Integridad y Sabiduria
Sermones

Esta vez alabaré al Señor

Jairo Namnún 12 diciembre, 2021

Todos buscamos algo o alguien que nos ayude a olvidar nuestro pasado y dé sentido a nuestra vida. Jacob huyó de las consecuencias de haber engañado a su hermano Esaú, y cuando vio a Raquel —de bella figura y hermoso parecer— pensó que ahí estaba su redención. Trabajó siete años por ella y le parecieron pocos días. Pero su tío Labán lo engañó en la noche de bodas, y cuando Jacob despertó, no estaba con Raquel sino con Lea. El engañador fue engañado con la misma palabra hebrea que él había usado contra su hermano. El pecado siempre tiene consecuencias.

Lea vivió toda su vida a la sombra de su hermana. Era aborrecida por su esposo, quien se fue de la luna de miel a negociar casarse también con Raquel. Durante siete años vio a Jacob levantarse cada día a trabajar para obtener a otra mujer. Cuando Dios le dio hijos, ella les puso nombres que reflejaban su dolor: Rubén ("vean, un hijo"), Simeón ("el que oye"), Leví ("apegado"), buscando desesperadamente que su marido la amara. Pero nada funcionaba.

Algo cambió con el cuarto hijo. Lea dejó de mirar a Jacob y miró al Señor. Dijo: "Esta vez alabaré al Señor", y le puso por nombre Judá. Ahí encontró descanso. De esa línea despreciada vendría el león de la tribu de Judá. Jesús fue hijo de Lea, la aborrecida. Porque Dios ve donde estamos, se inserta en nuestras historias rotas, y transforma lugares de dolor en lugares de gloria cuando dejamos de buscar satisfacción en lo terrenal y decimos: esta vez, Señor, te alabaré a ti.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bien, hoy con la presentación de la Palabra de Dios te voy a pedir, por favor, a todos que nos acerquemos a Génesis capítulo 29. Génesis capítulo 29. Si tienes una NBLA, esa es la misma página 29. Vamos a estar leyendo del versículo 13 al versículo 35.

Una historia que de superficie puede que nos parezca un poco extraña. Probablemente ya la has escuchado, es posible que ya la conozcas. Alguien me decía luego del primer servicio, estaba sentada por ahí, ella me decía: "Jairo, cuando tú empezaste a leer, yo dije, este sermón no es para mí. Es una historia como interesante. Es que la cultura que vamos a ver, las circunstancias que vamos a ver, no son similares a las nuestras". Son bastante diferentes a lo que vemos hoy en día. Esta es, de hecho, en la superficie, una historia de amor. Pero es muy diferente a lo que veíamos en el Canal 5 o en algún otro canal de televisión. Un canal, para los más jóvenes, es lo que tú prendías en televisión cuando no había internet.

Pero si prestamos atención, lo más importante, si el Espíritu de Dios nos auxilia, nos ayuda, nos damos cuenta que la Biblia es la Palabra de Dios para siempre. Mi oración es que Dios nos hable hoy, como le habló a aquellos que escucharon por primera vez acerca de Jacob, Labán, Raquel y Lea.

Esta es la Palabra de Dios: "Cuando Labán oyó las noticias de Jacob, hijo de su hermana, corrió a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo trajo a su casa. Entonces él contó a Labán todas estas cosas. Y Labán le dijo: Ciertamente tú eres hueso mío y carne mía. Y Jacob se quedó con él todo un mes. Y Labán dijo: ¿Acaso porque eres mi pariente has de servirme de balde? Hazme saber cuál será tu salario. Labán tenía dos hijas. El nombre de la mayor era Lea y el nombre de la menor, Raquel. Los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de bella figura y de hermoso parecer. Jacob se había enamorado de Raquel y dijo: Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor. Labán le respondió: Mejor es dártela a ti que dársela a otro hombre. Quédate conmigo. Jacob, pues, sirvió siete años por Raquel y le parecieron unos pocos días por el amor que le tenía. Entonces Jacob dijo a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido para unirme a ella. Labán reunió a todos los hombres del lugar e hizo un banquete. Y a la noche él tomó a su hija Lea y se la trajo. Jacob se llegó a ella. Y Labán dio a su sierva Zilpa a su hija Lea como sierva. Cuando fue de mañana, sucedió que era Lea. Y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No fue por Raquel que te serví? ¿Por qué, pues, me has engañado? Y Labán respondió: No se acostumbra en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor. Cumple la semana de esta y te daremos también la otra por el servicio que habrás de rendirme aún otros siete años. Así lo hizo Jacob y cumplió la semana de ella, y él le dio a su hija Raquel por mujer. Y Labán dio a su sierva Bilha a su hija Raquel como sierva. Jacob se llegó también a Raquel y amó más a Raquel que a Lea, y sirvió a Labán durante otros siete años. Vio el Señor que Lea era aborrecida y le concedió hijos, pero Raquel era estéril. Y concibió Lea y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Rubén, pues dijo: Por cuanto el Señor ha visto mi aflicción, sin duda ahora mi marido me amará. Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y dijo: Por cuanto el Señor ha oído que soy aborrecida, me ha dado también este hijo. Así que le puso por nombre Simeón. Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: Ahora esta vez mi marido se apegará a mí, porque le he dado tres hijos. Así que le puso por nombre Leví. Concibió una vez más y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré al Señor. Así que le puso por nombre Judá, y dejó de dar a luz".

Esa es tu santa Palabra, Señor. Habla a nosotros a través de ella.

Tal vez no sabías que la Biblia es entre un 41 a 43% de historias. La Biblia está llena de historias. Repleta. Es la mayor parte de la Escritura en cuanto a su género. Buenas historias, profundas historias, historias de amor, de odio, de guerra, de poder. Muchas de ellas de amor. Y son historias que sobrepasan el tiempo, que a veces requieren, otra vez, un poquito de atención y de cuidado para poder entenderlas mejor. Uno de los principales detalles por lo que lo necesitas es porque ha pasado mucho tiempo entre ellas y hoy.

Por ejemplo, yo caí en cuenta mientras estaba escribiendo este sermón que mañana, por la gracia de Dios, si el Señor lo permite, yo cumplo 13 años de casado con la mejor mujer del mundo, con mi esposa Patricia. Es una muestra de la gracia y misericordias de Dios que me da una mujer que me perdona y me imparte gozo y tierna, me guía por sendas de paz. Esa mujer tan linda que tengo allá. Yo estaba mirando las fotos de mi boda y parece como un sueño distante. Entre el pelo y los bracers y las libras... Yo me casé con bracers. Yo estaba recién cumpliendo 20 años, entonces se podía tener bracers cuando tienes 20. Aunque no hay nada de malo con los grises hoy. Entonces, entre el pelo y los bracers y las libras menos, era como otro tiempo. O sea, 13 años atrás parecían como un milenio atrás. ¿Recuerdas el país hace 20 años o hace 30 años? ¿Será como otra cosa? Esa historia que leí sucedió hace no menos de 3,600 años. Muy diferente. Era una vida muy diferente al día de hoy.

Sin embargo, si bien las circunstancias son diferentes, es el mismo corazón. El corazón humano no ha cambiado nada a lo largo de los años. Nosotros vemos hoy las mismas situaciones ocurriendo que aquellas situaciones que veíamos allá. Hoy los hombres siguen enamorándose, ¿o no? Hoy los hombres y las mujeres siguen obsesionándose. Hoy los hombres siguen engañándose, ¿verdad? Ahí afuera, claro, que adentro no pasa nada de eso. El pecado se queda ahí afuera. Hoy nosotros seguimos encontrando en otras personas y en otras cosas la motivación para vivir, para trabajar, para hacer. Hoy las personas que más amamos siguen siendo aquellas que nos causan el mayor dolor, ¿o no? Sí. Y hoy las personas y las cosas en las que ponemos nuestra esperanza siguen decepcionándonos. Siguen quedándose cortas. Nosotros seguimos fallando a otros y decepcionando a otros, y siendo algunos objetos de enamoramientos de otros, y decepcionando a otros.

A mí me fascina ese aspecto de la Biblia, de cómo cuando tú te sientas a meditar en ella y a revisar lo que está ocurriendo, cada historia, cuando ves a sus personajes humanos te encuentras en ellos que están luchando con este tema de la esperanza, del propósito, de para qué están aquí y cómo van a solventar su situación actual. Siempre hay un grado, un sentido de redención y salvación en cada parte de la Escritura que encuentras. Y al final, siempre que lo buscan y lo encuentran aquí debajo, terminan decepcionados.

Empecemos viendo a Jacob. Tal vez algunos recuerden que un par de meses atrás, desde aquí mismo, subimos juntos al monte Moriah y vimos que el Dios que prueba es el Dios que provee, ¿recuerdan? Que Abraham subió con su hijo Isaac a sacrificarlo como una prueba de parte del Señor, y Dios proveyó el cordero. Eso ocurrió en Génesis 22. Bien, al ocaso de la vida de Abraham, pues Jacob aparece por primera vez en Génesis 25, tan solo unos capítulos después. Isaac, el hijo de la promesa de Abraham, tiene dos hijos, dos mellizos que se llamaban Esaú y Jacob. Decimos Jacob y Esaú, pero es Esaú el primero; Jacob es el segundo. Esaú y Jacob.

Lo que correspondía naturalmente es que Esaú, el mayor, iba a recibir la bendición. Pero Dios había profetizado que Jacob recibiría la bendición, y Jacob, con la ayuda de su mamá Rebeca, dijo: "Pues si Dios lo profetizó, vamos a hacerlo nosotros. Vamos a ayudar, vamos a la ayuda de Dios, vamos a resolver esa parte". Y ellos arman todo un ardid de decepción para engañar a su padre Isaac y robarle la bendición a través de este elaborado plan. Y así Jacob se convierte en el receptor de la promesa y de la bendición a través del engaño.

