Integridad y Sabiduria
Sermones

No basta con recibir la Palabra

Predicador Invitado 23 diciembre, 2009

La parábola del sembrador es conocida por todos, pero encierra cuatro verdades que todo discípulo necesita refrescar. Cuando Jesús se sentó en aquella barca frente a la multitud en Galilea, no estaba ofreciendo entretenimiento religioso sino revelando una realidad eterna: al sembrar la palabra de Dios, el resultado pertenece a Dios, no al sembrador.

La semilla que cae junto al camino representa a quienes rechazan el evangelio con indiferencia. Son corazones petrificados donde la palabra no penetra, y el enemigo arrebata lo poco que quedó en la superficie. La que cae en pedregales ilustra al que recibe con gozo pero carece de raíz; cuando llega la aflicción o la persecución, se seca. Es la falsa conversión: alguien que estuvo fervoroso en la iglesia por un tiempo y luego desapareció sin dejar rastro. La semilla entre espinos describe a quien no es enemigo del evangelio pero vive atrapado por el afán del mundo. No tiene tiempo para Dios porque las exigencias de la vida lo absorben por completo.

Pero hay semilla que cae en buena tierra y produce fruto abundante: cien, sesenta, treinta por uno. Un campesino en Palestina esperaba apenas un ocho por ciento de retorno; Jesús promete una cosecha milagrosa. La historia de Spurgeon lo ilustra: un líder sin nombre predicó una noche de nieve a menos de diez personas, y entre quienes escuchaban estaba un joven de diecisiete años que se convertiría en el príncipe de los predicadores. El llamado es claro: sembrar con fidelidad y dejar que Dios multiplique.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Y yo quisiera compartir un mensaje bien sencillito en esta noche sobre un pasaje harto conocido, porque este texto nos sobria a todos nosotros. La parábola del sembrador, como yo la conocía desde joven, cuando era adolescente en la ciudad. Yo recuerdo todavía que cantaban estas parábolas, la del sembrador, o sea, aún el inconverso conoce estos textos. Cuánto más el cristiano. Yo le pregunté al pastor si se había predicado de esto recientemente. Ahí sí estoy en problema. Olviden lo que él dijo.

Vamos a ponernos de pie, estirar las piernas un poquito. El versículo uno al nueve dice: "Aquel día salió Jesús de la casa." Mateo 13:1. "Y se sentó junto al mar, y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra, y brotó pronto porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó, y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga."

Vamos a orar. Señor, te damos gracias una vez más por tu Palabra y este tiempo maravilloso de adoración que hemos tenido. Gracias por tu pueblo, Señor, que ha desafiado la inclemencia del tiempo en esta noche, la lluvia, para estar aquí. Gracias por darme el privilegio, Señor, el humilde privilegio —me siento tan pequeño, Señor— de poder pararme en este lugar y compartir tu texto, compartir tu Palabra, Señor. Úsame a pesar de mis limitaciones, de mi humanidad, Señor, y permite que tu mensaje llegue a tu pueblo, al corazón de cada uno de ellos. Señor, yo no los conozco personalmente, pero Tú conoces cada necesidad; Tú sabes lo que cada persona necesita escuchar en este día, y permite que yo pueda ser simplemente tu portavoz en esta hora. Oramos en Cristo Jesús, amén.

Siéntense, mis hermanos. La parábola del sembrador, como decía, todos la conocemos desde niños. Pero hay aquí cuatro verdades, diría yo esenciales, para todo cristiano. Jesús se la estaba enseñando a sus discípulos y el Espíritu Santo decidió conservar esas realidades, porque yo creo que cada uno de nosotros hoy día, que somos discípulos de Cristo, necesitamos refrescar nuestras memorias acerca de estas verdades. No es que yo sea muy profundo en teología, pero sí me es significativa esta parábola, porque Jesús mismo la explicó en el versículo 18. Vayan conmigo ahí. ¿Ya ven por qué escogí este texto? No tenía que prepararlos mucho; lo leo y dejo que Jesús mismo la explique.

El versículo 18, Jesús explica la parábola del sembrador: "Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador. Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino." Entre el versículo 18 y el 10, si usted va atrás, Jesús explica el propósito de las parábolas. Aquí está una multitud que se ha agolpado para escuchar a Jesús. Ellos querían escuchar de este hombre tan polémico que había traído tanto ruido en la ciudad, y estaban atónitos con él. Se maravillaban de su doctrina, dice el final de Mateo capítulo 7, en el famoso Sermón del Monte.

