Integridad y Sabiduria
Una invitación a la valentía en tiempos difíciles (parte 2)
Una invitación a la valentía en tiempos difíciles (parte 2)

Foto de Alvaro Balderas en Pexels

Vida cristiana

Una invitación a la valentía en tiempos difíciles (parte 2)

Pepe Mendoza 20 abril, 2015

Existe una palabra que describe con exactitud lo que ocurre con el carácter cuando es sometido a las demandas reales de la vida: forja. Término propio de la metalurgia, la forja es el proceso por el cual el hierro es calentado una y otra vez a temperaturas extremas hasta adquirir la resistencia del acero. Lo mismo sucede con el carácter humano. Solo cuando ha sido sujeto repetidamente a las exigencias del diario vivir bajo la Palabra de Dios alcanza una consistencia capaz de resistir grandes presiones.

El carácter que no ha pasado por los hornos de los principios bíblicos —la decencia, la honradez, la justicia y la búsqueda del bien común— tarde o temprano sucumbirá, no solo ante las tentaciones del mundo exterior, sino debido a sus propias debilidades interiores. No hay atajo: ni una declaración solemne de propósitos ni la dignidad de un cargo pueden sostener lo que solo se construye en el silencio de la obediencia.

Un carácter que exige acción, no solo afirmaciones

El profeta Jeremías lo formuló con una pregunta que no admite respuesta optimista: «¿Puede el etíope cambiar su piel, o el leopardo sus manchas? Así también, ¿podrán ustedes hacer el bien estando acostumbrados a hacer el mal?» (Jer. 13:23). La pregunta no es retórica para desalentar, sino para confrontar una realidad: el carácter no cambia por el solo deseo de que cambie. Requiere esfuerzo, dedicación y, sobre todo, mucho tiempo en los hornos de la obediencia al Señor.

Por eso, el carácter que vale demanda acción y no solo afirmaciones verbales. Cuando Jesús narró la parábola del buen samaritano, su conclusión no fue una reflexión contemplativa, sino una orden directa: «Ve y haz tú lo mismo» (Lc. 10:37). El primer paso para responder a ese llamado es reconocer la necesidad de fortalecer el carácter en obediencia. Con las palabras del salmista podemos elevar esta petición: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; ponme a prueba y conoce mis pensamientos. Ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno» (Sal. 139:23-24).

El segundo paso es enfrentar la realidad sin temor a mostrarla en toda su crudeza —no para lamentarse por lo que hay, sino para desafiarla y buscar transformarla conforme al mandato de Dios. Eso fue precisamente lo que hizo David cuando manifestó públicamente su rechazo al asesinato injusto del general Abner. Para él, vivir en la verdad de la justicia, tanto en el ámbito privado como en el público, era un imperativo irrenunciable.

La ética pública exige valentía activa y disposición al sufrimiento

Estar dispuestos a decir un firme «sí» o un claro «no» ante lo que consideramos correcto es un comienzo necesario, pero no es todo lo que el Señor demanda. Jesús no solo reclama firmeza interna, sino también acción externa. Lograrlo exigirá disposición para luchar por lo que consideramos válido, y también una sujeción sincera y sacrificada a la justicia y la verdad. El mismo Señor advirtió: «Pero estén alerta, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas, y comparecerán ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos» (Mr. 13:9).

La búsqueda de una ética pública y un carácter personal no es pasiva, sino activa y sufriente.

Jesús lo declaró con claridad meridiana: «Bienaventurados los que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos» (Mt. 5:10). Todos los grandes valores de justicia que la humanidad da hoy por sentados y aceptados tuvieron que ser conquistados en algún momento por hombres y mujeres dispuestos a dar su vida por esas causas. Ellos personifican un ideal de justicia que fue peleado para el Señor en circunstancias concretas de la historia.

Protagonistas obedientes, no espectadores cómodos

Es tentador darse por satisfecho dejando que el corazón lata con fuerza mientras se observan cómodamente las noticias o se resuelven los problemas del mundo frente a una taza de café. Pero mientras se asume una ética pasiva y privada —aunque las lágrimas corran genuinamente por el rostro—, otros creyentes estarán en la vida real haciendo que sus corazones obedientes latán con fuerza por la causa de Cristo.

Esos hombres y mujeres asumen la responsabilidad de ser protagonistas obedientes que siguen el modelo de Jesucristo. Correrán peligros. Sus nombres podrán ser desprestigiados. Pero la dicha verdadera de actuar como corresponde es de un valor incalculable. El carácter cristiano no se declara ante un espejo ni se proclama en una reunión: se forja en la obediencia cotidiana, se prueba en la adversidad y se manifiesta en la acción valiente al servicio de la justicia de Dios.

Pepe Mendoza

Pepe Mendoza

José «Pepe» Mendoza es predicador, escritor y profesor, y autor del libro Proverbios para necios: Sabiduría sencilla para tiempos complejos (Vida, 2024). Ha servido como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en la República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú, donde enseña en el Instituto Integridad & Sabiduría y colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary. También trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y juntos son padres de su hija Adriana.

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