IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La salvación es un regalo de Dios: un don de gracia por el cual no podemos ni debemos pagar. Somos salvos por el puro afecto de Su voluntad, quien nos escogió desde la eternidad pasada. A lo largo de las Escrituras, recibimos incontables exhortaciones que nos motivan a responder a tan maravilloso regalo con un corazón rendido a Sus pies, dispuesto a obedecer Sus mandatos e imitar a Aquel que vivió una vida perfecta para que hoy podamos ser considerados coherederos de Sus riquezas en gloria.
Cuando nos rendimos a Cristo y determinamos dejar atrás nuestra vida anterior para llevar una vida de piedad como «pequeños cristos» —que es, precisamente, el significado de la palabra cristiano—, obtenemos como herencia algo que no se puede destruir, contaminar ni marchitar. Esta respuesta de obediencia y rendición es el terreno fértil donde florece la santidad.
Aunque nuestro Dios es poderoso para cambiarnos en un abrir y cerrar de ojos, el proceso de transformación en nuestras vidas se desarrolla mediante la influencia del estudio y la meditación en las Escrituras, conociendo cada vez más profundamente a nuestro buen Padre. Este cambio paulatino en nuestra forma de pensar y actuar —de acuerdo con una cosmovisión renovada por Dios— es el proceso de santificación que nos conduce a la madurez espiritual.
Alcanzamos esa madurez cuando llegamos a comprender y poner en práctica los principios bíblicos revelados en las Escrituras. El apóstol Santiago nos exhorta con claridad: «Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos» (Stg. 1:22). Cuando somos espiritualmente maduros, manifestamos cualidades y comportamientos propios de Cristo: sabiduría, paciencia, compasión, humildad, generosidad y amor incondicional hacia los demás.
Todo esto responde al llamado del apóstol Pedro: «Como Aquel que los llamó es santo, sean también ustedes santos en toda su manera de vivir; porque escrito está: "Sean santos, porque Yo soy santo"» (1 Ped. 1:15-16). La santidad no es un ideal inalcanzable ni una carga opresiva; es la vocación del pueblo de Dios, sostenida por Su gracia.
Practicar las disciplinas espirituales nos ayuda a fortalecer nuestros músculos espirituales y avanzar en el camino de la santificación. Algunas prácticas concretas para cultivar este crecimiento son:
En este camino, sin embargo, es inevitable encontrar obstáculos: tentaciones, dudas, conflictos interpersonales, orgullo y preocupaciones mundanas son desafíos reales que pueden hacernos distraer y tropezar. Frente a ellos, es vital recordar que no estamos solos. Dios está siempre con nosotros, dispuesto a ayudarnos y guiarnos si confiamos en Él y perseveramos en nuestra búsqueda de la santidad.
El Dios que nos regala la salvación eterna a través de Su Hijo también nos suple de todo lo que necesitamos para nuestro proceso de transformación a la imagen de Cristo en este mundo.
El Dios que nos regala la salvación eterna a través de Su Hijo también nos suple de todo lo que necesitamos para nuestra transformación a la imagen de Cristo. Él nos da Su Espíritu, nos renueva las fuerzas y cada día nos ofrece una nueva oportunidad, otorgándonos Su maravillosa y sobreabundante gracia y misericordia. Él es nuestra fuente inagotable de sabiduría, amor, paciencia, bondad, compasión y pureza. Confiemos en Su fidelidad, seamos fuertes y valientes para asumir el reto de buscar la santidad, sin la cual nadie verá a Dios (Heb. 12:14).
Para continuar meditando en estas verdades, te invitamos a leer: Levítico 20:7-8, Efesios 4:15, Hebreos 5:14, 2 Pedro 3:18 y Colosenses 2:6-7.
Jenny Thompson de Logroño es esposa del pastor Reynaldo Logroño y madre de Celso, Sebastián y Reynaldo. Es licenciada en Administración de Empresas con amplia experiencia en el ámbito escolar. Miembro de la IBI desde 2007, es diaconisa, directora del Ministerio de Escuela Bíblica Dominical y parte del cuerpo de consejeros y del equipo de mujeres Ezer.
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