IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cuando la cruz se acercaba y los discípulos veían desmoronarse todo lo que habían construido junto a Jesús, el Señor les dio una orden que parece cruel a simple vista: "No se turbe vuestro corazón". No les ofreció consejos para pensar en positivo ni minimizó su dolor. Les ordenó algo preciso: quitar los ojos del problema y ponerlos en Dios. El verbo que usa Juan describe un corazón agitándose como una licuadora, yendo de atrás hacia adelante, aterrorizado. Cristo no les dice que turbarse sea pecado —Él mismo dijo que su alma estaba turbada hasta la muerte— sino que no se dejen arrastrar por el terror. La diferencia está en dónde anclan la mirada.
La segunda medicina fue asegurarles su amor, aunque el texto no menciona la palabra. "En la casa de mi padre hay muchas moradas, voy a preparar lugar para vosotros." No habla de un hotel donde pernoctar temporalmente, sino de un hogar permanente. El Rey de reyes invita a discípulos débiles e indignos a vivir con Él. Y el cielo no es el cielo por el oro ni las perlas, sino porque allí la gloria de Dios y del Cordero lo iluminan todo; allí hay plenitud de gozo y delicias para siempre.
Finalmente, Cristo prometió volver por ellos. "Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho." Después de tres años supliendo cada necesidad y guardándolos de todo mal, su palabra era confiable. Esta promesa se cumplirá para cada creyente —en la venida de Cristo o en la muerte— cuando seamos llevados a estar cara a cara con Él, donde nuestros problemas finalmente acabarán.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Juan 14:1 al 6. ¿Cuál fue la receta —y aquí hay varios médicos en esta iglesia— cuál fue la receta del Señor Jesucristo para lidiar con el corazón perturbado de sus discípulos en un momento de crisis?
Dice Juan 14:1: "No se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay. Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho. Voy a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare el lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy y sabéis el camino." Le dijo Tomás: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo, pues, podemos saber el camino?" Jesús le dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí."
Hasta aquí llega la lectura de la Palabra de Dios, y pedimos la bendición del Espíritu sobre la exhortación que haremos de la Palabra de Dios. Este texto simplemente nos presenta la prescripción del Señor para lidiar con un corazón abatido. Y si lo examinamos, por lo menos de los versículos 1 al 3, vemos que su receta fue muy simple. Primero, el Señor les dijo a los discípulos que quitaran la vista del problema y la pusieran en Dios. En segundo lugar, el Señor Jesucristo les aseguró a esos discípulos su amor. Y en tercer lugar, les hizo una promesa muy alentadora.
Ahora, ¿cuál es el contexto de estas palabras? En este momento Juan nos está relatando en su Evangelio lo que está tomando lugar durante la última noche que el Señor estaba pasando con sus discípulos. Es lo que los estudiantes de las Escrituras llaman el discurso del aposento alto, y el apóstol Juan le dedica un 24% de su Evangelio a narrar lo que ocurre en ese aposento alto. Juan está simplemente mostrándonos —con el propósito que él tenía de mostrar que Jesús de Nazaret era Dios en la tierra— esa interacción que Él estaba teniendo con sus discípulos la última noche que Él pasaría antes de ir a la cruz.
Y si uno toma el contexto aun desde el capítulo 12, uno nota la tensión del relato, uno nota la dificultad que estaba ocurriendo y avalanzándose sobre la vida de los discípulos. En este contexto de Juan 14, el Señor ya les está hablando claramente de que Él iría a la cruz, de que Él sería entregado en manos de los gentiles, de que los discípulos se dispersarían y lo abandonarían. Y Él nota que hay en sus rostros tristeza y perturbación.
Es en ese contexto que el Señor, en primer lugar, les dice: quiten la vista del problema. Es lo que dice el versículo 1: "No se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mí." Antes de estas palabras había habido un diálogo muy tenso con Pedro. Pedro le dice al Señor que él no lo negaría, que él quería saber a dónde Cristo iba, y el Señor le dice: "Pedro, a donde yo voy tú no puedes venir ahora." Y Pedro, con mucho ánimo, le dice: "Señor, yo estoy dispuesto a ir contigo a la muerte." Y el Señor le dice: "Pedro, no van a pasar, no va a cantar el gallo dos veces sin que tú me niegues tres veces. Tú estás dispuesto a morir conmigo, hoy me vas a negar."
