Integridad y Sabiduria
¿Cómo tomar una buena decisión al elegir pareja?
¿Cómo tomar una buena decisión al elegir pareja?
Familia y relaciones

¿Cómo tomar una buena decisión al elegir pareja?

Cornelia Hernandez de Matos 25 octubre, 2019

Hay recetas que fallan no por ser complicadas, sino por elegir mal los ingredientes. Lo mismo ocurre con una de las decisiones más importantes de la vida: la elección de pareja. La tasa de divorcios sigue en aumento y la insatisfacción marital es alarmantemente frecuente, a pesar de que la mayoría de quienes se casan contaban con algún criterio previo para tomar esa decisión. La información no falta; lo que escasea es la sabiduría para aplicarla bien y en el momento oportuno.

Este artículo no pretende ofrecer una fórmula mágica, sino señalar algunos ingredientes esenciales —bíblicos y prácticos— que pueden ayudar a quien es soltero y creyente a discernir con mayor claridad. Porque elegir bien a una pareja es importante para el disfrute de una relación matrimonial sana, aunque no es el único elemento a considerar al momento de casarse.

Antes de mirar al otro: empieza por ti mismo

La primera pregunta no apunta hacia el pretendiente, sino hacia uno mismo. Santiago advierte que las pasiones internas son fuente de conflictos (Stg. 4:1–2), y Jeremías recuerda que el corazón humano es «más engañoso que todas las cosas… ¿quién lo conocerá?» (Jer. 17:9). Por eso, tomar una buena decisión al elegir pareja exige, antes que nada, una revisión profunda de las propias motivaciones.

Vale la pena detenerse y hacerse preguntas sinceras: ¿Por qué quiero casarme? ¿Para qué? ¿Estoy respondiendo a presiones sociales o familiares? ¿Cuál es mi actitud frente a este tema: desesperación, confianza, tranquilidad? ¿Es casarme mi mayor meta en la vida, o lo es agradar a Dios? Buscar pareja con motivaciones equivocadas no es solo un error estratégico; es, en última instancia, un asunto espiritual.

El segundo paso, igualmente previo a evaluar a cualquier candidato, es alinear la mente con la Palabra de Dios en cuanto al matrimonio. El matrimonio no gira en torno a las expectativas personales ni a la felicidad inmediata; es, en su esencia más profunda, una parábola de la unión entre Cristo y su iglesia. Es un asunto que trasciende el presente y en el que Dios tiene un interés directo. Estudiar la teología del matrimonio y orar para pensar sobre él como Dios lo hace es, por tanto, una preparación indispensable antes de dar cualquier paso hacia una relación.

Un tercer elemento frecuentemente subestimado es conocer el mundo masculino —o el femenino, según sea el caso— con mayor objetividad. Reconocer que hombres y mujeres piensan y sienten de manera distinta, por diseño de Dios, no es un obstáculo: es una ventaja. Quien comprende esas diferencias con madurez estará mejor equipado para evaluar a quien se acerque con intenciones serias.

Los ingredientes que debe reunir el pretendiente

Una vez examinado el propio corazón y clarificado el propósito del matrimonio, es posible evaluar al otro con mayor lucidez. Hay ciertos criterios que no son negociables.

El primero es que sea cristiano, y no de manera nominal. La Escritura es clara: «No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos» (2 Co. 6:14). Que un creyente considere unirse a quien no comparte su fe y su orientación vital más profunda es una contradicción que suele costar muy caro.

Pero ser cristiano no es suficiente por sí solo. La madurez espiritual es igualmente vital. Un hombre con buenas intenciones, pero sin carácter formado, no está necesariamente listo para afrontar los retos que trae consigo la vida matrimonial. La madurez espiritual no se declara; se observa: en cómo cumple sus compromisos laborales, económicos y ministeriales; en si es honesto y humilde o si tiende a culpar a otros de sus problemas; en si respeta los límites físicos del noviazgo o si centra la relación en la gratificación personal. El futuro esposo debe ser alguien que motive a crecer en santidad, no a satisfacer deseos egoístas.

Tu futuro esposo debe ser un hombre que te motive a crecer en santidad a Dios y no a satisfacer sus deseos egoístas.

La madurez emocional también merece atención. Muchos jóvenes solteros presentan una dependencia emocional marcada de su familia de origen que les impide desarrollar el potencial necesario para asumir el rol al que Dios los llama en el matrimonio. Honrar a los padres y saber establecer límites saludables al entrar en la vida adulta no son cosas contradictorias; ambas forman parte de la madurez. La independencia económica, por su parte, no exige riqueza, sino diligencia y disposición genuina para proveer y sostener el hogar que se quiere formar.

Finalmente, dos ingredientes que con frecuencia se subestiman: el consejo y el tiempo. «En la abundancia de consejeros está la victoria» y «no te apoyes en tu propio entendimiento» (Pr. 24:6; 3:5). Las personas que conocen y aman a quien está considerando casarse tienen algo invaluable: objetividad. No están enamoradas; ven la relación con mayor claridad. Escuchar a la familia, a líderes espirituales, a amigos de confianza no es señal de inseguridad; es sabiduría. Y el tiempo, lejos de ser un obstáculo, es el escenario donde el carácter verdadero de una persona se revela. No hay razones para casarse de prisa. Es una decisión para toda la vida.

La diferencia entre saber y aplicar

Probablemente la mayoría de estos criterios no son nuevos para quien los lee. El problema rara vez es la falta de información; es la dificultad de aplicarla con integridad y en el momento adecuado. Conocer los ingredientes correctos y aun así elegir mal es posible, y ocurre con frecuencia. Por eso, más que acumular consejos, lo que se necesita es una disposición honesta del corazón, una mente formada por la Escritura y la humildad de caminar este proceso en comunidad, bajo la guía del Señor. Que Él dirija cada paso y que el resultado, cualquiera que sea, refleje su gloria.

Cornelia Hernandez de Matos

Cornelia Hernandez de Matos

Cornelia Hernández de Matos está casada con Ezequiel Matos. Es médico y terapeuta familiar, sexual y de parejas, y sirve como consejera bíblica en la Iglesia Bautista Internacional y en la Iglesia Piedra Angular en Santo Domingo, República Dominicana. Es autora del libro Puro sexo puro: Un regalo de Dios para toda mujer que anhela un matrimonio pleno. Cornelia es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y disfruta escuchar a otras mujeres y contemplar la obra de Dios en ellas “en primera fila”. Es co-host del podcast Para ser sinceras, donde enseña sobre feminidad bíblica. Puedes encontrarla en Instagram.

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