cerebro me dijera: "Eh, ya esa info la tenemos, brinca, concéntrate en los versículos de más abajo. Eh, ya eso está en el disco duro, tú no tienes que volver a leerlo. No me metas información repetida, que ya tú no tienes 25 años. Aliméntame de información nueva, de información diferente." Y esa manera de razonar de muchos de nosotros nos lleva a dejar de reflexionar y a dejar incluso de disfrutar de un sinnúmero de principios fundamentales que Dios quiere que nosotros nos apropiemos, practiquemos, pero que sobre todo revisitemos periódicamente.

Nos olvidamos de que quien diseñó nuestro cerebro nos dejó instrucciones específicas de que su Palabra, su ley, sus principios deben ser repetidos. "Repítelo de día y de noche, en la casa, en la calle, colócalos en todo lugar que tú puedas ver para que no se te olvide." Pero nosotros entendemos que eso es un mandato que solamente aplica a nuestros niños de la escuela dominical.

Y realmente una de las bendiciones que Dios ha traído a mi vida ha sido la oportunidad de poder leer la Biblia en diferentes versiones. Por muchos años leí la Biblia en la versión Reina Valera del 60 y me aprendí muchísimos versículos, incluyendo este. Pero luego tuve la oportunidad de trabajar con la versión de las Américas y vi cómo esos mismos versículos, con otras palabras, se veían como más cercanos. Pero recientemente estoy disfrutando la novedad de leerla y compararla con la versión Nueva Traducción Viviente. Y de esa forma he tomado la costumbre de detenerme a ver los diferentes términos que se utilizan para transmitir el mensaje, y que no cambian en las diferentes versiones. Y cuando yo me encuentro con ese tipo de palabras que no cambian en ninguna de las versiones, confirmo que realmente son términos importantes para el texto.

Y este pasaje de Filipenses, estos dos versículos, tienen varios de esos términos que no hay forma de sustituirlos o de poner un sinónimo que plasme mejor la idea de lo que el autor bíblico inspirado quería escribir. Por ejemplo, en el versículo 6 hay dos palabras que se utilizan en todas las versiones en español: "nada" y "todo." No hay manera de poner otra.

Pero asimismo he visto que esas mismas palabras que se mantienen constantes en cada versión, cuando tenemos la oportunidad de verlas en el lenguaje original en que fueron escritas, todavía hacen más sentido y es mayor su significado. Alguien dijo una vez que leer la Biblia en inglés era como ver una película en blanco y negro, y leerla en español era como en blanco y negro pero con algunos grises, pero que leerla en el lenguaje original era como verla en todo color.

De entrada les digo que yo no sé griego ni lo he estudiado tampoco, pero gracias al Señor tengo las herramientas y los libros que me permiten hacer tres cosas con el griego: ver cuál es la palabra original que usa el autor, ver en cuáles otros pasajes de la Biblia se utiliza, y ver cuáles son los diferentes significados que pudiera tener en nuestro idioma. Y para mí, perdón por los doctores que estén aquí, eso es suficiente.

Entonces, a partir de ahora nosotros vamos a desempacar lo más que podamos estos dos versículos de una forma que podamos apreciar y dimensionar las palabras del apóstol Pablo cuando abrió su corazón a los miembros de la iglesia de Filipos. Y a propósito de esa iglesia, todos sabemos que Filipos fue la primera iglesia que fundó el apóstol Pablo en Macedonia, y por lo tanto en Europa. Y esa fue una plantación muy diferente. Esa plantación no fue el fruto de un estudio de factibilidad realizado por el apóstol Pablo, ni de una estrategia misionera de su equipo de plantación.

Miren cómo inicia la iglesia de Filipos. Dice el libro de los Hechos, en el capítulo 16, lo siguiente: "Pasaron por la región de Frigia y Galacia, y habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la Palabra en Asia, cuando llegaron a Misia intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Y por la noche se le mostró a Pablo una visión. Un hombre de Macedonia estaba de pie suplicándole: 'Pasa a Macedonia y ayúdanos.' Cuando tuvo la visión, enseguida procuramos ir a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio." El Espíritu le dijo: "Por aquí no, por aquí tampoco. Los quiero por aquí."

Y miren el proceso de plantación. Primero inicia con un estudio bíblico al lado de un río donde solo iban mujeres. Se convierte una mujer comerciante llamada Lidia. Hubo un problema con una de ellas que era esclava y que tenía un demonio de adivinación. Pablo expulsa el demonio y se busca tremendo problema con los jefes de la joven. Luego Pablo y Silas son azotados y los meten presos. Y a medianoche Dios manda un terremoto que abre las puertas de la cárcel. El jefe de la cárcel cree que se han escapado y amenaza con matarse. Pablo lo evita, el carcelero se convierte junto con toda su familia, y listo. Pablo deja instalado a este equipo de plantación: un grupo de mujeres lideradas por Lidia, un carcelero romano y toda su familia eran los principales.

Pero sin embargo, esa iglesia plantada de esta manera, con ese tipo de discípulos, mostró una generosidad constante en la vida de Pablo. Dice Pablo que lo sostuvieron económicamente mientras estuvo en Tesalónica, y más adelante cuando estuvo en Corinto.

Pablo escribe a los corintios lo siguiente: "Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que ha dado a las iglesias de Macedonia, que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad."

Esa era la iglesia de Filipos. Esa iglesia a la que Pablo le escribe esta carta. No inmediatamente después de dejarla, sino unos 10 o 12 años después. Y le escribe mientras él estuvo preso por primera vez en Roma. Pablo dice que él tenía cinco propósitos para escribirle esa carta.

En primer lugar, quería expresar su gratitud por la ofrenda de los filipenses, lo cual trata en el capítulo 4. En segundo lugar, quería que los filipenses supieran la razón por la cual él decidió regresarle a Epafrodito, para que no pensaran que su servicio a Pablo había sido insatisfactorio. Los filipenses mandaron a un hermano para que acompañara a Pablo en la cárcel, pero lamentablemente ese hermano se enferma y Pablo tiene que decirle: "No, vuelve a Filipos."

En tercer lugar, él quería informarles acerca de cómo estaba la situación de su encarcelamiento en Roma. En cuarto lugar, él escribió para exhortarlos a que sean uno, que sean unidos. Y en quinto lugar, él escribió para advertirles de los falsos maestros.

La carta a los filipenses es una carta de aliento, de motivación. Se podría decir que el tema más complicado que había en la iglesia era una diferencia de opiniones que había entre dos hermanas, Evodia y Síntique. Pero aparte de eso, Pablo se sentía orgulloso de esta iglesia. Él los llamaba "corona y gozo mío." Eso sería como el premio mayor para un pastor, poder decir que su iglesia es corona y gozo mío.

Pablo quería animarlos a seguir el camino del servicio a Cristo sin importar lo difícil que estuviera la vida. Pablo usaba su propio ejemplo, estando preso, para decirles que él estaba gozoso por la obra que estaba haciendo Dios en medio de la prisión. Y en este contexto es que Pablo escribe su capítulo 4: el autor, preso, pasando las cien y unas, pero gozoso; el destinatario, una iglesia pobre, con muchas dificultades, pero muy generosa. Y a esa iglesia Pablo le dice: "Por nada estén afanosos."

Como diría el pastor Luis Méndez, aquí "nada" significa nada. Eso exactamente significa en el original, en el griego: literalmente, ni una sola cosa, absolutamente nada. Exclusividad total. Pablo elimina cualquier excepción que pueda justificar la ansiedad. Por nada estén afanosos. Ni la cárcel, ni las pruebas, ni la precariedad económica, ni las diferencias de opinión entre hermanas. Nada, absolutamente nada.

La palabra original en el griego es *merimnao*, que se traduce normalmente como estar ansioso, estar inquieto, estar preocupado. Pero etimológicamente, *merimnao* se forma de dos palabras en griego: *meri*, que viene de la palabra *merizo*, que significa dividir, y *no*, que viene de *nous*, que es mente. O sea, que literalmente "afanoso" significa tener la mente dividida.

Y hermanos, para mí conocer el término "afanoso" en el original hizo que este pasaje cobrara vida de nuevo, y ahora me confronta muchísimo más. Ya no era simplemente estar ansioso, inquieto, preocupado. *Merimnao* es un concepto muy gráfico y transmite una imagen de una mente partida en muchos pedazos, una mente que está siendo halada por muchas fuerzas al mismo tiempo en diferentes direcciones. Eso es lo que significa la palabra. Una mente distraída por mil preocupaciones al mismo tiempo. Una mente que ha perdido la capacidad de enfocarse en una sola cosa.

¿Les suena familiar? Tú estás sentado en tu escritorio, en tu oficina o en tu casa, y decides terminar de escribir un correo que llevas dos días escribiendo, pero siempre aparece algo que interrumpe. Te entra un correo que dice "urgente, urgente" y tienes que leerlo. Te vibra el celular y ves que es una llamada del banco. WhatsApp comienza a darte notificaciones una detrás de otra: tan, tan, tan, tan, tac. Te acuerdas de una llamada que tenías que hacer hacía media hora. Te suena la alarma del reloj porque no te has tomado la pastilla. Te tocan a la puerta de la oficina o de la habitación y es un niño llorando, pero te mandan un video por Instagram y te quedas 20 minutos haciendo scrolling en el celular.

Bienvenido al *merimnao*. O peor aún, tú estás acostado a medianoche, no puedes dormir, mirando el techo de la habitación fijamente, preocupado por las tensiones del trabajo, preocupado por tu jefe, preocupado por el dinero de la renta, preocupado por las deudas familiares, por un problema de salud de un hijo, por una conversación importante que estás tratando de evitar pero sabes que tienes que tener. Y para colmo, hace dos días que el carro tiene un sonido rarísimo que parece que es la transmisión.

Y el problema es que estos pensamientos no es que están ahí nomás, es que llega un punto tal que te estás enfermando. Tienes gastritis, te entran unos temblores, se te está cayendo el pelo, estás tomando decisiones que no son congruentes con tu vida cristiana. O peor aún, te sientes congelado, paralizado, y no puedes hacer nada.

Te estás dando cuenta de que has dejado de tomar decisiones claves porque sencillamente estás tratando de hacerle frente a muchas cosas al mismo tiempo. No has podido poner en su justo lugar cada una de las cosas importantes, no has podido priorizarlas, y ahora parece que todo te viene de repente al mismo tiempo y no tienes escapatoria. Tu mente, mi hermano, está dividida, está dispersa.

Y a mí me dio muy duro, porque aunque yo no me veo como el típico afanoso que anda rápido, que anda de aquí para allá, que todo el tiempo se está moviendo, que está en mil cosas al mismo tiempo, aunque yo me defino como una persona calmada, sosegada, igual que tú, tu mente y corazón están presos por el afán. Tú tienes un caso de *merimnao* crónico.

Pero lo triste, mis hermanos, es que el mundo nos dice que eso es normal, que eso está bien, que debemos estar en muchas cosas al mismo tiempo, que debemos ser multitasking, que es parte de convertirte en tú mismo 2.0. Sin embargo, gracias a Dios, ya ahora los mismos científicos han concluido que eso no es verdad.

Me topé con un blog de artículos de salud de la Universidad de Harvard, donde se pueden encontrar muchos artículos que respaldan la idea de que la multitarea es menos efectiva de lo que muchas personas creen. Y dicen los artículos: produce errores, reduce la retención de la información, fragmenta la atención, y en general baja el rendimiento y la calidad del trabajo mental, y puede causar enfermedad. Algunos de los artículos proponen estrategias bastante sólidas para mejorar el enfoque, como el monotasking, trabajar en períodos definidos, priorizar tareas, evitar distracciones.

2000 años antes que Harvard, Pablo le estaba diciendo exactamente eso mismo a los filipenses: "Mis hijitos, dejen de partir su mente en tantos pedazos. Dejen de halar su cerebro para diferentes lados al mismo tiempo. Se van a enfermar y no van a lograr nada." Recuerden lo que el Maestro nos enseñó: "No se afanen, diciendo: '¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos vestiremos?' Porque los incrédulos buscan ansiosamente todas estas cosas. El Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas, pero busquen primero su reino y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas."

Hermanos, estamos al cuidado de nuestro Padre, de Aquel a quien le cantamos. El pastor John MacArthur, en su comentario sobre este pasaje, dice lo siguiente. Miren qué cita: "La ansiedad y la preocupación indican una falta de confianza en la sabiduría, la soberanía y el poder de Dios." ¿Ustedes están oyendo? La ansiedad y la preocupación indican una falta de confianza en la sabiduría de Dios, en su soberanía y en su poder.

Pero Pablo no está planteando a los filipenses que la solución es simplemente dejar de preocuparse, ignorar los problemas, que ellos llegarán y ellos se irán.

No, ¿cómo sigue el pasaje? "Por nada estén afanosos. Antes bien..." Y aquí la conjunción que se utiliza en este texto no es un simple "pero". Es una palabra en griego que se llama *alla*. Y *alla* transmite un contraste fuerte y enfático entre dos ideas opuestas: "sino", "en cambio", "en vez de". No es el "pero" que nosotros podemos utilizar en eso. Es difícil, pero es posible. Es un contraste moderado; no es el contraste que nosotros encontramos en oraciones como "no es negro sino blanco", totalmente opuesto.

Pablo está diciendo: "Mis hermanos, de la misma manera, con la misma intensidad, con el mismo tiempo que ocupan su mente en todas esas cosas, partido en muchos pedazos, ustedes van a hacer lo opuesto, una sola cosa." Y Pablo no deja el corazón en un vacío. No basta con no preocuparse. Hay que reemplazar la ansiedad. ¿Y cómo dice que lo hagamos?

"Antes bien." Primero dice: "En todo." Otro absoluto del texto, y "todo" significa todo. Ahí cabe la mayor preocupación, pero también el más mínimo detalle. Todo. En todo, ¿qué? Mediante oración y súplica con acción de gracias.

Oración, súplica y acción de gracias. Son tres términos que muchas veces los usamos indistintamente, pero aquí Pablo usa los tres y tiene una razón de por qué lo hace. Primero, oración. Aquí "oración" se refiere a la oración general, se refiere a ese estilo de vida, a ese estado en que nos encontramos constantemente en relación con Dios. Ese orar sin cesar. Es cuando nos mantenemos con un canal abierto de comunicación con Dios constantemente.

"Súplica" aquí se refiere a ese ruego específico, a ese clamor desde la necesidad, a ese grito desesperado, a ese pedido que un hijo le hace a un padre porque sabe que su papá es el único que puede ayudarlo. Y "acción de gracias" se refiere a esa actitud de agradecimiento con la que debemos hablar con Dios, porque tenemos la certeza de que nuestra oración será escuchada y atendida. Es una gratitud que brota incluso antes de recibir respuesta.

Hermanos, la ansiedad y la preocupación se vencen en tres pasos: orar, suplicar y agradecer. Y como ya dijimos, no es simplemente un cambio de hábito, de preocuparse a no preocuparse, sino un contraste radical del afán, que es una mente dividida en muchos pedazos, a la oración, que es la mente enfocada en una sola cosa: Dios. Pablo nos enseña que no existe un terreno neutral. O la ansiedad ocupa el corazón, o la oración lo ocupa.

Pero, ¿ustedes se dieron cuenta de ese último paso: "con acción de gracias"? Dar gracias en medio de la prueba, en medio de este problema que yo tengo. Y no está Pablo pidiéndonos mucho, porque yo te compro la vida de oración y la súplica, pero con todo esto que yo estoy pasando, ¿también yo tengo que detenerme a darle gracias a Dios?

El comentarista Matthew Henry tiene una cita que me encanta acerca de su reacción en un momento en que él fue atracado y robado. Y dice Matthew Henry: "Quiero dar gracias. Primero, porque nunca antes me habían robado. Segundo, porque aunque me quitaron la cartera, no me quitaron la vida. Tercero, porque aunque me quitaron lo que tenía, total no era mucho. Y cuarto, porque fui yo quien fue robado y no fui yo el atracador." No una, cuatro razones para dar gracias en medio de un atraco. Eso es ser agradecido. Eso es tener acción de gracias.

Hermano, la queja, la preocupación y la ansiedad surgen normalmente cuando nos enfocamos en lo que no tenemos, cuando nos olvidamos de todo lo que Dios ha hecho por nosotros en el pasado. Los momentos y oraciones de gratitud nos ayudan a reenfocarnos.

Si tú te sientes ansioso en medio de una prueba, detente y ponte a pensar. Recuerda cómo Dios ha sido fiel en tu vida a lo largo del tiempo. Detente. Recuérdate las veces que tú estuviste en pruebas similares, que tú te sentiste igual de ansioso o quizás más, y Dios te mostró que Él estaba ahí contigo. Y lo grande es que te mostró que ese tiempo de prueba era necesario, porque Él sabía que tú ibas a salir de esa prueba siendo un mejor hijo de Él.

