Integridad y Sabiduria
Sermones

Pasando el legado a la próxima generación

Luis Méndez 27 junio, 2022

En uno de los momentos más solemnes de la historia de Israel, el rey David convoca a toda la asamblea nacional para transferir el trono a su hijo Salomón. Frente a los jefes de las tribus, comandantes y oficiales, David no se enfoca en logística, economía ni seguridad. Su mensaje va directo al corazón: "Reconoce al Dios de tu padre y sírvele de todo corazón". David sabía que el mayor desafío de Salomón no serían las circunstancias externas, sino su estructura interna. El carácter precede al carisma, y una grieta en el carácter puede arruinar todo un gobierno.

Reconocer a Dios no significa simplemente identificarlo como se reconoce a un conocido en la calle. Significa buscarlo con intencionalidad, desarrollar una comunión íntima con Él, vivir consciente de su presencia. David podía dar este consejo porque él mismo había experimentado esa relación. Los Salmos revelan a un hombre cuya alma tenía sed de Dios "cual tierra seca donde no hay agua". Servir a Dios, además, no es ayudarle como si Él tuviera necesidad, sino adorarle, reconocerlo, vivir para su gloria con todo el corazón y ánimo dispuesto, no por obligación sino con gozo genuino.

David le advierte a Salomón: "El Señor escudriña todos los corazones y entiende todo intento de los pensamientos". Si le buscas, te dejará encontrarle; si le abandonas, te rechazará. Trágicamente, aunque Salomón comenzó bien, no terminó bien. Su inconsistencia espiritual llevó a Israel desde su época de oro hasta la división del reino. La lección permanece: nada es más importante que nuestra relación con Dios. No podemos servirle correctamente con un corazón dividido.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Yo quisiera invitarle a Primera de Crónicas, capítulo 28. Por favor, fijaremos texto de estudio en esta tarde. Primera de Crónicas 28. Antes de leer el texto, de una vez más vamos a inclinar nuestros rostros y busquemos la bendición de nuestro Dios en oración.

Padre, gracias, porque tú eres bueno. Señor, en todas estas cosas que el pastor Miguel hablaba como un suceso histórico, eso solo tiene explicación por tu gracia, por tu misericordia. Y nuestra súplica es: ayúdanos a ver tus misericordias de tal manera que seamos más cautivados para adorarte, para ser agradecidos. Especialmente, Señor, habla. No hay nada que nosotros necesitemos más que escucharte a ti. No nos dejes salir de ese lugar en la misma condición como hemos llegado. Ven, Señor, déjanos verte en esta mañana, en el nombre de Jesucristo oramos. Amén.

Muy bien. Primera de Crónicas, capítulo 28. Voy a leer el verso 9: "En cuanto a ti, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre y sírvele con todo corazón y con ánimo dispuesto, porque el Señor escudriña todos los corazones y entiende todo intento de los pensamientos. Si le buscas, Él se dejará encontrar; pero si le abandonas, Él te rechazará para siempre."

Para empezar, algo que le decía: no todo lo que hablamos es igualmente importante, porque depende de la ocasión. Las palabras toman un especial significado dependiendo del momento y la ocasión en que se dicen. Hay conversaciones casuales, triviales; hay conversaciones que son un poco más formales; pero hay conversaciones que nosotros decimos están en otra categoría: hablamos de cosas solemnes. Por ejemplo, no es lo mismo lo que usted habla viendo un juego de béisbol, a lo que usted dice cuando un familiar cercano está muriendo. No es lo mismo lo que un novio le dice a su novia caminando por el parque, a lo que él le dice aquí en una boda frente a la iglesia como sus votos de matrimonio. Son circunstancias diferentes.

Aquí encontramos las palabras de David al final de su reino. Se cree que David tenía entre 12 a 16 años cuando fue ungido como rey de Israel. Él era el más joven de los ocho hijos que tenía su padre, y su elección como futuro rey, la verdad, humanamente hablando, no daban los números. No había manera de poder imaginar que David, siendo el más pequeño y por causa incluso de sus funciones, pudiese escalar a un nivel tan alto. Samuel, el profeta de Dios, destinado para eso, se ubicó en el hijo mayor, que era Eliab. Él era el hermano de David y, sin duda alguna, el favorito en las estadísticas para ser elegido. Sin embargo, Dios le hizo saber a Samuel que no era así. Eso no funcionaba así.

