IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Hay conocimientos que se tienen de oídas y conocimientos que se graban en el alma porque se han vivido. El año que termina fue, para muchos creyentes alrededor del mundo, un año de ese segundo tipo. La pandemia trajo consigo meses de confinamiento, incertidumbre, pérdidas y dolor, pero también algo inesperado: una oportunidad única para ver la mano de Dios obrando en las circunstancias más difíciles.
Es precisamente desde esa experiencia que nace el enfoque del próximo año: «Descansando en Su fidelidad». No como un eslogan vacío, sino como el testimonio natural de quienes aprendieron a caminar en la oscuridad y descubrieron que el terreno bajo sus pies era firme.
A finales del año anterior, el tema escogido para el año que acaba de concluir fue «Perseverancia». Nadie entonces imaginaba lo que estaba por venir. Lo que parecía una elección ordinaria resultó ser una preparación providencial. El Covid-19 llegó al mundo, y con él, todas las pruebas que ese tema implicaba: aislamiento, temor, pérdida de trabajo, duelo y una nueva cotidianidad marcada por mascarillas, gel antibacterial y distancia social.
En retrospectiva, resulta difícil no reconocer la mano de Dios en esa elección. No fue casualidad; fue dirección. Como comunidad de fe, habríamos sido ingratos si no reconociéramos que Dios protegió a muchos, mantuvo los casos al mínimo en distintos contextos, y dio a los pastores la sabiduría necesaria para guiar a sus congregaciones. Dios estuvo obrando, como siempre lo hace, en miles de cosas a la vez, muchas de ellas invisibles a nuestros ojos.
Uno de Sus propósitos más claros en esta temporada fue el derrumbe de ídolos. Las comodidades en las que tantas veces se había depositado la confianza fueron removidas, y con esa remoción, muchos creyentes se encontraron con que solo quedaba Él. Eso, lejos de ser una pérdida, resultó ser una ganancia extraordinaria. Las comunidades que sostuvieron sus grupos pequeños —incluso a través de plataformas digitales— salieron no solo en mayor número, sino con mayor profundidad espiritual.
Hay una diferencia entre conocer un atributo de Dios como verdad teológica y haberlo experimentado en carne propia. Job lo expresó con precisión insuperable: «De oídas había oído hablar de Ti, pero ahora mis ojos te ven» (Job 42:5). Esa frase resume lo que muchos creyentes vivieron durante este año: el paso de la doctrina aprendida a la fe probada.
Sabíamos que Dios es fiel. Lo habíamos leído, lo habíamos enseñado, lo habíamos cantado. Pero en medio de la incertidumbre del año que termina, lo comprobamos. Vimos cómo Él puede utilizar absolutamente todo para el bien de los que le aman (Rom. 8:28), incluso lo que parece más insignificante o más amenazante.
Nuestro deseo es que cada año nuestro conocimiento de Él crezca, para que la imagen que tenemos de Su tamaño crezca en nuestras mentes.
Ese crecimiento no habla de un Dios que cambia —Él es inmutable— sino de mentes finitas que, año tras año, se van acercando a una comprensión más amplia de quien Él es y de lo que es capaz de hacer. Nuestra finitud nunca alcanzará Su infinitud, pero puede seguir expandiéndose hasta el día en que le veamos cara a cara. Como dice la Escritura: «Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos tal como Él es» (1 Jn. 3:2).
Con esa base, el llamado hacia adelante es claro: que el conocimiento de Dios, el amor por Él y la obediencia a Él sigan creciendo, de modo que quienes viven en tinieblas puedan ver Su luz a través de los que creen.
El año que comienza no será sin desafíos. El «nuevo normal» probablemente se extenderá por más meses, y las incertidumbres no desaparecerán de un día para otro. Pero quienes han aprendido a descansar en la fidelidad de Dios no enfrentan el futuro con ingenuidad, sino con una confianza forjada en la experiencia. No como espectadores cómodos, sino como soldados en el ejército de Aquel que trae paz y sanidad a un mundo herido.
Quizás, como Ester en su momento, hemos sido llamados para una ocasión como esta.
Cathy Scheraldi de Núñez es doctora en medicina con especialidad en endocrinología. Es miembro, diaconisa y directora del ministerio de mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional. Además, conduce el programa Mujer para la gloria de Dios a través del canal de YouTube del Ministerio Integridad & Sabiduría. Está casada con el pastor Miguel Núñez.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit