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Sermones

La unidad y la edificación del cuerpo de Cristo es tu responsabilidad

Miguel Núñez 27 julio, 2025

La unidad del cuerpo de Cristo no es un asunto menor ni opcional: es una responsabilidad que recae sobre cada creyente. El apóstol Pablo, al escribir a los romanos sobre conflictos alimenticios entre judíos convertidos y gentiles, no estaba realmente preocupado por la comida o la bebida. Estas eran solo ilustraciones de un problema más profundo. Su verdadera preocupación era que la iglesia viviera en armonía, preservando la unidad que el Espíritu crea y que nosotros podemos destruir con nuestro egoísmo.

El llamado es claro: los creyentes maduros deben sobrellevar las debilidades de quienes tienen una fe más frágil, no para dejarlos en su inmadurez, sino para ayudarlos a crecer mientras se mantiene la paz del cuerpo. Esto requiere humildad, mansedumbre, paciencia y amor —ingredientes que nuestro ego resiste con fuerza—. Como un animal salvaje que es domesticado y pone su fuerza bajo el control de su amo, así el creyente debe tener sus impulsos bajo el señorío de Cristo. La restauración del que cae corresponde a los espirituales, pero debe hacerse con mansedumbre, mirándose a uno mismo para no caer también.

Cristo mismo no buscó agradarse a sí mismo, sino que cargó con los insultos dirigidos al Padre. Si él no vivió para sí, ¿qué clase de narcisista seríamos nosotros buscando nuestra propia comodidad? El pastor satisfacción propia. El pastor Núñez ilustra cuán fácilmente Satanás divide iglesias: una congregación se partió en dos porque a un anciano le sirvieron un pedazo de carne más pequeño que a otro miembro. El enemigo solo necesita encender la chispa; nosotros terminamos el incendio. Por eso se necesita esfuerzo intencional para preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, de modo que, unánimes y a una sola voz, glorifiquemos a Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Vamos a abrir la carta de Pablo a los Romanos, capítulo catorce. En un momento vamos a estar leyendo desde el versículo 19 al 15:6, pero como tenemos un par de domingos —un par de semanas— que nos separamos de la carta de Pablo a los Romanos, déjame conectarte, y al mismo tiempo conectar el mensaje anterior con el de hoy.

Recuerda que estábamos hablando en esta ocasión acerca de un conflicto, un dilema que había surgido en la iglesia de Roma como fruto de ser una iglesia mixta, donde había judíos convertidos que todavía pensaban que tenían ciertas limitaciones éticas que debían seguir, a pesar de que ya eran cristianos. Pero había otros gentiles que nunca vivieron bajo la ley de Moisés, nunca tuvieron restricciones de este tipo y que pensaban que tenían toda la libertad para comer de todo. De manera que entre ellos había una cierta tensión, y Pablo aconseja a los hermanos gentiles —a quienes él llama fuertes, fuertes en la fe— a que pudieran sobrellevar la debilidad de los hermanos judíos, que tenían una conciencia sensible y que sentían que no estaban en libertad para comer cierto tipo de comida.

Dijimos incluso en esa ocasión que el mismo tipo de conflicto surgió en la iglesia de Corinto, porque era un conflicto alimenticio también, pero de otro tipo. En Corinto había cristianos gentiles que habían participado de sacrificios ofrecidos a los ídolos, que ahora habían salido de esta práctica y que, al salir, entendían que era pecaminoso para ellos comer carne sacrificada a los ídolos. Y los judíos que no habían practicado tal idolatría entendían que sí se podía comer tal carne. Pablo les está diciendo entonces en Corinto: "Oye, si tú piensas que te puedes comer la carne, pero estás en presencia de un hermano cuya conciencia es débil en ese sentido y él entiende que no debes comer de esa carne, pues no lo hagas, para no hacerle tropezar."

Pablo llega a escribir incluso a los corintios en esa primera carta, capítulo 8, versículo 12: "Y así, al pecar contra los hermanos y herir su conciencia cuando está débil, pecáis contra Cristo." En otras palabras, para Pablo no era nada pequeño el hecho de que tú, con tu conciencia libre, no cargada, pudieras comerte la carne en frente de un hermano cuya conciencia aún no estaba libre. Pablo le recuerda y le dice: "Oye, no solamente estás pecando contra él, estás pecando contra Cristo mismo." Y la razón por la que está pecando contra Cristo es porque Cristo fue a la cruz y derramó su sangre por él, y ahora tú ni siquiera estás siendo sensible a alguien por quien Cristo derramó su sangre.

En esa ocasión dijimos mucho más, pero en aras del tiempo déjame ir conectando con lo que tenemos hoy en el texto. Lo que Pablo hace es ampliar el argumento, clarificar un poco más lo que ya él ha dicho. Nos habla ahora de la motivación de una forma más clara: la motivación para limitar nuestra libertad cristiana y la responsabilidad que nosotros tenemos de observar ciertas normas de conducta que en otro contexto pudieran ser legítimas, pero que frente a ciertos hermanos no lo son. Con eso en contexto, quiero invitarte a que leas conmigo Romanos 14:19 al 15:6.

