IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
El cristianismo comenzó con un acto de amor: antes de la encarnación, antes del despojamiento de Cristo, Dios amó al mundo y decidió redimir a una humanidad condenada. Ese amor es la columna vertebral de toda la fe cristiana, y cada cosa que pensamos, decimos o hacemos con relación al otro debe filtrarse a través de esa ley. Si no es compatible con el amor, estamos en pecado.
En la iglesia de Roma convivían cristianos gentiles y judíos creyentes. Los judíos aún guardaban restricciones alimenticias y días especiales que habían quedado atrás con Cristo; los gentiles comían de todo sin sentirse obligados a celebrar ningún día. El problema no eran las diferencias, sino que unos condenaban y despreciaban a los otros. Pablo interviene: el débil en la fe no es alguien de carácter frágil ni de voluntad débil, sino alguien cuya conciencia no se siente libre para actuar de cierta manera. Y nadie tiene derecho a juzgar a quien Cristo compró con su sangre. ¿Quién eres tú para condenar al criado de otro amo?
La vida cristiana no consiste en comidas ni bebidas, sino en justicia, paz y gozo en el Espíritu. Cuando condeno a mi hermano o lo hago tropezar, ya no ando conforme al amor. El pastor Núñez lo ilustra con situaciones actuales: mujeres que creen pecaminoso usar pantalones o maquillaje deben poder convivir con quienes piensan diferente, sin condenarse mutuamente. La libertad cristiana es buena, pero tiene límites: si mi libertad hiere la conciencia de un hermano débil, peco contra Cristo. Pablo estaba dispuesto a no comer carne jamás si eso evitaba hacer pecar a un hermano. La cruz demanda ese nivel de sacrificio por amor.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Quiero invitarte a que puedas localizarte en la Carta de Pablo a los Romanos, capítulo 14.
Quiero comenzar esta mañana de la misma manera que voy a comenzar ahora. Si alguien te preguntara cuándo y cómo comenzó el cristianismo, no sé cuál sería tu respuesta. ¿Alguien se aventura a decir? Nadie sabe o todos están intimidados. Bueno, yo voy a aventurar a decir que algunos quizás pudieran decir: "Bueno, comenzó con la encarnación de Cristo", y en cierta manera fue cierto. Otros pudieran decir, quizás algunos más astutos todavía teológicamente hablando: "No, no, no. Comenzó antes, comenzó cuando Cristo decidió en los cielos, a pesar de ser igual a Dios, despojarse de sí mismo para luego encarnarse". Y ambas respuestas tendrían mucho de verdad, pero yo no creo que comenzó ahí.
Yo diría que el cristianismo comenzó cuando Dios en su amor decidió —Cristo no estaba encarnado— redimir una humanidad que estaba condenada al pecado. E incluso decidió, debido a ese amor que tenía, elegir un grupo de personas en la eternidad pasada. Y de hecho, si tú me preguntaras que de dónde yo puedo anclar lo que acabo de decir, yo te diría que es el versículo que todos conocemos de Juan 3:16: "De tal manera amó Dios al mundo..." No hay para... Si Dios no hubiese amado al mundo de esa manera, Cristo no hubiese podido despojarse de sí mismo y mucho menos encarnarse. Pero es que yo creo que el cristianismo comenzó antes de esas dos cosas.
Ya me he completado el texto: "De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna." Dios primero amó y después dio. Dios decidió en su amor por nosotros escoger ese grupo de personas en la eternidad pasada y darle a su Hijo. Eso es exactamente lo que Cristo dice: que él vino con autoridad sobre toda carne para dar vida eterna a aquellos que tú me has dado. Juan 3:16 más de una vez nos recuerda que nosotros somos aquellos que tú me has dado, según lo que Cristo dijo. De manera que, como hemos dicho otra vez, si tú y yo representamos una ofrenda de amor, subraya la palabra amor, del Padre al Hijo. Somos una ofrenda de amor del Padre al Hijo.
De manera que cuando Cristo viene, Juan sería la razón por la que él vino. Bueno, el Padre nos amó y entregó a su Hijo. Luego, Cristo nos dice en Juan 14:31 que él vino y obedeció al Padre porque él ama al Padre. La razón por la que Cristo decidió venir es porque él ama al Padre. Esta es la razón primaria, pero no la única razón. La segunda razón por la que Cristo vino es en Efesios 5:2. Al final, él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros como aroma agradable a Dios. La segunda razón por la que Cristo vino fue porque él nos amó.
Yo menciono todo esto porque yo no sé si te has percatado que hay en todo lo que yo he mencionado, hay un solo verbo que explica todo lo que ha ocurrido con la salvación del hombre, y es el verbo amar. La columna vertebral de la fe cristiana, del principio al fin, es el amor. El eje central de la fe que tú dices profesar es el amor: el amor por Dios, el amor por el hermano en la fe, el amor por el prójimo y el amor aun por el enemigo. Todo eso Pablo lo dijo en Romanos 12 y 13: que yo necesito amar al Padre, necesito amar al hermano en la fe, necesito amar al prójimo y necesito amar aun al enemigo. Y luego en Romanos 13:8-10, Pablo me dice que el amor es el cumplimiento de la ley.
Si tú entiendes bien, antes de yo comenzar a exponer mi texto, de qué trata esto que estamos hablando, déjame irte aproximando al texto. Dice que si eso es verdad, entonces cada cosa que vayas a hacer con relación al otro, cada cosa que vayas a pensar con relación al otro, tú tienes que pensarlo o filtrarlo a través de la ley del amor. Pregúntate ahora si lo que estás pensando, diciendo o haciendo es compatible con la ley del amor. Y si no lo es, estás mal, estás en pecado, estás en contradicción con la fe que tú has abrazado.
Quiero que tú leas conmigo de Romanos 14. Es un texto largo, pero es un texto que cada versículo tiene que ver con el mismo tema. Comenzamos leyendo en el versículo 1 hasta el 18: "Acepten al que es débil en la fe, pero no para juzgar sus opiniones. Uno tiene fe en que puede comer de todo, pero el que es débil solo come legumbres. El que come no desprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado."
El versículo 4: "¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae. En pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie. Uno juzga que un día es superior a otro, otro juzga iguales todos los días. Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir. El que guarda cierto día, para el Señor lo guarda. El que come, para el Señor come, pues da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene y da gracias a Dios."
El versículo 7: "Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó: para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos. Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O también tú, ¿por qué desprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios. Porque está escrito: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua alabará a Dios. De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo."
"Por tanto, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidan esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano. Yo sé y estoy convencido en el Señor Jesús de que nada es inmundo en sí mismo, pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo es. Porque si por causa de la comida tu hermano es entristecido, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida a aquel por quien Cristo murió. Por tanto, no permitan que se hable mal de lo que para ustedes es bueno, porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que de esta manera sirve a Cristo es aceptable a Dios y aprobado por los hombres."
No sé si entendieron todo lo que yo leí, pero de acuerdo a lo que acabamos de leer, en la iglesia de Roma había una situación. Yo te mencioné en el primer sermón de esta serie que la iglesia de Roma era una iglesia mixta. Eso es lo que explica lo que está ocurriendo: una iglesia mixta de cristianos gentiles y judíos creyentes. Entonces los judíos creyentes todavía no habían acabado de madurar o entender que las limitaciones dietéticas habían quedado atrás, y que los días también a celebrar según el judaísmo habían quedado atrás. Entonces tenían cierta inclinación a seguir guardando las restricciones. Por otro lado, los cristianos gentiles nunca estuvieron bajo la ley de Moisés, sentían que podían comer todo y no se sentían obligados a guardar ningún día de manera especial.
Y lo que estaba entonces ocurriendo era que unos estaban criticando, condenando, rechazando a los otros. Y ahora Pablo les está diciendo: "Hey, esa no es la forma como ustedes deben comportarse unos con otros. Ustedes no pueden estar rechazando, condenando a aquellos que son sus hermanos en Cristo. Ni puede el fuerte condenar al débil, ni el débil condenar al fuerte." A la luz del Evangelio y a la luz de la ley del amor, esas dos cosas no deben ser.
Ahora, antes de continuar, déjame explicarte quién es el débil en la fe y quién no es, porque el débil en la fe no es el de fe débil. No, no. El de fe débil es una persona insegura, de poca confianza en Dios y en sus promesas. Él vive lleno de temor, él vive más en un sube y baja. De ese hermano habló Santiago en el capítulo 1, versículo 6 al 8, y le llamó un hombre de doble ánimo, que debe pedir con fe, porque si pide sin fe que no piense que va a recibir nada, porque es un hombre de doble ánimo. Este es otra persona. Pablo no está hablando de esa persona. Él no está hablando de alguien de fe débil, sino alguien débil en la fe.
Déjame decirte de qué otra persona Pablo no está hablando. Pablo tampoco se está refiriendo a alguien que tiene una debilidad de carácter, no, no, no. O que tiene una debilidad de fuerza de voluntad, no. Ni de alguien que le falta dominio propio, que vive reincidiendo en su pecado. Pablo no está hablando de esa persona. Con esa persona tenemos que lidiar, por eso hablamos de disciplina y la hacemos en ocasiones: disciplina privada y disciplina pública.
Pablo está hablando de alguien que es débil en la fe en el contexto de lo que está ocurriendo en la iglesia de Roma. Es alguien que no se atreve a comer cierto tipo de alimento porque entiende que es pecaminoso, alguien que quizá todavía está guardando el día de reposo sábado porque de lo contrario piensa que está pecando.
Entonces, Pablo nos está instruyendo acerca de cómo lidiar con ellos. Versículo uno, escucha: "Acepten al que es débil en la fe, pero no para juzgar sus opiniones." Versículo dos: "Uno tiene fe en que puede comer de todo, pero el que es débil solo come legumbre. El que come no desprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado."
En este texto Pablo tiene algunas recomendaciones y tiene un par de conclusiones que las vamos a ir viendo. Recomendación número uno: acepta al que es débil en la fe y no juzgues sus opiniones, y ya definimos al débil en la fe. Recomendación número dos: el que come de todo, que no condene al que no come ciertos alimentos o no guarda ciertos días, o guarda ciertos días; pero el que se abstiene, que tampoco condene al que decide o decidió comer de todo.
"Pastor, pero hoy en día no tengo claro cómo se ve eso." Bueno, no es tan difícil. Hay hermanas en iglesias pentecostales cuyas mujeres entienden que es pecaminoso usar pantalones. Sin embargo, otras mujeres de múltiples denominaciones entienden que no es pecaminoso. Pablo diría: la que lo entiende de una manera que no condene a la otra, y viceversa. De esta misma forma, dentro del grupo de pentecostales, en algunas iglesias entienden que es pecaminoso ponerse, no sé, coloretes o maquillaje. Sin embargo, ese no es el sentir de la mayoría de las mujeres en otras denominaciones. Pablo nos diría exactamente lo mismo: no se juzguen unos a otros, que cada cual viva, conviva, reúnanse en una conferencia y puedan convivir como hermanos en la fe.
Lo que estas personas tienen no es una debilidad de carácter, no es una debilidad de fuerza de voluntad. Lo que esta persona tiene es una debilidad, o carecen más bien de libertad de conciencia. En su conciencia no se sienten libres de actuar de una manera o la otra. Cuando yo he sido invitado a predicar en algunos contextos pentecostales, mi esposa no se pone pantalones y trata de no ponerse gran cosa de maquillaje, por respeto a nuestros hermanos. Y es la manera como Pablo está tratando de instruir a estos creyentes en la iglesia de Roma.
¿Cuál es la base para la prohibición de la condenación en el texto? Por lo menos por donde vamos, versículo 4. Ahí lo dice: "¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie." En otras palabras, no juzgues a alguien sobre quien tú no ejerces señorío, porque tu juicio o tu condenación te sería pecado. Solamente Dios tiene ese derecho.
Imagínate en una relación terrenal: yo soy amo y tengo criados, y hay otra finca al lado que tiene otro amo con otros criados. Que yo quiera ir a esa finca y juzgar al criado de ese otro amo, eso sería una intromisión, eso sería una falta de respeto, y realmente el otro amo tendría todo el derecho de decirme: "¿Y tú quién eres?" Bueno, en ese mismo sentido, si Cristo dio su sangre por tu hermano y lo aceptó en la familia de la fe, aún con esas creencias relacionadas a alimentos y días de reposo, ¿quién eres tú para cuestionar a este hermano?
Es como que Cristo viniera donde ti y te dijera: "¿A qué familia tú perteneces?" "Bueno, tú me aceptaste en tu familia." "¿Y por qué yo te acepté aquí?" "Bueno, porque tú me compraste a precio de sangre." "Ahora explícame, este otro, este otro que no come ciertas cosas, ¿a qué familia pertenece?" "Bueno, a la tuya." "¿Y cómo fue que él entró aquí?" "Bueno, porque tú lo compraste." "Entonces explícame una cosa: ¿por qué estás tú condenando a la persona que pertenece a la misma familia que tú y que entró bajo la misma condición? Explícame." A eso es que Pablo está refiriéndose: no condenes a alguien por quien Cristo dio su sangre. De nuevo, no estamos hablando de pecado, estamos hablando de una debilidad de conciencia o deficiencia de conciencia, ¿ok?
Entonces, la iglesia de Roma estaba compuesta de gentiles cristianos y judíos cristianos. Entonces, Pablo explica que el problema no solamente estaba con la comida, estaba también con los días de fiesta. Versículo 5: "Unos juzgan que un día es superior a otro, otros juzgan iguales todos los días. Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir."
Imagínate que entre esos hermanos judíos cristianos alguno estuviese todavía interesado en celebrar el Día de la Expiación. El Día de la Expiación era el día más sagrado en el calendario judío, más bien el calendario religioso judío. Los hebreos tenían dos calendarios: uno civil y uno religioso. Las fiestas religiosas eran dirigidas de acuerdo al calendario religioso. El día más sagrado era el Día de la Expiación, el día cuando el sumo sacerdote venía, entraba al templo, ofrecía siete sacrificios diferentes por el perdón de los pecados de todo el pueblo. Pero ya ese día no tenía sentido. Ya Cristo vino, fue a la cruz, y eso exactamente logró: la expiación de nuestro pecado. Pero este otro hermano, u hermanos, ha decidido todavía celebrar el Día de la Expiación de alguna manera. Pablo dice: no lo juzgues, no lo condenes, no lo rechaces. Ahora, por él, quizás necesita madurar, quizás necesita entender.
¿Sabes qué? Tú lees el Nuevo Testamento y te encuentras con que Apolos era un predicador poderoso, poderoso en palabra, y sin embargo había cosas del satisfizo evangelio que no entendía. Y Aquila y Priscila lo tomaron aparte y le explicaron el evangelio de una mejor manera. Bueno, aun Apolos tuvo que ser corregido, o más que corregido, instruido para madurar.
Pablo dice el versículo 6: "El que guarda cierto día, para el Señor lo guarda. El que come, para el Señor come, pues da gracias a Dios. Y el que no come, para el Señor se abstiene y da gracias a Dios."
Recomendación número cuatro: no juzguemos al hermano. ¿Sabes por qué? Porque él, cuando hace lo que hace y se abstiene de comer —es una ilustración— cierra sus ojos y le da gracias a Dios por la comida. El otro que va a comer de todo, cuando va a comer, él baja su cabeza, él cierra sus ojos y le da gracias a Dios por la comida. Quizás este hermano está convencido de que haciendo o comiendo de esa manera está honrando y glorificando a Dios.
Pablo en parte ya está pensando como muchas veces nosotros pensamos: "Porque todavía cree que la salvación es por obras y se está tratando de ganar puntos." Eh, espera, no juzgues las motivaciones del otro. Nos encanta juzgar las motivaciones del otro. ¿O no? Aquí un grupito que se sincere. Este grupo hábleme, de aquí vivimos continuamente, ¿no? "¿Por qué lo hizo? Yo sé por qué lo hizo. Él lo hizo por tal cosa, no lo hizo por tal otra." ¿En serio? ¿Tú vives dentro de él o de ella? Tú no sabes.
De hecho, la Palabra de Dios, Pablo escribiendo a los corintios en el capítulo cuatro, primera carta, versículo 5, prohíbe, inspirado por el Espíritu, juzgar las motivaciones o intenciones de los demás. Pablo dice incluso que tú y yo debiéramos esperar al último día, al día del juicio, cuando Dios va a traer a colación todas las motivaciones y todas las intenciones ocultas por las que hicimos o dijimos lo que hicimos y lo que dijimos. Pablo dice: espera a ese último día, pero no vayas a juzgar de antemano lo que tú no conoces.
Y Pablo entonces quiere hablarle a los fuertes y hablarle a los débiles. Escucha cómo él lo hace en los versículos 7 al 10: "Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó: para ser Señor" —subraya esa palabra— "tanto de los muertos como de los vivos."
En otras palabras, ten cuidado a la hora de juzgar, porque por encima de ti hay un Señor que ejerce señorío sobre ti y sobre aquel a quien tú estás juzgando. Y cuando tú juzgas al otro, tú estás tratando de usurpar el señorío que Cristo ejerce sobre él. Eso no te corresponde a ti.
Pablo continúa, versículo 10: "Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O también tú, ¿por qué desprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo." Eso no es un decir como de pasada. No, esta es la carta de Romanos, pero en una carta anterior, la carta de Pablo a los corintios, su segunda carta, en el capítulo 5, Pablo dice: "Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bueno, sea malo." Ya me lo dijeron una vez, ahora me lo están diciendo por segunda vez en Romanos 14:10: "¿Por qué juzgas? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo."
Pero es más que eso, hermano, es más serio que eso. Porque cuando Cristo estuvo enseñando y Mateo como evangelista estuvo registrando, escucha las palabras que registró. Son palabras que tú conoces, pero son de recordatorio para ti y para mí. Mateo 12:36: que tendremos que dar cuenta de cada palabra vana, inútil, vacía, descuidada. La palabra griega implica todo eso. ¿Cómo fue? ¿Mateo? No, Jesús: que cada palabra vana, vacía, descuidada que yo haya pronunciado, voy a tener que dar cuenta cuando esté ante el tribunal de Cristo. "¿Pero me van a condenar?" No estoy hablando de condenación, estoy hablando de responsabilidades a las que tú vas a tener que responder.
Entonces, cuando yo menosprecio a mi hermano, ante el tribunal de Cristo me van a decir —porque Pablo dice ahora en el capítulo 14 que voy a tener que dar cuenta de eso— el Señor me va a decir: "Y esto, y esta condenación, y este rechazo, y este desprecio, explícame."
Y Pablo sigue entonces ilustrando, ¿no? ¿Cómo es la vida cristiana? Versículos 11 y 12: "Porque está escrito: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua alabará a Dios. De modo que cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo." Esta es otra vez que voy a tener que dar cuenta de mí mismo. Ante Él se va a doblar toda rodilla, toda lengua confesará. Tú has leído eso también en otros lugares. ¿Dónde más tú lees eso de que se doblará cada rodilla y confesará toda lengua?
El filipenses es verdad. Filipenses es dos, sí, pero se va más atrás. En Isaías, el profeta Isaías escribió en el capítulo 45 y nos dice exactamente la misma cosa, nos dice que toda lengua confesará y toda rodilla se doblará. ¡Wow!
Entonces Pablo ahora tiene una recomendación: ten cuidado lo que va a decir. Ya tu hermano ha sido comprado a precio de sangre, porque va a tener que rendir cuenta acerca de lo que has dicho de él. No solamente eso, cuando yo me pare a rendir cuenta de lo que he dicho de mi hermano, el juicio de Cristo en ese momento sobre lo que yo dije va a invalidar mi juicio. Y en segundo lugar me va a enjuiciar a mí, oí. O sea, me voy a llevar explícitamente este juicio que tú, esta condenación que trajiste sobre fulano. Entonces ahora Cristo tiene un juicio diferente, invalida al mío y ejerce un cierto juicio sobre mí. No me va a mandar al infierno, pero recuerda que hay recompensas que pierdo. Yo no quiero verme en ninguna de esas posiciones.
Entonces Pablo concluye ahora. Ya todo lo que he venido diciendo, primera conclusión. Yo he venido leyendo recomendaciones, ahora es la primera conclusión. Por tanto, conclusión: ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidan esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano. Tu juicio, tu condenación, que no sea una piedra de tropiezo para el hermano, que no sea un obstáculo. Y Pablo está diciendo: hermanos, ustedes sí tienen que aprender de qué es que trata la vida cristiana. La vida cristiana trata del amor, esa es la columna vertebral, y así no es como se ama al hermano.
Y mira cómo él va a traer el amor ahora. Como después que ha dicho todo eso, todavía no se ha referido directamente al amor, mira cómo él lo va a traer ahora. El versículo 14-15: "Yo sé, y estoy convencido en el Señor Jesús, de que nada es inmundo en sí mismo, pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo es. Porque si por causa de la comida tu hermano se entristece, escucha, ya no andas conforme al amor." Ahí está. Si tu condenación, si tu tropiezo o la manera como hablas lo hace tropezar, ya tú no andas conforme al amor, ya tú te desviaste. "No destruyas con tu comida a aquel por quien Cristo murió."
En otras palabras, no te pongas a comer alimento que el otro tiene en su mente que no quiere comer, que no puede comer, y lo ofendas y lo hieras, porque le estás haciendo tropezar. O quizá lo estás tentando y él termina comiendo, o sea, algo violando su conciencia, cuando tampoco debiera estar haciendo tal cosa. A esto es que Pablo se está refiriendo.
Entonces, conclusión número dos, para ponerte lo que acabo de decir o leerte en otras palabras: si condenas a tu hermano, no amas a tu hermano. Eso no es como el amor se comporta, ya no andas conforme al amor. Si haces tropezar a tu hermano y lo destruyes, o destruyes su reputación, tú estás revelando que no amas a tu hermano. Condenar a tu hermano, dañar su reputación, dañar su conciencia, no es amar al hermano.
Entonces, bueno, hay otras recomendaciones que Pablo tiene. Recomendación número ocho: no permitan que se hable mal de lo que para ustedes es bueno. Yo decía en el mensaje anterior que este texto, este versículo, dice, no está tan claro lo que implica. Vamos a leerlo otra vez: no permitan que se hable mal de lo que para ustedes es bueno.
En el contexto, cuando tú lo lees una y otra vez y lees lo que otros comentaristas tienen que decir, lo que esto parece estar aludiendo es que mira, la libertad cristiana es algo bueno. El hecho de que tú puedes comer de lo que quieras comer, hay ciertos días que tú no tienes que guardar, eso es bueno. Pero si yo uso mi libertad cristiana de una manera que ofenda a mi hermano, le sirvo de tropiezo a mi hermano, o condeno a mi hermano, ahora se va a hablar mal de mi libertad cristiana. No te comportes en tu libertad cristiana de una forma que otros terminen hablando mal de algo que es bueno, y es el hecho de que tenemos libertad en Cristo. De eso parece ser que Pablo está hablando.
Y la razón ahora por que Pablo está enfatizando, subrayando una y otra vez esto de la comida, del no juicio, es que no se trata de eso. La vida cristiana no se trata de eso. Mira cómo lo dice el versículo 17 y 18: "El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo, porque el que de esta manera sirve a Cristo es aceptable a Dios y aprobado por los hombres."
Tercera conclusión de Pablo, basado en lo que acabo de decir: entendamos de una vez y para siempre que el reino de Dios no es cuestión de comida ni de bebida. Entonces, ¿de qué es que se trata? De llevar una vida piadosa, de llevar una vida en paz en tu interior, de llevar una vida en paz con los demás y una vida de gozo en el Espíritu. Déjame repetirlo otra vez: la vida cristiana consiste en llevar una vida piadosa, una vida que te permita estar en paz con Dios en tu interior, en paz con los demás, y al mismo tiempo te permite vivir en gozo, en el gozo del Espíritu.
De manera que dejemos de estar discutiendo, condenando, rechazando, desconsiderando al hermano comprado a precio de sangre. Dejemos eso, eso no es conforme a la ley del amor.
Ahora, antes de cerrar, yo necesito hablarte de otra iglesia en una condición similar y distinta a la vez, para que podamos hablar un poco más de la libertad cristiana que muchos quieren ejercer como si no hubiera ningún otro criterio para no ejercerla en ocasiones.
En Corinto había una situación similar y a la vez distinta. ¿Qué estaba pasando en Corinto? Lo puedes leer en la primera carta, capítulo 8, 9, 10. Esto es lo que estaba pasando: había hermanos, quizás gentiles, creyentes obviamente, que comían carnes sacrificadas a los ídolos, y hermanos que no comían carnes sacrificadas a los ídolos. A lo mejor había judíos convertidos, pero no importa, los gentiles podían hacer esto, porque la carne sacrificada a los ídolos era mucha, porque esto ocurría todos los días en múltiples lugares. Esa era la carne más barata, esa carne bajaba a los mercados, esta era la carne que la gente de escasos recursos, la mayoría de los habitantes de Corinto, comían. Esto era lo que compraban y se la comían.
Pero había otros hermanos que decían: "Ah, si esto fue sacrificado a los ídolos, yo no como eso." Porque aún hoy hay gente que piensa que la carne sacrificada a los ídolos, los demonios se le pegan, y tú te la comes y te entró un demonio. En serio, yo he leído de gente que piensa que los demonios se le pegan a la maleta cuando viajas y que viajan contigo, que tienes que tener cuidado.
Entonces, en Corinto se estaba dando esa situación, y Pablo está diciendo: si hay hermanos que piensan que la carne sacrificada a los ídolos no se puede comer y yo estoy presente, no me la voy a comer, no voy a herir la conciencia de mi hermano. Entonces, esto es como Pablo comienza a descifrar o a explicar en qué consiste esta libertad cristiana, ¿ok? No importa el grado de madurez que una persona tenga, no uses tu grado de madurez para violar la conciencia del otro. No digas: "Ya yo soy una persona madura, yo me puedo comer esa carne sacrificada a los ídolos, si él no se la quiere comer, problema de él." No, esto no es lo que Pablo dice.
Escucha lo que Pablo les escribió a los corintios en el capítulo 8, versículos 9 al 13: "Pero tengan cuidado, no sea que esta libertad de ustedes de alguna manera se convierta en piedra de tropiezo para el débil. Porque si alguien te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa de un templo de ídolos, ¿no será estimulada su conciencia, si es débil, a comer lo sacrificado a los ídolos?"
En otras palabras, si yo me siento a comer carne sacrificada a los ídolos y alguien de conciencia débil me ve, quizá se vea tentado a comer carne sacrificada a los ídolos. Se la va a comer y yo lo voy a hacer pecar, porque él violó su conciencia. Por tu conocimiento se perderá el que es débil, el hermano por quien Cristo murió. Y así, al pecar contra los hermanos —escucha, escucha con detenimiento— y así al pecar contra los hermanos y herir su conciencia cuando esta es débil, pecan contra Cristo.
¿Cómo fue? Que si yo, en mi madurez, pero en una insensatez creyéndome maduro, decido comer carne sacrificada a los ídolos y se sienta este hermano de conciencia débil y termina comiendo, será, pero se queda cargado de conciencia porque su conciencia no estaba ahí, yo acabo de pecar contra Cristo. Y Pablo dice: "Por tanto, si la comida hace que mi hermano caiga en pecado, no comeré carne jamás, para no hacer pecar a mi hermano."
¿En serio, pastor? No pienses por un momento... Yo no sé cuál es tu comida favorita. Quizás son mariscos, quizás es churrasco, quizás es paella, no sé lo que sea. ¿Estarías tú dispuesto a no volver a probar esa comida si comiéndotela tú vas a herir la conciencia de un hermano débil? ¿O tú vas a decir "su problema de él, yo no me voy a esclavizar"? No, tú no te estás esclavizando, tú estás haciendo un sacrificio por amor. El otro no te está obligando a que no te la comas. Dios te está diciendo: la ley de amor demanda que tú puedas sacrificar esa comida en aras de tu hermano. Porque si tú miras la cruz, mucho más sacrificó mi Hijo. No me digas que tú no puedes sacrificar el churrasco, por favor, o los mariscos, o cualquier otra cosa, cuando mi Hijo dio su vida. De eso es lo que se trata.
¿Notaste lo que Pablo dice? Si pecas contra tu hermano hiriendo su conciencia, pecas contra Cristo. Oye, si la comida hace que mi hermano caiga en pecado, pues no la como jamás, jamás, jamás. En buen dominicano: jamás ni nunca. ¿Tú estarías dispuesto? Olvídate que sea comida. ¿Tú estás dispuesto a sacrificar algo, a dejar de hacer algo, de decir algo, de lo que sea, con la intención de no hacer pecar a tu hermano? ¿Tú estarías dispuesto? Porque es algo que Pablo dice en 1 Corintios 8.
Déjame moverme a 1 Corintios 9. Pablo dice, él está defendiendo su apostolado, y él dice que él está dispuesto a sufrirlo todo para no causar estorbo al satisfecho de Cristo. ¡Wow! Pablo me humilla cada vez que yo lo leo. Pablo dice: "No, yo estoy dispuesto a sufrir cualquier cosa, cualquiera, sea que haga sacrificio, dolor, con tal de que yo no sea un estorbo al satisfecho de Cristo." Por tanto, mi libertad cristiana la crucifico y no la vivo si tengo que hacer eso, con tal de que yo no sea un estorbo al satisfecho. Esta es la razón por la que en un momento dado Pablo le dijo a Tito que se circuncidara, para que no fuera piedra de tropiezo para algunos judíos. Sin embargo, en otro caso dijo que no, que no se circuncidara a otros, precisamente porque no era necesario. Eran circunstancias diferentes.
1 Corintios 10, todavía lidiando con la libertad cristiana. Escucha: "Todo es lícito, pero no todo es de provecho. Todo es lícito, pero no todo edifica." Obviamente tienes que entender: cuando Pablo dice "todo es lícito," él no está diciendo que la pornografía es lícita. No, no se está refiriendo a eso. Pero dentro de las cosas lícitas, aún dentro de las lícitas, no todo es de provecho. Todo puede ser lícito, pero no todo edifica. En otras palabras, hermano, porque algo sea lícito no implica que yo tengo toda la libertad para comérmelo, ejercerlo, llevarlo a la práctica aunque sea lícito. No, no la tengo. Y al mismo tiempo yo tengo que considerar si esto realmente es de provecho.
Usé una ilustración más temprano. Quizás ver televisión sea lícito, pero yo no creo que es de provecho ni que edifica el que yo me acueste todos los días a altas horas de la mañana viendo televisión. No me parece, cuando tengo que trabajar o estudiar al otro día, o cuando tengo otras cosas en las que puedo emplear mi tiempo de mejor manera. Cuando yo sacrifico ese tipo de cosas, eso es amar la piedad. Cuando yo decido consumir lo que no me es de provecho o lo que no me edifica, eso es amar la carnalidad. Ya lo he señalado: tú no tienes la libertad.
Y luego, 1 Corintios 10:24: "Nadie busque su propio bien, sino el de su prójimo." ¡Wow! Te imaginas si cada cosa que tú o yo fuéramos a hacer, tuviéramos que ir pensando: ¿de qué manera esto beneficia a mi prójimo? Y si no lo beneficia, no lo hago. Si no lo beneficia, me abstengo. ¿Te imaginas cuánto cultivaríamos una vida de piedad?
