IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Vivimos en un mundo caído, profundamente necesitado de Jesucristo. El pecado nos asedia, la vida se hace cada vez más pesada y los creyentes navegamos contra la corriente de una cultura que nos mira como extraños. Sin embargo, al abrir la Palabra de Dios y meditar en lo que nuestro Redentor vivió, encontramos una fuente inagotable de ánimo. El Antiguo Testamento anticipa con asombrosa precisión los eventos que rodearían la crucifixión de Cristo, y esa continuidad entre lo prometido y lo cumplido nos recuerda que nada ocurrió por azar: Dios fue el orquestador de todo.
Textos como el Salmo 22, Mateo 17:5 y 1 Pedro 4:14 convergen para mostrarnos que todo lo que Jesús padeció estaba inscrito en el plan perfecto del Padre desde antes de la fundación del mundo. Aunque quienes lo crucificaron creían tener el control, eran en realidad instrumentos dentro de un propósito que los superaba por completo. El Espíritu Santo lo dejó plasmado en las Escrituras para que pudiéramos reconocerlo.
La muerte de Cristo en la cruz nos confronta con dos verdades que transforman radicalmente la manera en que entendemos nuestra condición delante de Dios.
La primera es que la deuda que nos era imposible pagar fue saldada por completo. Quienes condujeron a Jesús a la cruz no reconocieron en Él al Cristo viviente, al Hijo de Dios enviado para rescatar a su pueblo. No obstante, su rechazo no frustró el plan divino; lo ejecutó. Cuando Jesús pronunció «tetelestai» —«está terminado»— y entregó su espíritu, declaró que el pago no fue parcial sino total. Como dice la Escritura: «Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Rom. 6:23). No queda deuda pendiente para quienes se acogen a esa gracia.
La segunda verdad es que la separación entre Dios y la humanidad quedó abolida para siempre. El velo del templo —aquella barrera que dividía el Lugar Santo del Lugar Santísimo— se rasgó de arriba abajo en el momento de la muerte de Cristo. Este detalle no es menor: el desgarro comenzó desde arriba, señalando que fue el propio Dios quien eliminó la brecha. Ya no hay intermediario ritual que nos separe del Padre; el acceso es directo, pleno y permanente. Nada en la Escritura es accidental, y cuanto más la estudiamos, más resplandece su perfecta coherencia.
Una conversación con sus hijas ilustra con claridad disarmente lo que muchos creyentes también sienten ante el sufrimiento y la aparente victoria del mal. Una de ellas, al ver una animación sobre la crucifixión, dijo con genuina preocupación: «Mami, pero Satanás ganó, porque Cristo murió en la cruz». La respuesta que merece esa pregunta —ya sea de la boca de una niña o del corazón de un adulto en crisis— es la misma: lo que parecía una victoria del enemigo era, en realidad, el cumplimiento del plan de Dios para liberar a sus hijos del pecado. Y la resurrección lo confirmó sin lugar a dudas: «Pero Dios lo resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que no era posible que Él quedara bajo dominio de ella» (Hch. 2:24).
Satanás y sus cómplices creyeron que habían ganado. Tenían a personas atadas, obrando contra Jesús, convencidas de ser libres. Pero eran ellas las verdaderas esclavas de su pecado, y el único que podía darles la libertad que necesitaban era precisamente aquel a quien estaban crucificando. Esa ironía redentora recorre toda la historia de la salvación. Y en cuanto al destino final del enemigo, la Escritura es contundente: «Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (Ap. 20:10).
El único que podía darles la libertad que necesitaban era aquel que estaban crucificando.
La meditación sobre la crucifixión no es un ejercicio puramente histórico; nos interpela directamente. Al menos tres preguntas emergen con fuerza:
¿Con qué frecuencia malinterpretamos los eventos que nos rodean? Los creyentes no podemos evaluar realidades espirituales con categorías mundanas. «Porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo» (2 Cor. 10:4-5). La oración y la Palabra son los instrumentos para discernir lo que el mundo no puede ver.
¿Puede Dios ser autor del pecado? De ninguna manera. Aunque la traición de Cristo estaba contemplada en el decreto eterno de Dios como medio para la expiación, fue Judas —no Dios— quien traicionó a Cristo. Dios es absolutamente santo y no puede pecar. Las obras del diablo son suyas; la redención es de Dios.
¿Estamos buscando a Dios en los momentos difíciles? Nuestra naturaleza caída nos inclina a dejarnos llevar por lo que vemos y sentimos, perdiendo de vista que Dios tiene el control soberano de todas las cosas. «Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Rom. 12:2).
Jesús fue vituperado, torturado y maltratado de maneras que sobrepasan nuestra capacidad de imaginar. Pero todo fue por amor, para darnos vida y vida en abundancia: «El ladrón solo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Jn. 10:10). La cruz no fue el final de la historia; fue su punto de inflexión.
Katerine Genao es arquitecta y madre a tiempo completo desde hace seis años. Por la gracia inmerecida de Dios, es cristiana desde hace veintiséis años. Sirve en su iglesia local (La IBI) como parte del equipo de liderazgo de Jóvenes Universitarios (JAD) y en el ministerio de parejas, además de colaborar como escritora para MPGD (Mujer para la gloria de Dios) y el Ministerio Ezer. Está casada con quien llama su “príncipe de resplandeciente armadura” y es madre de tres hermosos niños.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit