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La oración: El remedio bíblico para la preocupación
La oración: El remedio bíblico para la preocupación

Foto de Mizuno K en Pexels

Vida devocional

La oración: El remedio bíblico para la preocupación

Jenny Thompson de Logroño 29 noviembre, 2022

La pandemia del COVID-19 sacudió al mundo de maneras que todavía no terminamos de procesar. Más allá del impacto fisiológico, sus consecuencias emocionales y mentales se instalaron en millones de hogares: noches de insomnio, taquicardia, desesperanza, depresión. Día tras día, la preocupación fue ocupando el lugar que antes pertenecía a la tranquilidad, y muchas personas aún no han podido salir de ese pozo emocional.

Como cristianos, es necesario entender que Dios nos creó a Su imagen y semejanza, y que eso incluye la dimensión emocional. El mismo Dios revela en Su Palabra emociones como amor, gozo e ira. Sin embargo, hay emociones que, cuando no son examinadas a la luz de la Escritura, pueden asentarse sobre premisas erróneas o falsas creencias. La preocupación excesiva es una de ellas, y la Biblia tiene mucho que decir al respecto.

Qué es la preocupación y por qué importa definirla

La palabra preocupación proviene del latín praeoccupatio, que significa «ocupación anticipada». En esencia, preocuparse es adelantarse mentalmente a las consecuencias futuras de situaciones que pueden afectarnos a nosotros o a quienes amamos. No toda anticipación es dañina: planificar el presupuesto familiar o preparar las comidas de la semana son formas sanas y necesarias de prever el futuro. El problema surge cuando esa anticipación se vuelve compulsiva, cuando detrás de una supuesta «precaución» se esconde un deseo de controlar lo que solo Dios conoce.

Las Escrituras no tratan este tema de manera superficial. Hay numerosos pasajes que presentan la preocupación, la ansiedad y el afán como respuestas contrarias a la fe: expresiones concretas de incredulidad ante las promesas de un Dios que es fiel, bueno y soberano. Reconocer esto no es una invitación a la culpa, sino al arrepentimiento y a la búsqueda de un camino mejor.

Lo que Pablo ordena —y promete— en Filipenses 4

El pasaje central para este tema es Filipenses 4:6-7: «No se preocupen por nada, sino presenten sus peticiones a Dios en toda situación, mediante la oración y la súplica, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús» (Fil. 4:6-7).

El apóstol Pablo escribió estas palabras desde la prisión, no desde la comodidad. Su exhortación no es la de alguien que desconoce el sufrimiento, sino la de alguien que ha aprendido, en medio de él, dónde encontrar estabilidad. La orden es tajante: no se preocupen por nada. Pero Pablo no se detiene ahí. Inmediatamente ofrece la alternativa: oración, súplica y acción de gracias en todo momento y por todo asunto.

Esto nos lleva a una verdad fundamental: nunca seremos capaces de liberarnos de la preocupación con sola fuerza de voluntad ni con técnicas propias. La liberación viene por el camino de la dependencia. Orar es decirle al Señor que no somos autosuficientes, que necesitamos Su gracia y Su poder, y que confiamos en que Su respuesta será mejor que la que nosotros imaginaríamos.

Cuando presentamos nuestras peticiones, también debemos recordar lo que Santiago advierte: «Piden y no reciben, porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres» (Stg. 4:3). Por eso, la oración madura no insiste en su propia agenda, sino que adopta la postura de Cristo en Getsemaní: «pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya» (Lc. 22:42). Como señala el pastor Miguel Núñez, es a través de la oración que Dios nos hace entrar en Sus propósitos, alineando nuestros deseos con los Suyos y ayudándonos a comprender lo que Él está obrando en las situaciones que permite.

Mientras más conocemos el carácter de nuestro Padre, sabremos que Él es fiel, bueno y justo, y que Su voluntad es buena, aceptable y perfecta.

Dios conoce nuestras debilidades, entiende lo que nos angustia y sabe a qué le tememos. Lo que pide es sencillo y profundo a la vez: que vengamos a Él con un corazón agradecido que mira con fe hacia adelante. Porque cuando acudimos con confianza «al trono de la gracia» (Heb. 4:16), la promesa de Filipenses 4 se cumple: la paz de Dios —esa paz que ninguna mente humana puede fabricar ni explicar— guarda el corazón y la mente en Cristo Jesús.

La paz que guarda: una promesa para vivir hoy

La preocupación, en última instancia, es una batalla por la confianza. ¿Creeremos que Dios es quien dice ser? ¿Descansaremos en que Su voluntad es «buena, agradable y perfecta» (Rom. 12:2), aunque no comprendamos del todo lo que está haciendo? El llamado bíblico no es a la pasividad ni a negar la realidad del dolor, sino a traer esa realidad, completa y sin adornos, delante del Padre. Él nos invita: «Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá» (Mt. 7:7).

Jehová Shalom —el Dios que es nuestra paz— se hace presente por el poder de Su Espíritu que mora en cada creyente. La promesa no es que las circunstancias cambiarán de inmediato, sino que el corazón que ora con fe encontrará una paz que no depende de ellas. Esa es la invitación: no más control, no más ansiedad anticipada, sino oración constante, gratitud genuina y confianza plena en el Dios que ya conoce el final de la historia.

Jenny Thompson de Logroño

Jenny Thompson de Logroño

Jenny Thompson de Logroño es esposa del pastor Reynaldo Logroño y madre de Celso, Sebastián y Reynaldo. Es licenciada en Administración de Empresas con amplia experiencia en el ámbito escolar. Miembro de la IBI desde 2007, es diaconisa, directora del Ministerio de Escuela Bíblica Dominical y parte del cuerpo de consejeros y del equipo de mujeres Ezer.

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