Jesús puede auxiliarnos cuando enfrentamos tentación porque él mismo fue tentado. Esta verdad consoladora atraviesa todo el relato de Mateo 4, donde vemos al Hijo de Dios enfrentando al diablo en el desierto después de cuarenta días de ayuno. El contraste con el capítulo anterior es impactante: donde antes hubo la gloria del bautismo y la voz del Padre declarando su amor, ahora hay soledad, hambre extrema y el ataque directo de Satanás.
Las tres tentaciones que Jesús enfrentó son las mismas que nosotros enfrentamos. Satanás apeló primero a los deseos de la carne, sugiriendo que usara su poder para convertir piedras en pan y satisfacer su necesidad física. Luego apeló al orgullo de la vida, invitándolo a lanzarse del pináculo del templo para forzar un rescate angelical espectacular. Finalmente, apeló a los deseos de los ojos, ofreciéndole todos los reinos del mundo a cambio de adoración, un atajo que evitaría la cruz.
En cada caso, Jesús respondió con la palabra: "Escrito está". Citó Deuteronomio tres veces, demostrando que conocía las Escrituras lo suficiente como para discernir cuando Satanás las torcía. No usó ningún recurso especial que no esté disponible para nosotros; peleó como hombre, con la palabra, la fe y la dependencia de su Padre.
Las promesas de Dios no existen para complacer nuestros caprichos sino para facilitar nuestra obediencia. Tenemos el mismo adversario, enfrentamos las mismas tentaciones, pero también tenemos las mismas herramientas para vencer.
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¡Primos hermanos, para mi vida en su Palabra! Qué privilegio tan grande que podamos estar juntos para poder compartir la Palabra de nuestro Dios. Si son tan amables, vamos al Evangelio según San Mateo, capítulo número 4. Hemos titulado la exposición de esta mañana "Aprendiendo de la tentación de Jesús". Mateo, capítulo 4, vamos a estar enfocados en el verso 1 al 11. Mateo, capítulo 4, verso 1 al 11, aprendiendo de la tentación de Jesús.
Voy a leer el texto, dice: "Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero él, es decir, Jesús, respondiendo dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la ciudad santa y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: A sus ángeles te encomendará, y en las manos te llevarán, no sea que tu pie tropiece en piedra. Y Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez el diablo le llevó a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos. Y le dijo: Todo esto te daré si postrado me adoras. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y solo a él servirás. El diablo entonces le dejó, y he aquí, ángeles vinieron y le servían."
Déjeme introducir brevemente el estudio. Una de las verdades más consoladoras para nosotros como creyentes es que Jesús puede auxiliarnos cuando estamos en tentación. No andamos solos en este mundo. Jesús es nuestro Sumo Sacerdote, él intercede por nosotros. Y la pregunta es esta: ¿qué hace a Jesús un candidato especial para ayudarnos en la tentación? ¿Qué hace de Jesús una persona única para un rol como ese?
Bueno, primero, que él fue tentado también, como vamos a estudiar hoy. Hebreos 2:18 dice: "Pues por cuanto él mismo fue tentado en el sufrimiento, él es poderoso para socorrer a los que son tentados." Jesús pasó por ahí, Jesús sabe de qué estamos hablando, Jesús puede entendernos en eso. Y no solamente eso, Jesús se complace en proveer misericordia y gracia para aquellos que están en la tentación. Jesús sabe lo que es eso, Jesús quiere ayudarnos, Jesús también puede ayudarnos. En otras palabras, amados hermanos que están aquí, que escuchan, en nuestro peregrinar en este mundo nuestra mejor ayuda es Jesús. Siempre nuestra mejor ayuda es Jesús. Nadie puede entendernos como él, nadie puede calmarnos como él. Es un gran consuelo el saber que Jesús está por nosotros en esto.
Entonces, la pregunta para aterrizar en nuestro texto es: ¿por qué es importante estudiar la tentación de Jesús? ¿Por qué tomar un tiempo, un domingo en la mañana, todo un sermón para estudiar esto? Bueno, la tentación de Jesús podía ayudarnos en varias maneras. Primero, nos recuerda que Jesús nos entiende en nuestras tentaciones. Y segundo, nos ayuda a entrenarnos, nos ayuda a instruirnos de cómo nosotros ahora, viendo el ejemplo de Jesús, podemos disponernos a vencer las tentaciones.
En el contexto estamos en Mateo, capítulo 4. Todos los que más hemos estudiado la Biblia, sobre todo este Evangelio, realmente podemos entender que es una secuencia de la vida de Jesús. Todo está conectado. En el capítulo 1 vimos un nacimiento muy único y especial. En el capítulo 2, la mano de Dios que lo protegió de la matanza de los niños, como se acordarán. En el capítulo 3 encontramos la introducción de Jesús a su ministerio público y más especialmente el bautismo de Jesús. Y llegamos al capítulo 4, a otra parte también vital de su ministerio: Jesús ahora fue tentado. La tentación de Jesús es entonces una parte esencial de su ministerio. Todo está incluido.
