IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La tentación no es solo un asunto de sexualidad; puede manifestarse en la autoconfianza excesiva, el deseo de fama, el uso del poder para controlar, los atajos para alcanzar metas o la alteración de un currículum para obtener una posición. Lo que todas estas tentaciones tienen en común es que funcionan exactamente igual que funcionaron en el huerto del Edén: Eva vio la fruta, la mordió y murió espiritualmente. Acán vio el lingote de oro, lo codició y terminó apedreado junto a su familia. David vio a Betsabé, la codició y el niño murió como consecuencia del juicio divino. Una sola mirada activó en cada caso una naturaleza pecadora que ya estaba presente.
La anatomía del pecado incluye esa naturaleza caída junto con los sentidos que alimentan la mente: lo que vemos, oímos, tocamos, olemos y saboreamos. La fisiología es cómo funciona: la tentación captura la mente, la mente crea posibilidades, la imaginación dispara los deseos por lo prohibido, esos deseos evaden la conciencia, la voluntad se activa hacia lo deseado, y finalmente Dios es ignorado —no rechazado, simplemente puesto a un lado. El pastor Núñez lo resume citando a John Owen: "Tienes que matar el pecado o el pecado te matará".
Santiago enseña que nadie puede culpar a Dios de la tentación, porque cada uno es seducido por su propia pasión. El pecado promete placer pero oculta las consecuencias; ofrece satisfacción inmediata pero cobra mucho más de lo anticipado. David lo entendió cuando, después de su caída, pidió a Dios que le restituyera el gozo de su salvación y prometió enseñar a los transgresores los caminos divinos. Esa es la invitación: aprender de las caídas propias para instruir a otros.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Regresamos a la carta de Santiago para nosotros ver un tema que yo creo que es vital desde el momento en que Dios creó al mundo, y me estoy refiriendo a lo que yo he titulado "la anatomía y la fisiología de la tentación y el pecado". Yo creo que este ha sido un tema crucial desde el mismo momento en que el hombre apareció en el jardín de Edén, y yo me atrevería a decir que la forma como la tentación funcionó y el pecado funcionó en aquel lugar es exactamente la misma manera como funciona hoy en ti y en mí. No ha habido ningún cambio. Quizás lo podamos ver hoy desde una óptica mucho más amplia, que nos ayude a entenderlo mejor.
Pero lo primero que quiero mencionar es que la mayoría de nosotros, cuando oímos la palabra tentación, inmediatamente nuestra mente se va a la sexualidad. Pero lo cierto es que nosotros podemos ser tentados de cientos de formas distintas. Nosotros los líderes pudiéramos ser tentados a ser cada vez más autoconfiados. En la medida en que vemos el éxito, podemos ser tentados a atribuirnos el crédito de ese éxito. O podemos ser tentados a pensar que necesitamos una plataforma para dar a conocer nuestro nombre, hacer nuestro nombre famoso, cuando mi llamado es hacer el nombre de Cristo famoso. O podemos ser tentados a usar el poder para controlar a otros. O podemos ser tentados a tomar atajos, como hizo Sara, la esposa de Abraham, que le ofreció un atajo para poder tener un hijo, pero que no era el hijo de la promesa, para nosotros llegar a cumplir algo mucho más rápidamente de lo que aparentemente Dios está tratando de hacer. Podemos ser tentados a ganar dinero ilícitamente. Podemos ser tentados, como hemos visto aun dentro de la misma iglesia, líderes a alterar su currículum tratando de obtener alguna posición. Y la lista pudiera ser interminable cuando pensamos en las diferentes formas que nosotros podemos ser tentados.
Este ha sido un tema crucial, pero quizás sea todavía más crucial en nuestra época, como en algunas otras épocas de la historia de la iglesia, debido a que los púlpitos de nuestros días con frecuencia tratan el pecado, tratan la tentación con cierta ligereza. Pero cuando hacemos eso, nosotros perdemos de vista el hecho de que ese mismo abordaje ligero de la tentación y el pecado lleva al ser humano, y aun a los hijos de Dios, a la destrucción.
Ahora, esa forma de tratar con el pecado y la tentación de una manera liviana, con cierta liviandad, tampoco es nuevo, porque el corazón humano es el mismo ayer, hoy y siempre. Y Dios movió a su profeta Jeremías a escribir acerca de los líderes de su época. En un momento dado, la nación de Israel estaba completamente descarriada, y escucha lo que Dios dice a través del profeta: "Ellos, los líderes, ofrecen curas superficiales para la herida mortal de mi pueblo". El pueblo está profundamente herido por el pecado de cientos de años, y los líderes de esa época les están ofreciendo a mi pueblo una cura sumamente superficial.
El pastor John Piper comenta sobre ese versículo en particular en el prefacio de la obra de John Owen titulada "Cómo conquistar el pecado y la tentación". Y Piper dice que, en cambio, la profundidad, la complejidad, lo indigno y el peligro del pecado en los cristianos profesantes hoy en día es minimizado o es psicologizado como un síntoma de una herida del pasado, en lugar de ser visto como una muestra de nuestra corrupción moral. Lo que Piper está diciendo es que, antes de nosotros ser víctimas del pasado, somos personas corrompidas por nuestro propio pecado y el pecado de otros.
Y para nosotros ver este tema, yo quisiera abordar la carta de Santiago, capítulo 1, del versículo 12 al 18. Pero antes de llegar ahí, permíteme en esencia recordarte, debido a que hemos hecho esto de manera interrumpida, dónde hemos estado. El versículo 1: Santiago se introduce como el autor de la carta. El versículo 2 al 4: Santiago nos dice que consideremos como sumo gozo cuando nos encontramos en diferentes pruebas, sabiendo que esa prueba produce paciencia, produce carácter, y luego entonces nosotros terminamos siendo un cristiano maduro sin que nos falte nada. Inmediatamente después, el versículo 5 al 8: Santiago nos dice que si no quiere que te falte nada en tu madurez, pero si te llega a faltar sabiduría, pídela, y pídela con confianza. No la pidas como un hombre de doble ánimo que es variante, que es cambiante como las olas del mar, porque ese hombre es inestable en todos sus caminos y no debe esperar recibir nada debido a que su fe no es como debiera ser en el carácter de Dios. Y los próximos versículos 9, 10 y 11 los vamos a tratar en el capítulo 2, porque hay versículos ahí que tratan con la misma condición.
Pero para hoy, yo he querido hablar de algo que ha estado en mi corazón por largo tiempo, acerca de cómo funciona la anatomía y la fisiología de la tentación y el pecado en ti y en mí por igual, no importa qué tipo de tentación sea. Y para algunos que pudieran estar un poco confundidos, déjenme recordarles: la anatomía humana básicamente tiene que ver con la estructura del cuerpo humano, con sus diferentes partes. Y la fisiología tiene que ver con el funcionamiento de esas partes. Por ejemplo, el corazón es parte de la anatomía humana, pero cuando el corazón late y bombea sangre y recibe sangre, eso es parte de la fisiología del corazón, del funcionamiento del corazón.
De manera que, a manera de analogía, yo quiero que pensemos en la anatomía del pecado como la naturaleza humana que está en ti, que está en mí, junto con nuestros sentidos que nos permiten ver a través de los ojos, que nos permiten oír a través de los oídos, y nos permiten tocar y sentir a través del tacto sensaciones increíbles. A través del olfato hay gente que huele cierto aroma, ¿verdad?, y eso le hace casi perder la cabeza, no deja de experimentar sensaciones. O aun saborear sustancias que nos dan cierto sentido de placer. De manera que nuestra naturaleza pecadora y nuestros sentidos que alimentan la mente forman parte de la anatomía del pecado.
Mira esta ilustración: Eva vio la fruta, mordió, y murió espiritualmente, y eventualmente físicamente también. Acán vio el lingote de oro, lo codició —pero lo vio primero, lo codició— y eventualmente él y su familia terminaron apedreados y todos murieron. David vio a Betsabé, eventualmente yació con ella, y el niño murió como consecuencia y como parte del juicio. Esos ejemplos son compatibles con lo que Santiago nos dice en 1:15, que no hemos leído todavía: "Y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte", como ocurrió en esos personajes que mencioné.
Piensa otra vez conmigo: un ciego no hubiese visto la fruta que Eva vio y no le hubiese parecido atractiva. Un ciego no hubiese visto el lingote de oro que Acán codició y el manto babilónico. Un ciego no hubiese visto a Betsabé, que fue lo que David vio, a quien David vio y con quien pecó. Una sola mirada de parte de uno de esos individuos hizo que su pecado lo llevara a la muerte. De manera que tú puedes tener una idea como del esqueleto del pecado: es una naturaleza pecadora que está contigo, que está conmigo, y hay sentidos que alimentan la mente, pero esos sentidos ya están caídos. Mis ojos no ven como debieron ver antes de la caída, ni mi mente piensa igual.
Por otro lado, la fisiología del pecado es cómo funciona el pecado y la tentación que logra estimular mi naturaleza pecadora. Entonces, aquí está: yo tengo una naturaleza pecadora, yo veo, yo oigo, yo siento, yo toco, yo huelo, y ahora eso estimula mi propia naturaleza pecadora, porque eso es algo que yo soy. Y la manera como la tentación nos seduce, arrastrándonos hasta cometer el pecado, es la fisiología o el funcionamiento del pecado. Santiago nos va a hablar de eso.
Y con eso yo quiero invitarte a que puedas leer conmigo del versículo 12 al versículo 18: "Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman. Que nadie diga cuando es tentado: 'Soy tentado por Dios', porque Dios no puede ser tentado por el mal y Él mismo no tienta a nadie, sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado, y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte. Amados hermanos míos" —les está escribiendo pastoralmente; el texto puede sonar como difícil de dejar ir, pero este es un pastor escribiendo— "amados hermanos míos, no os engañéis. Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, en el cual no hay cambio ni sombra de variación. En el ejercicio de Su voluntad, Él nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de Sus criaturas".
Primero, Santiago nos deja ver que no todo el que participa en la carrera cristiana es bienaventurado, pero el que persevera sí lo es. Recuerda que la carrera cristiana es un maratón, y a lo largo del maratón unos se dan por vencidos y abandonan la carrera; otros permanecen en la carrera hasta el final. Esos que permanecen son aprobados, dice Santiago, y los que son aprobados son los receptores de la corona de la vida, son los receptores del premio al final de la carrera.
Según Santiago, lo que leímos, la perseverancia en el maratón es señal de que amamos a Dios, porque la corona de la vida, el texto del versículo 12, le es prometida a aquellos que aman al Señor. Y la pregunta entonces sería: ¿cómo sabemos quiénes son los que aman al Señor? No es tan difícil: los que perseveran. Su perseverancia habla de su amor por Dios. Y de hecho, Cristo enseñó algo muy parecido: "Si me amáis, obedeced mis mandamientos". Mi obediencia da señal de que amo a Dios; mi desobediencia habla de que no amo a Dios, habla de que hay algo que está por encima de Dios que ha capturado mis afectos por encima de lo que mis afectos han sido capturados por Dios mismo.
Permíteme entonces, pensando en esta perseverancia, en la necesidad de perseverar, hacer varias anotaciones desde ya.
En primer lugar, si tú quieres perseverar en el camino, no puedes ceder a la presión. Tú y yo tenemos presión desde adentro y desde afuera. Desde adentro nos presiona el pecado que todavía mora en nosotros. Desde afuera nos presionan todas las ofertas que el mundo nos hace, de todo tipo.
De manera que tu enemigo más peligroso no es Satanás. De hecho, a mí me llama poderosamente la atención la ausencia del personaje o el nombre Satanás en esta explicación que Santiago hace de cómo es que el pecado me hace caer. Satanás ni siquiera aparece ahí. De manera que eso es importante que yo pueda entenderlo. No es que no pueda tentarme, pero no es ese mi principal enemigo. Soy yo mismo. Ese enemigo se acuesta conmigo y se levanta conmigo, y esa naturaleza pecadora forma parte de la anatomía del pecado, del esqueleto del pecado.