Esta tensión entre el Señor y Pedro —Cristo diciéndole a este discípulo tan valiente que caminó sobre las aguas, que siempre tomaba la iniciativa de hablar: "tú me vas a negar"— trae tensión y trae aún más peso sobre el corazón de los discípulos. Y el Señor les da un mandamiento que suena extraño a simple vista: "No se turbe vuestro corazón." La palabra literalmente es: no dejen que su corazón se agite. Yo no sé si hoy en día las licuadoras tienen ese botón que decía *stir*, y cuando uno le daba ese botón, ¡la, la, la, la! se hacía el batido y se movía la batidora. Exactamente ese es el verbo que aparece aquí: no dejen que su corazón se agite y se turbe y venga de atrás hacia adelante, perturbado, lleno de temor, aterrorizado.
Es curioso que el Señor les da una orden. Él no les dice: "Miren, yo les recomiendo que piensen en cosas positivas." No. Les da una orden: "No se turbe vuestro corazón." Y en esto el Señor está reconociendo dos cosas, por lo menos, basado en cómo Juan lo describe. Debemos recordar que la Biblia es inspirada por el Espíritu, y cada palabrita, cada acento, cada cosa que aparece en los textos originales, el Espíritu los puso ahí con un propósito. Este verbo aparece como un mandamiento y al mismo tiempo como un verbo en voz pasiva, y yo no quiero dar una clase de gramática, pero es importante explicarlo. El Señor está diciendo: "Yo no quiero que su corazón se deje turbar por las circunstancias externas."
Cristo reconocía que esto no era algo voluntario de los discípulos. Él sabía que había situaciones en ese momento, cosas que estaban pasando, que a ellos les estaba trayendo turbación, terror y agitación. Y en ese espíritu les dice: "No se turben, no se dejen turbar." Parecería cruel, ¿no es cierto? Si aquí se le ocurriera entrar a un funeral y decirle a la viuda, o al doliente sentado en la silla de adelante al lado del muerto: "No se turbe." No dice: "Te acompaño en los sentimientos, lo lamento mucho." Sería una barbaridad decir: "No se turbe."
El Señor no está diciendo una barbaridad. Él está haciendo algo que Él conocía perfectamente. Él no está diciendo que turbarse es pecado. De hecho, en Juan capítulo 12, el mismo verbo se usa aplicado al Señor cuando Él dijo: "Ahora está mi alma turbada hasta la muerte." Si turbarse fuera pecado cuando tenemos un problema, entonces habría una seria situación teológica con la Biblia, porque Cristo dijo: "Mi alma está turbada hasta la muerte. Pero ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? No, para esto he llegado a esta hora." Cuando el Señor vio la hora de la cruz, y la hora de Él, que no conoció pecado, dar su vida en rescate y en sustitución por el pecador, su alma, nunca habiendo estado en contacto con la ira de Dios ni con la maldición de Dios, vio la cruz delante, y Él dijo: "Mi alma está turbada." Pero eso no fue pecado del Señor.
Lo que Él quiere decirles a los discípulos es que hagan lo que Él hizo en ese momento: se dirigió a Dios y dijo: "Padre, para esto he llegado a esta hora." Y en ese contexto Él les dice a los discípulos: "Creed en Dios, creed también en mí." Lo que el Señor está haciendo es trayendo a la mente de los discípulos turbados quién estaba en control de la situación. 1 Corintios 10:13 nos recuerda que no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana, sino que fiel es Dios, que no os dejará ser tentados o probados más allá de lo que podéis soportar, sino que juntamente con la tentación dará la salida para que podáis resistir.
Y aquí está el Señor llamando a los discípulos, no a que no se turbaran, sino a que no se dejasen perturbar y aterrorizar, recordando que su mirada debía estar puesta en el lugar correcto: no en el problema de que Él iba a la cruz, sino en Dios y en Él mismo. El Señor Jesucristo les pidió: quiten los ojos del problema, pónganlos donde deben estar. Hermanos, cuando somos sorprendidos por las diversas pruebas que como fuego se avalanzan sobre nosotros, no pretendamos la piedad plástica y ficticia del que dice: "Oh, nada me perturba." Eso es falso. Somos pecadores de carne y hueso, salvos por la gracia de Cristo, pero aun creciendo en gracia y en ese crecer llenos de debilidad. No podemos pretender que no somos perturbados, no podemos pretender no tener sentimientos.
Lo que sí debemos hacer, dice Cristo, es lo que Él ordenó a los discípulos: creer en Dios, creer también en mí. Y Juan no pierde tiempo en su Evangelio en siempre apuntalar a sus lectores hacia el propósito con el cual él escribió su Evangelio. Cada evangelista tuvo un propósito. Me imagino que ustedes saben esto porque son una iglesia bien instruida. Mateo, presentar a Cristo como el Rey; Marcos, presentar a Cristo como el Siervo de Dios; Lucas, como el Hijo del Hombre; Juan, como Dios en la tierra. Y en ese momento, un judío le está pidiendo a otros judíos algo que era una barbaridad en sus mentes: creer en Dios y, en la misma medida con la que creéis en Dios, creer también en mí.
Juan está recordándoles a sus lectores que el que está hablando no es simplemente un maestro más, no es simplemente un profeta más; el que está hablando es Dios mismo. Y en ese momento, al pedirle a los discípulos que anclen su corazón, su mirada y sus pensamientos en Dios, Él mismo se está igualando a Dios, diciéndoles o recordándoles quién tiene el control absoluto de las circunstancias. La esencia de lo que Cristo les está pidiendo en el momento de la turbación es lo que Hebreos 11:1 nos recuerda como la definición de la fe: ¿Qué es la fe? La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Cuando el problema se avalancha sobre mí, yo solo veo el problema. Cristo me dice: no, tienes que mirar por encima del problema. Ponte los ojos de Superman, ponte mirada de rayos X, atraviesa el problema y considera con certeza quién es Dios y con convicción cosas que aún no puedes ver.
En segundo lugar, la segunda medicina que el Señor le prescribió a sus discípulos en medio de la turbación es que Él les asegura su amor. Pero acá alguno de ustedes me dirá, o el pastor les dirá: "Yo no veo que Cristo diga nada de amor, léanlo." En la casa de mi Padre muchas moradas hay. Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho. Voy a preparar lugar para vosotros. Vamos a tratar de cruzar un poquito más allá de lo que es obvio. La gente se pierde en ese texto y trata de ver un lugar. Cristo no está hablando ahí de un lugar, está hablando de una misión. ¿Qué quiere decir eso? En la casa de mi Padre hay moradas, y yo voy a preparar lugar para vosotros. ¿Qué es eso? Es el lenguaje de Lucas 18:10.
Cuando Zaqueo se convirtió, la gente se sorprendió de que un pecador publicano, cobrador de impuestos, corrupto, del partido corrupto, del gobierno corrupto, estuviera Cristo cenando con él. Él dijo: "Yo vine a buscar y a salvar lo que se había perdido." La misma expresión de Marcos 10:45: "El Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos."
¿Qué significa salvación? Lo que dice el versículo 2: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Yo voy a preparar un lugar para vosotros." Un lugar, y la palabra que usa Juan no es la palabra de un hotel, o la palabra de un hostal, o de un lugar en el que yo pernocto temporalmente, sino el lugar donde yo vivo. En la casa de mi Padre hay moradas, moradas para quedarse a vivir, y yo voy a preparar un lugar para ustedes.
Ahora, ¿para qué es que se prepara un lugar en la casa? En mi casa hay una habitación de uso múltiple. Es mi oficina, es la biblioteca, es el cuarto de planchar, es el cuarto de mis hijos para hacer desorden con sus juegos de Wii, Nintendo, Guitar Hero y todas esas cosas bulliciosas que hay por ahí, que a veces vuelven a uno loco. Pero esa es la habitación para eso, y también es el cuarto de huéspedes. Algunos de ustedes conocen ese cuarto de huéspedes, y es muy divertido prepararlo: sacar el sofacama o traer un colchón de un cuartico que tenemos en el patio y ordenarlo para la gente que viene. Pero nunca, nunca hemos preparado esa habitación para alguien que se va a quedar a vivir con nosotros.
No, eso es otra historia. Y cuando alguien dice: "¿Cuánto tiempo?" —"Dos semanas, bienvenido. Dos semanas." Pero si dice: "No, yo me voy a quedar ahí a vivir" —"No, pero eso no fue lo que hablamos."
Es fácil tener ministerios. Tenemos un ministerio en la iglesia con el Miami Rescue Mission. Ese es un lugar donde hay personas sin casa, personas que viven en la calle, y algunos van, ministran, los ayudan, les llevan comida, les llevan el Evangelio, les llevan música. Muy bonito, una noche al mes. Muy bonito. Pero nunca he visto que alguien de nuestra iglesia le diga a esas personas: "Fulano, venga para que se mude con nosotros." No, no, no. Nadie lo trae a vivir consigo.
Eso es exactamente lo que el Señor está haciendo aquí. El Rey de los siglos, el Rey de reyes y el Señor de señores, a minúsculos discípulos, débiles e indignos, les dice: "Yo voy a mi casa, a la casa de mi Padre, a preparar un lugar para ustedes." Y eso no es más que la muestra del amor sin fin que Juan 13:1 nos describe: que estando Jesús en el mundo, Él sabiendo que de Dios había salido y que a Dios iba, conociendo todo su poder y toda su majestad, amó a los suyos que estaban en el mundo hasta el fin, hasta el punto de morir por ellos en la cruz y de ir a preparar un lugar en la casa de su Padre.
¿Y qué enfatiza la Biblia sobre la casa de su Padre? Una vez más, a la gente le encanta especular con el cielo. "Oh, hay un océano de vidrio", porque así lo vio aquel. "Oh, hay unos ángeles que vuelan y hay humo", porque así lo dice Isaías. "Oh, hay unas paredes de perla y cimientos de piedras preciosas y una calle de oro que la atraviesa, y miden 2.160 kilómetros en cada arista de este cubo." No pierdan su tiempo; eso es lenguaje figurado. No pierdan su tiempo midiendo esas cosas.
El cielo no es el cielo por el oro, ni por las perlas, ni por las piedras preciosas. El cielo es el cielo porque en ese lugar no habrá sol ni luna, sino que la gloria de Dios y del Cordero lo ilumina. Por eso el Salmo 26:8 dice: "Oh Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar del tabernáculo de tu gloria." E Isaías 63:15 dice lo mismo: "Tu habitación es santa y gloriosa." Pero mi favorita es la del Salmo 16, donde el salmista dice: "En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias y placeres a tu diestra para siempre." Y ¿quién está a la diestra de la Majestad de las alturas? Cristo.
Me gusta decirles a los jóvenes siempre lo mismo cuando cito ese texto: el pecado es bueno. Y me dicen: "Pastor, usted siempre nos dice que el pecado es malo." No, no, es bueno. Si el pecado no fuera bueno, en este lugar donde hay muchas personas —y para mí es un milagro que en la noche, y me maravillo de la gracia de Dios en ustedes, que es un milagro que con ese tráfico ustedes estén aquí orando, dando gracias al Señor y oyendo a un extraño predicar de la Biblia— si el pecado no fuera bueno, el estadio Quisqueya, el Palacio de los Deportes y el estadio Olímpico juntos no contendrían la cantidad de personas que aquí hubiesen, en vez de estar en los colmados, en los bares y en las barras.
El pecado es muy bueno. Tiene un problema: es temporal, lleva a la muerte, y su final es ajenjo; es amargo y es destrucción.
Y lo que Dios ofrece, niños y jóvenes, no es un culto eterno. Conozco un predicador que decía: "Cuando me hablaban del cielo, yo decía: ¿por qué el cielo es un servicio de la iglesia por toda la eternidad? Yo prefiero no ir allá." No, no, no, eso no es lo que Dios les ofrece a niños y jóvenes. Dios les ofrece las delicias que hay a su diestra para siempre, y la plenitud, la plenitud de gozo que hay en su trono.
Y a eso, perdón, se refiere el Señor Jesucristo cuando les dice a esos discípulos turbados: "No se turbe vuestro corazón. En la casa de mi Padre hay muchas moradas, y voy a preparar lugar para vosotros." ¿Y cómo es la casa de tu Padre, oh Cristo? Él lo dice en Apocalipsis 21. Me encanta cómo aparece Apocalipsis 21; recientemente vi esto, donde dice el apóstol Juan escribiendo: "He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él habitará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos, y no habrá más muerte ni llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas pasaron."