Uno de los textos más impresionantes sobre esto está en Primera de Samuel 16:7, cuando Dios le dice: "No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo he desechado. Porque el Señor no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón." El hombre mira la apariencia; Dios mira la esencia. Los siete hijos de Isaí pasaron uno a uno y de alguna manera Dios decía: "No es este, ese tampoco, ese no es." Y Samuel, al final, casi desesperado, le dijo a Isaí: "¿Tienes más hijos?" Y él respondió: "Bueno, hay uno, que está por allá cuidando las ovejas." Y Dios dijo: "Ese es." Era David. Y la Escritura dice que desde aquel día en adelante, el Espíritu del Señor vino sobre David.

Después que David se estableció en su reino y tuvo paz con sus enemigos, el deseo de David era construir un templo para el Señor. Al profeta Natán, que estuvo involucrado, inicialmente le parecía algo factible, pero Dios le habló a Natán y le dijo que eso se iba a detener: "Yo no quiero que sea David quien me construya un templo." En cambio, Dios dijo que Él iba a hacer algo para honrar a David, una promesa que incluía la predicción de que era su hijo Salomón quien construiría el templo. Pero también en la promesa se incluía la venida del Mesías como un hijo de la casa de David que iba a reinar para siempre. Y David fue humilde, reconociendo que Dios tiene el derecho soberano de hacer lo que Él quiera. La Escritura dice que David expresó: "¿Quién soy yo, y qué es la casa de mi padre para que tú me hayas traído hasta aquí?"

Entonces, consciente ya de que esa etapa de su reino le había sido designada, David preparó las cosas para la transición. La razón por la que Dios no quiso permitir que David construyera el templo es porque él había derramado mucha sangre. Sin embargo, el hijo de David sería un hombre de paz, no un hombre de guerra. Dios eligió a Salomón para eso. Las palabras del texto nuestro de esta mañana corresponden al momento en que David va a transferir su trono a su hijo Salomón. Esto es solemne. En la historia del pueblo de Israel, este es uno de los eventos solemnes.

¿Cómo fue la ocasión? ¿Cómo se dio el acontecimiento? Bueno, había sido convocada lo que se llama la gran asamblea de la nación. Para que ustedes tengan una idea de todo el que estaba ahí, miren conmigo el verso uno. Estamos aquí en Primera de Crónicas, capítulo 28, verso 1: "David reunió en Jerusalén a todos los oficiales de Israel: los jefes de las tribus, los comandantes de las divisiones que servían al rey, los comandantes de millares, los comandantes de centenas, los administradores de toda la hacienda y del ganado del rey y de sus hijos, con los oficiales, los poderosos, y todos los hombres valientes." Usted tiene que imaginar: es como aquí en nuestra isla, donde se acostumbra, probablemente un 16 de agosto, que es la fecha en que se hacen las transiciones de los gobiernos. Es un momento solemne. David habla a toda la asamblea general y es lo que pudiéramos decir la rendición de cuentas del rey David.

Yo quisiera tomar un tiempo para leer parte del discurso de David, porque eso conecta con nuestro punto de hoy. Vengan conmigo al verso 2. Estamos en Primera de Crónicas, capítulo 28: "Entonces el rey David se puso de pie y dijo: 'Escuchadme, hermanos míos y pueblo mío. Había pensado edificar una casa permanente para el arca del pacto del Señor y para el estrado de nuestro Dios, y así había hecho arreglos para edificarla. Pero Dios me dijo: No edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra y has derramado mucha sangre. Sin embargo, el Señor Dios de Israel me escogió de toda la casa de mi padre para ser rey de Israel para siempre, porque escogió a Judá para hacer jefe, y de la casa de Judá, la casa de mi padre, y entre los hijos de mi padre Él se agradó de mí para hacerme rey sobre todo Israel. Y de todos mis hijos —porque el Señor me ha dado muchos hijos— Él ha escogido a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino del Señor sobre Israel. Y Él me dijo: Tu hijo Salomón es quien edificará mi casa y mis atrios, porque lo he escogido por hijo mío, y yo seré su padre. Y yo estableceré su reino para siempre, si se mantiene firme en cumplir mis mandamientos y mis ordenanzas como en este día.'"

"De manera que ahora" —es David hablando a toda la asamblea— "de manera que ahora, en presencia de todo Israel, asamblea del Señor, y a oídos de nuestro Dios, guardad y buscad todos los mandamientos del Señor vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra y la dejéis como heredad a vuestros hijos después de vosotros para siempre."

Esa fue una gran parte de su testimonio. De hecho, fue un testimonio transparente, fue un testimonio honesto. David abrió su corazón delante de todo el pueblo. Él no editó el proceso; él fue abierto, transparente; él fue fiel a Dios. Ahora el momento cumbre de este discurso llega. David habló a toda la asamblea, y ahora David se va a dirigir directamente a su hijo para dar la instrucción.

Yo no sé si usted ha visto a veces en las bodas que los pastores primero hablan del matrimonio en sentido general, y luego, en un momento de la ceremonia, se enfocan en los dos novios y les dicen: "Olvídense del resto, los que están aquí. Le voy a hablar a ustedes." Eso fue exactamente lo que David hace. Ahora David va a hablar a su hijo. Imagínense lo especial de este momento. Ustedes tienen que imaginar que todo el pueblo está siendo convocado, como se hace aquí en una toma de posesión, y que eso está siendo transmitido por una cadena nacional de radio y televisión. Y ahora este joven es el receptor exclusivo de quizás el más importante mensaje que él pueda recibir. Este mensaje viene del rey actual, que además es su padre.

Lo que llama la atención es aquello en lo que David se enfocó en su mensaje. A pesar de que Salomón en un instante iba a ser posicionado quizás como uno de los gobernantes más poderosos de la tierra, y de seguro había muchos desafíos para un muchacho tan joven, el discurso de David primordialmente no se enfocó en la logística, aunque eso eventualmente iba a ser trabajado. El discurso de David no se enfocó en lo económico, aunque eventualmente eso iba a ser trabajado. El enfoque de David no estuvo en la seguridad, diciendo: "Te he asignado a este general; de aquel no me fío", aunque me imagino que en algún momento eso fue considerado.

El discurso de David se enfocó primordialmente en el carácter. David estaba consciente de que el mayor desafío que su hijo iba a enfrentar no eran circunstancias externas. El problema era su estructura interna; el mayor desafío iba a ser su carácter. Yo le decía al grupo pasado que el pastor Miguel, en su libro *Cielos para su gloria*, usa una expresión que me ha quedado grabada: "Carácter precede a carisma." Se puede ser un líder con muchísimo don; eso no garantiza nada. Los mayores quebrantamientos de nuestra generación, las mayores decepciones, sobre todo en el pueblo de Dios, no han venido por falta de dones, sino por deficiencia del carácter. Una grieta en el carácter de Salomón iba a arruinar todo su gobierno.

¿Qué le dijo el rey David a su hijo Salomón en un momento tan solemne? Es el verso 9. Voy a leerlo.

En cuanto a ti, Salomón, hijo mío, este es mi consejo: reconoce al Dios de tu padre. Salomón, sírvele de todo corazón con ánimo dispuesto, porque escucha esto, hijo mío: el Señor escudriña todos los corazones. El Señor entiende todo intento de los pensamientos, y aquí está el punto más importante para ti, hijo mío.

Recuerden que le hablaba más Salomón delante de la asamblea, y le dijo: si tú le buscas, Él te dejará encontrarle, pero si tú le abandonas, Dios te va a rechazar para siempre. Eso le dijo el rey David a su hijo Salomón delante de toda la asamblea nacional de Israel. Esa fue la ocasión, y lo que yo quisiera es que tomemos un tiempo para analizar qué exactamente fue lo que el padre le dijo a su hijo. ¿Cuál fue exactamente el consejo?

La idea es cómo David intentó pasar el legado espiritual a la próxima generación. Aunque estas palabras inicialmente fueron pronunciadas de un padre a un hijo, nosotros también necesitamos igualmente ese consejo. Nosotros necesitamos entender que el legado se nos está pasando y, más importante aún, que el legado lo estamos abrazando, porque no podemos dar lo que no tenemos. ¿Cómo el consejo del rey David a su hijo Salomón nos desafía a ti y a mí miles de años después?

En primer lugar, él le dice a su hijo: reconoce al Dios de tu padre. Esa palabra, reconocer, es diferente a la que nosotros usamos cuando nos encontramos con alguien conocido en un lugar. Yo les decía el domingo pasado: nosotros vivimos en un horizonte y entonces saben que hay dominicanos en todos los confines de la tierra. Pues en estos días yo tenía que atender un evento deportivo, tomé un Uber, y adivinen qué vi: ese tipo manejando, pone una bachata, y yo le dije: ¡oye, tú eres dominicano, mi hermano! ¿Cómo me reconociste? Y adivinen qué fue lo primero que me dijo: nosotros tenemos chicha y ron, nos vamos a invitar para hacer un sancocho en Arizona, a 3,000 millas de distancia.

Entonces reconocí que era dominicano, pero esa no es la manera como el término se usa para Dios. No es que tú estás en un lugar y dices: ese ya lo reconozco. La idea es: Salomón, tú tienes que buscar a Dios con intencionalidad. Hijo mío, tú tienes que desarrollar una relación personal con ese Dios. Yo no estoy hablando simplemente de conocimiento; Salomón, tú tienes que tener una comunión íntima con Dios, y para nosotros hoy eso es solamente posible a través de Jesús, que es la Palabra revelada.

Es como si David le dijera a su hijo: hijo mío, tú tienes que vivir tomando en cuenta a Dios. No te equivoques; no importa el poder que vas a tener, no importa la relevancia de tu posición, tú tienes que vivir consciente de Su presencia. Todo lo que vas a hacer está en la presencia de Dios. Salomón, este es mi consejo para ti: busca la bendición de Dios cada día. No te equivoques con eso. Dice el Salmo 9:10: en ti pondrán su confianza los que conocen tu nombre, porque tú, oh Señor, no abandonas a los que te buscan.

Ahora, presten atención: David no le dijo a Salomón, mira, hijo mío, trata de meterte en algunas religiones, ahí busca algo que te envuelva en eso. Él no le habló en tercera persona; él le dijo a su hijo, delante del pueblo: imítame en cómo yo he manejado esto. Búscale al Dios de tu padre. Eso es profundo para un papá.

La pregunta es: ¿y cómo David conoció a Dios? Hay unos salmos a los que yo quisiera invitarles para que vean el espíritu de este hombre en su comunión con Dios. Vayan al Salmo 63 por un momento, papá, si son tan amables. Salmo 63, voy a leer del versículo 1 al 4. De nuevo, David le dice a su hijo: reconoce al Dios de tu padre, ten en cuenta a Dios, tengo una relación personal con Él. La pregunta es: ¿y cómo David tuvo esa relación?

Salmo 63: "Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua. Así te contemplaba en el santuario para ver tu poder y tu gloria, porque tu misericordia es mejor que la vida. Por eso mis labios te alabarán, y así te bendeciré mientras viva; en tu nombre alzaré mis manos."

¿Están viendo el lenguaje de este hombre? Yo no estoy hablando de una persona a quien le cuesta trabajo un devocional de cinco minutos; ese no es el caso aquí. Es un hombre que desvive su alma por Dios.

Miren otro caso: el Salmo 25, por favor, por un momentito. De nuevo, ¿qué comunión desarrolló David con Dios, que él se atreve a decirle a su hijo: reconoce al Dios de tu padre? Aquí está el Salmo 25. Dice el versículo 1: "A ti, oh Señor, yo elevo mi alma. Dios mío, en ti confío; no sea yo avergonzado, que no se regocijen sobre mí mis enemigos. Ciertamente ninguno de los que esperan en ti será avergonzado; se han avergonzado los que sin causa se rebelan."

Ustedes tienen que entender que toda posibilidad estaba al alcance de este hombre, y él dice: "Señor, muéstrame tus caminos, enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad, enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación y en ti espero todo el día. Acuérdate, oh Señor, de tu compasión; acuérdate de tus misericordias, que son eternas. No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis transgresiones; acuérdate de mí conforme a tu misericordia, por tu bondad, oh Señor."

La pregunta es: ¿conocemos este Dios vivo? Una de las cosas que nos está matando, hermanos, es esto: estamos vacíos de Dios. Naturalmente, todos nosotros tenemos un vacío que solo Dios puede llenar, y el problema empieza ahí. El problema es que hemos querido sustituir algo que no es sustituible; estamos tan ocupados, estamos tan enfocados en nosotros mismos, que se nos olvida lo más importante.

Cuando Jesús quiso instruir a sus discípulos en esta realidad les dijo: "Porque sin mí nada podéis hacer." ¿Sabemos lo que significa la palabra nada? Yo creo que eso tenía razón de ser. Entonces, hermanos, esto es lo que evidenciamos —usted le puede llamar como quiera, lo puede dibujar y decorar—: estamos deficientes en nuestra comunión con Dios.

Estamos llenos de hambre por dentro y estamos tratando de llenarlo con las miserias de este mundo. David estaba clarito de lo que les esperaba a su hijo. David sabía lo que él estaba hablando. Le dijo: "Tú me has visto." No es un Dios lejano y extraño, es un Dios a quien yo he servido, es un Dios a quien yo he adorado, de quien he recibido tantas bendiciones temporales y espirituales. Mi hijo Salomón, tú has visto cómo Dios nos ha traído hasta aquí. Mi consejo es: busca más de ese Dios, no te conformes con tan poco, con las miserias de esta vida. Persiste hasta que puedas conocerlo en lo personal y en lo íntimo. Ámale, témele, sírvele, reconoce al Dios de tu padre.

En segundo lugar, le dijo: sírvele. Sirve a ese Dios. Y una de las cosas muy importantes es entender qué significa servir en relación a Dios, porque no es como lo usamos nosotros en términos humanos. Cuando nosotros decimos servir, hablamos de ayudar a alguien: usted tiene una necesidad, nosotros lo servimos. Tuvimos por su causa donde había tantos visitantes, tanta gente confundida, tanta gente, y había servidores de la iglesia que ayudaban: no sé dónde queda tal cosa, por aquí, por allá. Pero esa no es la manera de decir que nosotros le servimos a Dios. Dios no necesita nuestra ayuda. ¿Qué es lo que tú y yo podemos darle a Dios? ¿Que Dios diga "¡Wow, me resolviste el día hoy!"? Están locos. Dios es el Dios soberano del universo.

Entonces, ¿qué significa servir? Significa adorarle, significa reconocerlo, significa vivir con el propósito de darle toda la honra y la gloria a Él. Nosotros fuimos creados para Su gloria. Y lo que David está diciéndole a su hijo es: ten mucho cuidado, no intentes tomar el crédito para ti. Esto no se trata de tu persona, esto no se trata de tu nombre; esto se trata de que uses todas las posibilidades en tus manos para la gloria de Dios. Dios debe tener el primer lugar en tu vida. Y saben qué, ustedes tienen que imaginar lo que es un rey de una nación: ahí no hay mucho tiempo libre. Y lo que David está diciendo es: tú tienes que organizarte, no permitas que tus ocupaciones te distraigan de tu principal prioridad. Vive en Su presencia.

Romanos 11:36, cuando el apóstol inspirado quiere resumir el ciclo de nuestra relación con Dios, dice: "Porque de Él, y por Él, y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por siempre. Amén."

Pero David no se conformó con decirle eso. David le dijo: yo te voy a ponerle apellido al servicio. Sírvele de todo corazón, de todo corazón. ¡Oh, hermano mío! No intentes servirle a Dios con la mitad de tu corazón. No tengas a Dios como un recurso de emergencia, que lo bajas a ver si lo necesitas, no solo cuando las cosas salen mal, no lo busques solo cuando te convenga. Tú no puedes servir adecuadamente a Dios con un corazón dividido. Dios demanda todo tu corazón.

El Señor Jesucristo ilustró esa verdad y le dijo a Sus discípulos en Mateo 6:24: "Nadie puede servir a dos señores, nadie. Porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se allegará a uno y despreciará al otro. Nadie puede servir a Dios y a las riquezas." David entendía los desafíos que su hijo iba a enfrentar. Como dice el Salmo 100, servid al Señor con alegría, venid ante Él con cánticos de júbilo.

No solamente con todo el corazón, David le dijo también: con ánimo dispuesto. Con ánimo dispuesto. Salomón, no le sirvas a Dios por obligación; tienes que servir con un sincero deseo de disfrutar de Su presencia. Si tú no ves a Dios como glorioso y deleitable, todavía tú no estás listo para eso. Yo le contaba al grupo pasado: hay gente que le dice a uno, cuando uno le está predicando, "Mira, a mí me encanta la vida de ustedes, yo sé que es una vida de paz, me gusta mucho." Está de acuerdo con la persona, pero el problema es: "Es que eso es la religión, la vida cristiana lleva muchísimas cosas, como que demanda mucho." Y yo le digo: no, no te has equivocado; ahí no piden mucha cosa, es una sola: tu vida entera. Si tú no le puedes dar tu vida entera, es que Dios no es digno para ti. No podemos servir a Dios correctamente si no le conocemos más íntimamente, y en vano le conocemos si no le servimos.