Hay un par de frases que voy a enfatizar a propósito, para que cuando leamos el texto inmediatamente notes mi énfasis y puedas saber de qué trata el texto, puedas saber incluso cuál es el tema central. Romanos 14:19: "Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la **edificación mutua**." Versículo 20: "No destruyas **la obra de Dios** por causa de la comida. En realidad todas las cosas son limpias, pero son malas para el hombre que escandaliza a otro al comer." Versículo 21: "Es mejor no comer carne ni beber vino ni hacer nada en que tu hermano tropiece." Versículo 22: "La fe que tú tienes, tenla conforme a tu propia convicción delante de Dios. Dichoso el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba." Versículo 23: "Pero el que duda, si come se condena, porque no lo hace por fe; y todo lo que no procede de fe, es pecado."

Capítulo 15: "Así que nosotros, los que somos fuertes, **debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles** y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para su edificación, pues ni aun Cristo se agradó a Sí mismo; antes bien, como está escrito: 'Los insultos de los que te injurian cayeron sobre mí.' Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza. Y que el Dios de la paciencia y del consuelo les conceda **tener el mismo sentir los unos para con los otros** conforme a Cristo Jesús, para que **unánimes, a una voz**, glorifiquen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo."

Dado lo que leí y entendí, yo titulé mi mensaje: *La unidad y la edificación del cuerpo de Cristo es tu responsabilidad* —la mía también, por cierto; ya veremos que es de todos. Yo creo que es lo importante que podamos ver en los versículos que leí. La unidad y la edificación del cuerpo de Cristo es la preocupación de Pablo. No es la comida, no es la bebida, no es la carne sacrificada a los ídolos; esas son ilustraciones en el contexto de esta iglesia en Roma o de la iglesia en Corinto, pero no es su preocupación central.

Lo que Pablo hace en el texto de hoy es repetir mucho de lo que ya él dijo. Déjame ayudarte a ver algunas de las similitudes. En el versículo 17 del texto anterior —y cada vez que diga "el texto anterior" me refiero al sermón anterior— Pablo habla de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. En el versículo 19 de hoy, Pablo habla de la paz del cuerpo de Cristo. En el versículo 15 del texto anterior, Pablo dice: "No destruyas con tu comida a aquel por quien Cristo murió." En el versículo 20 del texto de hoy, Pablo dice: "No destruyas —la misma palabra— la obra de Dios por causa de la comida." En el versículo 14 del texto anterior, Pablo habla de alimentos inmundos; en el versículo 20 del texto de hoy, Pablo habla de alimentos limpios. En el versículo 4 del texto anterior, Pablo habla de no hacer caer a tu hermano; en el versículo 21 del texto de hoy, Pablo habla de no hacer nada en que tu hermano tropiece y pueda caer. Y pudiéramos establecer tres o cuatro similitudes más entre ambos textos.

Con esto, básicamente lo que estoy tratando de decir es que Pablo enseñó algo y ahora está enfatizando la misma cosa. Como bien dice James Montgomery Boice en su comentario sobre Romanos: "Si Dios dice algo una vez, deberíamos prestar atención, porque es Dios el que está hablando; pero si Él dice algo dos o tres veces —que es el caso de estas ilustraciones—, definitivamente debiéramos dejar todo lo que estamos haciendo, enfocar nuestras mentes, aprovechar cada palabra individual, memorizar lo que ha sido dicho, reflexionar sobre su significado y buscar aplicarlo a cada aspecto de nuestras vidas."

En Romanos 14–15, Pablo usa varias ilustraciones relacionadas con comida, bebida y carne, pero esta no es su preocupación. Pablo está detrás de algo que él repite dos o tres veces en estos textos. La pregunta inmediata sería de mi parte y de parte de ustedes: ¿cuál es la preocupación de Pablo? Porque la preocupación de Pablo es lo que sale a relucir con mayor claridad ahora y que da origen incluso al título de mi mensaje. La preocupación está en el versículo 19 del texto de hoy, que es el primero: "Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua." La Nueva Traducción Viviente lo dice así: "Por lo tanto, procuremos que haya armonía en la iglesia y tratemos de edificarnos unos a otros." Eso da origen al título del día de hoy: *La unidad y la edificación del cuerpo de Cristo es tu responsabilidad.*

Pablo está tratando de armonizar a dos grupos: un grupo de hermanos que tienen una conciencia fuerte, una fe fuerte —como Pablo les llama—, más maduros quizás, mejor instruidos; y otros hermanos que tienen una conciencia débil, una fe débil, a quienes él llama justamente así: débiles en la fe. Está llamando a que esos dos grupos puedan vivir en armonía y puedan incluso edificarse mutuamente. Pero de manera particular, le pide a aquellos que no tienen esa debilidad de conciencia que puedan ser pacientes y tolerantes mientras los demás alcanzan mayor madurez.

Ahora bien, con eso déjame decirte algo importante. Pablo no está abogando ni proponiendo que dejemos a estos hermanos en la inmadurez, porque al final son hermanos que tienen una debilidad en la fe y son inmaduros; esa no es la idea. Estos hermanos que tienen una fe débil necesitan crecer en conocimiento, pero mientras ellos crecen en conocimiento, Pablo está pidiendo a los hermanos fuertes, más maduros, que crezcan en amor hacia ellos, con la intención de que puedan armonizar, vivir en armonía y en paz en el cuerpo de Cristo. Dejar a los hermanos en su inmadurez no es un acto de amor para nada; sería una irresponsabilidad. Pero por otro lado, ser impaciente con ellos no sería conforme al evangelio, a la gracia de Cristo, ni a la misericordia y la mansedumbre de Cristo.

En una familia, por ejemplo, cuando un niño tiene diez años, tú no lo tratas como los bebecitos que están gateando todavía. Y cuando tienen dieciocho, bueno, pues ellos tienen más conocimiento y otras responsabilidades; tú les das otras responsabilidades. De esa misma manera debe ocurrir en la familia de la fe. Mientras tanto, con los bebecitos tú tienes un tipo de amor, una forma o expresión de su amor, porque no están donde deben estar. Y con los que tienen diez años tú les sigues llamando, pero les amas de manera diferente, porque ya entienden otras cosas y tienen otras responsabilidades.

Pero en lo que estos bebés espirituales maduran, Pablo está llamando al ejercicio de la mora, la capacidad, la tolerancia y la paciencia. ¿Y cuál sería el propósito? Bueno, lo dice en el versículo 19, y no hemos salido de ahí todavía: la edificación mutua. La palabra "edificación" es *oikodomé* en el original, y es una palabra eminentemente paulina. Digo eso porque la palabra aparece 18 veces en el Nuevo Testamento, y de esas 18 veces, Pablo la usa 15 veces. La mayoría de las veces Pablo la usa para referirse a la edificación individual, el crecimiento espiritual de alguien, de una persona en particular o miembro de iglesia, pero en ocasiones la usa también para referirse a todo el cuerpo: la edificación de la iglesia.

De hecho, déjame ayudarte a verlo haciendo uso de otra carta de Pablo a los efesios, llamada la carta de la iglesia, por las muchas instrucciones que hay para la iglesia y la mucha educación —perdón— la mucha instrucción para nosotros sobre lo que la iglesia es. En esa carta, Pablo dice en Efesios 4:11-13: "Y él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio." Escucha ahora: "para la edificación del cuerpo de Cristo." Esta es una preposición de propósito. Este es el propósito para el cual Dios capacitó a la iglesia con estos maestros, pastores y evangelistas: para la edificación del cuerpo de Cristo.

¿Y qué más? "Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo." ¿Notaste? La edificación del cuerpo de Cristo es en esta área: hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, hasta que todos lleguemos al pleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta que todos lleguemos a la condición de un hombre maduro, y hasta que todos lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Esa responsabilidad es tanto tuya como mía. La necesidad de edificarnos mutuamente, hasta que todos lleguemos donde se supone que debemos llegar, nos exige ejercitar estas cualidades, y es una responsabilidad que todos debemos tener en mente.

El afán de Pablo entonces es: ¿por qué no hacer tropezar al hermano? Porque si hace tropezar al hermano, eso no contribuye a la armonía del cuerpo de Cristo, no contribuye a la edificación del cuerpo de Cristo. De hecho, esto no sería la mejor forma de amarlo, y tampoco sería una forma de ayudarlo a madurar. Y esa unidad por la que Pablo está preocupado fue también una preocupación en la mente de Cristo. El pastor Luis leyó el texto de Juan 17, la oración del sumo sacerdote hecha por Cristo horas antes a su Padre. Tres veces Él pidió por la unidad de aquellos que habrían de creer en Él.

Bueno, pero cuando Cristo oró por esa unidad, ¿qué tan unidos quería que fuéramos? El pastor Luis lo leyó: "De tal manera que ellos sean uno como tú y yo somos uno." Y agrega, en una de estas tres ocasiones: "Para que el mundo crea y sepa que tú me enviaste." En otras palabras, la falta de unidad de la iglesia pone en tela de juicio la misión de Cristo aquí en la tierra. Digo esto otra vez: la falta de unidad de la iglesia de Cristo pone en tela de juicio la misión de Cristo aquí en la tierra. Y esta unidad de la iglesia fue una preocupación en la mente de Cristo, pero también lo fue en la mente de Pablo.

Escucha a Pablo otra vez, escribiéndole a la misma iglesia a los efesios —que es la carta de la iglesia—. Escucha lo que él dice en el capítulo 4, versículos 2 y 3: "Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz." ¿Notaste? Número uno: la unidad la crea el Espíritu, pero la destruimos nosotros. Cuando nosotros contribuimos a preservar la unidad, es porque el Espíritu nos ha ayudado a preservarla, pero Él es quien la crea. Escucha: que nos esforcemos por *preservar*; ya fue creada la unidad del Espíritu.

Número dos: nota que cuando tenemos la unidad del Espíritu, estamos unidos en paz, en el vínculo de la paz. Número tres: nota cuáles son los ingredientes de esta receta. El plato final a servir es la paz del cuerpo de Cristo, pero eso tiene una receta con ingredientes. ¿Y cuáles son? Humildad, mansedumbre, paciencia, amor, y un esfuerzo —esforzándose— por preservar la unidad del Espíritu. ¡Wow! Para terminar de decirlo: este conjunto de cualidades no son fáciles, hermanos. Yo no te voy a decir que son fáciles, pero de mi sincero corazón, si son difíciles no es porque Cristo las hizo difíciles, no es porque Cristo nos dio una forma difícil. Hay una sola razón por la que esos ingredientes se dificultan, y es nuestro ego, el egoísmo de cada uno de nosotros en diferentes grados. Este egoísmo que se resiste a ser humilde, a ser manso, paciente, a soportarse unos a otros.

"Pastor, pero hay gente que no es fácil." Claro, por eso el texto dice que hay que soportarlos. Si fueran fáciles, no habría que soportarlos. Hay que soportarlos porque ellos son un instrumento en las manos de Dios, cultivando tu amor incondicional que no tienes, cultivando tu paciencia que tampoco tienes, y tu tolerancia que tampoco tienes. La responsabilidad primaria en el cuerpo de Cristo, en términos humanos, de mantener la unidad del cuerpo, es de los más maduros. Lo vamos a ver otra vez en Romanos 15: que llevemos las flaquezas de aquellos que son más débiles.

Todas las súplicas que Pablo hace acerca de la comida, de la bebida o de la carne, no es tanto acerca de eso, porque hoy en día nosotros no tenemos este problema. Y tenemos la misma necesidad de conservar la iglesia en armonía, en paz, en el vínculo de la paz —la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz—. Tenemos la misma necesidad. Ya sea, como dijimos la semana pasada, que si pantalones o falta de acuerdo a ciertos grupos cristianos, Pablo podría irse al Medio Oriente, hablar de otra cosa, y volver a decir: "Yo todavía tengo la misma preocupación, ¿cuál es? La unidad del cuerpo de Cristo."

Y básicamente donde estamos es en el versículo 19. Escucha otra instrucción, versículo 20: "No destruyas la obra de Dios por causa de la comida." En el contexto que estamos hablando, la obra de Dios es el hermano de fe débil, o débil en la fe, o de conciencia débil. Él fue comprado a precio de sangre. Por tanto, no destruyas la obra de Cristo, no destruyas la iglesia de Cristo, la armonía, la unidad de la iglesia; no dividas la iglesia, no le hagas daño a la iglesia. Esta es la obra de Dios. No le hagas daño. Es la obra de Dios. Es también la santificación del hermano, o la madurez progresiva que él va a ir adquiriendo con el paso del tiempo, si nosotros de manera desinteresada estamos contribuyendo a la edificación mutua, de tal manera que los más maduros sobrellevan las debilidades de los menos maduros. No es que aprobamos el pecado, no es que celebramos el pecado, no es en estas otras cosas que pudieran ser de una manera o de la otra, pero que hay un grupo de cristianos que no la entienden exactamente como tú.

Próxima instrucción, versículo 20, segunda parte: "En realidad todas las cosas —refiriéndose a las comidas— son limpias, pero son malas para el hombre que come con escándalo para otro." No hay alimentos impuros. Si tú estás solo, o estás con un grupo de hermanos que creen de la misma manera y quieren comer cualquier cosa, están en libertad de comerla. Esa libertad no la tienes cuando tienes hermanos que piensan distinto que tú. Entonces, ¿qué hacemos, Pablo, cuando esos hermanos están presentes, o nosotros somos invitados a sus casas, o nosotros les invitamos a nuestras casas?

Versículo 21: "Es mejor no comer carne ni beber vino ni hacer nada" —subraya *nada*— "en lo que tu hermano tropieza." Te estoy hablando de comida y bebida; imagínate cuando hacemos tropezar al hermano en asunto de pecado. No hagas nada en ningún asunto que haga tropezar a tu hermano. Ve la milla extra para que tu hermano no tropiece y caiga. Claro, porque su tropiezo no es la forma de ayudarlo a madurar, como dijimos, y su condenación no es la manera de contribuir a la armonía y a la paz de la iglesia.

Próxima instrucción. La voy a leer de la Nueva Traducción Viviente, porque ya te leí la Nueva Biblia de las Américas. Versículo 22: "Tal vez crees que no hay nada malo en lo que haces, pero mantenlo entre tú y Dios. Benditos son los que no se sienten culpables por hacer algo que han decidido que es correcto." En otras palabras, si tú piensas que comer libremente toda clase de comida es lícito, pues gloria a Dios. Ahora bien, vive por eso, pero mantenlo entre tú y Dios. Si tú no te sientes culpable al comer ciertas cosas, o tomar cierto tipo de —digamos— un vino, por ejemplo, bueno, puedes mantenerlo entre tú y Dios. Pero si hay otros hermanos que piensan distinto y están presentes, no lo hagas. Para no estar repitiendo cosas que ya he dicho, porque se enfatiza así: ahora no es tanto la comida o la bebida, sino la armonía y la unidad del cuerpo de Cristo.

Próxima instrucción, versículo 23: "Pero al que duda, si come, se condena, porque no lo hace por fe. Todo lo que no procede de fe es pecado." Ya me lo leíste antes, pero al que duda, si come, se condena. Nota: Pablo está diciendo que si yo no estoy seguro de que comer carne sacrificada a los ídolos, o algún otro tipo de alimento, es lícito, y me lo como, este es el...

que duda. Pablo dice: "Se condena." Nota que no dice "Dios lo condena." No, Dios te va a condenar. Él se condena. En otras palabras, él se siente culpable, él se siente acusado. Hay un grupo de diez hermanos. Esto es: el hermano tiene la libertad de que pueden comer de todo. Yo voy quizá con mi esposa al grupo de diez, y nosotros tenemos —veníamos del trasfondo judío con las restricciones alimenticias— y no nos sentimos seguros. Pero ellos comienzan a montarnos presión, a hacer relajos, bromas. Nosotros nos sentimos un poco avergonzados, violados, y finalmente comimos. Y ahora, cuando nos vamos a la casa, nos condenamos, nos sentimos acusados de que pecamos, porque nosotros no teníamos esta fe que ellos tenían para realmente comer de esa manera.

Y Pablo está diciendo: no lo hagas. Tú estás dañando la obra de Dios, y eso es algo que Dios lo cuenta como pecado contra tu hermano y pecado contra Cristo. Bueno, mucho de eso, con palabras distintas, Pablo lo dijo en el texto anterior. Pero la repetición tiene que ver justamente con algo más que viene ahora en Romanos 15. Así que esa frase me dice: Pablo no va a seguir diciendo lo mismo. Hasta que llega al final de la carta de los Romanos, está concluyendo este tema; él lo va a cerrar. Pero antes de cerrarlo, él quiere dejar ciertas conclusiones.

"Así que nosotros los que somos fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos." Conclusión: habiendo dicho todo lo que hemos dicho, que quede claro ahora que nosotros los que nos consideramos fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, porque no debemos agradarnos a nosotros mismos. Eso no es la fe cristiana; no se trata de agradarte a ti mismo. Eso se llama egoísmo. Y tú llevas las flaquezas de otro. Cargarse de hambre con paciencia —y Pablo dice: no hagas eso, porque se supone que tú vives para agradar a Cristo.

Entonces, las flaquezas de los débiles, el sobrellevar las flaquezas de los más débiles por parte de los más fuertes, de los más maduros, no es algo que Pablo le dice solamente a la iglesia de Roma. Es algo de lo cual él escribió a los gálatas, capítulos 6:1 y 2. En esa iglesia, el problema de la otra era que habían judaizantes, hermanos que habían introducido obras de la ley como la circuncisión —porque eso era lo que estos habían enseñado todavía para la galación—. Y Pablo dice: ustedes han pervertido el Evangelio. Pero en Gálatas había verdaderos conflictos, y Pablo les dice: si ustedes se muerden unos a otros, van a terminar destruyéndose unos a otros.

Entonces, ¿qué hacemos? Escucha, Gálatas 6:1-2: "Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, en algún pecado, ustedes que son espirituales —la responsabilidad está en los espirituales, en los más maduros— restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llévense unos a otros —los más espirituales— las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo." ¿Quién es el que restaura? Los más espirituales. ¿Cómo se supone que se haga? En un espíritu de mansedumbre.

¿Cómo es esa mansedumbre? Bueno, déjame leerte algo de mi libro *En el poder del Espíritu*, que trata justamente del fruto del Espíritu. Lamentablemente, no estamos muy interesados en ser mansos. Yo no sé cuántos de ustedes han pedido, o con qué frecuencia lo hacen: "Señor, hazme un hombre, una mujer manso." Yo no sé cuánto lo hacen, con qué frecuencia. Yo dudo que sea con frecuencia. Y cuando leemos acerca de la mansedumbre, sigo la cita, ni siquiera recibimos convicción de que no lo somos. Sin embargo, para Cristo, ser manso y humilde es una condición sine qua non, imprescindible de la vida cristiana.

Tanto es así que en el Evangelio de Mateo nos dejó esta exhortación: "Vengan a mí todos los que están cansados y cargados, y yo los haré descansar. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde." De ningún otro nadie tiene ni la mansedumbre de un hombre ni la humildad que se requiere, de manera que aprende de mí, que soy manso y humilde de corazón —no de acción solamente, de corazón— "y hallarán descanso para sus almas." Este es el resultado de la mansedumbre: descanso para mi alma.

Los conflictos internos que llevamos —que me dijo, que no me dijo, que no me invitó, que me pasó por alto, que me pasó por encima, que me habló mal, que no me ha pedido perdón—, todo este berenjenal que llevamos dentro es el fruto de la ausencia de humildad y de mansedumbre. En el griego antiguo, la palabra se usaba para referirse a un animal que había sido domesticado. Yo creo que hablaremos de eso en otra ocasión. Tú tienes un potro salvaje; él tiene fortaleza, tiene todos sus bríos. Lo domestican, y después de domesticarlo, sabes que él tiene la misma fortaleza, el mismo brío. Pero ahora los tiene bajo el control de su amo.

De esa misma manera, el incrédulo es un potro salvaje antes de venir a Cristo. Él tiene fuerza de voluntad y tiene fortaleza y tiene brío y todo lo que tú quieras, pero no está bajo control. Se supone entonces que cuando yo vengo a los pies de Cristo, el Espíritu Santo viene a mí, y ahora Él debe, por medio del dominio propio que desarrolla en mí, tener todos mis impulsos bajo control para complacer a mi Amo, que es Cristo. Así es como debe ocurrir.

¿Cómo se supone, de nuevo, que ocurra la restauración del que se ha encontrado en una falta? Número uno: en un espíritu de mansedumbre. Número dos: mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. En otras palabras, ten cuidado cuando hagas la observación, porque el que crea que está firme tenga cuidado, no solamente de ser tentado, sino de poder caer. Y muchas veces, cuando confrontamos a otros, si no tenemos la humildad para hacer la confrontación, lo que tenemos es el orgullo. Este es la evidencia, la mejor evidencia, de que probablemente yo termine cayendo prontamente. Antes de la caída viene el orgullo, o la soberbia, como dicen diferentes traducciones.

Próxima instrucción: "Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para su edificación." Pablo, pero dijiste en el versículo anterior que no me agrade a mí mismo. ¿Ahora me lo está diciendo al revés, que agrade a mi prójimo? Sí, porque somos torpes, nos hacemos los torpes. No te agrades a ti mismo; agrada a tu prójimo en lo que es bueno para su edificación. El enfoque no es sobre mí. No te agrades a ti mismo. De hecho, en Filipenses 2:3-4, Pablo dice que consideres al otro como más importante que a ti mismo. ¿Te das cuenta? El enfoque es el otro. No buscando cada uno su propio interés. No eres tú el foco, no eres tú el centro, sino más bien los intereses de los demás.

Adán y Eva pecaron por egoístas. No fue otra razón. Yo quería ser como Dios, quería su autonomía, y compró una mentira porque le convenía a ellos personalmente. Y tú y yo pecamos por nuestro egoísmo; insistimos en nuestra voluntad, en llevar a cabo nuestros deseos, en satisfacer nuestros pecados. Ese egoísmo, para el cuerpo de Cristo, es terrible. El egoísmo es la semilla de la división. El egoísmo impide la convivencia en paz. El egoísmo tiene poca tolerancia para el otro y vive condenando al otro y, al mismo tiempo, excusándose a sí mismo.

Pablo está tratando de decirnos: esa no es la forma de edificar una iglesia. Esa no es la forma de vivir en armonía. Esa no es la forma de honrar la cruz. Esa no es la forma de que el mundo sepa que Cristo fue enviado por el Padre, porque para que el mundo pueda creer —esto de acuerdo a Cristo— nosotros tenemos que ser uno, como Él y el Padre son uno.

Cuando Pablo le escribió a los corintios, recuerda, en el capítulo 8 habló de la carne sacrificada a los ídolos. En el capítulo 9 está haciendo exactamente lo mismo que aquí en Romanos. Él entonces comenzó a ilustrar: no se trata de mí, se trata de los demás. Y les dice en el capítulo 9 de Primera de Corintios, versículos 19 al 22, escucha, en la versión Nueva Traducción Viviente:

"A pesar de que soy un hombre libre y sin amo, me he hecho esclavo de todos para llevar a muchos a Cristo. Cuando estaba con los judíos, vivía como judío para llevar a los judíos a Cristo. Cuando estaba con los que siguen la ley judía, yo también vivía bajo la ley —a pesar de que no estoy sujeto a la ley— me sujetaba a ella para llevar a Cristo a los que están bajo la ley. Cuando estoy con los gentiles, quienes no siguen la ley judía, yo también vivo independiente de esa ley para poder llevarlos a Cristo. Pero no ignoro la ley de Dios; obedezco la ley de Cristo."

Déjame pararme ahí un momento. Pablo nos dice, y les dice a los gálatas, que nosotros no estamos bajo la ley de Moisés, y es verdad. Pero él dice: pero no es que estamos sin ley tampoco. Nosotros estamos bajo la ley de Cristo. ¿Entonces cuál es la ley de Cristo? Bueno, teológicamente lo que más sentido tiene es que la ley de Cristo son esos dos mandamientos en los que Él resumió toda la ley: amar a Dios con todo tu alma, toda tu mente, tu corazón, toda tu fuerza, y al prójimo como a ti mismo. En esos dos mandamientos se resume toda la ley y los profetas. Esa es la ley de Cristo.

Bueno, si es así, Pablo que está cumpliendo: "Cuando estoy con los que son débiles, me hago débil con ellos, porque deseo llevar a los débiles a Cristo. Sí, con todos trato de encontrar algo que tengamos en común, y hago todo lo posible para salvar a algunos." Pero no está con esto haciendo un evangelio estándar —no le estándar—. No se rebaja. Pablo no está diciendo: bueno, yo a los débiles me hice débil con su dios, me hice como un dios para ganar su aprobación. No. Pablo dice a los gálatas en 1:10 que si él busca la aprobación de los hombres, ya no es ni siquiera siervo de Cristo. Lo que Pablo está diciendo es: en diferentes contextos, yo limité mi libertad cristiana con una sola intención: llevar a alguno de ellos a Cristo.

Es decir, todo lo hizo —con los judíos, con los gentiles, lo hizo con cada grupo, con los que estaban bajo la ley, con los que no estaban en la ley— limitó su libertad cristiana para no alejar a nadie. Y que nadie haga caer a otro con nuestro pecado.

El versículo 3 de Romanos 15: "Pues ni aun Cristo se agradó a sí mismo." Esa es la razón, la razón por la que...

Estoy haciendo esto no para agradarme a mí mismo, sino para tratar de agradar al otro, tratando de llevarlo a Cristo. Es por esto que el versículo tres dice que ni aun Cristo se agradó a sí mismo. ¡Qué clase de narcisista sería yo tratando de agradarme a mí mismo! Antes bien, como está escrito: "Los insultos de los que te ultrajaban cayeron sobre mí." Eso es una cita del Salmo 69:9, son las palabras de David en un momento dado donde dice que los insultos de los que ultrajaban a Dios cayeron sobre él, por lo que es un salmo profético apuntando a Cristo, sobre quien caerían los insultos también. Entonces, si Cristo no se agradó a sí mismo, Pablo dice: yo menos.

Por eso, el versículo cuatro de Romanos 15 dice: "Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados" —el Antiguo Testamento— "para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza." En otras palabras, no solo no estamos bajo la ley del Antiguo Testamento; eso no quiere decir que el Antiguo Testamento no tenga muchas cosas que enseñarnos. Y Pablo dice qué cosas: por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras del Antiguo Testamento, que tengamos esperanza.

Entonces, ¿cómo me ayuda el Antiguo Testamento a desarrollar paciencia? Bueno, piensa por un momento: Dios me ha dicho que la vida del hombre no se rige por el calendario humano; se rige por la cronología de Dios. Y Dios nunca da de prisa. Entre el Génesis y el Éxodo hay 400 años. Una pausa. Entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, 400 años más. Dios va despacio. Por un lado, Dios muestra a lo largo del Antiguo Testamento una cronología tal que tú tienes un grupo de gente que estaba aquí en este salón; la generación que ansiaba al Mesías estaban ansiosos esperando al Mesías y se murieron sin verlo. ¡Vaya! Entonces el Antiguo Testamento, si consideramos a esa gente verdaderamente, nos ayuda a desarrollar la paciencia.

Pero, por igual, si lees Hebreos 11, lo que pasó con la gente del Antiguo Testamento es que esa generación recibió promesas que nunca recibieron, porque las iban a recibir del otro lado, en la vida venidera. Ahora tú puedes ver que en esta generación, que no conoce la gratificación retardada, esas promesas de la vida venidera no les interesan, porque si me lo van a dar, que me lo den ahora. Bueno, si tú quieres lo puedes tener ahora; lo que no vas a tener después son las promesas del otro reino. Entonces el Antiguo Testamento nos puede ayudar a desarrollar esa paciencia, nos puede ayudar a desarrollar esa otra perspectiva y tener entonces esperanza, que es lo que Pablo dice en este versículo 4.

Escucha ahora cómo amplía la idea: "Y que el Dios de la paciencia y del consuelo les conceda tener el mismo sentir los unos para con los otros, conforme a Cristo Jesús." Párate a pensar: ¿cuál es la preocupación de Pablo? Que tengan el mismo sentir los unos para con los otros. ¡Vaya! ¿Quién es el que nos está guiando? El Dios de la paciencia. ¿Qué es la paciencia de Dios? Cuando hablamos de la paciencia de Dios nos referimos a la disposición del corazón de Dios que, odiando el pecado, puede esperar por mucho tiempo el arrepentimiento del hombre. En los días de Noé, Él esperó 120 años el arrepentimiento de un pueblo que vivía sumergido en corrupción, 120 años, donde el texto anterior nos dice que el hombre hacía solamente, y de continuo, el mal. ¡Vaya! Después de que el reino de Israel se dividió, al reino del norte le dio 200 años advirtiéndole por medio de profetas: arrepiéntanse. Bueno, como no se arrepentieron, al exilio, a Siria. Al reino del sur, 125 años más. Ese es el Dios de la paciencia; es la inclinación bondadosa de su corazón al ver la pobreza espiritual del pecado.

