Integridad y Sabiduria
Sermones

Las bendiciones de un siervo de Dios

Miguel Núñez 8 marzo, 2009

La mano de Dios reposa de manera especial sobre quienes dedican su corazón a conocer, practicar y enseñar su palabra. Esdras encarna esta verdad: un escriba experto en la ley de Moisés que regresó de Babilonia a Jerusalén con una misión singular: reorganizar la vida espiritual de un pueblo que llevaba décadas desorientado. El texto bíblico repite seis veces en dos capítulos que "la mano del Señor estaba sobre él", y revela la razón: Esdras había dedicado su corazón —no solo su mente— a estudiar la ley, a vivirla y a transmitirla.

Esa dedicación produjo frutos extraordinarios. El rey pagano Artajerjes le concedió todo lo que pidió: oro, plata, exención de impuestos para los servidores del templo, autoridad para nombrar jueces y libertad para enseñar las leyes de Dios. Cuando llegó el momento de emprender un viaje de mil quinientos kilómetros cargando tesoros, Esdras tuvo vergüenza de pedir escolta militar al rey porque ya había declarado que su Dios los protegería. Prefirió arriesgar la vida antes que contradecir su testimonio. Tres meses y medio después llegaron sin ningún percance.

El llamado que surge de esta historia no es solo para pastores o teólogos. La palabra de Dios fue dada para su pueblo, para padres que deben enseñarla diligentemente a sus hijos. La pregunta que queda resonando es directa: ¿a qué está dedicado tu corazón? Porque se puede estudiar la Biblia con la mente mientras el corazón persigue el éxito, la diversión o la comodidad. Caminar a la altura del llamado implica dejar atrás no solo lo pecaminoso, sino también lo liviano que pesa al espíritu.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Esdras capítulo 7, del versículo 1 hasta el 21.

"Después de estas cosas, en el reinado de Artajerjes, Rey de Persia, subió Esdras, hijo de Serayas, hijo de Azarías, hijo de Hilcías, hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ahitob, hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Meraiot, hijo de Zeraías, hijo de Uzi, hijo de Buqui, hijo de Abisúa, hijo de Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, sumo sacerdote. Este Esdras subió de Babilonia y era escriba experto en la ley de Moisés que el Señor Dios de Israel había dado, y el Rey le concedió todo lo que pedía porque la mano del Señor su Dios estaba sobre él."

"También algunos de los hijos de Israel y de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros y sirvientes del templo subieron a Jerusalén en el año séptimo del Rey Artajerjes, y él llegó a Jerusalén en el quinto mes; era el año séptimo del Rey. Porque el primer día del mes primero comenzó a subir de Babilonia, el primer día del mes quinto llegó a Jerusalén, pues la mano bondadosa de su Dios estaba sobre él, ya que Esdras se había dedicado su corazón a estudiar la ley del Señor y a practicarla y a enseñar sus estatutos y ordenanzas en Israel."

"Esta es la copia del decreto que el Rey Artajerjes dio al sacerdote Esdras, el escriba, instruido en las palabras de los mandamientos del Señor y de sus estatutos para Israel. Artajerjes, Rey de Reyes, al sacerdote Esdras, escriba de la ley del Dios del cielo, paz perfecta. Y ahora yo he proclamado un decreto de que cualquiera del pueblo de Israel, de sus sacerdotes y de los levitas en mi reino que esté dispuesto a ir a Jerusalén, puede ir contigo."

"Por cuanto eres enviado por el Rey y sus siete consejeros para investigar acerca de Judá y de Jerusalén conforme a la ley de tu Dios que está en tu mano, y para llevar la plata y el oro que el Rey y sus consejeros han ofrendado voluntariamente al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalén. Y toda la plata y el oro que halles en toda la provincia de Babilonia, con toda la ofrenda voluntaria que el pueblo y los sacerdotes hayan ofrecido voluntariamente para la casa de su Dios que está en Jerusalén."

"Con este dinero, pues, comprarás diligentemente novillos, carneros y corderos con sus ofrendas de cereal y sus libaciones correspondientes, y los ofrecerás sobre el altar de la casa de vuestro Dios que está en Jerusalén. Y lo que a ti y a tus hermanos os parezca bien hacer con la plata y el oro que quede, hacedlo conforme a la voluntad de vuestro Dios. También los utensilios que te son entregados para el servicio de la casa de tu Dios, entrégalos todos delante de Dios en Jerusalén. Y lo demás que se necesita para la casa de tu Dios, para lo cual tengas ocasión de proveer, provéelo del tesoro real."

"Yo, el Rey Artajerjes, proclamo un decreto a todos los tesoreros que están en las provincias más allá del río, que todo lo que os pida el sacerdote Esdras, escriba de la ley del Dios del cielo, sea hecho puntualmente."

Padre, gracias. Gracias por lo que nos enseñas a través de un siervo a quien Tú escogiste, quien supo caminar en Tu ley, quien supo ciertamente usar Tu palabra como lumbrera para su caminar. De esta misma manera te pedimos que uses la misma palabra para otro siervo, para el que predica hoy, de tal forma que él también pueda tener Tu lumbrera. Para que no tropiece en su predicación, para que no te ofenda a Ti, Dios, para que Tú seas exaltado, Tu pueblo edificado, y cada uno de nosotros convencidos y fortalecidos en el poder de Tu palabra. Que es en ella que debemos andar día a día, y que fuera de ella no hay ni seguridad ni garantía. En Cristo Jesús, amén.

Bueno, quizás sea bueno ubicarlos un poco históricamente. Recordemos que estamos viendo el retorno del pueblo judío desde Babilonia hasta Jerusalén después de 70 años en el exilio, y quisiera recordarles para que podamos entender mejor el flujo de todo esto.

Cuando el pueblo de Israel se fue al exilio, se fue en tres campañas diferentes. La primera ocurrió en el año 606 con la primera invasión de Nabucodonosor, y en esa primera invasión se fue Daniel, el profeta. Una segunda invasión en el año 597, y en esa segunda invasión se fue el profeta Ezequiel. Una tercera invasión en el año 586 antes de Cristo —que es de lo que estamos hablando—, cuando cayó Jerusalén finalmente. En esa ocasión el profeta que estaba en Jerusalén era Jeremías; él no fue llevado, él fue dejado. En cambio, se llevaron a Sedequías, el rey de turno, a quien le sacaron los ojos como castigo por oponerse al rey Nabucodonosor.

De la misma manera que el pueblo se fue en tres campañas, así regresó en tres retornos. El primero es el que nosotros hemos estado viendo hasta ahora, bajo Zorobabel, y que se dio a partir del año 536, donde regresaron unas 49.987 personas con él. En ese primer retorno los personajes principales fueron Zorobabel, como líder y eventual gobernador de Judá, y Jesúa como sumo sacerdote; a Hageo y a Zacarías, que confrontaron al pueblo con su pecado cuando estos dejaron de construir el templo. Pero eventualmente el templo se reinició y fue terminado.

Hoy nosotros estamos viendo un segundo retorno. Este retorno es bajo Esdras, y con él vinieron 1.754 personas. Este retorno fue organizado 80 años después del primero. Después de este segundo retorno hubo un tercer retorno bajo Nehemías, con el profeta Malaquías como figura principal, y el retorno de Nehemías se dio 14 años después del de Esdras, que fue el segundo.

La idea en el primer retorno era reconstruir el templo. La idea en el segundo retorno era reconstruir la vida espiritual de la nación. La idea en el tercer retorno fue reconstruir las murallas de Jerusalén, que habían quedado destruidas y por tanto la ciudad sumamente vulnerable a las invasiones y a los ataques del enemigo.

Yo quiero, en este episodio de hoy, que veamos de este siervo de Dios, Esdras, seis aspectos: su procedencia genealógica, su preparación, su provisión, su protección, su petición y su pregonar. Su procedencia, su preparación, su provisión, su protección, su petición y su pregonar.

El texto que leímos comienza diciendo lo siguiente: "Después de estas cosas." ¿De cuáles cosas? De las cosas que acabamos de leer en el capítulo 6, de las que estuvimos hablando en el mensaje anterior. Pero, ¿cuánto tiempo después de estas cosas del capítulo 6 comienzan las cosas del capítulo 7? 57 y 58 años después. Entre el capítulo 6 de Esdras y el capítulo 7 de Esdras hay 57 o 58 años de los cuales el libro de Esdras no nos habla, pero hay otro libro de la Biblia que sí nos habla de ellos: el libro de Ester. Todos los eventos del libro de Ester tuvieron lugar exactamente entre el capítulo 6 y el capítulo 7 de Esdras, en estos 57 años de historia.

En el capítulo 6 dejamos a Zorobabel con el rey Darío. El rey Darío de Persia murió y en su lugar subió el rey Asuero o Jerjes, que era su nombre en griego, que es el rey bajo quien se dan los acontecimientos del libro de Ester. El rey Asuero o Jerjes muere y surge el rey Artajerjes. "Después de estas cosas", capítulo 7 ahora, "en el reinado de Artajerjes", dice el texto de hoy, "Rey de Persia, subió Esdras, hijo de Serayas", y demás.

Lo primero que yo quiero que veamos, dado este contexto histórico, en relación a Esdras, es su procedencia genealógica. Porque inmediatamente leemos que Esdras era hijo de Serayas, y el texto continúa hasta llegar al versículo 5, que nos dice que era hijo de Eleazar, hijo de Aarón. Esa era la intención de toda esta genealogía: poder demostrar que Esdras no solamente regresaba a Judá con poderes plenipotenciarios de parte del Rey, sino que él tenía la autoridad sacerdotal para ejercer el cargo que Dios le asignó, porque era precisamente de los descendientes de Aarón, que a su vez era descendiente de Leví. De manera que Esdras cumplía con el requisito de ser de los levitas descendientes de Aarón. Esa era su procedencia genealógica.

Pero yo quiero que veamos no solamente su procedencia genealógica, sino también su preparación. El versículo 6 de Esdras dice que era un escriba experto en la ley de Dios. Los escribas eran los académicos, los intérpretes de la ley, los guardianes de la ley. Aunque antes del exilio los guardianes de la ley eran los sacerdotes, después del exilio los escribas ganan preponderancia y se convierten en los guardianes e intérpretes de la ley. Lo que hoy nosotros llamaríamos académicos. Los fariseos y los rabíes eran maestros de la ley, pero los intérpretes académicos, transcriptores, aquellos que copiaban los textos, eran los escribas. Esdras era uno de esos individuos.

Pero el texto no solamente nos dice que era escriba, sino que era un experto en la ley de Dios. El vocablo pudiera traducirse también como diligente, bien versado en los asuntos de la ley de Dios. Yo quiero llamar la atención sobre esto, porque el texto no solamente nos dice que era estudiante de la ley, ni estudiante asiduo de la ley, sino que era experto; tenía pericia en el manejo de la ley de Dios. Y esa pericia no se adquiere de una manera superficial ni de una manera improvisada. Eso va a requerir tiempo, esfuerzo, afán, dedicación, entrega, entusiasmo, sacrificio, consagración. Eso era parte de la vida de Esdras, y eso produjo obviamente, a lo largo del tiempo, una pericia en el manejo de la ley de Dios.

Yo creo que eso debe servirnos de ejemplo a todos los líderes del pueblo de Dios, y a todo el pueblo de Dios de hecho. Que entendamos que Dios no solamente anda buscando que conozcamos su ley de manera general, que no solamente anda buscando que conozcamos algunas cosas de su ley, o que la conozcamos de tal manera que pudiéramos pasar un examen. No, esta ley de Dios no es solo para teólogos. En ningún momento de la Palabra de Dios hay el más mínimo énfasis de que la revelación de Dios es simplemente para teólogos.

De hecho, en un futuro muy cercano estaremos produciendo una serie de libros, y el título de la serie es "Para que mi pueblo tal vez". Se irá llamando cada uno de los libros. Es para el pueblo de Dios, no es para los expertos o teólogos del pueblo de Dios.

Yo quiero mencionarte rápidamente, para que tú entiendas algo práctico y lo relacionado que está el conocimiento de la Palabra de Dios en nuestras vidas, varios versículos que cada uno de ustedes conocen, porque nosotros mismos los hemos mencionado múltiples veces. Pero yo quiero que los veamos en conjunto ahora, y sus implicaciones para nuestra vida personal. Oseas 4:6, "Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento." 1 Pedro 3:15, "Estad siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros." 1 Timoteo 4:16, "Cuídate de ti mismo y de la enseñanza", o de la doctrina. 2 Timoteo 2:15, "Procura presentarte ante Dios como obrero aprobado, que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la Palabra de verdad."

En el primer caso, Oseas relaciona la destrucción del pueblo con el conocimiento de Dios que ellos no tenían. En el segundo caso, Pedro relaciona la habilidad que cada uno de nosotros pudiera tener en su círculo social o ambiente de trabajo para presentar una defensa, con el conocimiento de la Palabra que yo tenga o no tenga. En el tercer caso, Pablo, en su primera carta a Timoteo, le habla de que el cuidado que yo tengo de mí mismo, de mi persona, de no caer, de no tropezar, tiene en gran medida que ver con la enseñanza de la doctrina. En el cuarto lugar, en la segunda carta a Timoteo, Pablo le dice a Timoteo que gran parte de la aprobación que yo tengo de Dios, o no tengo, tiene que ver con la manera en que manejo la Palabra de Dios con precisión, o no.

A manera de reflexión, detengámonos ahora y hagamos algunas preguntas personales. Con relación a estos tres o cuatro versículos: ¿Es posible que haya cosas, relaciones en mi familia —padre e hijos, esposa y esposo— que están siendo destruidas por falta del conocimiento de los estándares de Dios? Mi pueblo perece por falta de conocimiento, y mis familias también, y los matrimonios también. ¿Es posible que en ocasiones yo he hablado, he dicho lo que creo, me han preguntado, no he sabido responder y he pasado vergüenza, porque no he estado siempre presto a dar una respuesta a todo aquel que me demande la razón de la esperanza que yo digo profesar? ¿Y que mi vergüenza se haya debido precisamente a la falta de conocimiento de la Palabra que debía haber tenido, sobre todo cinco o diez años después?

¿Es posible que parte del cuidado que yo no he tenido al caminar, y de los propios tropiezos que he tenido con mi vida, se hayan debido precisamente al poco manejo minucioso de la Palabra que no he tenido? "Cuídate de ti mismo y de la doctrina", dice Pablo, a ti, a Timoteo. Finalmente, ¿es posible que parte de la aprobación que yo no acabo de tener de parte de Dios es porque yo no he sabido manejar con precisión la Palabra que Dios me manda a manejar con precisión? La Palabra no simplemente me manda a leerla, conocerla y meditarla, ni simplemente a manejarla; me manda a manejarla con precisión. Y eso está relacionado con la aprobación de Dios. "Procura presentarte ante Dios como obrero aprobado, que no tiene de qué avergonzarse, porque maneja con precisión la Palabra de verdad."

Hay un énfasis continuo y recurrente en la Palabra de Dios con relación a la necesidad de estudiar su Palabra. Esdras la estudió, la practicó, la enseñó; por eso Dios lo eligió para que organizara la vida espiritual de su pueblo. Decía en la introducción que se piensa que Esdras organizó el canon del Antiguo Testamento. Se piensa que Esdras, de acuerdo a la tradición judía, es el autor del Salmo 119, dedicado a la exaltación de la Palabra de Dios. El pueblo necesitaba organizarse; había tenido setenta años en Babilonia, no estaba socialmente organizado, mucho menos espiritualmente organizado, no sabía cómo funcionar. Es el sacerdote quien los va a organizar y los lleva a donde Dios quería que ellos estuvieran.

"Pastor, yo no soy sacerdote y no soy gobernador; yo simplemente soy mandado a esta encomienda; quizás eso sea verdad." Pero eres sacerdote de tu casa si tú eres cabeza de tu casa. Y como sacerdote de tu casa tienes una responsabilidad delante de Dios —la aceptes o no la aceptes— de organizar la vida espiritual de tu casa. Cuando no lo sabes hacer fácilmente, entonces comienzas a aprenderlo. Pero es nuestra responsabilidad delante de Dios, y es nuestra falta cuando no lo hacemos: el organizar la vida espiritual de aquellos que Dios me ha confiado.

Hemos insistido una y otra vez desde el principio, e insistiremos una y otra vez: esto no es para teólogos. Escucha estas palabras: "Estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón, y diligentemente las enseñarás." ¿A los teólogos? ¿A los estudiantes? ¿A los seminarios? ¿A los institutos? ¿A las academias? ¡No! ¡A tus hijos! ¡Diligentemente! "Y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes." Y no quiero que se la enseñes solamente, sino que se la enseñes ¡diligentemente!, todo el tiempo, desde que comienzan, desde que son niños. Quiero expertos en mi Palabra, que tengan pericia en el manejo de mi Palabra desde la edad más temprana posible, de tal manera que su camino pueda ser un camino de luz, que mi Palabra pueda ser una lámpara para su vida. No quiero un pueblo de Dios caminando en oscuridad, tropezando en oscuridad, sin necesidad. Pero eso es lo que comienza en la edad más temprana. Y eso es lo que Esdras supo hacer.

De Esdras yo quiero que notemos no solamente su procedencia genealógica y su preparación, sino la provisión de la que él disfrutó como resultado de su relación con su Dios. El mismo versículo 6 que habla de que Esdras era experto en la ley de Dios es el versículo que habla de que el rey le concedió todo lo que pedía; esa es su provisión. El rey le concedió todo lo que pedía, consistente con lo que Cristo, nuestro Señor, dijo en el Nuevo Testamento: "Buscad el reino de Dios primero, y el resto se dará por añadidura." Esdras comenzó a buscar de Dios, a buscar de su ley; se la aprendió, se hizo experto, la practicó, la enseñó, y ahora el rey le concedió todo lo que pedía. Ahí está la provisión del siervo de Dios.

Ahora escucha una vez más. Tú puedes dividir el versículo 6 en tres partes: A, B y C. La parte A es que Esdras era un experto. La parte B, que el rey le concedió todo lo que pedía. La parte C, porque la mano del Señor Dios de Israel estaba sobre él. ¿Quién le concede, entonces, a Esdras todo lo que pedía? No es tanto el rey, sino Dios, porque la mano de Dios estaba sobre el rey. Y la frase "la mano del Señor su Dios estaba sobre él", para referirse a Esdras, aparece en Esdras 7:6, Esdras 7:9, Esdras 7:28, Esdras 8:18, 8:22 y 8:31. O sea, seis veces en dos capítulos. Dios quiere que quede abundantemente claro por qué está pasando lo que está pasando en la vida de Esdras: su mano está con él.

Y la mano de Dios puede estar con nosotros de dos maneras: o dándonos gracia, o cargando pesado. Y tú no quieres la mano pesada de Dios; tú quieres la mano de gracia de Dios. Dios inició el primer retorno con Zorobabel y proveyó todo lo necesario. Dios inició el segundo retorno ahora con Esdras, y también está proveyendo todo lo necesario. Porque, por lo que hemos dicho una y otra vez y no nos cansaremos de repetir: lo que Dios comienza, Dios termina, y la evidencia de quién lo terminará es el hecho de haberlo comenzado. No hay un solo registro bíblico donde Dios haya iniciado algo que no haya terminado. Como tampoco hay un solo registro bíblico donde Dios haya iniciado algo que no haya provisto todo lo necesario para que se termine aquello que Él inició.

Dios ha prometido ser fiel. Dios ha prometido suplir todas nuestras necesidades. En el interín, Él espera que yo le sea fiel: a su Palabra, a sus mandatos, a sus leyes, a sus juicios. Y cuando Dios comienza a proveer para Esdras, lo hace de una forma tan magnánima que yo quiero revisar algunos puntos específicos del decreto, porque es un decreto extraordinario.

El versículo 14 habla de que Esdras iba a Judá y a Jerusalén como enviado del rey y sus siete consejeros. Era costumbre de los reyes persas tener siete consejeros; era costumbre también que a ese mismo rey se le llamara "rey de reyes", y por eso aparece en el texto. Él va como un enviado del rey, lo que implica que va con privilegios especiales; ningún enviado del rey va sin esos privilegios. Ahora, lo extraordinario de esto es que el versículo 14 nos dice que cuando Artajerjes lo envía, le dice que vaya a Judá a indagar —esa es la palabra que aparece— a ver cómo está el pueblo que está en Judá y en Jerusalén. Pero no dice que vaya a indagar cómo está políticamente, si están organizados, si están en paz, si hay problemas, si hay huelgas, si hay líos, como veríamos en nuestro país. No; dice que vaya a indagar cómo está el pueblo de Judá y Jerusalén conforme a la ley de tu Dios. De repente, Artajerjes tiene un interés en el estado espiritual del pueblo que está lejos de allí. ¿De dónde sale el interés espiritual de Artajerjes en un pueblo que él no conoce y que sigue a un Dios que él no adora? De la mano de Dios, que se estaba moviendo poderosamente en la vida del rey.

El versículo 15 dice que el rey y sus consejeros enviaron una ofrenda de oro y de plata. El rey está ofrendando a un Dios que él no conoce. Y ahora nota: como Esdras, serio y sensato, no le va a decir al rey: "Esto viene de paganos, yo no acepto ofrenda de paganos." Tú quieres mandar la ofrenda del oro y la plata para mi Dios, ¿pues? Pues se lo llevo.

En lo llevé al templo, ¿sabe por qué? Artajerjes, porque en el primer lugar era de mi Dios de todas formas. El versículo 16 decreta que el resto del pueblo envíe su propia ofrenda de oro y de plata, no solamente el rey y sus consejeros, no: el resto del pueblo que envíe su propio oro y su propia plata.

El versículo 21 ordenaba a todos los tesoreros de las provincias que estaban del otro lado del río que todo cuanto Esdras pidiera se le concediera y se le diera puntualmente, sin dilación, que no se pierda tiempo y que no haya restricción; lo que él pida, se le da, y que se le dé puntualmente. El versículo 24 dice: "Yo, Artajerjes, dejo libre del pago de impuestos a los sacerdotes, a los levitas, a los cantores, a los porteros y a todos los sirvientes del templo." Yo, Artajerjes, tengo una gracia tan especial y un favor tan especial dentro de mí, que he pensado en aquellos que han de trabajar en el templo: no tienen que pagarme impuestos. Cantores, porteros, sirvientes, levitas y sacerdotes.

Y finalmente, el versículo 25 habla de que él le daba permiso a Esdras para que fuera e instalara jueces y magistrados para que atendiera los asuntos internos de la nación. Pero escucha qué más: y para que le enseñes tú, Esdras, a tu pueblo las leyes de tu Dios, y al que no las conoce, enséñaselas; que juzguen los magistrados y jueces que tú vas a instaurar conforme a las leyes de tu Dios, y los que ignoren las leyes, pues tú se las enseñarás. En pocas palabras, Artajerjes se volvió loco con Esdras.

¿Por qué? ¿Hay alguna evidencia en el texto que nosotros leímos de cuál fue la razón por la que Dios depositó una gracia especial sobre Esdras que no lo hizo sobre otros? Bueno, pasará, pero hemos oído siempre que es por gracia; absolutamente es por gracia, nada es sin gracia. Pero resulta que de esta gracia, que es siempre por gracia, hay unos que la reciben de manera especial y otros no. La pregunta es: ¿hay en el texto alguna evidencia que nos indique en el caso de Esdras qué hizo que la gracia especial reposara sobre él?

Voy a leer el versículo 9 y 10 otra vez. La clave está en el 10, pero vamos a comenzar en el 9. "¿Por qué el primer día del mes primero comenzó a subir de Babilonia? Y el primer día del mes quinto llegó a Jerusalén, pues la mano bondadosa de su Dios estaba sobre él." Sabemos eso: la mano bondadosa del Dios de Israel estaba sobre Esdras.

"Ya que Esdras había dedicado su corazón a estudiar la ley del Señor y a practicarla y a enseñar sus estatutos y ordenanzas en Israel." Ahí está la respuesta. La razón por la que la gracia especial estaba sobre Esdras era porque él no solamente estudiaba la ley: la practicaba, dice el texto, y la enseñaba.

Pero hay algo más en el mismo texto que no sé cuántos de ustedes lo notaron. No es simplemente que la estudiaba, la practicaba y la enseñaba. Alguien pudiera decir: "Bueno, pastor, ¿y qué más van a hacer con la Palabra?" Lo que el texto dice para introducir esas tres acciones es que Esdras había dedicado su corazón a estas cosas. Hay ahora un ingrediente ahí, y yo quiero preguntar: ¿a qué está dedicado tu corazón? Porque yo puedo estudiar la Palabra, tratar de practicarla e incluso enseñarla con un corazón que no está dedicado a esas cosas. La mente dedicada, pero no el corazón.

Y esto es lo que ocurre: cuando mi corazón no está dedicado a eso, yo puedo tratar de hacerlo con mi mente, pero como mi corazón no está dedicado a ello, la Palabra me sabe árida, seca, no me atrae. Es difícil, es fría. No tengo, no sé, pero no tengo esa pasión que veo en otros, porque el corazón no está —como dirían en inglés— *into it*; no está en eso. Y ese es el problema: que a veces estamos estudiando la Palabra de Dios con la mente que quiere practicarla, pero mi corazón está dedicado a nuestros éxitos personales, lo que hace que yo nunca encuentre tiempo para leer la Palabra. Tiempo para otras cosas sí, menos para eso.

A veces el corazón está dedicado a la diversión, al entretenimiento, y por tanto, dondequiera que voy quiero bochinche, quiero cháchara, incluso de las mismas verdades profundas del sermón. El propio predicador del sermón ha escuchado tanta cháchara de cosas que son profundas, que debieran estar cortando su corazón. A veces tenemos el corazón dedicado a la liviandad. Por eso disfrutamos todavía de aquellas cosas livianas, y no entendemos cuando el pastor habla de que esas cosas no debieran ser parte de mi vida ya. Sin mejor ejemplo: cuando la pregunta surge, "¿qué tiene de malo?", "¿qué tiene de malo montarse en columpios?" ¿Tiene algo de pecaminoso montarse en un columpio? No. Pero yo no espero que ustedes disfruten montarse en columpios a esta altura del juego. No tiene nada de malo, no, pero sí es de liviano. A estas alturas deberían estar montándose en otras cosas.

Para este tiempo, otra vez: a veces mi corazón ha estado dedicado a sacarle provecho a las circunstancias. Todo tiene que tener un beneficio. Cuando se me pide algo: ¿y qué me van a dar?, ¿y cuánto me van a pagar?, ¿y me va a salir más barato?, ¿y me van a dar un descuento por aquello? Porque eso es como está dedicado mi corazón.

No basta con estudiar la Palabra. ¿Y practicarla? De hecho, si usted la estudia y no la practica, ¿está peor? Déjame verlo de los labios de Cristo en Lucas 12:47-48. "El siervo que conocía la voluntad de su Señor y que no se preparó ni obró conforme a su voluntad recibirá muchos azotes." ¿Y por qué muchos azotes? Porque él sabía la voluntad de su Señor y no la hizo. "Pero el que no la sabía e hizo cosas que merecían castigo, será azotado poco." También lo van a disciplinar o castigar, pero un poco menos, porque no lo sabía. "A todo aquel a quien se le ha dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho le han confiado, más le exigirán." A mayor conocimiento de la Palabra sin la práctica, peor mi situación.

"¡Ah, pues pastor, pues mejor no estudiarla entonces!" No, de ningún modo, como diría Pablo: ¿cómo se te ocurre pensarlo? Si no la estudio, no me santifico. A menor santificación, mayor mi pecado. A mayor mi pecado, mayor mi consecuencia. ¿Tú quieres seguir en la ignorancia ahora? No. Pero nosotros tenemos que caminar a la altura de nuestro llamado.

Hay una frase del Nuevo Testamento que me encanta: el llamado a caminar a la altura de nuestro llamado. ¿Qué es llamado a caminar cristianamente? Con cierta altura pasamos los exámenes, por así decirlo, los exámenes de Dios. No es así como nos llamaron a caminar; esta es la altura de mi llamado, y mi llamado tiene la altura de Dios. Tú sabes lo alto que es eso, lo santo, lo sublime, lo profundo, lo pesado y espiritual que es ese llamado, y por tanto, así es ese caminar.

De hecho, si usted estudia el lenguaje original de esa frase que yo acabo de mencionar —la altura de tu llamado—, es una frase usada para balancear, dicho sea de paso, valga la redundancia, las balanzas, de tal manera que si yo tengo un peso en el lado izquierdo de la balanza, yo debiera colocar un peso igual en el lado derecho para que la balanza quede perfectamente balanceada. Eso es lo que Pablo está diciendo cuando dice "caminemos a la altura de nuestro llamado": de tal manera que cuando Dios pone de un lado el llamado y las demandas del llamado, yo de este lado pongo el cumplimiento de mis responsabilidades, de tal forma que la balanza queda perfectamente balanceada. Este fue ese tipo de hombre.

Ya vimos su procedencia, ya vimos su preparación, ya vimos su provisión. Yo quiero que veamos su protección. El versículo 8 nos dice que él llegó en el quinto mes. El versículo siguiente nos dice que él había salido el primer día del primer mes del año séptimo. En realidad, cuando tú llegas al capítulo 8 te das cuenta de que él ciertamente salió del río el día 12, en vez del día 1, de manera que hizo la travesía más o menos en tres meses y medio. Una travesía cuya distancia —yo quiero corregirme ahora, porque creo que en algún momento mencioné que la distancia era 900 kilómetros y debí haber dicho 900 millas— es de alrededor de 1.500 kilómetros.

Y en esa travesía, sin ningún percance, eso nos habla de su protección, que era el próximo punto del cual queríamos hablar. Era poco probable que una travesía tan larga con un hombre cargado de oro y plata no fuera asaltada a lo largo de un camino tan extenso. Y sin embargo, Esdras hizo ese peregrinar sin ningún percance. La protección que descansó sobre él como resultado de su relación con Dios y de su experiencia en la Palabra es lo que nosotros estamos viendo en este momento.

Yo quiero que veamos ahora no solamente su procedencia, su provisión y su protección: yo quiero que veamos su petición. ¿Cuál fue la petición de Esdras a Dios para ese viaje en particular? Para eso tenemos que auxiliarnos del capítulo 8, versículos 21 y 22. Dice que entonces proclamó allí, junto al río Ahava, un ayuno para que nos humilláramos delante de nuestro Dios a fin de implorar de Él un viaje feliz para nosotros, para nuestros pequeños y para todas nuestras posesiones, porque tuvo vergüenza de pedir al rey tropas y hombres de a caballo para protegernos del enemigo en el camino, pues habíamos dicho al rey: "La mano de nuestro Dios es propicia para con todos los que le buscan, mas su poder y su ira contra todos los que le abandonan."

¿Tú entendiste bien lo que Esdras está diciendo? Cuando nos propusimos hacer el viaje —esta es la petición de Esdras— fuimos delante de nuestro Dios, lloramos, ayunamos y le imploramos que nos protegiera. Y Esdras dice: "Yo tenía vergüenza de ir donde el rey Artajerjes a pedirle que nos diera tropas y hombres de a caballo para protegernos, porque ya yo previamente le había dicho al rey que el Dios del cielo nos protegería."

Y ahora, ¿cómo a mí se me ocurre ir donde el rey a pedirle que me proteja, después de que ya yo he invocado el nombre de mi Dios como el que nos va a proteger? Yo no puedo. A mí me daría vergüenza decirle al rey. Mejor arriesgo la vida de los míos, de mis pequeños, y nos vamos confiando en Dios. Tres meses y medio después, caminando unas 16,000 ya por día, ¡bum!, llegamos a Jerusalén: ningún percance, ningún asalto, ningún problema, porque la mano de Dios estaba sobre él.

Es la norma de nosotros: adiós orando y con el "más orando, Dios protégenos del camino, pero por si acaso mándanos unas tropas". Tu Dios no, pero por si acaso. Y cuando esas cosas pasan, siempre aparece el teólogo: "Pastor, no, la Palabra dice que hay que ser manso como la paloma y sabio como la serpiente; hay que hacer también su parte". Sí, yo no digo que no, pero tienes que hilar muy fino. Cuando tú le estás pidiendo a Dios una cosa y al mismo tiempo tú quieres manipular, maniobrar, manejar, cambiar, empujar las cosas para luego darle la gracia a Dios de lo que Dios no hizo, ese es uno de los graves problemas del cristiano.

Que muchas veces nunca estás seguro: ¿lo hizo o no lo hizo? No puedes estar seguro, porque al mismo tiempo que él estaba orando por eso, él estaba haciendo tantas llamadas y manejando tanto la situación, que al final, cuando salió, ya no sabemos quién lo concedió. Y luego, cuando los problemas aparecen, le decimos a Dios: "No entiendo, ¿esta fue tu voluntad? Tú me lo diste y yo sé que te dije qué". Eso es lo que estás metido. Yo no te metí en eso. Esos problemas no son los míos, son los tuyos. Yo te oiré, sí, pero yo no te lo di; tú hablaste con Títer y Mondacho, manejaste y maniobrado, así empujaste, y lo conseguiste. Los hombres consiguen cosas también.

Pero ahora no me pidas que te saque del atolladero, porque te entraste donde yo no te introduje, abriste puertas que tú empujaste, que tenían seguro incluso, y volviste a abrir cerrojos que tú habías cerrado. Si hay algo que yo sé que debe irritar a Dios de sobremanera, es el ver a sus hijos pidiendo cosas humildemente delante de su trono, de rodillas, hasta con lágrimas, para luego verlos maniobrar y manipular las circunstancias y las cosas hasta conseguir eso.

Esdras tenía vergüenza de hacer eso. Ya le dijimos al rey que Dios nos protegería; con Dios nos vamos. Y si nos asaltan, bien asaltados, pero nos vamos con Dios. Vimos su providencia, su preparación, su provisión, su protección, su petición. Ahora escuchen el pregón cuando él descubre todo lo que Dios ha hecho, cómo lo ha protegido, cómo le ha provisto.

"Bendito sea el Señor." Versículo 27: "Dios de nuestros padres, que ha puesto esto en el corazón del rey para engrandecer la casa del Señor que está en Jerusalén, y que me ha extendido misericordia delante del rey, de sus consejeros y delante de todos los príncipes poderosos del rey. Así fui fortalecido, según estaba la mano del Señor mi Dios sobre mí, y reuní a los jefes de Israel para que subieran conmigo."

Esdras tiene una explosión, una expresión de gratitud y de regocijo cuando él descubre, se da cuenta, cuando mira para atrás, y descubre todo lo que Dios le ha provisto: movió la mano del rey y de sus príncipes poderosos, le dieron misericordia, tuvieron gracia con él, le abrieron el tesoro real, le exoneraron los impuestos, le dieron oro, le dieron plata, le dieron sal, le dieron aceite, que no estaba ni siquiera en la ley. Le dieron cebada, le dieron autoridad para colocar jueces y magistrados, le dieron que indagara acerca de cómo estaba el estado espiritual de su pueblo, y que lo organizara. Y todo eso lo hizo un rey pagano de nombre Artajerjes, movido por la mano de un Dios todopoderoso.

Pero el texto nos dice, saludado en el versículo 10, la razón de por qué la mano bondadosa de Dios estaba con él: ya que Esdras había dedicado su corazón a estudiar la ley del Señor, y a practicarla, y a enseñar sus estatutos y ordenanzas en Israel. Tenemos que ser sumamente cuidadosos cuando vayamos a hacer teología y por un lado queramos pensar que tenemos méritos. No, no tenemos méritos. Pero el hecho de que no tengamos méritos y el hecho de que las cosas sean por gracia no implica que no hay una parte que nosotros tenemos que hacer, que determina —sin ser meritorios por nosotros— si Dios hace descender su gracia especial sobre nuestras vidas o no. Y eso tiene que ver con la dedicación de mi corazón: ¿a qué está dedicado tu corazón?

La razón por la que violamos y violentamos la ley de Dios con frecuencia es que, en mi corazón, si somos honestos, está frecuentemente dedicado: uno, a no pasar vergüenza delante de los demás y al "¿qué dirán?", como si eso tuviera importancia; dos, a cosechar éxito, y por tanto, por la cosecha del éxito, yo dejo de hacer lo que me toca hacer delante de Dios. Por eso dejamos de pagar nuestros impuestos, porque estoy dedicado a un corazón con deseos materialistas que todavía le duele llenar su responsabilidad delante del fisco, que es una responsabilidad dada por Dios, y por tanto no es delante del fisco, es delante de Dios. "Al que debáis, pagad; al que impuesto, impuesto", dice Romanos 13.

Muchas veces no hacemos lo que nos toca hacer con nuestras familias porque estamos dedicados al éxito de nuestras direcciones. Muchas veces no dedicamos el corazón al disfrute de la Palabra de Dios porque hay otras cosas más livianas de las cuales todavía disfrutamos. Y nos mecemos en columpios espirituales todavía, cinco, diez, quince, veinte años después, y cuando dejamos los columpios pasamos a las montañas rusas espirituales, y de ahí al tobogán espiritual. Pero no dejamos de jugar.

¿Cuál es entonces la onda de decisión en este pueblo de Dios? ¿Cuál es la onda donde yo pueda haber escuchado a los que escuché decidir profundizar en su Palabra? Escuchen: qué más profundizar en la manera de vivir la vida cristiana, profundizar en mi caminar, desde donde yo pueda entonces ofrecerle una mejor obediencia a nuestro Dios, y donde yo ciertamente, de una manera genuina y sincera, pueda cantar —quizás en algunos casos por primera vez—: yo te voy a dar lo mejor de esto.

Yo sé que le hemos cantado muchas veces y vamos a terminar cantándosela a Dios otra vez. Ojalá, ojalá que este día sea el día donde por primera vez, en el caso de algunos o de muchos, ciertamente yo pueda genuinamente decir: esto es lo mejor de mi mente, lo mejor de mi corazón, lo mejor de mi voluntad, lo mejor de mis posesiones, lo mejor de mi tiempo, lo mejor de mis talentos, lo mejor de lo que soy, lo mejor de lo que hago. Yo te lo voy a dar a ti, Dios.

Si este es el día en que muchos de nosotros podamos dejar los columpios atrás, los toboganes, las montañas rusas espirituales —que al contarse entre sí son espirituales—: son juegos entretenidos, quizás sin ningún valor pecaminoso en un sentido, pero con un valor tan liviano que su liviandad se convierte en algo pesado. Oye la amonestación del autor de Hebreos: "Libráos, dejad a un lado, poned a un lado todo peso, todo pecado y todo peso." En otras palabras, las cosas que vamos a dejar a un lado no son las pecaminosas solamente.

Por Dios, cuando el pueblo de Dios da finalmente en entender eso —que el llamado no es dejar solamente las cosas que son pecaminosas; el llamado es dejar todo aquello que al Espíritu le resulta pesado porque no resulta de ningún provecho—, eso está en la Palabra de Dios. La Palabra de Dios dice que las cosas que a la carne le gustan se oponen al Espíritu, Gálatas 5, lo leo de nuevo, y que las cosas que el Espíritu disfruta la carne no las disfruta: son contrarias a la carne. Tan claro como el agua. Tienes ahora ante qué, y detrás de qué, está Dios.

Es un llamado a la altura de un caminar a la altura de nuestro llamado. "Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado" —dos cosas diferentes— "que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia."

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.