Integridad y Sabiduria
Sermones

El corazón de la gloria de Dios

Jairo Namnún 28 febrero, 2021

Cuando Moisés le pidió a Dios que le mostrara su gloria, la respuesta fue inesperada. No truenos ni terremotos ni manifestaciones de poder aplastante, sino una revelación del corazón mismo de Dios: "El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad." Este pasaje de Éxodo 34, citado decenas de veces a lo largo de toda la Escritura, constituye lo que algunos han llamado el credo del Antiguo Testamento, la autodefinición que Dios ofrece de sí mismo.

La palabra hebrea para compasivo, *rejum*, evoca las entrañas: lo que a Dios le sale de adentro cuando nos mira no es indiferencia ni desprecio, sino ternura visceral, como la de una madre por su hijo. Y esa compasión se traduce en acción: clemencia, gracia derramada sobre quienes no merecen nada. La expresión "lento para la ira" significa literalmente que Dios tiene la nariz larga; mientras nosotros tenemos la mecha corta y reaccionamos airados, Él requiere ser provocado una y otra vez antes de actuar en juicio. Su misericordia, en cambio, no necesita provocación: fluye abundante y fiel por mil generaciones.

Pero esta bondad no anula su justicia. El mismo Dios que perdona iniquidad, transgresión y pecado declara que no tendrá por inocente al culpable. Su amor por la humanidad es inmenso, pero Él ama su gloria y su santidad aún más. Por eso proveyó escape de su ira en la cruz, donde vertió sobre Cristo el juicio que merecían todos los que creerían. La respuesta apropiada ante un Dios así es la de Moisés: inclinarse y adorar.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Qué gozo saludarles! Y para mí siempre es un gozo abrir la Palabra de Dios, siempre es un privilegio, pero de manera especial abrirla en mi congregación. Es un gozo, un privilegio, un desafío, un reto, y requiere que... no sé cómo decirlo... me siento pequeño normalmente. Así que te pido que ores por mí en la medida que escuchamos este sermón. Me siento agradecido y empequeñecido por la oportunidad.

Te pido que abras tu Biblia. Si tienes tu Biblia física allí, me acompañas al libro de Éxodo. Estamos en Éxodo capítulo 34, estaremos hoy. Esto es la segunda parte de un sermón que iniciamos, una pequeñita serie que iniciamos el domingo pasado, ¿recuerdas? Y en este sermón yo les mencioné que hay una verdad acerca de Dios. Yo tengo varios meses pensando en eso. Es algo que conozco desde pequeño; todo el que conoce a Dios conoce algo de esto. Yo tengo varios meses pensando en esto. Es algo que se me hace difícil de creer. Yo lo creo, no me mal interpreten, yo lo creo. Yo sé que es verdad, me hace sentido lógico. En mi corazón yo lo aprecio, me gusta, yo lo quiero, pero me choca. En mi humanidad me choca, mi mente no lo termina de captar. Es demasiado alto, demasiado sublime como para mi mente limitada, humana, pecadora.

A manera de recordatorio, permítanme presentarles la escena. Quizás no estuviste aquí el domingo pasado, no pudiste escuchar el sermón, así que permítanme recordarles un poquito de qué está sucediendo en Éxodo 33. Esto es lo que ocurre: es un momento especial en la historia de Israel. En este momento especial, nuestro Dios le hace una oferta especial a un hombre especial, a Moisés. Dios está hablando con su siervo y le dice: "Mira, Moisés, este soy yo, aquí están mis mandamientos, aquí están mis palabras." Y mientras Dios y Moisés tienen este tiempo único tú a tú, Israel está abajo haciendo ¿qué? El becerro de oro. ¡Qué locura! El Dios verdadero está encontrándose con el representante de su pueblo, y su pueblo está idolatrando.

Y Dios le dice: "Moisés, esto no es algo que va a pasar de vez en cuando, esta va a ser la norma de este pueblo. Así que hoy lo que vamos a hacer es: vayan delante, yo los voy a liberar, yo les voy a dar la tierra prometida, yo voy a eliminar todos sus enemigos, yo voy a cumplir todos sus sueños. Es más, yo voy a mandarles un ángel que les va a proteger, que los va a guardar. Todo súper. Una cosita." ¿Cuál? ¿Recuerdan? "Yo no voy."

Y el pueblo de Israel y Moisés entendieron que esto era una terrible noticia, e hicieron duelo y clamaron al Señor, y Moisés intercedió. Y el versículo 15 de Éxodo 33 dice que Moisés le dijo a Dios: "Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas salir de aquí." Moisés, ese siervo de la presencia de Dios, le dice: "Nosotros preferimos morirnos en el desierto que dar un paso más si tú no nos acompañas, Señor." Ellos entendieron que ninguna bendición sin contar con quien bendice es una bendición real.

