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¿Cómo entender las señales de los tiempos?
¿Cómo entender las señales de los tiempos?

Foto de Charith Kodagoda en Pexels

Teología y doctrina

¿Cómo entender las señales de los tiempos?

Cathy Scheraldi de Núñez 30 enero, 2024

Hay preguntas que parecen teológicas pero son, en realidad, una cuestión de obediencia. Discernir los tiempos es una de ellas. No se trata de un ejercicio intelectual reservado para estudiosos ni de una habilidad mística accesible solo a unos pocos. Es una demanda del propio Jesús, dirigida no a los líderes religiosos de su época, sino a las multitudes. Y eso nos incluye a todos.

En Lucas 12:54-56, Cristo lo dijo con claridad: «Cuando veis una nube que se levanta en el poniente, al instante decís: "Viene un aguacero", y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, decís: "Va a hacer calor", y así pasa. ¡Hipócritas! Sabéis examinar el aspecto de la tierra y del cielo; entonces, ¿por qué no examináis este tiempo presente?» (Lc. 12:54-56). El Señor no está haciendo una sugerencia amable. Su reproche es directo: quien sabe leer las señales del cielo, pero ignora lo que Dios está haciendo en la historia, merece ser llamado hipócrita.

Una capacidad que se puede —y se debe— desarrollar

La buena noticia que surge del mismo pasaje es que esta capacidad puede desarrollarse. No es un talento con el que se nace ni un don exclusivo de algunos elegidos. Ahora bien, para lograrlo se requiere algo previo: una cosmovisión genuinamente bíblica y una vida donde Cristo ocupe el centro, no como una opción entre muchas, sino como quien tiene la última palabra en todo.

Aunque la Biblia no explica cada detalle de cada época, sí nos provee los elementos suficientes para discernir lo que Dios está haciendo. El Espíritu Santo, que habita en cada creyente, ha sido dado precisamente para guiarnos a la verdad. Como promete Juan 14:26: «el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho» (Jn. 14:26). Esta enseñanza no llega siempre de forma espectacular. Puede surgir en el estudio de las Escrituras, en el consejo de personas maduras en la fe, en la reflexión sobre las batallas pasadas —ganadas o perdidas—, o en la quietud donde la conciencia evalúa lo que está ocurriendo.

El discernimiento, en definitiva, es el fruto de una comunión íntima y sostenida con Dios. Es aprender a escuchar el susurro del Espíritu mientras se hacen las tareas cotidianas, mientras se evalúan los eventos del día, mientras se presta atención a lo que ocurre en el propio corazón. Dios no habla audiblemente, pero sí habla. El reto es aprender a distinguir Su voz de nuestros propios deseos.

Obediencia, práctica y guerra espiritual

Vivimos en medio de una guerra espiritual que comenzó en Génesis 3 y no concluirá hasta el regreso de Cristo. En ese conflicto, el enemigo no es visible, pero sus obras sí lo son. Por eso resulta indispensable estar en contacto permanente con el Capitán del ejército. Como recuerda Efesios 6:12: «nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales» (Ef. 6:12). Dios pelea por Su pueblo (1 S. 17:47), pero nosotros debemos mantenernos cerca de Él para tomar las decisiones correctas en cada batalla.

El discernimiento también crece con la obediencia. Al obedecer, Cristo revela Su voluntad y vamos aprendiendo a reconocer Su voz con mayor claridad. En la juventud solemos pensar que sabemos más que Dios, pero la obediencia repetida nos enseña cuán sabio es Él y va disminuyendo la confianza en nosotros mismos mientras aumenta la confianza en Él. Con el tiempo, las palabras de Isaías 55:8 dejan de ser un versículo memorizado para convertirse en una experiencia vivida: Sus caminos no son nuestros caminos, y eso no es una amenaza sino una certeza reconfortante.

Dios está orquestando todos los eventos de la historia hacia el día que Él ha determinado (Dn. 2:21). Nadie conoce la hora, solo el Padre. Sin embargo, como afirma el mismo Daniel: «Él es quien revela lo profundo y lo escondido» (Dn. 2:22). Eso significa que no estamos a oscuras. Dios no tiene dificultad para revelar Su voluntad, ni tampoco falta de voluntad para hacerlo.

Vayamos donde Él y pidámosle ayuda para conocer qué necesitamos cambiar para oír Su voz más claramente, y que Él nos dé el poder para seguirla.

El llamado: enfocar la vista solo en Él

Discernir los tiempos no es una tarea que se cumple de una vez. Es una disciplina continua, moldeada en la comunión diaria con Dios, en el estudio serio de Su Palabra y en la humildad de quien reconoce que no puede ver con claridad sin Su luz. La invitación es concreta: acudir al Señor, pedirle que revele qué necesita cambiar en nosotros para oír Su voz con mayor fidelidad, y confiar en que Él dará también el poder para obedecerla. Que en esta temporada nuestra vista esté enfocada únicamente en Él.

Cathy Scheraldi de Núñez

Cathy Scheraldi de Núñez

Cathy Scheraldi de Núñez es doctora en medicina con especialidad en endocrinología. Es miembro, diaconisa y directora del ministerio de mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional. Además, conduce el programa Mujer para la gloria de Dios a través del canal de YouTube del Ministerio Integridad & Sabiduría. Está casada con el pastor Miguel Núñez.

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