Y miren el versículo 5: "Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y escribe, porque estas palabras son verdaderas." Me imagino que Juan se habrá sentido como: "¡Guau! ¡Escribe, escribe, que eso es verdadero!" La casa de mi Padre, muchas moradas. He ahí la mayor expresión de amor: van a vivir conmigo.
Y en tercer lugar, Cristo les prometió volver y estar con ellos para siempre. "Si me fuere a preparar lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis conmigo." Yo sé que suena simplista lo que voy a decir, pero lo voy a decir porque eso es lo que dice mi texto: tus problemas acabarán. Eso fue lo que Cristo les dijo a los discípulos: "No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. Si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy, también vosotros estéis."
Me encanta la certeza del Señor: "Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho." Cuando uno tiene 29 años profesando la fe, y eso es mucho más de la mitad de mi vida hasta ahora, uno ve muchas cosas. Ve grandes pilares de la fe caer. Ve mentores apostatar. Ve a quienes nos discipularon negar al Señor con su boca o con sus obras. También ve a buenos hermanos herirnos, a buenas personas hacernos daño, y a un hijo de Dios, por causa del pecado remanente, nuestro y el de ellos, cambiar y herirnos.
Cristo dice: "No hay problema, sus problemas acabarán, y si así no fuera, yo os lo hubiera dicho." Tres años y medio después de vivir con el Señor, de ser suplidos en todas sus necesidades por el Señor, de ser guardados de todo mal, Él les preguntó al final: "Cuando yo os envié, ¿os faltó algo?" Y ellos dijeron: "No, Señor, nada." "Si fuese así, yo os lo hubiera dicho, pero voy y prepararé lugar." Y noten la progresión: estamos incluidos en ese retorno. "Vendré otra vez y os tomaré conmigo, para que estéis cara a cara conmigo."
La expresión que usa Juan en el original es exactamente la misma expresión de Juan 1:1, cuando dice: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios." Esa expresión de que el Verbo estaba con Dios, cara a cara, perfecta comunión entre el Padre y el Hijo, todo el tiempo el Hijo y el Padre deleitándose en su presencia y comunión mutuas. Cristo usa la misma expresión, o Juan así lo escribe: "Os tomaré conmigo, para que estéis cara a cara conmigo, donde yo estoy." Y ese es el propósito de su venida.
Cristo vendrá, como dice 2 Tesalonicenses 1, a ser glorificado entre sus santos en aquel día y a ser admirado entre los que creyeron. Y esta promesa se va a cumplir para todos nosotros muy pronto. Y no estoy hablando de que el Señor viene pronto en el sentido de que sabemos cuándo; Pedro lo dijo así hace 2000 años, y algunos burladores ya se burlaban entonces, e imagínense ahora 2000 años después. Pero esta promesa va a ser real muy pronto para todos nosotros, porque ocurre en la venida de Cristo o en nuestra muerte.
El apóstol Pablo dijo en Filipenses 1:21 que para él vivir era Cristo y morir era ganancia, y que partir y estar con Cristo era muchísimo mejor. Él dijo: "Yo prefiero estar ausente del cuerpo y presente al Señor. Yo quiero mirar las cosas que no se ven, las cosas que no se ven que son eternas, y no las temporales que se ven. Yo quiero que se deshaga esta morada terrestre, este tabernáculo débil, este cuerpo que tenemos, y ser vestido del edificio celestial y eterno que tengo de Dios."
Y si ciertamente el ladrón en la cruz oyó estas palabras cuando creyó: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso", si eso fue verdad para el ladrón en la cruz, fue verdad para esos once hombres que escucharon esa palabra de Cristo. Pero no solamente para ellos: cuando oró en Juan 17 por sus discípulos, nos incluyó a nosotros, porque dijo: "Padre, yo no estoy orando solamente por ellos; yo estoy orando por ellos y por todos los que han de creer en mí por la palabra de ellos." Ahí estamos tú y yo, hermano.
Como conclusión, ¿qué doctrinas nos ilustra este texto? Bueno, este texto nos ilustra algunas doctrinas importantes de la Biblia. En primer lugar, este texto nos ilustra la naturaleza de la fe salvadora. "Creéis en Dios, creed también en mí." Una de las ventajas de venir a una iglesia que uno no conoce es que uno puede decir cualquier cosa. Y yo les aseguro que nadie me dio ninguna información previa; el pastor Miguel me agarró afuera y nada de eso. Pero es posible que en una multitud como esta haya alguien que se sienta muy feliz creyendo en Dios. Cuidado, que los demonios también creen y tiemblan. No es simplemente creer en Dios; todo el mundo cree en Dios. Es creer en Dios por medio de Cristo.
"Yo soy el camino, y la verdad, y la vida", dijo el Señor, "y nadie viene al Padre sino por mí. Si me amáis, guardad mis mandamientos. El que me ama es el que oye mi palabra y la guarda." Esas fueron las palabras de Cristo. Y este texto nos recuerda lo que es la fe salvadora: es creer en Dios por medio de Cristo. "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo." "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús."
En segundo lugar, este pasaje nos recuerda la doctrina de la reconciliación y de la adopción. ¿Cómo es posible que un Dios santo reciba a un pecador en sus moradas? No es tan fácil como muchos pensamos. El Dios de la Biblia es descrito en lenguaje figurado como que las nubes gotean frente a su presencia. ¿Qué pasa cuando alguien está muy asustado? Pierde el control. El Dios de la Biblia aterra a la creación. El Dios de la Biblia aterra a sus profetas. Cuando Isaías, después que murió el rey Uzías, siendo ya él profeta de Israel desde hacía muchos años, vio a Dios en su trono alto y excelso, dijo: "¡Ay de mí, que soy muerto!" ¿Cómo puede un pecador tener lugar en las moradas eternas del Altísimo?
Solamente cuando, por la fe en Cristo, es reconciliado. "Al que no conoció pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él." Y cuando por la fe es justificado, y más que eso, es adoptado. La Biblia nos recuerda que somos adoptados como hijos de Dios, somos hechos herederos de Dios, pero no herederos de segunda categoría: coherederos con Cristo.
Y en tercer lugar, este texto nos recuerda la última realidad escatológica. En mi escatología, en mi doctrina del futuro, en mi doctrina de la venida de Cristo, ¿qué es lo importante? Saber que Cristo viene por los suyos. Juzgará a los vivos y a los muertos. Los que no se hallaron en el libro de la vida, los que no hicieron lo bueno, los que no creyeron en su nombre, serán apartados de Él. Y los que son suyos, por siempre morarán con el Señor. Y ese texto nos recuerda esa realidad.
Y este texto nos recuerda también una práctica muy importante que debemos tener presente siempre, cada vez que respiramos. Cuando se habla de la respiración, no sé cuál es el misterio, pero se oye, le falta el aire y respira. Bueno, cada vez que tome una bocanada de aire, recuerde esto, querido hermano: debes valorar las cosas eternas por encima de las temporales. El apóstol Pablo dijo: "Yo miro a las cosas que no se ven, que son eternas, porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas en los cielos."
Este texto nos recuerda cómo vivir con una perspectiva eterna, recordando el propósito de la aflicción. ¿Por qué somos afligidos? ¿Por qué Dios no nos lleva desde el principio, y ya no pasamos trabajo, no sufrimos, no tenemos que llorar como lloró la hermana por sus aflicciones? Han visto cómo hacen esos huecos en la calle, esos túneles, las excavadoras, cómo rompen la tierra. Un principio muy simple, un principio de hidráulica: la presión hidráulica se distribuye igual en todos los puntos. Usted toma una bombita, empieza a empujar aceite, se toma el émbolo más grande en el mismo circuito, y puede hacer que una cosa de hierro haga un hoyo en la tierra y saque tierra. Una cosa increíble, esa magia.
Hay un principio hidráulico celestial. El apóstol Pablo dijo: "Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez mayor y más excelente peso de gloria, porque las aflicciones del tiempo presente, que son pequeñas, no son comparables al peso de gloria que nos ha de ser manifestado." Y Dios usa esas aflicciones para recordarnos: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho, pero vendré otra vez y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis."
Dios selle su Palabra en los corazones. Es un bello final.
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