Dios es Dios, y eso significa que puede pedirnos lo que quiera sin darnos explicación. Esta verdad suena bien en teoría hasta que llega la prueba. En Génesis 22 encontramos a Abraham, un hombre que llevaba más de treinta años caminando con Dios, recibiendo una orden que parecía contradecir todo lo que Dios le había prometido: tomar a Isaac, su único hijo, el hijo de la risa y la promesa, y ofrecerlo en holocausto. Abraham sabía exactamente lo que Dios le estaba pidiendo, y sabía que Dios también lo sabía. Sin embargo, se levantó muy de mañana y obedeció.
Lo extraordinario no es solo la fe de Abraham, sino lo que pasaba en su mente mientras miraba el monte Moria a lo lejos. Hebreos nos revela que Abraham consideró que Dios era poderoso para levantar a Isaac de entre los muertos. Si Dios había prometido descendencia a través de Isaac, Dios cumpliría aunque tuviera que resucitarlo. Por eso pudo decirle a su hijo: "Dios proveerá para sí el cordero." Y la prueba no era solo de Abraham; Isaac, un joven fuerte que pudo haberse resistido, decidió confiar en el Dios de su padre. Los dos iban juntos, padre e hijo, adoradores caminando hacia el altar.
Pero esta historia no apunta finalmente a Abraham ni a Isaac. Apunta a otro Hijo, el único, el amado, que cargaría su propia madera hacia otro monte. Cuando Abraham iba a sacrificar a su hijo, Dios lo detuvo y proveyó un carnero. Cuando el Padre entregó a su Hijo, nadie pudo tomar su lugar. El Dios que prueba es el Dios que provee, y la mayor provisión fue el Cordero que quitó el pecado del mundo.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Poder estar aquí con ustedes otra vez. Le voy a pedir que si tiene su Biblia ahí delante, vayan a Génesis, capítulo 22. Es un texto que la mayoría de nosotros conoce. Es mi oración que el Señor, como es el Señor que ha dado su palabra que no vuelve vacía, nos sorprenda con algunas verdades de su Escritura.
Y permítame introducirle esto contándole algo que me pasó bien pequeño. Bueno, hace unos 20 años, que se me quedó marcado en la memoria. Yo estaba visitando una congregación esa mañana. Estaba de visita en otra iglesia. Y por coincidencia, en esa iglesia que estaba visitando, vi un pastor de visita, un pastor visitante. Era primera vez que ese pastor visitaba allá. El predicador sube al púlpito. Y cuando sube, se nota en la cara como que está incómodo. Yo tengo cara fea, pero no estoy incómodo. Él tenía la cara, estaba incómodo, y se queda callado y mira todo alrededor. Y entonces dice, esto fue lo que se me quedó marcado, dice: "Estas son las cosas que a mí no me gustan de Dios." Y se cayó el silencio y todo el mundo quedó así. "Estas son las cosas que no me gustan de Dios."
Mi amada por ahí a la derecha, ya se duró esa cuerda. Ahí este predicador empezó a discutir con Dios. Y yo recuerdo haber visto al pastor y estaba como: "¿Qué hago?" Y toda la iglesia estaba incómoda. Y qué tú vas a hacer en un momento así, fue un momento muy memorable. Yo no me recuerdo qué predicó el pastor. No fue un súper sermón porque el pastor invitado estaba angustiado, estaba afectado. Porque imagínate, ¿cómo te empiezo un sermón diciendo que a ti no te gusta algo de Dios? Está complejo, ¿verdad?
Estoy imaginando que llegas: "Es que estas son las cosas que no me gustan de Dios." No, por supuesto que no. Yo solo quiero que te des cuenta de algo. Yo no sé, yo veo aquí a mi querida hermana que se sintió extraña con esa frase. Yo creo que nosotros tenemos que sentirnos extraños con una frase así. Porque si Dios es Dios, él tiene el derecho de hacer lo que él quiera. Dios es Dios, yo tengo que dejarlo que él sea quien él es. Si Dios es Dios, él puede pedirme lo que él quiera. Si mi Dios no es el resultado de mi imaginación, él va a hacer cosas que yo no puedo entender. Cosas que sobrepasan mi entendimiento.
¿Te ha pasado que tú lees la Biblia por décima vez y te encuentras un pasaje que tú no entiendes? ¿Verdad que sí? Es que Dios es superior a nosotros, más grande que nosotros. No solo su misericordia, su gracia, su sabiduría, su conocimiento. A lo largo de la Biblia y a lo largo de la vida de sus hijos, Dios nos manda curvas. Dios nos envía por caminos que son extraños. Dios nos sorprende, y no es esa sorpresa que tú sonríes. Es como que tú no estabas esperando eso. Dios te va a pedir cosas que parecen que salen de la nada. Dios te va a sacar de tu comodidad. Dios te va a introducir en aflicción.
Y oye, dame la mano: Dios no siempre te va a dejar saber por qué lo está haciendo. Pocos "amén" ahí, ¿verdad? Es palabra dura, pero es necesaria. Esa es su prerrogativa por ser el Dios creador del universo. Nuestro Dios está en los cielos, así dice el salmo y dice su iglesia, él hace lo que a él le place.
Ahora, si tú conoces al Dios de la Biblia, tú sabes que Dios hace lo que a él le place, no lo que a él le da la gana. Es decir, Dios es soberano, no megalómano. Dios hace lo que él quiere, siempre, y todo lo que él quiere es bueno. Dios puede hacer contigo y pedirte a ti lo que él quiere, sin darte ninguna explicación porque él es Dios. Dios puede hacer conmigo, pedirme a mí lo que él quiere, sin darme ninguna explicación porque él es Dios. Pero tú y yo podemos confiar en todo lo que Dios hace porque su corazón es bueno, porque cada cosa que Dios hace es buena. Por eso decía Charles Spurgeon: cuando tú no puedes entender su mano, puedes confiar en su corazón.
En un sentido muy real, la vida cristiana se vive bien cuando la vivimos en fe de que Dios es Dios, dejando que Dios sea Dios y él haga lo que él quiere, porque todo lo que él quiere es bueno. Iglesia, ¿tú me crees? Terminamos, listo. Lo único que se nos olvida: suena súper bien en teoría hasta que llega la prueba.
Entonces, vamos a verlo juntos. Vamos a pedir a Dios que nos lo recuerde otra vez, que nos lo martille en la cabeza, que nos lo muestre desde la Escritura. Vamos a verle a alguien que creyó que Dios es Dios. Vamos a tomar una master class, de esas que te salen en anuncios en YouTube, una clase maestra de alguien que genuinamente le creyó a Dios, aunque Dios le sorprendió completamente.
Vamos a leer la palabra de Dios. Génesis capítulo 22. Leámoslo completo. Esta es la palabra de Dios:
"Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham. Y le dijo: Abraham. Y él respondió, como tantas veces, Abraham como siempre: Aquí estoy. Y Dios dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah. Y ofrécelo allí en holocausto, sobre uno de los montes que yo te diré. Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus criados y a su hijo Isaac. También partió leña para el holocausto y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho. Al tercer día alzó Abraham los ojos y vio el lugar de lejos. Entonces Abraham dijo a sus criados: Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a ustedes. Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y los dos iban juntos. Isaac habló a su padre Abraham: Padre mío. Y él respondió: Aquí estoy, hijo mío. Aquí están el fuego y la leña, dijo Isaac, pero no está el cordero para el holocausto. Y Abraham respondió: Dios proveerá para sí el cordero para el holocausto, hijo mío. Y los dos iban juntos. Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña, ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar sobre la leña. Entonces Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo."
Pero Dios, por causa del gran amor con que nos amó...
"Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y dijo: ¡Abraham! ¡Abraham! Y él respondió: ¡Aquí estoy! Y el ángel dijo: ¡No extiendas tu mano contra el muchacho! Ni le hagas nada. Porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único. Entonces Abraham alzó los ojos y miró, y ve un carnero detrás de él, trabado por los cuernos en un matorral. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y Abraham llamó aquel lugar con el nombre de Jehová Jireh, el Señor proveerá. Como se dice hasta hoy: en el monte del Señor se proveerá. El ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo y le dijo: ¡Por mí mismo he jurado!" Primera vez que el Señor hace esto en la Escritura. "Declara el Señor, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único, de cierto te bendeciré grandemente y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos. En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido mi voz."
Amigos, bendito sea el Dios de Abraham.
Es un reto ver esta historia con ojos frescos, pero yo quiero que veamos al menos cuatro sorpresas, cuatro fases de esta prueba de Abraham y cómo el Señor provee. Algunos toman notas, así que les doy el bosquejo. Primero, vemos que Dios prueba a Abraham. Segundo, vemos que Abraham pasa esa prueba, esa es una sorpresa, como veremos ahora. Tercero, vemos que la prueba no era solo de Abraham. Y en cuarto lugar, vemos que la prueba no se trataba de Abraham. Primero, Dios prueba a Abraham. Segundo, Abraham pasa la prueba. Tercero, la prueba no era solo de Abraham. En cuarto lugar, la prueba no se trataba de Abraham.
En primer lugar, vemos que Dios prueba a Abraham. Y el texto inicia diciendo, si lo leyeron, se dieron cuenta, dice: "Aconteció después de estas cosas, Dios probó a Abraham." Recuerden que la Biblia, el 70% de las Escrituras son historias. Las historias son porciones extensas, ¿no es cierto? Es difícil entrar a una historia cuando está avanzada y uno olvida el pasado, uno no conoce el personaje. El tiempo no da para contar toda la historia de Abraham, pero voy a decir que le apareció por primera vez en el capítulo 11 de Génesis, al final, y él es el protagonista humano de Génesis desde el capítulo 12 hasta el capítulo 25. Esta es el capítulo 22. Abraham tiene ya más de 30 años, quizás hasta unos 50 años caminando con Dios. Es un detalle importante.
Esta no es la primera vez que Dios se le aparece a Abraham. No es como que la primera interacción entre Dios y Abraham es: "Abraham, sí, dame a tu hijo." No, Abraham y Dios son viejos amigos ya. Aquí hay una relación de camaradería, de amistad, de encuentros y conversaciones y relaciones y promesas. La promesa que recibió Abraham la primera vez fue en Génesis 12, al principio. O sea, tú puedes notar que Dios sabe lo que está haciendo cuando está hablando con su hijo Abraham. La prueba de Moriah no fue el inicio de su relación.
Y nota también, esto es muy importante notarlo: nuestra Escritura dice en español que Dios probó a Abraham. Probó. Moisés, el autor de Génesis, quiere que sepamos que lo que va a ocurrir ahora... Abraham no sabía eso. Es como Job, que no sabía lo que pasó entre los cielos. Abraham no sabía exactamente que esto era una prueba. No, de hecho, Abraham no tenía idea de que esto era una prueba. Tú y yo tenemos la gracia de Dios de que lo sabemos.
Y Dios nos deja ver de antemano que no es que Dios va a castigar a Abraham. No es que Dios va a atentar contra Abraham. No es que Dios va a juzgar a Abraham. No es que Dios cambió de opinión en cuanto a Abraham. Lo que viene es una prueba, no un juicio. Y es que si Abraham iba a ser verdaderamente el padre de la fe, no hay forma de que la fe crezca sin ser probada. Así que si Abraham iba a seguir creciendo en fe, Abraham iba a ser probado en su fe.
Y lo bueno es que yo tengo una audiencia que ha escuchado eso una y otra vez, ¿no es cierto? Ustedes conocen eso. Hace tres años, recordando lo que sucedió aquí hace ya diez años casi, cuando nuestra iglesia se quemó —literalmente el templo, los israelitas no se queman, somos nosotros, pero el edificio se quemó— nuestro pastor Miguel predicó un sermón llamado "Conocer a Dios íntimamente requiere sufrir proporcionalmente". Tú sabes que para conocer bien a Dios, tú tienes que sufrir y ser probado por Dios. Tú has leído tu Biblia: dime un hombre fuerte de Dios que no haya sido probado por Dios. Desde Job hasta la comisión de Dios, todos los hombres de Dios son probados por Dios. Lo necesitamos. Yo lo necesito. Y más si Dios quiere usarnos: el que es probado poco es usado poco.
Y Abraham específicamente tenía que ser probado. Y Dios me libre de pensar, el Señor me guarde de pensar que alguien como yo está a la altura de alguien como Abraham. Delante de la cruz todos somos iguales, pero Abraham fue un hombre extraordinario por la gracia de Dios. Una fe única la de este hombre. Un hombre que actuó en fe tras fe. Pero Dios conocía muy bien a su amigo Abraham y sabía que era un hombre extraordinario. ¿Y cuál es la palabra? Extraordinario. Un hombre lleno de luces y sombras. En casi cada capítulo donde aparece Abraham tuvo sus grandes luces reflejando la luz de nuestro Señor, y sus sombras reflejando su humanidad.
¿No me crees? Génesis capítulo 12: "En ti serán benditas todas las naciones de la tierra. Voy a bendecirte grandemente". Ahí es donde recibe la promesa, bendita promesa. Él no cree, se aleja de Ur de los caldeos, súper, muy bien. Primera vez que Dios le habla. Génesis capítulo 12: Abraham miente sobre su esposa. Mismo capítulo. Y tú dirías: "Oye, hermano pastor, se acaba de convertir el muchacho, o sea, es nuevo creyente. Es verdad, dale chance a nuestro hermano Abraham, padre Abraham". Verdad. Excepto que en Génesis capítulo 20, más de veinte años después, Abraham vuelve a pecar de la misma manera, mintiendo sobre su esposa.
Génesis capítulo 15: se le repite la promesa de la descendencia, se le da más explicación, ahí se le habla de las estrellas, se le explica mejor, se le especifica: "A través de Sara tu descendencia vendría". Génesis capítulo 16: Abraham se acuesta con Agar.
Génesis capítulo 18: Dios lo visita de manera especial y se muestra ese corazón extraordinario de este hombre, cómo recibe al Señor y a sus enviados, y empieza a orar a Dios. Un momento especial, tú lo lees. Ahí es que a Sarai se le cambia el nombre —perdón, Sarai— y se le pone Sara. El mismo capítulo termina con Abraham pensando que es más justo que Dios, diciendo: "¿El Dios de toda la tierra no va a hacer justicia?". ¿Se equivocó? Un hombre extraordinario. Un hombre.
Y estamos ya en el ocaso de la vida de Abraham. Ya lo que queda de la vida de Abraham: las próximas cosas que pasan es que se muere Sara, él se muda a otro lugar, casa a su hijo y muere. Esta ya es el final, el cierre de la vida de Abraham. Y era tiempo de que Dios lo pusiera a prueba, a ver si él no solo salió de Ur de los caldeos, sino si Ur de los caldeos salió de él también. Era tiempo de que la fe de Abraham se mostrara en sus obras, como enseña Santiago capítulo 2, que fuese justificada por sus obras.
Así que no es que Dios lo está castigando, no es que Dios lo está maltratando, no es que Dios lo está atormentando, no es que Dios está jugando juegos con él. Dios está probando a su hijo. Porque Dios conoce el fin desde el principio, Dios es eterno, y Él sabe lo que va a pasar. Pero tú sabes quién no conoce el fin desde el principio: Abraham. Abraham no sabe si él va a pasar una prueba como esta. ¿Tú sabes quién tampoco lo conoce? Nosotros.
Y Dios ha atado su nombre con el de Abraham. Él decidió meterse en la vida de Abraham y hacerle esta promesa. Y hablaba con uno de los que nos dirige en la adoración, que hablaba del seno de Abraham. O sea, hasta en el Nuevo Testamento seguimos hablando de Abraham. "Muchos hijos tiene nuestro padre Abraham". Nosotros hoy seguimos hablando de él. Dios amaba demasiado su nombre, que Él había amarrado con la vida de Abraham. Él amaba demasiado a Abraham como para dejar su vida así, con estas luces y sombras. Dios dijo: "Yo voy a probar a mi hijo. Vamos a dejar este asunto claro. Yo lo voy a usar, y como lo voy a usar grandemente, yo lo voy a probar".
¿Y tú sabes qué? Como es una prueba fuerte, yo lo voy a proveer también. Porque el Dios que prueba es el Dios que provee. Así que, mi amado, mi amada hermana, Dios te prueba porque Dios te ama. Dios es Dios, Él hace lo que le place, todo lo que le place es bueno. Él puede probarte. Si te va a usar, Él va a probarte. Y cuando lo hace, Él va a proveerte sin falta. Él va a orquestar justamente el tipo de prueba que necesitamos, en el momento que necesitamos, de la forma que necesitamos, con tal de acercarnos más a Él. ¿Tú quieres que Dios te use? Como así le decía: ¿tú quieres que Dios te use? ¿Tú quieres que Dios te provea? Entonces.
Primera sorpresa del pasaje: Dios pone a prueba a Abraham. Segunda sorpresa: Abraham pasa la prueba. Con cien de cien.
Mira, mira, te lo leí, vamos a leerlo otra vez, versículo 2. Dios dijo: "Toma ahora tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac". ¿Tú crees que Dios tiene problemas de repetición, o que le está enfatizando algo? "Y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré".
Abraham sabía exactamente lo que Dios le estaba pidiendo. Los sacrificios humanos eran comunes, tanto en la tierra de donde él salió, en Ur de los caldeos, como en la tierra donde él estaba ahora, la tierra de los filisteos en Canaán. Y aunque Abraham conocía a Dios, tengan en cuenta que estos son Génesis —la Biblia no estaba escrita todavía, no estaba escrito Deuteronomio ni Éxodo— Abraham no sabía que Dios aborrecía el sacrificio humano. ¿OK? Tú y yo lo sabemos, pero Abraham no sabía eso.
¿Y tú escuchaste el tipo de sacrificio que Dios le pidió? ¿Cuál era? ¿Con H? Holocausto. Es un tipo especial de sacrificio que involucra un ritual previo que no voy a describir, porque nuestros hijos están con nosotros aquí, y tengo un hijo que se llama Isaac. Pero termina con la ofrenda siendo quemada en el altar. Pasan muchas cosas antes de eso. No era algo rápido ni sencillo. Abraham sabía exactamente lo que Dios le estaba pidiendo.
¿Y tú sabes qué? Abraham sabía que Dios sabía lo que Dios le estaba pidiendo. Tantos años atrás, Dios le había prometido, una y otra vez, que a través de Sara le sería dada una descendencia, una simiente. Dios mismo fue quien le puso por nombre Isaac, que significa "risa". De paso, mi amado, le pega bastante a nuestro hijo su nombre: risa. Y Dios dice: "Toma ahora tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac". Hace ya muchos años que Ismael se había ido, el otro hijo que había tenido Abraham ya se había ido, lo había dejado. Abraham ya ha perdido un hijo. Ahora solo le queda su único. Y ese hijo único, Dios le dice: "Dámelo. No más risa".
Yo hubiera entrado en una conversación. Años atrás, quizás el mismo Abraham hubiera entrado en una conversación: "Mi Señor, tu promesa, tu plan, tu bondad. Dios mío, mi corazón. Mi familia. Mi esposa. Mi hijo".
Versículo 3: "Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó consigo a dos de sus criados y a su hijo Isaac. Y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho". Aquí no hay una queja, no hay un susurro de malestar. Aquí lo que hay es obediencia. Aquí lo que hay es verdadera fe. Aquí lo que hay es un hombre que ha decidido dejar que Dios sea Dios.
Y el texto como que nos transporta a Canaán. El versículo 4 está como de más si tú lo piensas. No es eso, es como que fuera una película que te está transportando a ti, el lector, como situando la escena, presentando la escena. Dice: "Al tercer día Abraham alzó los ojos y vio el lugar de lejos". Como para que tú te pongas ahí, como una mosca en la pared, a ver qué está pasando. Imagínate a Abraham haciendo una pausa, alza los ojos y ve... Tres días tiene caminando y ve el lugar de lejos. Él sabe lo que le espera: la sangre de su hijo en sus manos. La risa desapareciendo de su vida. Pero Abraham había decidido dejar que Dios sea Dios.
Versículo 5: "Abraham dijo a sus criados: Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a ustedes". ¿Será que Abraham no escuchó bien? Porque nadie sobrevive el holocausto, ¿OK? No lo googleen ahora, pero pueden googlearlo después para que vean cómo funciona el holocausto. Nadie sale de ahí. Y Dios dijo: "Dame a tu hijo como ofrenda".
¿Qué es lo que está en la mente de Abraham cuando él está mirando a lo lejos, antes de empezar a subir el monte? Por eso dejó el asno, porque tienen que subir, es empinado ahora. Pero lo que Moisés nos deja aquí en sombras, el autor de Hebreos nos da total luz.
Hebreos 11 nos dice: "Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac, y el que había recibido las promesas ofrecía su único hijo. Fue a él a quien se le dijo: 'En Isaac te será llamada descendencia'". Escucha, iglesia: "Él consideró que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos. De donde también, en sentido figurado, lo volvió a recibir".
Bendita fe de este hijo de Dios. Bendito sea el Dios de Abraham. ¿Tú sabes lo que pensó Abraham cuando se detuvo y vio el lugar a lo lejos? Estoy especulando, pero fue algo como esto: "Yo no era nadie en una tierra de nadie".
Yo no tenía propósito, yo no tenía futuro, yo no tenía descendencia, pero Dios. Dios me alcanzó, él me prometió, él me perdonó, él me restauró, él me ha enseñado, él no me ha fallado, él cambió mi nombre, él me dio propósito, él me dio una familia, él me dio a Isaac. Si él lo prometió, él lo va a cumplir. La vida de Isaac no es problema mío, es problema de Dios. Es Dios el que tiene que cumplir su promesa, fue él el que me lo prometió, fue él que dijo que a través de Isaac vendría descendencia. Yo nunca he visto una resurrección, yo no sé cómo va a funcionar eso, pero él me lo dijo, yo le creo. Aunque él me diga que lo mate, en él yo esperaré. Y si Isaac muere, yo no sé cómo, pero él me lo va a dar otra vez.
"Aquí está el fuego y la leña, ¿dónde está el cordero para el holocausto?" "Dios proveerá para sí el cordero para el holocausto." Si Dios me prueba, él va a proveer.
Y tú sabes qué, me ha gustado porque yo no llego ahí. A mí eso me confronta, porque yo me quedo agarrando mi Isaac. Yo busco todas las excusas posibles para no darle a Dios, para quedarme en mi comodidad, en mi barca, en lo que conozco, agarrando lo que yo creo que es mío. En pruebas mucho menores yo pongo excusas: que no se puede ser fanático, que ya he ayudado suficiente, que estoy cansado, que tengo muchas cosas, que no me siento listo, que este no es el momento. Mil y unas excusas para no entregarme por completo a Dios. Gracias a Dios que solo soy yo, que ustedes no están ahí.
Y sigo contigo. Tú sabes lo que eso dice de mí: que yo no confío totalmente en Dios. Y tú sabes lo que eso dice de mí: que yo no conozco tan bien a Dios como pudiera, como debiera. Porque mientras más yo conozca a Dios, más yo puedo confiar en él. No hay nada que yo conozca de Dios que me diga: "¡Oh, no!" Mientras más yo conozca de Dios, más lo voy a amar, más voy a confiar en él.
Entonces, ¿tú te vas a quedar agarrando a Isaac o tú vas a dejar que Dios sea Dios? Tú me dejas meterte aquí también. ¿Y tú vas a dejar que Dios sea Dios en tu vida, o te vas a quedar agarrando tu Isaac? Las risas, ¿buenas? No se comparan con la resurrección. Tú quieres ver resurrección, tú tienes que entregar tu Isaac. Tú quieres que Dios provea, tú tienes que pasar por la prueba.
Y eso me llevó a una tercera sorpresa: la prueba no era solo de Abraham. El versículo 6 dice que él le hace a Isaac, le pone el que en los hombros. La leña, otra forma en el original: la madera. Es una pista de que Isaac era el más fuerte de los dos. ¿Sabías eso? Si no, ¿por qué lo haría? ¿Por qué él se queda con el cuchillo?
Este era un camino de tres o cuatro días. Tú no emprendes un camino de tres o cuatro días con un niño. Al contrario, tú haces un camino así con un joven que puede caminar con un hombre de más de cien años, que te puede ayudar. La literatura rabínica entiende que Isaac tenía entre 36 y 37 años cuando fue con Abraham. Josefo, el reconocido historiador judío, dice que Isaac tenía al menos 25 años. Yo no leí ningún comentarista que diga que Isaac tenía menos de 16 años. Un joven de 16 años, un hombre, por lo menos físicamente.
La palabra que él usa, "muchacho", en el versículo 5, es la misma palabra con la que se refiere en el mismo versículo a los criados. Literal, Abraham le dice a sus muchachos: "El muchacho va conmigo." Se habla de Absalón cuando tiene más de 36 como muchacho. Es una palabra muy flexible en el hebreo, que se refiere a todo joven. Cuando alguien mayor se refiere a un joven y le llama muchacho.
Y el versículo 6 y el versículo 8 repiten el mismo refrán. Ustedes lo notaron. Abran la Biblia. Eso no es aleatorio, no es nada en la Biblia al azar. Versículo 6 al final dice: "Y los dos iban juntos." Versículo 8 al final, luego de que le dice "Dios proveerá para sí el cordero", este parece ser el momento donde Abraham le explica lo que va a pasar. Dice al final: "Y los dos", ¿qué dice?, "iban juntos."
Esto es lo que eso habla. Eso habla de camaradería, de hermandad. Aquí hay una relación de hermanos, dos compañeros de milicia, dos adoradores que van de camino al monte a adorar. Un padre y un hijo dejando que Dios sea Dios. Este es un joven que probablemente había escuchado, probablemente no, que ya había escuchado las historias de Yahweh, de Jehová, el Dios de su padre. De eso seguro se sabía de memoria. "Ay, ay, déjame contártelo cómo fue: Dios nos prometió que tú ibas a nacer cuando ya yo era un viejo y tu mamá, no había forma. Déjame contártelo qué pasó aquí, déjame contártelo, déjame contártelo, déjame contártelo."
Él había escuchado de la fe en el Señor de parte de su padre, de parte de su madre. Y así como Abraham había decidido confiar en su Padre Dios, Isaac había decidido confiar en el Dios de su padre Abraham. Y eso es lo que hace posible el versículo 9 y 10.
"Llegaron al lugar que Dios le había dicho, y Abraham edificó allí el altar." Y escúchalo, escúchalo: "Edificó allí el altar, arregló la leña, ató a su hijo Isaac", el que subió la leña, un hombre de más de cien años, quizás hasta 137 años, "ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar sobre la leña. Extendió su mano, tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo."
Aquí no hay violencia, aquí no hay ira, aquí no hay luchas. Aquí hay un padre y un hijo juntos, adorando a Dios, dejando que Dios sea Dios. Hasta la muerte.
Tú y yo sabemos que esto es una prueba. Tú y yo sabemos el versículo 11 y 12, pero espera, espera, espera. Tú y yo sabemos eso, pero piensen en Isaac. Era más fuerte, más rápido, más joven. Él podía... "¡Ey, no, no, no, papá! ¡Papá! ¡Papá!" Pero no. Dios se movió tan poderosamente en la vida de Abraham, que su hijo Isaac estuvo dispuesto a confiar en el Dios de su padre. Esto es imposible aparte del poder de Dios.
Pero cuando Dios se mueve en una familia, la transforma por completo. Digan si no es verdad. Cuántas familias no hay aquí sentadas hoy que pueden decir: "Dios se movió en mi familia." Y ahora, veníamos de un desastre, pero él empezó aquí. A veces empieza con el hijo, a veces empieza con la mamá, a veces empieza con el papá, pero él empieza a transformar por completo la vida de la familia. E Isaac no era cualquier hijo, era el hijo de la promesa.
Mi amado hermano, no dejes de creer. No dejes de creer. No dejes de creer. Y no dejes de hablar del Dios que te salvó. A tu papá o a tu hijo o a tu hermano o a tu tío, sigue contando las maravillas del Dios que te transformó. El mismo Dios de Abraham y el Dios de Isaac es el Dios que nosotros servimos. No importa dónde esté tu familia, él puede redimirla. Él convirtió esta familia desolada en esta familia de adoradores.
Eso nos trae la cuarta y mayor sorpresa de todas. Es que la prueba de Abraham no se trataba de Abraham. Ni de Isaac.
"El Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: '¡Abraham, Abraham!' Él respondió: 'Aquí estoy.' El Ángel dijo: 'No extiendas tu mano, no le hagas nada.'" Entonces Abraham alzó los ojos y miró, dice el versículo 13, y vio un carnero detrás de él. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y Abraham llamó aquel lugar con el nombre de Jehová-jireh, como se dice hasta hoy: "En el monte del Señor se proveerá."
El Señor que prueba es el Señor que provee. Y aquí llegamos felizmente donde toda la historia estaba apuntando. El probador es el proveedor. Cuando Dios te prueba, Dios te provee.
El Dios de Israel no es un dios indolente. Tú recuerdas la historia de los sacerdotes de Baal, que se pasaron el día entero cortándose y haciendo el drama, el ritual, haciéndose ahí los ritos hacia Baal. Nada. Abraham clamó al Señor y Dios apareció. ¿Por qué? Porque Dios está profundamente atento a nuestras necesidades, a nuestras situaciones. Siempre a tiempo, en el momento justo donde lo necesitamos. Nunca tarde.
Abraham, como profeta, dijo: "Dios proveerá." Y ahora en éxtasis dice: "¡Jehová-jireh! ¡El Señor provee!" Una y otra y otra y otra vez, el Señor siempre provee.
La risa volvió. Imagínate ese padre desatando a su hijo, los dos abrazándose, preparando el carnero y pensando: "¡Este es mi Dios! Siempre fiel, siempre cumpliendo sus promesas, que nunca falla, que tú nunca fallas. ¡Dios es Dios!" Nunca, nunca, nunca Abraham e Isaac van a olvidar esa experiencia. Nunca. Esa era el culmen, el clímax, el sello de la relación de Abraham e Isaac con el Señor.
Y tú sabes de lo que Dios le habla. Versículo 15: "El Ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez." Este es el momento más importante de la vida de Abraham. Tú buscas en Isaac y Abraham momentos importantes: Moriah, Moriah, Moriah, Moriah. El monte Moriah es el lugar más sagrado de los judíos y de los árabes hoy también.
Y tú sabes de lo que Dios le habla. Dice así: "El Ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo y le dijo: 'Por mí mismo he jurado, declara el Señor, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único, de cierto te bendeciré grandemente y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo'", ¿qué existe? Publicado, millones acá, y mírenos aquí, "'y como la arena en la orilla del mar. Y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos.'"
Y ahora viene: "'En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido mi voz.'" Abraham, por tu fe obediente, a lo largo del mundo habrá personas de toda lengua y nación que se identificarán contigo, que entenderán también que yo soy el Dios que proveo, que dirán con sus vidas y con su obediencia: "El Señor proveerá." De ti saldrá un reino, sacerdotes para Dios, una multitud incontable de adoradores de Dios que dicen: "Dios es Dios." Muchos hijos tiene nuestro padre Abraham. Yo soy uno, y tú también.
Y hay algo más. Al final, esta historia no nos está apuntando a Abraham ni a Isaac. Porque sí, sin duda, el Señor quería trabajar en Abraham y estaba obrando en Isaac. Es más, estaba obrando hasta en los criados de Abraham, como lo enseña el versículo 19, pero no tengo tiempo. Pero hasta los criados aprendieron.
Y Él estaba pensando en ti y en mí. Pero lo que el Señor estaba haciendo era preparando el camino para su Hijo amado. Porque piensen en Isaac, el hijo esperado de la promesa, obediente, subiendo al monte como sacrificio, cargando en sus espaldas la madera que lo mataría. Pienso en Moriah, el monte Moriah, el mismo monte donde luego se levantaría el templo, donde diariamente serían holocaustos y sacrificios de corderos por el perdón de pecados. Temporales, que no bastaban, no eran suficientes. Pero día tras día, cordero tras cordero, cordero tras cordero, hasta que llegara el Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo y rasgaría el velo.
Isaac, por un pelito se salvó de la muerte. Cristo, Él sí atravesó por el mismo centro de la muerte y venció la muerte. La descendencia, la simiente de Abraham, vendría el Hijo, el único, el amado de Dios. Cuando Abraham iba a sacrificar a su hijo, el Señor lo detuvo. Habría un sustituto. Pero cuando el Hijo va a dar su vida, nadie podía tomar su lugar. "Pasa de mí esta copa. Se haga tu voluntad." Porque no había otro cordero, no había sustituto, no había otra forma. Y nadie lo acompañaría, Él subiría solo. Moriría en soledad como ofrenda por el pecado, por los pecados de Abraham, y los pecados de Isaac, y los pecados de Jairo, y los tuyos.
El pastor Tim Keller lo resume muy bien: Dios, del sacrificio de Abraham, "ahora sé que me amas porque no me has rehusado a tu único hijo." Cuánto más no podemos nosotros ver su sacrificio en la cruz y decirle a Dios: "Ahora sabemos cuánto nos amas porque no nos has rehusado a tu Hijo, tu único, a quien amas."
Dime si Dios no estaba pensando en un momento como este hoy: en la libertad, la pureza, la limpieza, la nueva vida que el Hijo nos traería, mientras Abraham e Isaac iban de camino a Moriah. Dime si Jesús no estaba pensando en nosotros mientras llevaba su madero de camino al Calvario.
¿A quién tú le vas a dar tu Isaac? Dime si alguien más lo merece. ¿Tú crees que tú te mereces tu Isaac? ¿O yo? ¿Por qué sigues reteniéndole algo a Dios? ¿Te ha tratado alguien mejor que Dios? ¿Merece alguien algo mejor que Dios? ¿Acaso Él no nos ha demostrado cuánto nos ama? Dime si Él no es digno de todas nuestras vidas, de toda nuestra adoración, de toda nuestra devoción.
Sí, puede que por momentos Él haga cosas que no nos hagan sentido. Pero podemos tener total certeza de la bondad de su corazón, porque el Dios que prueba proveyó al cordero.
Bendito sea el Dios de Abraham, bendito sea Él que murió en el madero. Señor y Dios, esta tu iglesia confía en ti. Esta tu iglesia te cree y esta tu iglesia te adora. Nosotros hoy declaramos en fe y en certeza de que no hay nadie más digno que tú. Señor, nadie merece nuestras vidas, nuestra adoración, nuestra reverencia. Nadie es digno de desatar el libro ni abrir sus sellos. Señor, en el momento más oscuro de nuestras vidas, cuando estábamos muertos en delitos y pecados, tú nos entregaste a tu Hijo. Y ahora nosotros queremos exaltarte y declarar lo digno que tú eres. Señor, nosotros tu iglesia te adoramos y te rogamos por una fe que se manifieste en obediencia. No nos dejes quedarnos con nada. Ayúdanos a entregártelo todo. Si tú no nos negaste a tu Hijo sino que lo entregaste por nosotros, bendito seas tú. Amén.
Jairo Namnún sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio, encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Posee una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia Namnún y juntos tienen dos hijos: Ezequiel e Isaac.