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Descubriendo mi identidad en Cristo: Maravillosamente creada por Dios
Descubriendo mi identidad en Cristo: Maravillosamente creada por Dios

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Mujer e identidad

Descubriendo mi identidad en Cristo: Maravillosamente creada por Dios

Jenny Thompson de Logroño 1 abril, 2025

¿Alguna vez te has sentido insuficiente? ¿Como si tu valor dependiera de lo que logras, de tu apariencia o de la opinión de los demás? En un mundo que constantemente nos empuja a definirnos por estándares humanos, es fácil perder de vista la verdad fundamental: nuestra identidad no está determinada por lo que hacemos ni por lo que otros dicen de nosotros, sino por lo que Dios ha declarado en Su Palabra.

Desde la creación, Dios diseñó al ser humano con un propósito especial. A lo largo de toda la Escritura, vemos que nuestra identidad no está sujeta a los cambios culturales ni a nuestras circunstancias. Solo la verdad establecida por Dios define quiénes somos y cuál es el propósito de nuestra existencia.

Creados por Dios: el fundamento de nuestro valor

El Salmo 139 nos recuerda con asombro lo que significa haber sido formados por las manos de Dios: «Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el vientre de mi madre. Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien» (Sal. 139:13-14). Somos un reflejo del diseño perfecto de nuestro Creador. No somos un accidente ni el resultado del azar, sino el producto del amor y la soberanía de Dios.

Sin embargo, a pesar de esta realidad gloriosa, con frecuencia vivimos creyendo mentiras sobre nuestro propio valor. Para comprender por qué ocurre esto, debemos ir al principio. En Génesis 3:1-6, el enemigo tienta a Eva sembrando la primera mentira sobre la identidad humana: «¿Conque Dios les ha dicho…?» (Gén. 3:1). Desde entonces, Satanás ha usado la misma estrategia para distorsionar nuestra percepción. Nos dice que nuestro valor está en nuestra apariencia, en nuestros logros o en la aprobación de otros. El pecado ha corrompido tanto nuestra mente como nuestra cultura, haciéndonos olvidar que somos valiosos por el simple hecho de haber sido creados por Dios.

Redimidos y adoptados: la identidad restaurada en Cristo

A pesar de nuestra caída, Dios no nos dejó sin esperanza. En Su plan perfecto, nos rescató, nos redimió y nos adoptó como hijos suyos. Efesios 1 lo declara con toda claridad: «Nos escogió en Él antes de la fundación del mundo… en amor habiéndonos predestinado para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo» (Ef. 1:4-5). Y el apóstol Pablo añade en su segunda carta a los corintios: «Por tanto, si alguien está en Cristo, es una nueva criatura; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas» (2 Cor. 5:17).

Esto significa que nuestra identidad ya no está basada en nuestro pasado ni en nuestras fallas. Somos nuevas criaturas, redimidos, amados y hechos coherederos con Cristo. Más aún, esta salvación es segura e irrevocable: «En Él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que es dado como garantía de nuestra herencia» (Ef. 1:13-14). El Espíritu de Dios mismo es la garantía de que pertenecemos a Él para siempre.

Nuestra identidad ya no está basada en nuestro pasado ni en nuestras fallas. Somos nuevas criaturas, redimidos, amados y hechos coherederos con Cristo.

Renovar la mente y reflejar Su gloria en lo cotidiano

Saber quiénes somos en Cristo tiene consecuencias directas sobre cómo vivimos. El mundo sigue promoviendo una identidad basada en lo temporal y lo efímero, pero Dios nos invita a una transformación desde adentro: «No se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Rom. 12:2). Esta renovación no es un esfuerzo puntual, sino una orientación constante de nuestra mente hacia la verdad de la Palabra.

Nuestra identidad en Cristo nos libera de la carga de la aprobación humana y nos da seguridad, amor y paz. Y ese regalo no es solo para nosotros: nos impulsa a responder en gratitud y a reflejar la imagen de Dios en nuestro entorno. Jesús mismo lo expresó así: «Así brille su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos» (Mat. 5:16). No necesitamos la validación del mundo; nuestra vida entera puede ser un reflejo de Cristo.

Completos en Él: vivir desde la verdad, no desde el miedo

Nuestra identidad no está en lo que hacemos, en lo que los demás piensan de nosotros ni en lo que la cultura dice que debemos ser. Fuimos creados con un propósito eterno, redimidos por Cristo y llamados a reflejar Su gloria. En un mundo que nos empuja a buscar valor en lo que cambia y desaparece, la Palabra de Dios nos ancla en una verdad que permanece: en Cristo estamos completos.

Vale la pena detenerse hoy y reflexionar: ¿cómo cambiaría nuestra perspectiva si creyéramos plenamente lo que Dios dice de nosotros? ¿Qué mentiras necesitamos confrontar con Su verdad? ¿De qué manera podría nuestra vida diaria reflejar con mayor claridad la identidad que Él nos ha dado? Toma un momento para escribir una oración de gratitud por quien eres en Cristo. Elige uno de los versículos de este artículo y memorízalo. La transformación comienza cuando la verdad de Dios pasa de la mente al corazón.

Jenny Thompson de Logroño

Jenny Thompson de Logroño

Jenny Thompson de Logroño es esposa del pastor Reynaldo Logroño y madre de Celso, Sebastián y Reynaldo. Es licenciada en Administración de Empresas con amplia experiencia en el ámbito escolar. Miembro de la IBI desde 2007, es diaconisa, directora del Ministerio de Escuela Bíblica Dominical y parte del cuerpo de consejeros y del equipo de mujeres Ezer.

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