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Sermones

El “agape” es el cumplimiento de la ley

Miguel Núñez 22 junio, 2025

El amor incondicional —el ágape del que habla Pablo— es la única deuda que el cristiano nunca termina de pagar. En Romanos 13:8-10, el apóstol afirma dos veces que quien ama al prójimo ha cumplido la ley, una declaración que parece audaz hasta que se entiende su lógica: amar incondicionalmente al otro solo es posible cuando primero se ama incondicionalmente a Dios. Juan lo aclara sin rodeos: quien dice amar a Dios pero aborrece a su hermano es un mentiroso, porque el amor genuino por Dios produce inevitablemente amor por quienes portan su imagen.

Pablo ilustra este principio con cuatro mandamientos: no adulterarás, no matarás, no hurtarás, no codiciarás. Cada uno protege la imagen de Dios en el otro. El adulterio la viola en múltiples personas a la vez; la ira —que Cristo equiparó al homicidio— la desprecia con palabras como "necio" o "cabeza hueca"; el hurto, que va desde no pagar impuestos hasta regatear injustamente a quien vende un aguacate en la calle, nace del egocentrismo que impide ver al prójimo; la codicia llevó a Acab y Jezabel a matar, mentir y robar por una viña ajena.

La parábola del buen samaritano expone el contraste: el levita y el sacerdote usaron la ley ceremonial para justificar su inacción, mientras el samaritano, que conocía menos teología, aplicó la ley moral preguntándose qué le pasaría al herido si él no actuaba. El prójimo es cualquier ser humano que porta la imagen de Dios, incluso aquel que limpia parabrisas en la esquina. El pastor Núñez advierte que la mayor motivación para obedecer no debe ser el temor al juicio, sino el amor de Cristo que nos apremia. Si eso no nos mueve, las consecuencias tampoco lo harán.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, el día de hoy vamos a estar trillando por dos o tres versículos de la carta de Pablo a los romanos. Pero de nuevo, como hacemos cada vez, permíteme traerte al contexto una vez más. Recuerda que al inicio del mensaje anterior dijimos que en el capítulo 12, algo que voy a hacer más resumido esta vez, Pablo habla de obligaciones que tenemos como ciudadanos del Reino de los cielos mientras estamos aquí viviendo como ciudadanos de este mundo. En ese capítulo él nos mencionó obligaciones que tenemos con Dios, obligaciones que tenemos con nosotros mismos, obligaciones que tenemos unos con otros y obligaciones que tenemos con nuestros enemigos. Una vez Pablo cierra el capítulo 12, él pasa al capítulo 13 y nos expande y nos ayuda a ver qué obligaciones tenemos con el Estado o el gobierno de turno, o incluso con autoridades civiles en general.

El día de hoy vamos a estar estudiando el texto del versículo 8 al 10. Es un texto corto, pero está empaquetado de instrucciones bíblicas, y al mismo tiempo vamos a tratar de usar varias ilustraciones de la misma Palabra para traer luz a lo que Pablo nos está diciendo. Entonces, yo quisiera leer en primer lugar el versículo 7, que ya cubrimos, para entonces seguir directamente al versículo 8. No habéis dicho que vamos a cubrir hoy, entonces te invito a que puedas leer conmigo.

Versículo 7 de Romanos 13: "Paguen a todos lo que deban: al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor o respeto, según la Reina Valera, temor o respeto; al que honor, honor." Versículo 8, el texto de hoy: "No deban a nadie nada, sino el amarse unos a otros, porque el que ama a su prójimo ha cumplido la ley. Porque esto: no cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en estas palabras se resume: amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley."

¡Wow! Si tú lees eso con detenimiento, es claro que el tema de Pablo es uno solo: tiene que ver con el verbo amar. Es impresionante que en tres versículos Pablo menciona el verbo amar tres veces y el nombre amor dos veces. Cinco veces en tres versículos Pablo menciona la idea del amor. Además, en dos de los tres versículos Pablo menciona la misma cosa: que el amor es el cumplimiento de la ley. Versículo 8: "Porque el que ama a su prójimo ha cumplido la ley." Versículo 10, con el que cierra: "El amor es el cumplimiento de la ley." ¡Wow! ¿Cómo es posible que obedeciendo un solo mandamiento yo pudiera potencialmente cumplir toda la ley?

Ahora, la palabra que Pablo usa ahí en el original para amor no es el amor que tú y yo entendemos. Tú sabes que la gente se conoce un día, se enamora esa noche y al otro día se está diciendo cuánto se ama. En serio. El amor al que Pablo se está refiriendo tiene otra palabra muy singular en el griego que es ágape. No "amor ágape", porque la voz significa la misma cosa. Ágape es un amor incondicional. Pablo está diciendo que el ágape es el cumplimiento de la ley. Ese es el título de mi mensaje: el ágape es el cumplimiento de la ley. Es ese el amor que nos evita pecar, de manera que nosotros funcionamos todos los días con una carencia de ese amor porque seguimos pecando de una manera o de otra.