No olvidemos que el apóstol Pablo está escribiendo esto desde la cárcel. Y miren lo que él escribe a los filipenses en el primer capítulo, Filipenses 1:12: "Además, mis amados hermanos, quiero que sepan que todo lo que me ha sucedido en este lugar ha servido para difundir el evangelio." Todo. Hermano, tu gratitud habla del tipo de comunión que tú tienes con tu Dios. Habla de tu aprecio por lo que Él ha hecho contigo en el pasado, pero también habla de cómo tú le das gloria por lo que Él es en tu vida presente, y habla de tu vida de alabanza por lo que Él hará contigo.

¿Y cómo termina el versículo 6? "En todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios." Sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. ¿Y dadas a conocer a quién? Al omnisciente, al que todo lo sabe. Dios no necesita que nosotros le digamos nuestras necesidades o deseos, porque Él obviamente los conoce incluso mejor que nosotros. Pero Él quiere, como nuestro Padre, que nosotros le demostremos que valoramos Su misericordia y que reconocemos que dependemos de Él.

Y esta frase, "sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios", en el original está escrita en un modo imperativo pasivo que implica presentar abiertamente, como si fuera un expediente, declarar sin reservas, con lujo de detalles. Es lo que dice: que presentemos nuestras peticiones. No es un rezo automático y repetitivo, sino un acto consciente de poner cada una de nuestras cargas delante de Dios. Como el niño que le dice claramente a su papá lo que necesita, no le viene con símbolos y cuentos: "Papi, tengo hambre. Papi, tengo sueño. Papi, quiero esos tenis."

Hace muchos años yo pertenecía a un grupo de hombres de rendición de cuentas, y nosotros cada dos semanas nos reuníamos y veíamos las cosas que estaban pasando en nuestra vida. En aquel momento, en la familia estábamos pasando por una situación en que necesitábamos vender una propiedad, pero necesitábamos un documento que en República Dominicana se llama IPI, que es el impuesto para propiedades inmobiliarias. Y si uno no tiene ese documento diciendo que ha pagado esos impuestos, que se pagan cada seis meses, uno no puede hacer ningún tipo de operación. Y por alguna razón que no recuerdo, en aquel momento había un problema con el sistema y no salía el IPI de una propiedad que necesitábamos vender.

Yo lo comento a mis hermanos del grupo pequeño, y en un momento estamos orando por cosas: "Señor, danos fuerza. Señor, que tu nombre sea glorificado en todo lo que hacemos en nuestros negocios." Y dice un hermano: "Señor, el IPI de Reinaldo." Y yo lo miré bárbaro. ¡Qué falta de respeto! Orarle al Señor por un documento del gobierno, que lo más seguro me lo están dilatando porque quieren es que yo les dé algo. ¿Pedirle al Señor por eso?

Exactamente eso es lo que dice el pasaje. Así. Por eso tienes que pedir con detalle por lo que necesitas. Ese es tu Papá al que tú le estás hablando. Es un ejercicio de despojarnos de nuestra autosuficiencia. Es una forma real y práctica de decirle a Dios: "Señor, ya yo no puedo solo. Ya yo no confío en mí. Tú toma el control. Tú búscame la solución porque yo no la encuentro. Mi confianza y mi esperanza está puesta en ti." Amén.

Entonces, hermanos, cuando llegamos ahí, podemos leer el versículo 7. "Y la paz de Dios..." Y yo siempre he dicho que me hubiera encantado que Pablo hubiera escrito el versículo 7 diferente. Imagínese: "Por nada estén afanosos, sino que en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios."

Y el poder de Dios sobrepasa todo entendimiento, y en un abrir y cerrar de ojos hará que todas tus pruebas y aflicciones desaparezcan. Pero este pasaje no habla de que nuestros problemas van a desaparecer. ¿Saben por qué? Porque Dios sabe que yo los necesito. Pero como yo no lo sé y no tengo la capacidad para entenderlo, Él me da su paz, y su paz hará que yo vea la misma prueba, pero de una forma diferente.

La misma prueba que ayer me quitaba el sueño y me enfermaba, hoy, luego de presentarla delante de Dios y ponerla en sus manos en oración con fe, esa misma prueba no tiene el poder de agobiarme. Y entenderemos entonces lo que Pablo le dice a los corintios: afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados por Dios; derribados, pero no destruidos.