Es con todo el corazón, es con toda la mente, es con deseo de reflejar una vida de gratitud y fe, creyendo esas promesas. Alguien decía que hay una diferencia entre gratitud y fe. La fe incluye la otra, pero la gratitud no incluye necesariamente la fe. Uno se siente agradecido cuando uno es bendecido y uno da gracias. Eso sucede en el hogar, eso sucede en la iglesia. O sea, yo vi la realidad, me resolví el problema y yo doy gracias. Fe es más que eso. Fe es dar gracias solo con la promesa. Dios dice: "No me apartaré de ti," y uno tiene que decir: "Gracias, Señor," porque Dios no fallará a Sus promesas.

Es como cuando una persona en una transacción te paga con un cheque y tú recibes el cheque y dices gracias, y el dinero en efectivo tú no lo tienes, pero tú estás confiando en que la cuenta tiene dinero. Las promesas de Dios son cheques certificados en blanco para ti. Es vivir con gratitud. Eso fue lo mejor que David le encontró para decirle a su hijo, en una condición tan especial.

El problema de nosotros, hermanos, es esto: nosotros estamos demasiado enfocados en lo temporal, estamos llenos de miedo. Por alguna razón, no nos decidimos a entregarnos y rendirnos para el llamado de Dios. Yo les compartía al grupo pasado una reseña histórica —creo que es real, hasta donde pude leer— que está relacionada con Alejandro Magno. Dice que en el año 335, algo así, llegó a la costa de Fenicia, y esta representaba históricamente una de sus más grandes batallas. Cuando ellos empezaron a desembarcar, cuenta la historia que en ese proceso rápidamente se dieron cuenta de que estaban en desventaja con el ejército enemigo. El ejército, aunque era grande, no superaba lo que ellos encontraron. Se cree que el ejército enemigo era tres veces superior en número.

Y los soldados de Alejandro Magno, cuando vieron esto, ellos empezaron a desmotivarse y entró el miedo, toda la motivación colapsó. Ellos estaban desembarcando y ya se habían dado por vencidos. No veían otra cosa que la derrota. Y cuenta la historia que Alejandro Magno hizo lo impensable: terminando de desembarcar el último hombre, les dio una orden: que quemaran los barcos, las naves en que habían llegado. "Quémenlas." Y mientras el fuego arrasaba, él le dijo a su ejército: "Miren esto, lo que está pasando. Lo que esto significa es que ya la batalla no es opcional. Nosotros tenemos que batallar, de hecho, nosotros tenemos que ganar. Si usted quiere volver a su hogar, si usted quiere volver a ver a sus familiares, entonces hay que combatir y hay que ganar." Y les dijo: "La única manera de regresar a nuestros hogares es por el mar, y solo hay una posibilidad de hacerlo: usando los barcos de los enemigos. Así que hay que batallar y hay que ganar." Se acabó el miedo.

A veces esa falta de fe, a veces ese temor e inseguridad... Mientras Dios sea una opción, no vamos a responder a Su llamado. Dios necesita que quememos los barcos. Dios no puede ser una opción más. Dios no podrá ser servido plenamente si no le damos todo nuestro corazón.

Y déjenme hacer esto un poco más personal. Ustedes no conocen —Marina y yo, nuestra vida no son privadas—, nosotros estamos en un proceso de estar siendo considerados para una iglesia en Arizona como pastor. Y yo no sé, a veces me levanto de madrugada sin tener ni idea, y si yo me equivoco, yo no sé cuál es la última etapa del ministerio donde estaré: si es aquí, si es allá, yo no lo sé todavía. Pero los temores imposibilitan que podamos conocer mejor la voluntad de Dios, porque Dios quiere que conozcamos Su voluntad. Dios no está jugando con nosotros. El asunto es que un prerrequisito para conocer la voluntad de Dios es rendirnos. Dios sabe lo que está haciendo. Lo que nosotros tenemos que decir es: "Señor, tu voluntad en mi vida. Quemo los barcos. Si tú estás en tu trono y tú reinas, ya nuestra victoria está asegurada." Es confiar en Él.

¿Cuáles fueron los argumentos, las razones para este consejo que David dio a su hijo? Le dijo: "¿Sabes algo más? ¿Por qué le debes hacer eso? Porque el Señor escudriña todos los corazones y entiende todo intento de los pensamientos." Es decir, Dios conoce lo que somos en secreto. Dios escudriña los corazones. Señor, lo que intentamos pensar, ya Dios lo sabe. No es que Dios conoce solo lo que hacemos; Dios conoce lo que pensamos. Los corazones de los hombres están delante de Dios. Y David le dijo a su hijo: no importa que tú seas rey, no hay nada extraordinario en tu posición que te exima; toda tu vida está delante de Dios.