Cristo en sus días fue presionado, pero desde afuera, no desde adentro. No tenía pecado, no conoció pecado, vivió y murió sin pecado, pero fue presionado por la tentación. De hecho, el autor de Hebreos nos habla de eso, de que fue tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Fue tentado cuando Satanás por cuarenta días lo hostigó y trató de que Él hiciera diferentes cosas. ¿Qué era lo que él estaba tratando de inducir a Cristo a hacer? Incluyendo que se postrara ante él y le daría todos los reinos de este mundo. Pero Cristo no cedió a la presión.
Si tú y yo queremos perseverar, no podemos ceder a la presión. Si tú y yo queremos perseverar sin caer, escucha, no permitas que Satanás ponga un solo pie en la puerta de tu corazón, o que la tentación ponga ese pie en tu corazón. Entiéndeme, porque cuando terreno santo es perdido, tus emociones comienzan a controlar tu mente, y las mías también. De manera que una vez nosotros le cedemos terreno a la tentación y mi mente es capturada, prácticamente la caída es inevitable. De manera que el tiempo de tratar con la tentación es cuando sientes la atracción, mucho antes de la primera mordida, porque una vez tú has mordido la fruta serás atrapado por el veneno del placer. Tú y yo, cualquiera, necesitamos no ceder a la presión.
En segundo lugar, la perseverancia requiere una singularidad de propósito. Una mente dividida es una mente que va camino a la caída. Yo necesito singularidad de propósito, yo necesito una mente enfocada en lo eterno, yo necesito una voluntad rendida a los propósitos de Aquel que me compró si quiero perseverar.
Bueno, tres: si yo quiero mantenerme en la línea y perseverar, yo necesito cuidar mi mente. El apóstol Pablo estaba consciente de la necesidad del rol vital que juega la mente en la perseverancia del cristiano, y por eso escribe a los Romanos en el capítulo 12 y les dice que no se adapten a los patrones de este mundo. No se adapten a los patrones de este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que puedan verificar cuál es la voluntad de Dios, la que es buena, aceptable y perfecta.
La mente es renovada con la Palabra de Dios. Nada más y nada menos puede renovar la mente si no queremos ser conquistados. La única cosa que puede renovar mi mente es la sabiduría del cielo. La mente es renovada cada vez que nuestros deseos carnales afloran y yo trato de reemplazarlos con la verdad de Dios. Me hablo verdad a mí mismo, llevo todo pensamiento cautivo a los pies de Cristo. De manera que cuando la tentación entra, de esa misma manera yo trato de hablarme verdad para que la verdad de Dios pueda empujar hacia afuera lo que entró.
La razón por la que tú y yo tenemos que cuidar la mente es porque tu mente y la mía controlan mis pensamientos, controlan mis decisiones, controlan mis emociones, controlan mis acciones. Literalmente hablando, la mente es como dirían en inglés el headquarters, el lugar de control, el centro de operaciones de todo. El enemigo sabe que si él logra capturar mi mente, él ganó mi vida. Literalmente hablando, ese es el terreno de batalla: en la mente. Siempre lo ha sido y siempre será igual. Tanto Dios como Satanás están detrás de mi mente.
Vamos, recuerda que el primer mandamiento de la ley de Dios es que amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con toda tu fuerza. ¿Notaste que la mente está ahí? Y Dios dice en el primer mandamiento que manda a amar a Dios con toda tu mente. Satanás lo sabe, él quiere mi mente, él sabe que mi mente dirige mi vida. De hecho, Proverbios 23:7 dice: "Tal como él piensa en su corazón, así es él." Y tú y yo, si queremos saber cómo somos, simplemente tenemos que analizar nuestros pensamientos de los últimos treinta a sesenta días.
El enemigo quiere conformar mi mente a los patrones del mundo. Dios quiere transformar mi mente con la verdad de Su Palabra. Pero ambos quieren mi mente. Ahora, la transformación de mi mente requiere exposición a Su Palabra. Después que me expongo, ya sea leyéndola u oyéndola, después que me expongo necesito quedarme reflexionando acerca de esa palabra que leí o escuché, y luego necesito ir y aplicarla. Yo requiero las tres cosas.
La exposición a la Palabra me da información, pero si yo no hago nada más, lo único que va a pasar es que gané información. Y ahí es donde muchos de los hijos de Dios se quedan, y por eso la transformación no ocurre, porque la información no me cambia. Ahora, cuando yo tomo la información adquirida en la exposición y la comienzo a reflexionar, la reflexión le da profundidad a la información, ayuda a ver más ampliamente mis responsabilidades y mis bendiciones también. Y luego, que tengo exposición y reflexión, voy y hago aplicación, y entonces mi vida es transformada.
Nadie desarrolla habilidades de corredor en el maratón hasta que no va a correr. Puede leer acerca de cómo correr, puede caminar, pero hasta que tú no vayas y entrenes como verdaderamente se debe, no vas a adquirir las habilidades necesarias. De manera que la transformación de mi mente requiere exposición, reflexión y aplicación.
Tienen que mantener la atención. Lo dije antes en el primer mensaje, lo dije más tempranamente, lo voy a decir ahora porque lo pasé por alto: tienen que mantener la atención porque este mensaje no es difícil de entender, pero en términos de contenido está repleto de contenido, es denso en ese sentido.
Santiago, pensando en cómo perseverar, habla de la bendición de la perseverancia y dice en Santiago 1:12: "Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, persevera, es aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido." Escucha, a los que lo aman. Claramente la perseverancia habla de que continúo porque amaba a Dios, y ese es el aprobado. Ese es el primer punto de enseñanza de Santiago, que tiene que ver con la perseverancia en la fe cristiana.
El segundo punto de enseñanza de Santiago tiene que ver con cuál es el origen de la tentación y el pecado en la vida de nosotros. Escucha cómo él comienza a hablar de esto en el versículo 13: "Que nadie diga cuando es tentado: 'Soy tentado por Dios', porque Dios no puede ser tentado por el mal, y Él mismo no tienta a nadie."
Hermano, nosotros, tú y yo, tenemos un doctorado en la autoexoneración. De manera que usualmente, aun en cosas que no tienen que ver con la moralidad, decimos: "No es mi culpa, alguien lo puso ahí. En verdad que yo lo toqué y lo tumbé, pero si no lo hubieran puesto ahí yo no lo hubiera tumbado, de manera que no es mi culpa." En cosas que ni siquiera son morales, imagínate ahora donde mi moralidad entra en juego: "No es mi culpa."
Y eso lo aprendimos, claro, de papá Adán. Porque es verdad, Dios, que yo me comí la fruta, yo la mordí, pero yo mordí la fruta porque, sabes qué, fue la mujer que me la dio. Y pensándolo bien, esa mujer me la diste Tú. Es aquel que antes de llegar a la culpa mía ya hay dos culpables: primero la mujer, y el hecho de que Tú me la diste. Me hubieras dado a otra mujer, a Ana o a sabrá Dios quién, y la cosa hubiese sido diferente.
¿Te das cuenta que esto lo hemos copiado desde el principio? Como nosotros tenemos esa tendencia, esa inclinación natural a exonerarnos de la culpa. Santiago dice: "Déjame yo aclararte la tentación, voy a aclararte." Versículo 13: "Que nadie diga cuando es tentado: 'Soy tentado por Dios', porque Dios no puede ser tentado por el mal, y Él mismo no tienta a nadie."
Claro, ¿cómo va a ser que un Dios santo, santo, santo, un Dios cuyos ojos son tan limpios y puros como dice Habacuc 1:13, que no puede ver el mal, un Dios que aborrece el pecado? Hermano, yo he oído a mucha gente decir que Dios aborrece el pecado pero ama al pecador. Eso no es de la Biblia, ni eso es bíblico. Porque la última vez que yo chequeé mi Biblia, la gente que se va al infierno son los pecadores, no los pecados. ¿No te das cuenta? Y Dios revela que Él aborrece al impío, al transgresor. En Su santidad, Dios puede probarnos, pero no me va a tentar.
¿Cuál es la diferencia, pastor? No, no creo que preguntaste. La intención de la prueba es el fortalecimiento de tu fe y de tu relación con Dios, esa es la meta. La intención de la tentación es el debilitamiento de tu fe y de tu relación con Dios. La prueba está relacionada a mi confianza en el carácter de Dios, que necesita ser mejorada.
Cada vez que Pedro habla de la fe que es más preciosa que el oro, es refinada por el fuego. Esto es la prueba, por el fuego de la prueba, dice Pedro. Claramente nos deja ver que eso solo trae dicha. Pero la tentación no hace eso. La tentación está relacionada a mi naturaleza pecadora, la tentación viene a estimular mi naturaleza pecadora.
Ahora, nos tenemos que hacer sabios. Recuerda que Pablo nos llama a no ser tontos, a no ser tontos. Es la palabra "insensatos" en Efesios 5:15. Nos manda a hacer sabios a la hora de caminar. Lo tenemos que hacer sabios, ¿por qué? Porque Dios puede traer una prueba a mi vida para fortalecer mi fe, y Satanás convertir la prueba en una tentación.
¿Cómo corre eso? Bueno, piensa por un momento: tengo trabajo, pierdo el trabajo. Dios dice: "Bueno, tienes una necesidad económica ahora, quiero probar tu fe a ver si vas a confiar en Mí en tiempos de falta de ingresos." Satanás viene y te muestra una manera de ganar dinero que es ilícita, y tú pudieras, por la necesidad que tienes, pecar haciendo uso de esa forma ilícita de hacer dinero. La prueba inicial la trabajó Dios, la tentación secundaria la trabajó Satanás.
Pasé por la Palabra. Dios dice que Dios como que controla el bien y el mal. Absolutamente. Es soberano, lo gobierna todo. Pero en esos casos Dios permite el mal, como permitió la crucifixión de Su Hijo. Pero Dios no puso el pecado en Pilato, en Herodes o en los romanos o en los gentiles. No, no, no. Ellos crearon este plan contra Su Hijo Jesús, que Dios conoció, lo permitió, y terminaron haciendo cuanto Su voluntad había previamente determinado. Pero Dios en ningún momento ni insinuó ni empujó a estos hombres a pecar. Ellos simplemente pecaron, y Dios los dejó pecar, y luego usó su pecado para glorificar Su nombre y salvar pecadores.
Dios está tan en contra del pecado que Santiago dice en el versículo más adelante, vamos a adelantar en el texto, versículo 16, le dice a estos hermanos: "Amados hermanos míos, no se engañen."
Dios no puede ser el autor de pecado. ¿Por qué? Porque toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, en el cual no hay cambio ni sombra de variación. Lo que Él te prometió ayer, Él te lo promete hoy. En el ejercicio de su voluntad Él nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas. En otras palabras, ¿cómo puedes pensar que Dios te va a tentar, que va a ser el autor del mal, cuando Dios fue el que por medio de su palabra te hizo nacer de nuevo? Y cuando Él es el autor y el dador de todo lo bueno que tú tienes: tu vida física te la dio Dios, tu vida espiritual te la dio Dios, los dones y talentos que tienes te los dio Dios. El origen de todo lo bueno que ha llegado a tu vida ha sido dado por Dios, de manera que no se te ocurra pensar que Dios es el autor de pecado o de la tentación.
Pero el eje sobre el cual gira todo el pasaje está en los versículos 14 y 15, y tiene que ver con la tentación y el pecado. Todo lo anterior era para llegar aquí, a la vez que decimos: Dios no tienta a nadie, sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado, y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte.
Escucha cómo el versículo 14 lo dice. Leí el 14, pero te lo quiero leer de la Nueva Traducción Viviente: "La tentación viene de nuestros propios deseos, los cuales nos seducen y nos arrastran. De esos deseos nacen los actos pecaminosos, y el pecado, cuando se deja crecer, da a luz la muerte." De manera que cuando la tentación llega a mí, la tentación me sirve de revelador de mis deseos y pasiones.
Yo les he dicho múltiples veces a ustedes en diferentes contextos: tú no me vas a tentar a que coma brócoli porque a mí no me gusta el brócoli, pero me puedes tentar a comer otras cosas que sí yo disfruto, como helado por ejemplo. Yo pudiera comer un helado aun cuando mi glicemia esté alta, porque a mí me gusta. Esa es mi manera. Cuando las tentaciones del tipo que sea llegan a mi vida, yo me las como si yo tenía los deseos previos. Yo soy... eso es lo que Santiago está tratando de decir. Nos está haciendo responsables: los deseos ya estaban en mí.
Es como el mar. Si tú vas ahora a la playa o vas al malecón de la ciudad, tú vas a ver el mar moviéndose. Las olas siempre están ahí, algunas un poquito más fuertes, otras menos, dependiendo del día. Pero de repente hay un huracán que se levanta y ahora las olas pueden tener diez, quince, veinte, treinta pies de altura, y sabrá Dios cuánto más. Pero estaban ahí; el huracán simplemente vino y las encendió, vamos a decir, a las olas. Bueno, eso es la tentación: las pasiones estaban ahí, la tentación vino y encendió los vientos de mis pasiones.
Ahora escucha cómo Santiago está tratando de explicar de una forma muy compacta lo que aquí ha ocurrido. De hecho, más adelante, al final, ya para el cierre, al mero cierre como dicen, yo todavía voy a citar un versículo de David que nos ayuda a todos a saber cómo es que nosotros llegamos a entender esto.
De manera que lo que Santiago está tratando de explicarnos es lo siguiente. Mira: la tentación llega, paso uno, capturó tu mente. Paso dos, la mente capturada comienza a crear posibilidades: "Claro, porque no lo puedo hacer aquí en frente de todo el mundo", entonces yo comienzo a maquinar posibilidades de cómo esto se pudiera hacer. Eso es verdad de ti y de mí. Paso número tres, la imaginación está en juego, dispara mis deseos por lo prohibido. El deseo por lo prohibido no es difícil levantarlo; el deseo por Dios y las cosas de Dios es difícil alimentarlo, pero por lo prohibido es nuestra inclinación. Paso número cuatro, mis deseos que ya han sido disparados por mi imaginación no son racionales, son emociones. Como son emociones y no racionales, pueden evadir —pudiéramos decir— mi conciencia. Pueden evadir, esa es la palabra en español, mi conciencia. El problema es que una vez la conciencia ha sido evadida, yo estoy listo para activar la voluntad en la dirección de lo deseado. Ese es el paso cinco: estoy listo ya para mover mi voluntad en la dirección de lo deseado. Y paso seis, quizás sea la más peligrosa, es que yo tomo a Dios, lo quito de en medio de mi mente, de mis pensamientos, lo pongo a un lado. No hago resistencia a Dios, no rechazo a Dios; yo simplemente lo ignoro.
Eso es exactamente lo que C.S. Lewis trató de explicar: que cuando nosotros somos tentados a pecar, el enemigo no nos llena con deseos de odiar a Dios, sino de ignorar a Dios. Ya Dios no está en medio de mis pensamientos, es un obstáculo. Y ahora mi voluntad, que estaba lista para comenzar a moverse en dirección de lo deseado, esto deseado comienza... Estaba aquí con Dios, eso lo deseado comienza a alejarse de Dios. Está mi voluntad ahora movida por mis deseos y pasiones, pero yo comienzo a acercarme a la fuente de lo deseado, y de esa fuente comienzo a beber hasta entonces intoxicarme y morirme.
Esta es la razón por la que yo recomiendo a John Owen. Si tú alguna vez tienes oportunidad de leer obras de los puritanos de hace cuatrocientos o trescientos años, impresionante la profundidad de la sabiduría de esta gente. John Owen escribió tanto que hoy en día Crossway está tratando de publicar todas sus obras. Son 50 volúmenes escritos a mano, no computadora ni siquiera una máquina de escribir. Y él dice con relación a todo esto que estamos hablando: tú tienes que matar el pecado o el pecado te matará. Y luego amplía en su libro "Cómo conquistar la tentación y el pecado" y dice: el pecado es como un carbón pequeño encendido que está en tu casa, que si tú no tienes cuidado termina incendiándote la casa entera. Pero está ahí, y está contigo, y está todo el tiempo. No solamente conmigo; estaba con John Owen, estaba con Martín Lutero, estaba con Calvino, estaba con Pablo, estaba con todos nosotros.
Entonces la pasión nos mueve a cometer actos pecaminosos. Escucha cómo Santiago lo dice en el versículo 15: "Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado." La NTV dice: de esos deseos que están en mí nacen los actos pecaminosos. Primero tenemos la pasión que reside en nosotros, y luego la pasión genera el acto pecaminoso.
La pregunta es: ¿cómo interactúa la tentación con la anatomía pecadora que está en mi naturaleza pecadora? Bueno, la tentación entra por mis sentidos: por lo que veo, por lo que oigo, por lo que toco y siento, por lo que huelo, por lo que saboreo. O la tentación es traída a la mente. Pero yo solamente traigo a mi mente lo que yo he visto, oído, tocado, saboreado u olido. De manera que de toda forma mis sentidos estaban jugando un rol. Porque me voy a encerrar en mi mente, lo puedo traer a mi mente sin estar viendo nada, sí, pero ya vi, ya oí, ya sentí, y yo vuelvo a traer eso a mi mente. De manera que todo eso —mi sentido, mi mente, capacidad de pensar, recordar— forma parte de la anatomía del pecado. Y eso entonces, o sea, esa tentación que llega estimula mis pasiones, y ahora estamos hablando del funcionamiento, ahora estamos hablando de la fisiología de la tentación y del pecado.
Próxima pregunta: ¿qué es una tentación? Voy a dar una definición secular del diccionario de la Real Academia: es un estímulo que induce el deseo de algo. Es un estímulo que induce el deseo por algo. De manera que tú puedes ver que no tiene que ser sexual esto; hay una lista de cientos de cosas que nosotros podemos hacer movidos por la tentación. La palabra en griego es "peirasmos" y esa palabra es traducida como tentación, a veces traducida como prueba. El contexto y la intencionalidad hace que el autor lo traduzca en las versiones de la Biblia como prueba o como tentación. Si la intención es hacerte caer, eso es una tentación; si la intención es fortalecer tu fe, eso es una prueba. Santiago nos dice, cuando de la tentación se trata: cada uno es tentado y seducido por su propia pasión.
Próxima pregunta. Recuerden, nosotros aprendemos de preguntas y respuestas que hacemos. Mucho de lo que estoy comentando es el fruto de a lo largo de mi vida haber sido tentado, tropezado, aprendido, yendo a la Palabra, comparar, buscar respuestas, hacerme preguntas. Y esto es básicamente lo que aquí pongo por enseñanza.
¿Cómo estamos nosotros seducidos por nuestra propia pasión? Bueno, mira, en primer lugar ya dijimos algo parecido: lo que te tienta depende de los deseos de tu corazón. De tal forma, si te sientes tentado en una dirección, tú pudieras usar eso para un buen fin. Eso pudiera ser un indicador para ver dónde está mi santificación. Yo pudiera incluso decir: ¿dónde está mi salvación? ¿Estoy en un estado de salvación o no? Pablo le dice a los corintios que se examinen para ver si estaban en la fe. Yo pudiera usarlo para ver hasta dónde mi carácter piadoso está desarrollándose.
Si nosotros aprendemos a no justificarnos como lo hizo Adán, la tentación puede ayudar. ¿Por qué? Puede ser una alarma que me deja ver cuáles son áreas de peligro que yo tengo que cuidar, y quizás hasta alejarme para evitar consecuencias mayores. Puede ser buena la tentación porque puede ser una señal de advertencia de que mira, en esta área, Miguel, acá hay un área que no está bajo el señorío de Cristo, y está parcialmente bajo el señorío. Y si es parcial, no está bajo su señorío, porque ese señorío siempre es absoluto y soberano. De manera que yo puedo, si estoy comprometido a no autojustificarme, usar la tentación para crecer, porque me ayuda a examinarme y a entender dónde estoy.
Por otro lado, la tentación ocurre usualmente en un área donde tú has sido tentado primero. Es casi imposible que tú te levantes un día y tengas una tentación: "¡Wow, nunca me había pasado esto!" No, eso yo no creo que ni siquiera pasa. Si eso es así, si es verdad que yo soy tentado en un área donde he sido tentado primero, yo debo preguntarme: en el pasado, ¿qué yo hice para contener esa tentación? Si establecí un límite que no debo cruzar, bueno, quizás este es uno fácil que vino a mí.
Ahora, lo menciono porque lo he oído tanto de personas que me han dicho en consejería pastoral. La verdad es que yo puse un programa, una aplicación para protegerme de la pornografía, pero digo la verdad: yo sé cómo violarlo. Bueno, si eso es verdad, eso me sirve de indicador de que, sabes qué, yo tengo que buscar ayuda, porque yo no estoy arrepentido. Yo estoy tratando de proteger una reputación, pero yo no estoy arrepentido.
Esa tentación que se va creciendo crea una batalla permanente, sobre todo si soy cristiano. La lucha contra el pecado puede ser una evidencia de que soy cristiano, porque todavía no me he entregado ni lo he dejado. Ahora, lo importante no es simplemente saber que la batalla es rugiente; es si yo pierdo o gano la batalla. No cuando voy a vivirla afuera; yo la pierdo o la gano en mi mente. Lo que yo decida en mi mente, cómo yo voy a actuar, qué yo voy a hacer, determina si yo gané la batalla o yo perdí la batalla.
Si estoy orando en mis rodillas, yo gano la batalla o pierdo la batalla. Cristo en el huerto de Getsemaní oró, y cuando Él estaba ahí orando y llorando y sudando gotas de sangre, dijo: "Padre, que se haga tu voluntad y no la mía." Él ganó la batalla. El triunfo hacia la cruz estaba garantizado porque Él rindió su voluntad, y ya no quería hacer lo que a Él lo podía atemorizar o intimidar o angustiar. En efecto, se angustió. Él ganó la batalla en sus rodillas. Lamentablemente, con frecuencia nosotros nos derrotamos a nosotros mismos, somos derrotados, pero nosotros hemos sido autoderrotados.
Por otro lado, algo que ya mencioné de otra forma: la tentación se aprovecha de lo que te atrae, y diferentes personas con diferentes temperamentos son atraídas por diferentes cosas. Hay gente que es atraída por el dinero, hay gente que es atraída por las drogas, hay gente que es atraída por la fama, gente que es atraída por la pornografía, hay gente que es atraída por el poder, una miríada de cosas. Pero la tentación se aprovecha de lo que a mí me atrae, y Satanás con eso me va a tentar.
No sé, te pudiera hacer un relato. Puse algo medio jocoso hace un momento, pero no me va a intentar tentar con relojes de lujo, porque nunca me han interesado. No me va a intentar tentar con carros de lujo, tampoco me ha interesado. Puedo ver un carro, puedo admirar el carro, pero no me ha interesado. Entonces él sabe que eso no va funcionar, no va a perder su tiempo con eso. Así es con otros.
Por otro lado, la tentación, toda esta parte de su funcionamiento, es su fisiología, cómo funciona. La tentación viene o me empuja, me estimula a llenar una necesidad legítima pero de una forma ilegítima. El dinero: no trabajo, no tengo dinero, no tengo con qué comprar medicina, no tengo dinero con qué comprar comida, y ahora la tentación de producir dinero de forma ilegítima está ahí. Sí, pero eso no me da derecho a robar. La necesidad puede ser legítima, puede ser real, pero llenarla ilegítimamente no es parte de lo que Dios aprobaría.
Por otro lado, la tentación frecuentemente golpea cuando no estás alerta. Aquí quiero decirles que la tentación usualmente puede llegar en cualquier momento, pero Satanás sabe que cuando tú y yo estamos cansados, las barreras están abajo. Por otro lado, Satanás sabe que cuando tú y yo tenemos como una gran victoria, suponte que tengamos un evento por su causa extraordinario como nunca antes, después de eso, como que el ser humano tiende a relajarse. Después de esa gran victoria, algo que me llaman en el centro dominicano y coloquial, algún "gustico" yo tengo que tener, como que yo merezco como algún tipo de relajación.
Y eso ocurre mucho. Sobre todo tú lo ves más en aquellos que son adictos a drogas, alcohol, pornografía y demás, que como que después de haber conquistado alguna montaña, la manera de relajar es: "Yo creo que yo merezco algo de esto, pero no está malo." Esa tentación usa mi imaginación. La imaginación crea posibilidades poco usuales, fuera de lo ordinario. El problema con la tentación es que lo que comienza como un simple interés se vuelve compulsivo.
En 2 Pedro 2:19 nos advierte, nos dice: uno es esclavo de aquello que le ha vencido. La razón por la que es compulsivo no es simplemente porque es que la pasión; el pecado me esclavizó, y ahora yo me comporto conforme a dónde él me quiera dirigir, en esa dirección. Eso tú lo puedes ver desde el jardín del Edén hasta el día de hoy.
Mucho de lo que te estuve hablando fue cómo funciona la tentación, pero el pecado tiene, recuerda, que el pecado es un poco más abajo que la tentación. La tentación dio a luz una acción pecaminosa. Esa acción pecaminosa tiene su propia fisiología. Y tú lo ves en Adán y Eva: estaban contentos el uno con el otro, pecaron, y de inmediato también sintieron vergüenza. Eso es parte del funcionamiento del pecado: sentido de vergüenza. Sintieron culpa, sintieron tanta vergüenza que se escondieron. Crearon delantales con hojas de higuera.
Nosotros hacemos lo mismo. Pensamos que podemos escondernos de Dios, comenzamos a escondernos de personas. Pero cuando nos escondemos de personas, al final no estamos haciendo nada, porque el que me va a juzgar no son las personas, es Dios, y Dios lo vio todo el tiempo. La razón por la que Adán y Eva se sintieron culpables después de pecar es porque eso es parte de cómo el pecado funciona.
Solo tengo una conciencia que Romanos 2 dice que está ahí, puesta por Dios, para defendernos o acusarnos. Antes de pecar, la conciencia, si eres cristiano sobre todo, te dice de manera razonada: "De vez en cuando, cuidado. ¿Tú lo has pensado bien? ¿Tú has pensado las consecuencias?" Pero tan pronto yo comienzo a pecar, mi conciencia entra en un proceso de adormecimiento. "Tan estresado estoy que por eso no siento nada de convicción." Pero después de pecar, después que salgo del pecado, la conciencia, al cuadro de Romanos 2, se erige así como juez y me acusa, y siento el peso del pecado.
Adán y Eva sintieron miedo, se escondieron. Y el resto es historia. Pero ellos descubrieron que detrás de un árbol y detrás de hojas de higuera no se pueden esconder. Y desde entonces nosotros hemos estado tratando de escondernos, incluso detrás de títulos y profesiones, en una serie de cosas. La conciencia persiste en acusarnos, y como es difícil vivir con esa conciencia acusadora, en ese momento nosotros comenzamos un proceso de justificación y racionalización de por qué hice lo que hice: "Y con razón, y tenía necesidades."
Yo no me imagino la sensación de Adán y de Eva. Nunca he experimentado esto. Cuando esto pasó, y la sensación cuando comenzaron a oír a Dios decir: "Esto te va a ocurrir a ti, y a ti esto, y a ti, Eva, aquello, y a ti, Adán, esto, y a la serpiente lo otro." Pero ya era tarde. ¿Y por qué era tarde? Porque mira, la fruta, que era la tentación, les ofreció placer. Eso es parte del funcionamiento del pecado, es parte de la tentación, pero al mismo tiempo es parte de cuando interactúo con mi naturaleza pecadora. Como todo va encajando: me ofrece placer, pero me oculta las consecuencias.
Y así pasó con la fruta. Me hace olvidar que el placer es pasajero, temporal, pero las consecuencias del pecado son duraderas. Mis pasiones internas no me dejan pensar en que el pecado me va a costar más de lo que yo pensaba. Adán y Eva jamás imaginaron que miles de años después tú y yo íbamos a estar aquí todavía luchando contra el pecado. Al final de cuentas, sí, pero me va a costar mucho más de lo que yo pensaba.
A ellos les costó la destrucción de su relación con Dios. Se volvieron ciegos espiritualmente. Su voluntad quedó esclavizada al pecado. Quedaron condenados, y condenaron a toda su descendencia por el resto de la historia. Wow. El pecado tiene consecuencias tan significativas que el pecado de uno nos afecta a todos. El pecado de Adán y Eva nos sigue afectando hoy.
Pero sabes que el pecado de Adán y Eva afectó a Dios. Antes que tú pienses que es una herejía lo que acabo de decir, sí, afectó a Dios, porque por el pecado de ellos, Dios Hijo tuvo que encarnarse. El Padre tuvo que dar a su Hijo. El Hijo tuvo que dar su vida. Y cuando se fue y se colgó en un madero, estaba cargando con el pecado tuyo, mío y de todos los redimidos, según el plan de Dios, porque un hombre y una mujer desafiaron la voluntad de Dios hace miles de años. Y el pecado de uno nos afecta a todos. Impresionante.
Y la razón por la que Cristo tuvo que hacer eso es porque ni Adán ni ninguno de sus descendientes ni ahora tiene la solvencia moral para pagar la deuda que ellos contrajeron. Ni Adán ni ninguno de nosotros. Ellos descubrieron, al igual que nosotros, que el pecado engendra pecado. David tiene relación con Betsabé, luego miente, luego la emborrachó a Urías, luego lo manda a matar. Es la naturaleza, esto es como el pecado funciona. Ya no estoy hablando de tentación, porque David hizo eso, ya la tentación había pasado. Ya ahora es el pecado lo que está funcionando.
El pecado comienza a alejarme de Dios, como dijimos un momento. Me alejo. Pero sabes qué, el problema con el pecado, entiende, es que no es igual. Tú dices, por ejemplo, un día que estás trabajando: "Mira, el próximo viernes es de fiesta, voy a tomar tres días de vacación." Y te vas, y regresas el lunes como que nada ha pasado. Tú no puedes decir: "Me voy a tomar tres días de vacaciones de la ley de Dios, voy a entrar aquí en el pecado, que yo el lunes vuelvo a traer en gran aprecio la ley de Dios." No funciona así. El pecado me aleja de Dios más tiempo de lo que yo había pensado. ¿Y cuál es la razón? Porque cuando me alejo de Dios, el pecado trastornó mis afectos por Dios, y reganar mis afectos por Dios, por las cosas de Dios, por el pueblo de Dios, toma tiempo.
Como nosotros no entendemos todo, cómo todo esto funciona, son algunas pinceladas, por así decirlo. Cristo, cuando les iba a entregar a sus discípulos, les dijo esto, cómo tiene que protegerse. Parte de mil otras cosas, está esta que está ahí en la Palabra: velad y estad alerta, y orad para que no entréis en tentación. El espíritu está dispuesto. El problema es que usted tiene una carne, la carne es débil, la tuya y la mía.
Yo creo que Pedro, cuando le dijo a Cristo que: "Aunque todos ellos te abandonen, yo nunca te negaré," yo creo que él probablemente fue sincero. Yo no creo que Pedro dijo: "Déjame engañarlo con esto, déjame ver si el Maestro se lo cree."
Lo que yo digo es que creo que Pedro estaba siendo sincero, pero lo que él no conocía es que tenía una carne, y tú y yo también, que es débil. Por consiguiente, tú y yo no nos podemos despegar de Dios; tú y yo tenemos que caminar con Dios, llenos del Espíritu de Dios, agarrados de la mano de Dios, justamente porque tenemos una carne que es sumamente débil, que tiene deseos pecaminosos, que tiene pasiones, que interactúa con la tentación y nos hace desviar. Y entonces, cuando perdemos nuestros afectos por Dios, ahora sin afecto por Dios, tener que volver a los caminos de Dios y a consumir las cosas de Dios no es tan fácil.
Quizás la persona que mejor nos ilustró esto fue el rey David cuando confesó en el Salmo 51. Ahí está su confesión de su pecado. Escuchen lo que él dice en el versículo 8: "Hazme oír gozo y alegría, y se regocijarán los huesos que has quebrantado." Versículo 12: "Restitúyeme el gozo de tu salvación y sostenme con un espíritu de poder." Señor, yo perdí el gozo, el gozo con el que yo escribí salmos, el gozo con el que yo incluso danzaba cuando fui hasta condenado por ir adelante de ti. Yo no lo tengo, eso se fue. Mi gozo se fue de mis huesos, no lo puedo expresar, no lo siento en mi interior, pero yo tampoco lo puedo fabricar. Claro, porque los afectos por Dios son trastornados y toma tiempo. Y si bien es cierto que yo puedo matar mis afectos por Dios, lo que yo no puedo es resucitarlos. Entonces, ¿qué hago? Se lo pido a Dios: restitúyeme el gozo de tu salvación, y cuando tú hagas eso, sostenme con un espíritu de poder. No quiero volver atrás.
Ahora, el rey David dice algo aquí extraordinario. No sé cuánta gente le ha prestado atención a esto, pero a mí me parece que este versículo, al que yo aludía cuando decía al final, al mero final, yo te voy a decir por qué creo que estas enseñanzas son importantes. Porque cada uno de nosotros ha sido tentado, ha pecado, ha aprendido, ha reflexionado, o tiene algo que enseñarle a otro. Y eso Dios muchas veces lo permitió no solamente para humillarme y mejorarme y santificarme, pero para esto.
Versículo 13, entonces dice David: "Enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti." Si tú me restituyes el gozo de mi salvación, si tú me vuelves a colocar en la posición en la que yo estaba, yo te prometo, Dios, que habiendo tenido esa experiencia, habiendo pasado por donde pasé, yo voy a enseñar a los transgresores tus caminos. Esta es mi forma de honrarte, esta es mi forma de contribuir a lo que es el camino de santificación del resto de tus hijos. Quizás por eso Dios dice que David era un hombre conforme a su propio corazón.
Y de esa manera, todos nosotros tenemos un caminar, también una historia que es un aprendizaje. Muchas veces el aprendizaje lo tenemos y nos lo comemos, y no hablamos sobre él, no advertimos a nadie, no instruimos a nadie. Dios dice: no, cuando yo hago cosas en ti es para que tú tomes lo que aprendiste, la lección aprendida, y la pases a otros. Como David está hablando aquí.
Por eso te decía que yo tengo años pensando en la posibilidad de escribir este libro: "La anatomía y la fisiología de la tentación y el pecado." Yo publiqué el título ayer del mensaje, que siempre lo hago en Twitter, y alguien me escribe y me dice: "Pastor, hace tres años te escuché en la IBI que querías escribir un libro con ese título." Y le respondo: tienes una gran memoria, pero tengo años en eso. Mi esposa lo sabe. Pero yo creo que Dios nos dejó su instrucción en la Palabra y nos deja múltiples ejemplos para que vayamos, nos expongamos a la verdad, reflexionemos, aprendamos, y a la vida también apliquemos aquellas cosas que nos fue enseñando, y luego las pasemos a otros. Eso es lo que David dice: yo voy ahora a enseñar a los transgresores tus caminos.
Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.