El término que se usa aquí en el original como paz no se refiere a la paz que ocurre en la ausencia de conflicto o guerra. El término paz que se usa aquí en el original implica un bienestar integral, una plenitud, una armonía con Dios. Es una paz que viene de Dios mismo. Es el término que se usa en los evangelios cuando dice: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz entre los hombres." Es una paz que viene del cielo, no es la paz que nosotros podemos fabricar con una negociación con otro país.

Dios no solamente promete quitar la ansiedad, sino que promete sustituirla por su paz. Una paz activa y que restaura. Una paz que sobrepasa todo entendimiento, una paz que nadie puede entender, aun el más sabio de la creación, porque es una paz que proviene de Dios mismo. Es una paz que, dice el término en el original, nos supera, que está muy por encima de nuestra mente, por encima de nuestro intelecto y por encima de nuestra capacidad de razonamiento. La paz de Dios no es irracional, pero sí trasciende lo que la mente humana puede calcular o prever.

Pero esa paz, ¿qué hace? Dice ahí: "Guardará sus corazones y sus mentes." Y el término "guardará" es un término militar. Protegerá, vigilará, guarnecerá, pondrá una guardia armada. La paz de Dios monta guardia alrededor de tu corazón. No es que solamente recibimos una calma momentánea que nadie entiende ni tú mismo, sino una protección activa y constante que se mantiene cuidando tus emociones y tus pensamientos.

Esa es la paz protectora que nos permite estar gozosos en medio de la prueba y que el mundo no entiende. Es esa paz protectora que hace que todo allá afuera se vea diferente porque estamos dentro de su fortaleza. Estamos viendo las mismas circunstancias, las mismas pruebas, pero desde otro punto de vista.

¿Ustedes han visto esas películas de guerras medievales donde encuentran solo a un soldado en su caballo y las tropas enemigas comienzan a perseguirlo? Él está huyendo, mira hacia atrás y cada vez son más; dobla por un lado y le salen más enemigos, dobla por otro y sigue corriendo, pero allá en el fondo él ve el fuerte. Se da cuenta de que el vigía vio que él viene corriendo, y sigue corriendo hacia ese fuerte, y de momento ve que comienza a bajar el puente para abrir la puerta. Él entra, sube esa puerta, y está dentro. Desde adentro vuelve a ver al enemigo. El enemigo sigue ahí, pero su punto de vista cambió, porque lo está viendo entre la rendija de la fortaleza.

Hermano, nosotros debemos ver nuestro problema a través de las manos de nuestro Señor. Y créame que viendo todas nuestras pruebas a través de los ojos y las manos de nuestro Señor, todo se ve diferente. Un cáncer se ve diferente, una crisis económica se ve diferente, tu soltería se ve diferente, tu vejez se ve diferente, la rebeldía de un hijo adolescente se ve diferente, porque ahora tu punto de vista cambió y tú sabes que hay un propósito para todo eso que está allí afuera.

Pero lo mejor de los versículos Pablo lo deja para el final. ¿Dónde guarda nuestra mente y corazón? En el mejor lugar. ¿Dónde dice? En Cristo Jesús. No en nada más ni en nadie más. En el único lugar de donde nadie nos puede separar: Cristo Jesús.

La preposición usada para "en" se usa mucho en el griego, y tiene tres aspectos diferentes. Primero, tiene un aspecto de localización, un aspecto físico en un lugar determinado. "En" aquí implica que estamos al lado de Cristo, en Cristo. Pero también tiene una esfera relacional espiritual: ese "en" implica vivir, moverse o existir dentro de una relación. Es como cuando usamos en español "ellos están en amores". Amores no es un lugar, no hay una dirección, es una situación. "En esa casa están en luto." Ese "en" es una situación. O sea, "en Cristo" también implica que no solamente estamos al lado de Él, sino que tenemos una relación con Cristo.

No es como cuando vamos a Europa y nos tomamos una foto con el guardia que cuida en Buckingham: podemos ponernos al lado, pero él no se mueve, no nos mira y no podemos tocarlo. No es estar al lado de quien nos cuida sin tener una relación con él. Pero también "en" tiene una connotación instrumental. A veces ese "en" se traduce "por medio de", e implica que si estamos al lado de Él, si estamos interactuando con Él, no es porque lo ganamos o porque logramos llegar hasta ahí. Estamos en Cristo porque Él, y solo Él, nos llevó hasta allá.

Hermano, cuando leemos ese pasaje y cuando vemos otros pasajes que usan el mismo término, estamos entendiendo lo que implica esa frase tan corta de "estoy en Cristo". Estamos diciendo que estamos al lado del Señor, interactuando con Él. Pero lo más importante: no porque nosotros quisimos o pudimos, sino porque Él nos llevó allá. Estamos en Cristo porque Él así lo quiso; en buen dominicano, porque a Él le dio la gana.

Fíjense cómo hemos visto estos dos versículos frase por frase, palabra por palabra, y hemos visto el significado y el alcance que tienen viendo el griego original. Y aunque usted no lo crea, para mí las palabras más importantes, las más comprometedoras, las que más me retaron de este texto, no fueron los absolutos "todo" y "nada". Las palabras que más me comprometieron son las más cortas: la conjunción "sino", en vez de "en cambio" o "antes bien", y la preposición "en" que vimos en "en Cristo".

"Sino", porque ese "antes bien" nos recuerda lo que ya dijimos: que la ansiedad y la oración son mutuamente excluyentes, no pueden convivir juntas. Pablo establece dos caminos totalmente opuestos que no se mezclan. Ansiedad es un corazón dividido, enfocado en problemas. Oración es un corazón unificado, enfocado solamente en Dios. No se puede mezclar. Pablo no encuentra un territorio neutral. Hermano, si nosotros no transformamos nuestra ansiedad en oración, la ansiedad va a ocupar el espacio que la oración debe tener en nuestro corazón.

Y ese "en" —con Él, al lado de Él, en comunión con Él y por Él— esa frase final del versículo 7 es la que da sentido al pasaje completo. La paz de Dios podrá protegernos porque nos lleva al único lugar de donde nadie nos puede separar: Cristo. Y como vimos, esos dos versículos de Filipenses no pueden separarse. No podemos usar un pedacito para calmar nuestra ansiedad. Ambos conforman una secuencia de eventos que no puede ser rota.

La ansiedad se va solo si presentamos en oración todas nuestras cargas. Y solo si traemos todas nuestras cargas, el Señor enviará su paz divina. Y solamente esa paz divina es la que puede tomar nuestra mente y corazón y llevarlos al lugar más seguro: Cristo Jesús. Es una escalera. Yo no puedo brincar pasos.

Otra cosa que vimos, ya cerrando: este pasaje no nos dice que cuando oramos todos nuestros problemas desaparecen.

Vimos que simplemente lo que nos garantiza es que su paz va a proteger nuestra mente y nuestro corazón de la ansiedad. Cuando nosotros oramos al Señor, se supone que estamos poniendo nuestras circunstancias, nuestros problemas y nuestras pruebas en su justo lugar y en su justa dimensión. Y ese es, si usted quiere saber, el lugar exacto donde debe estar tu problema: en tu lista de oración. Ahí, no en tu mente buscando soluciones tú solo, sino en tu lista de oración.

Este pasaje nos enseña que todas nuestras situaciones deben ser convertidas en motivo de oración antes que pasen de situación a problema. Pero lamentablemente nosotros primero tratamos de resolver por nuestra cuenta, nosotros solos. Y cuando fallamos y se nos viene todo arriba, ahí es que clamamos al Señor. Y lo más triste, hermano, es que nuestras oraciones denotan que en realidad no confiamos en el Señor, como dijo MacArthur. No creemos firmemente que Él es nuestro Padre y tendrá cuidado de nosotros. Lo oramos, lo cantamos, pero no lo creemos.

Porque es imposible que cuando nosotros ponemos algo en las manos del Señor, el Rey de Reyes, Señor de Señores, el Todopoderoso, nosotros sigamos preocupados. Entonces no estamos creyendo que Él es todopoderoso, ni que me ama, ni que es misericordioso. Y esto no es una doctrina que se inventó el apóstol Pablo. Toda la Palabra está permeada de eso.

Pedro dice lo siguiente en su primera carta: "Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque Él cuida de ustedes." Descarguemos nuestras cargas en Él. Pero nosotros oramos y en lo más profundo de nuestro corazón seguimos inquietos y afanados.

