IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cada inicio de año nos deseamos prosperidad, pero rara vez nos detenemos a preguntarnos qué significa realmente ser próspero a los ojos de Dios. El Salmo 1 responde esa pregunta con una imagen poderosa: el hombre verdaderamente feliz es como un árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da fruto a su tiempo y cuya hoja no se marchita. No es alguien libre de problemas ni rodeado de circunstancias perfectas, sino alguien cuya vida está arraigada en Dios. Este árbol no crece silvestre; ha sido plantado y cuidado por su dueño. Su estabilidad no depende del clima sino de su conexión con las corrientes que lo nutren: la Palabra de Dios.
El camino hacia esa bienaventuranza comienza con lo que debemos evitar. El Salmo describe una escalera de degradación: primero oímos el consejo de los impíos, luego caminamos en el sendero de los pecadores, y finalmente nos sentamos en la asamblea de los burladores. El impío no es necesariamente un criminal; es quien vive como si Dios no existiera, sea ateo teórico o práctico. Su consejo está en todas partes: en la idea de que valemos por lo que tenemos, en el mito de que dar rienda suelta a nuestros deseos nos llenará. Pero el pecado nunca ha satisfecho el corazón humano.
Contrario a lo que el mundo enseña, alejarse del pecado no es perder sino ganar. Sin embargo, rechazar el mal no basta; quien solo hace eso es un moralista. La verdadera prosperidad requiere algo más: deleitarse en la ley del Señor y meditar en ella de día y de noche. Ahí está la fuente que mantiene verde al árbol en medio de cualquier sequía.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Yo quisiera que fueran conmigo, por favor, al Salmo 1, comenzando en el versículo 1: "Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera. No así los impíos, que son como la paja que se lleva el viento. Por tanto, no se sostendrán los impíos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos, porque el Señor conoce el camino de los justos, mas el camino de los impíos perecerá."
Vamos a orar. Señor, gracias por tu satisfacción, porque como cantábamos, ella es como una lámpara a nuestros pies, como una lumbrera que ilumina nuestro camino. ¿Qué sería de nuestras vidas, Señor, si no la tuviéramos? Andaríamos perdidos en nuestros pecados, sumidos en nuestros hábitos que nos alejan de ti. Pero tú, Señor, a través de ella no solamente nos has dado salvación y nos has mostrado el camino a ti, sino que nos has dado las herramientas, Señor, para vivir una vida plena, una vida que te agrada, pero que nos llena a nosotros. Gracias, Dios, por ella. Ilumina nuestra mente, nuestro entendimiento, de manera tal, Señor, que podamos ver las grandezas de tu verdad. En el nombre de Jesús, amén, amén.
Este Salmo 1, que yo he decidido compartir con ustedes en el día de hoy, tiene relación con el espíritu de los inicios de año. Cada uno de nosotros, la mayoría de nosotros, ya sea al final del año o al principio de cada año, cuando vemos a familiares, amigos, relacionados, siempre les decimos: "Que pases un buen año." Les deseamos salud, les deseamos amor, les deseamos paz, deseamos que sea un año próspero. "Que tengas un próspero año nuevo" quizás es la frase más común en estos días: que tengas un próspero año nuevo. Y de alguna manera, todos nos deseamos cosas buenas para el año que comienza.
La razón por la que nos deseamos cosas buenas es porque entendemos que si esas cosas se dan en la vida, si tenemos amor, salud, prosperidad y esas cosas, entendemos que van a llenar nuestro corazón, van a hacernos felices, van a producir esa satisfacción en nuestra vida. Y yo creo que es un deseo legítimo de todo ser humano; es quizás uno de los deseos más comunes de todos los seres humanos. Todos queremos una vida feliz, una vida de satisfacción, una vida de plenitud.
En lo que diferimos no es en el deseo ni en el objeto de la búsqueda, porque cada ser humano busca ser feliz, busca sentirse feliz, satisfecho. En lo que diferimos es en la forma como queremos o como perseguimos ese estado de felicidad y de plenitud. Hay muchos caminos que el hombre ha seguido y hoy sigue todavía persiguiendo para lograr ese estado de felicidad y satisfacción.
Y yo quisiera, entonces, comenzando un año en el que nos deseamos buenas cosas, que nosotros fuéramos a la Palabra, y específicamente al Salmo 1, y viéramos qué define para Dios lo que es una persona feliz y próspera, qué define para Dios lo que es una persona satisfecha y plena. Porque obviamente, si hay alguien que tiene la suficiente información para decir en qué consiste la felicidad y cómo se logra, ese es Dios.
El Salmo 1 trata precisamente de eso, trata precisamente de la forma como una persona pudiera estar en un estado de satisfacción y plenitud, contar con el favor de Dios para su vida. En eso consiste el Salmo 1. Y yo le voy a hacer al texto cuatro preguntas que nos van a permitir extraer de este texto, de este Salmo, algunas de las verdades que contiene.
Yo les confieso que fue un reto preparar este sermón, porque a medida que estudiaba, que estudiaba lo que otros han escrito de este Salmo, que estudiaba lo que las palabras en el original significan, la cantidad de información que manejé fue tal que para contenerlo en un sermón se me hizo muy, muy extremadamente difícil. Es enorme la cantidad de verdades, de principios, de realidades que este Salmo retrata.
Pero yo lo he dividido en cuatro partes. En primer lugar, ¿de quién es que habla este Salmo? Dos, ¿cómo es descrita esa persona de la cual habla el Salmo? Tres, ¿qué caracteriza a esa persona? Y número cuatro, ¿cómo esa persona que es bienaventurada logra esa bienaventuranza, ese estado de satisfacción y de plenitud que el Salmo dice que esa persona tiene? Y con esas cuatro preguntas en la mente vamos a estudiar lo que el texto dice.
Comenzando primeramente: ¿quién o de quién es que este Salmo habla? Cuando nosotros leemos el Salmo completo, y eso fue lo que hicimos, vemos dos grupos de personas. Vemos al bienaventurado o al justo, y vemos al impío o a los pecadores. Dos grupos de personas, pero el énfasis del Salmo está sobre la persona que es bienaventurada. Esa es el protagonista del Salmo.
La palabra "bienaventurado" en el lenguaje original, tanto en el hebreo como su equivalente en el griego, significa una persona feliz, bendita, dichosa, una persona que siente algún grado de plenitud en su vida. Esta es la forma como está descrita la persona que aparece como protagonista de este Salmo: como una persona bienaventurada. Y así comienza: "Cuán bienaventurado es el hombre."
Hay una serie de aspectos específicos en estas palabras que nos ilustran o nos dejan ver algunas cosas importantes. En primer lugar, la expresión "bienaventurado" en el original aparece en plural, aunque la palabra "hombre" aparece en singular. Y es una forma hebrea de hablar del superlativo de algo. Por ejemplo, nosotros tenemos en el castellano, en el español, que cuando nos parece que un dulce está bueno, más o menos, decimos "está bueno", pero cuando está muy bueno decimos "está buenísimo". Esa expresión "-ísimo" al final es el superlativo. Está más allá que bueno, está muy bueno, está buenísimo. Esta expresión en el hebreo de poner la bienaventuranza en plural, refiriéndose a un hombre, tiene que ver con que esta persona no es solamente bienaventurada, es muy dichosa, en extremo bienaventurada, en extremo feliz. Es la persona que se está describiendo en este Salmo.
Pero algo que también es útil y que está en el texto es que "hombre" aparece en singular, y en el mismo versículo 1: "Bienaventurado es el hombre que no sigue el consejo de los impíos, que no anda por el camino de los pecadores, que no se sienta en la silla de los escarnecedores." Es interesante cómo el autor pone "el hombre" y "bienaventurado" en singular, y "los impíos", "los pecadores" y "los escarnecedores" como una multitud.
Lo que trata de recoger el Salmo es que, a pesar de que esta persona es muy dichosa, extremadamente feliz, extremadamente bienaventurada, la realidad es que son los menos los que encuentran esta forma de satisfacción que Dios ha provisto para el hombre. Son pocos los que deciden buscar la felicidad a la manera de Dios. Es escasa la población que le entrega su vida a Dios. Y eso no es extraño; realmente el cristianismo siempre ha sido, y los justos de Dios siempre han sido, una comunidad minoritaria dentro de la población.
En general, la mayoría de los seres humanos deciden estructurar su vida, deciden perseguir cosas en su vida que van en contra de lo que Dios ha dispuesto. Y en este camino, lamentablemente, pierden la oportunidad de ser bienaventurados, de ser felices. Pero el ser humano sigue intentando, porque no lo logra, intentando ser pleno, llegar a la satisfacción en su vida. Y Dios dice cómo, pero son pocos los que escogen este camino.
Cristo en Mateo 7 lo dice de la manera siguiente: "Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella." Y luego en el versículo 14: "Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan." Son pocos. A pesar de la extraordinaria bendición que Dios ilustra en el Salmo 1, de que benditos en extremo, bendecidos, felices son aquellos que buscan en él la satisfacción de la vida, son pocos los que hacen eso. Lamentablemente.
Entonces, ¿de quién es que habla este Salmo? Este Salmo habla de la persona que ha encontrado plenitud y satisfacción en la vida, y habla de cómo lo ha hecho. Esa persona es el protagonista del Salmo 1, y esa es la primera pregunta que yo quería responder o que queríamos que respondiéramos en el estudio de este Salmo.
Fíjese algo interesante también. "Cuán bienaventurado es el hombre", y cuando comienza a describirnos al hombre, no nos dice que el que es feliz, que el que es satisfecho, es aquel que disfruta de circunstancias óptimas en su vida. La bienaventuranza y la felicidad en la vida nunca han estado relacionadas con que el ser humano no tenga problemas, con que el ser humano no tenga sufrimiento, con que el ser humano no tenga dolor, con que el ser humano no tenga cosas difíciles en su vida. La bienaventuranza en la Palabra de Dios, la bendición y la satisfacción en esta vida, siempre han dependido de la relación íntima del hombre con Dios. Siempre, independientemente de sus circunstancias, sean óptimas o no sean óptimas.
Entonces, desde ya el Salmo nos deja saber dónde no está tampoco la felicidad. La felicidad no está en buscar una vida perfecta, en perseguir que no nos falte nada, en lograr que no tengamos problema ni dolor. La felicidad bíblica se define de una manera totalmente diferente.
Número dos. Segunda pregunta: ¿cómo se describe esta persona en este texto? ¿Cómo Dios la define? Y es increíble la fuerza que tiene la figura que usa el salmista para hablar del hombre bienaventurado. Es en el versículo 3, es un símil, y el salmista dice que el hombre bienaventurado es aquel, o será, "como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera." Se hace una comparación metafórica, un símil es lo que hay ahí.
De cómo este hombre se compara a la figura de un árbol que está firmemente plantado junto a corrientes de agua, da su fruto a su tiempo y su hoja no se marchita. Y es interesante ver que es un árbol plantado, no es un árbol silvestre, no es un árbol que se da en la ladera de una montaña sin que nadie lo cuide. Este es un árbol plantado, y plantado ¿por quién? Plantado por Dios. Es un árbol que tiene propiedad, que tiene propietario, que tiene cuido. Nadie planta un árbol y lo abandona; el que planta un árbol lo cultiva, lo cuida, lo protege, lo preserva. Dios, a aquel que busca su satisfacción en Él, Dios lo planta, lo afirma, y esta figura no es nueva en la Palabra.
Si nos vamos a Isaías 61, versículo 3, Dios habla de Su pueblo de la siguiente manera: "Estos serán llamados robles de justicia, plantío del Señor, para que Él sea glorificado." Dios habla de Su pueblo como un plantío, como una arboleda. Cristo, más adelante, en Mateo 15, versículo 13, dice lo siguiente: "Pero Él les contestó y dijo: Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado será desarraigada." O sea que Dios está en esta tarea de plantar árboles. Simbólicamente hablando, transportar árboles desde un terreno no fértil, no fructífero, un terreno donde no fluye el agua, donde los árboles están marchitos, a un terreno donde hay fruto, donde hay corrientes de agua que nutren el árbol, y donde este árbol entonces, trasplantado al plantío del Señor, comienza a ser fructífero, frondoso, aprovechable, útil para los que el árbol se supone que sea útil.
Esta figura de este árbol, lo primero que nos trae a la mente cuando hablamos de un árbol firmemente plantado, obviamente nos está hablando de la estabilidad de aquellos que ponen su confianza en Dios. El bienaventurado está plantado por Dios, firmemente plantado por Dios, y una de las características del hombre y la mujer bienaventurada que confía en Dios es su estabilidad de vida. Son gente inamovible, son gente que confía en la prueba, que persevera en la dificultad. Es la persona descrita por Cristo más adelante en los Evangelios, que Cristo caracterizó como el hombre prudente, como aquel que construye su casa sobre la roca. Cristo describió así a la gente que tomaba sus palabras y las ponía en práctica, como aquel que edificaba su casa sobre la roca, en contraste con aquel que edifica su casa sobre la arena, que vienen los vientos y las tempestades y se la llevan.
De hecho, si ustedes se fijan en el versículo 3, se nos habla del impío, que es como la paja que se lleva el viento. Lo primero que contrasta en este salmo, y que es una realidad de la vida bienaventurada, es la estabilidad que Dios le puede dar a una vida. Y la estabilidad tiene que ver, primero, porque es plantado por Dios, pero número dos, porque este árbol está bien alimentado, está plantado en el lugar correcto, junto a corrientes de agua.
Junto a diversas corrientes de agua. No por casualidad esa expresión está en plural en el original. Diversas corrientes de agua: así se seca una, hay otra; así se seca otra, hay otra. Diversas corrientes de agua que le permiten a este árbol ser fructífero, crecer a través de las diferentes circunstancias que se le presenten, porque está nutrido de diferentes vías. Así mismo es la provisión de Dios para el que confía en Él: es abundante, es generosa, es oportuna, para que el árbol se alimente. Y así como en el Nuevo Testamento se nos habla de que nosotros somos niños espirituales y se nos habla de la Palabra como la leche, como el alimento del niño, en este contexto el agua que alimenta el árbol, ¿cuál es? La Palabra de Dios. Es la Palabra de Dios que es el agua que nutre. El alimento del versículo dos dice que es el individuo que se deleita en la ley del Señor, que en ella medita de día y de noche. Ahí está su alimento, ahí está su provisión: sabiduría para los momentos de confusión, fortaleza para los momentos de debilidad, santidad para los momentos de tentación. Estas son las diversas corrientes de agua que fluyen a la vida bienaventurada, a la vida que está cimentada en Dios. Esta es la primera figura que aparece aquí.
Pero además de eso, nos dice que es un árbol que da fruto. Claro, un árbol plantado junto a corrientes de agua es un árbol que por definición da fruto. Es un árbol al lado del cual queremos estar. Queremos marotear algunos mangos, hay algunos aguacates, queremos beneficiarnos del árbol. Y así es la persona cuya vida está cimentada en Dios. Es una persona al lado de la cual queremos estar, porque es una persona que nos bendice, que nos ministra, que nos edifica. Podemos comer de su vida, podemos comer su paz, podemos comer su sabiduría, podemos comer su fortaleza. Y a veces nos decimos: "Pero ¿de dónde la saca?" De corrientes de agua que fluyen a su vida a través de la Palabra.
Este es el hombre que da fruto, da fruto abundante. Cristo en Juan 15 nos dice literalmente eso, que nosotros vamos a conocer quiénes son los hijos de Dios, no dependiendo de cuánto vengan a la iglesia, no dependiendo de cuánto oren, no dependiendo de cuántas buenas obras hagan, sino dependiendo de su fruto. Y el fruto tiene que ver con un carácter cambiado. Gálatas 5:22: "El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio." El fruto del Espíritu, un carácter cambiado por Dios, una persona diferente, una persona que cuando estamos alrededor de ella queremos estar ahí, queremos recibir de ella su bendición. Y no es que nos vamos a aprovechar de ellos, hermanos, porque hay algunos que, contrario a que dan fruto, drenan el fruto que otros tienen. Pero Dios los ha colocado entre nosotros, y tienen que haber algunos que fructifiquen más y otros que fructifiquen menos para que aprendamos a amarnos incondicionalmente.
Presten atención a la definición de este árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, plantado por Dios: es un árbol estable, es un árbol que está plantado en el lugar correcto, es un árbol que da fruto. Pero interesante, que no solamente dice que da fruto, sino que da fruto a su tiempo. "Dará a su tiempo su fruto." Y esto tiene dos posibles aplicaciones o interpretaciones. En primer lugar, yo no puedo sembrar una mata de mango hoy y comer mango mañana, ¿cierto? Él dará fruto a su tiempo. Cuando el hombre y la mujer de Dios es plantada en el reino de Dios, hay cosas en su vida que cambian inmediatamente, pero hay cosas que, en la medida que la Palabra de Dios va alimentando a esa persona, esa persona se va desarrollando. Entonces va dando fruto a su tiempo.
Y a veces nosotros los pastores, o algunos de nosotros hermanos que tenemos años en el caminar cristiano, a veces nos desesperamos cuando vemos hermanos que hacen una cosa y hacen otra. Claro, no con eso los excuso, pero a veces hay que ser paciente, sabiendo que el árbol producirá fruto a su tiempo. Ahora, si vemos como que el tiempo ya está pasado y ese individuo ya debía producir ese fruto, entonces tenemos que confrontarlo: "Sí, le proviene acá, esto ya tiene que haberse producido en tu vida y no se ha producido."
Pero el fruto a su tiempo también tiene que ver con que hay un fruto que se produce de manera oportuna en nuestra vida. Cuando yo estoy en medio de la prueba, yo necesito fe, el fruto de la fe, para yo aguantar la prueba. Cuando yo tengo la tentación, yo necesito la santidad de Dios, el fruto de la santidad, para yo poder soportar la tentación, o el dominio propio para poder soportar la tentación. Entonces el individuo que produce fruto a su tiempo es aquel que tiene la virtud correcta en el momento necesario. Este árbol que se alimenta de la Palabra de Dios, que está de ella nutrido, es un árbol que produce fruto a su tiempo, es un individuo que va a tener no solamente la palabra correcta en el momento correcto, va a tener la actitud correcta, la reacción correcta cuando sea necesaria.
¿Cuántos de nosotros a veces tenemos reacciones de las cuales cinco minutos después nos arrepentimos de haberlas tenido? Le hablamos mal a alguien, ofendimos a alguien, reaccionamos inapropiadamente. Y zas, no dimos fruto a su tiempo. Nos falta madurez para dar fruto a su tiempo. A veces por mera necedad, por mera desobediencia, pero lo hacemos. Y es la característica de este árbol. Fíjense que a lo largo de la descripción hay una sensación de que este es un individuo que aporta a la vida de los demás. Es un árbol fructífero.
Pero hay algo más en esta descripción: árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita. Su hoja no cae, dicen nuestras traducciones, representando lo frondoso, la frescura en la cual permanece el árbol a lo largo del tiempo. Pero hay algo sutil también en esta explicación. ¿Bajo qué condiciones un árbol se marchita? ¿Bajo qué condiciones una hoja se marchita? Cuando hay condiciones climatológicas adversas, cuando hay un calor, una sequía importante, la hoja tiende a marchitarse, es cierto. ¿Y cómo es que este árbol no se marchita? ¿Acaso no hay sequía? Sí hay sequía. Lo que pasa es que encima de la sequía, este árbol está conectado a corrientes de agua.
La diferencia entre mi vida y la vida de cualquier otra persona no es que yo no tengo problemas, es que yo tengo en los problemas una fuente de nutrición que no tienen, que es la Palabra de Dios. Ahí está el secreto de la hoja siempre verde. Es una hoja que se alimenta siempre de la Palabra de Dios. No importan las condiciones climatológicas, usando la figura, adversas. No importan las dificultades a las cuales nos enfrentemos: el calor, venga el temporal, venga el ventarrón. Pero si yo estoy cimentado en la Palabra de Dios, nutriéndome de ella, yo no voy a ver mi hoja marchitarse. Pero además de eso, la figura nos ilustra que es un árbol que permanece hermoso para siempre.
Nosotros externamente, en la medida que el tiempo pasa, nos vamos plegando, nos van saliendo canas, nos vamos avejentando, nos vamos encorvando, ya no somos tan hermosos externamente como lo éramos antes. Pero cuando Dios ve al hombre, Dios no ve el exterior. Si Dios ve un hombre, sí, ciertamente ha aquejado por la edad, ha aquejado por los problemas físicos, pero es un hombre que se ha alimentado en su vida de la Palabra, de la sabiduría de Dios, es un árbol a los ojos de Dios verde, frondoso, hermoso. Es un hombre que permanece, una mujer que permanece fresca en su vida.
Si hay algo de lo que yo he podido darme cuenta, es que en la medida que el ser humano envejece, cuando envejece sin Dios se va agriando. Y tenemos algunos dichos entre nosotros: "Bueno, eso es la vejez, esos son los años, se le cayeron los palitos". El ser humano se va agriando en la medida que envejece cuando lo hace sin Dios. Cuando el hombre envejece en el Señor, nutriéndose de su Palabra, la vejez produce sabiduría, el caminar con Dios produce nobleza. Es así, y nos gusta estar al lado de un anciano cristiano que se ha nutrido de la Palabra, porque tiene algo que decirnos; se la aprendió algo y lo aplicó a su vida y tiene algo con qué hablar. No es un árbol seco, es un árbol verde que todavía está dando fruto.
Y en este mismo versículo, de la descripción de este árbol, se agrega: "En todo lo que hace, prospera". Todo lo que este bienaventurado hace, prospera. Y obviamente, en la iglesia actual este es un versículo extraordinario para la predicación del evangelio de la prosperidad y para el evangelio de la comodidad: "Todo lo que hace prospera". Esto es lo que el Salmo está diciendo. Ya nosotros vimos que el contexto apoya la idea de que este árbol puede estar sujeto a temporales, a calor, pero no se marchita su hoja, no porque no hay temporales y calor, es porque está conectado a corrientes de agua.
Entonces, ¿qué es lo que nos dice este texto? La palabra en el original de "prospera" es que tiene éxito, pero ¿en qué? ¿En qué tiene esta persona éxito? En todo lo que hace. Vamos a suponer que una persona se deleita en la ley del Señor, como ese individuo en su ley medita de día y de noche, ¿qué ustedes creen que ese individuo va a hacer? La voluntad de Dios. Entonces, obviamente, un individuo cuyo deleite está en la Palabra, cuya meditación está en la Palabra, cuya vida está dirigida por la voluntad de Dios, todo lo que hace prospera, porque está haciendo constantemente la voluntad de Dios.
Exactamente eso Dios le dice a Josué. Josué 1, versículo 8: "Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él de día y de noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito, porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito cuando hagas todo lo que ahí dice". El Salmo 1 es un individuo que se deleita en Dios. El individuo que se deleita en la Palabra de Dios y no la vive, no se deleita, no es realmente. Entonces, el contexto lo que nos dice es que este individuo prospera en la voluntad de Dios.
Puede ser que yo monte un negocio un día y el negocio quiebre, pero si yo soy un individuo sembrado en la Palabra, habré prosperado. Habrá prosperado mi alma, habrá prosperado mi corazón, habrá prosperado mi vida. Ahora soy un individuo quizás más dependiente de Dios, que he conocido a Dios de otra manera, que he conocido la provisión de Dios, aunque mi negocio quebró. Es que la prosperidad de Dios, la prosperidad bíblica, cuando la analizamos a lo largo de las Escrituras, nunca ha tenido que ver solo con lo económico. Y de hecho, hay versículos que apoyan la idea de que Dios llama próspero a individuos que son pobres, o a individuos que están en ruina a los ojos del hombre; para los ojos de Dios son árboles verdes, que su hoja no se marchita. Entonces, la Palabra hay que leerla en su contexto, pero leyéndola también espiritualmente, porque Dios es un Dios espiritual, un Dios de corazones.
Número tres, esta es la segunda pregunta: ¿Cómo se describe esta persona bienaventurada? ¿Hay algunas características dentro del pasaje que me dicen quién es esta persona bienaventurada? ¿Cuál es su condición personal, cuáles son sus condiciones personales, qué tiene, qué no tiene, qué disfruta, qué no disfruta?
Y la primera cosa que me dice a mí quién es esta persona es que cuando comienza el Salmo, el Salmo dice: "Bienaventurado es el hombre". Y parece sutil, pero no dice "bienaventurado es el santo", "bienaventurado es el eminente". Bienaventurado es el hombre común y corriente; puede ser bienaventurado si es que su vida está fundamentada en la sabiduría de la Palabra de Dios. Todos nosotros, si hay una verdad universal, una verdad que aplica a todos los seres humanos, es que nosotros todos somos pecadores. Eso es una doctrina vital del cristianismo: la universalidad del pecado. Nadie se escapa a la condición de hombre o mujer pecadora a los ojos de Dios.
A pesar de eso, el Salmo nos dice: "Bienaventurado es el hombre". Sí, es el hombre pecador, sí es el hombre débil, sí es el hombre inseguro. Él puede ser bienaventurado si su deleite está en el Señor y si se aparta del pecado; puede ser bienaventurado. No hay ninguna condición especial en la naturaleza de esta persona. Y qué es rotundamente común pensar que este tipo de promesas, que este tipo de realidades están dichas para una casta especial de cristianos: solo para los pastores y los predicadores y los líderes de la iglesia, para los santos, para los reformadores. No, esto es escrito para el común de los hombres, si es que estamos dispuestos a deleitarnos en la ley del Señor, a meditarla de día y de noche, y apartarnos del pecado, como vamos a ver en un momentito.
Eso es lo primero: es un ser humano común y corriente. No es un ser humano con posición, con posesiones; es un ser humano común y corriente. Lo otro es que es una persona dependiente de Dios: está firmemente plantado junto a corrientes de agua. Él necesita la nutrición de Dios, él depende de la nutrición de Dios. No es un ser autosuficiente, no es un ser arrogante; es un ser dependiente de Dios, que de Dios recibe su alimento, de Dios recibe su instrucción y su sabiduría para poder vivir. Esa es la persona bienaventurada.
Pero además de eso, el versículo cuatro nos dice que es una persona justa. Nosotros sabemos, obviamente, que Dios con mucho cuidado define quién es el justo y quién no es justo delante de Él. Pero sin ánimo de entrar en toda la discusión que hay detrás de si hay hombres justos o no hay hombres justos hoy en día —según la revelación que tenemos hoy en día, todo el libro de Romanos se habla de eso—, el hombre justo, la mujer justa delante de Dios es aquella persona que ha puesto su confianza en Jesucristo para el perdón de sus pecados y lo ha hecho Señor de su vida.
Literalmente, Romanos 10, versículo 9, dice que si confesamos con nuestra boca que Jesús es Señor y creemos que Dios le levantó de los muertos, seremos salvos. Pero nosotros sabemos que cómo opera eso es que cuando yo pongo mi confianza en Jesucristo para el perdón de los pecados, Dios ahora, por su gracia y por su misericordia, me da, me acredita la justicia de Cristo a mi favor; ahora yo soy justo.
Entonces el hombre y la mujer bienaventurada de este Salmo es un hombre, una mujer creyente en Dios, siervos del Dios Altísimo, hijos de Dios, que han puesto su confianza y su fe en Jesucristo para el perdón de sus pecados, se han sometido, su vida, a su Señor. Y ese es el hombre y la mujer bienaventurada. Porque podemos pensar que yo puedo aplicar esto como una fórmula en mi vida: "Ah, yo voy a hacer lo que el Salmo dice, yo voy a leer la Biblia, yo voy a estudiarla y yo voy a apartarme del pecado como la Biblia dice". Es poco probable que una persona que no haya entregado su vida previamente al Señor, y que tenga el Espíritu Santo en su corazón, pueda hacer eso de hecho. Pero quería hacer esa aclaración: la mujer y hombre bienaventurado implica una entrega de nuestra vida al Señor Jesucristo.
Es el justo, porque teológicamente ese es el justo en la Biblia. No es el bueno; no hay hombre bueno, dice Romanos 3, no hay uno bueno. Solo aquellos que se acercan a Dios en búsqueda de perdón y en arrepentimiento. Esta es la persona bienaventurada: es un ser humano como cualquier otro, no tiene posición, eminencia, situación económica privilegiada; es una persona dependiente de Dios, pero sobre todo es una persona que ha entregado su vida al Señor Jesucristo.
La cuarta pregunta que le hacemos al texto: ¿Cómo logra esta persona su estado de bienestar, de bienaventuranza y satisfacción? ¿Cómo lo logra? ¿Cómo? ¿Qué es lo que el Salmo dice? ¿Cómo el Salmo explica que esa persona llegó a ese estado? Y es en el versículo 1: en primer lugar hay algo que evitar; en segundo lugar, hay algo que perseguir, versículo 2. Lo que el hombre bienaventurado, la mujer bienaventurada evitan es el pecado en todas sus manifestaciones: huyen del pecado, lo resisten. Pero en el versículo 2 nos dice que en la Palabra de Dios, en la ley de Dios está su deleite, y en ella medita de día y de noche. En todo hay algo que evitar, hay algo que buscar, algo que perseguir.
Comencemos con lo que hay que evitar. Versículo 1: "Bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores". Hay un principio extraordinario detrás de ese señalamiento, porque se dice: el que es feliz es el que se aparta del pecado. Hoy en día, sobre todo dentro de los jóvenes, existe la idea, la perversa idea, de que el que mejor pasa la vida es el que más rienda suelta da a sus deleites y a los placeres. De hecho, muchos jóvenes, también muchos adultos, pero hago énfasis en los jóvenes que son los que están tratando de probar las cosas de la vida.
Muchos jóvenes envidian la situación de aquel que tiene más, de aquel que posee, obtienen relaciones con más mujeres, o de aquel que tiene una posición de poder. Y ponen la esperanza en que si logran poder, dinero, placeres, eso los va a llenar de satisfacción y de plenitud. Y desde el principio Dios dice: bienaventurado es el hombre que no anda en esos caminos. El pecado nunca ha llenado el corazón humano; lo contrario, nos hace miserable. El salmista decía, no solamente el salmista, pero en Proverbios se dice: todo aquel que busca la riqueza como fuente de satisfacción no se va a saciar de riquezas. Pablo más adelante viene y dice que el que se quiere enriquecer cae en una especie de lazo y de trampa de Satanás. Y la realidad nos dice que la gente, mientras más acumula, muchas veces más se aleja de lo que un ser humano debe ser. Y no digo que todo el que acumula lo hace; lo que digo es que cuando lo hacen de una manera pecaminosa y perversa, entonces pasa eso.
Por este primer texto, esta primera parte nos dice eso: contrario a lo que la gente piensa, en el trichao, en dar rienda suelta a los placeres, no hay plenitud y satisfacción en la vida. Lamentablemente muchos no se llevan de ese consejo y deciden probarlo por ellos mismos, pero treinta años más adelante se dan cuenta de que no es así y han perdido treinta años de su vida. Treinta años en que pudieron estar verdaderamente satisfechos y no lo estuvieron por estar probando la corriente de este mundo.
Lo primero que yo hago, miren lo que dice: el bienaventurado es aquel que no anda en el consejo de los impíos. Primero, ¿quién es un impío y cuál es su consejo? Para nosotros saber dónde es que yo no debo andar. Bueno, el impío no es el criminal que está preso ni el criminal que anda suelto. El impío, por definición en el original, es aquella persona que vive sin Dios, que vive sin buscar a Dios, que vive sin glorificar a Dios, que Dios no pinta nada en su vida. Puede ser un ateo, sea teórico o sea práctico. ¿Cuál es la diferencia entre un ateo teórico y un ateo práctico? Bueno, el ateo teórico es el que dice: "Dios no existe." Él está intelectualmente afirmado, nos está diciendo: "Dios no existe." El ateo práctico es el que dice: "Oh, yo creo en Dios," pero vive su vida como si Dios no existiera. Dios no figura en la gente a la que le pidió opinión para ver cómo él vive su vida. La Palabra de Dios es un libro interesante, pero no es su manual de vida.
Pero sea que yo estoy en la categoría de ateo teórico o de ateo práctico, el impío es quien vive sin considerar a Dios en sus caminos. Y yo me pregunto quién está en peor condición: ¿aquel que dice que Dios no existe? Eso es un ignorante. ¿O aquel que dice "no, Dios existe" y vive su vida como si no existiera? Es un arrogante. Entonces yo no sé quién está mejor, si el ignorante o el arrogante; los dos están muy mal. Pero el impío es ese. El impío puede ser una persona respetable de la sociedad, un hombre ciudadano ejemplar, pero es un impío si no somete su vida al Creador del universo. Entonces hay más impíos de lo que nosotros pensamos; hay mucho impío.
¿Cuál es su consejo? "Yo no ando en el consejo de los impíos." Bueno, el consejo de los impíos está en todos los sitios, en todo lugar hay consejo de los impíos. Yo le voy a poner algunos ejemplos de consejos a nivel general y después algunos ejemplos específicos. Por ejemplo, existe el consejo, la idea de que el que más tiene es el que más vale, una idea materialista de nuestra generación. El ser humano cree que vale por lo que tiene, por el carro que tiene, por la ropa que viste, por el trabajo que ostenta, por la casa que compró. Y es tan así que hay gente que compra y adquiere cosas para enrostrárselo al otro.
Y es tan así que a veces nos encontramos con un amigo que hace diez años que no vemos y le preguntamos cómo le ha ido, y la persona nos dice: "Bueno, yo he trabajado y he tenido," y lo vemos que llegó en un carrazo y no sabemos más nada. Y cuando nos preguntan: "¿Viste a Fulano?" "Sí, lo vi y le está yendo más o menos bien porque anda en un carrazo." ¿Nada más? ¿Le preguntamos cómo está su familia? ¿Le preguntamos cómo está su corazón? ¿Le preguntamos qué él ha aprendido como ser humano en los últimos diez años? ¿Le preguntamos si se ha acercado a Dios? No, anda en un carrazo, a Fulano le está yendo más o menos bien. ¡Uy! Ahí lo ven: consejo de los impíos. El ser humano vale por lo que tiene, no por lo que es.
Y a veces encontramos el caso contrario: personas que no les ha ido tan bien económicamente, pero son personas más profundas, sonrisas más serias. "Bueno, a Fulano se está comiendo un cable." Fíjense cómo definimos la gente en función de eso. Ese es el consejo de los impíos. Entonces, ¿qué pasa? Cuando yo creo que lo que yo tengo me da valor, en términos prácticos yo voy a hacer lo que sea necesario para lograr tener. El delincuente delinque, el empresario evade impuestos o paga de menos a sus empleados, el empleado roba, el funcionario coge soborno. Porque si la sociedad nos dice que el hombre vale por lo que tiene, los seres humanos van a buscar tener a costa de lo que sea. Y entonces, cuando el consejo de los impíos prevalece, la sociedad se vuelve un caos porque todo el mundo está halando para su lado.
Para yo otro consejo de los impíos que es muy común: el ser humano es el centro del universo. Lo que a ti te gusta está bien y lo que no te gusta está mal. Haz lo que tú quieras siempre y cuando no le hagas daño a nadie. Y ya han creído esa mentira. Cada vez que yo cometo un pecado, cada vez que yo rompo un matrimonio por un placer personal, le estoy haciendo un daño enorme a mucha gente. El pecado nunca, nunca trae buenas cosas. El pecado tiene consecuencias y tiene costos: a veces personales, a veces familiares, a veces sociales, pero tiene costos. Y un consejo generalizado de los impíos es que, mira, si tu matrimonio tiene cinco, seis, diez años y ya tú no sientes ese amor del principio por tu pareja, es mejor, oigan esto, es mejor que te separes para que no te sientas obligado. Consejo de los impíos. Llévate del consejo de los impíos y tu vida será no bienaventurada. Ese es el consejo de los impíos y eso está en cada área de la vida, hermanos.
Si el consejo de los impíos era un problema para el salmista cuando no había televisión, ni internet, ni radio, imagínense hoy, que el consejo de los impíos es masivamente enseñado a la población a través de los medios masivos de comunicación. Hoy en día el consejo de los impíos es un problema mayor para el cristiano, porque el cristiano quiere vivir como el mundo vive, quiere hacer lo que el mundo hace, quiere comprar lo que el mundo compra, quiere vestir como el mundo viste, quiere oír la música que el mundo oye. Y entonces estamos caminando en el consejo de los impíos, y ahí pasamos a la otra etapa que el salmo describe.
Lo primero que yo hago: yo oigo el consejo de los impíos. Lo segundo: yo camino en el camino de los pecadores. Es el segundo paso. Si le pongo atención al consejo de los impíos, estaré caminando en el camino de los pecadores. Y si yo busco consejo en el mundo para resolver mis problemas en la vida, para darle frente a la vida, yo voy a estar caminando en el camino de los pecadores, hermanos. La mayoría bíblicamente nunca ha tenido la razón, y aunque ese consejo es lo que todo el mundo hace, es lo que todo el mundo cree, así es que todo el mundo vive, no importa. Nosotros no estamos llamados a ser parte de la mayoría, sino de la minoría que es bienaventurada, la que se aleja de ese consejo.
Entonces, este es el problema con el consejo de los impíos: que está en todo lugar, y a veces sin darnos cuenta hemos respirado el consejo de los impíos y reaccionamos como el consejo de los impíos nos recomienda. ¿Cuántas veces yo he dado con diversas personas que tratan a las personas que le ayudan en la casa, a las personas que le ayudan en los trabajos, de una manera despectiva? Y la expresión es: "Si tú le das el brazo te coge el cuerpo entero." Consejo de los impíos. Tu papel es tratar la persona como imagen de Dios que es. Si esa persona se pasa contigo, es problema de ella, no tuyo; en ese momento tú lo confrontas.
Pero cuántas veces, y eso pasa con la crianza de los hijos, es la escogencia de un colegio para mis hijos. El consejo de los impíos es buscar el mejor colegio académicamente hablando. Ojo, si este es tu criterio de buscar el mejor colegio académicamente hablando, tu hijo va a tener problemas. Tienes que buscar un colegio, sí, la academia es importante, pero más importante es la formación, la formación del corazón de tu hijo, para que no llores lágrimas de sangre por llevarte del consejo de los impíos. Entonces, yo puse una serie de ejemplos, pero esto tiene aplicación a todas las áreas de la vida. Evalúa cada decisión que vas a tomar, cada entretenimiento que vas a disfrutar, si eso pertenece al consejo de los impíos o al consejo de Dios en tu vida.
Eso es lo segundo: que no se detiene en el camino de los pecadores. O sea, si oigo el consejo de los impíos, estoy creyendo lo que ellos creen. Si caigo en el camino de los pecadores, estoy haciendo lo que ellos hacen. El bienaventurado se aleja de todo eso, se aleja de todo eso. Prácticamente el principio detrás de esta recomendación es que el cristiano está llamado a ser separado, separado del mundo.
Es la razón por la que el pastor ha estado predicando en los últimos tres domingos: el cristiano y la mundanalidad. Cuando uno ve el título, yo veo, pero qué tiene que ver el cristiano con la mundanalidad. Sí tiene mucho que ver, porque hoy en día la vida del cristiano está muy definida por el mundo. Y aunque parece un título contradictorio, ¿cómo puede estar junto el cristiano y el mundo? ¿Cómo puede estar el cristiano envuelto en la mundanalidad? Tristemente esa es la realidad de mucha, mucha gente cristiana.
¿Y qué pasa? Que como su vida es dirigida por el consejo de los impíos, por el camino de los pecadores su vida carece de plenitud, de satisfacción, carece de corrientes de agua que le den sabiduría, dirección para dirigir su vida. Y vemos entonces cristianos fracasados creyendo que en base a declaraciones que hacemos, vamos a vencer las tentaciones de la vida. "Declara tal cosa y declara tal cosa, declara tal cosa." No. Profundiza en la satisfacción de Dios. Profundiza en la Palabra. Nútrete de ella, edifica tu vida en la sabiduría de Dios y deja de declarar sin más, para que Dios te bendiga verdaderamente.
Por último, este individuo ni oye el consejo de los impíos, ni camina el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores. ¿Quiénes son los escarnecedores y cuál es esa silla para yo no sentarme ahí? La palabra "silla" en el original, aunque se ha traducido como silla, la palabra significa asamblea, reunión. La reunión con los escarnecedores. El escarnecedor va más allá del impío. El impío vive como si Dios no existiera; el escarnecedor se burla de Dios, se burla del pueblo de Dios, se burla de las verdades de Dios.
Y uno dice: "Bueno, pero yo no conozco gente así." Yo conozco gente así. Yo conozco gente que le ha dicho a su hijo: "Si tú sigues llegando a la iglesia, eso te va a poner loco. Si tú sigues llegando a la iglesia, te va a poner loco." Eso es una burla al consejo de Dios, a la sabiduría de Dios. "No te vuelvas tan fanático tampoco, porque te van a lavar el cerebro." Eso es un escarnecedor. Una persona que agrede la persona de Dios, agrede su ley, agrede su sabiduría.
De estos lo que esta expresión significa: "ni se sienta en la silla de los escarnecedores," ni participa en la asamblea de los burladores, implica que de esa gente mejor es separarse. De la gente que tiene una vida en completa y clara oposición a Dios es mejor separarse. Y que Dios en su misericordia sea que le abra los ojos en algún momento.
Entonces, en resumen, ¿quién es el individuo bienaventurado? Dichoso, extremadamente feliz, es la persona que rechaza el pecado en su vida. Pero fíjense que en este texto, ahora les voy a enfatizar dos cosas más que son bien importantes. En este texto se nos ilustra que hay un escalero, un espiral de degradación, desde oír el consejo de los impíos hasta sentarme en la silla de los escarnecedores. Si yo comienzo a oír el consejo de los impíos, sin darme cuenta prontamente estaré sentado, o más bien caminando el camino de los pecadores. Y si no me doy cuenta y el pecado se hace parte de mi vida, eventualmente estaré en la asamblea de aquellos que ofenden a Dios.
Si no conocemos el pecado, alejémonos, tratémoslo de lejos, porque nuestra propia naturaleza, por lo que somos, si comenzamos a participar del consejo de los impíos, prontamente estaremos en la silla de los escarnecedores. Hay una escalera de degradación. Y quiero enfatizar lo que mencioné al principio: claramente la Biblia se opone a la idea de que el pecado pueda saciar el corazón humano. Esa es la idea más generalizada, más común del ser humano, de que si le da rienda suelta a su placer y a sus deseos, él tendrá satisfacción y plenitud. Eso es una mentira. Eso no es así. Y mientras sigamos creyéndolo y sigamos moldeando nuestra vida en ese sentido, lamentablemente nos alejaremos de la posibilidad de ser bienaventurados a la manera de Dios.
Felices, contrario a lo que mucha gente cree, y esto también el salmo lo deja expresado, la vida en Dios llena al ser humano. Lo hace pleno, lo completa, lo coloca en el lugar para el cual el hombre fue diseñado: para glorificar a su Creador. Y mucha gente cree que venirse al cristianismo es dejar cosas. No es dejar cosas, es ganar cosas. Es ganar santidad, algo que es contrario a lo que el mundo busca. Es ganar enfocarte en Dios, algo que es contrario a lo que el mundo busca de estar aquí en todo lo material. Es ganar cosas, no es dejar.
Y a veces la gente dice que ser creyente no le es fácil. No, no ser cristiano es lo difícil. Porque cuando yo no cuento con la Palabra de Dios para saber cómo resuelvo un problema con un hijo, para saber cómo le hago frente a una dificultad, para cuando tengo una muerte familiar yo saber en qué tengo puesta mi esperanza, cuando yo vivo así, eso es lo difícil. Es difícil vivir así. Es fácil vivir con un Dios que nos ha dicho: "Yo, tú vas a buscar mi reino y mi justicia y yo te voy a proveer. Buscas a mí, deléitate en mí y yo te voy a llenar." Eso es fácil. Claro, hay algunas renuncias humanas.
Pero todo esto está en este salmo. Si nos quedamos ahí en rechazar el pecado simplemente y no hacemos nada más, somos unos moralistas. El salmo nos indica que este individuo no solamente rechaza el pecado, rechaza el consejo, rechaza el hábito y rechaza la asamblea de los pecadores. Él encuentra su deleite en la ley del Señor. O sea, él no es un simple moralista.
Y ciertamente el individuo que se aleja del pecado y no busca a Dios, va a haber gente que lo hace. Hay gente que es un moralista, que cree en los principios y las convicciones, pero no busca a Dios. Hay algunas miserias que él se va a evitar, pero hay un gozo que él no va a conocer. Él se va a evitar algunas cosas, porque cuando yo no ando en la calle siendo infiel a mi esposa, yo me he evitado algunos problemas. Yo me he evitado un problema. Uno se ha evitado un problema. Ok, eso es cierto. Pero si él no da el paso siguiente que dice el versículo 2, que se deleita en la ley del Señor, va a haber un gozo que él no va a conocer, que le va a pasar por arriba.
Y ese es el tema del próximo mensaje: qué implica no solamente alejarnos del pecado, como dice el texto, ahora qué implica entonces. Porque es lo que el bienaventurado sí hace. Nosotros hemos visto lo que el bienaventurado no hace, pero qué es lo que el bienaventurado hace en su vida, qué es lo que él persigue, qué es lo que él busca, de dónde es que él se nutre de la Palabra de Dios. En la ley del Señor está su deleite y en su ley medita de día y de noche. Y el próximo domingo vamos a ver qué implica eso para nuestra vida.
Y ahí completamos entonces todos los elementos para nosotros poder tener una búsqueda de la felicidad bíblica, de la prosperidad y la bienaventuranza bíblica, que podamos entonces no solamente glorificar a Dios, sino que en el trayecto sentir plenitud y satisfacción y edificación en la vida.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.