Integridad y Sabiduria
Sermones

La Biblia y su impacto en la sociedad

Miguel Núñez 20 septiembre, 2009

Bienaventurada es la nación cuyo Dios es el Señor, porque tiene su palabra, su sabiduría y su guía. Lo opuesto también es cierto: sin Dios, no hay mano de bendición. Esta verdad del Salmo 33 sirve como punto de partida para examinar por qué nuestras sociedades están enfermas. Sus síntomas pueden ser económicos, sociales o psicológicos, pero la enfermedad es espiritual, y la cura también lo es.

Los grandes males que enfrentamos son consecuencia directa de violar los principios de Dios. La crisis familiar se intensifica porque ignoramos que lo que Dios unió no debe separarlo el hombre. En Estados Unidos, el 63% de los suicidios juveniles ocurren en hogares con padre ausente, y el 85% de los hombres en prisión vienen de esas mismas condiciones. La crisis económica refleja la codicia que llevó a ejecutivos a la bancarrota. La corrupción administrativa viola el mandamiento de no robar. Muchos creen que la educación resolverá estos problemas, pero como advertía C.S. Lewis, la educación sin valores solo hace del hombre un diablo más inteligente.

Es irónico que naciones forjadas bajo valores cristianos ahora los rechacen. La Rusia comunista prohibía la Biblia junto con el alcohol y la pornografía, reconociendo su poder aunque negaran a Dios. Japón y China lucen prósperas, pero tienen epidemias de suicidio: 92 diarios en Japón, 32 cada hora en China. Ninguna nación puede levantarse por encima del concepto que tenga de su Dios.

Solo la palabra de Dios ofrece cura verdadera. Sus preceptos alegran el corazón y alumbran los ojos. El hombre quiere curar su pecado con terapia, pero Dios pide arrepentimiento. Si el pueblo de Dios se humilla, ora y se vuelve de sus malos caminos, entonces Dios sanará su tierra.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Yo quiero leer el Salmo 33, el versículo 12 al 18. "Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él ha escogido como herencia para sí. El Señor mira desde los cielos, él ve a todos los hijos de los hombres. Desde el lugar de su morada él observa a todos los habitantes de la tierra, él que modeló el corazón de cada uno de ellos, el que todas las obras de ellos entiende. El rey no se salva por gran ejército ni es librado el valiente por la mucha fuerza. Falsa esperanza de victoria es el caballo ni con su mucha fuerza puede librar. He aquí los ojos del Señor están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia."

El texto de hoy nos sirve de catapulta, si usted quiere, para un mensaje que tiene que ver precisamente con el primer verso de este Salmo que leímos: bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor. Y es bienaventurada porque tendría su Palabra y tendría su sabiduría. Este tema yo creo que es sumamente pertinente para nuestros tiempos porque estamos viviendo en tiempos turbulentos, estamos viviendo en medio de una sociedad enferma. Y ya decíamos que sus manifestaciones pudieran ser económicas, pudieran ser sociales, pudieran ser psicológicas, pero al final la enfermedad en sí es espiritual y de esa misma manera es la cura. Lamentablemente sus ciudadanos no la reconocen de esa forma, ya han estado buscando por todos los lugares excepto donde realmente pudieran encontrar la sanación de aquellas cosas que tienen que ver con su mente, con su alma, con su familia, con su sociedad.

Si tuviéramos que pensar en la constitución que Dios le dio a la primera nación que Dios realmente y directamente forjó, porque todas las naciones aún indirectamente han sido forjadas por él, pero esta nación primera, el pueblo de Israel, el pueblo elegido, sacado de esclavitud, fue forjada directamente por Dios donde él hablaba y conversaba con ellos directamente, con sus profetas, con sus líderes. Si tuviéramos que pensar en esa primera constitución, sin lugar a dudas tendríamos que pensar en los Diez Mandamientos. Esta primera constitución regulaba la relación del individuo con Dios, la relación intrafamiliar y la relación del individuo con el prójimo. Y nosotros sabemos que ninguna nación puede estar bien si esas relaciones no están bien. Y ciertamente ninguna de esas relaciones anda bien en nuestros tiempos, pero las directrices para mejorar esas relaciones aparecen precisamente en la Palabra de Dios, de tal forma que no hay manera que una nación que tenga esas relaciones alteradas pudiera levantarse con estabilidad.

Cuando Dios comenzó con su pueblo, comenzó con su Palabra al pie del monte Sinaí. Y esta sociedad, si quiere realmente salir de donde está, tendrá que comenzar por el mismo lugar por donde este pueblo comenzó: por la Palabra de Dios. Y eso es lo que muchos no quieren oír. Yo creo que nosotros podemos ver muy rápidamente algunas ilustraciones de nuestros grandes males para llegar a la conclusión de que es imposible salir de donde estamos sin volver a la Palabra de Dios.

Toma la primera de esas condiciones: la crisis intrafamiliar que nosotros vivimos. Ciertamente es una crisis compleja, yo no quiero ser simplista en esta mañana, pero una de las causas principales que ha contribuido a esa crisis es la violación de las normas de Dios, la violación de las normas de Dios cuando él nos dijo: lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. El divorcio ha ido en aumento y hoy tenemos una crisis de hogares monoparentales donde la madre está criando sola y donde hay un padre ausente. Y nosotros tenemos estadísticas en Estados Unidos, donde estas cosas se llevan de forma más detallada que en nuestros países, donde tú tienes un 63% de los suicidios en jóvenes que ocurren precisamente en hogares donde hay un padre ausente. El 80% de los violadores sexuales vienen de hogares donde no hay un padre. El 75% de los hombres que usan drogas vienen de donde hay una madre criando a su hijo sola. Y el 85% de los hombres en prisiones vienen de hogares con la misma condición. Nosotros hemos heredado un núcleo familiar altamente inestable y ninguna sociedad puede ser estable si sus familias no tienen estabilidad.

Tú puedes tomar otra de nuestros grandes males: la crisis económica que vivimos, la corrupción administrativa. La crisis económica nuestra es una representación, es una consecuencia de una violación directa a uno de los diez primeros mandamientos de la ley de Dios: no codiciarás. Ejecutivos de grandes empresas en la economía más fuerte del mundo, quizás la economía que representa el 25% de la economía mundial, codiciaron, se volvieron avaros y llevaron a sus empresas a la bancarrota, cosa que ha pasado también en nuestra nación y en múltiples otras naciones. Estamos cosechando lo que hemos sembrado: la violación de uno de los principios de la ley de Dios.

Tú puedes tomar nuestra corrupción administrativa tan epidémica en América Latina y tú tienes de nuevo una prohibición en la primera constitución que Dios le diera a esa nación hebrea: no robarás. Una nación no puede pretender que puede violar los principios de Dios y que no va a cosechar las consecuencias que esas cosas conllevan.

Y hemos llegado a la conclusión, sobre todo en países como América Latina, en un continente como el de África, que la solución es la educación. Y yo estoy aquí para recordarle en esta mañana que no hay forma de que la educación pueda resolvernos un problema que no es intelectual, es moral; que no está fuera del hombre, está adentro del hombre. El evangelista Dwight Moody en los años de 1800 nos recordaba ya que si tú encuentras a un hombre poco educado trabajando en los rieles de un tren y te encuentras que él se estaba robando los tornillos de los rieles en la medida en que los estaba tratando de poner, y tú lo sacas de ahí y lo envías a la universidad con la esperanza de que al regresar él venga mejor, cuando él regresa, él se roba los tornillos, los rieles y el tren también. Es ilusorio pensar que nosotros vamos a corregir nuestros males morales, nuestros males del corazón, tratando de educar al pueblo. Yo no estoy en contra de la educación, pero la educación tiene su fin y la ley de Dios tiene el suyo.

Ciertamente nosotros leemos las palabras del salmista cuando dice: bienaventurada es la nación cuyo Dios es el Señor. Claro que es bienaventurada, si tiene al Señor tiene su Palabra, si tiene su Palabra tiene su sabiduría, y si tiene su sabiduría tiene su guianza. Esa es la razón de la bienaventuranza. Y lo opuesto también es cierto: si no tenemos a Dios, no tenemos su mano de bendición. El impacto que la Palabra de Dios pueda tener en una nación va a ser mayor o menor dependiendo del lugar que esa Palabra ocupa, no en las bibliotecas de las ciudades de esa nación, no en los estantes de los hogares, sino en el corazón de los hombres y de las mujeres que habiten allí. Pero no hay forma de que la Palabra de Dios pueda ser predicada en una nación y que no surta un efecto. Ya Dios nos dijo en Isaías 55:11: "Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo y logrado el propósito para el cual la envié."

Cuando la Palabra de Dios es predicada, esa palabra predicada tiene un efecto. Y no importa si se trata del Imperio Romano, cuyas bases fueron socavadas en el primer siglo y que eventualmente se derrumbó, por lo menos parcialmente, por la penetración de esos valores. No importa si se trata de la Ginebra de Juan Calvino, de la cual John Knox dijo que era la escuela de Cristo más perfecta después del tiempo de los apóstoles. O si se trata de la Holanda de Abraham Kuyper. Independientemente de cuál sea la nación, cuando la Palabra de Dios es predicada por hombres de Dios, habrá un efecto que esa palabra tendrá en la mente, el corazón y la voluntad de sus ciudadanos. Y la historia está ahí para probarlo.

Ahora, hablar de la Biblia y su impacto en la sociedad es hablar de Cristo y su impacto en la misma sociedad, porque de una u otra forma la Biblia es la historia de Cristo. Toda la Biblia o apunta hacia Cristo o gira alrededor de Cristo. Es imposible hablar de la historia de Occidente, de nuestros países, sin hablar de la historia de Cristo. Nosotros todavía medimos el tiempo en tantos años antes de Cristo y tantos años después de Cristo. Y eso nos da a nosotros una idea de hasta dónde los valores cristianos, el personaje Cristo, su revelación realmente penetró en medio de la historia de Occidente y logró impulsar su desarrollo.

Y de esa manera tenemos ahora una vista muy breve, una vista panorámica acerca de alguna de las condiciones de nuestra sociedad como resultado directo de la violación de la ley de Dios.

Pero en segundo lugar, yo quiero que veamos alguna de las ironías del hombre en relación con Dios. Es irónico ver cómo naciones que crecieron al amparo de esta cosmovisión, de estos valores, que fueron fortalecidas precisamente por lo que ellos lograron sentar en sus raíces, hoy en día no quieran nada que ver con estos mismos valores. Es irónico ver naciones antagonistas del pasado, del presente, de esta revelación, tenerle tanto miedo a una Palabra que tiene que ver con un Dios que según ellos no existe.

Tú tomas la Rusia comunista del pasado, y cuando tú ibas a visitarle hacían tres preguntas al visitante: ¿tú tienes alcohol, pornografía o una Biblia? Las dos primeras por el efecto negativo sobre la nación. Ya habían observado que el alcohol podía cambiar la conducta de los hombres. Ya habían observado que la pornografía podía esclavizar la mente de sus ciudadanos. Pero habían observado también, aunque nunca quisieron admitirlo, que la Palabra de Dios cambiaba el corazón y las alianzas de los hombres, de tal forma que ahora esta Palabra de Dios, que venía de un Dios que para ellos no existía, era capaz de convertir a los individuos en seguidores de un Cristo, en vez de seguidores de Stalin o Nietzsche o Hitler o cualquiera de ellos.

Y de ahí entonces la necesidad de prohibirla, la necesidad de que no penetrara en la sociedad. Ellos conocían la verdad, esta palabra era poderosa, pero no querían reconocerlo y por tanto prefirieron entonces no admitirlo y simplemente prohibirla. Pero ninguna sociedad se puede levantar sin un conocimiento de Dios y de su revelación.

Stalin trató de construir un imperio, una nación sin Dios y por tanto sin su revelación, y él terminó exterminando 15 millones de rusos, de sus propios ciudadanos, sus propios compatriotas. Nietzsche, el gran filósofo ateo Nietzsche, cuya filosofía fue importada por Hitler, terminó eliminando 6 millones de judíos. Este Nietzsche que proclamó de forma irreverente "Dios ha muerto", y alguien caminando —no recuerdo la ciudad, pudo haber sido en New York— en una ocasión encontró en una pared la frase "Dios ha muerto, firmado Nietzsche", y él fue y escribió abajo: "Nietzsche ha muerto, firmado Dios".

Ese es el hombre que, no creyendo en Dios, termina demente en los últimos 10 a 12 años de su vida, sin saber dónde estaba ni en qué siglo era ni quién era. Si hubiese seguido la Palabra de Dios, hubiese economizado la sífilis y la demencia cerebral que lo llevó a la muerte. La nación que no haya visto el impacto de la Palabra de Dios tiene que ser, por obligación, una nación que le haya cerrado o las puertas, o el corazón, o ambas cosas a lo que esta Palabra representa.

Las ironías del hombre en relación con Dios, número tres: el hombre tiene una historia entera probando que él no puede vivir sin Dios. Toda la historia del hombre es la evidencia de que él no puede vivir sin la revelación del carácter, la voluntad, el corazón, la sabiduría de Dios, esta cosmovisión cristiana que le ha dado fortaleza a naciones en el pasado.

El hombre sabe que él no puede vivir, él no puede existir sin una fuente de sabiduría y de moralidad. Y en el pasado ellos buscaron esa sabiduría en los magos, en los videntes; posteriormente ellos buscaron esa sabiduría en sus emperadores y en sus consejeros; y posteriormente la buscaron en nuestros intelectuales, en nuestros hombres de ciencia. Él sabe la verdad, él sabe que él no puede vivir sin sabiduría, y lamentablemente no ha buscado donde le tocaba buscar. Y una sociedad sin la sabiduría de Dios es una sociedad a la deriva como nosotros tenemos hoy.

Cuando tú te apartas de Dios, tú terminas comportándote más como los animales que como el hombre o el ser humano. Y Chesterton decía que el problema de no creer en Dios no es que tú no creas en nada, sino que tú terminas creyendo en cualquier cosa. Y eso es exactamente donde nosotros estamos. Nosotros estamos frente a una nueva espiritualidad. Tú abres las revistas internacionales y ves todos estos reportes: enormes cantidades de personas pagando cursillos de meditación trascendental, de renovación interior, cursillos que tienen mucho que ver con la Nueva Era, todos buscando muchas veces contacto con seres que viven en otras dimensiones, una nueva espiritualidad que no es más que una copia del paganismo antiguo.

Y esa es la razón por la cual algunos han dicho hoy que en vez de llamar a esta era posmodernismo —la cual no puedo caracterizar en estos momentos por falta de tiempo— sería igualmente correcto llamarla neopaganismo. En otras palabras, el paganismo fue ese tiempo que vivimos antes de Cristo, antes de que la Biblia entrara y surtiera un efecto en el mundo romano. Esa fue el paganismo con múltiples dioses, múltiples manifestaciones y múltiples creencias religiosas y filosóficas encontradas. Y esto puede ser perfectamente llamado neopaganismo debido a la enorme cantidad de creencias filosóficas, religiosas, y esta nueva espiritualidad que se asemeja mucho al paganismo anterior, porque cuando el hombre se aleja de Dios, él termina creyendo en cualquier cosa. Y eso es lo penoso.

Número cuatro: cuando tú ves la historia, cuando tú la estudias y comienzas a ver el impacto que la Biblia tuvo, los principios cristianos tuvieron en el desarrollo de la educación y de la ciencia, realmente da mucha pena hoy ver gente con conocimiento, con cierta posición en las sociedades, escribiendo y hablando de cómo estos valores representan un atraso, desconociendo en total ignorancia que la educación y la ciencia siempre en el pasado se desarrollaron en el cauce que los valores cristianos construyeron. La historia de Occidente, la historia del desarrollo intelectual y científico de Occidente, es la historia del caminar de la cosmovisión cristiana en medio de esa sociedad.

Y lamentablemente el hombre de hoy ha abandonado eso. Él no quiere esos valores, no quiere que coarten su desarrollo. Y como bien decía el periodista inglés Malcolm Muggeridge, nosotros nos hemos educado tanto que hemos llegado a ser imbéciles. Claro, porque este es el hombre de ciencia que te dice que de la nada nada sale, en una ley de la termodinámica que él llama primera ley de la termodinámica, y es el mismo hombre de ciencia que te dice que el universo salió de la nada.

Otro periodista, quizás este periodista te puede ilustrar mejor todavía. Otro periodista también inglés quizás te puede ilustrar lo que Muggeridge estaba tratando de decirnos cuando dice que nos hemos educado tanto que hemos llegado a ser imbéciles. Steve Turner le escribió un credo, el credo del hombre moderno. Yo quiero leértelo porque yo creo que refleja mucho de esas contradicciones a las que Muggeridge se estaba refiriendo.

Él dice lo siguiente: "Creemos en Marx, Freud y Darwin. Creemos que todo está bien siempre y cuando no le hagas daño a nadie, según tu mejor definición de lo que es hacer daño y de acuerdo a tu mejor definición de lo que es el conocimiento. Creemos en el sexo antes, durante y después del matrimonio. Creemos que el pecado puede ser tratado con terapia. Creemos que el adulterio es divertido, creemos que la sodomía está bien, creemos que los tabús son precisamente eso: tabús. Creemos que las cosas han ido mejorando, aunque haya evidencias que apunten a lo contrario. La evidencia debe ser investigada y uno puede probar cualquier cosa a través de la evidencia. Creemos que hay algo en esto de los horóscopos, ovnis y las cucharas dobladas."

"Jesús era un buen hombre —escúchame— Jesús era un buen hombre, tanto como Buda, Mahoma y nosotros mismos. Era un buen maestro de moral, aunque básicamente pensamos que su buena moralidad era realmente mala. Nosotros creemos que todas las religiones son básicamente iguales, al menos aquellas de las que hemos leído. Todas creen en el amor y la bondad, solo se diferencian en asuntos relativos a la creación, al pecado, al infierno, a Dios y a la salvación, solamente."

"Creemos que después de la muerte no hay nada, porque cuando le preguntas a los muertos qué sucedía allí, no dicen nada. Si la muerte no es el fin y si los muertos han mentido, debe haber un cielo obligatoriamente para todos, excepto quizás para Hitler, Stalin o Gengis Kan."

"Creemos en Masters y Johnson: lo que es seleccionado es promedio, lo que es promedio es normal, y lo que es normal está bien. Creemos en el desarmamiento total, creemos que hay vínculos directos entre la guerra y el derramamiento de sangre. Los americanos deben estrellar sus armas contra los tractores, los rusos seguirán seguramente el mismo ejemplo."

"Creemos —escucha esto ahora— creemos que el hombre es esencialmente bueno, es solo su conducta la que lo traiciona. Esto es culpa de la sociedad, la sociedad tiene la culpa de las condiciones, y las condiciones son la falla de la sociedad." ¿Escuchaste? Esto es culpa de la sociedad, la sociedad tiene la culpa de las condiciones, y las condiciones son la falla de la sociedad.

"Creemos que cada hombre debe encontrar la verdad que es correcta para él, y su realidad se adaptará de acuerdo a ello, el universo se reajustará y la historia se alterará. Creemos que no existe una verdad absoluta, con la excepción de la verdad de que no existe una verdad absoluta. Creemos en el rechazo de todo credo y en el florecimiento del pensamiento individual."

"Si la suerte fuese el padre de toda carne, el desastre sería su arcoíris en el cielo. Y cuando usted escucha la noticia: estado de emergencia, francotirador mata a diez, tropas arrasan todo, jóvenes saquean, bomba explota escuela, seguramente es simplemente el sonido del hombre adorando a su creador." Es solamente el sonido del hombre adorando al creador que él ha fabricado en su mente. Esa es la explosión de la bomba.

Ciertamente nos hemos educado tanto que hemos llegado a ser imbéciles. Pero las cosas no comenzaron ahí, las cosas comenzaron de otra manera. Nosotros sabemos, por ejemplo, hablando de la educación, que en muchos países el lenguaje escrito no existía hasta que misioneros llegaron. Y en su deseo de que esta gente pudiera leer la Biblia, escucharon su lenguaje hablado, construyeron un alfabeto y luego les construyeron un idioma. Rusia tiene que agradecerle a la fe cristiana el tener un lenguaje escrito. Ese fue el caso de su país cuando llegaron los primeros misioneros; para que tuvieran la Biblia y la pudieran leer, les construyeron un idioma escrito. Y así hay cientos de grupos étnicos a lo largo del globo terrestre. Y sigue pasando hoy.

La universidad fue fundada por la iglesia en los años de 1200, y años después cuando Estados Unidos se forja como nación, sus primeras 126 universidades fueron fundadas por cristianos. No importa si se trataba de Harvard, Yale, Brown, Princeton; todas sus grandes y mejores universidades fueron fundadas por cristianos. Y hoy en día, esas universidades son las que gradúan nuestros más grandes ateos.

C. S. Lewis lo dijo muy bien: la educación sin valores, tan útil como es, termina haciendo del hombre un diablo más inteligente. La educación sin valores, tan útil como es, termina haciendo del hombre simplemente un diablo más inteligente.

Y ahora, entonces, nuestros hombres de ciencia no quieren que los valores cristianos coarten su libertad, pero ellos sí quieren que aquellos que creemos en esos valores cristianos paguemos junto con ellos las consecuencias de sus desaciertos. Ellos no quieren que Dios interfiera con ninguna de sus libertades, y ellos quieren, en el ejercicio de su libertad, tener la libertad de poder adquirir sida y luego que toda la sociedad y el gobierno junto con ellos paguemos su tratamiento de aquello que él ha querido por su egoísmo, su promiscuidad y su libertinaje.

Ninguna sociedad se puede levantar de manera estable alejada de la Palabra de Dios, y cuando esas cosas ocurren, Dios se sienta en su trono y dice: "Lo que siembras, cosechas". Es el resultado de un sistema educativo que quiere educar, crear, levantar su generación separada de los valores de Dios, porque la ciencia no quiere tener nadie que coarte su desarrollo, la ciencia no quiere tener un marco ético que regule su función. Y hoy en día entonces oímos los comentarios en los radios de que toda esta gente que ha estado en contra del aborto, lo poco intelectual que es, y a nosotros se nos olvida que si la ciencia le debe un favor a la fe cristiana es su desarrollo.

No importa si estamos hablando de Copérnico, Nicolás, el primer astrónomo que postuló que la tierra no era el centro del universo sino el sol, el centro del sistema planetario; él era creyente en el Dios de esta Biblia. No importa si estamos hablando de Galileo Galilei, el inventor del telescopio; estamos hablando de hombres que creían en los mismos valores. O si hablamos de Johann Kepler, el descubridor de las órbitas elípticas de los planetas, o si hablamos de Isaac Newton, matemático, físico, considerado el hombre de ciencia más grande de todos los tiempos; él era creyente en los valores del Dios de esta Biblia. O si hablamos de Blaise Pascal, físico y matemático considerado por algunos como el padre de las computadoras; él nos dijo, él nos predijo que poca ciencia, como la tenían ellos en esa época, iba a alejar al hombre de Dios, y que llegaría el tiempo donde mucha ciencia traería al hombre de regreso.

Eso es exactamente lo que hemos comenzado a ver. Hace apenas uno o dos años, en la revista Time, en primera portada, aparece un párrafo como este: "En una revolución sin precedente, la ciencia parece regresar a su Creador". Porque la ciencia ha ido convenciendo al hombre que si hay este diseño, de la manera que existe, que funciona tan perfectamente, obligatoriamente tiene que haber un Creador, un diseñador, un arquitecto detrás de ella. Gregor Mendel, el presidente o el padre de la genética, fue también cristiano y creyente en estos valores.

Y tú me vas a decir ahora que lo único que la fe cristiana ha hecho es retrasar el avance de la educación y de la ciencia, cuando lo único que ha hecho es promoverla. Compara el desarrollo de los países de Occidente impactados tempranamente por esa cosmovisión con el desarrollo de los países del continente africano y de los países de Asia, y tú me vas a decir a mí que estamos hablando de un mismo desarrollo con cosmovisiones diferentes. No, no es verdad. Pero nos hemos educado tanto que hemos llegado a ser imbéciles, como decía Chesterton.

Número cinco: no podemos olvidar que la sabiduría del hombre sin la sabiduría de Dios es necedad. Y yo te mencionaba cómo este hombre postula en su ley de la termodinámica que de la nada, nada sale, y del otro lado de su boca dice que el universo salió de la nada. Imagínate si aquí hubiera nada, dentro de un millón de años habría nada, porque de lo contrario tendría que haber un momento donde la nada dice: "Déjame pensar, tengo que llegar a ser algo". Y la nada, siendo nada, dice: "Tengo que convertirme en algo". Y en un momento donde es un poco de nada y un poco de algo, dice: "Sigue evolucionando hasta que me convierta en algo más". Y luego se forma todo este universo complejo con individuos que piensan, individuos que terminan gobernando la nada. ¡Hay que ser imbécil para creer algo como eso!

Eso es kindergarten, eso no se requiere de mucha inteligencia para llegar a concluir que de la nada, nada puede salir. Pero esos son nuestros sabios hoy en día. Como bien cierra el libro de Lee Strobel, El caso del Creador, después de haber entrevistado múltiples hombres de ciencia creyentes en Dios, dice: "Si nosotros pensamos que todo salió de la materia, nosotros tendríamos que concluir que la nada es capaz de producirlo todo siendo nada. Tendríamos que concluir que la no vida de la materia puede dar vida. Que el azar, el caos, o mejor dicho, el azar simplemente con múltiples combinaciones puede producir calibraciones extraordinarias. Que el caos puede producir información y orden. Que la no conciencia de la materia puede producir conciencia, y que el no razonamiento de la materia puede producir el razonamiento que hoy hemos alcanzado".

Es nuestro hombre moderno, nuestros sabios, nuestros profesores universitarios, aquellos que aplaudimos y luego les entregamos premios Nobel. Pero ellos han probado, Dios ha probado, que el hombre que no teme a Dios —y ellos no pueden temer a Dios porque no creen en Dios— no tiene sabiduría. El principio de la sabiduría es el temor del Señor, y el fin de mi sabiduría es el rechazo de ese Señor, el rechazo de esa sabiduría. No hay manera que yo pueda tener verdadera sabiduría separado de Dios.

El mejor ejemplo, el hombre que mejor probó eso, fue Salomón, el hombre más sabio que la tierra haya tenido y que jamás tendrá, en el momento en que él vive en conexión con su Dios. Cuando Salomón se aparta de Dios, Salomón termina como un vulgar necio. Adán y Eva probaron la misma cosa. Dios los invistió de sabiduría hasta que ellos se separaron de Dios, y al poco tiempo su hijo Caín estaba matando a su otro hijo Abel.

Debimos haber escuchado al profeta Jeremías hace muchos años atrás y nos hubiésemos economizado muchos problemas. Dios hablando a través del profeta: el pueblo de Israel tenía en su tiempo también sabios, tenía profetas, tenía gente en un momento dado con sabiduría que les servían de consejeros. Y Dios dice a través de Jeremías: "Esos sabios han perdido la razón". Jeremías 8:9: "Los sabios son avergonzados, están abatidos y atrapados. He aquí, ellos han desechado la palabra del Señor, ¿y qué clase de sabiduría tienen?". ¡Hasta ahí!

La razón por la que pierden su razón es que han desechado la palabra del Señor. Y las consecuencias fueron tres: están avergonzados, están abatidos y están atrapados. Y la única causa es que me han abandonado a mí, la única fuente de sabiduría.

Claro, estaban avergonzados porque no podían ahora entregar lo que prometían. Estaban avergonzados porque no podían ver el cumplimiento de las profecías que hacían. Estaban avergonzados porque al fin de cuentas no podían construir aquello que se proponían. Eso es exactamente donde nuestros sabios están hoy. Nosotros podemos hablar hasta la saciedad de sexo seguro, pero las enfermedades de transmisión sexual continúan en aumento y continuarán. Nosotros podemos desarrollar todos los antidepresivos que queramos, de primera generación, de segunda, de tercera, y vamos por la cuarta generación, pero el número de suicidios continúa en aumento. Los sabios siguen avergonzados.

Y la sociología podrá explicarnos, dándonos todas las explicaciones y ocupaciones posibles acerca de nuestros males sociales. La realidad es que, de acuerdo a la Palabra de Dios, la sociedad, los hombres, irán de mal en peor, engañando y siendo engañados, como Pablo le explica a Timoteo en su segunda carta, capítulo 3:13. No hay manera, no hay forma de que nuestras sociedades puedan experimentar ninguna mejoría a menos que haya un regreso a la Palabra de Dios.

Nosotros tenemos que prepararnos, y de no haber regreso a la Palabra de Dios, para un aumento continuo de desorden, de caos, de iniquidad, de tal manera que el que no esté afianzado en la Palabra, el que no tenga sus raíces enterradas en la verdad de Dios, será enormemente sacudido. Y una cosa es hablar de la nación norteamericana, los franceses, una cosa es hablar del sacudón que ellos puedan recibir, y otra cosa es cuando mi propia familia es la familia que está siendo sacudida. Las sociedades no son sacudidas moralmente porque el suelo se les mueve. Ellas son sacudidas porque las familias que conforman esa sociedad están siendo sacudidas. Y ahora, en vez de ser un núcleo familiar, es toda una sociedad que experimenta el movimiento.

Y Dios dice a través de Jeremías: los sabios, ellos están avergonzados; los nuestros también. Ellos están abatidos. Claro que están abatidos. No hay nada más debilitante que tratar de llevar tu vida, gobernar tu vida, llevar tu empresa, llevar tu familia o llevar la sociedad despegado de la revelación de Dios. Eso es debilitante.

Y Dios dice: "Bueno, pero no solamente están avergonzados, no solamente están abatidos, están atrapados". Porque Dios te permite caminar, Dios te da libertad, te permite que toques todas las puertas, que trates todos los caminos, y al final te deja entrar en un callejón sin salida donde todas las puertas están cerradas y tu única salida es hacia arriba y para ningún otro lugar. En el inglés hay una expresión que habla de que no te apures, déjalo y dale suficiente soga que él se ahorca solo. Dios hace lo mismo con las generaciones. ¿Ustedes quieren libertad? Ahí la tienen. ¿Qué es lo que quieren? ¿Más placer? Lo pueden tener. ¿Más dinero? Lo pueden buscar. ¿Más mujeres? Las pueden buscar también. Y al final terminarás ahorcado.

Y eso es exactamente lo que Dios estaba diciendo de estos sabios: están avergonzados, están abatidos —claro, están abatidos, solamente aquellos que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas y correrán y no se cansarán— y están atrapados en su necedad, en lo que ellos pudieron concebir en su mente.

Y Dios hace la pregunta en el texto de Jeremías: ¿y qué clase de sabiduría tienen? Solo, solamente la que proviene del hombre, y esa sabiduría apartada de la sabiduría de Dios es necedad. Adán lo probó; Adán tenía sabiduría, investido por Dios con sabiduría para dominar la tierra, sojuzgarla, gobernarla, representar a Dios. Y cuando él se aparta de Dios, como le mencioné, al poco tiempo Caín mata a Abel cuando había cuatro personas en el jardín, sin internet, sin televisión, sin nadie que le pudiera corromper a sus hijos, ni a nadie que pudieran culpar que no fuera ellos mismos.

Y eso que comenzó en el jardín del Edén se ha convertido en una epidemia: la violencia social, el número de homicidios, que ni las policías de los gobiernos en ninguna parte del mundo dan abasto para controlar. Pero ¿sabes de una cosa? ¿Tú sabes dónde es que aparece el concepto de que el ser humano tiene dignidad en sí mismo porque lleva la imagen de Dios impresa? En el primer libro, la revelación de Dios en el Génesis. Y cuando tú volteas esa página o ese libro, llegas al Éxodo, tú encuentras el sexto mandamiento de la ley de Dios: no matarás. Y tú quieres despegarte de esa revelación, cosecharás los homicidios, cosecharás la violencia, cosecharás todas las cosas que estás cosechando.

La violencia intrafamiliar es el resultado de una generación que no cree en la dignidad del ser humano y que su único origen es la materia. Y como la materia es inservible y tú la eliminas cuando es inconveniente, de esa misma manera eliminamos las esposas, eliminamos los hijos, hacemos los abortos y cualquier otra cosa que puede interferir con mi libertad. Y Dios dice: ¡Prepárate para vivir con lo que siembras! En este mundo las consecuencias; en el mundo venidero también.

Ninguna nación se puede sostener, número seis, en el tiempo sin Su Palabra. Decíamos que la nación hebrea comienza con los Diez Mandamientos. Tú puedes revisar la historia y te encontrarás que múltiples naciones que luego se desarrollaron en Occidente tienen en sus raíces precisamente los valores cristianos como raíz, como fundamento. Hasta el punto que todavía hoy reciben beneficios de algo que ellos sembraron, pero que sus habitantes del siglo veintiuno no cosechan.

Tú revisas las leyes de Estados Unidos, tú revisas los documentos que fundaron la nación, y tú te encuentras que los Diez Mandamientos son reconocidos con estos nombres: las leyes de Dios, las ordenanzas de Dios, los estatutos de Dios, la ley divina, la santa ley, las leyes eternas, sus justas y santas leyes, las leyes inmutables del bien y el mal. Te das cuenta de dónde proviene la grandeza de la nación.

Brasil no tuvo el mismo desarrollo; es un país con más recursos naturales que Estados Unidos. Pregunta: ¿quién los colonizó? Pregunta dónde estuvieron los valores de los colonizadores y tú encontrarás la respuesta. Pastor, eso fue hace tantos años. No, 1950, déjame leer, esto fue el otro día, hace sesenta años de eso. Muchos de ustedes habían nacido antes de ese año.

En 1950 la Suprema Corte de Justicia de la Florida declara: "Un pueblo que no haya sido entrenado en la soberanía de Dios..." ¿En qué? La soberanía de Dios, una palabra que múltiples iglesias hoy, protestantes, tú no escuchas. Es casi una mala palabra hablar de que Dios es soberano, Él tiene el derecho de hacer lo que Él quiera, no tiene que pedirle permiso a nadie, Él puede hacer sin consultar, nunca ha cometido un error ni jamás cometerá uno, y nunca jamás nadie le ha dado ningún consejo. Eso es blasfemia en algunas iglesias.

Y esta Suprema Corte de Florida hace sesenta años dice: "Un pueblo que no haya sido entrenado en la soberanía de Dios, en los Diez Mandamientos y en la ética de Jesús, jamás hubiese podido producir documentos como los derechos del ciudadano, que ellos llaman Bill of Rights, la Declaración de Independencia y la Constitución. No hay un solo fundamento de nuestra democracia que no haya tenido su origen en los conceptos morales básicos encontrados en el Decálogo, en los Diez Mandamientos."

¿Tú quieres saber de dónde viene su poder, de dónde viene su grandeza? Y esa es la nación hoy, la nación que ahora tú no puedes poner ni siquiera una tabla de los Diez Mandamientos en ninguna corte de justicia ni en ningún edificio público, porque está prohibido. ¡Qué irónico, qué ingratitud, qué ignorancia! Pero ciertamente la educación desprovista de valores lo único que hace es convertir al hombre en un diablo más inteligente.

Proverbios 14:34 está en lo correcto cuando dice: "La justicia engrandece a la nación, pero el pecado es afrenta para los pueblos." Su justicia inicial los engrandeció y su pecado ahora actual es su afrenta, y es nuestra afrenta. Porque no podemos pensar como sociedad que estamos en mejores condiciones, aunque muchas veces yo lo digo. Y yo me pregunto: ¿cuáles son los periódicos que ellos leen para yo leerlos y vivir con más tranquilidad?

Los Diez Mandamientos, decían, sirvieron de guianza y de formación de los códigos morales de muchas de estas naciones. Y esos son los valores que están siendo violados. Pero no podemos olvidar lo que el salmista nos recordó en el texto con el que yo comenzaba, donde dice que Dios ve a todos los hijos de los hombres. Y desde el lugar de su morada, Él observa todos los habitantes de la tierra. Y Él es el que moldea el corazón de cada uno de nosotros, el que entiende cada una de nuestras obras, y quien tiene los ojos sobre los que le temen y sobre los que esperan en su misericordia.

Dios está viendo lo que está ocurriendo, Él está observando desde su trono, Él no se ha inquietado, Dios no se inmuta, pero Él está observando, Él está evaluando y Él está buscando. Pero al final sus ojos descansarán única y exclusivamente sobre aquellos que creen en Él y que han depositado su confianza en su misericordia.

Ninguna nación puede pretender que se ha de levantar negando al Dios Creador. Déjame decirte cómo lo dijo A. W. Tozer: ninguna nación puede levantarse por encima del concepto que esa nación tenga de su Dios. Ninguna nación puede levantarse por encima del concepto que esa nación tenga de su Dios.

Tú tomas a la India, su país con ciento ochenta millones de cabezas de ganado y doscientos a trescientos millones de personas sufriendo de hambre. ¿Cómo lo explicas? Porque su vaca es sagrada, es una de sus divinidades. Y como ninguna nación se puede levantar por encima del concepto que ellos tengan de su Dios, ellos permanecerán en la hambruna. Ellos tienen la rata; no podemos matar las ratas allá, porque quizás uno de mis familiares ha reencarnado en una de ellas. Y un tercio de la producción de granos lo invierten en alimentar ratas. Ninguna nación jamás se levantará por encima del concepto que ellos tienen de su Dios. Eso explica por qué Occidente se levantó por encima de muchas de esas naciones.

Y ahora el mismo Occidente va en picada. Aunque luzca diferente en la superficie, nosotros sabemos que las zapatas hace tiempo que han sido erosionadas y su derrumbe está próximo.

¿Qué es lo que hemos hecho en su lugar? Como ninguno de esos dioses pueden proveernos tranquilidad, como ninguno de esos dioses pueden proveernos satisfacción, nos hemos vuelto una sociedad de consumo. Consumimos placer, consumimos sexo, consumimos pornografía, consumimos toda cosa que se nos brinda, la consumimos. Y ahora resulta que nuestro pasatiempo nacional por excelencia es ir de compras. ¿Dónde tú vives? En Miami. ¿Y dónde en tal sitio? Esto está cerca del mall. Tú llegas a Miami, llegas a una ciudad, tú visitas el mall. Tú ven tal mall, pero seguro no es tan grande como el otro mall. Y este mall no hay otro más. Porque nosotros nos hemos vuelto en nuestra desesperación en consumistas.

¿Y qué hemos hecho cuando hacemos eso? Nosotros hemos reemplazado a Dios de su primer lugar y le hemos colocado ahí. Nosotros hemos hecho exactamente lo que la India ha hecho, excepto que como venimos de Occidente y de esa cosmovisión más sofisticada, claro que no nos vamos a postrar delante de ratas y de vacas. Pero nos postramos delante del dios dinero, del dios conveniencia, del dios comodidad, del dios prosperidad, del dios intelectualidad. Y vivimos preocupados. Y nos postramos delante de estados financieros y vivimos tan en ese desasosiego que necesitamos seguros, candados, verjas, verjas eléctricas, perros guardianes, pólizas, y por si acaso una póliza que me proteja la primera póliza.

Y todavía seguimos inseguros, porque ninguna de esas cosas es capaz de producirnos la paz y la tranquilidad que Dios, el único y verdadero Dios, el único y sabio Dios, puede producirnos.

Pastor, pero usted dice que ninguna nación se puede levantar por encima del concepto que ellos tengan de Dios. Pero ¿y Japón y China, que hoy se menciona como un gigante que se acaba de despertar, haciendo alusión a esa famosa frase? Cuando los japoneses atacaron a Pearl Harbor, y el general —no recuerdo su nombre ahora—, pero uno de sus generales que había entrenado en Pearl Harbor dice: "Hemos acabado de despertar a un gigante." Estados Unidos entra a participar en la Segunda Guerra Mundial y poco tiempo después las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

Haciendo referencia a ese gigante, la revista Time publicó un artículo recientemente, portada frontal: "China, el gigante que se despierta." Ellos son ateos. Japón es ateo y tiene una economía mundial de las más fuertes. Innegablemente, como nos hemos educado tanto que hemos llegado a ser imbéciles, esos son los únicos índices de grandeza que nosotros conocemos.

Déjame hablarte lo que la Organización Mundial de la Salud dice de esas naciones. La Organización Mundial de la Salud dice que hay una epidemia de suicidio en Asia en el Pacífico Oeste. Déjame darte las estadísticas rápidamente de Japón y de China. Japón tiene noventa y dos suicidios diarios. China tiene treinta y dos suicidios cada hora. Nosotros llegamos aquí a las ocho de la mañana, son las once y media. En el tiempo que llevamos, ciento veinte y tantas personas se han suicidado en China.

Con 228 personas por día que intentan suicidarse, locas por salir de este mundo. El Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos y estudios realizados en China demuestran que la causa número uno de muertes en mujeres de 15 a 34 años, la edad reproductiva de la mujer, es el suicidio. ¿Tú quieres aprobar leyes como esas naciones? ¿Tú me vas a hablar de que esas naciones están levantando? No, se están hundiendo. Lo que pasa es que ellos no saben que sus zapatas están cayendo. Y nosotros vemos los rascacielos, vemos las economías. Dale unos años y verás el desplome global de estos países y naciones, y como ellas controlan el mundo, el resto de nosotros se hundirá con ellos.

Entonces el Pacífico Oeste y Asia tiene un suicidio cada 40 segundos. Te sientas ahora, cuenta 40 segundos, uno menos. ¿Tú quieres aprobar leyes de aborto, tú quieres aprobar leyes prósperas, porque estas naciones prósperas nos llevan la ventaja? No, no para tener esas consecuencias. Por eso ignoramos nuestras realidades.

Finalmente, y número siete, solo la Palabra de Dios ofrece la cura para nuestros males. El suicidio en esas sociedades es el resultado de una tristeza profunda en el corazón de la gente que vive allí. Compara esa tristeza profunda con el Salmo 19:8: "Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón. El mandamiento del Señor es puro, que alumbra los ojos." ¿De dónde proviene la epidemia de depresión y suicidio? Del rechazo a los preceptos del Señor que alegran el corazón. Te sientes triste, te sientes deprimido, necesitas regresar a la Palabra de Dios, a la fuente de esa sabiduría que restaura el alma, que sana el espíritu y que es capaz de fortalecer la vida de los hombres.

La educación de los pueblos es necesaria, pero no está diseñada para alegrar el corazón. Las economías necesitan, necesitamos economías estables, pero su diseño no nos va a sacar de la desesperación del alma. Los placeres de la carne nos pueden satisfacer momentáneamente, pero jamás podrán satisfacer las necesidades más profundas del alma del individuo. Solo la Palabra de Dios es capaz de hacer tal cosa.

Pero nosotros, ¿qué es lo que hemos hecho? El hombre ha sacado a Dios de su vida y hoy en día él quiere curar su pecado con terapia, y Dios dice no, es arrepentimiento. Él quiere reformar sus instituciones con adiestramientos, y Dios dice no, es una condición del corazón. Él quiere garantizar la permanencia en el matrimonio por los años aumentando el uso, el consumo de sexo ilícito dentro de la pareja para proveer más placer. Él quiere que el internet le críe los hijos. Él quiere que el entretenimiento les sane su depresión, que los viajes les sanen sus heridas, que una amante le saque de su crisis de la edad media, que las cirugías plásticas retarden su proceso de envejecimiento. Podemos lucir todo lo planchados que queramos por fuera; las arterias continúan envejeciendo y endureciéndose a la misma velocidad.

Seamos reales. Los gimnasios, que ellos puedan perpetuar nuestras formas jóvenes anatómicas, y que una devoción de un minuto o dos al día produzca la intimidad y la comunión que solamente la Palabra de Dios puede producir.

Y el salmista dice: "El Señor miró desde los cielos y Él ve todos los hijos de los hombres. Desde su lugar, desde su morada, Él observa a todos los habitantes de la tierra." Él conoce, pastor, todo esto que usted acaba de mencionar. Él no está ajeno, Él no lo ha pasado por alto. El que Él no lo haya juzgado a plenitud todavía no dice, pastor, que Él no lo ha de juzgar. Pero todos los intentos del hombre fracasarán.

Y cuando Dios mira hacia abajo y Él observa ese comportamiento de la sociedad actual, tú casi puedes oír a Dios otra vez diciendo a través del profeta Jeremías, haciendo la misma pregunta en Jeremías 2:11 y 2:13: "¿Ha cambiado alguna nación sus dioses, aunque esos no son dioses?" Dios le está preguntando a su nación: "¿Ha cambiado alguna nación sus dioses?" Él no le está preguntando al egipcio; ellos siempre fueron paganos, ellos eran paganos, ellos nunca cambiaron sus dioses. Es mi nación que tenía a Jehová. "¿Ha cambiado alguna nación sus dioses, aunque no son dioses? Pues mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que no aprovecha. Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen agua."

Mi pueblo, que tiene mi revelación, que tiene mi Palabra, que tiene mi sabiduría, que me tiene a mí, que tiene mi presencia, ese es el pueblo que me ha rechazado, no el pueblo pagano que no me conoce. Nunca en la vida la condición de una nación ha dependido del estado espiritual del pagano; él no conoce a Dios, él no puede orar ante Dios, él no puede interceder ante Dios. La condición de República Dominicana depende única y exclusivamente de la iglesia sobre la cual se invoca el nombre de Dios todos los días, y esa es la razón por la que estamos donde estamos.

"Si mi pueblo se humilla," mi iglesia en República Dominicana, "y me busca y ora y se vuelve de sus malos caminos," porque ha sido orgullosa, porque está enfocada en otras cosas, porque no está orando ni busca mi rostro, "entonces, no antes, Yo oiré desde los cielos y les sanaré su tierra dominicana." No antes, no antes. Si se humilla mi pueblo, todos los intentos del hombre fracasarán hasta que el hombre entienda y se arrodille ante esto.

Hasta que el hombre entienda, afirme y abrace estas ideas expresadas por alguien de forma anónima acerca de la Biblia, y esto nos dice cuál sería su impacto en la sociedad: "La Biblia contiene la mente de Dios, la condición del hombre, el camino de salvación, la condenación de los pecadores y la felicidad de los creyentes. Sus doctrinas son santas, sus preceptos son mandatorios, sus historias son verdaderas y sus decisiones inmutables. Léela para hacerte sabio, créela para estar seguro y practícala para hacerte santo. Ella es el mapa del viajero, el cayado del peregrino, la brújula del piloto, la espada del soldado y la constitución del cristiano. En ella el paraíso es restaurado, los cielos abiertos y las puertas del infierno desenmascaradas. En ella Cristo es el gran tema, nuestro bien es el diseño, y la gloria de Dios su meta. Ella debe llenar tu memoria, gobernar tu corazón y guiar tus pasos. Léela lentamente, frecuentemente, devocionalmente. Es una fuente de riqueza, un paraíso de gloria y un río de placer. Se te da en vida, se abrirá en el juicio y será recordada para siempre. Involucra la más alta responsabilidad, recompensará la más grande labor y condenará a todos aquellos que mofan su contenido sagrado."

Esa es la razón por la que ninguna sociedad podrá jamás levantarse sin la guianza, sin la dirección, sin el sostén de la sabiduría de Dios. Que Dios bendiga su Palabra en esta mañana y que su pueblo tome la responsabilidad de enarbolar su bandera.

También las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos con Integridad y Sabiduría.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.