Viene el contraste. Nosotros no podemos conocer el corazón de los demás. No hay un aparato que se haya inventado para eso. Nosotros, más o menos, porque como la gente habla y actúa deducimos algunas cosas. Alguien decía: para conocer a una persona, no me digas lo que tú haces, dime lo que amas, porque eso revela quién eres. El punto es que no somos capaces, hablando de eso al cien por ciento; de hecho, nosotros tenemos problemas hasta con nosotros mismos. Ni nosotros mismos nos conocemos del todo.

Hay cosas que usted hace que usted ni cree que fue capaz de hacer. No nos engañamos: esta vez yo me paro en el espejo y digo "yo creo que soy guapísimo, yo me veo" y digo "¿por qué la Marina no se desliza cuando me ve?" Pero eso nada malo me lo imagino yo, ya me lo dije: "yo te quiero mucho, pero tampoco me va a sacar de aquí." Uno cree que es inteligente. Hay gente que pone un tuit y quieren que le den like como si fuera el paso Miguel, porque creen que el New York Times los ve. No, no, muchacho. Pero nosotros somos así: no nos conocemos.

Pero Dios conoce el corazón de todos los hombres, de todos los hombres. Dios conoce y entiende todo intento de los pensamientos. Eso es un misterio. Yo no estoy hablando solo de que Dios sabe lo que pensamos, eso ya está cubierto. Cuando intentamos pensar en algo, Génesis 6:5 dice: "El Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda la intención de los pensamientos de su corazón era solamente hacia el mal." Señores, la intención del pensamiento del corazón: yo ni sé de qué se trata todavía, porque todavía no es ni siquiera un pensamiento, pero Dios la sabe, Dios la sabe.

Dice el Salmo 139: "Señor, tú me has escudriñado, tú me has conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme, y desde lejos tú comprendes mis pensamientos." Y cuando David habló a su hijo le dijo: "Cuídate. Dios conoce todo lo que tú piensas, Dios conoce todo lo que tú haces." Y hay algo más: tu futuro depende de Dios. Él le dijo: "Si tú le buscas, Él te dejará encontrarle; pero escucha esto, hijo mío: si tú le abandonas, Dios te va a rechazar para siempre."

Si tú le buscas, Dios te va a favorecer; si tú lo abandonas, Dios te va a rechazar. Tu futuro, tu destino, está íntimamente relacionado con buscar a Dios y servirle. Si tú le buscas orando delante de su presencia, suplicando cada día, dependiendo de Él, si tú le tienes como tu más valioso tesoro en este mundo, si tú amas a Dios más que a las riquezas, más que a la fama, más que a la apariencia, si tú encuentras satisfacción en Él más que en ninguna otra cosa en este mundo, Él te dejará encontrarle. Él va a hacer que tú te goces en su presencia, Dios te va a mostrar su favor, tú te deleitarás en Él, porque Dios es mejor que sus bendiciones.

Una de las tragedias en esta generación es que nosotros queremos lo que Dios da y despreciamos a Dios mismo. Eso es una locura. Isaías 25 dice que Dios es como un cobertizo para dar sombra contra el calor del día, como un refugio y protección contra la tormenta y la lluvia. Las Lamentaciones 3:25 dice: "Bueno es el Señor para los que en Él esperan, para el alma que le busca."

Pero yo os digo: si tú abandonas a Dios, si tú no le tienes en el primer lugar de tu vida, si tú amas más lo temporal que lo eterno, si tú desprecias su Palabra, si tú no lo adoras ante su grandeza y majestad, si tú no abrazas los mandamientos de su Palabra, Dios te va a rechazar. Él va a remover sus bendiciones temporales de esta vida para ti. Salomón, si tú no le sigues, Dios te va a desechar, aun como rey, y no habrá paz para tu alma, no podrás disfrutar ni de las cosas que ya tienes.

En medio de una asamblea nacional, en la toma de posesión, el padre de Salomón le dijo: "Cuida tu alma. Nada es más importante que tu relación con Dios." Y escuchen esto: muchos fueron los reyes que ascendieron al trono de Israel. Desde la época de Saúl hasta la disolución de los dos reinos, el de Israel y el de Judá, la historia cuenta, aun la historia bíblica, que ninguno de esos reyes alcanzó el poder y el esplendor que logró Salomón.