Entonces, como la idea aparece en el versículo 8 y en el 10, yo voy a regresar a esa idea más adelante. Pero comencemos desempacando el texto por el inicio. Versículo 8: "No deban a nadie nada." Esa no es una prohibición absoluta en contra de las deudas, porque tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento Dios nos deja instrucciones y directrices de cómo se supone que yo deba lidiar con mis deudas. No es que esté a favor, pero cuando las tenga, Dios nos dice en una serie de pasajes, que simplemente es ocioso mencionárselos: Éxodo 22:25, Levítico 25:35-37, Deuteronomio 15:7-9, Mateo 5:42, Lucas 6:34. Todos esos textos nos dicen cómo manejar, qué cuidar, de qué tener cuidado cuando yo tengo deudas económicas.

"No deban nada a nadie." Todos los comentarios se dan de acuerdo en que, ya como Pablo ha revisado otras obligaciones, esto tiene que ver con obligaciones financieras. Entonces, ya él nos dijo que si debe tributo, pague tributo; que si debe impuesto, pague impuesto; que si debe respeto, pague respeto; si debe honor, pague el honor. Pero ahora él quiere referirse o ampliar el lente para abarcar otros tipos de deudas y nos dice: "No deban nada a nadie."

Y de nuevo, no es que haya una prohibición absoluta en cuanto a las deudas, pero en sentido general la cultura hebrea y la misma instrucción de la Palabra no están a favor de las deudas en general, y las razones son obvias si comenzamos a analizarlas. Número uno: muchas de nuestras deudas responden a deseos materialistas que son insaciables. Tú compras esto que quieres hoy, pero mañana quieres otra cosa y pasado otra cosa. Con frecuencia las deudas son adquiridas sin consultar el cielo. Nosotros decimos continuamente que Dios es el dueño de la plata, la tierra y todo lo que en ella hay, es el dueño de las finanzas, pero nosotros no hablamos con Dios con frecuencia acerca de cómo gasto mis finanzas. Las deudas muchas veces también representan una presunción del futuro que yo no conozco, porque asumo que en el día de mañana yo voy a tener el mismo ingreso o más que estoy teniendo hoy, con el cual estoy afrontando una deuda que mañana yo no sé si la puedo pagar, como ocurre con frecuencia. Y las deudas también, cuando no son pagadas, pueden dar infrecuentemente una mala reputación al cristiano y a la fe cristiana. Y eso es un problema, eso es un talón de Aquiles en el día de hoy.

Yo mencionaba a manera de ilustración que Estados Unidos tiene una deuda hoy en día de 37 trillones de dólares. En el año 2000, a mediados del año 2000, su deuda era de cuatro trillones de dólares, y yo recuerdo leer que era demasiado, mucho, con demasiado, como decimos aquí. Más de un trillón por año han ido aumentando sus deudas hasta llegar a 37 trillones de dólares. Si tú divides eso entre más de 300 millones de habitantes, se implica que cada habitante, no importa si tiene un día de nacido o tiene 90 años de edad, debe aproximadamente 125 mil dólares.

Lamentablemente nosotros no tenemos la mentalidad de aquellos que atravesaron la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Ellos supieron ahorrar posterior a las guerras porque sabían las circunstancias por las cuales habían atravesado. Entonces, ¿qué ocurrió? En la década de 1950, tempranamente, Estados Unidos descubrió que la economía estaba rezagada. La gente no estaba gastando porque todavía tenía el temor de la guerra, e idearon toda una idea económica llamada consumismo, lo cual es el sostenimiento primario de la economía norteamericana, hasta el punto que cuando el COVID se dio y los negocios comenzaron a bajar, el gobierno regaló dinero para que la gente gastara y activara la economía. La diferencia estaba, o está, o sigue estando, en que aquellos que salieron de la Segunda Guerra Mundial comenzaron a gastar dinero que ya habían ahorrado, pero ahora nosotros estamos gastando dinero que no tenemos, porque simplemente cuando quiero algo yo saco la cartera y doy un tarjetazo. No tengo que consultar al cielo, para eso tengo una tarjeta de crédito. Y no es cosa de personas aquí en Estados Unidos, donde vivimos con cinco, diez, doce, quince tarjetas de crédito, y luego decimos: "Bueno, un gustazo, un trancazo."

Proverbios 22:7 nos dice: "El deudor es esclavo del acreedor." Ve ahí la idea de que, sabes qué, eso es una limitante.

Pablo nos dice ahora: "No deban nada a nadie." Lo increíble, y no lo peor en términos de dificultad, es que él no dice "pero hay una excepción". ¿Y esa excepción cuál es, Pablo? "No deban nada a nadie, sino el amarse unos a otros." ¡Wow! Pablo me dice que la única deuda que yo debo tener siempre es una deuda de amor. Por lo que la expresión en el original está en imperativo presente, de manera que yo necesito mantener esa deuda de amor con el otro hasta entrar en gloria. Es una deuda que no puedo terminar de pagar.

Entonces Pablo, en el mismo versículo 8 —todavía no hemos salido de ahí—, la segunda parte me explica por qué: "Porque el que ama a su prójimo ha cumplido la ley." Esa no es una frase ligera. Que Pablo me diga que el que ama al prójimo cumple con la ley, que tú y yo no cumplimos... Bueno, eso es lo que dice, y lo vuelve a repetir en el versículo 10: "Por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley."

Pero recuerda, esta no es la primera vez que Pablo escribe esto. La primera carta de Pablo, de las trece cartas, es la carta a los Gálatas. Y Gálatas probablemente sea, si no es Gálatas la primera, Santiago, y si es Santiago la primera, Gálatas la segunda. Pero probablemente Gálatas sea la primera carta, el primer documento de todo el Nuevo Testamento, finales de los años 40, principio del 50, probablemente al final de los años 40. Pablo ya le escribió a los gálatas y les decía exactamente lo mismo en Gálatas 5:14: "Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: amarás a tu prójimo como a ti mismo."

¡Wow! Hagamos un momento de pausa. Pero es posible que algunos de ustedes estén pensando: "Pero Cristo, cuando resumió la ley, no la resumió en un mandamiento, sino que la resumió en dos." Sí, claro. Vamos a ver ahora, porque no es una contradicción lo que Pablo está estableciendo, sino que él tiene un entendimiento que muchos de nosotros quizás no tenemos.

Mateo 22, versículos 34 al 36: "Los fariseos se agruparon al oír que Jesús había dejado callados a los saduceos. Uno de ellos, un intérprete de la ley, un escriba, para poner a prueba a Jesús —continuamente poniendo a prueba a Jesús para ver si lo encontraban en falta y poder negar su reclamo de que él era el Mesías— le dice: 'Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?' Y él le contestó: 'Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo.'"

Escucha, de estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas. Pablo, ¿vamos a decir eso? Y ahora se atreve a tomar de los dos mandamientos que Jesús usó uno solo, y no usa el primero sino el segundo para definir lo que es el cumplimiento de la ley. Eso no es una contradicción. Recuerda que la Palabra interpreta la Palabra. Entonces ahora salimos corriendo a buscar otros pasajes que me traigan luz para que me digan, entonces, ¿por qué Pablo dijo lo que dijo?

Y Juan en su primera carta, capítulo 4, versículos 20 al 21, nos dice: "Si alguien dice 'yo amo a Dios', pero aborrece a su hermano, es un mentiroso." No me digas. No me digas que tú amas a Dios, pero aborreces a tu hermano. No es verdad. Porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. Y este mandamiento tenemos de Él: el que ama a Dios, ame también a su hermano.

¿Entendiste lo que fue en esta historia? Amarás a Dios con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, y al prójimo como a ti mismo. Pero mañana no me digas que tú amas a Dios así, pero que tú no pasas a tu hermano, que tú no amas a tu hermano, porque si lo dices eres un mentiroso. Y ¿por qué Juan? ¿Por qué Juan dice eso? Bueno, él había explicado unos versículos antes, en la misma primera carta en 4:7, qué es lo que pasa. Dice: "Porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios."

Juan está diciendo la razón por la que yo te digo que no puedes amar a Dios y aborrecer a tu hermano, es porque una cosa implica la otra. Si tú eres nacido de nuevo, ¿ok?, y tú conoces a Dios, y además amas a Dios, por definición el amor de Dios estará brotando en ti, y de ese amor que brota tú estarás amando al otro.

Pablo lo dice, ¿ok? Ahora lo tenemos. La ley se cumple en un solo mandamiento: amarás al prójimo como a ti mismo. Porque para hacer eso, recuerden, ágape, amor incondicional. Para amar al prójimo incondicionalmente de esa manera, tú tienes que amar a Dios incondicionalmente primero, y eso produce lo segundo. Cristo dijo: tú amarás a Dios sobre todas las cosas, y el segundo es amarás a tu prójimo como a ti mismo. Y ahora Pablo concluye con lo que acabamos de decir: sería más como que el que ama incondicionalmente a su hermano deliberadamente está dando evidencia de que ama a Dios de la misma manera.

Ahora tú sabes, y yo también, que ningún ser humano ha cumplido la ley. Lo que implica que ningún ser humano ha amado a Dios con toda su alma, toda su mente, toda su fuerza, todo su corazón. Ningún ser humano ha amado al prójimo incondicionalmente tampoco. La única persona que amó a Dios Padre de esa manera, y amó al ser humano de esa manera, fue Cristo Jesús, y esa es la única razón por la que Él vino a esta tierra de hecho.

Acá vamos a cantarlo. Juan 3:16 no dice que "por esto amó Dios tanto al mundo", porque "de tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna." El Padre le pide al Hijo que vaya al rescate del hombre perdido. El Hijo ama al Padre de manera incondicional. El Hijo ama a ese humano que se va a ser regenerado de manera incondicional. Y el amor por el uno produjo el amor por el otro, y entonces Cristo vino.

Su encarnación es la primera señal del amor incondicional, o del ágape de Cristo por el ser humano. Eso es al entrar a este mundo: su encarnación. Al salir de este mundo, Cristo dio la segunda gran señal de amor incondicional cuando fue colgado de un madero, colgando de tres clavos, ensangrentado, en dolor, abandonado. Mira a sus transgresores y dice: "Padre, perdónalos, porque ellos no saben lo que hacen."

Y luego, cristiano, me dices: "Señor, creo que se olvidó de mí, en serio. Yo creo que el Señor no oye mis oraciones." Y tú me estás relajando. ¿Se te olvidó la cruz? ¿Se te olvidó por qué Él vino a este mundo? Horas antes de morir, Cristo quiso que sus discípulos recordaran su encarnación y su crucifixión como muestra de amor. Escucha, Juan 15:13, pues en total faltaban unas horas para morir: "Nadie tiene mayor amor que este: que uno dé su vida por sus amigos."

Ya tú sabes lo que se requiere para amar de esa manera. Uno, tienes que haber nacido de nuevo. Dos, tienes que amar a Dios incondicionalmente. Y tres, como consecuencia, terminarás amando al prójimo de la misma manera.

Entonces Pablo, sabiendo que nosotros somos capaces de preguntar "¿y quién es mi prójimo?", en esta porción, déjame darte algunas ilustraciones para que comiences a entender lo que implica amar al prójimo. Recuerda que el prójimo es cualquiera. Vamos a ir viendo.

Dice Pablo en el versículo 9, ya cubrimos el 8, versículo 9: "Porque esto: no cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarás" —todos son mandamientos, cuatro de los diez mandamientos— "y cualquier otro mandamiento", en otras palabras, no me limité a cuatro, "en estas palabras se resume: amarás a tu prójimo como a ti mismo." Entonces nosotros estamos a entender estas cuatro ilustraciones para poder entender alguna otra, porque hay muchas más.

Pablo comienza con "no cometerás adulterio". ¿Por qué? Bueno, porque viola la imagen de Dios en ti, viola la imagen de Dios en tu cónyuge si estás casado, viola la imagen de Dios en la persona con quien lo haces, y viola la imagen de Dios en el cónyuge de la persona si también está casado. Quizás nosotros no entendemos lo que implica para Dios la violación de su imagen, pero yo creo que algo que nos da una idea de la implicación, la severidad de una transgresión, es la penalidad impuesta por la transgresión. Y en el Antiguo Testamento la penalidad por ese pecado era la muerte por apedreamiento. Wow.

Yo creo que la pregunta surge inmediatamente: ¿en serio? Bueno, es que hay algo que quizás alguno de nosotros no hemos leído, no sabemos, quizás ya lo saben, pero aquellas cosas que están entre Génesis 1 a 3, que son decretos de Dios, son llamados leyes de la creación. Leyes fundamentales para el florecimiento humano. Y en Génesis 1, versículo 26, Dios dice: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza." Hermanos, tú y yo tenemos algo que ninguna otra criatura del universo lo tiene. Aquí en la creación no lo tienen, y no hay nada referente a los ángeles, arcángeles y serafines y querubines que nos diga que fueron hechos a la imagen de Dios. No hay revelación. Pero tú y yo sí tenemos, somos portadores de la imagen de Dios.

Y en Génesis 2:24, entonces todavía dentro de las leyes de la creación está: "Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne." Es ese versículo la razón, verás, para la transgresión de lo que sería el adulterio: es un hombre para una mujer. Pero es la ley de la creación por la que termina en el Antiguo Testamento con la misma penalidad para la homosexualidad, porque violaba leyes de la creación. Varón y hembra los creó, y luego los unió para que fueran una sola carne. Y ahí entonces tenemos, podemos obtener una idea: esto es serio para nuestro Dios.

Ilustración número dos, relacionado al sexto mandamiento de la ley de Dios. El anterior era el séptimo, este es el sexto: no matarás. Y alguno de nosotros, bueno, fíjate, nosotros podemos decir: "Bueno, ahí me salvé, pero yo no he matado a nadie, nunca." Pero hemos enseñado en otras ocasiones que si hay algo que Cristo vino a hacer, fue que no solamente vino a enseñarnos la letra de la ley. La letra de la ley era "no matarás", eso es físicamente, no le quitarás la vida a nadie. Pero cada uno de los diez mandamientos tiene un espíritu de la ley.

En el Sermón del Monte, en la versión de Mateo, capítulo 5, versículos 21 y 22, Cristo comienza a dar el espíritu del sexto mandamiento, de no matarás. Escucha: "Habéis oído que se dijo a los antepasados: no matarás, y cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte. Pero yo os digo", yo el dador de la ley os digo, "que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte, y cualquiera que diga 'Raca' a su hermano será culpable ante la corte suprema, y cualquiera que diga 'idiota' será reo del infierno de fuego." Uy.

La palabra "Raca", a veces usada en el español como "raca", viene de un vocablo en hebreo que es "reqa", que significa necio, vano, insensato, cabezahueca. Y "reqa" viene de un vocablo anterior que es "raq", sin la "a", que significa vacío, y que era considerado un término de mucho desprecio. La idea es que con la misma ira que alguien mata a otro, con esa misma ira, quizás de forma más temprana, la persona usa este tipo de palabra contra otro. Termina haciendo eso, pero cuando tú no lidias con eso, eventualmente tú puedes ser capaz de hacer lo otro.

