IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La amistad con el mundo y la amistad con Dios son mutuamente excluyentes. No existe zona gris ni término medio: o somos amigos de Dios y enemigos del mundo, o somos amigos del mundo y enemigos de Dios. Santiago llama a sus lectores "almas adúlteras" no porque estuvieran en inmoralidad sexual, sino porque habían cometido adulterio espiritual al abrazar los valores, la sabiduría y el sistema de este mundo que está bajo el poder del maligno. Cuando el cristiano piensa, decide y habla como el mundo lo hace, comete infidelidad contra Cristo, su esposo espiritual.
Caminar con Dios requiere humildad de corazón, porque Dios resiste activamente a los soberbios pero da gracia a los humildes. La Escritura muestra cómo Dios humilló a Saúl, a Uzías, a Nabucodonosor y a Herodes cuando su orgullo los llevó a desafiar su autoridad. Moisés, en contraste, fue usado poderosamente porque era el hombre más humilde sobre la tierra. El orgullo es nuestra declaración de independencia de Dios; la humildad es reconocer que no tenemos méritos ante él.
El camino de regreso comienza con el arrepentimiento genuino, no una simple confesión, sino un dolor profundo por el pecado que produce un cambio radical de dirección. Santiago exhorta a someterse a Dios y resistir al diablo, y la forma de resistir al diablo es precisamente sometiéndose a Dios, como Cristo lo demostró en el desierto respondiendo con "escrito está". La buena noticia es que Dios no nos dejó solos en esta tarea: puso su Espíritu dentro de nosotros para darnos tanto el querer como el hacer según su voluntad.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Amén! Santiago, capítulo 4, ahí estamos. La última vez que estuvimos en esta carta, estábamos terminando el capítulo 3 de la Epístola de Santiago y vimos en esa ocasión cómo Santiago hablaba acerca de una sabiduría natural, terrenal, que él también llamó diabólica, que era muy distinta, muy diferente, completamente contraria a la sabiduría celestial, y que esas dos sabidurías estaban en una... eran opuestas la una a la otra.
Inmediatamente después sigue un pasaje de Santiago que habíamos expuesto unos domingos atrás y está en el capítulo 4, los versículos del 1 al 3, donde Santiago nos dice que los conflictos que nosotros tenemos unos con otros vienen, se deben a una sola cosa: una, no dos, no tres, no son cosas externas, son cosas internas, pasiones que combaten dentro de nosotros. Lo que ocurre externamente solamente es el reflejo de lo que pasa internamente. Esa es la realidad.
Los versículos que hoy nosotros necesitamos revisar son los versículos siguientes. A partir del versículo 4 hasta el 10, Santiago va a comenzar a hablarnos de dos formas distintas de caminar. Y por eso el texto pudiera ser abordado pensando en cómo no caminar con Dios, pero también pudiera ser abordado pensando en cómo caminar con Dios. Ambas cosas están en el mismo texto. De manera que yo voy a leer el texto con ustedes y luego voy a compartir, considerar una serie de enseñanzas que salen del texto mismo y que yo creo que pueden ayudarnos a vivir de otra forma.
Yo quisiera que prestaras atención, que pudieras pedirle a Dios incluso que te abra los ojos del entendimiento, para que estas palabras puedan llegar a tu mente, a tu corazón, con la misma fuerza, mismo impacto con el que el Espíritu las inspiró en primer lugar.
Capítulo 4, versículo 4: "¡Oh almas adúlteras! ¿No saben ustedes que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios. ¿O piensan que la Escritura dice en vano: Dios celosamente anhela el Espíritu que ha hecho morar en nosotros? Pero Él da mayor gracia. Por eso dice: Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. Por tanto, sométanse a Dios. Resistan pues al diablo y huirá de ustedes. Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes. Limpien sus manos, pecadores, y ustedes de doble ánimo, purifiquen sus corazones. Aflíjanse, laméntense y lloren. Que su risa se convierta en lamento y su gozo en tristeza. Humíllense en la presencia del Señor y Él los exaltará."
Santiago comienza este texto llamando a sus lectores, o aquellos que fueran a oír la carta leída, "almas adúlteras". Y ciertamente ese calificativo llama poderosamente la atención, es confrontador, es incluso condenador. Sobre todo cuando tú piensas que es Santiago, como ya habíamos dicho, quien llama a los mismos lectores "hermanos". Y les llama hermanos en 1:2, en 2:1, en 2:14, en 3:1, en 3:10 y en 3:12. Y luego les llama "amados hermanos" en 1:16, en 1:19, en 2:5. Y ahora a esos hermanos que él llama amados, se dirige a ellos como "almas adúlteras". De manera que se entiende: no le está hablando a gente que está allá afuera. No le está hablando a personas que están en una iglesia del evangelio de la prosperidad. Él está hablando a personas que creen estar a salvo, que han puesto su fe en Cristo Jesús.
Uno de los mejores académicos del Nuevo Testamento, Douglas Moo, comenta con relación a este calificativo de "almas adúlteras" que eso marca el comienzo de uno de los más fuertes llamados al arrepentimiento que tú puedas encontrar en todo el Nuevo Testamento. En otras palabras, el texto de hoy, del 4 al 10 que vamos a estar exponiendo, representa en la opinión de este académico del Nuevo Testamento, y con toda razón, uno de los llamados más fuertes al arrepentimiento de parte de Santiago.
Douglas Moo agrega que Santiago advierte a sus lectores acerca del peligro de coquetear con el mundo y las consecuencias que este coqueteo tiene en su relación con Dios. Como hemos dicho en más de una ocasión, Dios no tolera rival. Dios no tiene rival, pero tampoco lo tolera. De manera que tú o yo, nosotros, somos o amigos del mundo y enemigos de Dios, o somos enemigos del mundo y amigos de Dios. No hay zona gris, no hay zona intermedia. O eres una cosa o eres otra. O eres frío o eres caliente. No hay tibieza.
Y recuerda que Cristo nos advirtió que si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. En otras palabras, no deben sorprenderse si dentro de los miembros de sus casas, de su familia, o en la sociedad, o en su trabajo, hay personas que les rechazan, les condenan, les odian. Sepan que la única forma como eso va a ocurrir es si ustedes están tratando de vivir la vida que yo compré para ustedes.
En otras palabras, el mundo no odia ni rechaza a la iglesia que abraza sus formas, sus valores, su estilo de vida. El mundo se siente cómodo y se siente alegre y contento cuando la iglesia hace eso. El mundo odia al cristiano o a la iglesia cuando nosotros les resistimos a ser moldeados a su manera o a abrazar sus valores. La razón es muy sencilla y es que personas santificadas por la Palabra les recuerdan al mundo que Dios rechaza y condena todo tipo de mundanalidad.
Déjame decir eso otra vez: cuando tú vives en santidad, una santidad que el Espíritu ha cultivado en ti como fruto de que tú has consumido la Palabra, esa forma de vivir le recuerda al mundo que Dios condena y rechaza toda forma de mundanalidad, no importa quién la practique.
El mundo y Dios son dos amos encontrados, opuestos, y ambos hacen demandas contrarias, como dice Thomas Manton, uno de los puritanos del pasado. Dos amos encontrados con demandas contrarias. No pueden servir al dinero y a Dios al mismo tiempo. En realidad, no pueden servir a Dios y a ninguna otra cosa al mismo tiempo.
Cuando nosotros pensamos, hablamos, decidimos como el mundo lo hace, ese compromiso de valores no es poca cosa en lo más mínimo. Cuando tú piensas como el mundo, decides como el mundo, hablas como el mundo, o yo, en algún momento ese compromiso de valores, entonces hay lo que Dios llama adulterio espiritual. Nosotros no lo vemos así porque estamos acostumbrados a adulterar espiritualmente contra Dios de alguna forma o de otra. De hecho, estamos tan acostumbrados que a veces bromeamos con nuestros adulterios espirituales.
Si la verdad es conocida, la alianza de muchos que se identifican como cristianos es más con el reino de los hombres que con el reino de los cielos. Déjame darte algo que nos puede servir como una bandera roja en nuestro caminar: cuando tu deseo o motivación por las cosas de Dios mengua, ten por seguro que tus deseos por los valores, placeres, intereses o atracciones por las cosas del mundo han aumentado. No hay otra forma. Esto es como un sube y baja. Si aumenta tu deseo por las cosas de Dios, disminuye tu deseo por las cosas del mundo. Cuando esta pasión, esta motivación baja, desciende, ten por seguro que de este otro lado ha habido un aumento de tu atracción por las cosas que el mundo tiene que ofrecer, y eso ha ido socavando entonces lo que una vez existía en ti.
Eso es exactamente lo que le pasó a la iglesia de Éfeso. Cuando Cristo la revisa en el libro de Apocalipsis, al final le dice: "Tú sabes que has hecho grandes cosas, enormes, buenas cosas. De hecho, tu discernimiento te permitía desenmascarar a los falsos apóstoles." Así de increíble era su doctrina y compromiso. "Pero yo tengo algo contra ti, es que en el tiempo tú perdiste tu primer amor." Si perdiste tu primer amor, eso implica que me perdiste a mí.
No es casualidad. Satanás conoce la naturaleza humana. Nos ha estudiado, nos ha observado desde arriba, y él sabe cómo entusiasmarnos con las cosas que el mundo tiene que ofrecer. De manera que poco a poco él va ganando terreno en nuestro corazón de una forma imperceptible, y de esa forma, cuando él gana terreno en mi corazón, hay terreno de mi corazón que pertenecía a Dios y que ahora ha sido robado. Y de repente mi corazón comienza a latir más fuertemente por las cosas del mundo y más débilmente por las cosas de Dios. Y luego nos preguntamos: "Yo no sé lo que ha pasado." Dios dice: "No, yo sé lo que te ha pasado. Es que tu corazón está latiendo por dos cosas al mismo tiempo. Está asincrónico, está en una arritmia espiritual."
Porque Satanás sabe, hermano, cómo llevarte de cosas aparentemente inocentes que tú incluso defiendes ante otros y dices: "No, pero ¿qué tiene de malo? Eso es totalmente inocente." Y Satanás dice: "Exactamente." Yo sé cómo llevarte de aquello que te parece inocente hasta que tú estés en el plan y en la práctica de cosas irreverentes ante los ojos de Dios. La especialidad de Satanás, tú la puedes ver en el jardín del Edén: es la capacidad que él tiene de llevarte de una mirada a la fruta prohibida hasta una mordida de dicha fruta. Primero la miras. La mirada es inocente: "Solamente estoy viendo el brillo de la fruta." Él sabe cómo llevarte desde ahí hasta la mordida, y las consecuencias luego serán naturales. Y así ocurre en el mundo.
Escucha cómo el Free Dictionary Online, diccionario libre en línea, diccionario secular... Traje la definición de ese diccionario a propósito, un diccionario sencillo, ni siquiera muy académico. Escucha cómo define la mundanalidad. Yo pensaba que lo haría de una forma que se refiriera a cosas extremas de inmoralidad. Escucha, simplemente dice lo siguiente: es el apego a las cosas de este mundo.
¿Cómo? El mundo secular conoce cosas mejor que el mundo de Dios, el reino de Dios. El simple apego a las cosas de este mundo, dice el diccionario, es una mundanalidad. De manera que todo aquel que está preocupado por las cosas de este mundo es un mundano, de acuerdo a este diccionario. Nosotros no nos gusta pensar de esa manera, porque nosotros tenemos apegos a las cosas del mundo y preferimos pensar que la mundanalidad tiene que ver, como hemos dicho otras veces, con droga y sexo y pornografía y vanidad y todo lo demás, pero resulta que no es así. La definición de mundanalidad es el deseo, el amor, el apego a las cosas pasajeras de este mundo temporal.
El diccionario de la Real Academia dice que mundano se dice de una persona inclinada a los placeres, y ahí diríamos, bueno, se entiende. Pero escucha ahora: y frivolidades de la vida social. Las frivolidades, las superficialidades, aquella cosa temporal sin valor eterno, que queremos defender porque son las cosas que nosotros practicamos y vivimos. Santiago en el texto de hoy tiene mucho que decirnos de esa forma de vivir y pensar, y yo he titulado el mensaje "Cómo caminar con Dios". Yo creo que es la mejor forma de verlo: cómo caminar con Dios.
Yo no sé si tú has pensado acerca de esa frase, cómo caminar con Dios, porque mucha gente habla de que "yo soy un hombre de fe, una mujer de fe, yo soy creyente". Pero yo no sé si he escuchado a alguien todavía que me diga: "Pastor, mire, yo estoy haciendo mis mejores esfuerzos por caminar con Dios", porque esos son dos mundos completamente diferentes.
La primera vez que esa frase me golpeó, por así decirlo, fue años atrás. Yo vi en este aviso, y yo todavía había comenzado a leer la Biblia de principio a fin, y llegué al capítulo 5 del libro de Génesis. Me encuentro con que había siete, seis generaciones, caracterizadas por la figura de una persona, y de esa persona se decía que vivía un número de años y murió. Pero luego yo llegué a la séptima persona y de esa persona se dicen otras cosas. Se habla de que él caminó con Dios por un número de años y Dios se lo llevó. Y en ese momento yo comencé a pensar, a añorar esa frase: ¿cómo es que se camina con Dios? Porque fue tan distinto. La Palabra no me dice en ningún lugar que los otros no creyeron en Dios; lo que me dice es que este vivió de una manera que los otros no vivieron. Siempre me intrigó entonces la pregunta de cómo es que se camina con Dios. Yo creo que Santiago en este texto me dice claramente cómo no se camina con Dios y cómo se camina con Dios.
Yo lo voy a exponer el texto en cuatro, cinco enseñanzas básicamente. Enseñanza número uno: caminar con Dios, ese es el énfasis hoy, requiere decir no a Dios, al mundo, a su sabiduría, a su sistema de valores y al espíritu del anticristo que le gobierna. Subraya esa última parte porque vamos a llegar a él, al espíritu del anticristo que le gobierna.
Versículo cuatro: "¡Oh almas adúlteras! ¿No saben ustedes que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios". En otras palabras, otra vez, no hay término medio, no hay zona gris: o es blanco o es negro.
Hermanos, cada vez que tú lees la Biblia, si has leído la Biblia con detenimiento y tú lees y te detienes a pensar cómo dice la Biblia que yo debo pensar y vivir y sentir, y luego miras y te detienes a ver otra vez cómo es que el mundo lo hace, tú te das cuenta entonces que el mundo... Si le prestas atención a cómo el mundo habla, cómo compra, cómo vende, cómo piensa, cómo negocia, cómo educa, cómo trabaja, cómo se divierte y todo lo demás, te vas a percatar inmediatamente que hay una enorme diferencia entre lo que es la cosmovisión bíblica y la ética de vida del reino de los cielos, aquella tierra que somos nosotros quienes le representamos, y lo que el mundo piensa, valora, cómo mide. Son cosmovisiones encontradas.
Y eso tiene sentido, porque Juan, el discípulo amado, el último de ellos, en su primera carta, en 5:19, escucha lo que dice: "El mundo entero está bajo el poder del maligno". ¿Te acuerdas lo que te dije del espíritu del anticristo que gobierna este mundo, bajo el cual el mundo opera? La razón por la que el mundo opera bajo esa sabiduría y criterio es que el mundo entero está bajo el poder del maligno. Por eso Cristo vino a rescatar lo que se había perdido.
Déjame darte algunas ilustraciones simplemente para que puedas entender lo encontrados que están estos dos reinos. Para el mundo, ser libre es tener la libertad de hacer lo que tú quieras, independientemente si eso daña a otro o daña tu relación con Dios o te daña a ti mismo; de lo contrario, tú no eres libre. Felicidad es la experiencia del placer. Si llegas a ser próspero, no importa si lo haces rápido y fácil y de manera ilícita. Las metas, de hecho, no tienen que ser éticas, solo tienen que cumplir con los propósitos que tú te has propuesto alcanzar.
La vida no tiene valor, ningún valor. De hecho, la evidencia está en grande: que peleamos, mujeres van a pelear en los tribunales para tener el derecho de matar a sus hijos en sus propios vientres, hijos que ellas mismas concibieron. La vida no tiene ningún valor para el mundo. Los títulos te dan importancia. El cuerpo es para ser exhibido; si lo tienes, exhíbalo. El sexo, para ser disfrutado libremente. La mentira es normal, todo el mundo la dice. La pornografía, "pastor, usted está pasado, es diversión, de hecho eso es expresión gráfica, la gente tiene la libertad a la expresión".
Ahora entiende por qué Santiago te dice: esa es la fotografía. Es diabólica, no es simplemente terrenal, no es simplemente natural, es diabólica. Y cuando Santiago dice "¡Oh almas adúlteras!", vuelvo al versículo cuatro al cual ya lo vimos, él no está pensando en la fornicación que tú y yo conocemos. Él está pensando en otra idea, él está pensando en la fornicación espiritual. Es una metáfora. La razón es que como tú estás unido a Cristo, yo también, Cristo es el esposo de la iglesia. Nosotros formamos la iglesia, la iglesia es su novia. Cuando su iglesia es infiel en cualquiera de sus formas, esa es fornicación espiritual.
La iglesia o el pueblo de Dios es llamado la esposa infiel en Jeremías 3:20. En Jeremías 3, escucha lo que el profeta... A Jeremías se le dice de la nación. Jeremías dice: "El Señor me dijo en días del rey Josías: ¿Has visto lo que hizo la infiel Israel?", es su esposa. "Ella andaba sobre todo monte alto y bajo todo árbol frondoso; allí se prostituía". Yo no sé, no estaba refiriendo a que Israel estaba tendiendo camas debajo de árbol frondoso. No, no, no. Debajo de todo árbol frondoso construyó altares, allí hizo sacrificios a sus dioses, incluso llegó a ofrecer sus propios hijos, cosa que ni, dice Dios, cosa que ni me pasó por la mente hasta que ellos la hicieron. Es la forma del profeta de Dios, decir metafóricamente a través del profeta: debajo de todo árbol frondoso allí Israel fornicaba.
Mira cómo Dios habla a través del profeta Ezequiel, a través de nuevo de una metáfora, cómo le deja ver. Yo quiero que sepas que cuando tienes ídolos, cuando amas cosas por encima de mí, que en el caso de Israel eran ídolos de piedra, de plata, de oro, de madera... En el caso nuestro hemos hecho un ídolo más sofisticado. Pero en el caso de Israel, escucha lo que Dios dice a través de Ezequiel 16:25. Su lenguaje es fuerte, pero es real aún en nuestro idioma español; en el hebreo es todavía más fuerte. Escucha cómo comienza: "En cada esquina construiste santuarios y degradaste tu belleza". Ahora escucha, porque esta es la metáfora fuerte: "Te abriste de piernas, o abriste las piernas, a cualquiera que pasaba, a cualquiera que pasaba, y fornicaste sin cesar".
Cuando Dios quiso revelar lo horrible, lo horrendo, lo inmoral que era tener cosas, ídolos a los que tú les das tu corazón, usó la peor metáfora, por así decirlo, que pudo encontrar, y es la de la persona que se prostituía y debajo de cada árbol frondoso abría las piernas para el que pasaba, y fornicaste sin cesar.
De manera que cuando Santiago estaba hablando de "almas adúlteras", se está refiriendo al cristiano o al creyente que adapta su vida o abraza las formas que el mundo celebra y aplaude, pero que Dios rechaza. Nosotros, nuestros ídolos no son de plata ni de piedra, nosotros no los ponemos en altares, somos personas más sofisticadas, no tan primitivas. Nosotros no abrimos las piernas de esa manera; abrimos el corazón y allí colocamos los ídolos. Y nosotros peleamos e inventamos, creamos lenguaje sofisticado para mostrar que esto no tiene nada de malo. El problema está en que cuando te pregunto qué tiene de bueno, no sabes cómo hacerlo. Lo que implica que si no tiene nada de bueno, no puedo aceptar que no tiene nada de malo, porque no hay un terreno gris. Dime qué tiene de bueno a la luz de la Palabra. Y con esos ídolos cometemos adulterio espiritual. Eso es lo que Dios hace, usa esa metáfora.
Hermanos, cuando del mundo y del reino de Dios se trata, no hay zona intermedia. ¿Eres tibio o eres frío? Perdón, o eres frío o eres caliente, no hay tibieza. Escucha cómo Cristo lo dice en Mateo 12:30: "El que no está a favor mío está contra mí". Tan sencillo como eso. El que no está a favor mío está en contra mía, está a favor del reino de las tinieblas. Y el que no recoge a mi lado, desparrama.
Desafortunadamente, este mundo es el primer amor de muchos que se denominan cristianos. Y otros son un poco más hábiles, lo somos si quieres, me pueden incluir ahí, son un poco más hábiles en el grupo de cristianos. Y es que cuando decimos que Dios es nuestro primer amor, al mismo tiempo decimos: "Sí, pero este está por otra parte, yo no lo voy a dejar", que es una cosa en el mundo, la que sea, desde una persona a una cosa. Nosotros decimos amar aquello o aquel que está ahí arriba, pero sin dejar esto que está aquí abajo. Y Dios dice: "No, yo rehúso ser Señor dividido de tu vida".
Escucha lo que Juan dice en Primera de Juan 2:15: "No amen al mundo." Si lo dejáramos ahí, diríamos: "Bueno, se aplica a las filosofías del mundo, los valores del mundo, lo que el mundo piensa, cómo el mundo vive." No, escucha ahora: "No amen al mundo ni las cosas que están en el mundo." ¿Cuáles? Todas. Viniste sin nada, te vas sin nada. ¿Cuál es la afán? Porque querer atesorar, acumular cosas temporales, pasajeras, que no las tenías cuando entraste ni las tendrás cuando salgas... ¿Para dónde quieres? ¿A dónde piensas que te las vas a llevar?
Y es a eso que Santiago y Juan se están refiriendo cuando hablan de la mundanalidad. Santiago dice en el texto de hoy que el que quiere ser amigo del mundo automáticamente se constituye en enemigo de Dios. Como diría en inglés: choose, elige.
Esa tendencia a enfocarse en lo material ha infiltrado la iglesia, de tal manera que tú puedes leer muchísimo el libro de los Hechos. La iglesia primitiva pedía por santidad, pedía por poder para poder vivir en Su voluntad y soportar la persecución, pedía por gracia para perdonar, como lo hizo Esteban cuando lo apedreaban, imitando a Jesús cuando lo crucificaban. Pero hoy en día la iglesia pide tranquilidad en vez de santidad, que no nos persigan. La iglesia pide, o los líderes piden, poder para impresionar a otros, o piden prosperidad, como si la vida consistiera en la abundancia de bienes —algo que Cristo negó con las mismas palabras: la vida no consiste en la abundancia de bienes.
Y la iglesia está tan desenfocada hoy en día que muchos andan buscando cómo hablar en lenguas, pero ni siquiera han comenzado a obedecer los mandatos que están revelados y traducidos a nuestra lengua. Comienza obedeciendo los mandatos que tú entiendes en tu lengua antes de querer hablar lenguas extrañas.
Es una generación que está más preocupada por la póliza de seguro de vida —que no sé cuál vida están asegurando, porque te vas a morir— la póliza de seguro de vida que van a dejar a otros, más que por el legado espiritual que le van a dejar a esos hijos. Eso no es celestialidad, eso es mundanalidad.
En algún momento yo sé que todos nosotros de alguna forma nos hemos preocupado o pensado, creo que los sale, qué vamos a dejar a aquellos que queden de este lado. Y eso pudiera ser un pensamiento válido. La pregunta es: ¿cuántos se han detenido a pensar un minuto, un minuto, cuál es el legado espiritual que le voy a dejar a mis hijos o a mi esposa? Y después de determinar cuál es, ¿cuántos han dicho: "Yo voy a construir mi vida para dejar ese legado espiritual"?
¿Cuántos han pensado dejar quizá una pequeña biblioteca de unos cuantos libros subrayados, marcados, para decirle a la generación posterior, a sus hijos: "Estos libros, estas verdades, estos principios me marcaron por el resto de mi vida"? Quizás, quizás si tú lo pones en práctica, quizás marque tu derrotero. Yo les he contado en otra ocasión: a la edad de doce años yo abrí uno de esos libros de mi papá, leí "Se me ha dado la educación de un niño excepcional", y la primera frase con la que me encontré decía: "No hay nada más desigual que tratar igual a los que no son iguales." Y fui marcado para siempre con el entendimiento de esa frase.
Joel Beeke, uno de los hombres de Dios que ha estudiado los puritanos probablemente más que cualquier otro en nuestro día, está con vida, con nosotros todavía. Dice que la meta de los que persiguen el mundo es moverse hacia adelante en vez de moverse hacia arriba, es vivir horizontalmente en vez de vivir verticalmente. Buscan prosperidad en vez de santidad. Es como que quieren prosperar en lo económico antes de prosperar en lo santo. Hablan de deseos egoístas en vez de oraciones que salen del corazón. Si no niegan a Dios, lo ignoran o lo olvidan.
Cada vez que tú y yo pecamos, sabes que no decimos "Dios no existe." ¿Sabes lo que hacemos? Lo ignoramos o lo olvidamos para poder pecar, porque si lo mantenemos en mente, sabemos que Él nos va a evitar pecar. Entonces lo ignoramos o lo olvidamos.
Beeke dice, o peor aún, lo usan para fines egoístas. La mundanalidad —cierro la cita— es la naturaleza humana sin Dios. En otras palabras, la naturaleza humana cuando no tiene a Dios se comporta mundanalmente. Pero cuando tú y yo pecamos a la manera del mundo, en ese momento también estamos actuando como la naturaleza humana sin Dios, porque no estamos prestando atención a lo que Dios ya ha enseñado en Su Palabra y que nosotros sabemos.
C.J. Mahaney, en su libro "Worldliness" o "Mundanalidad," dice que el mayor peligro de la iglesia de hoy no es persecución por parte del mundo. La persecución no debe ser tu problema. Tú debes cuidarte... Déjenme leer la cita entera. El mayor peligro de la iglesia de hoy no es persecución por parte del mundo, sino seducción. La persecución te va a purificar; la seducción te va a mundanalizar. Cuídate de lo segundo.
Número dos: caminar con Dios —de eso es que estamos hablando— requiere humildad de corazón, y de lo contrario, te arriesgas a tener a Dios en tu contra. Hermanos, caminar con orgullo no es poca cosa. Estamos tan acostumbrados a nuestro orgullo que pensamos: "Bueno, todos lo tenemos." Todos lo tenemos, pero sabes que cuando no caminas en humildad de corazón, te arriesgas a tener a Dios en tu contra.
¿De dónde saqué eso, pastor? De Santiago 4:6: "Dios da mayor gracia. Por eso dice: Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes." Un gran contraste que está dicho ahí por la Palabra: Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes les da gracia. Nota que el texto no dice que Dios ignora, olvida o deja a un lado a los soberbios. No, Él se opone, se pone en su camino, le hace la vida imposible, por así decir.
Hermano, piensa que cuando tú estás frente a alguien que es orgulloso y tú lo estás detectando, tú tienes como algo dentro. Para ti es orgullo, es como casi ofensivo. Pues sabes una cosa: el orgullo que es ofensivo para ti es repulsivo para Dios. Y Dios lo ha revelado de más de una forma.
Si tú quieres saber qué tan repulsivo es el orgullo para Dios: cuando el rey Saúl en su orgullo decidió ofrecer sacrificio, que no le estaba permitido porque no era sacerdote, Dios le arrebató el reino en una noche. Una sola decisión, una mala decisión: "Te ha sido quitado el reino." Lo dejó, no digo como rey, pero no tenía la aprobación de Dios. Eventualmente terminó muriendo.
Cuando el rey Uzías, que había sido un buen rey por cincuenta años, se le ocurrió hacer exactamente lo mismo —ofreció sacrificio en el templo de Dios después que su corazón ya se había vuelto arrogante, dice el texto bíblico— Dios hizo que le cayera lepra y fue sacado del medio del pueblo por los últimos quince años.
Cuando Nabucodonosor sale al balcón y mira a Babilonia, dice: "¿No es esta la gran Babilonia que yo he edificado como residencia real con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad?" Dios lo llevó al campo y lo hizo comer hierba por siete años. Dios resiste a los soberbios.
Cuando el rey Herodes —el hijo del gran Herodes, no el Herodes que estaba cuando Cristo nació, no, su sucesor— cuando el rey Herodes en Hechos 12:23 de la misma manera proclamó su gloria, dice el texto que al instante un ángel del Señor lo hirió por no haber dado la gloria a Dios. Herodes murió comido de gusanos.
Dios tiene problema con el soberbio, con el orgulloso. El problema es que el orgulloso frecuentemente no escucha a nadie, solo cree en sí mismo, piensa en sí mismo, decide por sí mismo y para sí mismo. El problema que Dios tiene con el orgullo es que el orgullo es nuestra declaración de independencia, de autonomía: "Yo sé, yo puedo. No necesito a nadie más. No necesito el consejo de ningún otro, ninguna otra persona." Nuestro orgullo es nuestra declaración de independencia y de autonomía, a lo Adán, a lo Frank Sinatra: "A mi manera."
Dios se opone al corazón orgulloso. ¿Por qué? Porque el orgullo del hombre niega la soberanía de Dios. El orgullo del hombre toma sus propias decisiones contra todo consejo bíblico y todo otro consejo humano de parte de personas de Dios. El orgullo indispone al hombre para el aprendizaje. El orgullo te vuelve altamente vulnerable, porque como dice el libro de Proverbios: "Antes de tu caída surgió tu arrogancia, tu soberbia o tu orgullo," dependiendo de tu traducción.
Detrás de cada caída de cualquier ser humano —no importa si es la mía, Dios no lo permita en el día de mañana— ha sido precedida por orgullo en mi corazón o en tu corazón. El orgullo se cree autosuficiente.
Santiago dice que el Señor Dios se opone a los soberbios. Y Dios había dicho a través de uno de los salmistas: "No toleraré al de ojos altaneros ni de corazón arrogante." Dios no dice que lo olvidará. No, no, no lo voy a tolerar. Como no toleraría a Herodes, ni a Nabucodonosor, ni a Saúl, ni a Uzías, ni a ningún otro.
En Proverbios 6:16-17 se nos dice que Dios odia al de ojos soberbios. ¿Oíste lo que el texto dice? No dice que Dios odia la soberbia como de manera impersonal. No, yo odio a la persona de ojos soberbios.
Y hermanos, ¿cuántas veces nosotros nos hemos comportado con soberbia delante de Dios? ¿Cuántas veces nosotros hemos pensado o dicho: "Voy a hacer esto o aquello," y alguien nos ha recordado: "Pero eso tiene consecuencias"? "No, yo sé, pero yo las enfrento." ¿Cuántas veces hemos desafiado la autoridad de Dios? "No, pastor, mira, yo sé que yo peco, pero yo nunca he desafiado la autoridad." ¡Oh, no! Cada vez que tú pecas o yo peco, sabiendo que es pecado lo que voy a hacer, he desafiado la autoridad de Dios. Tú la conoces, yo también. Y por encima de lo que conozco, yo voy y lo hago. Es un desafío a Su autoridad revelada.
Y a veces entonces... bueno, no voy a ir a Dios hablando, pero en tu vida, cuando nos comportamos de esa manera y comienzas a encontrar oposición, o las puertas no se abren, las circunstancias no se dan, puede ser más de una cosa, pero frecuentemente es Dios que se ha opuesto a tu insubordinación.
¿Por qué Él se opone a los soberbios? En Santiago 4:6, Dios nos dice cómo caminar con Él. Dios da gracia a los humildes. Camina en humildad. Tú quieres mejora, no es tan complejo. Tú solamente tienes que caminar en humildad.
La palabra humildad no existía en el lenguaje de los griegos ni de los romanos. Los humildes para ellos eran personas que no eran nobles. No tenía ningún valor. Eran como serviles, indignos. Hubo que acuñar una palabra en el mundo cristiano para poder entender la humildad como un valor cultivable y necesario. ¿Tú te imaginas eso? Hasta ahí de extraño es el reino de los cielos.
La persona humilde sabe que se ve a sí misma como Dios la ve. ¿Y eso es cómo Dios te ve? Ve todo lo sucio que está dentro de ti, dentro de mí, aún después de haber sido regenerado. Y nos ve como alguien que no merece el perdón, pero que en su amor incondicional decidió amar. La persona humilde sabe que no tiene méritos delante de Dios. No tiene mérito delante de Dios. Él sabe que no es meritorio aún delante de los hombres. Y por eso entiende que no es merecedor para ser tomado en cuenta o invitado. Honestamente, hermanos, cuando la persona humilde es invitada, más bien se sorprende de que lo hayan invitado. No es como que me invitaron a no sé qué conferencia, claro, yo sé por qué. No. ¡Wow, en serio!
Caminar con Dios requiere, metafóricamente hablando, caminar con la frente baja. No con la frente en alto, mirando a los otros por encima de los hombros. Hermano, si tú lees la Biblia te darás cuenta que Dios usa enormemente a las personas humildes. El orgulloso no es inútil, es inservible para Dios.
A mí siempre me ha sorprendido la manera como Dios usó a Moisés. Yo no sé si hay otro líder en el Antiguo Testamento que haya sido usado como Moisés fue usado. Y eso me llamó extraordinariamente la atención. Pero luego yo encontré el porqué, leyendo la Biblia. Números 12:3 me dice que Moisés era un hombre muy humilde. Escucha, más que cualquier otro hombre sobre la superficie de la tierra. Ah, yo entiendo. Si no había nadie más humilde que Moisés, entonces no había nadie más útil para Dios que Moisés.
Y tú sabes por qué, entre otras cosas que Dios pueda decir, es que la persona humilde es la que sabe manejar las bendiciones del Señor. Cuando el humilde es bendecido, él no cree que se ganó esas bendiciones. Él no cree como, wow, mi obediencia ha sido tan mera, cómo me galardonaron. No. Él no cree que se merecía tales cosas. Y una vez bendecido, él no mira a los demás con desdén y por encima del hombro, como yo decía. Él no se cree más inteligente que nadie, él no se cree más sabio que los demás. Él simplemente vive su vida caminando humildemente con su Dios, delante de quien él no es gran cosa.
Pero Dios se complace en usarlo. Dios dice en Isaías 57:15 que el Señor habita con el de espíritu humilde y que vivifica el espíritu de los humildes. La vida cercana de los humildes le hace sentir su presencia manifiesta. Y cuando está cansado, le vivifica. Y cuando está triste, le vivifica. Y cuando necesita un empuje extra, el Señor vivifica su espíritu.
Miqueas 6:8 me dice, ¿sabes qué? Caminar con Dios no es tan complicado. Lo único que Dios requiere, escucha: número uno, tú practica la justicia; número dos, tú ama la misericordia; y número tres, anda humildemente con tu Dios. Eso es caminar con Dios. Eso es lo que Dios está pidiendo. Yo quiero que practiques la justicia en toda la extensión de la palabra. Yo quiero que ames la misericordia. Yo quiero que andes humildemente conmigo.
¿Sabes qué, hermanos? Con frecuencia nosotros citamos a Jesús. Alguien se comporta de una manera indecorosa o cualquier otra cosa, de manera orgullosa, y tú oyes a este cristiano decirle: mira, ¿tú sabes qué es lo que pasa? Es que tú debieras recordarte de Jesús. Tú debieras, mira cómo Jesús, siendo Dios, le lavó los pies a los demás. Vivimos usando a Jesús para confrontar a los otros, pero no hacemos todo el esfuerzo posible para imitar a Jesús. Porque si Jesús es tan increíblemente buen ejemplo para confrontar a los otros, ¿por qué no lo imitas en toda la extensión de la palabra? ¿Por qué no confrontas a alguien y le dices como Jesús? Mujer, ¿dónde están los que te acusan? Todos se han ido. Ninguno te acusa. Yo tampoco, vete en paz y no peques más. Es eso.
La Palabra nos manda a vestirnos de humildad en 1 Pedro 5:5. Nos manda a caminar en humildad y nos manda a evitar toda falsa humildad. Hermano, tú viniste vestido esta mañana y la vestimenta que tienes cubre tus zonas más privadas, obviamente. Las zonas que si fueran descubiertas te pudieran dar vergüenza. De esa misma manera, la humildad es como un vestido. Todos nosotros tenemos grietas y debilidades, y cuando tú tienes humildad, la humildad cubre tus grietas y tus debilidades de tal manera que el otro incluso ve tus grietas y debilidades con mayor gracia porque están cubiertas por tu humildad.
Así es como Dios nos llama a caminar. Santiago 4:6, Dios da gracia al humilde. 1 Pedro 5:5, Dios da gracia al humilde pero se opone al orgulloso, se opone al orgulloso.
Pastor, ¿y cómo se cultiva la humildad? Bueno, uno puede decir muchas cosas, pero como no tengo todo el tiempo, simplemente tú estudias el carácter de Dios, tratas de verlo, le pides a Dios que te abra los ojos. Cuando tú ves a Dios bien grande, tú te ves tan pequeño, tan diminuto, y ahora de repente tú eres humilde. Porque te viste como eres. Hermano, no tienes nada.
Personas vienen. Alguien me preguntaba, una joven, una muchacha bastante joven, muy sincera, vino acompañada al final del primer servicio y me dice: pastor, yo quiero preguntarle algo. A ver, dime, le dije. Bueno, yo sé que usted debe recibir múltiples halagos cuando viaja y demás acerca de cómo usted ha cambiado su vida. ¿Cómo usted lidia con eso? Y yo le digo: bueno, cada vez que terminan de decir lo que entienden, yo les digo, gracias por dejarnos ver cómo Dios cambió tu vida. Es una forma de recordarme, recordarle: Dios cambió tu vida. Yo entiendo lo que tú dices. Yo fui simplemente, yo fui un instrumento, pero yo lo tengo claro.
Y al final me dijeron estas dos jóvenes: pastor, ¿cómo podemos orar por usted? Bueno, entre otras cosas, que yo pueda permanecer caminando cerca con Dios. Porque cualquier cosa que tú puedas ver en mí, no es en mí, es la relación que pueda tener con Dios. Si me aparto, se me va, porque no está en mí. Está en una relación con Él, viene de Él, pero viene de Él, no es mío. Y eso te recuerda lo pequeño que tú eres.
La gente soberbia no se ha visto en el espejo. No se ha visto en el espejo del carácter de Cristo para que vea lo distante que está. O quizás no ha visto los hechos, sus hechos de los últimos meses o los últimos años para saber lo necesitado que está de limpieza continua.
Enseñanza número tres: caminar con Dios requiere reorganizar tu vida bajo su autoridad. Tienes no solamente que organizar tu vida, tienes que reorganizarla, pero bajo su autoridad. Santiago 4:7: Por tanto, sométanse a Dios. Ahí está, bajo su autoridad. Resistan, pues, al diablo, y huirá de ustedes.
En un mismo versículo Santiago me da dos ideas: una, sométete a Dios; dos, resiste al diablo. Y eso como que suena tan diferente. No, al contrario. Verás, cuando nosotros caminamos de manera contraria a la ley de Dios, estamos caminando de forma insubordinada, y Satanás lo sabe. Ve detrás de mí. Nuestra insubordinación me vuelve altamente vulnerable y en poco tiempo soy presa de Satanás. Esto es lo que ocurre cuando nosotros estamos en insubordinación. Eso vuelve a Satanás a mi favor. No sé si esto es lo que tú quieres tener, y a Dios en contra. ¿Quién podrá salvarte ahora? Satanás a tu favor y Dios en contra.
Y en el mismo texto, Santiago me dice: resiste al diablo. Pastor, ¿pero cómo lo hago? No es tan complejo, la cosa más fácil del mundo. Sométete a Dios. Cuando tú te sometes a Dios, cada vez que te sometes a Dios estás resistiendo al diablo, y sabes qué, va a huir de ti.
¿Sabes dónde está en la Palabra? Cristo fue al desierto y Cristo se juntó con el anticristo, Satanás, en el desierto. Y sabes que él le tentó, y cómo lo hizo. Simplemente se sometió a la voluntad de su Padre. ¿Qué dijo? ¿Qué hizo? Escrito está, escrito está, escrito está. Como escrito está, yo me someto a lo que escrito está, y Satanás se fue y lo dejó.
Pero cuando caminas en rebeldía, insubordinado con relación a Dios, Satanás viene y te pone adelante un bufé completo de tentaciones para que elijas según tu gusto. Tengo toda la variedad posible para que puedas divertirte a tu cargo. Pero con someterte a Dios, el diablo se frustra y dice: otro más. Otro que se me escapa. Y se aleja de ti. ¿Por qué? Porque no tiene poder contra alguien que camina bajo la autoridad de Dios.
Número cuatro: caminar con Dios requiere una vida de continuo arrepentimiento. Para allá era que Santiago iba desde que inició el versículo cuatro, para este texto. Caminar con Dios requiere una vida de continuo arrepentimiento. Escucha ahora versículos ocho y nueve: Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes. Limpien sus manos, pecadores, y ustedes de doble ánimo, purifiquen sus corazones. Aflíjanse, laméntense y lloren. Que su risa se convierta en lamento y su gozo en tristeza.
¿Cómo es eso? En el contexto, acercarte a Dios implica alejar tus pecados. Santiago le está diciendo, recuerda que le está llamando "sus hermanos amados, almas adúlteras", ahora les está diciendo: acérquense a Dios. ¿Por qué? Porque te has alejado de Él. Cada vez que le diste la bienvenida, le abriste la puerta al pecado, te has alejado de Dios. Tu vida luce mucho más desordenada. Esa es la mala noticia.
La buena noticia es que cada vez que te acercas a Dios, Dios se acerca a ti. Es lo que Santiago dice: acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes. No es como que te acercas a Dios y Dios esté, ¡ah, te fijas, ahora sí vienes! ¿Verdad? Ahora sí sufriste la consecuencia. Buen sinvergüenza. No.
El hijo pródigo lo tipifica. Él se alejó de su padre, que tipificaba a Dios, gastó todo lo que tenía. Y después que gastó todo lo que tenía en sus placeres, regresó. Eso es lo que implica acercarse a Dios: tú regresas, te devuelves, das un giro contrario. ¿Y qué hizo el padre? El padre le abrió los brazos y lo recibió. Santiago te está diciendo exactamente la misma cosa: acércate a Dios, Él se va a acercar a ti.
Santiago no está hablando simplemente de confesar tu pecado. Está hablando de un cambio de vida radical, como le pasó al hijo pródigo, que cambió su estilo de vida radicalmente. Y ahora está caminando, comenzó a caminar en santidad. Es como que alguien te hubiese visto envuelto en tus pecados y hubiese dicho: "Wow, tú estabas tan sucio y ahora te veo tan santo que ni te conozco". Porque frecuentemente es al revés, como que alguien estaba caminando bien, después estaba caminando tan mal, y alguien le dijo: "Yo ni te conozco". No, que sea al revés: que estaba caminando tan mal, y estaba tan sucio, que ahora me arrepentí y me ven tan limpio que me dicen que no me conocen. No, que no me puedes conocer, porque estoy caminando de otra manera.
Santiago dice: "Ustedes de doble ánimo, purifiquen sus corazones". Para Santiago, la persona de doble ánimo es aquella que dice ser cristiano pero vive como si Dios no existiera, como si Dios no juzgara, como si Dios no reaccionara en contra de aquello que a Él no le complace. El arrepentimiento es nuestra manera de limpiar nuestros corazones.
Y ahora, en esta última parte, por así decirlo, Santiago es un llamado serio relacionado con mi necesidad de arrepentirme. Escucha cómo lo dice el versículo nueve: "Aflíjanse, laméntense y lloren, que su risa se convierta en lamento y su gozo en tristeza". Volviendo a referenciar a Douglas Moo, él nos dice lo siguiente con relación a este texto: "La risa es frecuentemente la marca del necio en el Antiguo Testamento y en la literatura judía. Es típica de la persona que se burla de la idea de vivir moralmente y que abiertamente llevó una vida de indolencia y de placer". Es como la persona que dice: "Mira, sigue ahí, voy a vivir mi vida. Ve, ve, como que luego nos divertiremos".
Proverbios 10:23 dice que para el necio, escucha, para el necio hacer maldad es diversión, es la risa. Encuentra un sentido de diversión, de risa, en la maldad. Cristo se refirió a este lenguaje que Santiago usa, pero a su manera, en Lucas 6:25. Escucha: "¡Ay de ustedes los que ahora ríen, porque se lamentarán y llorarán!" ¡Ay de ustedes que hoy celebran su maldad, porque se lamentarán y llorarán!
Hermano, la persona, lo que Santiago está aludiendo cuando dice "aflíjanse, laméntense y lloren", es que él sabe que la persona arrepentida se siente triste por su pecado. Si no te sientes triste porque nadie se enteró y lo que estás simplemente es con vergüenza, eso no es estar arrepentido. Porque cuando se enteran de mi pecado, quizá me da vergüenza, eso es otra cosa. La experiencia de devolverme y la experiencia de dolor forman parte del vocabulario de arrepentimiento en el hebreo. Santiago está diciendo: arrepiéntanse de verdad, hasta el punto que se aflijan, se lamenten y lloren, porque entonces esa es la evidencia.
Enseñanza número cinco y última. Caminar con Dios, eso es lo que estamos aprendiendo. Caminar con Dios requerirá una vida de sumisión continua, voluntaria y deseosa, en vez de una vida que tiene que ser sometida en contra de la voluntad de la persona.
El versículo 10: "Humíllense en la presencia del Señor y Él los exaltará". Ustedes se humillan, es lo que Santiago está diciendo. En ocasiones, ¿verdad?, en consejería alguien te pregunta: "¿Cómo tú estás lidiando con todo eso en tu contra?" Imagínate si la respuesta es: "Hay que someter esto porque no hay de otra". No, eso no es así. No es eso de lo que Santiago está hablando. Esto es de esta otra manera: es una sumisión continua, voluntaria y deseosa. Yo deseo mi sumisión. Eso es lo que está hablando.
Porque cuando Dios tiene que humillarnos, esa es su forma de traernos de regreso de nuestra rebelión y nuestra insubordinación. Él trató de hacerlo de otra forma al principio por un tiempo, pero no escuchaste su voz, no escuchaste sus intervenciones sobrenaturales o aun naturales. Un hombre no humillado, una mujer no humillada, son inservibles para Dios. No les sirven. Los discípulos eran inservibles para Cristo hasta después de su muerte y resurrección. Mientras estaban pidiendo mano derecha y mano izquierda, no los podía usar. El humillarnos ante su presencia y aun ante los hombres es un requisito para ser usado por Dios.
Y el mejor ejemplo lo tenemos en el Hijo de Dios, que siendo igual a Dios, no consideró su igualdad con Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, o sea, se humilló a sí mismo. Y se hizo siervo. Y ahora Cristo te dice: esa es la manera de caminar con Dios. Cuando yo vine y te representé y me encarné para representarte, me sometí a Dios Padre, caminé sometido a Dios Padre. Y la manera como yo lo hice fue que yo me humillé voluntariamente, deseosamente, gustosamente, y fui e hice lo que Él me pidió. Así se camina con Dios.
Santiago dice: "Humíllense delante del Señor y Él los exaltará". ¿Qué tan seguro podemos estar de que los exaltará? Tú miras lo que le pasó a Cristo y lo que dice Filipenses 2: que Él se humilló a sí mismo, se hizo siervo, sufrió muerte, muerte de cruz. Y por eso, por esa humillación, Dios ¿qué cosa? Lo exaltó hasta lo sumo. El que se humilla, Dios lo exalta; pero el que se exalta, Dios lo humilla, dice la Palabra.
Es impresionante los refranes de la calle, cuánta sabiduría. Yo creo que los sacan de la Biblia y luego le ponen palabras coloquiales. Pero tú has oído el refrán: "Abájate, cadenita, que tu moño llega". El que se exalta, Dios lo humilla. Abájate, que serás humillado. Te humillas y serás exaltado. Hermano, esta es la forma de caminar con Dios.
La buena noticia es que Dios sabía que yo no podía hacer eso. No solamente que no podía salvarme, no solamente que no podía cumplir su ley, sino que no podía ni siquiera, ni podía ni puedo caminar con Dios, a menos que Dios me capacite para caminar con Él y me deje sin excusa. Entonces Él tomó su Espíritu, la tercera persona de la Trinidad, con poder infinito, lo puso a morar dentro de mí para que pusiera en mí no solamente la capacidad de hacerlo, sino el deseo de hacerlo: el querer y el hacer.
¿Qué excusa le voy a dar a Dios ahora? Cuando yo me pare delante de Él, que yo le digo: "Bueno, usted sabe que ahí era difícil y yo no tenía el deseo, no tenía el querer. Y otro sí, tampoco tenía el hacer". Y me diría: "Tú nunca tuviste ni el querer ni el hacer. Yo puse en ti el querer y el hacer. Lo único que existió fue que te insubordinaste y querías tú querer y tú hacer, y no el querer celestial y el hacer celestial, como mi Hijo lo hizo".
Por eso nosotros necesitamos que el Espíritu de Dios nos guíe. Yo necesito la llenura del Espíritu para vivir la vida del Espíritu. La llenura del Espíritu para vivir la vida del Espíritu. La llenura del Espíritu produce en mí el fruto del Espíritu. Con el fruto del Espíritu, la vida que Cristo compró en el poder del Espíritu. Pero yo quiero vivir mi vida. ¿Quién no quisiera? Cristo compró mi vida, Cristo compró mi vida en un sentido, pero es para darme su vida. Entonces ahora lo que yo tengo es su vida. Y para esa vida que Él me entregó, me dio su poder para que la viva para su gloria.
Entonces yo creo que cuando leemos textos como estos, tú te vuelves, te arrepientes. Tú te vuelves a decirte: "Señor, yo necesito..." No es que confieses. Cuando digo te arrepientes, eso implica que tú dejas que el impacto completo de la verdad de Dios te impregne hasta tristeza, como dice ahí, y dolor. Y luego te devuelves de tus malos caminos, te devuelves. Eso es el arrepentimiento. No es que confieses ahora, aunque todo comienza con eso. No es que confieses esta noche. No, es que te arrepientas, que te devuelvas.
Para que verdaderamente, luego, yo pueda cantar como cantamos. Yo no podía creer que estábamos cantando una verdad tras otra, desde "Yo te doy mi vida para honrar tu gran amor". ¿Tú oíste lo que estás diciendo? No es que yo te doy mi vida para evitar las consecuencias del pecado. No, esto es vivir como arrastrado, como una culebra. No, esto es decir en lo íntimo: la verdad es que cuando contemplo lo que Tú has hecho por puro amor, ahora yo te entrego mi vida para honrar tu gran amor. Yo pequé contra la ley de amor.
Y luego cantaste: "Mi lealtad y mi devoción son para ti". Mi lealtad es una, mi devoción aparte, la mejor familia. Lealtad de mi lealtad, mi devoción, son para ti, oh Santo Dios. Y, inmediatamente después, me pides que camine en santidad, que viva en santidad. Claro que tienes que pedir que viva en santidad, porque no puedo caminar contigo sino es en santidad. Y que no desee nada de este mundo. Y yo tengo una vida eterna y tú estás deseando cosas temporales. No entiendo.
Hermano, nosotros tenemos que cultivar esto continuamente. Hermano, después de lo que Cristo ha hecho por ti, ¿yo voy a estar mendigando cosas temporales? No, yo tengo que cultivar las cosas que tienen calidad moral y valor moral. Tú no tienes nada que me puedas ofrecer que me motive más, que no sea el hecho de que ya yo sé que Cristo me pagó hace dos mil años. Y eso le dije a otro de esos pacientes en este año, un pastor: "Pero dígame, ¿cómo le pago?" Y que yo estoy pago de hace dos mil años. No sé cómo me pagaría. Tienes que deshacerte de los valores de este mundo.
Padre, gracias. Gracias. Gracias porque cuando nosotros contemplamos la cruz, verdaderamente entendemos que este mundo no tiene nada que ofrecerme que pueda ser remotamente comparativo o que se pueda comparar con lo que Tú hiciste en la cruz. Lo único que yo puedo hacer, que sé que a ti te va a honrar, es que yo te dé mi vida y la viva bajo tu autoridad. No con temor para evitar que me castigues, no, que yo te dé toda mi vida para honrar tu gran amor que me diste en el Rey Salvador Cristo Jesús.
Ahí donde estás, pídele perdón, amigos. Haz una práctica de tu vida pedir perdón y arrepentirte todos los días. Quizás al final del día, todos necesitamos vivir una vida de arrepentimiento, hasta que entramos en gloria.
Señor, ninguno vive una vida como Cristo la vivió. Esa realidad es suficiente para decirte: perdóname. Yo recibo tu perdón. Pero ayúdame a que esa confesión que ahora hago sea una vida de regreso a ti, el comienzo de esa vida de regreso a ti, y yo sé que tú te vas a acercar a mí. Y no me dejes alejar de ti, porque lo que yo puedo tener hoy es completamente dependiente de que me quede cerca de ti. Cuando me alejo, lo pierdo.
Cuando tu Hijo caminó por este planeta, las cosas buenas pasaron en su presencia y cerca de él. No lejos de él, no en la periferia, sino como cuando una mujer tocó el manto y quedó sana. En la cercanía de Cristo pasaron tus bendiciones y tus milagros. Ayúdame a vivir una vida de milagro, cerca de ti.
En su nombre, amén.
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