Él extendió el dominio de Israel desde el Mar Rojo al sur hasta el Éufrates al norte. La época de oro de Israel se inició bajo el reinado de David y continuó con Salomón. Cuarenta años reinó Salomón como rey de Israel, y hubo paz y hubo unidad en su vasto dominio. En el principio, Salomón siguió el consejo. Salomón amó a Dios. Salomón hizo un pacto de servirle, de ser obediente a Él. A Salomón se le prometió sabiduría, riqueza, honor y larga vida, mientras fuera fiel al Señor.

Y esa promesa parcialmente se cumplió, ya que durante su vida Salomón llegó a ser reconocido por su sabiduría y por su conocimiento. Muchos personajes de muchas naciones venían a verlo, a poner a prueba su conocimiento, a confirmar la realidad de su administración. Salomón alcanzó gran riqueza; se dice que en la tierra no había ningún rey que pudiera compararse con él. Bajo el gobierno de Salomón, Israel alcanzó el punto más destacado de su historia: comunidad, honor, bienes, poder y respeto de todas las naciones.

Sin embargo, al final de su reinado, Israel sufrió una bancarrota espiritual y temporal. Su prestigio entró en un desequilibrio absoluto. El deterioro y las dificultades de la nación se manifestaban en todo lugar. Un año después de la muerte de Salomón, el país se dividió en dos reinos, y el curso de la historia de Israel quedó permanentemente alterado para siempre. ¿Qué fue lo que llevó a la nación desde tales alturas a una tan profunda tragedia? Parcialmente, Salomón falló en ser consistente al llamado de Dios en su vida. Salomón falló en someter su vida a este consejo que había recibido. Su vida empezó bien, pero no terminó bien.

¿Y qué aprendemos nosotros de esto? Hebreos 3:15 dice: "Si oyes hoy su voz, no endurezcas tu corazón." Y amigo que estás aquí o que escuchas esto, déjame primero hablarte a ti. Tú que estás aquí, que aún no conoces a Jesús, déjame decirte: tú necesitas un consejo así. Amigo, tú necesitas a Jesús, tú necesitas tener un encuentro con tu Creador. Eso no es una búsqueda negligente; eso va a requerir una gran renuncia. Eso va a requerir enfoque y dedicación.

Jeremías 29:13 dice: "Me buscaréis y me encontraréis cuando me busquéis de todo vuestro corazón." Dios es demasiado glorioso para dejarse encontrar de una manera tan deficiente. Tú necesitas resolver delante de Dios. Necesitas fe, necesitas arrepentimiento. Tú tienes que pedirle a Dios que te dé la fe para que puedas reconocer su soberanía, su bondad, su grandeza, su poder. Necesitas arrepentimiento: venir a Él reconociendo tu necesidad, pidiendo perdón por la vida que has exhibido hasta aquí, una vida que ha ignorado su grandeza, una vida que ha despreciado su misericordia.

Amigo, hoy es el día aceptable, hoy es el día de salvación. Cuídate del orgullo. Alguien decía: "Si quieres algo que nunca tuviste, debes hacer algo que nunca hiciste." Debes rendirte. La soberbia, decía San Agustín, no es grandeza, sino hinchazón; y lo hinchado parece grande, pero no es sano. Arrepiéntete de tus pecados. Hoy es el día aceptable, hoy es el día de salvación.

Y amado hermano que estás aquí, necesitamos ver la belleza de Jesús. Necesitamos hacernos conscientes de nuestro llamado. Jesús no fue a una cruz para hacer nuestra vida más cómoda, sino más santa. Se trata de Él; nuestra esperanza está en Él. Dios nos llama a una vida en la que podamos disfrutar más de su presencia. En la cruz, Jesús no solo alcanzó perdón de nuestros pecados, sino que abrió una puerta en el santuario para que hoy podamos disfrutar de Él, siendo asombrados por sus misericordias.

Si estamos adorando a Dios y sirviéndole, no podremos adorarle correctamente si tenemos el corazón dividido. Entonces debemos suplicar: "Señor, dame un nuevo corazón. Dame un corazón que sea apasionado por ti. Dame un corazón que sea sensible a la realidad de tu presencia. Yo quiero que en mi vida haya un cántico continuo de adoración que te sea agradable. Yo quiero vivir para la gloria de tu nombre."

El pastor Luis Núñez, de quien primero recibí este texto, me compartió estas palabras que creo resumen nuestra oración. Dice el Salmo 86:11: "Enséñame, oh Señor, tu camino, y yo andaré en tu verdad. Unifica mi corazón para que yo tema tu nombre." Que Dios bendiga su Palabra en nuestros corazones.

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Luis Méndez

Luis Méndez

Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D