¡Vaya! Pero Efesios 5:1 me dice que seamos imitadores de Dios. ¡Vaya! Si eso es así, necesito tener cierto grado de paciencia. Tengo que tener esa inclinación a restringir mi forma condenatoria, esperando el arrepentimiento del hermano. ¿Y cuál es la razón? Bueno, porque debiéramos tener, de acuerdo al versículo cinco que ya leímos, el mismo sentir los unos con los otros. Esa frase, "el mismo sentir de unos con otros", no aparece solamente en Romanos; aparece seis veces en el Nuevo Testamento: aparece en Romanos 12:16, ya lo vimos; aparece en el texto de hoy, Romanos 15:5; aparece en 1 Corintios 1:10; en 2 Corintios 13; en Filipenses 2:2; y en 1 Pedro 3:8. Que seamos de un mismo sentir. Todo el afán de Pablo con la comida, la bebida, la carne sacrificada a los ídolos, tenía que ver solamente con eso: que la iglesia esté en armonía, que estén en paz, que se preserve la unidad del Espíritu, que sean de un mismo sentir unos con otros. Lo demás eran ilustraciones.

Y luego, con el versículo 6 y final del texto de hoy, Pablo dice: "Para que unánimes, a una voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo." ¡Vaya! Unánimes. Cuando tú lees el libro de los Hechos en 1:14, habla de que los miembros de la iglesia estaban unánimes. Se llega al capítulo 2:40 y dice que estaban unánimes. Tú vas a la carta a los Filipenses en 1:27 y los llama a luchar unánimes. La unanimidad del cuerpo de Cristo, la unidad del cuerpo de Cristo, no es algo pequeño. La división de las iglesias no es algo que Dios considera pequeño. De hecho, Pablo también le dice a Timoteo: al hombre que causa división, repréndelo una vez, y después de la segunda, deséchalo; no pierdas más tiempo. No es algo pequeño; está destruyendo la obra de Dios.

Y no solamente ha sido una preocupación en el Nuevo Testamento; para la IBI y sus líderes, desde el primer día la unidad de la iglesia ha sido una preocupación. Por eso es que el pacto de compromiso para hacerse miembro de la IBI dice: "Me comprometo a velar por la unidad de la iglesia. Esto implica aceptar, amar y perdonar al hermano cuando sea necesario, de la misma forma que Cristo me ha aceptado, amado y perdonado; caminar junto a ellos con amor fraternal, orando y sirviéndonos mutuamente, llorando con el que llora, regocijándonos con el que se regocija, soportando las cargas los unos de los otros."

¿Cuál es la razón para estar en unanimidad? ¿Cuál es la razón de estar unidos, de ser de un mismo sentir el uno con el otro? Bueno, aquí dice el versículo 6: para que glorifiquen a Dios. Déjame cerrar, hermanos. Divididos, tú y yo no podemos glorificar a Dios. Divididos, no podemos vivir en paz y en armonía. Divididos, no podemos edificarnos a nosotros mismos. Todas estas cosas vimos que eran responsabilidad nuestra, pero divididos no las podemos hacer. No podemos edificarnos unos a otros. No podemos sobrellevar las cargas de los más débiles si estamos divididos. No podemos restaurar al caído. Si alguien se ha encontrado en falta, no vamos a limitar nuestra libertad cristiana en favor de otros si estamos divididos. No vamos a ejercitar la paciencia en favor del otro. No podemos honrar a Cristo, no podemos honrar la Cruz, no podemos honrar el Evangelio. Una iglesia dividida es un desastre. La división y la irreconciliación huele a azufre; es todo del infierno y nada del cielo.

Hermanos, esta es la preocupación de Pablo. No es la comida, no es la bebida, no es la carne sacrificada a los ídolos. Es que estas son cosas que Satanás usa —cosas pequeñas— para causar estragos grandes en el cuerpo de Cristo. Y que les hacían dividir por cosas que si se las cuento no lo creerían. De hecho, me contaron de una sola: una iglesia se dividió porque en un picnic que la iglesia hizo, a uno de los ancianos le sirvieron un pedazo de carne más pequeño que al de un miembro regular. Él se quejó, y cuando se quejó, otros familiares y amigos del miembro regular ripostaron —vamos a decir, se quejaron de vuelta—, y gente allegada al anciano se quejó para atrás. Y sabes que al final de varias semanas de discusión, la iglesia se dividió en dos por una hamburguesa. Y Satanás, para ilustrarlo de alguna manera, creo que Satanás pudiera decirle a cualquiera de los hijos de Dios, o insinuarle o inducirlo a que comience una división, y después que la división comienza, lo que él puede decir es: "Me voy; ustedes la terminan ya. Con eso es suficiente."

Y es la razón por la que tú y yo necesitamos más que doble paciencia, tolerancia, humildad y un esfuerzo para soportar a otros y poder preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.

Padre, gracias. Ciertamente tu Hijo Jesucristo fue enviado a la tierra porque estábamos divididos tú y nosotros, y Cristo vino y nos reconcilió contigo. Selló la división, cerró el abismo. Y ahora que estamos unidos contigo por el Espíritu, tú esperas que nosotros estemos unidos unos con otros por medio del mismo Espíritu. Perdónanos cuando este no es el caso. Perdónanos cuando no es el caso en la iglesia, en el matrimonio, entre miembros, entre amigos. Señor, ayúdanos a cantar otra vez como uno, porque necesitamos tu ayuda de manera que nosotros podamos tener el mismo sentir, el mismo corazón, para que podamos glorificar a Cristo, la Cruz y el Evangelio. En tu nombre hemos orado y predicado para tu gloria. Amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.