Y bendito sea Dios, Dios responde: "Yo voy a ir con ustedes." Y el domingo pasado estuvimos meditando en la increíble noticia que es que Dios está dispuesto a andar en medio nuestro. Iglesia, no nos olvidemos de eso. A pesar de nosotros, Dios está dispuesto a andar en medio nuestro. A pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestras faltas, hay algo en el corazón de Dios que está dispuesto a acompañarnos. Dios quiere habitar en medio de su pueblo. ¡Qué buena noticia, amén! Dios quiere habitar en medio de su pueblo.

Pero a Moisés eso no le bastó. Saber que la presencia de Dios le iba a acompañar, excelente, pero Moisés pidió algo más. ¿Recuerdan qué le pidió Moisés? "Te ruego que me muestres ¿qué? Tu gloria." Y Dios iba a responder esa petición, pero no de la manera que Moisés esperaría. Y la respuesta a esa petición es de lo que se trata el sermón de hoy. Cuando Moisés le pidió a Dios que mostrara su gloria, la manera en que Dios lo haría era algo que nadie pudiera esperar.

El texto que leeremos hoy ha sido llamado el Credo del Antiguo Testamento. Ha sido llamado el corazón de la ley de Moisés, el pulso de toda la Biblia. Este pasaje es tan importante que ha sido citado un par de veces en la Biblia. Te voy a decir los libros, no solamente las veces, sino los libros donde ha sido citado. Este pasaje ha sido citado en Números, Deuteronomio, Nehemías, Salmos, Isaías, Joel, Jonás, Hageo, Miqueas, Nahúm, Jeremías, Reyes y Crónicas en el Antiguo Testamento. Y unas siete veces más en el Nuevo Testamento. Este pasaje es trascendental, fundamental, uno de los pasajes más importantes de toda la Escritura.

Así que sin más preámbulo te pido que me acompañes a leer Éxodo capítulo 34, versículos 5 al 8. El momento donde Dios revela su gloria a Moisés. Esta es la Palabra de Dios:

"El Señor descendió en la nube y estuvo allí con él, mientras este invocaba el nombre del Señor. Entonces pasó el Señor por delante de él y proclamó: El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable, que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación. Y Moisés se apresuró a inclinarse a tierra y adoró."

Oh, Señor, eso es de tu trono santo. Esa es tu santa Palabra donde tú te has revelado como el Dios tres veces santo y ahora el Dios compasivo y clemente. Tú conoces mi debilidad, tú conoces mi condición, tú conoces nuestra debilidad y nuestra condición. Pero porque tú eres quien eres, Señor, no nos permitas salir de aquí igual. Danos una visión renovada de quién tú eres, para darnos una vida más santa, te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Señor, qué petición. "Señor, muéstrame tu gloria", pidió Moisés. Uno pide por la gripe o qué sé yo, uno pide cosas tan pequeñas. Y Moisés: "Muéstrame tu gloria." Y Dios respondió. A veces Dios responde nuestras oraciones tan pequeñas, pero a veces Dios está dispuesto a responder oraciones más grandes.

Cuando hablamos de gloria, si recuerdas, nos referimos a algo de peso, algo de sustancia, algo real, pesado, sustancioso. Y la Biblia habla de la gloria de Dios en muchos sentidos. En Isaías, por ejemplo, se nos habla de la gloria de Dios a través de su santidad, que Dios es glorioso al ser completamente superior y separado de toda la creación y de toda la maldad. Y en los Salmos se nos habla de la gloria de Dios de muchísimas maneras. Por ejemplo, se nos habla de su belleza, se nos habla de la gloria de Dios en términos de su poder, de que Dios, debido a su poderío, él es de mayor peso que cualquier otra cosa.

Pero en este texto, recuerda, el pulso, el corazón, el —como le llamaban— credo del Antiguo Testamento, en este texto fundamental, Dios nos deja algo claro, y es que la gloria de Dios está entrelazada con su bondad. ¿Recuerdas? "Dios, muéstrame tu gloria." "Así voy a pasar, te voy a hacer pasar mi bondad." ¿Recuerdas? "Muéstrame tu gloria." "Te voy a mostrar mi bondad." Éxodo 34 nos muestra el corazón de la gloria de Dios.

Esto es cuando a Dios le pidieron: "Dame una definición de quién tú eres, muéstrame lo que te da peso, lo que te da sustancia, dime quién eres tú." Dios dijo: "Te lo voy a mostrar, te voy a mostrar el corazón detrás de la gloria pesada de Dios." Y así dijo: "El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable."

¡Wow! Eso no es lo que Moisés estaba esperando. Eso no es lo que ninguno de nosotros estuviera esperando. No del que abrió el mar Rojo, no del que ha hecho las señales portentosas, torbellinos, los terremotos, truenos. "Un amigo compasivo y clemente." Luego del becerro de oro: ¿juicio, lejanía, decepción, miradas frías, frustración? "Lento para la ira y abundante en misericordia y verdad." O diría una generación como la nuestra: ¿tolerancia, comprensivo, relajado, chill? "Que no tendrá por inocente al culpable."