¿Qué problema? Jacob consigue la bendición, pero pierde su familia. Se sale con la suya, pero le cuesta más de lo que lo había esperado. Y entonces, en medio de esa situación de dolor... Tomen en cuenta esto: él se va, tiene un encuentro con Dios, se va. Él tiene esa situación de dolor, pierde su familia. Es conocido como el engañador. Mancha su currículum vitae para siempre. Él pierde a su hermano, su mellizo. Va a la tierra de su tío, el hermano de Rebeca. No pierdan ese detalle: Labán es hermano de Rebeca. Aparece el primero; Jacob aparece en Génesis 24, Labán por primera vez.

Y entonces llegamos a esta historia. Con todo ese trasfondo, él se encuentra con Raquel una vez, la mira, se encanta. De pronto le dicen: "No, ella es una posible esposa". Y va y habla con su tío. El tío le dice: "Bien, ¿ok? ¿Qué hacemos?" Y entonces el texto nos dice que Labán, teniendo esas dos hijas, la mayor era Lea, la menor era Raquel, Lea de ojos delicados, y Raquel nos dice el texto, era de bella figura y hermoso parecer. Al darnos esos dos detalles nos deja ver que Raquel tiene una belleza despampanante, que tanto su rostro como su cuerpo eran profundamente atractivos. De Lea solo se nos dice que era de ojos delicados, algo difícil de traducir. Literalmente quiere decir que era de ojos débiles, que donde Raquel brillaba, Lea estaba oscurecida. Quizás Lea tenía alguna situación de estrabismo, algún problema visual.

Y entonces Jacob, obviamente, se enamora de Raquel, y dice: "Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor", versículo 19. Oigan la respuesta de Labán: "Mejor es dártela a ti que dársela a otro hombre. Quédate conmigo". Jacob, pues, sirvió siete años y le parecieron unos pocos días.

Entonces Jacob sale huyendo del problema con su familia. Todo mal. Encuentra esta mujer, es una posible... como se dice, como una posible, hay una posibilidad, hay un chance. Esto funciona, y en su mente todo le hace clic: "Aquí es que mi suerte va a cambiar".

Él vio algo externo, futuro, y vio una promesa, y dijo: "Se arregló mi vida". Porque todos nosotros, como Jacob, tenemos un pasado complicado también. Todos nosotros tenemos errores y cosas de las cuales nos arrepentimos, o al menos quisiéramos que no hubieran ocurrido. Y todos nosotros estamos siempre buscando hacia adelante, hacia algo externo, algo o alguien que nos ayude a no pensar en eso que dejamos atrás. Somos todos expertos constructores de clósets donde guardar cosas, y mirar hacia adelante pensando: "Con eso yo puedo que nadie se fije en esto". Normalmente lo hacemos en cosas. Quizás somos las personas mejor vestidas donde sea que vamos, o tal vez somos los mejores organizando quinceañeras o con la casa más hermosa, o tal vez buscamos ser los más adinerados, el que tenga más dinero, con tal de que nadie se fije en lo que tengo ahí detrás, incluyéndome a mí mismo. Y si empiezo a pensar en eso que tengo ahí detrás, me pongo a trabajar más, a buscar más dinero.

O tal vez busco tener la familia más educada posible, más organizada, más estructurada, que mejor se porte. Y somos tan expertos en esconder nuestros problemas que hasta tomamos la Biblia. Y lo que hacemos es que somos expertos en no discutir nuestro carácter, pero sí discutir doctrina. Y podemos discutir sobre la Biblia, discutir sobre cosas externas, siempre y cuando nadie quiera preguntar qué está pasando aquí adentro. Y sabemos abrir y cerrar la iglesia y venir del lunes a domingo, pero guardando nuestro corazón del Señor. Y no sé si notaron la primera persona del plural allí. Yo estoy aquí arriba solamente porque así la cámara me ve, pero estamos en lo mismo todos. Es nuestra situación.

Y algo que hacemos todos, normalmente, es que buscamos a alguien también. Una persona, normalmente un esposo, mi esposa, pero si tengo problema con el esposo o esposa, pero que lleguen los hijos. Y entonces invierto toda mi atención, me enfoco en el hijo o en la hija, con tal de no tratar con lo que está en mi corazón; miro hacia afuera, miro hacia alguien. Y tú sabes lo que pasa muy frecuentemente: que cuando no puedo ni en mi esposa ni en mis hijos, adulterio. Alguien me pasa por adelante y es de bello parecer, y así es, ella es la que me va a entender, él es el que me va a entender. En vez de tratar con todo lo que tenemos aquí detrás, en algo o en alguien decimos: "Ahí es que está mi bendición".