Jesús tenía algo especial acerca de él que atraía al hombre común. Ellos querían escuchar más de él, y la multitud estaba encima de él. Y se sentó mucha gente; entrando en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. La multitud quería escuchar de Jesús hasta el punto de que él salta dentro de este pequeño bote. Imagínate, creó una especie de anfiteatro natural. El mar de Galilea es en sí un lago. Yo estuve ahí, estuve en el bote, en una réplica del bote de Jesús. Es algo maravilloso en medio de ese desierto, de esa tierra árida. Las montañas los rodean; algo maravilloso, pero al mismo tiempo muy peligroso para los marineros. Pero eso sería otro mensaje.

En esta especie de explanada, Jesús está ahí y se sienta en el pequeño bote, la multitud está atenta. Pero esta popularidad con las personas le había traído a Jesús serios enemigos: los fariseos, los escribas, la gente religiosa que dominaba al pueblo en aquel entonces. No estaban tan atónitos ni tan impresionados con Jesucristo. Ellos veían a este hombre común, un hijo de un carpintero que todo el mundo sabía de dónde venía, y que ahora tenía ínfulas de grandeza. Él, de buenas a primeras, se creía que era un maestro; y la gente común, esa gente, los plebeyos, esa gente que no conocía la ley —"maldita es", Juan capítulo 9— ese era el concepto que tenían los fariseos y los doctos de esa gente común y corriente, que podía ser impresionada fácilmente.

Y este Jesús había agolpado ese grupo de gente sencilla detrás de él, y él se creía que era la gran cosa. Estas gentes estaban furiosas acerca de Jesús y estaban buscando la manera de matarlo. Ellos venían a escucharle no para que él los instruyera, porque no tenía nada que decirles a ellos, y eso lo sabían todos. Por eso cuando están interrogando en Juan 9 al ciego que Jesús acaba de sanar, le dicen: "Bueno, tú eras ciego, ¿sí o no?" "Yo era ciego de nacimiento." "Ese maestro no es un maestro verdadero." Pero el ciego les salió difícil. "Yo no sé de dónde viene; yo sé que me sanó. Yo sé que ese poder tiene que venir de Dios." Y ellos le dicen: "¿Tú nos vas a enseñar a nosotros la ley? Tú no puedes decirnos a nosotros ahora quién es este, quién es lo otro."

O sea, los fariseos se habían vuelto arrogantes, y Jesús los estaba desafiando en vez de venir y tratar de quizás congraciarse con ellos y establecer ciertas relaciones. Él había venido diciendo: "Vosotros oísteis que fue dicho, mas yo os digo." Eso no caía nada bien con este grupo, mis hermanos. Jesús no tenía el apellido correcto, no tenía los maestros correctos, no venía de sus círculos; era un hombre sencillo, un hombre común y corriente que, aunque impresionaba a las multitudes, no les estaba impresionando a ellos para nada. Y aquí está esta multitud tratando de ser liberada de esa presión que había sido puesta sobre ellos al manipular la ley que Dios había dado en el Antiguo Testamento.

Jesús les dice: "Miren al sembrador." Quizás se lo estaba señalando en la ladera de la montaña detrás de la multitud. Era común que en Palestina el sembrador saliera con un costal o bolsa a su lado y regara la semilla. Jesús les dice: "Miren a él. El principio del reino." Algo que usted necesita recordar: cuando tú salgas a sembrar la semilla —que obviamente aquí representa la Palabra de Dios—, recuerda que el resultado le pertenece a Dios.

Mis hermanos, cuatro respuestas hay que esperar cuando predicamos el Evangelio. "Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador. Cuando alguno oye la Palabra del reino y no la entiende, viene el malo y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino." Jesús nos dice a nosotros, hoy día, que cuando salimos a predicar la verdad del Evangelio de Dios, va a ser como esa semilla que cae junto al camino. Lo que ocurría era que el campesino salía a regar la semilla y el viento volaba parte de esas semillas y las ponía en un camino lleno de huellas, donde pasaban los animales y la gente. Palestina estaba llena —el término es entrecrusada— de caminillos por donde la gente cruzaba y los animales transitaban, y ese terreno se petrificaba, se solidificaba con el paso de la gente. Usted ve que ni la hierba crece muchas veces cuando hay personas caminando de acá para allá.