Y la mejor ilustración, saliendo de los tres primeros capítulos de Génesis, está en el cuarto capítulo. Vamos a nosotros, al comienzo de la civilización. Hay dos hermanos, no dos enemigos, no dos amigos, no, dos hermanos: Caín y Abel. Y Caín trae una ofrenda a Dios y no es bien recibida. Abel es bien recibido. Y el texto de Génesis 4:5 dice que Caín se enojó mucho. Nota dónde comienza Caín: se enojó mucho, y su semblante se demudó.

Un versículo más adelante dice que Caín, versículo ocho, mató a su hermano Abel y siguió airado. Dios va en su búsqueda. Hay dos hermanos en la tierra, ya uno mató al otro, y va detrás de Caín, pero Caín está enojado. Le dice a Caín: "¿Dónde está tu hermano Abel?" Y él respondió: "No sé". Tienes que pensarlo así: "No sé, ¿soy yo acaso guardián de mi hermano?" Eso a Dios, que le está hablando. El versículo nueve, ya lo había matado, pero ¿qué fue lo que precedió al homicidio? El pecado de la ira, del cual tú y yo somos culpables.

Las violaciones de las leyes de la creación tenían consecuencias severas para el violador, porque atentaban y siguen atentando contra el florecimiento humano, contra el plan original de Dios de construir una humanidad que floreciera, que reflejara su imagen para llenar la tierra de su gloria. Esa es la razón por la que en Génesis 9:6 Dios dice: "El que le quite la vida a otro, su sangre será derramada". Escucha la causa, la razón: porque el hombre es imagen de Dios. Esa es la razón por la que si yo mato a uno, Dios le da la potestad al Estado de aplicarme la pena de muerte. Es justamente porque la violación ha sido tan grave, porque ha atropellado su imagen, y eso es una de las leyes de la creación.

El ingeniero que construye un edificio, si es descuidado con las luces, puede ser que se caiga una de las luces, o que no luzca bien, o algún pañete se cae. Pero si él violenta la norma de construcción en la zapata, las leyes de construcción en la zapata, él sabe que el edificio se va a derrumbar pronto. Dios sabe la misma cosa con relación a la civilización. Y en nuestros días, mientras la sociedad se ha ido alejando de las leyes de Dios, y sobre todo de las leyes fundamentales de la creación, en esa misma medida nos hemos ido derrumbando.

Construcción número tres de lo que implica amar al prójimo como a ti mismo: no hurtarás, octavo mandamiento de la ley de Dios. Lo más probable es que ninguno de nosotros haya entrado en una casa y se haya robado algo. Por otro lado, yo no digo que no ha habido en algún lugar, en algún momento, alguien que ha robado por necesidad, me imagino. Pero la mayoría de los robos no ocurren por eso. La primera causa del robo en cualquiera de sus formas es el egocentrismo, la preocupación con nosotros mismos. Y el egocentrismo lleva a mucha gente a quitarle al otro lo que no es suyo.

De hecho, el egocentrismo, escucha lo afirmado porque eso es verdad de ti y de mí, el egocentrismo es el obstáculo número uno para tú amar al otro incondicionalmente. La razón por la que Cristo pudo hacerlo es porque nunca estuvo enfocado en sí mismo y dio su vida por otros. La causa número dos por lo que la gente roba es falta de contentamiento con lo que Dios le ha provisto. Tengo esto pero quiero más, y como quiero más pues me meto en problemas, en líos, en deudas que luego no puedo pagar. Incluso dejo de pagar impuestos o dejo de pagar otras cosas porque entré en áreas que nunca debía haber hecho.

Ahora déjame ilustrarte. Hay un número enorme de diferentes tipos de robos. En un lado, tú y yo podemos robarle a Dios de sus diezmos y ofrendas, para eso ya está Malaquías capítulo tres, Dios mismo lo establece. Podemos robar al Estado de sus impuestos, que ya lo vimos la semana pasada. Yo puedo tomar algo prestado y al final no lo devuelvo porque total él tiene mucho de eso. Podemos robar derechos de autor cuando copiamos cosas que no están permitidas, el plagio tan común hoy en día en las universidades, los estudiantes de secundaria, sobre todo ahora con ChatGPT, eso es un robo. El robo de identidad tan común en las redes sociales hoy en día, el hackeo de cuentas para robar información de otros, un robo. Ayuda social que a mí no me corresponde por algo falso y recibo una ayuda social que no me corresponde, eso es un robo. Sobrevalorar algo y vendértelo como algo que yo sé que quizás está defectuoso o que no tiene el valor que yo estoy pintando, pero para tener una mayor ganancia, eso es un robo al otro.

Y el robo laboral, que va desde horas de trabajo que las dedico a cosas por las cuales yo no estoy siendo pagado, o cuando pasamos el material de la oficina, que es robo, o cuando pagamos a alguien un salario injusto por el trabajo de lo que debiera ser. O cuando para alguien de la calle que quiere vender un aguacate por 30 pesos y le pedimos que lo dé en 25, cuando la persona tiene horas tratando de vender un aguacatico y con 5 pesos tú y yo no vamos a quebrar. Eso no es justo. "Pastor, pero eso es como es en esta sociedad". Ese es el problema, que la sociedad no conoce a Dios, y si no conoce a Dios no puede establecer la justicia, porque de lo contrario no necesitaríamos este libro.

