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Expectativas y emociones en Navidad
Expectativas y emociones en Navidad

Foto de Nguyen Mazic en Unsplash

Emociones y alma

Expectativas y emociones en Navidad

Nicole Whitacre 10 diciembre, 2019

La Navidad es una temporada de expectativas. «Ven, oh, Jesús tan esperado» fue la oración del pueblo escogido de Dios mientras aguardaba al Mesías. Al celebrar el Adviento, nos sumamos a esa espera y nos regocijamos en su cumplimiento. Sin embargo, con frecuencia cargamos la Navidad con otro tipo de expectativas: que los regalos sean los correctos, que los familiares se comporten bien, que todo resulte como lo imaginamos. Y cuando nada de eso se cumple, la decepción no tarda en llegar.

La pregunta que vale la pena hacerse es: ¿qué expectativas debemos traer a esta temporada?

Primero: No esperar nada de los demás

La mejor preparación emocional para la Navidad comienza con el arrepentimiento. Juan Calvino lo advirtió con claridad: el mal de nuestros deseos no reside tanto en lo que deseamos, sino en que lo deseamos demasiado. A esos deseos desmedidos solemos llamarlos «expectativas». Y detrás de cada expectativa decepcionada, casi siempre hay un ídolo al acecho.

Cuando llegamos a las reuniones navideñas con expectativas rígidas sobre cómo nos tratará nuestra familia, sobre qué recibiremos o sobre cómo se comportarán quienes nos rodean, entregamos el control de nuestras emociones a otras personas. Renunciar a esas expectativas egoístas —que la Biblia llama «ídolos sin valor»— no es pesimismo; es libertad. Al soltar los ídolos, abrimos espacio para un gozo que no depende de las circunstancias.

Segundo: Esperar problemas como parte de la realidad cristiana

Para el creyente, los conflictos durante las fiestas no deberían tomarnos por sorpresa. Jesús mismo prometió: «En el mundo tienen tribulación» (Jn. 16:33). El pecado no se toma vacaciones, y las reuniones familiares no son la excepción.

Esperar que los hijos sean desagradecidos, que algún familiar critique las convicciones cristianas o que surjan tensiones inesperadas no es una actitud derrotista. Es realismo bíblico. Quien se prepara emocionalmente para los problemas estará mejor equipado para enfrentarlos con gracia.

La cultura secular prefiere taparse los ojos con sentimentalismo, prometiendo que «a partir de ahora nuestros problemas estarán fuera de la vista, a kilómetros de distancia». Para el cristiano, esa promesa es real, pero pertenece al cielo, no a la Navidad. La Navidad celebra el «ya» del cumplimiento de Cristo, pero también nos recuerda el «todavía no» de su regreso glorioso. Vivir en esa tensión con honestidad es parte de la fe madura.

A menos que el Señor regrese o nos llame a casa, los problemas son una realidad siempre presente, a veces especialmente en Navidad.

Tercero: Esperar gracia, porque Cristo ha venido

Sin embargo, las expectativas del cristiano no terminan en resignación ni en desesperación. Terminan en gracia. Porque la Navidad anuncia que Cristo ha venido, que Dios está con nosotros.

Hebreos 2 despliega la magnitud de lo que eso significa:

Por lo tanto, tenía que ser hecho semejante a Sus hermanos en todo, para poder llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en lo que respecta al servicio a Dios, a fin de hacer propiciación por los pecados del pueblo. Pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados. (Heb. 2:17-18)

Es poderoso para socorrernos. Es capaz de ayudarnos a responder con gracia al familiar antagónico, de fortalecernos para instruir a nuestros hijos, de librarnos de los ídolos sin valor y de llenarnos de alegría genuina. En medio de cada problema y tentación navideña, podemos esperarlo. Dios está con nosotros, y está con nosotros para ayudar. Ha hecho propiciación por cada pecado. Su presencia es nuestro consuelo en cada dificultad.

Las expectativas que transforman la Navidad

La Navidad no nos promete una temporada perfecta ni libre de conflictos. Nos promete algo mucho mejor: a Cristo mismo. Cuando centramos nuestras expectativas en Él —soltando los ídolos, reconociendo la realidad del sufrimiento y aferrándonos a la gracia del Dios encarnado—, descubrimos un gozo que ninguna decepción puede arrebatarnos. Ese es el corazón del Adviento: esperar a Aquel que ya vino, y que volverá.

Nicole Whitacre

Nicole Whitacre

Nicole Whitacre es esposa y madre de cuatro hijos. Junto con su madre y sus hermanas maneja un blog en donde hablan acerca de qué significa ser mujer según la Biblia.

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