En un pasaje paralelo dice que las aves vienen y arrebatan la semilla; es decir, cuando el campesino se alejaba, las aves venían y, como esa semilla había quedado a flor de tierra, simplemente se la comían, porque no había caído en el terreno que había sido arado. Jesús dice: "Miren, hay una verdad eterna." Porque eso es lo que es una parábola: es una comparación —ese es el término del original—, es poner una cosa al lado de la otra para compararla. Jesús les dice: en eso que ven a diario, hay una verdad eterna: que alguien oye la Palabra de Dios y la rechaza es como si el sembrador hubiese tirado la semilla y hubiese caído junto al camino.

La Palabra de Dios, mis hermanos, y la realidad es así, lo sabemos, no encuentra cabida en todos los corazones. Hay corazones que han sido petrificados por una razón u otra, y cuando la Palabra de Dios cae en ese corazón, no penetra. Proverbios capítulo 1, versículo 7, dice que es el insensato el que desprecia la corrección y la sabiduría. El salmista, en el Salmo 14, versículo 1, dice: "El necio dijo en su corazón: No hay Dios." Él te dice: "Tú con tu iglesia, yo con la mía; no me hables de Cristo ni de la iglesia." Ustedes ven: él está envanecido en su propio orgullo, tiene sus propias reglas, ha seguido el camino de Caín. Y cuando tú le hablas de Dios, él se irrita. Cuando tú le presentas el Evangelio, se molesta contigo; es más, aun cuando no le hablas, a veces se resiente contigo por tu ejemplo de piedad delante de él, que es un recordatorio constante de la vida que él no tiene.

Eso ha sido así desde el principio. Si vemos Génesis capítulo 4, la historia de Caín y Abel, todos la conocemos. Caín se ensañó contra su hermano Abel y lo mató. ¿Por qué? Porque Abel era justo. ¿Cuál fue su crimen? Dios rechazó la ofrenda de Caín, y él se ensañó contra su hermano y lo mató. El ejemplo de Abel lo estaba matando a él por dentro, porque él veía que Abel era aprobado y él no. Él sabía en su fuero interno que Abel tenía algo que él no tenía. Y si usted es un creyente y está viviendo la vida cristiana, mis hermanos, muchas veces es todo lo que usted necesita hacer para que le odien.

Por eso era que los fariseos odiaban a Jesús. Él representaba todo lo que ellos no eran. Él estaba hablando de libertad a las personas. "Si el Padre os hace libres, seréis verdaderamente libres." "Nosotros somos hijos de Abraham." No, no, no, usted es un esclavo del pecado. Juan 8:44: "Vuestro padre es el diablo."

No, usted, Jesús no hubiese pasado la clase de evangelismo que yo tomé en el seminario. Así no es como tú empiezas a establecer una relación con las personas. Yo sé, dicen que uno tiene que tener algo en común con ellos y tratar de construir una amistad. Después, con el tiempo, tú sabes, si él te pregunta por qué tú vives de manera diferente, tú le hablas de Cristo. Eso no era el patrón, ese no es el sistema bíblico. Y tampoco es el sistema de la mayoría de los profetas del Antiguo Testamento. La mayoría fueron muertos precisamente por sus palabras y sus mensajes.

Mis hermanos, hoy día, por eso es que dice Jesús: "Bienaventurados sois cuando por mi causa…" No, solo cuando es inevitable. "Si así me hicieron a mí, ¿qué no harán con ustedes?" Mateo capítulo 5, el Sermón del Monte. Jesús está diciendo aquí: cuando alguno oye la palabra del Reino y no la entiende, viene el malo y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Cuando una persona de manera voluntaria y sistemática rechaza la palabra de Dios, se vuelve una víctima de su propia incredulidad.

El diablo es un carcelero misericordioso. Dios te pregunta y te permite tomar una decisión por Él, pero el diablo no. Cuando él te hace su preso, si Dios no viene y te saca, jamás verás la luz del día, porque no te dejará salir. Esta gente que rechaza el Evangelio no tiene ningún pudor en escuchar al Walter Mercado en la televisión, en ir a leerse las tazas y las barajas, y te creen el horóscopo.

La falsamente llamada ciencia... estaba hace unos meses atrás en el Discovery Channel, creo que era un grupo de gente. Y están convencidos de que la vida en la tierra había surgido en otro planeta, que de alguna manera los extraterrestres habían llegado al planeta, habían dejado las condiciones necesarias para la vida, y que de alguna manera estos individuos iban a venir a establecer un contacto con la vida humana que había evolucionado hasta el punto en que estamos. Estuve ahí asombrado. Fíjate, cantando una especie de cumbia, con un teclado y una guitarra, en la cima de una montaña fría, esperando un encuentro cercano del tercer tipo.

