Toda transformación genuina comienza cuando nos acercamos a Dios, y no hay meta de año nuevo que valga si primero no atendemos nuestra relación con el Creador. Podemos proponernos bajar de peso, ahorrar o leer más, pero mientras estemos lejos de Dios, los problemas se multiplicarán y nada avanzará de manera consistente. La historia del hijo pródigo en Lucas 15 ilustra con claridad el camino de regreso: un joven que exige su herencia, la malgasta en un país lejano y termina tan desesperado que envidia la comida de los cerdos que alimenta —el trabajo más degradante para un judío.
El proceso de acercamiento a Dios sigue cuatro pasos que el sermón resume en cuatro verbos: cansarse, humillarse, rendirse y gozarse. Primero hay que experimentar insatisfacción genuina con la vida que llevamos; si todo nos parece bien, nada cambiará. Luego viene la humildad de admitir el pecado —no decir "lo siento" sino "he pecado contra el cielo y contra ti". El tercer paso es rendirse, pasar de la actitud de "dame lo mío" a la súplica "hazme como uno de tus siervos". Finalmente, cuando el padre ve al hijo todavía lejos, corre a abrazarlo, le pone el anillo de autoridad y ordena un banquete: hay celebración porque lo perdido fue hallado.
Dios no guarda rencor ni espera que recorramos todo el camino solos. Él toma la iniciativa, corre hacia nosotros y tiene siempre algo mejor preparado. La pregunta que queda es sencilla: ¿dónde estás tú hoy, en el "dame" o en el "hazme"?
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Lucas capítulo quince. Vamos a estar hablando y el sermón lo he titulado "Cómo acercarme más a Dios". Cómo acercarme.
Primero, a modo de introducción, ante todos nosotros: hoy es el último día de enero, creo, ¿verdad? Muy bien, entonces este es el mes de enero que aún hasta el día de hoy, posiblemente, se conoce comúnmente como el mes de las resoluciones. Todos nosotros de alguna manera hacemos resoluciones que queremos lograr en un nuevo año. Y aquí es donde nosotros nos volvemos un poco filosóficos, románticos, yo diría idealistas.
Yo busqué rápidamente las resoluciones más comunes que la gente se hace. Y hoy me ha sometido la idea: este año voy a bajar de peso, no voy a comer dulces, voy a comer más vegetales, voy a ahorrar algo cada mes, voy a hacer ejercicios todos los días por la mañana, voy a aprender inglés, voy a aprender computadora, voy a visitar más a la familia, voy a estudiar más. Y hay metas espirituales también: voy a estar en la iglesia, voy a leer la Biblia en un año, voy a hacer los devocionales, etcétera, etcétera.
Definitivamente, yo creo que todos estaríamos de acuerdo, no es decir que eso es algo malo. Es bueno, nos hace sentir retados, nos hace sentir diferentes. A todos nos parece interesante el poder tener una esperanza sobre algo que podemos lograr, sobre algo que podemos hacer. Sin embargo, el problema de la mayoría de nosotros con esas resoluciones es que apenas pasan unas semanas. Entonces se nos olvida. Es una realidad que experimentamos año tras año: muchos planes, muchas metas muy lindas, pero poco resultados.
Ahora yo pienso, y es la propuesta que tengo para ustedes en esta mañana, que en el rango de cualquier meta que podamos alcanzar, cualquiera que sea nuestro sueño, cualquiera que sean esas esperanzas, lo primero que debemos procurar es una transformación de nuestras vidas con Dios. Todo debe comenzar con Dios. De hecho, no vamos a avanzar en ningún área de la vida, consistentemente, si no estamos viviendo una vida cercana a Dios. El primer cambio que debemos procurar es con nuestra relación con Dios.
Eso es lo más importante. De hecho, déjenme decirles, es la más poderosa de todas las transformaciones. Es una transformación que nos cambia del vacío en la vida a una vida de plenitud. Es la transformación que nos cambia de un sentido de derrota, de un sentido de fracaso, a una vida de esperanza, de gozo en Él. Es una transformación que nos cambia de una vida de inseguridad y de dudas a una vida de confianza, a una vida de identidad. Es la transformación, es la necesidad que todos nosotros, de alguna manera, debemos aspirar.
Y la idea es esta: mientras más lejos estemos de Dios, más problemas vamos a tener. Mientras más lejos estemos de Dios, más problemas vamos a tener. Vamos a tener más dificultades, falta de entendimiento, muchas cosas van a salir mal; no estamos cooperando con la obra del Creador en nuestras vidas. Por otro lado, mientras más cerca de Dios, mi vida va a ser transformada. Mi vida va a ser transformada.
