IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Foto de RDNE Stock project en Pexels
Luis Méndez • 25 septiembre, 2025
Cumplir sesenta años se parece mucho a llegar a la cima de una montaña: el cuerpo quiere descansar, pero la mente todavía sueña con correr maratones. A esta altura del camino, uno necesita más luz para leer, más tiempo para encontrar las llaves y más gracia para reírse de uno mismo.
Pero también se gana algo invaluable: más gratitud, más sabiduría y, sobre todo, una mayor conciencia de la fidelidad inquebrantable de Dios. Con el corazón lleno de memorias y esperanza, estas son las sesenta lecciones aprendidas en sesenta años. No son fórmulas ni recetas, sino destellos de verdad descubiertos en medio de risas, lágrimas, fracasos, oraciones y, sobre todo, del asombro constante ante la gracia de Dios.
Mirando hacia atrás, resulta asombroso no solo lo vivido en lo personal, sino también lo que ha ocurrido en el mundo durante estas décadas. Cuando nací, el hombre aún no había pisado la luna. Hoy existen vuelos comerciales al espacio. Internet no existía, y ahora ni siquiera uno se pierde gracias a Google Maps. Pasamos de escribir cartas a mano a enviar audios, emojis y memes. La Biblia de mi abuela pesaba casi un kilo; hoy la llevo en el celular junto a la lista del supermercado.
He visto caer muros que dividían naciones, y también muros más profundos: los que dividían corazones, derribados por el evangelio. Vivimos una pandemia global y aprendimos que la comunión no se cancela, aunque se cierren los templos. La redefinición del matrimonio en las leyes humanas contrastó con la reafirmación del diseño de Dios en hogares restaurados. He visto dictadores levantarse y caer, imperios cambiar… y a Cristo seguir sentado en Su trono. Nacieron las redes sociales, pero ninguna red reemplaza una conversación de corazón a corazón.
Y lo más hermoso: he visto a muchos venir a los pies de Cristo, tanto en persona como en línea, tanto en libertad como en persecución. El mundo ha cambiado drásticamente, pero Dios no. Su Palabra sigue siendo verdad, Su evangelio sigue transformando vidas y Su gracia sigue sosteniendo a los que en Él confían.
A continuación, algunas de las lecciones que más han moldeado este corazón a lo largo del camino:
Lo mejor de la vida no es lo que logré, sino a quién conocí: a Cristo.
Después de sesenta vueltas alrededor del sol, se puede decir con plena convicción que Jesucristo es suficiente. El salmón Moisés lo expresó con una precisión que solo la experiencia confirma: «Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (Sal. 90:12). Esa sabiduría no se acumula simplemente con el paso del tiempo, sino con la disposición de vivir cada día a la luz de la eternidad.
Y aunque aún faltan muchas lecciones por aprender, la oración es que lo que reste de vida sirva para amar más profundamente, servir más humildemente, predicar más claramente y esperar con más gozo Su gloriosa venida.
Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D
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