¡Wow! Este pasaje a mí me confronta y me conforta cada vez que lo leo.

Cada parte. El Señor, el Señor. No es que Dios está tratando, Moisés, cuál era tu temor, que mi presencia se fuera. Déjame dejarte claro, dos veces te lo digo: el Señor, el Señor. Yo estoy aquí. Si leíste en Reina-Valera, "de la presencia Jehová, Jehová", Yahvé, Yahvé, Yahvé. El nombre personal del Señor, ese nombre tan santo que de hecho los escritores del Antiguo Testamento, los escritores del Nuevo Testamento, los apóstoles y Jesús, honraron ese nombre y lo guardaron de tal manera que hoy se escribe "Señor" en mayúscula. Ese nombre que significa "Yo soy el que soy", "Yo seré el que seré", que habla de la autoexistencia de Dios para siempre. Yo soy el que soy, estoy aquí, te lo digo dos veces, Moisés.

Lo primero que yo recibo aquí entonces es que el Dios que está hablando con Moisés es un Dios personal, real. No es un Dios inventado, es un Dios que existe, identificable. No es que todos los dioses son iguales. No es que aquí somos cristianos porque nací siendo dominicana, pero los budistas también si están allá, y aquellos están bien si están allá, al final todos los caminos van al mismo lugar. Hay un solo Dios, un Dios en el cielo que tiene un solo nombre, el nombre del Señor, y la manera que importa es su manera. Ese Dios, el Señor, el único Dios, está aquí revelándose a Moisés. Él está aquí.

Moisés, soy yo. Otra vez como en la zarza: soy yo que estoy aquí, que no te quepa duda, te lo digo dos veces. Soy yo, soy yo. Así que presta atención, Moisés. Y en eso presta atención, iglesia, porque la presencia de Dios está aquí, la gloria de Dios está aquí. El Señor, el Señor está aquí. Él está listo para revelar su corazón y su gloria. Ahora, en este momento hay que prestar atención. Él quiere que prestemos atención. Dios va a hablar, él nos va a decir quién él es. ¡Oh, si yo supiera quién es Dios!

Aquí va: compasivo y clemente. Compasivo y clemente. Dios se define a nosotros y lo primero que nos dice de su corazón es que él es compasivo. La palabra en el original, y voy a dar un tiempo hablando en hebreo, la palabra en el original es rajum. Lo primero que dice Dios es que él es compasivo y clemente. Rajum ve janún. Ahora le explico por qué es importante decir rajum. Rajum suena como lo que es. Rajum suena como entrañas. Rajum. Bien, entrañas. Y a lo que rajum, compasión, está apuntando es esto. Yo no puedo decir tripas aquí, entrañas. Lo que está diciendo rajum, compasivo, es que lo que le sale de adentro, la reacción visceral de Dios, cuando Dios nos ve, su primera reacción, lo que le sale de adentro, es la compasión. Como el Salmo 103 que dice: "Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen." Ese es rajum.

Hay una historia que a mí me encanta. En Primera de Reyes capítulo 3, habla de Salomón, y la primera acción famosa de Salomón es esas dos mujeres que vienen donde él. ¿Recuerdan? Y a esas dos mujeres, una de ellas se había perdido su hijo y no se sabía cuál era la que lo había perdido. Las dos están diciendo que ese bebé era de ella. Entonces Salomón dice: "Yo sé cómo lo resolvemos, vamos a partir el bebé que está vivo por la mitad." Y la que era la madre del bebé dice que siente rejem por el bebé. Dice: "No, dáselo a la otra." Lo que sintió adentro le deja ver a Salomón: esa es la verdadera madre.

Eso es lo que Dios siente por nosotros. Él nos ve y siente compasión. Él ve nuestra condición de necesidad y desesperación y en vez de sentirse superior, en vez de sentirse indiferente, o en vez de sentir desprecio, él siente compasión. En vez de sentirse superior, porque él es Dios y nosotros somos criaturas. O en vez de sentirse indiferente, porque él es autosuficiente y nosotros somos necesitados de él hasta para respirar. O en vez de sentir desprecio, porque él es tres veces santo y nosotros pecadores. Él siente compasión como una madre siente compasión de un hijo en necesidad.

¿Tú puedes creer eso? Que el Dios de gloria, el Dios de santidad, el Dios de los cielos, el Dios tres veces santo, te mira desde el trono y lo que le sale de adentro es compasión. Lo primero que él hace al mostrar su gloria es decir que él es compasivo. ¡Wow! ¿Solo a mí me sorprende eso?

