La vida cristiana enfrenta una amenaza constante: el desánimo. Las circunstancias adversas, los obstáculos que parecen multiplicarse y el bien que hacemos sin ver frutos pueden drenar nuestro entusiasmo para servir. Pero hay una diferencia crucial entre ser optimista y tener esperanza. El optimismo es psicológico, una manera de pensar positivamente; la esperanza es teológica, está anclada en quién es Dios, qué ha hecho y qué ha prometido. La calidad de nuestra esperanza depende directamente de lo que creemos de Él.
En la iglesia de Corinto algunos enseñaban que no había resurrección, y Pablo dedicó un capítulo entero a corregir ese error porque sabía que las creencias defectuosas producen vidas sin fundamento. Si Cristo no resucitó, nada tiene sentido. Pero Cristo venció la muerte, y esa verdad transforma todo. Por eso el apóstol concluye con un llamado urgente: estar firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor. La seguridad de la salvación no es para tomar vacaciones espirituales, sino para vivir con santa audacia. Como escribió el misionero Jim Elliot antes de morir asesinado por los indios aucas en Ecuador: "No es necio el que da lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder."
El texto cierra con una promesa que sostiene todo esfuerzo: nuestro trabajo en el Señor no es en vano. Aunque nadie lo note, aunque el fruto tarde, aunque el camino duela, Dios ve y recompensará. Esa certeza nos permite perdonar cuando el otro no lo merece, perseverar cuando las fuerzas faltan y arriesgar cuando el mundo llama locura a la fe.
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¡Vivimos, hermanos, para mi vida en su satisfacción Palabra! Sean todos bienvenidos. Si son tan amables, vamos a la primera carta del apóstol Pablo a los corintios, capítulo número 15. Hemos titulado la exposición de esta mañana "Afirmando nuestra confianza y esperanza en Dios". Primera carta del apóstol Pablo a la iglesia en Corinto, capítulo 15, verso 58: "Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano."
Yo quiero introducir de esta manera: uno de los mayores retos que todos nosotros enfrentamos es mantener el ánimo, mantener el entusiasmo en hacer el bien con todas las circunstancias opuestas que hay alrededor. En realidad nos desanima mucho cuando no vemos avances en nuestras metas. Nos desanima mucho el bien que queremos hacer y sin embargo no es entendido. Nos desanima mucho cuando sentimos que hay más obstáculos en el camino que facilidades. Y si eso es una realidad que se aplica a este mundo material de cosas temporales, es mucho más complicado cuando hablamos de la vida espiritual. Dios nos llama a vivir por fe, no por vista. Dios nos llama a buscar las cosas que no son temporales ni materiales, sino las cosas eternas.
Muchas veces yo estoy en consejería, por ejemplo, hablando con una pareja, con un individuo, y uno le dice algo como que pida el perdón, que tiene que ir a buscar la reconciliación. Y la persona, eso es muy común, la persona dice: "¡Ay, pastor! Pero eso es muy difícil." Yo le digo: "No, no, espera, déjame explicarte. Tú no estás entendiendo. Eso no es difícil ni complicado, eso es imposible." Lo que Dios nos manda a hacer, la mayoría de las veces, es imposible; solo Dios puede hacerlo.
Dios nos manda a vivir por fe. La Palabra dice: "Porque sin fe es imposible agradar a Dios." No es complicado ni difícil, es imposible agradar a Dios. La fe es lo que nos ayudará a confiar aunque las circunstancias alrededor no sean tan prometedoras. La fe es lo que nos ayudará a esperar, aunque el camino parezca interminable.
El apóstol Pablo, escribiendo a otra iglesia, en Gálatas, dice esta realidad de manera muy especial. Dice Gálatas 6:9: "Y no nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo, si no nos cansamos, entonces segaremos, entonces cosecharemos." Esa es la idea. Hay un cansancio natural que amenaza continuamente con nuestro deseo de servir, con nuestro deseo de hacer el bien. Y es la fe la que nos ayudará a tener una real esperanza, una real esperanza. La clave para una vida agradable a Dios es vivir sostenidos en una real esperanza, y eso está íntimamente relacionado a lo que nosotros creemos de Dios.
Una esperanza real está directamente conectada a eso que creemos de Dios. Por ejemplo, bien, hoy día todo el mundo tiene algunas preocupaciones. La gente en la calle dice que las cosas van muy mal, parece ir de lo malo a lo peor, y algunos se cuestionan: ¿habrá esperanza en esta vida? La esperanza es algo esencial, pero escucha esto: tú y yo necesitamos una esperanza genuina. Yo no estoy hablando de ser optimistas, yo estoy hablando de tener esperanza. Optimismo es algo psicológico, se basa en una manera de pensar. Esperanza es algo teológico, se basa en quién es Dios, qué Dios ha hecho, qué Dios me promete. Son dos cosas diferentes. Optimismo es pensar positivamente; esperanza es confiar en Dios apasionadamente. Son dos cosas muy diferentes.
Déjame repetir otra vez: la calidad de nuestra esperanza está íntimamente relacionada a lo que creemos de Dios, qué es lo que Dios ha hecho, qué es lo que Dios ha prometido. Lo que creemos acerca de Dios es importante. Yo quisiera tomar el texto de Primera de Corintios hoy para ilustrar esa verdad.
Déjame contextualizar lo que vamos a ver. La iglesia aquí en Corinto era una iglesia cargada de problemas. Había divisiones, el pecado estaba siendo tolerado como predicó el pastor Chacho el domingo pasado, abundaba la falsa doctrina, algunas prácticas extrañas y carnales se habían introducido a la adoración, y Pablo escribió esta carta con el propósito de poner en orden la vida de esta iglesia. Yo quisiera señalar un aspecto específico que el apóstol intentó corregir del lado teológico. Había un problema teológico en la iglesia, errores doctrinales estaban siendo insertados en la iglesia y el apóstol enfrentó eso. Específicamente, esta iglesia estaba confrontando una idea de que algunos decían que no había resurrección. Eso estaba moviéndose en la iglesia y el apóstol Pablo escribió para corregir esa herejía.
¿Cómo lo sabemos? Miren aquí mismo en Primera de Corintios, capítulo 15, versículo 12. Dice: "Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de los muertos?" No hay duda de que era un problema serio. El apóstol Pablo sabía que lo que ellos creían de Dios iba a afectar su esperanza en la vida, por tanto es muy serio. Algunos decían que después que usted se muere aquí se acabó todo, la vida solo es aquí, no hay resurrección. Y Pablo, para corregir ese error, tomó todo un capítulo de esta carta para hablar de eso: el capítulo 15. Él expuso la doctrina bíblica de la resurrección y así, de esta manera, él colocó una base, un fundamento para nuestra esperanza como creyentes.
En otras palabras, si no creemos que Jesús ha resucitado, si no creemos que un día todos los creyentes también resucitarán con Él, entonces nada de lo que hacemos aquí tiene sentido, y Pablo quería que ese error fuera corregido. Esto es así, que posiblemente no hay otra porción en la Biblia donde se desarrolla el tema de manera más profunda que en este capítulo 15. Es un capítulo especial que trata la realidad de la resurrección de Jesús y de los creyentes.
Ahora la pregunta es esta: cuando el apóstol Pablo expuso esta doctrina, corrigió el error de lo que creían, ¿cómo eso afectó su manera de vivir? ¿Cómo la doctrina correcta, lo que Dios es y ha prometido, debe afectar la manera de vivir? Bueno, aquí estamos en el versículo 58. El texto que yo quisiera que estudiemos esta mañana es justamente la conclusión de lo que dijo Pablo luego de convencer a la iglesia acerca de la realidad de la resurrección. Este versículo se enfoca en la esperanza que nosotros tenemos como hijos de Dios y lo que esa esperanza debe producir hoy en nuestras vidas. Es una esperanza que está basada en lo que Dios ya ha hecho en Jesús y lo que promete hacer a través de Él. El versículo contiene un poderoso estímulo para que hoy podamos vivir en esperanza.
Yo lo voy a leer otra vez. Este es el texto con el cual el apóstol cierra el tema de la corrección. Dice: "Por tanto" —conectando con todo lo que he dicho— "por tanto, mis amados hermanos, estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano."
Lo que yo quisiera esta mañana es tomar este texto para mostrar que, como hijos de Dios, sí tenemos esperanza para caminar en esta vida con gozo, confiando en nuestro Dios. Hay tres cosas que yo me propongo aquí estudiar considerando el texto. Primero, ¿a quién va dirigida esa esperanza? ¿Cuál es el pueblo de esta esperanza? Dice: "Por tanto, hermanos míos amados, amados hermanos." Hay un grupo específico. Lo segundo es el poder de esa esperanza: ¿qué se supone que esa gente hace como efecto de tener eso? Dice: "Estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor." Y finalmente, ¿cuál es la promesa? ¿Cuál es el fundamento de esta esperanza? "Sabiendo esto: que vuestro trabajo en el Señor no es en vano." Así que, para facilitar la memorización y el recordatorio, cada punto de mi sermón empieza con una P: el pueblo de la esperanza, segundo, el poder de la esperanza, tercero, la promesa de esta esperanza.
¿A quién va dirigida la esperanza? ¿Quién es el pueblo? El apóstol dice: "Por tanto, mis amados hermanos, mis amados hermanos." El texto no dice "pueblo dominicano", no dice "señoras y señores", dice "amados hermanos". En primer lugar, vemos que ellos son familia, son hermanos. Él se refiere aquí a todos los hijos de Dios, a todos los creyentes. No solamente los creyentes de esta iglesia en Corinto, sino a los creyentes de todas las edades. Él está hablando de ti y de mí. Está en la frase favorita de nuestro amado pastor Zoilo cuando entra los domingos aquí: "¡Familia!" Eso es bíblico. Somos hermanos. Los que hemos nacido otra vez somos hermanos de una misma familia, de la familia de Dios. Y ese es el pueblo al cual va dirigida esta esperanza.
¿Cómo se llega a ser parte de ese pueblo? ¿Quién es que viene a eso? ¿Mi apellido? ¿Mi estatus social? ¿De dónde nací? ¿Cuál es mi educación? No, es por la obra de gracia de Jesús. Miren aquí el versículo 1 y el versículo 10. Dice: "Ahora os hago saber, hermanos" —Primera de Corintios 15, versículo 1— "ahora os hago saber, hermanos." Ahí está la palabra. ¿Qué os hace saber? El Evangelio. "El Evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual estáis firmes." Dice el apóstol Pablo: "Tú recibiste esto, el Evangelio, las buenas nuevas de salvación: que en Jesús hay perdón para tus pecados, que hay esperanza en Cristo, que no importa la vida que hayas llevado, hoy tú puedes reconocerle no solo como tu Salvador, sino como Señor." Y Dios te recibe en Él, Dios te recibe como un hijo, te hace parte de esa familia.
Dice el versículo 10: "Pero por la gracia de Dios yo soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana, antes bien yo he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí." Esta familia no es gente que nunca ha roto un plato. Estos son gente que han sido salvos. ¿Salvos de qué? De la condenación del pecado, de la depravación del pecado, de la muerte del pecado, a través de la gracia poderosa de Dios.
Pero hay algo más aquí en este pueblo. Dice "amados", y no debemos saltar esa palabra porque es importante: "amados hermanos". Los creyentes han experimentado el amor de Dios y ellos proyectan eso hacia otros. Ellos han experimentado lo que es ser perdonados, amados por Dios, y ellos a su vez reflejan eso a los demás. Esa es una familia que lo que los une es el amor. Dice Colosenses 3:14: "Y sobre todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad." Dice "amados". Ese es un amor que resulta de una experiencia de conocer y ser conocido. Dios nos ama porque Dios nos conoce. ¿Qué tanto amamos a Dios? ¿Qué tanto le conocemos? Hay una realidad donde el amor va íntimamente relacionado a lo que conoces.
Déjame ilustrar esto. Usted ha oído por ahí muchísimas veces, o quizás ha sido usted parte de eso, que hay gente que dice: "La promoción del colegio nos vamos a reunir veinte años después." Ya todos están casados, tienen hijos, esa reunión. Imagínese que una de esas personas llega y diga: "Yo quiero dar un testimonio. Yo me casé con la mujer de mi vida. Es una mujer especial, es una mujer única." Y yo me imagino que alguien en el grupo le diga: "Pero ahora no se diga ya, vamos a ver. Tú dices a la novia, ¿cómo es? No, no, háblanos de esa mujer que es tan especial." "Bueno, es el amor de mi vida." "Sí, sí, pero ya eso todo lo dijiste. A ver, ¿qué le gusta a ella? ¿Cuál es su color favorito? ¿Cuáles son sus deseos? ¿Cuáles son sus aspiraciones?" "No, no, no, no me están entendiendo, es que es la mujer de mi vida." "Sí, pero hermanito, ya lo sabemos. Explícanos qué tanto tú conoces al amor de tu vida." Ese es el problema de algunos esposos aquí. ¿Qué usted diría de ese amor?
Hay gente que dice: "No, no, no, a mí no me gusta leer mucho de teología. Lo mío es amor, amor, amor, paz, amor. Dios es amor." Sí, pero yo bien, si tú lo dices, ¿qué es? Sí, pero yo bien, si tú no conoces a ese Dios, tú no vas a poder amarlo como Él demanda. Nosotros amamos a Dios y nos gusta estudiar Su Palabra por eso, porque Dios se revela en Su Palabra. ¿Qué tanto tú te sientes amado por Dios y lo amas a Él? Es en esos términos que todos necesitamos conocer a Jesús para poder ser parte de esta bendición.
Este es un pueblo que está destinado para la gloria. Cuando el apóstol Pablo termina su exposición, dice: "Por tanto, amados hermanos." Hay algo especial para nosotros como familia. Déjenme leerle rápidamente aquí en Primera de Corintios, capítulo 15, lo que el apóstol Pablo habla sobre eso.
Dice el versículo 50: "Y esto digo, hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible. He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles."
Y nosotros seremos transformados, porque es necesario, dice el apóstol, que esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad. Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la victoria. La palabra que está escrita dice: "Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu aguijón?" El aguijón de la muerte es el pecado y el poder del pecado es la ley. Pero a Dios gracias, dice el apóstol, gracias que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Solo una gente así tiene esperanza. ¿Sabes cuál es la principal amenaza para todo ser humano en esta vida? La muerte. Y Cristo venció la muerte. Por tanto, hay esperanza.
Entonces, en primer lugar, ¿a quién va dirigida esta esperanza? A aquellos que han nacido otra vez, aquellos a quien el apóstol llama amados hermanos. En segundo lugar, el poder de esta esperanza: ¿qué efecto trae eso en la vida de los hombres? Dice el texto: estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor. Dice "por tanto", y eso conecta todo lo que el apóstol ha venido hablando con nuestro texto. Él nos dice que esa esperanza de que en Jesús resucitaremos junto con él, eso debe ser un poderoso estímulo para la acción. La seguridad de nuestra salvación no es para que tomemos vacaciones, no es para que nos sentemos en una silla pasivamente en una iglesia. Eso debe motivar poderosamente la manera como respondemos a Dios.
¿Ustedes ven la conexión? Lo que nosotros creemos afecta lo que nosotros hacemos. ¿Qué es lo que creemos de Dios? ¿Qué es lo que creemos que él ha prometido? ¿Cómo eso hoy está transformando nuestras vidas?
El texto habla en primer lugar que es una esperanza que trae estabilidad en la vida. Dice estad firmes. Firmes, que no te tienes que tambalear, firmemente ubicado, estar asentados. Esto habla de convicción. Hay una verdad que Dios ha revelado en Jesús y esa verdad sostiene mi vida. Es como una roca, como cantábamos, sobre la cual yo construyo mi vida. Esa esperanza me da estabilidad. Yo no tengo que estar cambiando de moda cada semana en lo que creo. Es una verdad que no cambia.
Pero dice: y constantes. Hay gente firme pero no es constante, y hay gente constante pero no firme. Son las dos cosas: firme y constante. No te muevas de un lugar a otro, firmemente persistente. La vida cristiana es una carrera de distancia, no de velocidad. Nuestro hijo, que está aquí hoy con nosotros, era un atleta, es un atleta, y corría en estas cosas de campo y pista. Y había un equipo que tenía diferentes corredores. No era de velocidad rápida, cien metros, que no se le veían las piernas corriendo de tan rápido. Pero había otros que eran maratones casi, larga distancia, veinticinco vueltas a un estadio de un tamaño respetado. Muchas veces lo que pasaba era: cuando sonaba el disparo, había uno que salía, como diremos en Santiago, como un cohete, dejaba todo el grupo atrás. Pero cuando iba uno por la vuelta nueve, se le gastaba la gasolina. Y adivinen en qué lugar terminaba. Usualmente ni terminaba, no llegaba la vuelta. Los que ganaban eran estos: ellos los entrenaban un año completo para ir a la misma velocidad, los mismos pasos. No podían ir tan rápido que se les gastara la gasolina, no podían ir tan despacio que se quedaran atrás. Era una disciplina de ir al paso que debían, sin importar cómo iba lo de atrás. Nuestro reto no es ir rápido, hermanos. Nuestro reto es ir bien, confiando en nuestro Dios, confiando en sus promesas.
Veamos algo más que el texto dice: estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor. La palabra en el griego puede traducirse creciendo en la obra del Señor, derramándose, excediendo, una dedicación. Hermanos, nuestro problema, ¿saben qué? ¿Saben por qué nosotros no impactamos más el mundo allá afuera? Porque somos demasiado normales. El mundo está esperando gente más loca por Jesús. El mundo está esperando gente más atrevida por Jesús. Si es verdad que tenemos esperanza de vida eterna, entonces ¿cuál es el miedo aquí? ¿Qué es lo que vamos a perder? ¿Qué tú has hecho por la causa de Cristo basado en la esperanza que él te da?
Hay una historia muy famosa de misiones. Un misionero llamado Jim Elliot. El 8 de enero de 1956, este misionero Jim Elliot, junto a otros cuatro compañeros, fueron asesinados por los indios aucas del Ecuador. Ellos fueron a predicar a una tribu que se consideraba salvaje, no educada. De hecho, ellos estaban tan seguros del riesgo tan alto de que podían perder sus vidas en esto, que en el mismo bote donde ellos se fueron llevaron sus ataúdes vacíos, por si acaso. Y efectivamente murieron predicando a Jesús. Y la gente entonces, cuando vio eso, algunos dijeron: son unos necios, eso es necedad, ellos sabían que iban a morir, ¿por qué se arriesgaron a predicar? Y su esposa Elisabeth Elliot, también una misionera muy famosa, ella buscó en el diario de él y encontró estas palabras, luego ya lo publicó, en respuesta a esa inquietud de gente que decía que eran unos necios. Y él había escrito en su diario estas palabras: "No es un necio aquel que da lo que no puede retener para ganar lo que no se puede perder."
Dice el texto: nosotros debemos abundar siempre en la obra del Señor. Tenemos esperanza, podemos tomar riesgos. Todo lo que tenemos, nuestro tiempo, nuestro talento, nuestros recursos, deben ser invertidos y empleados para la extensión del reino.
¿Y cuál es esa obra del Señor? Santiago 2:14 dice: "¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo? Y si un hermano o una hermana no tiene ropa y carece del sustento diario, y uno de vosotros les dice: id en paz, calentaos y saciaos, pero no le dais lo que es necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, por sí misma, si no tiene obras, es una fe muerta."
Nosotros somos desafiados como creyentes a una vida de fe. Dice Hechos 1:8: "Pero recibiréis poder por el Espíritu Santo cuando venga sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, Samaria, y hasta los confines de la tierra." Dios espera que testifiquemos acerca de él. Y muchas veces eso no será fácil. Efesios 5:8 dice: "Porque antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz." En nuestro país, que se va la luz, aunque están mejorando, cuando los niños están jugando de noche en la calle y no hay luz y viene un carro por la esquina, todo el mundo dice: ahí viene un carro. Nadie tiene dudas de que viene un carro por los focos que tiene. Así debería ser un cristiano en este mundo, en su trabajo, en su contexto. Todo el mundo tiene que ver: esa persona es diferente, habla diferente, piensa diferente, tiene aspiraciones diferentes.
Dice Gálatas 6:1-2: "Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros y cumplid así la ley de Cristo."
Dice el apóstol: tú tienes esperanza de vida eterna, entonces está firme, constante, abundando. Abundando, creciendo, que cada vez más se vea el efecto de tu vida. Dice Mateo, el Señor Jesucristo: "Vosotros sois luz del mundo." Luz del mundo. Dios nos salvó para que hoy, por causa de la esperanza, vivamos para él. Vivamos para él.
Entonces, en primer lugar, ¿quién es el pueblo de esta esperanza? Amados hermanos, aquellos que han sido salvos por la sangre de Jesús. ¿Cuál es el poder de esta esperanza? ¿Cuál es el efecto que causa? Gente firme, constante, abundando en la obra del Señor.
Y finalmente, la promesa de esta esperanza. ¿Cuál es el fundamento de esto? Dice el verso 58: "Sabiendo esto, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano." No es en vano. Jesús resucitó. No solamente murió, él resucitó. Hoy él está a la diestra del Padre, intercede por nosotros, y un día todos nosotros estaremos con él. Esa es la gran esperanza. Y dice el texto: debes saber esto, vuestro trabajo en el Señor no es en vano. No es en vano. Hay sacrificios, hay luchas, hay pruebas, y muchas veces nosotros sentimos que pasa desapercibido, que no recibe ninguna recompensa. Nosotros debemos estar enfocados y viendo a Dios, porque nuestro trabajo no es en vano. Dice Proverbios 15:3: "En todo lugar están los ojos del Señor, observando a los malos y a los buenos." Dios lo sabe todo, y un día todo será recompensado.
Dice Apocalipsis 22:12: "He aquí yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo", dice Jesús, "para recompensar a cada uno según su obra." Sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. Aunque el camino parezca duro, aunque las cargas parezcan insoportables, aunque el trabajo es tan grande que podamos ver que ni siquiera hay fruto, dice: vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
Ahora, yo llamo la atención que dice "vuestro trabajo", no dice "vuestras vacaciones en el Señor", sino "vuestro trabajo". Y la palabra en el original revela una intensa labor unida a problemas, unida a dificultades. Es un trabajo que tiene como efecto dolor, también angustia, y muchas veces eso es lo que encontramos en la vida de fe. A veces sentimos que nadie nos quiere, a veces sentimos que nadie nos cuida, a veces nos sentimos rechazados, no incluidos. A veces sentimos que Dios está tan lejos que ni escucha nuestras oraciones, o quizás está tan ocupado que no puede atendernos. Y es en ese momento que debemos recordar: nuestro trabajo en el Señor no es en vano.
En Mateo 25:23 su Señor le dijo: "Bien, buen siervo y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor." ¿Qué encontramos en todo esto? Primero, el pueblo de esta esperanza, amados hermanos. Segundo, el poder de esta esperanza: estad firmes, constantes, abundando en la obra del Señor. Y finalmente, la promesa de esta esperanza: sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
¿Qué vamos a hacer con eso? ¿Cómo vamos a responder a los desafíos, los retos que enfrentamos en esta vida? Nosotros estamos en vísperas de un año nuevo, y como cada año vienen oportunidades, pero al mismo tiempo vienen desafíos, vienen retos, vienen dificultades. Amigo que estás aquí esta mañana, yo te pregunto: ¿en qué consiste tu esperanza? ¿Está tu esperanza en algo de este mundo, en tu carrera, en tu negocio, en tu familia, en tu carro, en tu banco? Todas esas cosas perecen, todas esas cosas son pasajeras. Amigos, solo en Jesús tú puedes vivir confiado. Tú necesitas rendir tu vida a Jesús, porque Él promete darte una esperanza que es eterna.
Y quizás Dios te habló hoy, porque Dios quiere bendecirte. Y si ese es el caso, no le cierres tu corazón a Dios, responde al llamado de Dios. Ahí mismo donde tú estás, dile: "Señor, yo no quiero vivir un segundo más sin esperanza. Perdóname, perdóname mis pecados, ayúdame a creer en tu Palabra, en lo que Tú prometes. Dame la fe, dame el arrepentimiento para yo seguirte, para yo obedecerte." La Escritura dice: hoy es el día aceptable, hoy es el día de salvación.
Y hermano, tú que estás aquí, ¿en qué consiste tu esperanza? Nosotros somos muy bendecidos por ser parte de la familia espiritual, pero eso no es gratis. Como parte del llamado hay desafíos, seguramente, y esos desafíos los encontramos en muchas áreas. Tenemos dificultades, quizá hay un pecado que nos ha dominado por años y la guerra no ha sido fácil, la pelea no ha sido fácil. Y nos desanima. Quizá una relación en tu matrimonio, en tu familia, en tu iglesia, con algunos hermanos. Especialmente en esta época del año, quizás relaciones con tus familiares que no están resueltas. Quizá algunas pérdidas de gente cercana. Hay muchas amenazas que vienen con tal deseo de drenar nuestro entusiasmo, nuestro ánimo de servir. Y debemos orar que Dios nos ayude, teniendo garantizado el amor de Dios en Jesús, que podamos vivir hoy vidas llenas de esperanza y al mismo tiempo vidas más entregadas a Su causa.
Escucha esto, amado hermano: no es en vano cuando tú te esfuerzas en testificar y predicar el evangelio para que alguna alma sea salvada. No es en vano cuando tú eres capaz de perdonar aunque el otro no se lo merezca, para así testificar el perdón de Dios en Jesucristo. No es en vano cuando eres paciente y soportas las ofensas con el propósito de promover la reconciliación, porque Dios ama la reconciliación. La cruz existe casualmente para hacerla posible, no solamente la reconciliación con Dios, sino con aquellos a quienes tenemos cerca. No es en vano cuando te niegas a tus deseos para hacer la voluntad de Dios, cuando tienes una lucha interna entre tu carne y tu alma. No es en vano. No es en vano cuando resolvemos por la fe creerle a Dios en lo que ha prometido hacer. Sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
Dios dice: "Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, esas son las cosas que Dios ha preparado para aquellos que le aman", dice 1 Corintios 2:9. Apocalipsis capítulo 21 dice: "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron." ¿Te imaginas un lugar donde no haya un solo motivo para llorar? ¿Te imaginas un lugar donde no hay llanto, no hay clamor, no hay dolor? Eso es lo que Dios ha prometido para aquellos que le aman.
Recuerda esto entonces: nosotros somos llamados a vivir con esperanza, tenemos razones para tener esperanza. La calidad de nuestra esperanza está íntimamente relacionada a lo que creemos, qué es lo que Dios ha hecho, qué es lo que Dios ha prometido. Y basado en eso, el apóstol dice: "Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo esto: que vuestro trabajo en el Señor no es en vano."
Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D