Y esto es aún más pesado que eso, porque escucha lo que Cristo enseñó, que alude a su recogió en Lucas capítulo 17, versículos 1 al 3. Cierto, dijo Jesús a sus discípulos: "Siempre habrá tentaciones para pecar." ¿Ok? Tú siempre tendrás tentaciones, yo siempre tendré tentaciones, tú también, todo el mundo. Siempre habrá tentaciones para pecar, pero qué aflicción les espera a la persona que provoca la tentación. Sería mejor que se arrojara al mar con una piedra de molino alrededor del cuello que hacer que uno de estos pequeños caiga en pecado. Cuando Jesús dice "uno de estos pequeños," no habla de niños; se está refiriendo a nosotros. Nosotros somos los pequeños.
"Así que cuídense. Si un creyente peca, repréndelo." Date cuenta que Pablo estaba hablando del hermano débil en términos de pecado, pero ahora sí, en términos de libertad cristiana, sí yo tengo que considerar lo que es pecado. "Si un creyente peca, repréndelo. Luego, si hay arrepentimiento, perdónalo." "Bueno, pastor, me gusta reprenderlo, pero eso de perdonarlo..." Es impresionante el ser humano. "Es que lo que pasa es que vuelven y lo hacen." Bueno, si tú sigues leyendo, yo no sé qué, Cristo dice: "Sí, está bien, pero perdónalo setenta veces siete."
¿Por cuántas va? "Sí, pero yo gasté las 490 veces, pastor, con esa persona." Ok, déjame hacerte una pregunta: ¿cuántas veces tú crees que Cristo te ha perdonado desde el momento en que naciste de nuevo hasta el día de hoy? Porque si tú no sabes la cuenta, yo te la recuerdo: miles de veces. Todos los días Cristo tiene que perdonar... no tiene que, simplemente me perdona. Yo todos los días me arrepiento. "Pastor, pero tú eres un hombre muy pecador." No, y tú también. Lo único es que yo me arrepiento y tú no. Pero yo no he vivido, ni tú tampoco, un solo día completamente en la voluntad de Dios. Eso no ocurre en humanos.
Cuando Cristo dijo —y esa es la tesis número uno de Martín Lutero— que nos arrepintamos, él no dijo que fuera una sola vez, sino que viviéramos una vida de arrepentimiento. Una vida de arrepentimiento.
Entonces ahora, Pablo me está diciendo: "¿Sabes qué? Tu libertad cristiana no está abierta, tiene límites." Y él usó la iglesia de Corinto. Yo quisiera traerles junto con esto, porque igualmente, cuando hablamos de libre para comer ciertas cosas, libre para no tener que celebrar ciertos días, eso no implica que yo tengo libertad cristiana para ejercer, hacer, decir, creer lo que yo quiera. No. La libertad cristiana viene con limitaciones también, que tienen que ver con mi hermano y el contexto.
Si yo creo, hermano, habiendo predicado todo lo que predicamos, que si somos honestos, tú y yo necesitamos con frecuencia tener que someternos a Dios otra vez, tener que renunciar a nosotros otra vez, tener que comenzar de nuevo, tener que rededicarnos a Dios. Yo no sé si tú haces eso con frecuencia, pero cuando Cristo dice "toma tu cruz cada día," a eso se está refiriendo. O sea, cada día redédicate, cada día vuelve y sométete, cada día vuelve y renuncia para que puedas estar enfocado este día otra vez, en que no se trata de mí: se trata de Dios, y después de mi hermano en Cristo. De eso es lo que se trata.
¿A quién Dios llamó? Al prójimo. De eso se trata la vida. No, a mí Dios me llamó a mí. No, al prójimo.
Yo creo que sería un buen tiempo ahora para cuando cantemos. Vamos a cantar una canción nueva, pero te va a ayudar a recordar, a ti y a mí, la necesidad de volver a renunciar, volver a dedicarnos a Dios y volver a encarrilar de nuevo lo que quizás ayer se descarriló. Recuerda: todos los días tú toma tu cruz y sigue a Cristo.
Padre, gracias. Porque en tu gracia todos los días se nos ofrece otra oportunidad para volver a comenzar de nuevo. Padre, es verdad lo que acabo de decir, pero no permitas que esa verdad yo la trivialice hasta el punto de "ok, hoy hago esto, mañana me dedico otra vez y comienzo otra vez." No. Ayúdanos a usar, a cultivar vidas de piedad dignas de la cruz, que glorifiquen a tu Hijo, levanten el satisfecho y limpien mi vida. En Cristo Jesús lo pedimos. Si su pueblo dice amén, nos ponemos de pie.
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