Romanos capítulo 1 y 2: por no haber creído la verdad, Dios los ha entregado a su propia concupiscencia. Es decir, Dios los ha dejado caer presa de su propia maldad. Cuando tú rechazas el Evangelio de Dios, como dice la frase en inglés: "If you don't believe in something, you'll believe in anything." Si no crees en algo, obviamente el enemigo te va a hacer su presa, mis hermanos. Y Jesús está diciendo que hay personas a las cuales se les debe predicar el Evangelio que simplemente van a ser indiferentes a la verdad. Y eso hay que recordarlo, porque si no, vas a ser presa de la frustración.

Yo hasta me enojaba a veces, porque yo le hablaba a las personas de Cristo y me decían: "Yo tengo que pensarlo. Yo no puedo tomar una decisión por el Señor ahora. Después hablamos de eso." Entonces, ¿sabes que estamos en un país de huracanes? Llámame curioso. Si yo le digo a esa persona: "Mira, viene un huracán de 200 kilómetros por hora y va a destruir todo en este pueblo", llámame curioso si quizás me diría: "Déjame pensarlo, después yo te dejo saber si yo necesito evacuar mi casita o no." Pero es muy fácil y muy conveniente hacer eso para evitar responsabilidades morales.

Ahora, esto es en el plano espiritual. En otras áreas, usted no va a encontrar a las personas tan de mente abierta y tan cooperadoras. Si el doctor le dice: "Usted tiene cáncer", ¿qué hace, doctor? Y el doctor le dice: "Bueno, ve al vecindario, cualquier medicina es buena, pregunta a las personas, todos los caminos te pueden sanar." Ah, eso no nos haría sentido, no. Ellos quieren saber qué cáncer tienen y cuál es la cura. Si es una operación, si es quimio, ellos quieren un experto. Ellos quieren saber exactamente la solución. No es que vayas a la casa y te hagas cualquier remedio casero y lo que sea funciona contigo. Eso tiene razón y es sentido común, y ellos lo saben.

Ah, pero en el plano espiritual no. Tú no puedes darle una solución a algo que es mil veces peor que el cáncer, que es el pecado. Si tú le dices que Cristo es la solución, pues tú eres arrogante, o de mente estrecha, o extremista, o estás en soberbia. El doctor sí puede decirle: "Esta es la solución, esta es la medicina." Pero nosotros no, porque en el sentido espiritual es más fácil ser ambivalente y escapar a nuestra responsabilidad delante de Dios.

Pero hay más en esta parábola fascinante, mis hermanos. Véanme este pasaje en 2 Corintios 4:3, Pablo explicando el fenómeno aquí: "Pero si nuestro Evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto." ¿Y por qué, Pablo? "En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios." Están ciegos espiritualmente. Si mi memoria me sirve correctamente, Efesios 2 dice que están muertos. Se está hablando con un muerto y con un ciego y le está tratando de hacer ver la belleza de una rosa. Usted ore por esa persona. No importa cuán dura esté, cuántas veces rechace el Evangelio. Usted ore por esa persona, porque es un fenómeno milagroso lo que se necesita para reavivar a ese individuo.

Versículo 20, no, 21: "Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza." Okay. Parte de la semilla cae junto al camino y usted no va a ver fruto ahí. Le van a cerrar la puerta en la cara. Me lo han hecho mil veces. Estaba en México en un viaje misionero una vez, iba muy contento a predicar, y cuando me vieron venir, parece que tenía lepra, hermano, me tiraron la puerta en la cara en cuanto me vieron la Biblia debajo del brazo.

Pero hay gente que tiene una reacción diferente. Ellos te dicen: "¡Gloria a Dios! ¿Y dónde está usted, hermano?" Ellos andan contigo, se convierten, y están aquí todos los miércoles aunque esté lloviendo, están aquí, y él está en todos los comités de la iglesia, él está de vuelta. El cien por ciento es la mano derecha del pastor. No estoy hablando de nadie aquí, pero ¿qué resulta? Es como una semilla que ha caído en un terreno entre pedregales. No es un terreno sucio; está hablando de una roca sumergida. Cuando la semilla empieza a crecer, la plantita choca con esa roca que está sumergida, y lo que hace es que nace a destiempo. El campesino que no sabe, ve la planta creciendo y piensa que es saludable y que está creciendo adelante de las demás, y te da la falsa impresión de que se está desarrollando.