Jacob nos muestra ambas cosas. Él dejó su pasado y con ese trasfondo complejo, él va a ir a buscar trabajo, familia y Raquel. ¡Oh, Raquel! ¡Oh, Raquel! ¡Ay, Raquel! ¡Ay, Raquel! ¿Dónde iba Jacob a encontrar su propósito, su redención, su salvación? Raquel. En resolver su problema con Esaú, no, no, no. Raquel. Ese amor que le ayudaría a olvidar todas sus penas. El trabajo, todos los días llegó temprano, ponchó primero, ponchó de último. Y Raquel.

Y dice la Nueva Versión de Jairo que Jacob los lunes le parecían viernes. ¿Se lo leyeron? Porque él sirvió siete años por Raquel y le parecieron unos pocos días por el amor que le tenía. Él llegaba los lunes y: "Oye, te viene esa mala noticia, bien". "Oye, el lunes...". "Ah", porque él estaba... Él se levantaba con Raquel, comía con Raquel, dormía con Raquel, toda su mente era Raquel. Es verdad que el que está enamorado tiene como un sentido de que el tiempo pasa rápido. Y una lectura rápida superficial diría: "¡Wow, qué amor! Qué ejemplo de hombre trabajador. Yo quiero enamorarme así". Y no hay nada en el texto que diga que el amor de Jacob era un amor falso. No, no, yo no estoy diciendo eso. El problema que vemos en esta historia no es el amor por Raquel; es la falta de amor por nadie más, lo cual evidencia una falta de amor por Dios. ¿Me siguen? No lo han visto. Vamos a verlo.

Jacob dijo a Labán, versículo 21: "Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido, para unirme a ella". Los comentarios o comentaristas hebreos no saben bien qué hacer con ese versículo. ¿Por qué? Ese versículo como que no cabe en Génesis. Ese versículo cabe en Cantar de los Cantares. El lenguaje en el original que se utiliza aquí es demasiado directo. Aun en español es tan directo como tú lo piensas. Jacob está desesperado. Arropó todas las costumbres del lugar y va.

Llegó. Y Labán, entonces, reúne a todos los hombres del lugar e hizo un banquete. Versículo 23, la noche esa toma a su hija Lea y se la trajo, y Jacob se llegó a ella. Cuando fue de mañana, sucedió que era Lea. Y Jacob dijo a Labán: "¿Qué es esto que me has hecho? ¿Por qué me has engañado?". Y Labán dijo: "No se acostumbra en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor". Entonces hacen el acuerdo de que hay siete años más. Y dice el versículo 30: Jacob se llegó también a Raquel y amó más a Raquel que a Lea.

Vamos a ver rápidamente a Labán y veamos lo primero. Labán llega, recibe a su sobrino con abrazo y un beso. Lo recibe con un beso, pero desde que escucha la historia y se da cuenta del interés, empieza a maquinarle ese lado pecaminoso que todos tenemos. Se le enciende un bombillo: una buena oportunidad de negocio. El hombre, un buen negociante. Él vio un hombre vulnerable y decide: "Yo me voy a aprovechar de mi sobrino". De hecho, si tú lees con cuidado, te das cuenta de que sus intenciones estaban claras desde el inicio.

Sí. En el versículo 19, la respuesta que le da Labán te deja ver que este hombre tiene como un segundo plan. Él no da una respuesta clara, como cuando alguien te dice algo pero no quiere poner por escrito. Dice: "Mejor que se case contigo que con otro". Eso no es un sí. ¿Lo notan? Eso no es un sí. Esa es una respuesta que tú das cuando te preguntan para decir: "Yo nunca dije que sí, lo que yo dije fue...". Labán está subrepticiamente, serpentinamente desde el principio, calculando cómo él va a jugarle la treta a Jacob. Y Jacob está tan enceguecido, tan en sí mismo, tan obsesionado, tan enamorado, que no escucha.

Y si tú tienes una mente como la mía, tú quizás te has preguntado: ¿por qué Jacob no peleó más después? El texto dice en el versículo 25 que Jacob se levanta y va y le pelea a Labán: "¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?". No siguió peleando Jacob: "Pero tú dijiste...". Esa respuesta de Labán te enseña que era un hombre inteligente. Labán le está diciendo a Jacob: "Mira, mi querido, aquí el mayor va primero. En esta área, en este lugar...". ¿Se recuerdan que el versículo 13 decía que él oyó las noticias de Jacob y todo lo que pasó? En ese mes es como que Labán le está diciendo: "Tú y yo hemos hablado antes. Yo me sé tu cuento. Tú tienes siete años aquí, mi querido. Yo tengo dos sobrinas, no una sola. Yo conozco muy bien a Rebequita, mi hermana. Aquí no va a pasar lo mismo que pasó con tu hermano. Aquí la mayor va antes que la menor".

¿Y qué le va a decir Jacob a eso? Hubo cuando te decoy our bluff, cuando te enfrentan, tú te das cuenta: ya. O sea, este es el momento donde yo no tengo más nada que hacer. El engañador fue engañado. En el hebreo literalmente es la misma palabra con la que Jacob engaña a Esaú, que Labán engaña a Jacob. Muy sutil, es el autor dejándonos conectar los puntos. Él no tuvo otra opción más que aceptar que sus problemas del presente estaban atados a sus pecados del pasado. Porque a veces nos va mal hoy como consecuencia de nuestro mal actuar en el ayer.