De hecho, nosotros podemos ver las Escrituras. Por ejemplo, piense en esto: el apóstol Pablo. Ese es uno de los casos más increíbles en la vida. El apóstol Pablo, cuando finalmente tuvo un acercamiento personal con Jesucristo, cara a cara, su transformación fue radical. De un terrorista religioso pasó a ser el apóstol del amor. ¿Usted puede creer eso? De perseguir la iglesia a ser el autor del poema más hermoso del amor jamás escrito.
Encontramos a Isaías. Cuando usted estudia la persona de Isaías, él fue transformado de una persona comúnmente deprimida a uno de los profetas más valientes que encontramos en el Antiguo Testamento. Piense en Moisés: se acercó tanto a Dios que dice la Biblia que incluso la transformación sucedió en su apariencia. La gente tenía que apartar la vista de él; su cara casi resplandecía, que estuvo tan cerca de Dios que recibió su luz y ya en él no había oscuridad. Moisés fue espiritualmente, emocionalmente, físicamente transformado.
Nosotros, en esta mañana, queremos hablar de esta transformación espiritual. La pregunta es esta: ¿cómo puedo yo procurar estar más cerca de Él? ¿Cómo puedo yo permanecer más cerca de Dios? O si tú te has alejado de Dios, ¿cómo puedo yo regresar a una relación más estrecha con Él?
Algunos algunas veces dicen: yo recuerdo un tiempo en mi vida cristiana cuando Dios era tan fresco para mí, cuando la comunión con mi Dios era tan real. Yo disfrutaba su presencia. Cuando yo venía a la Palabra, mi alma era enriquecida. Cuando yo participaba en un servicio de adoración, mi corazón era ministrado. Dios era cercano para mí, podía percibirlo. Pero ahora es como si Dios está lejano, es como si mis oraciones quedan en el techo de mi casa. Es como cuando leo su Palabra, es como letra muerta; no me impacta, no me reta, no me consuela. Es como cuando llego al servicio de adoración, no disfruto.
La pregunta entonces: ¿cómo puedo yo estar más cerca? ¿Cómo puedo venir, cómo permanecer? Porque si yo estoy cerca de Dios, por la unción de su gracia, yo podré iniciar un proceso de transformación en otras áreas de mi vida.
Afortunadamente nosotros tenemos una historia en la Biblia que nos enseña acerca de esto. Nos habla acerca de cómo podemos acercarnos a Dios. Es una de las historias más famosas de toda la Biblia: la historia del hijo pródigo, o como algunos han dicho, realmente la historia no es del hijo pródigo, sino de un padre que es amoroso. Porque la historia enfatiza más la actitud del padre que la actitud del hijo.
Así que yo quiero que busquemos en Lucas capítulo 15, por favor, si son tan amables. Vamos a estar trabajando a partir del verso 11. Déjenme introducir cómo comienza esto. Lucas capítulo 15, un poquito del contexto aquí. Versículos 1 al 2 es la base de todo lo que resta en el capítulo 15 de Lucas. Algo sucede entre Jesús y los religiosos de la época que inspira a Jesús a completar el capítulo 15.
Vean el verso 1 y 2. Dice: "Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: Este recibe a los pecadores y come con ellos."
¿Qué es lo que Jesús hace? ¿Y por qué los fariseos, los maestros de la ley, están tan enojados con Jesús? Jesús recibe a los pecadores. De hecho, Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores. Damos gracias a Dios por esta iglesia porque es casa de salvación. Si eres un pecador, bienvenido a casa. De eso se trata. Para eso estamos aquí; somos un hospital del alma, no somos un museo. Eres bienvenido. Dios es así. Jesús se acercaba a los pecadores. Ellos querían estar cerca. El problema con eso es que a los fariseos religiosos eso no les gustaba. De hecho, el texto dice que ellos murmuraban.
Y Jesús, viendo la actitud de los fariseos, dijo: aquí hay una oportunidad para instrucción. Yo quisiera —es la idea de lo que Jesús está diciendo— yo quisiera enseñarles aquí cuál es la actitud de los cielos cuando hay algo perdido y se encuentra, cuando hay un pecador que alcanza la salvación.
Y la manera como Jesús lo hace es trayendo tres historias o tres parábolas. Desde el verso 3 al 7, la parábola de la oveja perdida, y el énfasis es el gozo en los cielos porque una oveja que estaba perdida se ha encontrado. Desde el verso 8 al 10 es la parábola de la moneda perdida, y el énfasis de nuevo: algo está perdido y se encontró. Y desde el verso 11 al 24 es la conocida parábola del hijo pródigo.
Esta mañana, lo que nosotros vamos a hacer es que nos vamos a concentrar en la tercera de esas historias: la historia del hijo pródigo. Entonces, déjenme leerla, y luego comentamos.
Lucas capítulo 15, versos 11 al 24. Lean conmigo. Estoy leyendo la Biblia, la versión de las Américas. Si difiere un poco de la suya, está bien, estamos los dos leyendo la Biblia.
"Jesús dijo: Cierto hombre tenía dos hijos. Y el menor de ellos le dijo al padre: Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde. Y él les repartió sus bienes. Y no muchos días después, el hijo menor, juntándolo todo, partió a un país lejano y allí malgastó su herencia viviendo perdidamente. Y cuando lo había gastado todo, vino una gran hambre en aquel país y comenzó a pasar necesidad. Entonces fue y se acercó a uno de los ciudadanos de aquel país, y él lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Y deseaba llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Entonces —es clave ahí en el verso 17— volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, pero yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre, yo he pecado contra el cielo y ante ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores. Y levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión de él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó. Y el hijo le dijo: Padre, yo he pecado contra el cielo y ante ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus siervos: Pronto, traed la mejor ropa y vestidlo, poned un anillo en su mano, sandalias en sus pies, y traed el becerro engordado, matadlo, comamos y regocijémonos. Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado."
¿No te encanta esa historia? Esa es una historia impresionante. Aquí está la historia que en esencia lo que enseña es cómo cada uno de nosotros tendemos a alejarnos de nuestro Creador, alejarnos del Padre que nos hizo, alejarnos del Dios que nos ama.
Y este joven comienza de esta manera: "Padre, a Dios, como quieras, yo quiero que me des lo mío. Yo quiero que me des lo que legítimamente me pertenece." Es todo sobre mí. Dame lo mío. Esto comienza con una vida egocéntrica. Yo soy el centro del asunto, y ahí es donde comienzan los problemas. Él dice: "Dios, dame lo mío. Lo quiero ahora. Hay, por cierto, estoy apurado."
Lo quiero y lo quiero ahora. Y si yo no puedo pagar por eso, lo tomo a crédito. Así que es todo deprisa. Dame lo mío y ahora.
Y si yo me... Este joven empaca todos sus asuntos y se va al Punta Cana de Jerusalén. Y allí él malgasta todo su dinero, todo su tiempo, toda su energía: vino, mujeres, canciones, especialmente mujeres. Y allí él entra en una crisis. Allí él cae lo más bajo. Y él se convierte en una persona básicamente sin hogar y familia. Encima de eso, como si eso no fuera poco, la nación entra en una tremenda recesión económica. Y hay una gran hambruna en la tierra ahora. Nadie tiene qué comer. Así que nadie tiene ni siquiera qué compartir, como me digo, con un chico de la calle. No hay qué compartir.
Este joven no puede ni siquiera encontrar un trabajo. Las cosas van de mal en peor. Finalmente encuentra una granja donde lo contratan para hacer el peor trabajo que pueda hacerse en una granja: alimentar a los cerdos. En realidad, una nota de explicación aquí. Para un judío eso no era una buena cosa, pero había mucho que celebrar. Porque se supone que como judío tú no puedes tocar un cerdo. Se supone que tú no tienes nada que ver con la carne de cerdo. Entonces, por así decirlo, él consigue el peor trabajo que podía conseguir un joven judío: alimentar a los cerdos.
Este individuo está en una necesidad tan grande y de desesperación, de esta gran desesperación, que él ve la comida que sobra de los cerdos. Y él dice: "¡Ave María, eso no se ve tan malo!" Pero usted tiene que estar muy desesperado para usted creer que la sobra de la comida de cerdo está buena. Y ahí estaba este hombre. Y nadie le daba nada.
Entonces, viene un momento en que el joven cae en cuenta. Él vuelve a sus sentidos. Él piensa. Y él dice: "¡Los sirvientes! Los trabajadores más pobremente pagados en el empleo de mi padre comen mejor que yo." Y la idea es: ¿qué es lo que yo estoy haciendo?
El conflicto es este. Él sabe que ya no merece el amor de su padre. Él malgastó la mitad de la herencia de su padre. Todo lo que su padre había alcanzado trabajando arduamente. Él dice: "¡Esto es lo que voy a hacer! Cuando me voy a volver a la casa, a pedirle a mi papá no que me acepten en la familia, porque yo eso es impensable. Lo que yo debo decir a mi papá es: contrátame. Quiero ser tu empleado. Prefiero ser un sirviente en tu casa que estar aquí en un país lejano, muriéndome de hambre."
Y ustedes conocen la historia, ya vimos cómo el padre respondió. Y quiero llamar la atención a cuatro cosas aquí que necesitamos experimentar para poder acercarnos a Dios. Cuatro aspectos de este proceso que todos nosotros, no importa en la condición que estemos, necesitamos experimentar para estar más cerca de Dios.