Escucha lo que dice Deuteronomio 24:14-15: "No oprimirás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus conciudadanos o uno de los extranjeros que habiten en tu tierra, en tu ciudad". No importa si es judío o no es judío, no lo vas a oprimir. "En su día le darás su jornal", o sea, como se trabaja, adelante, tu trabajo en el día le pagas. "Antes de la puesta del sol". ¿Por qué? Porque es pobre, que ha puesto su corazón en él, "para que él no clame contra ti al Señor y llegue a ser pecado en ti". Si tú lees el Antiguo Testamento, hay regulaciones para todo.

La instrucción número cuatro, lo que implica amar al prójimo, que representa el mandamiento número diez, es: no codiciarás. Escucha el mandamiento número diez, Éxodo 20:17: "No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada", para no seguir hablando, "que sea de tu prójimo".

Cuando Dios quiso... Es impresionante, yo no sé si tú has podido pensar en serio: estos diez mandamientos fueron la Constitución de la primera nación que Dios quiso construir. La Constitución tenía diez mandamientos, y que Dios eligiera una de las diez leyes de la Constitución de una nación la prohibición de la codicia... Sí, Dios sabe, Dios sabe las consecuencias graves, grandes, que la codicia trae.

Y no solo entre los hebreos, culturas anteriores también lo sabían. Miren, el idioma hebreo, el término para referirse a la codicia es jamad, que significa un deseo excesivo de tener, como el que tiene una sed que no se sacia. Los griegos tenían su propio lenguaje, y para ellos la palabra era pleonexía, que alude al deseo de tener siempre más sin importar el costo ni lo que debe hacerse para obtener lo que sea en cuestión. Tener más, no importa a quién daño, a quién le paso por arriba, si daño a mi familia, si daño a mis hijos, si no les doy tiempo, no importa a quién daño, pero necesito tener más. Los griegos entendieron eso, que no eran cristianos.

Los romanos entendieron eso. El poeta Ovidio, el romano, la palabra que usaba en latín tenía que ver con esa frase: amor sceleratus habendi, es algo que significa "amor maldito de poseer". Es una ambición de tener que es una maldición, es una maldición de la ambición. Los romanos entendieron eso, y ellos tenían todavía otro vocablo que era filarguros, cuyo significado se refiere a "amante del dinero". Esa es la palabra que Pablo usa en la primera carta a Timoteo en el capítulo seis, que dice que el amor al dinero es la raíz de todos los males.

Yo puedo ser pobre y amar el dinero, yo puedo ser clase media y amar el dinero, yo puedo tener mucho y seguir amando más al dinero. ¿Cuál es la frase que te he mencionado muchas veces de uno de los Rockefeller? ¿Cuánto se requiere para ser feliz? Un poco más de lo que tú tienes. Por eso Dios dice en una de las diez leyes de la Constitución de Israel: "No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo".

Yo te dije que este texto era cortito, pero estaba cargado de enseñanzas bíblicas y de ilustraciones bíblicas. La mejor ilustración de lo que la codicia es capaz de hacer, o una de las mejores, para mí quizás sea la mejor, es cuando tú lees en el Antiguo Testamento que el rey Acab vio la viña de Nabot, se enamoró de ella, qué bien que lucía. Pero Nabot no se la quiere vender. Acab fue a su casa, se entristeció, y su esposa, que era más mala que él, y eso que la Palabra dice que Acab era peor que todos los reyes de Israel, Jezabel era peor. Lo encuentra deprimido, dice: "¿Qué es lo que te pasa?" "No, que la viña de Nabot y entonces no la puedo tener". "No, pero déjamelo a mí". Se buscó un grupo de hombres que mintieron, acusaron a Nabot, y con la mentira lo mataron.

La codicia de Acab se combinó con la maldad de su esposa; los dos eran malos. ¿Y qué hicieron? Violaron el sexto mandamiento de la ley de Dios al matar. Violaron el octavo mandamiento de la ley de Dios al quitarle la viña a Nabot, al robársela. Violaron el noveno mandamiento de la ley de Dios acusando a Nabot e inventando la mentira. Quitaron la vida, mintieron y violaron el décimo mandamiento de la ley de Dios al codiciarlo.

Y Dios dice, o Pablo dice: esos cuatro y cualquier otro mandamiento en esta Palabra se resume: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Enmarca esa frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Ese es el antídoto para cada uno de los pecados que tú has cometido o que pudieras cometer, y yo también. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

¿Sabes por qué es el antídoto? Porque Pablo dice en el versículo diez: "El amor no hace mal al prójimo". Bueno, nosotros tenemos una mala concepción de lo que el amor es. Nosotros al eros le llamamos amor. No, esa es pasión. El amor fraternal que debemos tener con ciudadanos dominicanos unos por otros en general, le llamamos amor. No, eso es fileo. Bueno, y el amor entre hermanos porque crecimos juntos, sí, pero eso es otra palabra, eso es storge. Ágape es el amor incondicional. Es ese el antídoto contra todo pecado. ¿Por qué? Porque el amor no hace mal al prójimo, versículo diez. El amor no violenta la imagen de Dios en el otro.

Bueno, es que cuando tú y yo nos enfriamos, nos alejamos de Dios, nuestro enfriamiento rara vez es asociado como distancia de Dios.

Siempre yo encuentro una causa por la que me he alejado. Ya sea porque no me gusta la prédica, porque los hermanos no me saludan, cualquier cosa. ¿Cuál es el problema? Yo le hablaba esta semana a alguien. Él vivía fuera y estaba en ministerio, estaba ayudando. Y yo le decía algunas de estas cosas y se me hizo como me gala a sí mismo. Con el paso del tiempo, tú llevas a cabo tus actividades religiosas y tus actividades religiosas te convencen de que tú no estás lejos de Dios. Y prontamente tú te acostumbras a vivir cómodamente en medio de tu pecado, estando lejos de Dios. Dios no te hace falta porque las actividades religiosas llenan un espacio que te hacen sentir que es lo mismo que Dios, pero no lo es.

Entonces, se sabe que el tiempo ha ido corriendo, y te abre el versículo de Dios. Quizás nosotros pudiéramos ser ciertamente atrevidos y decir como aquel intérprete de la ley que fue a Jesús, le preguntó que cuál era el más grande de los mandamientos, y a él Jesús le responde en Lucas 10. Bueno, amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, todo tu corazón. Y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Sí, pero ¿quién es mi prójimo? Se hace el que no sabe quién es el prójimo. Hermano, esta enseñanza no es nueva. Si tú te vas al Pentateuco, te vas a Levítico, tercer libro del Pentateuco, te vas al capítulo 19 y vas al versículo 18, ahí dice: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Esto viene de lejos. Es decir, lo único que Jesús está haciendo es subrayando una y otra vez algo que ya lo habían oído cientos de veces. Y le dice que quién es mi prójimo.

Y Jesús, que era un experto en contar parábolas, historias para responder preguntas, lo cual yo entiendo que no era solo Jesús, sino que parte de la cultura hebrea. De hecho, no voy a entrar en esa hora, pero conocí historias al día de hoy de preguntas que le han hecho a alguien judío y que ha contestado con una historia. Entonces en la historia que Cristo le da, no te la voy a leer, yo te la voy a comentar, pero tú la conoces, hay cuatro personajes principales. Cristo habla de un hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó, más o menos que era un judío, que venía de Jerusalén hacia Jericó. Fue asaltado, fue dejado en la calle, en la carretera o en el camino.

Entonces poco después pasó un levita, lo vio, siguió de largo. Recuerda que los sacerdotes salían de esa tribu de los levitas. Luego pasó ya un sacerdote, o sea un levita consumado. Vamos a decir que pasó un diácono, luego pasó un pastor. Sacerdote, lo vio, siguió de largo. Luego vino un samaritano. Recuerda que los samaritanos y los judíos no tenían trato, eran enemigos por cientos de años, y de hecho no adoraban ni siquiera en el mismo sitio. Los judíos ni querían pasar si venían del sur para el norte y van para Galilea, no querían pasar por Samaria y se desviaban, cruzaban el río Jordán y daban la vuelta, o sea iban por la costa. Era así el odio.

Lo que resulta es que el samaritano, que conocía menos que el intérprete de la ley, mucho menos, decidió que iba a hacer algo. Probablemente el levita y el sacerdote, que conocían la ley muy bien, usaron la ley ceremonial para no hacer nada. Bueno, si toco a este hombre ensangrentado, y además el luce medio muerto, parece muerto, yo quedo inmundo. Yo no puedo quedar inmundo. El religioso siempre encuentra cómo justificar o su inacción o su pecado. El samaritano vio a este hombre, y como no conocía mucho de la ley, pero él usó la ley moral. El levita y el sacerdote usaron la ceremonial para no hacer nada: ¿qué me va a pasar a mí si yo ayudo a este hombre? El samaritano probablemente usó la ley moral, dijo: ¿qué le va a pasar a él si yo no hago algo? ¿Tú ves la diferencia?

Entonces él, sin egoísmo alguno, vendó su herida, lo cubrió, lo montó en su caballo, lo llevó a un mesón. Él pagó dinero al mesonero, le dio dos denarios y le dijo: cuídalo en lo que yo regreso, y si todavía falta dinero, yo te lo pago. Entonces Cristo le dice al intérprete de la ley: tú me hiciste una pregunta, yo tengo otra para ti. Dime, ¿cuál de ellos se comportó como el prójimo? Y el intérprete no tenía ninguna otra cosa que decir. Bueno, el que tuvo misericordia de él. Eso le dijo: ve y haz tú lo mismo.

Tu prójimo, hermano, es cualquier ser humano que porte la imagen de Dios, incluyendo el que está cerca del carro pidiéndote una limosna, que te ensucia el carro. A veces no sé si te das cuenta: ese es tu prójimo. ¿Por qué es que no nos conmueve? ¿Por qué es que hay gente que ve un perrito en la calle y se lo lleva a su casa y lo cuida y lo nutre, y luego pone video en el internet de cómo fue el día uno el perrito que estaba medio muerto, y luego el hermoso perro un año después, lo lleva al veterinario, le paga, pero el ser humano en condiciones horribles no nos conmueve?

Esta es la razón: no es solamente que nosotros no amamos incondicionalmente, es que nosotros no valoramos el carácter de Dios por lo que es. Nosotros no vemos el pecado que cometemos como un atropello o un desafío a la autoridad del carácter de Dios. No, pensamos que estamos lidiando con leyes legales, pero válgame la redundancia, leyes de la nación. No, no. Cada pecado que tú y yo cometemos es una violación o atropello al carácter de Dios, y cuando el pecado es contra otro, es una violación o atropello a la imagen de Dios puesta en ti y en mí.

Si yo no aprecio el carácter de Dios, mucho menos voy a apreciar el reflejo de la imagen de Dios en el ser humano. Pero Dios me dice que el reflejo de su imagen es sagrada, hasta el punto que si le quitas la vida a alguien, el estado no debe dejarte con vida. Tú no la mereces porque no la valoraste en el otro; el estado no debe valorar la tuya.

Recuerda que la Palabra de Dios es simplemente una expresión de su esencia, de quién Él es. La ley de Dios es simplemente una expresión de quién Él es en esencia, de cómo Él piensa, de cómo Él siente, de cómo Él es. Y cuando yo violo sus preceptos, no es una ley simplemente que estoy violando, es la esencia de quién Dios es. Cuando yo comienzo a apreciar a Dios de esa manera, voy a apreciar al hermano o al prójimo de otra manera. Yo voy a ser más justo, me voy a condoler con él, voy a ir la extra milla, voy a crearme inconvenientes.

Sí, pastor, pero mire, como hoy en día es tan rápido, uno no tiene ni tiempo. Ese es el problema: el amor es problemático, el amor altera tu agenda, el amor no es muy eficiente. Si no, pregúntale a Jesús cada vez que se detuvo a ministrar y alimentar. No, el amor no es muy eficiente, lo que es muy piadoso, es que es muy santo. ¿Eficiente? No tiene nada. Está tan poco eficiente que Dios tiene siglos y siglos y siglos y miles de años esperando para que más gente se arrepienta dentro de su plan de elección. Y es porque por amor Él puede haber terminado hace tiempo más eficientemente, pero no lo ha hecho.

Entonces yo creo que hoy nosotros podemos ir a la casa y decir: el pastor medio duro. Y no, el pastor no, la Palabra. O podemos irnos y más nunca reflexionar sobre esto, y mañana seguir haciendo exactamente lo mismo que hicimos hasta el día de hoy. O tú puedes todos los días, el resto del año, todo el tiempo decir: Señor, perdóname, porque yo no lleno ni el primero ni el segundo de los mandamientos que tú usaste para resumir la ley. Dame más amor incondicional por ti.

Hermano, no puede ser que los años sigan pasando y que tu mayor motivación para obedecer sea el juicio de Dios y sus consecuencias. No. Pablo le llama a esos niños cuando le escribió a los corintios. La mayor motivación que tú y yo debemos tener es el amor de Dios. Eso es exactamente lo que Pablo le dice a los corintios: el amor de Cristo nos apremia, nos empuja, nos pega contra la espada y la pared, usa esa presión otra vez y no me deja ninguna opción. La única opción que yo siento que tengo es vivir para Dios simplemente por la manera como me amó y me sigue amando, lo que me ha prometido y lo que me espera. No son las consecuencias. No puede ser que yo tenga mayor aprecio por el juicio de Dios que por el amor de Dios, porque Dios no comenzó su obra aquí en la tierra con un juicio, sino con una gracia de perdón debido a su amor por nosotros. Si eso no me motiva amor por Dios, el temor a consecuencias no lo va a hacer.

¿Saben por qué? Porque nosotros somos sumamente olvidadizos, y cuando yo estoy inmerso en mi pecado, yo no veo las consecuencias posibles. Eso es verdad no solamente en términos morales; es verdad en el paciente que no cuida su presión, el paciente diabético que no cuida su glucosa. Mientras él se está deleitando en sus comidas sabrosas, él no está viendo las consecuencias que le está acumulando. De manera que lo mismo en el área de la salud física que de la salud espiritual.

Hermano, que este texto no pase por tu vida como otros mensajes más. Esto es lo que ruego. Es mi convicción personal orar de esa manera todos los días. No importa cuánto yo ame, yo sé que yo todavía no amo como Cristo me está diciendo que debo amar, pero yo quiero, y Él puede.

Padre, gracias. Claro que nosotros podemos oír mensajes como este y pensar en alguien que no está aquí, que debió haber estado para que lo oyera. Pero no, cada texto de la Palabra y cada prédica, cada lectura, no es para el otro que tú la tenías orquestada si no el otro la estuviera leyendo; es para mí. De manera que yo te pido para mí y para mis hermanos: empieza, que empieces en mí. Que cada uno de nosotros pueda decir: empieza en mí, empieza a hacer el trabajo en mí. Y me voy a olvidar del otro y voy a comenzar a pedirte, a colaborar y a someterme para que el Espíritu de Dios talle tu imagen. Perdona mi resistencia, perdona mi rebelión, pero haz como tú quieras. No me importa lo que cuesta, no me importa el precio. Haz tu voluntad y no la mía. En Cristo Jesús, amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.