Entonces debemos ver este versículo y hacer ese ejercicio: ¿Es mi vida de oración lo suficientemente sincera? ¿Está el canal de oración con mi Padre lo suficientemente fortalecido para que, una vez yo lo traiga en oración con fe, ya yo pueda ver ese problema de una manera diferente? Cuando nosotros leamos Filipenses 4:6-7, nosotros podemos agarrarnos de esa promesa, pero siguiendo cada uno de los pasos.

Y quizás aquí hay alguna persona que diga: "Bueno, yo no estoy ahí." Este es un pasaje realmente que está escrito para hijos de Dios que tienen el Espíritu Santo. Y tú puedes decir: "Eso para mí es imposible, eso no tiene sentido." Entonces, amigo, este es el momento de tú tomar una decisión.

Pero hay algo en ese mismo pasaje que te puede servir a ti. No es casualidad que el apóstol Pablo, inspirado por Dios, haya usado al final "en Cristo Jesús." No dice "guardará tu corazón en el Señor", ni dice "guardará tu corazón en el Padre." Dice "en Cristo, el ungido, el Mesías prometido; Jesús, el nombre humano del que vino a salvar lo que se había perdido. En Cristo Jesús."

Y es que si nosotros cogemos ese pasaje y lo volteamos, lo leemos al revés, de abajo hacia arriba, mi amigo que estás aquí, este mismo pasaje se convierte en la más maravillosa promesa de Dios para tu vida. ¿Cómo diría? Si estás en Cristo Jesús, si tú vienes a Él, si crees en Él como tu Salvador, si tú tienes una relación con Él, tu mente y corazón disfrutarán de la protección y cuidado personal del Dios del universo, del Señor de Señores, del Rey de Reyes, del Creador de todo lo creado, del soberano, del omnisciente. Y una paz que nadie que no sea Él podrá entender te gobernará, te invadirá, siempre y cuando traigas todas tus cargas, tus pecados, tus necesidades en oración a Él. Y comprobarás que esa es la única forma de que nada aquí en la tierra podrá distraerte, preocuparte, afanarte y alejarte de Él.

Hermano, este texto nos enseña a todos lo mismo. Cuando nosotros ponemos nuestras manos así y le suplicamos al Señor: "Señor, mírame, conoce mi corazón. Yo no puedo. Yo te necesito. Necesito tu sabiduría, necesito tu guía, necesito tu fuerza. Aquí están con lujo de detalle todo lo que está no solamente en mi mente sino en mi corazón. Y es más, Señor, yo quiero que tú entres a mi corazón, y la cosa que yo ni siquiera entiendo, tú la veas; yo te la traigo delante de ti." Dice este pasaje que cuando nosotros hacemos eso, el Señor nos guarda en Cristo Jesús. Es la promesa. Amén.

Padre, wow, Señor, qué Dios nosotros tenemos. ¿Qué comunión contigo tenía el apóstol Pablo? ¿Qué manera de entender la realidad como un hijo tuyo? Señor, nosotros necesitamos eso. Nosotros necesitamos entender que tu Palabra está ahí y que tú nos das la oportunidad de entender, Señor, que es tan actual como nunca, Padre. Vemos cómo términos usados hace dos mil años aplican perfectamente a nuestro día a día de hoy. Padre, eso solamente lo hace un ser soberano, cuyos atributos sobrepasan nuestro entendimiento, Señor.

Gracias, Señor, porque tu paz nos permite ver con propósito todo cuanto nos acontece. Gracias, Señor, porque con tu guarda, con tu fortaleza, nosotros podemos estar quietos. Tú nos mandas, Señor, a que confiemos en ti y que entendamos que si soltamos nuestras cargas y te las entregamos a ti, ya no tenemos que cogerlas otra vez. Gracias, Señor. Gracias por lo que tú eres. Gracias, Señor. Gracias, Padre, porque estamos en Cristo Jesús.

Reynaldo Logroño

Reynaldo Logroño

Reynaldo Logroño conoció al Señor en 1980 y es miembro de la IBI desde 2007. Ha servido en Consejería Prematrimonial, GPS, Escuela Bíblica Dominical, Ministerio de Cárceles y Conferencias Por Su Causa. Desde 2010 dirige, junto a su esposa, la Escuela Bíblica Dominical, y desde 2017 es director del Ministerio Integridad & Sabiduría. Licenciado en Publicidad con maestría en Gerencia de Mercadeo, graduado del Instituto Integridad & Sabiduría y certificado en Educación Cristiana. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr.