IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cristo aceptó a pecadores, enemigos, hijos de ira, amantes de las pasiones de la carne, y los hizo suyos. Esa es la medida con la que los creyentes deben aceptarse unos a otros. El apóstol Pablo, escribiendo a una iglesia dividida entre judíos y gentiles, entre fuertes y débiles en la fe, eleva el estándar de la aceptación mutua al nivel más alto posible: como Cristo nos aceptó. La pregunta incómoda que surge es directa: ¿puede el pecado de un hermano contra ti ser mayor que todos los pecados que tú cometiste contra Cristo cuando él te aceptó incondicionalmente?
El plan de Dios siempre fue formar un solo pueblo de judíos y gentiles. Cristo vino como servidor de la circuncisión para demostrar la verdad de Dios cumpliendo las promesas a los patriarcas, pero también para que los gentiles glorificaran a Dios por su misericordia. Pablo cita cuatro textos del Antiguo Testamento para mostrar que esta unión no fue improvisación divina sino propósito eterno: que gentiles y judíos juntos alabaran al Señor, que el heredero del trono de David reinara sobre todas las naciones.
La aceptación mutua en el cuerpo de Cristo pone de manifiesto la gracia, la misericordia y el poder de Dios. Una congregación dividida le da al mundo razones para ridiculizar la iglesia y rechazar a quien es su única esperanza de salvación. Por eso Pablo recuerda que la bondad sin conocimiento produce permisividad, y el conocimiento sin bondad produce legalismo. Ambos son necesarios para la unidad. El llamado final es claro: así como Pablo recorrió más de dos mil kilómetros con pasión insaciable por alcanzar a quienes nunca habían oído, cada creyente tiene su Jerusalén, su Judea, su Samaria. La persona más cercana que no conoce a Cristo está esperando que alguien vaya.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, para el beneficio de aquellos que nos han estado siguiendo en los últimos mensajes, y para aquellos que no lo han hecho por diferentes razones, déjame situarte en el contexto otra vez. El apóstol Pablo está estableciendo un poderoso argumento acerca de la necesidad de que el pueblo de Dios pueda vivir —la iglesia de Roma, de manera particular— en unidad. Pablo dedica casi todo el capítulo 14 y los primeros seis versículos del capítulo 15 para hablarle a la iglesia de Roma, una iglesia mixta de judíos y gentiles.
Había hermanos de trasfondo judío que, luego de convertirse, pensaban que todavía era necesario mantener ciertas restricciones dietéticas, pero había otros hermanos gentiles que entendían que no, que podían comer libremente. El apóstol Pablo está tratando de decirles: "Hermanos, miren, algunos de ustedes son débiles en la fe porque todavía piensan que deben mantener estos criterios que no son necesarios, y los que son fuertes en la fe, que no piensan de esa manera, ustedes necesitan, por amor a Cristo, vivir en comunidad y en unidad, y los fuertes deben sobrellevar las debilidades de los otros."
Ahora bien, el apóstol Pablo, en el texto de hoy que vamos a revisar —Romanos 15:7 hasta el versículo 21—, va a continuar el argumento pero en otra dirección. El versículo 7, que es el primero del texto de hoy, representa la conexión entre todo lo que se ha dicho desde 14:1 hasta 15:6. El versículo 7 es esa conexión, pero al mismo tiempo es una bisagra, una bisagra que Pablo usa para girar su argumento de una manera muy sutil, casi imperceptible, para pasar del argumento acerca de débiles y fuertes y llevarlo al terreno de gentiles y judíos. Muy sabio de parte de Pablo. Esto es cómo lo hace, y lo vamos a ver ahora.
Yo he titulado mi mensaje para esta mañana: "Pablo, embajador de Cristo, el Reconciliador." Obviamente Cristo es el Reconciliador y Pablo era su embajador. Con eso quiero invitarte a que puedas leer conmigo desde el versículo 7 de Romanos 15 hasta el 21.
"Por tanto, acéptense los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para la gloria de Dios. Pues les digo que Cristo se hizo servidor de la circuncisión para demostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas dadas a los padres, y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: 'Por tanto te confesaré entre los gentiles y a tu nombre cantaré.' Y vuelve a decir: 'Regocíjense, gentiles, con su pueblo.' Y de nuevo: 'Alaben al Señor todos los gentiles y todos los pueblos lo alaben.' Y a su vez se ha dicho: 'Retoñará la raíz de Isaí, el que se levanta a regir a los gentiles; los gentiles pondrán en él su esperanza.' Y el Dios de la esperanza —versículo 13— los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
"En cuanto a ustedes, hermanos míos, yo mismo estoy también convencido de que ustedes están llenos de bondad, llenos de todo conocimiento y capaces también de amonestarse los unos a los otros —eso es parte de lo que los miembros de una iglesia se debieran hacer—, pero les he escrito con atrevimiento sobre algunas cosas para hacerles recordar otra vez, por la gracia que me fue dada por Dios, para ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles, ministrando a manera de sacerdote el Evangelio de Dios, a fin de que la ofrenda que haga de los gentiles sea agradable y santificada por el Espíritu Santo. Versículo 17: por tanto, en Cristo Jesús he hallado razón para gloriarme en las cosas que se refieren a Dios, porque no me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, en palabra y en obra, con el poder de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios, de manera que desde Jerusalén y por los alrededores hasta el Ilírico he predicado en toda su plenitud el Evangelio de Cristo. De esta manera me esforcé en anunciar el Evangelio, no donde Cristo ya era conocido, para no edificar sobre el fundamento de otro, sino como está escrito: 'A aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán, y los que no han oído entenderán.'"
Es un largo texto, yo lo admito. Les decía a mi esposa que es un texto que de complejo no tiene nada; el problema está en cómo Pablo lo compuso. Entretejió una serie de ideas que hacen compleja, un tanto compleja, la exposición. Pero nota que el versículo 7 comienza con un "por tanto." Ese "por tanto" me está conectando con lo anterior, pero también me está ayudando a entender que está concluyendo una idea, que hace una frase conclusiva.
"Por tanto, dado todo lo dicho anteriormente, acéptense los unos a los otros como también Cristo nos aceptó para la gloria de Dios." Vamos a desempacar ese versículo primero, porque hay tres ideas diferentes. Primero, hay un llamado a la aceptación mutua. Es un llamado que aparece también con la misma palabra en 14:1 y con una palabra similar en 14:3. De manera que en 7a —la primera parte del versículo 7— tenemos ese llamado. En 7b —la segunda parte del versículo 7— Pablo nos dice cómo debemos aceptarnos: "como también Cristo nos aceptó."
En esa frase, Pablo eleva el estándar al más alto nivel de cómo tú y yo tenemos que aceptarnos. Escucha otra vez: tú y yo tenemos que aceptarnos como Cristo nos aceptó. Yo te voy a decir ahora, puntualmente, cómo nos aceptó. En Romanos 5:8 tú lees que Él nos aceptó siendo aún pecadores; en esa condición Cristo murió por nosotros. En Romanos 5:10, Pablo nos enseña que cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, el Reconciliador. En Efesios 2:4-5 se nos dice: "Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia habéis sido salvados."
¿Han ido llevando un registro de cómo estabas cuando Cristo te aceptó? En el versículo 3 del mismo Efesios 2, escucha lo que nos dice acerca de cómo estábamos: "Todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás." ¡Wow! En esas condiciones Cristo nos aceptó. Éramos pecadores, éramos enemigos de Él, éramos hijos de ira, amantes de las pasiones de la carne y de la mente, y en esas condiciones Cristo nos aceptó. ¡Wow!
Pausa por un momento; no podemos ir muy, muy rápido. Piense en un hermano o hermana con quien tenga dificultad, una dificultad emocional en relacionarse. Piense en alguien con quien se te dificulta orar por él o por ella, que no sea "Señor, dale arrepentimiento para que venga y me pida perdón." Piense en alguien con quien se te dificulta orar para bendecirlo o bendecirla. Quizás hay un prejuicio, pero quizás no es un prejuicio; quizás es una herida real que ese hermano o hermana causó y que todavía duele. ¿A quién tienes en mente? Porque tenemos que aplicar el texto en la medida que vamos caminando, ya que tenemos muchas ideas en este texto.
Pregúntate si ese pecado que todavía te duele puede ser mayor que todos los pecados que tú cometiste contra Cristo, en los cuales estabas en el momento en que Él te aceptó de manera incondicional. Y recuerda algo más: el texto de hoy dice "acéptense los unos a los otros." Es una carta a una iglesia, o sea que en este caso Pablo restringió el universo de personas un poco más. Este "acéptense los unos a los otros," escrito a una iglesia, está dirigido a hijos de Dios. Esa persona con la que tienes dificultad para relacionarte o para bendecir con oración resulta que es alguien por quien Cristo derramó sangre, igual que por ti. Y esa persona está perdonada, con garantía de vida eterna, y tú y yo seguimos teniendo dificultad en relacionarnos con ella.
Entonces, en el versículo 7a, Pablo nos dice qué hacer: "acéptense los unos a los otros." En 7b nos dice cómo hacerlo: como Cristo nos aceptó. Y en 7c —la tercera parte del versículo 7— nos dice para qué, o por qué hacerlo: para la gloria de Dios. Realmente, en el original griego, la construcción básicamente ata las palabras "para la gloria de Dios" a Cristo. Cristo lo hizo para la gloria de Dios; nos aceptó como éramos. Pero como tú y yo estamos llamados a imitar a Cristo, se supone que tú y yo tenemos que aceptarnos para la gloria de Dios también, porque Cristo lo hizo así y yo tengo que imitarlo.
Entonces, ya sabemos por el versículo 7 qué hacer, cómo hacerlo y por qué hacerlo. La realidad, hermanos, es que nuestra aceptación mutua hace lucir bien a Dios ante un mundo que no le conoce, sin lugar a dudas. Una de las consecuencias de nuestra división, cuando existe, es que le quita poder a la hora de ir a testificar a otros a favor de Cristo. Porque piensen, por un momento: si tú y yo no nos podemos poner de acuerdo de alguna manera, ¿cómo vamos a convencer al mundo de que crean en nosotros, personas divididas? No es un buen testimonio, ni del Evangelio, ni de la gracia de Dios, ni es una forma de honrar a Cristo.
La aceptación de unos y otros en el cuerpo de Cristo pone de manifiesto la gracia de Dios, la misericordia de Dios, la bondad de Dios, el poder de Dios. Por eso es que glorifica a Dios, porque glorificar a Dios es poner de manifiesto sus atributos de una manera que otros puedan pensar bien de Él. La palabra "gloria" —eso es exactamente lo que significa en el griego clásico— es *doxa*, y *doxa* en ese griego clásico implicaba tener una buena opinión de otro. De manera que cuando yo glorifico a Dios, yo causo que el otro tenga una buena opinión del Dios en quien yo creo.
John MacArthur, comentando acerca de este texto en su comentario sobre Romanos, dice: "Una congregación que tienda a la división, los altercados y el enjuiciamiento, le está dando al mundo razones para ridiculizar la iglesia de Cristo y rechazar a quien es la única esperanza de salvación." Ahí tú puedes ver lo crítico que es la unidad de la iglesia. Ahora puedes entender mejor por qué Cristo oró por esa unidad tres veces, horas antes de su muerte, y por qué Pablo pidió por esa unidad, que no nos forzáramos para ella.
Entonces, solamente cubrimos el versículo 7. Ahora, en los versículos 8 y 9, lo que Pablo hace es comenzar a traer ilustraciones. A partir del versículo 8 y el 9, trae cuatro ilustraciones del Antiguo Testamento para ayudarnos a entender algunas cosas. Escucha los versículos 8 y 9: "Pues me digo que Cristo se hizo servidor de la circuncisión para demostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas dadas a los padres, y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia. Como está escrito: Por tanto, te confesaré entre los gentiles y a tu nombre cantaré."
Pablo comienza en el versículo 8 diciendo que Cristo vino y sirvió a la circuncisión; esos son los judíos. Él sirvió a los judíos, nació como judío, le sirvió a la nación judía de manera primaria. Siempre fue el propósito de Dios servir a los judíos primero; es una frase que está varias veces en el Nuevo Testamento. De hecho, en Romanos 1, comenzando la carta, Pablo dice que el evangelio es el poder de Dios para salvación, para los judíos primeramente y también para el griego, o para el gentil: para el judío primeramente.
Pero tú lo puedes ver en las palabras de Cristo también, que es lo que señala la cronología del asunto. En Mateo 10:5-6, Cristo está instruyendo a sus discípulos, a los doce. En otra ocasión instruyó a los setenta; aquí estaba con los doce. Y les dijo por dónde ir, a dónde ir específicamente. Escucha lo que dice: "No vayan por el camino de los gentiles, no es su tiempo todavía. No entren en ninguna ciudad de los samaritanos, que eran judíos mixtos. Sino vayan más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel." Luego en Mateo 15:24, Cristo mismo dice, en un momento dado en que querían que él fuera a predicar a Tiro y Sidón, a esas regiones: "No, yo solamente vine para las ovejas perdidas de Israel. Los dos van a venir después de mí y van a llegar más allá, pero la misión mía de parte del Padre fue simplemente las ovejas perdidas de Israel."
Pero tú lo puedes ver claramente en la medida en que la evangelización, o la gran comisión, se fue desarrollando. Las instrucciones de Cristo antes de ascender, en el libro de los Hechos capítulo 1, es: "Este es el orden: van a ser mis testigos en Jerusalén," capital de la nación, "en Judea," la provincia en la cual estaba Jerusalén, "después de ahí, Samaria," judíos mixtos, "y después en los confines de la tierra," que son los gentiles. Este es el orden de la gran comisión.
Si quieres verlo todavía mejor, toma el libro de los Hechos y comienza a leer. Capítulo 1, judíos. Capítulo 2, judíos. Capítulo 3, judíos. Cuatro, judíos. Cinco, judíos. Seis, judíos. Siete, judíos. Capítulo 8, el evangelio llegó a Samaria; Felipe el evangelista estaba ahí en Samaria evangelizando. Capítulo 9, todavía no hay rastro de los gentiles. Capítulo 10, ahora Pedro es instruido para que vaya y le predique a Cornelio y a su casa, y ahí pasa entonces el evangelio a los gentiles. De manera que aun en la realización, en el avance del evangelio o de la gran comisión, había un orden establecido de cómo serían las cosas.
Ahora, escucha: en los versículos 8 y 9, Pablo dice dos cosas: una con relación a los judíos y la otra con relación a los gentiles. Dice que Cristo vino y le sirvió a los judíos para demostrar la verdad de Dios, pero que le sirvió a los gentiles para que glorifiquen a Dios por su misericordia. Verdad para los judíos, misericordia en el caso de los gentiles. ¿Cuál sería la razón? Cristo vino y sirvió a los judíos para demostrar la verdad de Dios, claro, porque Dios le había hecho promesas al pueblo judío y específicamente a los patriarcas, a Abraham. Las promesas estaban todavía en el aire, estaban flotando, como que pendientes. Y entonces, cuando Cristo vino y cumple la promesa, él muestra la verdad o veracidad de Dios para con los judíos. Ahí quedó demostrado que Dios es veraz; promesas cumplidas.
Pero en el caso de los gentiles, Cristo no vino a demostrar la verdad de Dios, porque Dios no le hizo promesas a los gentiles. Dios profetizó en el Antiguo Testamento que los gentiles vendrían, pero Dios no hizo un pacto con los gentiles en el Antiguo Testamento, como sí hizo un pacto con la nación de Israel, y eso estaba bastante claro en el Antiguo Testamento. Entonces, cuando el evangelio llegó a los gentiles, casi fue como una sorpresa. Aunque estaba profetizado, para Dios no lo fue; para los judíos sí lo fue. Y entonces es como una muestra de misericordia que los gentiles recibieran la salvación junto con los judíos. Por eso encuentras que Cristo le sirvió a la circuncisión, o a los judíos, para demostrar la verdad de Dios; en el caso de los gentiles, para demostrar y poner de manifiesto la misericordia de Dios.
Ahora, la última frase del versículo 9 dice: "Por tanto, te confesaré entre los gentiles y a tu nombre cantaré." Esa es una frase de David, en el Salmo 18:49. David la escribió pensando en él mismo. Si tú lees el Salmo 18, David está orándole a Dios para que lo libre de sus enemigos, las naciones alrededor. David conquistó las naciones a su alrededor y unió la nación de Israel por primera vez; las doce tribus que no habían podido estar juntas. Y David dice: "Yo te confesaré entre los gentiles," sí, porque él estaba conquistando a los gentiles. "Y a tu nombre cantaré."
Pero Pablo, en Romanos 15:9, le aplica el salmo a Jesús. De la misma manera que David vino y conquistó territorios y confesó el nombre de Dios entre los gentiles, el Hijo de David, Jesús, vino y conquistó, no territorios geográficos, pero sí territorios de corazón. Y entre los gentiles, Cristo, a su paso por la tierra, confesó el nombre de Dios, incluyendo ante el mismo Pilato, Herodes y todos los demás. De manera que David hizo militarmente lo que acabamos de describir; conquistó militarmente. Jesús conquistó misericordiosamente, perdonando el pecado de los hombres. Es una pequeña diferencia, ¿verdad?
Continuando, Romanos 15:10-11 trae dos ilustraciones más del Antiguo Testamento. En la parte que yo les digo, Pablo la entreteje de una manera que se vuelve un tanto confusa, pero él trae a colación en el versículo 10 Deuteronomio 32:43, y en el versículo 11 el Salmo 117:1. Escuchen: "Y él vuelve a decir: Regocíjense, gentiles, con su pueblo." La frase "con su pueblo" apunta a Israel, porque así es como siempre se vio en el Antiguo Testamento. Esto se escribió en el Antiguo Testamento. "Regocíjense los gentiles con su pueblo," es como decir: "Regocíjense, gentiles, con Israel," hablando de la unión de los dos pueblos. "Y de nuevo: Alaben al Señor todos los gentiles, y todos los pueblos alábenle." En otras palabras, gentiles y judíos, a la vez, adorando a Dios. Era el plan de Dios todo el tiempo: hacer una sola familia, un solo pueblo, de estos dos grupos. Ese era el propósito final de Dios con su pueblo, y a eso es a lo que Pablo está haciendo referencia.
Recuerda que el versículo 7 nos llevó al argumento de la unidad entre débiles y fuertes en la iglesia, entre judíos y gentiles; eso es con lo que Pablo está lidiando. Y luego entonces Pablo nos trae, en el versículo 12 de Romanos 15, una cuarta y última ilustración del Antiguo Testamento, de Isaías 11. "Y en otro lugar, Isaías dijo: El heredero del trono de David," ¿quién es ese? Jesús, Cristo, obviamente, "vendrá y reinará sobre los gentiles; ellos pondrán su esperanza en él." El Hijo de David se sentaría en el trono de David y reinaría sobre Israel. Pero ahora Pablo nos dice, citando a Isaías, que él no solamente iba a reinar sobre Israel, sino que iba a reinar también sobre los gentiles: el heredero del trono de David vendría y reinaría sobre los gentiles. Claro, porque somos un solo pueblo y Dios estaría reinando sobre ambos.
Bueno, una vez que Pablo como que sale del argumento de la necesidad de la unidad, pasa a pronunciar una bendición sobre ellos en el versículo 13. Es como si dijera: "Si ustedes se unen de esa manera, esta es mi bendición para ustedes." "Y el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo."
Vamos a desempacar ese versículo, porque hay tres ideas. La fuente de la bendición es el Dios de la esperanza; esa es la fuente de la bendición. Y lo que Pablo está apuntando, para que podamos entender, es que fuera de Dios o fuera de Cristo no hay esperanza de ningún tipo. No hay esperanza ni garantía; no hay esperanza de vida eterna, no hay garantía de que el día de mañana va a ser mejor que el día de hoy, no hay esperanza de que tu vida será una vida de propósito, no hay esperanza de que cuando sufras, Dios pueda llenar tu sufrimiento de significado. No, porque fuera de Dios no hay esperanza de ningún tipo para nadie. Y Pablo dice que el Dios de la esperanza es la fuente de la bendición, y la bendición está ahí en la segunda parte del versículo 13: que los llene de todo gozo y paz en el creer.
La bendición que le está pronunciando es que el Dios de la esperanza, en quien él cree, el que él ha estado predicando entre los gentiles, que los llene —como nosotros cantamos— que te guíe, que te guarde, que te bendiga, que te proteja, que haga resplandecer su rostro sobre ti. Nosotros estamos cantando una bendición del uno hacia el otro. En este caso, la bendición de Pablo para con ellos es que el Dios de esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer.
Entonces, la fuente de la bendición es el Dios de la esperanza. La bendición es que tú tengas una vida de gozo y paz en el creer. No me recuerda: gozo y paz solamente pueden estar en una vida que vive unida a su hermano. Tú y yo lo sabemos por experiencia del pasado o del presente. No hay manera de estar en gozo y en paz cuando tú no estás emocionalmente, espiritualmente unido, como Dios quiere que estemos unidos con el hermano.
Entonces esto es lo que Pablo está apuntando. El resultado —la fuente de la bendición es el Dios de la esperanza, la bendición es gozo y paz— y el resultado de eso, escucha, es que ustedes abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo. Si yo no puedo experimentar el poder del Espíritu cuando estoy dividido con mi hermano, como dirían en Estados Unidos en inglés: no way, no how. No hay forma de que yo pueda experimentar el poder del Espíritu. ¿Sabes? Porque cuando estoy dividido con mi hermano, estoy viviendo en el poder de la carne y bajo la influencia del enemigo, que sabe que le he dejado una brecha, una puerta abierta, una ventana por donde él puede influenciar mi vida en la dirección contraria a los propósitos de Dios.
Entonces Pablo ahora, luego que produce esta bendición sobre ellos, quiere —pienso yo— quiere afirmarlos, quiere animarlos, porque les ha estado recordando algunas cosas acerca de la división que existía obviamente entre ellos, tres fuertes divisibles entre judíos y gentiles. Y ahora, como que quiere animarlos, les reconoce a la iglesia cosas buenas que ellos tienen.
Escucha lo que él dice en el versículo 14: "En cuanto a ustedes, hermanos míos, yo mismo estoy también convencido de que ustedes están llenos de bondad, llenos de todo conocimiento y capaces de amonestarse los unos a los otros." En otras palabras, ¿de dónde se están consejeros? ¿Ustedes son capaces de amonestarse? Bueno, si necesitan consejeros, deben surgir de dentro de ustedes, porque ustedes están llenos de bondad, llenos de conocimiento. Ustedes son capaces de amonestarse los unos a los otros, de observarse, de cuidarse.
Oye, nota cómo Pablo comienza este versículo 14. No simplemente les llama hermanos, les llama hermanos míos; eso es un término afectivo. Tú sabes que a veces tú le dices a alguien a quien quieres: "hermano mío", y eso no es lo mismo que cuando tú le escribes a alguien que no es tan cercano a ti y le pones "hermano". Ahora les llama hermanos míos; es un término de afecto. Yo estoy convencido de que entre ustedes hay madurez, que ustedes están llenos de bondad, que ustedes están llenos de conocimiento.
Oye, bueno, imagínate esto: ¿qué sería estar llenos de bondad? Bueno, la bondad es un espíritu inclinado hacia el bien del otro. Eso no es simplemente un espíritu que da una limosna por allá afuera, que un día que recolectamos alimento trae alimento a la iglesia. No, no. Es la inclinación natural de su corazón continuamente, haya o no haya necesidades, hacia el bienestar del otro. Y para Pablo, ustedes están llenos de eso. Pero también están llenos de conocimiento; en otras palabras, yo voy a ponerlo en mis palabras: la razón por la que yo les cité el Antiguo Testamento cuatro veces, una detrás del otro —les cité del Salmo, les cité de Isaías, volví y les cité de Deuteronomio— es porque ustedes conocen la Palabra. A los gentiles yo no les puedo citar eso, pero a ustedes sí.
Y ambas cosas —la bondad y el conocimiento— son necesarias para poder vivir en unidad. El conocimiento sin bondad, tú te imaginas lo que hace: te vuelve legalista, te vuelve rígido, te vuelve orgulloso y te vuelve un buscador de faltas. Nada te satisface, nada te cuadra. Por otro lado, tú te imaginas bondad sin verdad, sin conocimiento: la bondad sin conocimiento te vuelve permisivo, libertino, vicioso. Personas bondadosas pero sin conocimiento pudieran estar unidas; yo conozco gentiles que en su bebedera y comedera están muy unidos. Es una unión que no tiene fundamento, está sobre la arena. Es una unión que el día que menos tú piensas se deshace, y es una unión permisiva. Nosotros pudiéramos amar tanto la bondad sin conocimiento que negociamos la verdad. Y nosotros no podemos negociar la verdad para lograr la unidad, amén. Pero si tú negocias la verdad para lograr la unidad, lograste otra unidad: la unidad con el mundo de las tinieblas. Y yo no creo que tú quieras estar de ese lado.
Pero al mismo tiempo, yo no estoy abogando por una unidad sin bondad; al contrario. Pablo está diciendo que están llenos de bondad y de conocimiento. Pero escucha algo más: Daniel Doriani en su comentario de Romanos dice que lo que habita en ti te controla. De manera que si nosotros estamos llenos de bondad y de conocimiento, me va a controlar la bondad y el conocimiento. Si me falta bondad y conocimiento de la Palabra, tú sabes lo que me va a dominar: lo opuesto, que Pablo continuamente nos dice que no debiéramos tener, que son las obras de la carne. Claro que lo que te llena te controla; por eso Pablo dice: "Sed llenos del Espíritu", y así dejamos las obras de la carne a un lado.
De manera que esta iglesia, para Pablo, tiene algunas cosas buenas que decirle. Yo creo que está afirmándolos, sabiendo que él ha dicho algunas cosas que podían confrontarlos, pero que ahora quiere afirmarlos para que ellos puedan entender que él los está pastoreando, que como dice una cosa también reconoce la otra.
Y él les dice, incluso en el versículo 15: "Pero les he escrito con atrevimiento sobre algunas cosas, para así hacer que les recuerden otra vez, por la gracia que me fue dada por Dios." La Nueva Biblia de las Américas, la Nueva Versión Internacional dice: "Les escribí con franqueza, con apertura." Pero yo consideré que era necesario porque yo tenía que recordarles algunas cosas. De hecho, no sé si te has fijado, pero en las cartas del Nuevo Testamento frecuentemente hay como un ministerio de recordatorio. No solamente porque se cita el Antiguo Testamento, sino porque la palabra "recuerden, recuerden, recuerden los antepasados, sigan el ejemplo de los antepasados" aparece continuamente.
Y parte del problema, cuando tú y yo no recordamos, es que violamos lo que Dios ha dicho, porque no lo recordamos y como no lo recordamos actuamos como si no lo conociéramos. Pero tú sabes también que raramente, si alguna vez, tú has transgredido la línea de la Palabra y has dicho: "Wow, yo no sabía que había una línea ahí." ¡No! Oye, eso me sorprende. Es raro eso. Más frecuentemente es que en el momento no recordaste, y como no recordaste, violaste. En este caso, Pablo está diciendo que les escribió con franqueza, y les escribió con franqueza por el tipo de ministerio que le fue dado: hacerles recordar otra vez.
"Les he escrito con atrevimiento sobre algunas cosas, para así hacer que les recuerden otra vez, por la gracia que me fue dada por Dios." Pero el texto sigue: "Para ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles." El ministerio de Pablo a los gentiles él lo vio como una gracia de parte de Dios, no como algo merecido. Entonces les dice: "Mira, yo les estoy escribiendo, dándoles a ustedes con cierto atrevimiento, porque Dios me dio por gracia un ministerio hacia los gentiles y por consiguiente estoy interesado en ellos. Me preocupo por ellos, pero también me preocupo por ustedes, porque quiero que judíos y gentiles puedan ser un solo cuerpo."
Entonces, a partir de aquí comienza a decirnos cómo él entiende su ministerio. Primero, esto es una obra de gracia. Segundo, no es solamente una obra de gracia; por eso algo que se le dio para los gentiles y él se ve —escucha cómo con orgullo lo dice— en el versículo 16: "Ministrando a manera de sacerdote el Evangelio de Dios, a fin de que la ofrenda que hago de los gentiles" —no es una ofrenda monetaria— "la ofrenda que hago de los gentiles sea aceptable, santificada por el Espíritu Santo."
Entonces Pablo está diciendo: "Yo me veo como un sacerdote que ministra el Evangelio de Dios." Y mi interés es que cuando yo voy a gentiles convertidos y los presento como una ofrenda —la ofrenda que yo hago de los gentiles— sea de tal forma que le resulte aceptable a Dios y pueda ser bendecida por el Espíritu. Y para eso no puedo negociar el Evangelio. Pero para eso también tengo que estar pendiente de cómo Cristo nos aceptó, para yo vivir de la misma manera y para yo también estimular a otros de la misma manera. "Yo fui hecho ministro de Cristo Jesús a los gentiles, ministrando a manera de sacerdote el Evangelio de Dios, a fin de que la ofrenda que hago de los gentiles sea aceptable, santificada por el Espíritu Santo." Wow.
Pablo llegó a este ministerio para la gloria de Dios, y se lo dice; lo vamos a ver en un momento. Por tanto, en el versículo 17, en Cristo Jesús, él está caracterizando su ministerio: "En Cristo Jesús tengo razón para gloriarme en las cosas que se refieren a Dios." Yo me estoy gloriando, pero yo no me estoy jactando de mí mismo; yo sí me glorío de las cosas que se refieren a Dios, "porque no me atrevería a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí" —no de lo que yo hice, sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí— "para la obediencia de los gentiles, en palabra y en obra." Pablo está enfocado en sus gentiles todavía. Yo me estoy gloriando y casi ni puedo creer lo que Dios ha hecho a través de mí. Wow.
Por medio de mí para la obediencia de los gentiles, para que los gentiles puedan obedecer en palabras y en obra, que sea real, que el estilo de vida de los gentiles cambie como fruto del evangelio que ellos escucharon, que entendieron y recibieron.
Pablo sigue caracterizando su ministerio y dice que él llevó a cabo ese ministerio, en el versículo 19, con el poder de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios. De manera que desde Jerusalén y por los alrededores hasta el Ilírico, he predicado en toda su plenitud el Evangelio de Cristo. Y el testimonio que él da es que lo que predicó fue avalado por señales y prodigios. Las señales y prodigios que hicieron los apóstoles nosotros no los estamos viendo hoy. No es que Dios no pueda sanar a alguien hoy, pero ese don de sanidad, o cierto don que ellos tuvieron, nosotros no lo tenemos porque no somos apóstoles. La razón de esas señales y prodigios en el pasado era afianzar, confirmar al mensajero y el mensaje. Hoy en día el Espíritu nos confirma el mensaje, pero Pablo dice: cuando yo fui, fui afirmado y confirmado por señales y prodigios, porque eran sobrenaturales y vinieron de parte de Dios.
De manera que Dios lo empoderó de tal manera que él pudo predicar el Evangelio desde Jerusalén hasta el Ilírico. No sé si tú sabes qué es el Ilírico hoy, pero es el norte de Grecia, y algunos han trazado la trayectoria de Pablo durante toda su travesía. Para llegar de Jerusalén hasta el norte de Grecia de la manera que él fue, se calculan unos 2.200 kilómetros. Con los medios de transporte de aquella época, ¿tú crees que Pablo tenía una pasión por los gentiles? Tenía una pasión, una sed insaciable.
Pablo dice en el versículo 20: de manera que me esforcé en anunciar el Evangelio, no donde Cristo ya era conocido, para no edificar sobre el fundamento de otro. No es que estaba mal que él edificara sobre el fundamento de otro, porque en Corinto Pablo le escribió una carta y le dice que él plantó y Apolos vino y regó después; o sea, eso no tiene nada de malo. Pero el ministerio que Dios le dio a Pablo fue un ministerio pionero. Él salió del Medio Oriente, del área de Jerusalén, de la iglesia de Antioquía, y se fue mucho más allá a alcanzar gentiles precisamente. Me esforcé en anunciar el Evangelio donde Cristo no había sido conocido, para no edificar sobre el fundamento de otros.
Entonces dice en Romanos 15:21, el último versículo: "Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de Él, esos verán, y los que no han oído entenderán." Esa es una tarea que comenzó con Cristo, aunque Cristo básicamente atendió a algunos gentiles. Empezó posteriormente como una gran tarea a partir del libro de los Hechos: "Hechos 1:8, seréis mis testigos." Pero la meta final era que aquellos que nunca habían oído, los gentiles a quienes nunca se les anunció el Evangelio, ni Cristo, ni el Mesías, ni nada similar, llegaran a creer, a oír, para que pudieran entender. Y esa es también otra cita de Isaías 52:15. Pablo cita el Antiguo Testamento porque está tratando de convencer a los judíos: ¿se oyeron esto?, ¿han leído esto?, ¿han oído estas citas que les estoy mencionando? Este es el cumplimiento de lo que Dios les anunció a ustedes en el ayer: que los gentiles tendrían que creer.
Ahora, hermano, ¿qué podemos pensar? Bueno, qué bueno que Pablo vino, que fue pionero, que hizo eso. Pero ahora, ¿qué falta? Ahora, ¿qué falta en territorios? ¿Qué falta en lenguajes e idiomas para traducir la Biblia? Miles de dialectos e idiomas que no tienen una Biblia, que no tienen un fragmento de la Biblia, que no han oído. ¿Entonces qué hacemos? Bueno, la Palabra de Dios nos dice qué hacemos. Por un lado, Cristo dijo que los obreros son pocos pero que la mies es mucha; por tanto, hay que plantar más iglesias, eso es necesario. Pero eso no fue exactamente lo primero que Él dijo que hicieran. Crear más seminarios e institutos, eso es necesario, pero tampoco fue lo primero que Él dijo que hicieran. Él dijo: por tanto, ¿qué cosa? Oren, pidan, rueguen al Señor de la mies para que Él envíe obreros a su mies.
¿Estamos orando, pastor, estamos orando? ¿Y qué más podemos hacer? Sí, porque hay que hacer más que orar. Tú puedes hacer mucho después de orar, pero no debes hacer nada antes de orar. Pablo nos dio la respuesta en Romanos 10:13 al 15: "Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo." ¡A Dios sea la gloria, porque invoquen el nombre del Señor esa gente! No, no, no, espera. Versículo 14: ¿Cómo puede invocar a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Y como está escrito: "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el Evangelio del bien!"
Nosotros tenemos que orar, es verdad, pero también tenemos que enviar y tenemos que sostener en oración y financieramente a aquellos que están dispuestos a ir. Ahora, escúchame hermano: ir no es África solamente, o Asia, o el extremo de América del Sur o de América del Norte. No. El vecino de tu oficina, hay gente donde tú tienes que ir, porque ¿cómo va a invocar al Dios en el que tú crees si alguien no va, si alguien no le predica? Y si tú no le predicas es porque no has ido, o estás esperando que el pastor vaya a visitarle a su oficina. Pero yo lo conozco, yo trabajé con él, no el pastor. Entonces no solo tenemos una labor de oración y de enviar; tenemos que tener también voluntad de ir nosotros mismos. Desde la persona que me queda al lado en la oficina, hasta cualquier otra nación donde Dios me quiera enviar.
Que Dios nos dé el espíritu para que nosotros podamos ir. "Señor, envíame." Hay como tres personas que dijeron "envíame a mí." ¿Pues los otros? No es "aquí estoy yo, envía a otro." No, esa no es la fórmula. "Aquí estoy yo, envíame a mí." Hermano, no te estoy retando a África si tú no quieres. Te estoy retando a que vayas a la persona más cercana. ¿Quién es la persona más cercana? Te lo voy a decir: vive en tu Jerusalén, en tu Judea, en tu Samaria, y después en el resto de los confines de la tierra.
Padre, gracias, porque claramente se ve en tu Palabra que tú tenías un plan desde el principio: enviar a tu Hijo encarnado como judío para alcanzar incluso a los gentiles. Tu plan era venir primero en la persona de tu Hijo, alcanzar al pueblo judío, predicarte a ti mismo entre los judíos como cumplimiento de la promesa a los patriarcas, para luego enviar a un judío de nombre Pablo a que pudiera iniciar la segunda fase de la gran comisión y comenzar a predicar el Evangelio entre los gentiles con compasión y sed insaciable. Danos a nosotros la misma pasión por el Evangelio, por el hermano perdido, para que nosotros podamos compartir el Evangelio. Oh Dios, Señor, aquí estamos hoy, en Cristo. En tu nombre nos ponemos de pie.
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