Y luego dice rajum ve janún. Lo segundo que nos dice de él: compasivo y clemente. Déjeme decirle algo: el español es un idioma fenomenal, no dejen que nadie les hable mal del español. Es muy raro que el español nos quede corto. Este es uno de los pocos casos, porque "clemente" no es la mejor palabra para traducir janún. En inglés ahí nos ganó, porque en inglés le traducen "gracious". En español "gracioso" no funciona. "Compasivo y gracioso" no funciona. "Lleno de gracia" tampoco es lo ideal.

Pero janún pues se refiere a que Dios está lleno de jen, gracia. Y gracia es una palabra demasiado importante para la fe cristiana, que tengo miedo que estamos más o menos perdiéndole su valor. Y gracia se refiere, sí, a un favor, a un deleite, a un regalo. Por eso mira que "gracias me hace ese niño", sí, a algo que nos hace sonreír. Pero gracia principalmente se refiere a recibir algo bueno, muy bueno, algo hermoso, cuando yo merecía algo doloroso.

Y te doy dos historias que hablan del jen para que veas más o menos cómo va. Te doy una neutral primero, más o menos neutral. ¿Conoces a la reina Ester? Ester, esta mujer que fue criada por su tío, padrastro tío, Mardoqueo. Ester está en un momento clave de su vida. Tiene temor de acercarse al rey Asuero porque no le tocaba, y Mardoqueo la empuja, le dice, la moviliza, le dice: "Mira, tú debes hacerlo." Y Ester se atreve, va delante del rey, le dice: "Rey, si he encontrado gracia, jen, delante de ti." ¿Y qué pasa? Asuero le extiende el báculo. Ella encuentra gracia y a través de eso Dios da salvación al pueblo judío. A eso se refiere gracia, lo que aquí traduce clemencia.

Otro caso es el de Jacob y Esaú. ¿Recuerdan? Son hermanos. Los cristianos con buena razón hablamos muy bien de Jacob, pero tenemos que recordar lo que Jacob hizo. Jacob le robó a su hermano lo que le pertenecía. Jacob le roba a su hermano algo horrendamente, se desaparece, y años después él se encuentra de frente con su hermano y se atreve a decirle: "Esaú, si acaso yo he hallado gracia ante tus ojos..."

¿Por qué les digo esto? Porque Ester sabía que a ella no le tocaba estar delante de Asuero. Y nunca de los nunca de los nunca Jacob merecía estar delante de Esaú. Lo que a ellos les tocaba por estar donde estaban era... Pero Dios, perdón, pero ellos en su gracia: Jacob, Esaú bendice a Jacob, le otorga regalos. Y Asuero bendice a Ester, le otorga lo que ya pide.

Pues me he querido que si el rajum se refiere a la compasión que le sale de adentro a Dios, el janún se refiere a la clemencia, se refiere a lo que Dios hace. Uno es lo que Dios siente y lo otro es lo que Dios hace. Oye esto: cuando tú vienes delante de Dios reconociendo que tú no mereces nada, ahí, cero, tú no tienes nada que merecer delante de él, una y otra y otra vez él está dispuesto a mostrarte gracia. A darte deleites y favores, a matar el cordero engordado, a vestirte de ropas reales, a escuchar tus peticiones y a responder conforme a su gran compasión. Esa es su gloria.

¿Tú puedes creer eso? Tú, es porque yo lo creo, pero como que no creo. Es que es demasiado bueno. Bendito sea Dios. El Señor, el Señor, compasivo y clemente. Rajum ve janún. Lento para la ira. ¡Oh Señor, si fuera como tú! Y abundante en misericordia y verdad.

Lento para la ira. La gloria de Dios se ve en que Dios es lento para la ira. Yo te prometo que no se te va a olvidar más nunca lo de "lento para la ira". Alguien que estuviera en el primer servicio, pues acaso, ¿te acuerdas esto? Ok, lento para la ira, no se te va a olvidar nunca. Porque en el original literalmente dice que Dios tiene la nariz larga. Ok, en mi casa ya tenemos esto bien seteado. Chérbala, atenta para los muchachos: Dios tiene la nariz larga, y la Biblia lo dice dos docenas de veces. Dios tiene la nariz larga.

Te lo voy a explicar. En la cultura dominicana, ¿cómo se dice cuando alguien se molesta rápido? Mecha corta. Lo dijeron de una vez: que alguien es mecha corta. Ahora, ok, en la cultura hebrea la manera de hablar de cuando alguien se molesta rápido, o mejor dicho cuando alguien está molesto, es que a la persona se le pone la nariz roja, o que a la persona se le pone la nariz caliente. Como por ejemplo, ¿recuerdan a Potifar? Potifar, el mayordomo, recuerdan, por su mujer. La mujer de Potifar dice esta mentira de que José trató de hacer algo incorrecto con ella, y dice nuestra versión, todas las traducciones dicen que cuando Potifar se enteró se encendió su ira. En el original lo que dice es: se le calentó la nariz. ¿Me siguen?

Ahora, hay un versículo que nos cala. Por lo menos en una cultura como la nuestra donde hace tanto calor, deberíamos memorizárnoslo. Proverbios 19:11 dice: "La discreción del hombre le hace lento para la ira." En el original, ¿tú te imaginas lo que dice? La discreción del hombre le pone la nariz larga. ¿Me siguen?

¿Tú puedes entender qué pasa aquí? Si tener la nariz roja o caliente es que te molestas, si estás molesto, si tienes la nariz larga es que pasa mucho tiempo antes de que se te caliente la nariz, antes de que se encienda la nariz. Es que hay un proceso largo entre lo que se calienta la nariz y lo que sucedió que llevaría a eso. Tiene la mecha larga. ¿Entendieron?

Una y otra y claro, una traducción bíblica no te va a dar esa explicación. Entonces todas las traducciones bíblicas dicen "lento para la ira", todas, y está bien, es una forma correcta de traducir. Imagínate traducírsela a alguien "mecha corta" y va a decir, claro, es la forma correcta de traducir.

Entonces que Dios es lento para la ira, que Dios tiene la nariz larga, habla, oye esto, que Dios nunca reacciona airado. Dios puede, no, Dios acciona airado, pero no es que él reacciona airado. No es que tú pinchas a Dios, su nariz es demasiado larga como para actuar en ira así. No es como nosotros que quizás estamos airados solamente antes del café, como...

Que la nariz se pone cortica, como que el café me alarga un poquito la nariz. Solo a Jairo el café tiene el efecto de alargar la nariz. En algunos de nosotros, la nariz de Dios es tan larga que requiere ser provocada docenas o cientos o miles de veces antes de actuar en ira.

En su clásico moderno, que es ya un clásico, el libro *Gentle and Lowly* (*Manso y Humilde*, resale en español ahora en el verano), el autor Dane Ortlund tiene un pensamiento que es fenomenal. Él apunta al hecho de que en el Antiguo Testamento se habla frecuentemente de que Dios es provocado a la ira. Dios es provocado a la ira. Nunca se habla de que Dios es provocado al amor o que Dios es provocado a la misericordia. Nosotros lo pensamos al revés. Nosotros pensamos que la ira de Dios es como un tirapiedras, como un spring que está ahí listo para que lo pinchen y de inmediato te da en la cabeza. Es lo contrario. La misericordia de Dios es lo que está listo para ser derramado. Tú pinchas a Dios y le sale misericordia, compasión, clemencia. La ira de Dios es lo que requiere ser provocado con el flujo constante de pecados.

Pero como nosotros pensamos que Dios es como nosotros, nosotros somos los que estamos todo el tiempo airados, que cualquier cosita nos molesta. Por eso Hebreos nos llama a provocarnos al amor y a las buenas obras unos a otros. Nosotros necesitamos que nos provoquen al amor, mientras la ira de Dios es lo que necesita provocación.

Y si hay una verdad de este sermón que no necesita que yo la explique mucho, es esta, porque dime si tú no lo has visto en tu propia vida. ¡Cuán lenta ha sido la ira de Dios para con tus pecados! ¡Cuán lento ha sido él para juzgar tus pecados! Y con cuánta gracia y compasión él no ha bañado cada uno de tus días. Si eso es verdad diariamente. El Señor, el Señor, compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad.

Y esta misericordia y verdad van en conjunto. Dice *jésed*, vamos a ver. *Jésed* es una palabra que, no es culpa del español que yo sepa, yo no conozco ningún idioma que traduzca *jésed* bien. Esa es la palabra hebrea que solamente el hebreo la tiene. El inglés lo traduce *loving kindness*, *loyal love*, *loyal mercy*, *mercy*, *love*, depende a quién tú le preguntes. Hoy la cantamos "misericordia y amor" en una misma canción. En español tú a veces lo traduces como amor, a veces lo tienes como misericordia. Es una palabra muy única que se refiere al amor de pacto, al amor fiel que Dios tiene, un amor longánime, un amor pactal, un amor que se queda fiel sin importar lo que ocurra, un amor que no tiene nada que ver con circunstancias exteriores, que fluye desde adentro y que no va a cambiar sin importar lo que pase afuera.

Y tú ligas esa misericordia o amor fiel, *jésed*, con verdad. Y esta verdad es la palabra *emet*, de donde sale la palabra amén. ¿Recuerdan amén? Y tú lo ligas, y amén tiene que ver con fidelidad, con certeza, con que eso es, con algo que es roca sólida. Tú ligas esto y entiendes que esto es que Dios es abundante en misericordia y verdad. No que le sobra, es abundante. Eso es importante. Yo no tengo que dar ninguna palabra original, ni griego, ni hebreo, ni arameo, pa' decirte abundante. Tú entiendes muy bien qué significa esto, ¿verdad?

Tú sabes lo que dice, que Dios es abundante en misericordia y verdad, que este es un Dios fiel que guarda su pacto y su misericordia. Es un Dios cuyo amor es certero, seguro, constante, perenne, incambiable, inmutable. Un Dios confiable, que no te va a dejar, que no se va a rendir, que no va a parar. Es un Dios que, aunque tu cuenta de banco esté en cero, que aunque tu padre y tu madre te dejen, que aunque tus amigos te abandonen, que aunque te encuentres desamparado, oye, que aunque tus pecados sean muchos, aunque tus circunstancias sean horribles, su amor seguirá absolutamente fiel. Esa es la gloria de nuestro Dios. Abundante y absolutamente fiel es su amor.

El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares. Esta es la primera de dos menciones de números que hace el texto. Lo primero que hace es que repite el *jésed*, la misericordia de Dios, y ahora lo pone en su contexto. Y lo que hace aquí es que le deja saber a Moisés, cuando habla que esto es misericordia a miles, a millares, le está dejando saber a Moisés que esto que aquí está revelando no es para Moisés, no es para Israel, no es para un grupo selecto. Eso se puede traducir perfectamente como para mil generaciones, como hace Éxodo 20 y Deuteronomio 7.

Lo que le está dejando ver es que esto no tiene fecha de caducidad, que la gloria de Dios no se va a acabar. Su gracia, compasión, misericordia, su amor van a correr por toda la tierra. En esta generación, la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación, y la próxima generación. En toda la tierra, a todas las generaciones, pudieran conocer de la gloria de este Dios que se ha revelado.

Oye, Moisés no sabía de Cristóbal Colón, ni de Casiodoro de Reina, ni de Juan Pablo Duarte, ni de Trujillo, y aquí está Iglesia Bautista Internacional conociendo de la gloria de Dios. Yo no sé si es la generación 27 o 754, pero yo confío, porque yo sé que a Dios no se le ha acabado su gloria. Yo confío en que hay personas que todavía no conocen que van a conocer de la gloria de Dios, de la misericordia y bondad de Dios. Que mis hijos van a poder conocer de la misericordia y bondad de Dios, y si el Señor no viene antes, que los hijos de mis hijos también, y los hijos de mis hijos también, y los hijos de los hijos de los hijos de los hijos de mis hijos también. Esa es la gloria de mi Dios, ese es su corazón, cuya gloria no se acaba, no tiene fecha de caducidad, tiene misericordia hasta miles de generaciones.

Él guarda misericordia a millares, ¿sabes por qué? Porque él perdona. Él perdona, dice el texto, él perdona la iniquidad, él perdona la transgresión y él perdona el pecado. La iniquidad se refiere al desviarse, a irse a un lado de lo que es bueno o correcto, a ir por un camino que es correcto y hacer una izquierda. ¿Y quién no ha cometido iniquidad? ¿Quién no se ha desviado del camino correcto? Dios perdona nuestros desvíos.

Pero él también perdona nuestras transgresiones. Es algo más grave que una iniquidad. Se refiere a la desobediencia, a saber lo que es correcto y a pesar de conocer el mandamiento, decidir desobedecerlo. Él también está dispuesto a perdonar nuestra desobediencia. ¿Cuál es la clave? Empieza con A y termina con arrepentimiento.

Él también perdona nuestro pecado. Dios en su gloria, siendo el Dios santo, sabe muy bien que hay cosas que son desvíos, hay cosas que son desobediencias, hay otras cosas que son desaciertos. Se refiere a toda falla moral, cualquier tipo de error, cualquier tipo de desacierto. Ya sea que nos desviamos hacia un lado, ya sea que decidimos desobedecer, o ya sea cualquier tipo de desacierto o error, Dios perdona. Dios perdona. Y él no lo hace a regañadientes, él no lo hace obligado, porque recuerda *rajum*, él se goza en perdonar. Le sale del vientre, desde adentro de sus entrañas. Lo que tenemos que hacer es ir donde él y encontramos compasión y clemencia.

O dime tú si hay alguna otra cosa que explica la cruz de Cristo, si no es que Dios se goza en quienes se salvan. Solo un Dios que es compasivo y clemente pudo estar dispuesto a dar lo más preciado, a dar a su Santo Hijo, a dar su propia vida, a sufrir lo horrendo del madero, para poder perdonar la iniquidad, la transgresión y el pecado cometidos por hombres como tú y como yo. Porque algo tiene que hacerse con nuestra maldad. Algo tiene que hacerse con nuestra maldad.

Entonces pasó el Señor delante de él y proclamó: El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado. ¡Gloria a Dios! Y que no tendrá por inocente al culpable. ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios por su justicia también! Y que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

Iglesia, necesitamos escuchar esto también. Gloria a Dios porque él castiga a los culpables. De lo contrario, Dios sería un idólatra. Déjame explicar eso. Nosotros somos los recipientes de un amor sin igual en toda la creación. Dios ama a los seres humanos de una manera especial por encima de cualquier otra cosa en la creación. Un amor único, espectacular, increíble, por encima de los árboles, de las estrellas, de los animales, de las plantas. Oye, Dios tiene un amor tan único por nosotros, que ni siquiera por los ángeles, porque fue por nosotros por quien él entregó a su Hijo más preciado. Así de especial ha sido su amor por la humanidad. Bendito sea Dios que nos ha amado tanto.

Pero Dios se ama a sí mismo. Dios se ama a sí mismo más que a nosotros. El Padre ama al Hijo. Dios ama su gloria. Dios ama su justicia, ¿amén? Dios ama su santidad. Dios ama su Palabra. Y eso es bueno. Eso es buenísimo. Eso es excelente, fenomenal. ¡Gloria a Dios por eso! Si él es quien él dice ser, él tiene que amar lo bueno siempre, y nadie hay más bueno, justo, glorioso, que Dios mismo.

Y Dios dijo en Génesis 3 que el día que el hombre pecara, el hombre moriría. Dios no puede permitir ver a la humanidad hacer lo que quiera con la creación, hacer lo que quiera unos con otros, más importante, hacer lo que quiera con su imagen, hacer lo que quiera con sus mandamientos, deshonrar a Dios como lo hace y dejar al culpable como inocente. Dios no está aquí para echarle paño tibio a nuestros pecados. Dios no está aquí para hacerse de la vista gorda con nuestras fallas.

Él va a crecer, no te preocupes. Él va a crecer y se va a poner peor. Te recuerdas de Moisés, que ni siquiera Moisés pudo entrar. Dios tiene la nariz larga, pero Él tiene nariz. Y gloria a Dios por su nariz. Dios es paciente, muy paciente, pero Él no es omnipaciente. Yo sé que no somos súper fans de Apocalipsis, pero te acuerdas de las copas de la ira.

Así como nosotros, oye, porque nosotros somos humanos, pero somos creados a su imagen. Tú ves la injusticia que alguien comete contra tu hijo y tú no te molestas. Yo he estado en sociedades de padres. Yo tengo hijo en colegio, yo tengo muchacho. Cuando uno ve que contra un hijo de uno se comete una injusticia, esa nariz se pone cortica, roja. Yo que no soy blanco, se me pone roja. Tú lo has visto. Cuando se comete una injusticia contra alguien que uno ama, uno no se molesta. Alguien dice amén.

¿Tú crees que Dios te ama? ¿Tú crees que Dios se molesta cuando se comete injusticia contra ti? ¿Tú habías pensado en eso antes? Y cuando se comete injusticia contra ti, tú te molestas. Alguien dice amén. Y tú quisieras que se haga justicia. Cuando se cometen injusticias contra Dios, ¿tú crees que a Él le molesta? Nadie dice amén. ¿Y tú crees que Él quiere que se haga justicia?

Y te recuerdas lo que dijimos del hijo, que uno se molesta cuando se comete injusticia contra el hijo. Te recuerdas cómo yo trabajé, Jesús lloró por Jerusalén. ¿Tú crees que la generación que crucificó a Jesús es una generación justa? ¿Tú crees que la generación que escucha el evangelio y lo ignora abiertamente va a ser una generación justa? ¿Tú crees que si tú estás aquí sentado, domingo tras domingo, no conoces a Jesús, y eso es ignorar la cruz, tú estás cometiendo justicia?

Debido a su compasión y debido a su clemencia, debido a su gracia, por su amor misericordioso, bendito amor, Dios proveyó una salida, bendita salida de su ira a través de la cruz de Cristo. Bendita cruz, eso sí. Oh, bendita salida, bendita gracia, bendito escape de la ira de Dios. Él vertió, Él lanzó, Él le tiró a Jesús toda su ira guardada por miles de años hacia miles de seres humanos, por miles de pecados, sobre el único unigénito Hijo de Dios. Toda su ira de los pecados pasados, presentes y futuros de todos sus hijos, toda su ira lanzada sobre Jesús.

Nunca vamos a entender cuánto sufrió Jesús allí, toda su ira lanzada en la cruz. La ira que merecían los hijos, la ira que merecían aquellos que iban a creer. Lo único comparable con el sufrimiento de Jesús en el madero es el amor que llevó a Jesús a estar allí, el amor que lo obtuvo allí.

Es más, ni esto, porque tan es la gracia de la compasión que Dios tiene, que Él dice: yo visito los pecados hasta la tercera y la cuarta generación, tres o cuatro. Yo muestro gracia a miles de generaciones. Pareciera que Dios está entre 250 y 300 veces más dispuesto a mostrar gracia que a visitar con justicia. ¿Cómo es que esto está? Pareciera que Dios está entre 250 y 300 veces más dispuesto a mostrar gracia que a visitar con justicia. Bendita sea la compasión de Dios, bendita sea la clemencia de Dios, y bendita sea la justicia de Dios.

Él proveyó escape de su ira con la cruz. Gloriosa y bendita cruz. Cruz en la cual yo y tú y tus hijos y los hijos de tus hijos pueden encontrar perdón de tus faltas hasta la tercera, la cuarta y la milésima generación. Pero si tú no corres allí y si yo no corriera allí, Dios no va a tener al culpable por inocente.

Es el mismo Dios que tanto nos ama, también ama su gloria. Es el mismo Dios que tanto nos ama, ama su santidad, y gloria a Dios por su santidad, ama su justicia, y gloria a Dios por su justicia. Y lo que nosotros hemos hecho con este mundo está tan horrible que alguien tiene que arreglarlo. Nuestros pecados son demasiado como para simplemente pasarlos por alto. Yo no necesito convencerte de esto, tú lo sabes.

Así que ponte a cuentas con Dios. Eso es algo entre tú y Dios. Tú sabes quién eres, tú sabes dónde estás. Corre a su justicia en la cruz o correrás de su justicia hasta que Él venga como Juez. Pero hoy es el día aceptable. Desde adentro le sale compasión y Él está más que dispuesto a recibirte y mostrarte clemencia.

Iglesia, el domingo pasado se recuerdan, iniciamos con Dios diciendo: me voy. Hoy nos hemos encontrado con el Dios diciendo: aquí está mi corazón. Esa siempre fue su plan. Por razones de su gracia y misericordia, porque como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de nosotros. Oh, bendito Dios, Él quiere tenernos cerca.

A ti, a mí, el Señor de todo, el Yo Soy el que Soy, el autosuficiente, el único autosuficiente, el único que no necesita nada ni nadie más que a sí mismo, se ha revelado como Dios compasivo, que de adentro le sale el deseo de ternura y compasión hacia ti. Clemente, que aquellos que le buscan los baña de gracia. Lento para la ira, que espera pacientemente antes de juzgar. Abundante en amor y verdad, fiel en toda circunstancia, que muestra misericordia a mil generaciones perdonando iniquidad, transgresión y pecado de todo aquel que lo busca de corazón. Y un Dios siempre justo que de ninguna manera tendrá al culpable por inocente.

La pregunta es entonces, iglesia: ¿cómo yo respondo a esto? ¿Qué yo puedo hacer delante de esto? Yo tengo dos sugerencias. La primera es mía, la segunda es bíblica, pero yo creo que las dos son bíblicas.

La primera es: créelo. Te lo decía al principio, te lo digo al final: créelo. Es verdad, créelo. Pídele perdón al Señor en los momentos que lo dudas. Créelo. Y tú sabes cómo lo puedes mostrar que lo crees.

Aquí la bíblica te lo dice, versículo 8 de Éxodo 34. Moisés da el ejemplo. ¿Cómo tú manifiestas que tú crees esto que Dios ha revelado? Éxodo 34, versículo 8: Moisés apresuró a inclinarse a tierra y adoró. ¿Cómo tú respondes a un Dios tan bueno? Lo adoras.

A un Dios que se ha revelado de esta manera, tú lo adoras. Cuando te encuentres en medio de la tentación, que te sientas tentado a pecar con tres dedos, tú dices: a un Dios tan bueno, no, yo lo voy a adorar. Y en medio de un momento de desobediencia que te encuentro, no, no, no, yo voy a adorar a Dios. Y con cualquier oportunidad que tengas delante de ti, no es que estoy muy cansado, yo no me peligre, no, no, es que voy a adorar a Dios. Y tengo una oportunidad que me parece una buena oportunidad, esa es adoración. Quizás no es que yo voy a adorar a Dios.

Y con mis finanzas yo voy a adorar a Dios. Y con mi familia yo voy a adorar a Dios. En mi iglesia, fuera de mi iglesia, en mi trabajo, en mi matrimonio, en mi paternidad, con todo lo que yo soy, yo voy a adorar a Dios.

Iglesia, ponte de pie. Mi deseo, en mi alma, en mi vida, en mi corazón, con todo lo que yo soy, es adorar a Dios. El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia. Señor, recibe toda la gloria, recibe todo el honor. Tu iglesia en esta tarde se postra, te declara a ti el único Dios, el único digno, y te decimos: bendito Dios, gracias por tu bondad. Amén y amén.

Jairo Namnún

Jairo Namnún

Jairo Namnún sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio, encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Posee una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia Namnún y juntos tienen dos hijos: Ezequiel e Isaac.