Hermanos, Gálatas 6:7 dice: "No se dejen engañar, de Dios nadie se burla. Todo lo que el hombre siembra, eso también cosechará". "Ah no, Jairo, porque eso era voluntad de Dios". Porque eso era voluntad de Dios, Él agarra el lodo con su guante blanco y arregla las circunstancias. Pero no fue Dios que hizo que Jacob hiciera ese pecado. Jacob sabía que engañó a su hermano, engañó a su padre. Y el pecado siempre tiene consecuencias. No hay amén, hay vela.

Dios siempre perdona. Bueno, Dios puede perdonar, y gloria a Dios por eso. Él siempre está pronto para perdonar. Él se complace en la misericordia, en el amor. Él le sale eso de adentro. Ese es el corazón de Dios, el perdonar. Compasivo y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en amor leal. Y parte de su amor leal es que Él nos deja consecuencias. Y todo el que ha vivido un par de años sabe que es verdad. Bueno es para mí ser afligido. A veces necesitamos andar cojeando para recordarnos por dónde no volver a caminar. Es cierto que nuestras malas decisiones en el pasado pueden llevarnos a malas circunstancias en el presente. Decisiones perdonadas, pero con consecuencias. El pecado de Jacob ya lo había alcanzado, y por eso él hizo silencio. Él sabía. Labán supo por dónde responderle, y Jacob no tuvo de otra más que hacer silencio.

Pero nota también que no solamente Labán tiene un corazón complejo, caído. ¿Cuántas esposas necesita un hombre? O sea, Isaac manda a Jacob a que vaya donde su tío Labán y consiga una esposa. Verdad, Dios vio que Adán estaba solo: "Bueno, que el hombre esté solo". ¿Y qué le da? Una esposa. En este momento, sea por engaño o no, Jacob qué tiene, díganlo: una esposa. Está bien, no tiene los ojos que tiene la otra, pero tú tienes tu esposa. Bróder, confórmate. Dale gracias a Dios por lo que tienes y continúa tu vida. Múdate para otro lugar si te duele todavía lo de Raquel. Sigue tu vida, continúa tu vida. Gracias a Dios por la suerte que te ha tocado y continúa tu vida. Eso fue lo que hizo Jacob, ¿cierto?

El hombre empedernido se pone ciego, la mujer empedernida se pone ciega. Este hombre estaba obsesionado con Raquel, y ni siquiera estar casado con su hermana lo iba a detener. ¿Tú puedes creer eso? Lamentablemente podemos creerlo, porque uno tiene un primo o un hermano o un abuelo que hizo una cosa así de berda. Ni siquiera estar casado con la hermana lo detuvo. Esto es lo que llamamos un amor desordenado. Un amor desordenado.

No es que hubiera un problema con amar a Raquel, pero uno no espera no amar a nadie más ni a mi hermano. ¿Quién ha pensado en Lea en todo esto? ¿Cuándo tú has escuchado a Jacob mencionando el nombre del Señor hasta aquí? Aquí lo que tenemos es un hombre que tiene un amor desordenado, que está descuidando todo lo que no sea esa persona. Y ese tipo de amor nunca satisface. Nunca el amor desordenado provee satisfacción al corazón. No puede.

El doctor Tim Keller tiene un sermón sobre este texto al cual yo le debo mucho. Y él, como cita, lo voy a citar aquí, él como lo explica esto: "La vida está permeada por un sentido de decepción cósmica. Tú nunca vas a vivir una vida sabia a menos que entiendas esto. Aquí está Jacob y él dice: 'Si tan solo yo pudiera tener a Raquel, todo estaría bien.' Él va a acostarse con alguien que piensa que es Raquel y entonces el texto hebreo dice literalmente: 'En la mañana, he aquí, era Lea.'"

¿Qué nos está diciendo? Bueno, quiero que sepas esto. Cuando te cases, no importa cuán bueno creas que sea el matrimonio. Cuando tengas una carrera, no importa cuán bueno pienses que va a ser esa carrera. Lo que sea, en la mañana, he aquí, será Lea. Piensas que vas a dormir con Raquel y cuando te despiertes, en la mañana, siempre será Lea. En esta tierra, todo con lo que vayamos a dormir, poniendo nuestra esperanza, nuestra satisfacción, al levantarnos y darnos cuenta, que se vaya el estupor, he aquí, es Lea. Es más, hasta Raquel era Lea.