Yo no sé cuál es tu situación en esta mañana. Tú puedes estar muy, muy, muy lejos de Dios. Quizás no has asistido a la iglesia en años. De hecho, quizás es tu primera vez en la iglesia hoy aquí. O tal vez tú no estás tan lejos. Quizás estás un poco más cerca. O quizás simplemente tienes una semana en que tu comunión con Dios ha sido enfriada. Sin embargo, todos necesitamos acercarnos más a Dios. Este es el camino a la transformación en nuestra relación con Dios.
¿Cómo puedo acercarme a Dios? Lo primero es: tú tienes que experimentar cansancio en el estilo de vida que tienes ahora. En segundo lugar, tú tienes que humillarte. Tienes que reconocer tus pecados. En tercer lugar, tú tienes que rendirte. Tienes que volver a tu Padre. Finalmente, tienes que gozarte. Hay una celebración cuando estamos cerca de Dios.
Yo he tratado, para fines de facilitar la memorización, de usar cuatro palabras. Tienes que cansarte. Tienes que humillarte. Tienes que rendirte. Tienes que gozarte. Cuatro aspectos de esto. Vamos a tratar una a una.
Lucas capítulo 15, versículo 13. En primer lugar, tú tienes que experimentar cansancio en la vida. Tienes que cansarte. Y es el versículo 13: "No muchos días después, el hijo menor, juntándolo todo, partió a un país lejano y allí malgastó su hacienda viviendo perdidamente. Y cuando lo había gastado todo, vino una gran hambre en aquel país y comenzó a pasar necesidad."
Y está ahí. Las cosas no estaban bien. No estaban bien. Él empezó a experimentar problemas. Y en algún grado, todos nosotros necesitamos experimentar algo como eso. Para que haya transformación en nuestras relaciones con Dios, algo de eso debemos experimentar. No estoy bien. Estoy cansado. Estoy cansado de mis circunstancias. Estoy cansado de la manera como estoy viviendo. Yo no quiero gastar otro año, otro mes, otra semana, otro día viviendo de esa manera. Yo no disfruto la vida que tengo. Me siento muy solo. A veces estoy deprimido, estoy muy ocupado. Yo ni siquiera me agrado a mí mismo.
Nada va a suceder hasta que no te sientas insatisfecho con la forma en que estás viviendo. Tiene que existir un grado de cansancio. Tiene que existir un grado de insatisfacción. Si tú dices: "Bueno, no, la verdad es que yo estoy bien. Yo estoy muy bien. Yo no creo que necesito hacer ningún cambio", entonces yo te diría: te vas a quedar sentado ahí. Porque nada va a pasar en tu vida hasta que tú digas: "Esto que estoy viviendo no me gusta."
Tienes, de nuevo insisto, que experimentar algo de eso. Estoy estresado todo el tiempo. Estoy frustrado y ya estoy cansado de estar frustrado. Tiene que haber ese desespero. Tiene que haber esa hambre. Tengo que desear el cambio con ansiedad. Nada sucederá hasta que yo vea mi necesidad.
El joven gastó todo y dice el versículo 14 que comenzó a pasar necesidad. Ahí es donde comienza la transformación. ¿Dónde tú estás? Es mi pregunta. Si tú dices: "Bueno, la verdad es que estoy bien", entonces Dios lo que va a hacer es que va a enviar un poco de lluvia a tu vida. Y si eso no funciona, entonces Dios permitirá un poco más de lluvia en tu vida. Y si eso no funciona, Dios enviará una tormenta. Porque Dios te recibe como eres, pero te ama demasiado como para que te quedes así. No dejará que tú desperdices tu vida.
Cuando Dios quiere llamar nuestra atención, Dios toca la puerta. Si tú no abres la puerta, Dios toca la puerta. Y si tú no abres la puerta, Dios derrumba la puerta. Algunos experimentan el derrumbe de esa puerta en la vida. A algunos, Dios lo que hace es que les quita las comodidades, trae incertidumbre en el aspecto de trabajo, crisis en la relación matrimonial, pérdidas de amistad o algo así, porque Dios quiere bendecirnos, Dios quiere acercarnos. Ese es el primer paso para iniciar una transformación espiritual: sentirme disgustado como estoy, descontento en mi gozo con Dios.
Un texto en la Biblia, Jeremías capítulo 29, versículo 13. Si son tan amables, por favor. Jeremías 29:13. Es un texto que vimos en el retiro de parejas. Jeremías 29:13 dice esto. Dios dice así: "Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón."
Hay una búsqueda de Dios que determina nuestro acercamiento a Dios. Dios es demasiado glorioso como para ser disfrutado con una búsqueda indiferente. Dios quiere que le busquemos con todo el corazón. Tengo que sentirme así. Yo tengo que llegar a un punto donde no veo a Dios como una opción, sino como mi única esperanza de salvación.
Entonces, tengo que sentirme cansado. En segundo lugar, tengo que humillarme. No solamente tengo que cansarme, tengo que humillarme. Miren el versículo de nuevo en Lucas capítulo 15, por favor, si son tan amables. Lucas capítulo 15. Dice el versículo 17: "Entonces, volviendo en sí, él dijo: ¿Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra? Pero yo aquí perezco de hambre. Esto es lo que haré. Yo me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre, yo he pecado contra el cielo y ante ti."
Yo quiero llamar la atención a la palabra que él usa aquí. Él dice: "Yo he pecado." Él no dice: "Discúlpame." Él no dice: "Lo siento." Él dice: "Perdóname. He pecado." Humillarse es admitir el pecado.
Este joven experimentó necesidad. Y luego él fue humilde. Dice el texto que él volvió en sí. Y ese fue el aspecto de reflexión. Esto es más o menos lo que él dijo. Es un punto en que se puso a ver a su alrededor y dijo: "Esto es una locura lo que yo estoy haciendo. Esto es una tontería. Esto es una locura. Yo no podré mantener este estilo de vida que estoy viviendo ahora. Eso no es sostenible."
Cuando tú sientes ese cansancio, entonces tú caes en cuenta, ahí es donde tu alma despierta, la realidad te da en la cara. Amigo que estás aquí, escucha esto: vivir sin Dios, eso es una locura. Eso no tiene sentido. Vivir sin Dios no es racional. Vivir apartado del Creador que te hizo, eso no es lógico. Eso no tiene sentido.
Cuando este joven cayó en cuenta, él dijo: "Yo he pecado. Yo he pecado contra el cielo y contra ti." Déjame decirte, nada va a suceder hasta que nosotros lleguemos a ese punto. Nosotros vivimos en una sociedad que hemos sido entrenados para culpar al otro de todos los problemas. Somos así.
Yo tengo que admitir mi problema. Con toda humildad, yo tengo que admitir el hecho de que no he estado viviendo adecuadamente con Dios. Tengo que admitir que he estado viviendo a mi manera. Estoy haciendo mi vida de la manera que yo creo que es mejor. He diseñado mi vida de tal manera que he levantado protección contra mis temores. Lo estoy haciendo a mi manera. Estoy tratando de controlar todo a mi alrededor. Y me estoy dando cuenta que no puedo controlarlo. Estoy cansado de intentar controlar todo. Estoy a punto de renunciar a mi cargo como director general del universo. Porque el universo no está cooperando conmigo. Así que yo admito y me humillo.
¿Qué es lo que admito? Mi pecado. Un texto en Isaías. No tienen que buscarlo. Isaías 59:1-2 dice aquí: "No se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír. Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios. Y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír."
Dios está ahí. Dios está en el mismo lugar que ha estado siempre. Si nos sentimos lejos de Dios, como alguien decía...
Entonces, adivina quién fue que se movió. Dios no se mueve. Dios no se ha ido de vacaciones. Dios no se ha ido a un país extranjero. Dios siempre está ahí, incondicionalmente. Entonces, si nos sentimos lejos de Dios, nosotros nos hemos apartado. ¿Saben cómo nos apartamos de Dios? Cuando le damos nuestro amor a otra cosa. Cuando le damos lo mejor de nosotros a algo más.
Hay una palabra en la Biblia que se usa para eso, y se llama ídolo. Ídolo. Nosotros en Latinoamérica, especialmente en Latinoamérica, por el trasfondo católico, cuando pensamos en un ídolo, pensamos en cosas raras: unas batas raras, una vela, unas imágenes. No, no, no, no, no, déjenme aclarar esto. Un ídolo puede parecerse a tu carro. Un ídolo puede parecerse a tu trabajo, a tu apariencia, a tu vestido. Todo lo que ames más que a Dios es un ídolo. Puede ser tu matrimonio, puede ser tus hijos. Dios dice: "No te harás dioses ajenos delante de mí." El dinero puede ser un ídolo. El éxito puede ser un ídolo. El deporte puede ser un ídolo. Y esas no son cosas malas en sí mismas. No lo son. Solo que no son merecedoras del primer lugar en nuestra vida.