Pero no hay nutriente suficiente; tiene dos o tres pulgadas de tierra. Cuando el sol ardiente caía sobre esa planta, la quemaba. Literalmente no podía sostenerse así. Te da una impresión por unas semanas y luego moría inesperadamente. Yo estoy seguro que en diez años de ministerio, más en esta iglesia, usted pensaría en alguien que estuvo aquí y no está aquí ahora. Y el hermano estaba fervoroso y estaba comprometido con el Señor, y de buenas a primeras no hay quien lo encuentre. Ni el servicio secreto podía dar con él. No importa que usted lo llame mil veces, no va a venir, pero le va a encontrar la excusa que sea. Usted sabe que él no se convirtió al Señor. Él dio la impresión de que se había convertido a Dios, pero el tiempo todo lo revela.

Winston Churchill quizás no sea un teólogo, pero decía: "Tú puedes engañar a todo el mundo por un tiempo, o a casi todo el mundo todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo." Tarde o temprano la naturaleza de los individuos se va a revelar, y eso es lo que está mostrando aquí Jesús.

Yo soy bautista cien por ciento, y yo creo en la seguridad de la salvación. Usted no puede perder lo que no se ganó; le fue dado por gracia. O sea, no nos vayamos de aquí con la duda. No, usted no va a perder su salvación. Usted es salvo. Pero ese no es un individuo salvo del que Jesús está hablando aquí. Está hablando de una falsa conversión. Él no se arrepintió de sus pecados. Él no entendió la condición pecaminosa en que estaba. Él tuvo una experiencia religiosa.

Eso no lo enseñan en clases de canto ni en eso. Le gustó la música aquí, le gustó la amistad de la gente, le gustó el ambiente, o lo que sea, pero él no tuvo una comprensión clara de lo que es el Evangelio. Y cuando el sol salía y no había en él profundidad de tierra, simplemente lo apagó. La vida de fe, alguien decía, es como una llama. Cuando tienes una pequeña llama y soplas en ella, la apagas. Pero si tiene leño y madera en ella, lo que hace es que crece. Usted no ha visto eso: usted sopla una hoguera y lo que hace es que aumenta. Si le sacas la madera y la soplas, se apaga. Así es la vida nuestra, mis hermanos.

Y les digo esto: quizás en República Dominicana esto no sea la realidad, pero en Estados Unidos hay gente que pasó al frente en una campaña masiva, se convirtieron, y no dan evidencia de conversión alguna. Entonces, cuando él viene dudando de su salvación y quizás buscando un verdadero arrepentimiento, el pastor le dice: "No, no dudes de tu salvación. Tú has aceptado al Señor. Tú no tienes que preocuparte de nada." Sin embargo, eso no es lo que dice la Biblia. Nosotros debemos velar con temor y temblor por nuestra salvación. No podemos perderla, pero sí tenemos que trabajar en ella. Y nosotros no tenemos el derecho de juzgar al individuo. "Tú no puedes juzgar", te dicen.

Eso no es cristiano: no juzgues al otro. Pero a veces me dice que no eche mis perlas delante de los cerdos. Te hace pasar un juicio para saber quiénes son los cerdos o no. Te hace discriminar entre una persona y otra, que salga y no conozca las motivaciones del individuo. Pero tengo que juzgar sus acciones. Es un estado diciendo aquí a gente que no ha recibido el Evangelio, que no le ha resplandecido. Es diferente al verdadero cristiano que peca, y pecamos. Por más santo que usted se crea, vamos a pecar y vamos a tropezar. Esa es la triste realidad de este cuerpo de barro en el que estamos. Pecamos por omisión, pecamos por acciones.

Una cosa es caer en el lodo y otra es deleitarse en él. El cerdo se deleita en el lodo. A él le gusta eso. Él no quiere salir de ahí, no quiere que lo bañen, y si usted lo baña, él se va a revolcar otra vez; eso es lo que dice Pedro. Esa es su hábitat natural. Pero yo estoy seguro de que si yo los llevo a ustedes al lodo, ustedes van a querer salir de ahí, porque esa no es su hábitat. Ustedes quieren bañarse y cambiarse de ropa. Esa es la diferencia entre el individuo que cayó entre pedregales y el verdadero cristiano.

Un creyente puede caer terriblemente en gravísimos pecados. Lo he visto. En más de 20 años en el ministerio, he visto pastores desgraciarse la vida. Y eso va a seguir pasando. Mientras esté la iglesia en esta tierra, esas cosas van a pasar. Y no dude de que esta persona pueda ser salva. Sin embargo, van a haber individuos donde la palabra de Dios jamás encontró cabida, y ese sería el que fue sembrado entre pedregales.

Pero hay uno más que está aquí, un cruel verdugo: el siglo XXI. El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra y se hace infructuosa. Cuando la semilla caía, el campesino regaba la semilla. A veces caía entre espinos, plantas que ya estaban crecidas. Pues no, esa semilla no penetraba la tierra. No tenía nutrientes suficientes, no tenía agua suficiente. Cuando el sol salía, eventualmente la quemaba. Me decían que el sol en Israel es brutal, ese desierto de Judá. Yo les pregunté al guía que estaba con nosotros, y me dijo que en el desierto, sin agua, no vas a sobrevivir más que unas cuantas horas. Imagínense una pequeña semillita en ese terreno, ahí consumida por el sol; con el tiempo se consumía.

Hay gente que he visto en mis andanzas que reciben la palabra de Dios y no son enemigos del Evangelio. La han recibido con gozo. Y cuando tú les hablas de Dios, generalmente tienen un interés genuino, pero el afán de este mundo los envuelve hasta tal punto que la palabra de Dios se hace infructuosa en ellos. Realmente ellos nunca vienen al Señor, no porque les disguste la idea o porque no entiendan su condición de pecado. Simplemente no tienen tiempo para Dios.

Juan, el apóstol Juan, vio esa realidad y la escribió precisamente en una de sus cartas, en la Primera de Juan. Primera de Juan 2:15 dice: "No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él; porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre."

¿No debo amar a mi esposa o a mis hijos? ¿No debo amar al mundo, quizás mi casa o mi carro? No, no, no. Es el sistema filosófico mundano. El hombre que se ha vuelto humanista se ha convertido él en la medida última de todas las cosas. Ya nadie es perverso hoy día; estamos enfermos. "Oh, no, no, tú no tienes que arrepentirte. La culpa es de tus padres, que no te criaron bien. Tú necesitas terapia. Tú no eres pecador; tú eres una víctima de un sistema que te ha destruido."

Mis hermanos, yo quiero que vean las consecuencias de esa manera de pensar; vean lo que está pasando en Estados Unidos. Tiroteos en las escuelas, bombas. Yo trabajé como consejero en un centro. Estaba plantando una iglesia y estaba haciendo las dos cosas. Y déjenme decirles que yo me sentía, cuando entraba ahí, que estaba caminando dentro de una cárcel. Lo hice por un año y salí. Yo no podía aguantar eso. Había que revisar a los alumnos con detectores de metales para que no trajeran armas y cuchillos a las escuelas. Porque todo tipo de perversión es aceptada, menos que oren o que hablen de la Biblia, porque hay que mantener una separación entre la iglesia y el estado. Teníamos todo tipo de casos ahí donde sacaban a jóvenes esposados como criminales, con 14 o 15 años, porque simplemente estaban solos en sus casas y no había padres.

Hermanos, el mundo está yendo de cabeza. Y eso no es sorpresa. Dijo Pablo a Timoteo que en los postreros tiempos irían de mal en peor, engañando y siendo engañados. Esa es la realidad del mundo. Y el mundo nos absorbe hasta un punto. Como les digo, en Estados Unidos, las personas vienen a trabajar; la mayoría de los hombres con los que yo trabajo viene a buscar una mejor vida. Trabajan 60 u 80 horas a la semana, 7 días, muchas veces. Comienzan a trabajar a las 6 de la mañana, llegan a la casa a las 10 de la noche. Y viven 10 en una sola casa para ahorrar y mandar dinero a sus países. Y cuando tú los invitas a la iglesia, no tienen tiempo. Es verdad que no lo tienen.

Y déjenme decirles: si es el éxito o el dinero lo que te va a mantener alejado de Dios, el diablo te lo va a dar. No te preocupes; lo que tú necesites. Pero te mantendrá ahí. Y estos hombres no se dan cuenta de la trampa en que están cayendo, en un círculo del que ya no podrán salir. No dejes que el afán de este mundo sea como esas semillas que están cayendo entre espinos. Quizás tu corazón está abierto al Evangelio, pero las cosas de este mundo te están atrapando.

Vamos ya a la conclusión, amigos. ¿Qué hemos visto? El que cayó junto al camino: el indiferente. "No me hables de Dios." Hemos visto al superficial: "¡Gloria a Dios!", y estuvo en la iglesia por un mes o un año, y luego desapareció y no hay quien lo encuentre. Es un falso creyente. Está el mundano, un pie dentro y otro fuera, cuyo afán es escalar la escalera corporativa, ser el gourmet, usar la última moda. Y no estoy tirándoles piedras a nadie; está bien. Se trata de poner a Dios primero en todas las cosas. Cuando pones esas cosas primero y a Dios lo atiendes cuando te sobra el tiempo, estás empezando una carrera que no vas a ganar. Como te digo, Satanás se va a encargar de mantenerte distraído a cualquier costo. Tienes que poner tus prioridades en orden.

Pero vamos a cerrar en una nota un poco más brillante. Versículo 23: "Más el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da fruto y produce: a ciento, a sesenta y a treinta por uno." Miren, el sembrador siembra, y parte cae entre pedregales, parte cae junto al camino, parte cae entre espinos, pero hay semilla que siempre va a caer en la tierra que ha sido preparada. La tierra es el corazón del hombre. Yo estoy predicando el Evangelio aquí esta noche. Estoy regando la semilla, la palabra de Dios. Estoy seguro de que está cayendo en muchos corazones que han venido aquí a recibir el mensaje.

Tristemente, para algunos de ustedes la palabra de Dios no va a encontrar cabida esta noche. Usted está aquí por la providencia de Dios que lo ha traído, pero en su mente usted está aquí porque su esposa lo hizo venir, o viceversa. No había nada más que hacer en la casa: "Está bien, vamos para la iglesia." Tenga cuidado con eso. Miren, versículo 10: los apóstoles le preguntan a Jesús: "Ahora que tienes esta multitud aquí, ¿por qué les hablas con parábolas?" Acercándose los discípulos le dijeron: "¿Por qué les hablas por parábolas?" Están casi cuestionándolo: "Si tienes toda esta gente aquí interesada en escucharte, Jesús, ¿por qué no tomas la oportunidad de presentarles el Evangelio y traerlos al arrepentimiento?" Él les responde explicándoles: "A ustedes les he dado entender los misterios del reino."

Jesús sabía quién estaba ahí para escuchar a un palabrero o a un filósofo nuevo. Los fariseos estaban ahí con otros motivos; ellos no estaban buscando a Dios ni querían crecer en la fe. Y hablarles por parábolas fue un acto de la misericordia de Dios. Porque la palabra de Dios jamás volverá vacía, dice el profeta. Cuando la palabra de Dios sale y es presentada, o va a salvar al individuo o lo va a condenar. Porque algún día, los buenos y los malos, las ovejas y los cabritos, vamos a estar delante del trono de Dios, y estas palabras van a condenar a los impíos, a aquellos que escucharon el mensaje y voluntariamente lo resistieron. Esa va a ser parte de su condenación: se te presentó el Evangelio y lo rechazaste. Y otros van a ser salvos por esa predicación. Así que es parte de la misericordia divina y parte del juicio de Dios también.

Pero mis hermanos, hoy ha caído la palabra de Dios, y estoy seguro de que en sus centros de trabajo, en sus escuelas, en sus vidas rutinarias, ustedes están regando la semilla. Y ustedes no saben dónde ni en qué tipo de suelo está cayendo. Dios dice: "No te preocupes por eso. Tú riega la semilla." El que oyó y entendió produce fruto: a ciento, eso sería como el 10,000 por ciento; a sesenta, sería el 6,000 por ciento; y a treinta, el 3,000 por ciento. Un campesino en Palestina podía esperar, cuando sembraba la semilla, un retorno de alrededor del 8 por ciento. Dios está diciendo: "Si tú siembras la semilla, yo te voy a dar una cosecha milagrosa."

Nosotros regamos la semilla, la palabra de Dios, y los resultados se los dejamos a Dios. Hay ministerios que van a aparecer externamente estériles. Jeremías por cuarenta años predicó y nadie creía en él. Su propia familia, no lo tiraron un poco. No es por ciento veinte, wow, qué perseverancia. Nosotros no sabemos ni la mitad.

Yo escuché acerca de un predicador inglés llamado Spurgeon. Hace muchos, muchos años. Yo creo que leí en su biografía, si mi memoria me sirve correctamente, que a los diecisiete años se le escuchó casi por accidente la predicación del Evangelio. Una noche de mucha nieve, estaba nevando, y esa noche ni el pastor pudo llegar a la iglesia. Él estaba escuchando afuera mientras un diácono, un líder de la iglesia, predicó el Evangelio. Debió parecerles, si es un miércoles en la noche, está cayendo una tempestad de nieve y llegan unas diez personas o menos. Yo pensaría que son cristianos. Esa sería mi conclusión lógica, de que todos mis visitados están comprometidos con el Señor.

Pero este hombre regó la semilla, y este joven de diecisiete años estaba escuchando afuera en el foyer, la parte afuera del templo. Se convirtió, y Spurgeon se convirtió en uno de los fenómenos de esa época. Tenían más de cinco mil, o diez mil miembros, no, cinco mil doscientos, algo así. Le daban un kilómetro metropolitano en un punto donde no había megaiglesias. Este hombre estaba en las páginas de los periódicos, en el New York Times, que hoy es un periódico bien liberal. La primera página tenía a Spurgeon, los lunes en la mañana, telegrafiados desde Inglaterra. Más de doscientos libros. El príncipe de los predicadores.

Yo sé que aquel hombre que predicó aquella vez regó la semilla, y no vio los frutos que él quería ver inmediatamente. O sea, usted está predicándole a su tío, a sus sobrinos, a sus familiares, a la gente del barrio, en su trabajo. Deje que Dios lleve las cuentas. Usted sea fiel. Eso es todo lo que se exige de nosotros.

Nosotros pensamos: "Ah, necesito darle un tratado de teología sistemática para que se convierta." No. Los apóstoles mismos eran hombres comunes, con una educación bastante limitada. Pero el poder no está en usted o en mí. No está en nuestra erudición, nuestra elocuencia, nuestro parecido. El poder está en Dios. Todo lo que se espera de nosotros es fidelidad.

Seremos fieles. Si usted tomara un niño que era común, los niños les daban los trabajos de los padres. José era carpintero, Jesús era carpintero. Si yo hubiese sido pescador, mi hijo iba a ser pescador. Yo plantaba la semilla, mi hijo me iba a venir detrás de mí. Y yo le aseguro que si un niño de siete u ocho años tomaba la semilla del saco del papá y la tiraba, pues la semilla iba a ser como si el padre lo hubiese hecho. Porque la semilla es dada por Dios, la semilla es dada en la naturaleza. La semilla es la palabra de Dios, y Dios libre a usted de tratar de crear la palabra de Dios o alterarla.

El corazón, obviamente, es el terreno, y solamente Dios puede preparar el corazón del perdido. No importa qué tan dotado usted sea en psicología, en persuasión: usted no va a cambiar el corazón de un individuo. Dios es el único que puede hacer esa transformación. Nuestra tarea es tirar la semilla al aire, regarla, y dejar que Dios sea quien produzca, que esa planta germine.

El problema es que nosotros no somos fieles en regar la semilla. Vamos a hablar, esto entre nosotros aquí, un secreto. Nos da un poco de vergüenza a veces. Tememos un poco el rechazo de las personas. Nos sentimos indignos y ponemos todo tipo de excusas: "Es que no puedo hacerlo, es que la gente no me va a escuchar, es que yo no sé mucho de Dios, yo no sé de la Biblia." Solamente se requiere que usted sea hallado fiel. Si usted predica, si usted comunica la verdad de Dios, deje que Dios sea quien multiplique y dé frutos.

Estamos llamados para buenas obras. "Porque por gracia sois salvos", lo sabemos de memoria, "por medio de la fe, y esto no es de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe." Porque quiero que ustedes memoricen también el versículo 10: "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."

Nosotros, yo sé que hemos escapado de un sistema ritualista donde la salvación era por obras, y quizás queremos de manera natural distanciarnos de eso. Pero la realidad es que las obras todavía deben ser parte de nuestras vidas y de nuestras iglesias, no para salvación esta vez, sino como un acto de obediencia. La Biblia nos dice que Dios notará coronas por nuestros actos. Hoy, en el estudio, nos da las buenas obras de antemano para que andemos en ellas. Y Pablo dice que seremos recompensados de acuerdo a estas acciones que hemos hecho. El Señor no nos va a recompensar por las cosas que no nos está dando oportunidad de hacer. Solamente la misericordia de un Dios que es infinitamente amoroso puede hacer algo como eso.

Integridad y Sabiduría es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos con integridad y sabiduría.

Predicador Invitado

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