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¿Navidad sin Cristo?
¿Navidad sin Cristo?

Foto de Julia Volk en Pexels

Cultura, sociedad y ética

¿Navidad sin Cristo?

Cathy Scheraldi de Núñez 5 diciembre, 2023

Puede parecer una pregunta obvia, pero la realidad es que la mayoría de las personas que celebran la Navidad no conocen a Cristo. Para ellas, esta época es simplemente un tiempo para disfrutar, comer, beber, regalar y reunirse con familia y amigos, pero sin que Jesús tenga parte alguna en la fiesta. Basta con observar la publicidad en las calles durante diciembre: vallas que promucionan el consumo de alcohol con eslóganes como «doble sueldo, doble bebo» o el ingenioso —y revelador— «bebiembre». Eso es, en pocas palabras, el mundo sin Jesús.

La pregunta que vale la pena hacerse no es solo por qué el mundo celebra así, sino qué significa esa celebración vacía a la luz de lo que Dios ha hecho por la humanidad. Y, sobre todo, qué podemos hacer nosotros, quienes sí conocemos al protagonista de esta época, para compartirlo con quienes aún no lo conocen.

El vacío que el mundo intenta llenar

Para entender la Navidad sin Cristo, es necesario comprender por qué el ser humano vive en una búsqueda constante de satisfacción. Dios creó un mundo perfecto, donde los seres humanos fuimos formados para dominarlo y representarlo mientras manteníamos una relación viva con nuestro Creador (Gn. 1:27-28). Esa era la vida ideal. Sin embargo, con la desobediencia de nuestros primeros padres, todo comenzó a deteriorarse. El mundo dejó de ser un lugar seguro, proveedor y pleno para convertirse en un entorno peligroso y lleno de insatisfacciones, incluso en lo más elemental como obtener el sustento diario (Gn. 3). Más grave aún, nuestra manera de pensar quedó distorsionada, generando una incapacidad para comprender la realidad tal como es, a menos que el Espíritu Santo habite en nosotros (Ef. 4:18).

Sin embargo, el anhelo de confort, seguridad, satisfacción y felicidad no desapareció. Ese anhelo permanece grabado en el corazón humano porque fue puesto allí por Dios mismo, precisamente para que lo busquemos a Él. Y Él es el único que tiene la capacidad real de llenarlo.

Esta mente entenebrecida —oscurecida por el dios de este siglo (2 Co. 4:4)— produce lo que vemos cada diciembre: multitudes que saben perfectamente que están celebrando el nacimiento de Jesús, el Salvador del mundo, pero que no lo invitan a su propia fiesta porque no creen necesitarlo. Se divierten, olvidan momentáneamente sus problemas y su insatisfacción, y al día siguiente el vacío regresa. Entonces comienza de nuevo la búsqueda de algo que lo llene. Están buscando felicidad donde es imposible encontrarla, lo cual no hace más que aumentar su frustración. Lo que verdaderamente necesitan no lo quieren, porque sus mentes, entenebrecidas, les convencen de que traerá aburrimiento y restricción, no plenitud.

La realidad es que sin Cristo no hay satisfacción, protección ni propósito.

El verdadero significado del niño en el pesebre

Vale la pena detenerse a imaginar cómo sería el mundo si ese bebé en el pesebre nunca hubiera nacido, o peor aún, si no hubiera muerto en nuestro lugar. El propósito de la encarnación de Cristo no era simplemente nacer; era morir por nosotros: «Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Ro. 5:8). El Rey del universo dejó su trono para nacer como un bebé vulnerable, vivir en carne propia los peligros, las dificultades y las limitaciones de la condición humana, y demostrar así cómo se vive una vida que refleja plenamente al Padre.

Cristo mostró que es posible tener propósito genuino incluso en medio de las circunstancias más adversas, y lo sostuvo con fidelidad hasta el final. Su vida es la fuente de nuestro propósito; pero ese propósito es imposible de alcanzar sin conocerle y rendirle la propia vida.

Cristo es la razón de la época, y mientras lo compartimos con otros, Él nos llenará con la satisfacción que nuestros corazones anhelan.

Jesús estuvo dispuesto a sufrir una muerte horripilante para que pudiéramos pasar el resto de la eternidad con Él: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Jn. 3:16). Hizo lo indecible para que nuestras vidas tuvieran propósito. La pregunta que debemos hacernos, entonces, es honesta y directa: ¿estamos viviendo ese propósito?

Una Navidad que vale la pena compartir

La Navidad es una oportunidad única. En ninguna otra época del año el nombre de Jesús resuena con tanta naturalidad en conversaciones, canciones y decoraciones —aunque, con frecuencia, sin verdadero contenido. Precisamente por eso, es el momento ideal para que quienes conocemos al protagonista lo presentemos con claridad y amor a quienes celebran su fiesta sin haberlo invitado.

¿Qué podemos hacer durante esta época para compartir la verdad con quienes nos rodean? Podemos comenzar por orar: pidamos que nuestras palabras y nuestras acciones sean usadas por el Señor para abrir los ojos espirituales de quienes aún caminan en tinieblas. Y podemos vivir de tal manera que nuestra propia satisfacción en Cristo sea el testimonio más elocuente de que Él es real y que transforma vidas. Porque cuando vivimos en obediencia a Él y lo hacemos conocido a otros, Él mismo nos llena con la satisfacción que nuestros corazones anhelan (Jn. 14:21).

Que esta Navidad no sea solo una celebración más, sino una ocasión para presentar al único que puede completar la fiesta.

Cathy Scheraldi de Núñez

Cathy Scheraldi de Núñez

Cathy Scheraldi de Núñez es doctora en medicina con especialidad en endocrinología. Es miembro, diaconisa y directora del ministerio de mujeres Ezer en la Iglesia Bautista Internacional. Además, conduce el programa Mujer para la gloria de Dios a través del canal de YouTube del Ministerio Integridad & Sabiduría. Está casada con el pastor Miguel Núñez.

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