Si tú lees un poquito más adelante, las primeras palabras de Jacob a Raquel en el próximo capítulo, tú dirías: "Y Jacob adoró al Señor porque le ha cumplido las peticiones de su corazón", ¿verdad? ¿Cierto? Alguien adelante leyó Génesis 30:1. Primeras palabras de Jacob contra Raquel, oigan qué bien va este matrimonio: "Se encendió la ira de Jacob contra Raquel." Se encendió la ira de Jacob contra Raquel. No se molestó. Se encendió la ira de Jacob. Hasta Raquel, al despertar, era Lea. Catorce años soñando ese momento. Y era Lea. Era Lea.

Por más que trabajamos y buscamos encontrar algo, alguien con quien descansar y tirar todo nuestro peso, nuestra carga, nuestra identidad, y olvidar nuestro pasado, nada funciona. Todo disfunciona, todo falla. Desde acá de la gloria, desde acá de la eternidad, todo amor, toda familia, toda esperanza, toda Raquel se queda corta. Por eso decía Lewis que si encontramos en esta tierra anhelos que no podemos satisfacer, no hay otra conclusión más que hemos sido creados para otra tierra.

Mis hermanos, nuestras esperanzas están en el cielo. La verdadera Raquel la encontramos en el cielo. En el mundo garantizado tendremos aflicción y pruebas y dolor. Pero en los cielos está el Cristo de Dios, preparando morada para nosotros, intercediendo por nosotros, esperando por nosotros con un amor eterno. Yo voy a dormir con Raquel, me levanto con Lea, pero si levanto mi mirada al cielo, ahí está el Cristo de Dios, el único que satisface, el único que puede cargar el peso de mi vida, el único que perdona, y el único verdadero que es digno de toda gloria y honra. Por eso yo pongo mi mirada en las cosas de arriba, porque las de aquí abajo desvanecen y se van. Aquí abajo solo hay Leas. Eso es todo lo que hay aquí: Leas, y Leas, y Leas, y Leas. La mejor de las Raqueles no es más que una Lea.

Y nadie nos da un mejor ejemplo de eso que la misma Lea. El mejor ejemplo de eso nos lo dará la misma Lea. Ella aparece por primera vez con sus ojos delicados, lo total opuesto a su hermana. Raquel llegaba a un lugar, captaba toda mirada. Lea llegaba: "Oh, y Lea viene también, ¿no?" Raquel la luz, Lea la sombra. Y por tanto vivió toda su vida a la sombra de su hermana menor. Decimos Raquel y Lea, y no Lea y Raquel. Pero se casó primero.

Imagínate su mente: está bien, no fue de la mejor forma, ¿ok? No fue como soñabas, no es tu dream wedding, no es tu bodaza soñada. Esas no salen en revista, pero se casó primero que Raquel. Tú puedes imaginarte ya su cabeza como que maquinando: "Ahora sí, ya mi suerte va a cambiar. Ya no seguiré siendo Lea. Ya no. Ya estoy casada y con Jacob, un hombre de ensueño, un hombre trabajador."

Pero al otro día, cuando Jacob se levanta luego de esa noche nupcial, que pasa después de siete días de oscuridad, de velos, de himnos y fiesta, Lea había dormido con Jacob, se levanta, y su matrimonio, ¿eh? Aquí era Lea. Porque lo primero que hace esta pareja de esposos es que el esposo se va de la casa a buscar a su suegro. Yo no conozco matrimonio que empiece bien así. La pobrecita inicia su relación más importante terrenal con su esposo buscando el tiquete de devolución, o por lo menos que le devuelvan la mitad o algo. Tú te imaginas lo que eso le hace a un corazón. No digo yo que los ojos fueron delicados. Lo que eso tenía que hacerle es al corazón de Lea.

Esa era toda su vida. Piensa: "Bueno, ya sí, ya me casé, quizás..." Aquello que ya pensaba tampoco. Y tú sabes lo que, o sea, el cuchillo ya está aquí. Pero bueno, va a quedar un médico que te dirá, que tiene el corazón, quizás si le doy aquí, se puede sacar el cuchillo y sobrevive, ¿verdad? Es que lo que sale de esa conversación... Ella pensaría, yo imagino a Lea en su casa pensando: "Bueno, cuando venga Jacob va a darse cuenta que no hay de otra, aquí no andamos soltando a la gente." Y cuando llega Jacob, él se fue cantando: "¡Dios mío, ten piedad!" Y cuando regresa, está cantando las salvaciones del Señor. Y dice: "¿Qué pasó?" "Habla mi amor, ¿ahora tú no vas a trabajar?" "¿Cómo?"

Siete años ella vio a su esposo levantarse a trabajar, buscando otra mujer. Siete años, día tras día, ver a su esposo irse a trabajar para casarse con otra mujer. Y no cualquier mujer, con Raquel otra vez. He aquí su matrimonio, era Lea. ¡Cuánto dolor, cuánto desprecio!

¿Qué dirá más? Dice el versículo 31: "Vio el Señor que Lea era aborrecida y le concedió hijos." Siempre está atento en las historias cuando el Señor sí se introduce. Siempre. Usualmente es un "pero dijo el Señor", o "vino la palabra del Señor", "vio el Señor". Si el cuarenta y tres al cuarenta y cinco por ciento de la Biblia son historias, hay que aprender a leerlas, ¿cierto? Siempre está atento cuando Dios se introduce en la historia. Aquí dice: "Vio el Señor que Lea era aborrecida y le concedió hijos, pero Raquel era estéril." Aquí va a pasar algo, aquí va a pasar algo.

Y concibió Lea y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Rubén. ¿Qué significa? "Vean" o "miren, un hijo." Pues dijo: "Por cuanto el Señor ha visto mi aflicción, sin duda ahora mi marido me amará." Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y dijo: "Por cuanto el Señor ha oído que soy aborrecida, me ha dado también este hijo." Así que le puso por nombre Simeón, eso significa "el que oye." Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: "Ahora, esta vez mi marido se apegará a mí, porque le he dado tres hijos." Así que le puso por nombre Leví. Leví quiere decir apegado, cercano, atado.

Concibió una vez más y dio a luz un hijo. Y dijo... El texto nos dice que Lea era ¿qué? Aborrecida. Pero aborrecida, ¿por quién? Bueno, aborrecida por su esposo sin duda, que se va de la luna de miel a buscar su otra esposa, que es horrible. Luna de miel. Aborrecida por su hermana, todo el texto de la Escritura nos muestra eso. Yo creo que hasta aborrecida por su padre, porque qué papá entrega a su hija como si fuera una manzana podrida dentro de una canasta de manzanas agradables. A su hija mayor, ¿quién la entrega así?

Y note qué marcada estaba Lea por el sufrimiento. Uno le pone nombre a los hijos como en base a su papá, a su abuelo, ¿verdad? Su mamá, mi abuela, o tal vez en base a un personaje bíblico, o un nombre que suena muy hermoso, ¿verdad? Lea le puso nombre a sus hijos en base al sufrimiento. Porque todos nosotros somos tanto víctimas como victimarios. Contra nosotros siempre se nos peca, pero nosotros siempre pecamos contra otros. Nadie es completamente inocente, y Lea aquí lo demuestra.

Dios tiene misericordia de ella porque ella es aborrecida por Labán, es aborrecida por Raquel, es aborrecida por Jacob, pero no es aborrecida por Dios. Dios la visita, Dios la ama, tiene misericordia de ella. Y Lea dice: "¡Dios, gracias!" ¿Y qué hace? Empieza entonces a nombrar los hijos para enseñarle a Raquel y a todo el mundo: "Tú eres más linda que yo, Raquel. ¡Ey, ey, ey, presten atención! Raquel es linda. Yo soy fértil. ¡Vean, tengo un hijo!"

Pero, "Dios está visitando", bueno, no funcionó el primero. Voy con el segundo: Rubén, perdón, Simeón. "No me vieron, pero quizás me oyen. Dios, tú me escuchas, yo estoy viendo que no funciona, ¡ok!" Y tengo el segundo. "Con este hijo sí, ahora sí, Dios, Dios sí me va a prestar atención. Ahora sí, Raquel, sí, sí." Viene el tercero, Leví, que significa pegado, como diciendo: "Yo le di uno y varón, no dos, varón también, tres varones." ¿Cuáles son las promesas? ¿No dijiste que a través de Abraham van a ser bendecidas todas las naciones de la tierra? Yo le di tres, él tiene tres, de uno de esos va a salir el que va a aplastar la cabeza de la serpiente, de uno de esos va a salir el hijo de la mujer, uno de esos, yo no sé bien cómo funciona, pero uno de esos va a ser. Tres le di, esta vez sí mi marido me va a querer.

Esta familia estaba atrapada en un círculo de idolatría humana, de vanagloria, buscando su sentido de propósito en el hombre. En sus negocios, en sus habilidades, en su inteligencia, en sus amores. Lea tenía tres hijos saludables, Lea tenía comida, Lea tenía una casa, pero Lea no tenía paz, porque Lea tenía los ojos puestos en su marido. Ella lo que quería es que Jacob la viera a ella como ella lo veía a él. Y mientras eso no pasara, ella no iba a encontrar la paz. Mientras su alabanza y su gloria estuviera aquí abajo, no había forma. Decía Agustín: "Tú nos creaste para ti. Nuestro corazón estará inquieto hasta que encuentre su descanso en ti."

El versículo 35: "Concibió una vez más y dio a luz un hijo, y dijo: 'Esta vez alabaré al Señor.'" Aquí le puso por nombre Judá, que quiere decir "alabado." Y dejó de dar a luz.

Algo pasó entre el tiempo que nació Leví y el tiempo que nació Judá. Algo cambió en el corazón de Lea, que ella dejó de ver a Dios de reojo mientras veía a Jacob y a Raquel. El enfoque de su amor, donde ella encontraba su propósito, su identidad, su sentido, su vida, dejó de estar en Jacob, Raquel, en Lea, y empezó a estar en el Señor. Y ella dijo: "Esta vez alabaré al Señor". Las veces pasadas yo quería que me alabaran a mí por ser mamá, quería que me amaran a mí por ser la primera esposa, quería que me honraran a mí por ser la hermana mayor, pero esta vez yo alabaré al Señor. Mi enfoque dejará de ser en mí, mi enfoque dejará de ser en esta tierra. Yo lo que quiero es que Dios sea alabado.

Ya no se trata de Jacob, se trata de Yahvé. Ya no se trata de Raquel, se trata de mi Dios. Ya no se trata de mi papá Labán, se trata de mi Padre Adonai. Ya no se trata de la tierra, se trata del cielo. No se trata de la familia terrenal, se trata de la eternidad. Ya no se trata de mis planes, se trata de su soberanía. Ya no se trata de mi vida, se trata de la alabanza al Dios Creador. Ya no se trata de mí, se trata de mi Dios. Esta vez yo alabaré al Señor. Y ahí dejó de dar a luz, como diciendo que ahí descansó. En ese momento Lea encontró paz y acabó esa lucha.

Porque hay un amor que sobrepasa la tierra, porque el mejor amor es solo una sombra del amor que Dios tiene por nosotros. Porque no fue Jacob quien iba a amar a Lea, no era Raquel quien tenía que amar a Lea, no era Labán, ni siquiera era Lea que tenía que amarse a sí misma. Era el Señor que quiso introducirse en la vida de Lea y la cambiaría para siempre.

Porque como Él había prometido tantos años atrás, habría un hombre, un descendiente de la mujer, un hijo de Adán, un hijo de Set, un hijo de Noé, un hijo de Abraham, un hijo de Isaac, un hijo de Jacob, un hijo de quién, un hijo de Lea. El León de la tribu de quién. ¿Cómo se llamó el cuarto hijo de Lea? Judá.

Jesús, el Señor, fue el hijo de Lea la aborrecida, de aquella que sufrió el desprecio de su marido, los celos de su hermana, el maltrato de su padre. De aquella que falló, que pecó al tratar de encontrar su propósito en un hombre aquí en la tierra, pero que alcanzó la misericordia y la gracia del Dios vivo. Dios tuvo misericordia, Dios se metió en su historia, Dios transformó la historia de Lea, y ella terminó siendo parte de esa promesa del Redentor que transformaría su mundo y el mundo entero para siempre a través de Judá.

Y Él sigue haciendo eso hoy, porque Él sabe cuánto nosotros le fallamos. Porque las circunstancias pueden ser diferentes, pero nosotros también fallamos a nuestras promesas. Y tal vez nos dañó un engaño en nuestro pasado, pero nosotros también engañamos, nosotros también pecamos contra nuestras familias, nosotros también tenemos amores desordenados y obsesiones y pecados ocultos que los guardamos en el clóset. Él conoce todo eso y Él conoce las consecuencias que estamos viviendo.

Pero Dios ve dónde estamos y está dispuesto a perdonarnos, más que dispuesto, si venimos en genuino arrepentimiento y fe. A insertarse en nuestras historias, más importante, a insertarnos en la de Él, y cambiarnos de lugares de dolor, de sinsabor y vergüenza, a vidas de gloria, su misión y dependencia a Él.

Lo que tenemos que hacer es eso que hizo Lea: esta vez, alabar al Señor. Dejar de buscar nuestros planes y nuestras tretas y nuestras fuerzas, y nuestros engaños y nuestros trucos y nuestras manipulaciones, y decirle en rendición: "Señor, eres Tú. No se trata de mí, de mi voluntad, de mi manera. Se trata del Jesús que murió en la cruz y resucitó al tercer día como garantía de mi resurrección. Señor, eres Tú. No hay nada en la tierra que me pueda llenar. En vez de buscar otra cosa, en vez de alabar cualquier otra cosa, esta vez, Señor, yo quiero alabarte a Ti".

Vamos a orar. Señor, eres Tú. No hay más nada y no hay más nadie que pueda satisfacer los anhelos de nuestra alma. Yo sé, Señor, que yo he tratado. Yo te pido perdón por mis faltas, las tantas veces, aun esta misma semana, que yo de maneras a veces pequeñas, a veces muy evidentes, Señor, he pecado contra Ti. Nosotros juntos, como iglesia, te decimos hoy en esta tarde: queremos alabarte a Ti, queremos rendirnos a Ti, queremos que nuestra historia, nuestras vidas, nuestros matrimonios, nuestros amores, se traten de Ti. Señor, insértate, métete en nuestras familias, métete en nuestras historias, y métenos a nosotros en la tuya, porque al final se trata de Ti. De la manera que Tú redimiste a Lea, Señor, redímeme a mí. Ayúdanos, Señor, a esperar en Ti. En tu nombre, Jesús. Amén.

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Jairo Namnún

Jairo Namnún

Jairo Namnún sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio, encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Posee una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia Namnún y juntos tienen dos hijos: Ezequiel e Isaac.