El estudio entonces lo vamos a hacer en dos pasos. Primero, la exposición, considerando los detalles del texto. En segundo lugar, la aplicación, considerando algunas enseñanzas prácticas que podemos derivar de todo este proceso que estudiamos. La exposición y la aplicación.
Vamos entonces a nuestro primer punto, considerando los detalles del texto, la exposición. Y esta sección yo quiero dividirla en tres puntos relacionados con el evento de la tentación. En primer lugar, el inicio de la tentación. Cómo todo empezó, ¿cuál es el contexto en que se da? Verso 1 y 2. Mateo 4, verso 1 y 2, dice: "Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre."
Aquí encontramos a Jesús después de haberse identificado con los creyentes en su bautismo en Mateo 3. Ahora Jesús se va a identificar con nosotros en nuestras tentaciones, Mateo capítulo 4. Es un contraste impresionante entre un capítulo y otro. Es impresionante lo diferente que es Mateo capítulo 3 de Mateo capítulo 4. En el 3 encontramos la gloria del bautismo de Jesús. Dios el Padre habló en medio de tanta gente: "Es mi Hijo amado." Ahora, en el capítulo 4, no es el bautismo de Jesús, sino el desafío de la tentación. Uno fue realizado en medio de las aguas del Jordán; ahora encontramos a Jesús en el desierto seco y árido. Uno fue realizado en frente de una gran multitud; ahora encontramos a Jesús en una gran soledad y silencio. En el capítulo 3, el Espíritu Santo reposaba como una paloma encima de él; ahora el Espíritu Santo lo está llevando al desierto. En el capítulo 3 encontramos esa ternura del Padre, quien lo llama "Hijo amado, en el cual me complazco." En el capítulo 4, lo que encontramos es la crueldad de Satanás atacando con el fuego de las tentaciones. En Mateo capítulo 3, Jesús aparece como el honrado; en Mateo capítulo 4, como el atacado. En Mateo capítulo 3 es el agua del bautismo; ahora es el fuego de la tentación. En Mateo 3 se abrieron las puertas de los cielos; en Mateo 4 se abren las puertas del infierno. El contraste no podía ser mayor.
Es interesante pensar que Jesús no necesitaba ser tentado para crecer. Es diferente a nosotros. Él era Dios. Era Dios y hombre. Jesús soportó la tentación para poder identificarse con nosotros. Fue un gesto de su amor por nosotros. Dice Hebreos 4:15: "Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo por nosotros, pero sin pecado."
Entonces, Mateo 4, verso 1, nos introduce ahí. Una observación es que el Espíritu Santo no puede tentarnos. La Biblia es muy clara en cuanto a eso. Lo que sí puede ser, que en la soberanía de Dios y su providencia, el Espíritu Santo nos lleve a un lugar en que vamos a ser tentados. Santiago 1:13 dice: "Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios, porque Dios no puede ser tentado por el mal, y él mismo no tienta a nadie." La idea es que no somos sometidos a la tentación para Dios probarnos nada a nosotros. La idea es para nosotros mismos entender qué tan fuertes estamos en la fe, cuál es nuestra posición espiritual en ese momento. El Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado.
Lo otro que encontramos aquí, todavía en el verso 1, es que lo llevó allí para ser tentado por el diablo. Este sí es el personaje. Ese es el gran tentador. Así se le conoce en la Biblia. Es importante el énfasis, sobre todo en los idiomas originales, que fue allí y el diablo mismo lo tentó. Fue una intervención del enemigo directa. Por tanto, en muchos aspectos fue una tentación muy severa. Y fue severa porque fue directamente tentado por el diablo, cuando nosotros en la mayoría de los casos lidiaríamos con demonios que son menores en poder. Pero aquí estaba Satanás mismo con Jesús. En otras palabras, Jesús soportó niveles de tentación que quizás nosotros nunca tendremos que soportar. Lutero, el gran reformador, decía: "La oración, la meditación y la tentación son los tres mejores instructores en el ministerio de la Biblia." Escuchen esto: la oración, la meditación y la tentación son los tres mejores instructores en el ministerio de la Biblia.
Dice el texto además que fue allí para ser tentado por cuarenta días. Dice el verso 2: "Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre." Miren qué interesante. El autor inspirado, Mateo, primero habla un poco de la condición del lugar. Él dice: "Fue llevado al desierto." El desierto de Judea era árido. Ahora Mateo no nos habla de la condición del lugar, sino de la condición de Jesús. Estaba allí Jesús después de un ayuno muy largo. De hecho, dice "entonces tuvo hambre" al final. Los estudiosos dicen que después que los dolores del hambre regresan, después de un ayuno tan largo, decir ahí que volvió a tener hambre indica que el sujeto está comenzando a morir. Era una posición de mucha debilidad.
Dice cuarenta días, cuarenta noches. Es un período que se usa mucho en la Biblia. Es un período de cuarenta días y noches muy familiar en la Biblia, tanto en los días de Moisés como del pueblo de Israel en el desierto. Ahora, lo que quiero enfatizarles un poco es la intensidad de la tentación. No es que después de los cuarenta días y noches entonces es tentado, sino que todo el tiempo fue tentado. Lo que estas tres tentaciones que vamos a ver reflejan es que fueron las más duras, que se reservaron para el momento más cumbre, al final. Pero no es que Jesús estaba de vacaciones y entonces en el último día le llegó esto. Todo el tiempo fue tentado mientras estaba allí.
En primer lugar, entonces, lo que encontramos es el inicio de la tentación. El Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo, y dice que Jesús estaba debilitado después de los cuarenta días ayunando. Cuarenta noches, entonces tuvo hambre. Ahora vamos al desarrollo de la tentación. Lo que yo quisiera ahora es tomar un tiempo para cada una de las tres tentaciones que se revelan allí. Vamos a la primera tentación, que está en el verso 3 y 4.
Ya acercándose, el tentador le dijo: "Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan". Pero Él, respondiendo, dijo: "Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
El enfoque de esta primera tentación son los deseos de la carne. Satanás se va a enfocar específicamente al punto de las necesidades físicas que Jesús experimentaba allí, para nosotros, lo que podamos tener hoy. El texto dice que, acercándose a Él, el tentador... En nuestras vidas la pregunta no es si vendrá el tentador; la pregunta es cuándo vendrá, porque es seguro que vendrá. Enfrentaremos tentaciones hasta que lleguemos a la gloria. Dice Spurgeon: "Dios tuvo un hijo sin pecado, pero nunca tuvo un hijo sin tentación". Las tentaciones nunca se acabarán en nuestras vidas.
Escuchen lo que Satanás le dijo a Jesús. Dice el verso 3: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan". En el original, el énfasis no es que aquí Satanás está diciendo "si eres Hijo de Dios", sino "ya que eres Hijo de Dios". En otras palabras, Satanás no estaba aquí cuestionando la deidad de Jesús, sino que él lo desafió a que lo probara o demostrara por medio de obras milagrosas. Ese es el punto: ya que eres, entonces vamos a hacer esto.
Lo que Satanás le propuso es: "Di que las piedras se conviertan en pan". ¿En qué sentido esto fue una tentación? Esto es muy importante entenderlo. Bueno, la tentación era para que Jesús usara sus dones con propósitos personales, con propósitos egoístas. Satanás sugirió a Jesús que usara todo su poder para que pudiera proveerse comida para sí mismo. En esencia, el propósito de esta tentación parcialmente estaba dirigida para que Él cediera ante el hambre, para que Él rompiera el ayuno. El objetivo era crear un obstáculo al propósito de Dios en la vida de Jesús en ese momento. La idea era provocar a Jesús a considerar que Él tenía el poder, de hecho, que Él tenía el derecho de satisfacer sus propias necesidades. Es una invitación a que Jesús se guiara más por su deseo que por sus convicciones, que se guiara por su necesidad presente más que por el propósito de Dios en este mundo.
¿Y qué hizo Jesús? Bueno, Jesús le respondió con la Palabra. Y ahorita vamos a hacer mucho énfasis en esto. Dice el verso 4: "Él, respondiendo, dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Miren, lo primero es que Jesús no solo estaba en desacuerdo con Satanás y se quedó en silencio. Lo que encontramos en primer lugar es que Jesús le respondió con la Palabra. Jesús tuvo una respuesta. Dice: "Escrito está". La pregunta es: ¿dónde estaba escrito lo que Jesús citó? El texto es de Deuteronomio 8:3. Lo voy a leer, no tienen que buscarlo. Lo que Jesús le citó a Satanás es el texto que está en Deuteronomio, capítulo 8, verso 3, y dice, hablando al pueblo: "Él te humilló y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor".
La ocasión allá en Deuteronomio fue un tiempo donde Dios estuvo tratando con su pueblo. Dios quiso hacerles ver que Él es soberano, que Él estaba en control de las circunstancias. Y Dios, en medio de sus necesidades físicas, estaba realmente preparando sus corazones para una bendición espiritual. Dios quería darles más del alimento espiritual. Y Jesús, cuando Satanás le hace esta propuesta —básicamente: tú tienes hambre, resuelve esto—, lo que Jesús hace es que se va a Deuteronomio y dice: Dios no trabaja así. Esto no es un asunto de comida. Esto se trata de: ¿qué quiere Dios en mi vida? ¿Qué está haciendo Dios en mi vida?
Una de las cosas que llama la atención es que Jesús citó Deuteronomio. Y a veces nosotros Deuteronomio lo saltamos cuando estamos leyendo. Era para demostrar que toda palabra que sale de la boca de Dios deberá ser más preciosa para nosotros que la misma comida, que los deseos de la carne.
Ahora, yo quiero simplemente establecer una conversación aquí en este auditorio, si nos sinceramos, como decimos nosotros los dominicanos. Lo que Satanás sugería tenía sentido. Tenía sentido: ¿para qué morirte de hambre si tú tienes poder para resolver esto? ¿Cómo tú vas a pasar tanta hambre hasta el punto casi de morir? Tú tienes opciones. El problema era uno solo: Dios. ¿Dónde estaba Dios en todo esto?
Entonces, escuchen esto. En la primera tentación, Satanás apeló a los deseos de la carne, a las necesidades físicas de Jesús como hombre. Y Jesús responde que la vida es algo superior a eso. Todo ser humano tiene necesidades físicas. Todo ser humano tiene necesidades emocionales. Todos nosotros estamos saturados en necesidades, pero la satisfacción de esas necesidades nunca debe ser más importante que la obediencia a Dios. Nunca buscar esas necesidades debe ser un obstáculo para obedecer a Dios. Satanás siempre está interesado en que nos guiemos por la necesidad más que por convicción. Este siempre será un foco de atención para él. Siempre será eso.
No solamente eso, el asunto no terminó ahí. Segunda tentación, versículos 5 al 7. Yo quiero, por favor, que lo leamos aquí. Mateo, capítulo 4, ahora, versos 5 al 7: "Entonces el diablo le llevó a la ciudad santa y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: A sus ángeles te encomendará, y en las manos te llevarán, no sea que tu pie tropiece en piedra. Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios".
Ahora, el enfoque de esta segunda tentación es al orgullo de la vida, la vanagloria de la vida, a lo que podemos disfrutar por creernos poderosos en esta vida en relación con Dios. Primero dice que le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo. Déjenme dar algunas cosas importantes en el contexto. El pináculo del templo, los historiadores creen que tenía una altura más o menos como de 200 pies. Era una parte, los ángulos del templo, que equivale hoy en día como a un edificio quizás de cuatro pisos aproximadamente. Era uno de los cuatro ángulos de los pórticos del templo. El historiador Flavio Josefo dice que era un lugar bastante alto, y que las personas cuando podían llegar ahí sufrían de vértigo al ver abajo.
El pináculo del templo era considerado un lugar especialmente alto. Los que conocen el lugar hoy en día, que viven allá o estuvieron por allí, dicen que desde allí se ve una vista especial: el torrente del Cedrón, y de hecho se llega a ver el Monte de los Olivos. Algunos historiadores dicen que posiblemente Santiago, que escribió la carta de Santiago, el hermano menor de Jesús, murió lanzado de ese mismo lugar. Cuando las autoridades estaban opuestas a su mensaje del Evangelio, lo que hicieron fue que lo lanzaron de este mismo sitio. Y este fue el lugar a donde Satanás llevó a Jesús.
¿Qué le dijo Satanás? "Si eres Hijo de Dios, échate abajo. Lánzate hacia abajo, pues escrito está: A sus ángeles te encomendará". Miren, si Jesús se lanzaba de allá arriba y de la nada aparecía un ejército de ángeles, como se ha prometido, eso iba a ser un evento espectacular. Cirque du Soleil iba a ser una tontería comparado con eso. Era un espectáculo. La idea aquí es que Satanás estaba tentando a forzar a Dios a un evento sobrenatural. Aquí Satanás está tentando la identidad de Jesús: "Si eres el Hijo de Dios". Satanás está apelando a ese deseo natural de todo hombre de sentir que Dios está con él y querer manifestarlo en público. "Yo quiero ver qué cosa gloriosa, especial, sobrenatural Dios puede hacer para mí".
Satanás le citó la Biblia. El diablo también conoce mucho de la Palabra. Él citó la Escritura. Podemos confiar que el diablo ha memorizado la Biblia, y es un experto para citarla fuera de contexto. Es un experto en usarla para confundir, para tratar de derrotar a aquellos que son tentados. La cita que Satanás trajo la sacó del Salmo 91. Voy a leer el texto original del Salmo 91, versos 11 y 12, de donde Satanás la sacó. Dice el Salmo 91: "Pues Él dará órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos. En sus manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra".
Satanás citó el texto, pero de manera incompleta. El problema fue que lo sacó de contexto. Es como si Satanás le dijera: "A ver, vamos a ver. Tú haces esto. La Biblia promete que si tú te tiras por ahí, tus ángeles te van a acompañar. Dios te va a guardar, y yo creo que será un evento interesante que todos puedan verlo". Era el pináculo del templo, una de las vistas más especiales que había.
Dice el famoso predicador Charles Spurgeon: "Satanás tomó prestada el arma de nuestro Señor y dijo 'escrito está', pero no lo citó legalmente. No estaba en la naturaleza del demonio falso citar ese texto correctamente. Él excluyó frases necesarias para que se entendiera lo que se había prometido". Termina la cita.
¿Por qué decimos que el texto fue falsamente citado? Porque Satanás excluyó las palabras "que te guarden en todos tus caminos". El probar a Dios de esta manera no era de lo que Dios estaba hablando en aquel texto. Decía alguien: Dios nunca ha prometido alguna protección de ángeles en caminos pecaminosos y prohibidos.
Es interesante que Jesús conocía muy bien la Palabra. Por eso Él pudo discernir cuando estaba siendo mal aplicada. Y de aquí aprendemos, hermanos: si nosotros vamos a trabajar bien en esto, necesitamos conocer esa Palabra de una manera más profunda. De hecho, hasta Satanás reconoce la importancia de memorizar la Biblia.
Si Satanás estuviera aquí, fuera a la Escuela Dominical, se sometiera al programa de memorización anual, él sabe lo importante. ¿Qué es eso? Es una pena que él sea más inteligente en eso para su propósito de engañar que nosotros para el propósito de crecer. Eso debería ser una amonestación para nosotros.
¿Qué hizo Jesús otra vez? Jesús respondió con la Palabra. Dice el verso 7: "Jesús le dijo, también está escrito". En otra palabra, eso no es lo único que la Biblia dice. "También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios." ¿Dónde está escrito eso? Otra vez en Deuteronomio. La cita de Jesús es de Deuteronomio capítulo 6, verso 16. El texto dice así: "No tentaréis al Señor vuestro Dios como ustedes le tentasteis en Masá." Eso es lo que dice Deuteronomio.
¿Qué es Deuteronomio 6? Eso es muy importante para entender esto. Bueno, Deuteronomio capítulo 6, texto que Jesús citó, es un capítulo en la Biblia lleno de exhortaciones al pueblo de Israel, sobre todo sobre la necesidad que ellos tienen como pueblo de que Dios sea la más importante prioridad en sus vidas. Así en Deuteronomio 6 son una serie de mandamientos, de exhortaciones a que sean obedientes a esos estatutos recibidos para que Dios sea reverenciado, para que Dios sea temido. Una de las exhortaciones que aparece allí en Deuteronomio 6 es esta: que no tientes al Señor tu Dios como sucedió anteriormente. Y Jesús la llevó.
La pregunta es: ¿cuándo fue que el pueblo tentó a Dios? En el caso histórico del pueblo de Israel, ¿qué fue lo que pasó? ¿Qué Deuteronomio trae esa exhortación? Bueno, la historia de eso está en Éxodo 17. Todo esto es una conexión. La historia, cuando este evento sucedió, se narra en Éxodo 17. El pueblo había caminado mucho por el desierto, la gente tenía sed, no había agua y hubo problemas. Unos serios problemas. Dice en Éxodo 17:2: "Entonces el pueblo contendió con Moisés y dijeron: Danos agua para beber. Y Moisés les dijo: ¿Por qué contendéis conmigo? ¿Por qué tentáis al Señor? Pero el pueblo tenía una gran sed y murmuró el pueblo contra Moisés y dijo: ¿Por qué tú nos has hecho subir de Egipto para matarnos aquí con tanta sed, a nuestros hijos y a nuestro ganado?" Es decir, hubo problemas.
Ok, esa es la idea. Y el pueblo dijo: "Esto no tiene sentido. ¿Será que nadie calculó esto?" Hay otra palabra, así fueron dominicanos. Lo que el pueblo dijo, ¿verdad? "¿Quién habrá estado encargado de esto? ¿Cómo nos van a mandar por el desierto y nadie pensó que hay que buscar agua? Eso no tiene sentido." Y la gente se molestó y murmuró. Y Moisés entonces lo que hizo fue que oró a Dios, y Dios le mandó a la famosa peña de Horeb y le dio instrucciones, y milagrosamente Dios proveyó.
El punto es, aunque el problema de la sed eventualmente se resolvió, había todavía un problema de incredulidad en el pueblo. Había un problema de desconfianza. Y cuando Moisés cierra el capítulo, allá en Éxodo 17, esto es lo que dice el verso 7: "Y puso aquel nombre Masá y Meriba, por la contienda de los hijos de Israel y porque tentaron al Señor diciendo: ¿Está el Señor entre nosotros o no?" Oigan la razón. Moisés, el autor inspirado del libro, cuando cierra este evento, dice que le llamaron al nombre Masá y Meriba porque el pueblo dijo: "¿Está el Señor entre nosotros o no?" ¿Dios está aquí? ¿Esto tiene sentido? ¿De verdad Dios es tan grande y tan poderoso?
El suceso aparece en Éxodo 17. Fue refrescado al pueblo en las exhortaciones de Deuteronomio 6. Y Jesús lo trae otra vez en Mateo 4 para responder a Satanás. Todo está conectado.
¿Cuál era el problema que esta tentación representaba? El razonamiento de Satanás fue este: "Ya que tú tanto confías en Dios, ¿verdad? Porque me dijiste en la tentación anterior que no solo de pan vive el hombre. Lo compré, lo entendí eso. Ya que tú confías tanto en Dios y en su Palabra, entonces tírate, porque la Palabra dice que te van a asegurar." ¿Qué tenía de malo, diríamos nosotros, poner a prueba la Palabra? ¿Qué tenía de malo probar el cuido providencial de Dios? No es a eso que las promesas de Dios se refieren.
El problema es que el hecho de confiar en Dios no significa que debamos cometer cualquier tipo de imprudencia. El hecho de confiar en Dios no significa que debemos cometer cualquier tipo de imprudencia. El Señor dijo que eso sería tentar a Dios. Era abusar de sus promesas. Por eso Jesús le respondió con la misma Palabra. Es como si Jesús le dijera: "Yo no tengo que poner a prueba la fidelidad de Dios conmigo. Yo le confío, yo no tengo dudas de su cuido y protección sobre mí. Dios está dirigiendo mi vida, yo no voy a tentar a Dios con eso. No voy a tentar a Dios con eso."
Escuchen esto, amados, escuchen esto. Las promesas de Dios no son para complacer nuestros caprichos, sino para facilitar nuestra obediencia. Las promesas de Dios no están allí para complacer nuestros caprichos, sino para facilitar nuestra obediencia. Hay gente que está tan enfocada en ellos mismos, tan enfocada en su autopromoción, aun en cosas espirituales, y creyendo que están honrando a Dios, lo que están en realidad es yendo desafiando a Dios. Abusando de las promesas. Las promesas de Dios no son para complacer nuestros caprichos. Dios no es un asistente personal para apoyarnos en nuestras aspiraciones. Dios es un Rey soberano para gobernar nuestras vidas de acuerdo a su voluntad. Son dos cosas diferentes.
Entonces, la primera tentación fue dirigida a los deseos de la carne. Su necesidad es física, resuelve eso, no importa que rompa el propósito de Dios. La segunda tentación fue dirigida al orgullo de la vida. Enseña incluso lo que Dios es para ti, vamos a mostrar algo grande.
Vamos a la tercera tentación, verso 8 al 10. "Otra vez el diablo le llevó a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos. Y le dijo: Todo esto te daré si postrado me adoras. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás."
Aquí el enfoque ahora es a los deseos de los ojos. Los deseos de los ojos, lo que se ve. Dice primero que Satanás llevó a Jesús al pináculo de un monte y le mostró los reinos del mundo. La palabra clave es que le mostró. Le enseñó. Satanás quería deslumbrar a Jesús. Se lo puso en colores, se lo puso brillante, se lo puso atractivo. Estaba apelando a seducir a Jesús por sus ojos, por lo que se ve. Le dijo: "Todo esto te daré si postrado me adoras."
Esencialmente esta visión invitaba a Jesús a tomar un atajo de la cruz. Esto era una real tentación lo que Satanás estaba proponiendo a Jesús. Era una tremenda oferta. "Te voy a dar todos los reinos del mundo y la gloria", que estaban en dominio de Satanás, y se lo ofrece solo si postrado le adora. Es una real tentación. Satanás le está ofreciendo a Jesús poseer todo eso sin tener que soportar la cruz. Ganar todas esas cosas sin sufrir. Es lograr la meta, pero sin pagar el precio. Eso es una tentación. Decía alguien: el peligro siempre es más grande cuando al final es algo bueno. Es mucho más peligroso.
Todo lo que Jesús tenía que darle a Satanás es lo que Satanás siempre ha perseguido desde el día uno: adoración. Un reconocimiento de parte de Dios mismo. De hecho, eso nos habla mucho acerca de quién es Satanás. ¿Qué tan importante para él es la alabanza? ¿Qué tan importante para él es ese reconocimiento? Él estaba dispuesto a darle los reinos del mundo a cambio de una adoración. Eso no ha cambiado el día de hoy.
Isaías 14, versos 13 y 14, hablando de la caída de Satanás: "Pero tú dijiste en tu corazón: Yo subiré al cielo, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono, y me sentaré en el monte de la asamblea, en el extremo del norte. Subiré sobre las alturas de las nubes y me haré semejante al Altísimo." Quiero adoración, necesito que me adoren. Todo lo que Satanás busca es que le adoremos. Es decir, Satanás es un experto mostrando las supuestas bendiciones, pero ocultando el real precio que hay que pagar por ello. Le dijo: "Todos estos reinos". De hecho, Jesús venía a liberar esos reinos de la mano de Satanás. Eso es parte del propósito a lo que Jesús vino. Y Satanás dijo: "Te lo vas a resolver fácil. No tienes que morir, te lo doy si me adoras."
¿Qué dijo Jesús? Citó la Palabra otra vez. Dice el verso 10: "Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás." ¿De dónde Jesús sacó eso? De Deuteronomio otra vez. Jesús está citando Deuteronomio 6:13, que dice: "Temerás al Señor tu Dios y a él adorarás y jurarás por su nombre." Jesús no cedió a la oferta de solucionar sus retos por la vía de la idolatría. Jesús no cedió a la tentación de resolver sus problemas por la vía de la idolatría. Jesús no trató de tomar la salvación por la vía fácil.
Entonces, ¿qué encontramos? Tres tentaciones: deseo de la carne, orgullo de la vida, deseo de los ojos.
Finalmente, ¿cómo terminó este episodio de la tentación? Dice el verso 11: "Y el diablo entonces le dejó, y he aquí ángeles vinieron y le servían." Entonces le dejó. Cuando dice aquí que el diablo le dejó, significa que Jesús ganó. Jesús ganó porque conoció la manera que Satanás ataca, mediante mentiras y engaños. Y Jesús usó de la Palabra y pudo vencer. Hermanos, el engaño es extremadamente efectivo para guiarnos al pecado y causa que vivamos una vida llena de temores, de mentiras, de engaños.
Ahora, cuando dice aquí que Satanás le dejó, no dice que se rindió. Son dos palabras muy diferentes. Le dejó temporalmente. Esa no fue la última vez que Satanás estaba gestionando una tentación para Jesús. De hecho, escuchen cómo Lucas, en el texto paralelo, dice esto. Dice Lucas 4:13: "Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de él esperando un tiempo oportuno." Eso no quiere decir que ya se perdió la guerra. Una batalla él perdió, pero eso no significa que se rindió.
Ahí dice que los ángeles vinieron y le servían. Dios nunca, nunca, nunca abandona a aquellos que soportan la tentación.
Así como esos ángeles vinieron y sirvieron a Jesús, Dios también encontrará la manera de ministrarnos a nosotros, de asistirnos en medio de la tentación. La ayuda llegó en el tiempo de Dios, en la manera de Dios, cuando Dios lo dispuso. El tiempo de esperar en Dios siempre será un punto crítico de vencer o ser vencidos en la tentación. Es el tiempo de espera, es el tiempo clave que evita el resultado final. Usualmente el fracaso viene cuando nos adelantamos al tiempo de Dios.
Ese es el problema. Nosotros lo vemos como pastores continuamente. A veces una persona, una relación, y nosotros decimos: ¿saben qué? No están listos. Hay que trabajar ciertas cosas. "Que yo no quiero esperar. Una persona me está ofreciendo empleo, voy a ganar más." No está tan clara la cosa, tenemos que... "No, no, no, no, yo no voy a estar esperando." Hay que esperar el tiempo de Dios. Satanás sabe muy bien que la carrera no es de velocidad sino de resistencia. Solo la fe nos ayudará a esperar y a vencer.
¿Qué encontramos? En primer lugar, la exposición. El inicio de la tentación: el Espíritu llevó a Jesús al desierto por cuarenta días y noches para ser tentado por el diablo. El desarrollo de la tentación: tres veces Satanás intentó contra Jesús. Y finalmente el cierre de todo esto: Satanás se retiró, los ángeles le sirvieron. Entonces, ¿qué aprendemos de esto? Bueno, nuestro segundo punto y punto final: considerando las enseñanzas del texto. ¿De qué nos sirve estudiar todo esto? Algunas aplicaciones prácticas. Yo tengo tres enseñanzas.
En primer lugar, tenemos el mismo adversario. Tenemos el mismo adversario. Jesús fue tentado por el diablo, nosotros también. Dice Primera de Pedro 5:8-9: "Sed sobrios, estad alerta. Vuestro adversario el diablo anda al acecho como un león rugiente buscando a quién devorar. Pero resistidle firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo." Es el mismo adversario. Somos el blanco de esas tentaciones. No debemos tratar eso con ligereza, hermanos. El conflicto es real, el conflicto es real, la enemistad es real.
A veces nosotros vivimos la vida con mucha ligereza. Nosotros salimos para la calle sin orar, sin leer la Biblia, sin interceder. Y nosotros somos los leones afectados. Eso es una ignorancia profunda de la naturaleza de la vida que vivimos. Efesios capítulo 6, porque ustedes escuchan esto. Dice Efesios 6, lo sé: "Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne." No es contra gente, escucha esto, hermano. Tu problema no es tu cónyuge, tu problema no es tu hijo, tu pastor, tu jefe, tu vecino. Ese no es nuestro problema principal. La lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Todo en plural, y mucho, y grande.
Los puritanos decían, en base a ese texto, que se puede decir que por cada creyente Satanás tiene quinientos demonios a tiempo completo. ¿Usted cree que es fácil la lucha? No, el enemigo es real. La lucha es real. El enemigo es poderoso. Y debemos prepararnos.
En segundo lugar, tenemos las mismas tentaciones. Las mismas tentaciones. Satanás nos tienta con inmoralidad para los deseos de la carne. Satanás nos tienta con materialismo para los deseos de los ojos. Satanás nos tienta con la arrogancia para el orgullo de la vida. Las mismas tentaciones.
Y escuchen esto: no podremos agradar a Dios si nuestras necesidades físicas son más atractivas que las promesas de Dios. No podremos agradar a Dios si nuestras aspiraciones terrenales son más atractivas que nuestras aspiraciones celestiales. No podremos agradar a Dios si nuestra necesidad de lucir grandes es más atractiva que nuestra necesidad de lucir fieles. Hay un vacío tan grande en nosotros que solo Dios puede llenarlo. Si ese vacío no es llenado por el poder del Espíritu Santo, entonces ese será el blanco de mayor atención para nuestro tentador. Somos seres necesitados, necesitamos ayuda. La guerra no ha cesado.
Y finalmente, tenemos las mismas herramientas para vencer. Las mismas herramientas para vencer. ¿Qué hizo Jesús? Primero, Jesús acogió la Palabra de Dios. Nosotros tenemos que hacer lo mismo. Tres veces Jesús fue tentado, tres veces Jesús respondió: "Escrito está." Piense en esto: si eso fue Jesús, que era sin pecado, que era Dios y hombre, y Él necesitó la ayuda de la Palabra, ¿qué cree usted de usted y de mí?
Dice Efesios 6:17: "Tomad también el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra." Satanás en sus intentos de tentarnos no se va a detener hasta que nosotros podamos responder con la Palabra. Se necesita una espada. Es interesante que Jesús luchó las tentaciones con la Palabra. Jesús no hizo uso de su poder excepcional, que lo tenía, para poder vencer la tentación. Él peleó la batalla como hombre. No utilizó ningún recurso especial que no esté disponible para nosotros. Él pudo haberse parado con Satanás y revestirse de parte del poder de su gloria. Él pudo de hecho enfrentar a Satanás con su capacidad lógica, con su capacidad de razonamiento. Pero en cambio, Jesús estuvo determinado a usar la Palabra de Dios. Él usó la Palabra, y nosotros podemos usar lo mismo cuando estemos solos, cuando seamos tentados. Necesitamos el poder de esa Palabra. Es la única manera; aquí Jesús nos enseña a trabajar.
No solamente en la sola Palabra, Él también tuvo fe en el plan de Dios. Él tuvo fe que Dios estaba dirigiendo. En medio de la tentación, tenemos que creerle más a Dios y creerle menos al enemigo. Dios sabe lo que está haciendo, aunque nosotros no entendamos. Dios sabe lo que está haciendo. Si dudamos de la bondad de Dios, eso nos hará presa fácil para los engaños del pecado. Tenemos que creerle. Escucha esto, hermano: mientras más dudemos de la bondad de Dios con nosotros, más atractiva será la oferta del diablo. Más atractiva será la oferta del diablo.
Jesús usó la Palabra, la fe para esperar en Dios. Jesús oró a ese Dios también. Jesús muchas veces los amonestaba, diciéndoles: "¿No pudiste velar? Velad y orad para que no entréis en tentación. Velad y orad." El domingo pasado hablamos mucho de eso. Necesitamos orar a nuestro Padre celestial. Dios quiere bendecirnos. Dios tiene siempre algo mejor que darnos. Hemos sido llamados a vivir por lo que no se ve. Para eso necesitamos ojos de fe. La Palabra de Dios, la fe y la oración pueden ayudarnos a vencer las tentaciones.
Una de las verdades más consoladoras para nosotros como creyentes es que Jesús puede auxiliarnos cuando somos tentados. Él fue tentado. Él se complace en proveer misericordias y gracias para nosotros en nuestro peregrinar en este mundo. No se admira mejor ayuda: está en Jesús. Nadie puede entendernos como Él, nadie puede amarnos como Él.
Que Dios nos ayude a que podamos entender la realidad de nuestra lucha espiritual. Que asistidos por su gracia podamos ser fieles e imitadores de Jesús. Que en medio de nuestras tentaciones podamos recordar y abrazar la Palabra. Que en medio de nuestras tentaciones podamos ser guiados por la fe para esperar en Él. Que en medio de nuestras tentaciones podamos ser guiados por la fe para orar por cuidado y protección.
Y termino con estas palabras del autor de Hebreos: "Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios."
Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D