Así que yo tengo que admitir mi problema. Tengo que admitir mi problema. Tú estás tan cerca de Dios como eliges estarlo. En la gracia de Jesús, en el sacrificio perfecto de Cristo, nosotros estamos tan cerca de Dios como elegimos estarlo. Realmente tú no puedes culpar a nadie de eso. No puedes culpar a tu marido. No puedes culpar a tu esposa. No puedes culpar a tu madre, a tu hermano, al pastor. De hecho, no puedes culpar al gobierno de eso. Esas son de las pocas cosas por las cuales uno no puede culpar al gobierno. Estás tan cerca de Dios como eliges estarlo. El hecho es que tú no te sientes tan desesperado. No estás lo suficientemente cansado y agobiado para decir: "Necesito más a Dios en mi vida. Necesito más a Dios."
Entonces, yo primero experimento cansancio. En segundo lugar, yo experimento humildad. Reconozco mi pecado. Dios está dispuesto a perdonar nuestros pecados. Amigo que estás aquí, Dios se deleita en perdonar el pecado. ¿Qué puedo yo esperar cuando estoy dispuesto a confesar mis pecados? Dios se deleitará.
Dice Isaías 1:18: "Venid ahora, razonemos, dice el Señor. Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán." ¿No es ese un hermoso versículo? Él dice: "¡Oh, bien! No importa lo que haya manchado tu vida, yo lo puedo perdonar. Yo lo puedo quitar."
A ver, ¿ha visto usted en la televisión esos anuncios de detergentes? Entonces ponen un uniforme de béisbol del niño que más sucio no puede estar. Entonces le echan poquito de eso y casi de toparlos, se supone —eso es mercadeo, claro— ¡pum, blanco! Este es el versículo Clorox de la Biblia. ¡Ah! ¡Todo el óxido se va! ¡Es gloria! Tú no tienes que vivir esclavizado el resto de tu vida. Jesús murió en una cruz para eso. Hay esperanza en Jesús.
Ahora, en tercer lugar, también tengo que rendirme. No solamente cansarme, no solamente humillarme, tengo que rendirme. Miren conmigo de nuevo en Lucas capítulo quince. Yo me rindo y me ofrezco a Dios. Dice el verso 17: "Entonces, volviendo en sí, él dijo: ¿Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra? Pero yo aquí perezco de hambre. Entonces yo me levantaré. Yo iré a mi padre, le diré: Padre, yo he pecado contra el cielo y ante ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo." Y oigan lo que él dice: "Hazme como uno de tus trabajadores."
Miren el contraste. Quiero, por favor, graficarlo en la vida ahora. Si les digo lo único del sermón entero que usted va a recordar, yo estaría feliz. Yo quiero por un momento que usted vea el antes y el después en el corazón de este joven.
Vamos al antes. Miren la actitud del joven, verso 12: "Y el menor de ellos le dijo al padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Quiero lo mío rápido. Ahora me pertenece, es mío. Vino la crisis y ahora vamos al verso 19: "Yo no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Hazme como uno de tus trabajadores." Y yo pregunto: ¿nota usted algún cambio aquí? Él se va diciendo: "Merezco. Quiero. Dame, dame lo mío rápido. Se trata de mí." Y él regresa diciendo: "Hazme." Es muy diferente "dame" a "hazme". Eso es cambio.
Cuando tu corazón se mueve de una vida egocéntrica a una vida enfocada en Dios. Cuando tu corazón se mueve de una vida centrada en ti mismo a una vida centrada en Dios. El verdadero cambio no es por fuera. El verdadero cambio es por dentro. ¿Dónde estás tú? ¿En cuál modalidad? ¿Estás tú diciendo: "Dame, dame, dame lo mío ahora rápido. Quiero que me complazcan. Me molesto si no me lo dan. Y no quieras tú verme bravo. Yo soy el centro del universo. Hay que complacerme. Quiero lo mío y nadie me lo quita"? ¿Dirían algo? ¿O estás tú en la modalidad de decir: "Yo no quiero. Yo quiero que me cambies. Yo quiero que me hagas. Yo quiero que me transformes"?
El pastor Miguel está enseñando un estudio que me encanta aquí: no es hacer, sino ser. Es de eso que se trata. Hazme. Dios está en el negocio de transformarnos a la imagen de Su Hijo. ¡Amén! ¡Amén!
Un versículo de la Biblia en 2 Corintios 3:18, no lo busquen, lo voy a leer: "Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados." Es un proceso continuo que nunca termina. No solo una vez, sino es un proceso. "Somos transformados a Su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu."
La palabra que se traduce aquí como "transformado" en el original, en el griego, de donde viene la palabra metamorfosis. ¿Qué es la metamorfosis? Cuando una mariposa pasa por una transformación. Primero es una oruga, un gusano, una pupa, una crisálida, y luego una mariposa. Es una metamorfosis. Y es a su tiempo. De hecho, hay un momento en el proceso donde es bastante feo, como un gusano. ¿Usted ha visto un gusano? Lo único que hace es arrastrarse en las hojas. Pero no está terminado el proceso. Dios está en la tarea de transformarnos a la imagen de Su Hijo. Dios no quiere que tú seas una oruga. Dios quiere que seas mariposa. Eso es de lo que se trata el cambio. Dios te hizo para que vueles alto. Dios te hizo para que no te conformes con cosas tan pequeñas como las terrenales. Dios quiere que tú tengas aspiraciones de la eternidad.
¿Cómo yo me acerco a Dios? Yo tengo que experimentar cansancio de cómo estoy. Tengo que humillarme, admitir mis pecados. Yo tengo que ofrecerme a Dios. Rendirme a Dios.
Dice Romanos capítulo 12, versos 1 y 2: "Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos..." Ahí, ríndete. Presenta tu cuerpo. Ríndete. "...como un sacrificio que es vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos." La rendición precede la transformación. El apóstol dice: ríndete primero, y entonces habrá transformación.
Quiero llamar la atención en este punto aquí a la respuesta del padre. Es lo que me encanta. Es el verso 20 de Lucas capítulo 15: "Y levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, el padre lo vio." Él no tuvo que llegar hasta allá. El padre lo estaba esperando. Cuando le vio, sintió compasión por él. Corrió, se echó a su cuello, lo besó. Y el hijo le dijo: "Padre, yo he pecado. Yo he pecado contra el cielo y contra ti. Yo no soy digno de ser llamado hijo tuyo."
¿Y qué hizo el papá? "Bueno, sí, yo sé. La verdad que sí estuvo algo muy feo." No, el padre dijo a los siervos: "Rápido. Traigan la mejor ropa. Vístanlo. Pongan anillo a su mano. Sandalias en los pies." El padre no esperó que el hijo llegara a la casa.
Entonces, hoy es. En el momento cuando decimos: "Señor, yo estoy cansado de vivir como estoy. Yo no quiero una vida tan apagada. De hecho, yo no quiero una vida tan miserable. Cristo no fue a una cruz para una vida así. Yo quiero una vida de gozo en Ti. Yo quiero una vida de poder. Estoy cansado, Señor. Perdona mis pecados." Cuando decimos eso, ya hemos recorrido la mitad del camino. Dios nos encontrará. Dios no está esperando que vayas tan lejos hasta la puerta. Él está esperando este momento en tu vida. Dios correrá a ti. Dios toma la iniciativa. Dios te abraza. Dios te besa.
Yo quiero llamar la atención aquí a algo. Dice que una de las cosas que el padre hizo, no solamente dijo "vístanlo, sandalias", dice que traigan el anillo. Y yo me puse a estudiar: ¿y qué tiene que ver un anillo con todo esto? Esto es extremadamente importante. En los tiempos antiguos, tú llevabas un anillo, y cuando tú ese anillo lo presionabas en la cera, entonces quedaba sellado. El negocio estaba completado. Eso era como una tarjeta de crédito. Así que cuando el hijo llega, el padre dice a los siervos: "Traigan la American Express ilimitada. Llegó el muchacho."
Dios no guarda rencor en contra de todas las cosas tontas que hemos hecho. Dios está dispuesto a perdonar. Dios dice: "Traigan lo mejor." Oye esto: Dios tiene un plan mejor para nuestra vida. Siempre, siempre Dios tiene un plan mejor.
Cuando nosotros somos bebés, a nosotros nuestras madres, cuando nos están amamantando y la cosa va creciendo, entonces nos dan compotas. En el único que uno sabe, esa compota, oye, digo, saben como a líquido de freno. Pero en ese momento eso es. Y tú esas cosas, "ana", oye, y todo. Y el niño va creciendo. Y llega un momento en que el cuerpo ya está adecuado. Y entonces le dan arroz con habichuelas. Entonces uno dice a la compota: "¡Bah! ¡Olvídate de eso!" Y cuando uno va creciendo lo introducen al mango y uno dice: "¡Bah! ¡Qué rico!" Cuando ya uno está grande, ya uno puede comer mofongo. ¡Que no me vengan con compota, mijo! Siempre hay algo mejor.
Si tú supieras que Dios tiene algo mejor para ti, ¿no desearías alcanzarlo? De eso se trata la transformación.
Entonces escuchen, ¿cómo yo regreso a Dios? ¿Cómo yo me acerco a Dios? Yo tengo que experimentar cansancio de cómo estoy.
Yo tengo que humillarme, admitir que mis pecados me han separado de Dios. Yo tengo también que rendirme a Dios. Hazme como uno de tu cielo. Cámbiame. Completa tu obra en mí. Te entrego las llaves de mi vida. Cambia lo que hay que cambiar, esa es la idea.
Y finalmente yo tengo que gozarme. Es el único punto. Tengo que gozarme. Lucas 15, verso 22: "Y el padre dijo a sus siervos: Pronto, traigan la mejor ropa, vístanlo, pónganle el anillo, sandalias. Y traer el becerro engordado, matadlo, comamos. Regocijémonos." Celebración. Porque este hijo mío estaba muerto o lejos, y ha regresado, ha vuelto a la vida. Estaba perdido, ha sido hallado. Y dice el versículo que en comunidad comenzaron a regocijarse.
Cuando nosotros disfrutamos más la presencia de Dios, debía haber celebración. Debemos decir: Gracias, Señor, por tu fidelidad. Gracias a que mis pecados no me consumieron. Gracias que tú has sido paciente conmigo. Gracias por tu amor. Gracias por tu bondad. Debemos concluir con alabanza. Debemos celebrar un banquete. El papá dijo: Traigan el puerco asado. Lo que sea, celebremos, hay fiesta.
Dice el Salmo 68, verso 3 y verso 4: "Pero alégrense los justos. Regocíjense delante de Dios. Sí, que se regocijen de alegría. Cantad a Dios. Cantad alabanzas a su nombre, abrid paso al que cabalga por los desiertos, cuyo nombre es el Señor. Regocijaos delante de Él." Para que haya transformación tiene que haber gratitud. Y eso se expresa en la alabanza. Se expresa en la alabanza.
Dios dice hay que cantar. Debemos decirle: Yo estaba aquí esta mañana. Es decir, ¡wow! Y si esto es un adelanto de lo que es el cielo, ustedes se imaginarán en el cielo cómo será eso. Porque con el tiempo de adoración, de hecho, cuán agradecido debemos estar por los dones que Dios ha dado a esta iglesia. ¡Hay que cantar! Hay que cantar. Dios no dice que nuestro canto tiene que ser bonito. Si usted es como el pastor Miguel y como yo, entonces usted va a tener problemas, y bonito es la idea. El asunto es que se cante con gratitud, que se cante con júbilo.
Yo recuerdo que había alguien, un consejero profesional cristiano, que cuando él tenía pacientes de depresión, cuando el paciente llegaba en la primera sesión, la primera pregunta que él hacía es esta: ¿Tú cantas en la iglesia? Y si la persona decía: Bueno, no, no, no, no. Dame claramente: ¿Tú cantas todos los domingos en la iglesia? Todas las alabanzas, ¿las sepas o no te guste o no? Y si la persona decía: Bueno, eso no me parece. Vamos a ver, vete, canta en la iglesia tres semanas y luego tú regresas. ¿Y qué tiene que ver eso? ¿Por qué esa persona está así?
Bueno, déjenme decir, un estudio global científico fue realizado por investigadores suecos. Ellos concluyeron que el hábito de cantar en grupo, no solo en el baño, sino juntos, es bueno para la salud. Que es medicina al alma, que es bueno para la mente, para las emociones. Y se hizo un estudio muy extenso. Eso es real, está documentado, y descubrieron, oigan esto, que cantar en la congregación baja la presión arterial, libera las endorfinas, te hace sentir mejor, mejora tu estado de alma, mejora tu estado de ánimo, fomenta la confianza, alivia la soledad, libera el estrés, las emociones negativas. Otro estudio demostró que la gente que canta en la adoración cada semana vive más. Así que yo quiero que tú vivas más. A cantar.
Nosotros tenemos que reconocer que el Dios soberano del universo es bueno con nosotros. Y eso debe ser parte de nuestras vidas. Cantar. El padre se regocijó. Algo que estaba perdido, estaba alejado, fue salvo, se acercó, hubo una gran celebración. ¿Cómo yo me acerco a Él? Yo tengo que cansarme, yo tengo que humillarme, yo tengo que rendirme, yo tengo que gozarme, tengo que celebrar.
¿Qué tan cerca? ¿Qué tan cerca tú estás de Dios hoy? ¿Cómo tú defines tu vida? ¿Estás en el antes o estás en el después? ¿Te quejas de Dios? ¿Crees que no te da lo que mereces? ¿Estás enojado con Dios? ¿Estás demandando continuamente que te complazcan? ¿Te irritas cuando no te dan lo que tú entiendes que mereces? ¿Dónde estás hoy? ¿O estás en una desesperación que solamente podrás ser salvada si Dios te visita en tu vida? ¿O estás en una situación donde hay tanta gratitud por lo que Dios es que tu vida está escondida en Cristo? ¿Hay algunos ídolos en tu vida que quizás hayas abrazado consciente o inconscientemente y que te separan de Dios?
La Biblia dice hoy es el día aceptable. Hoy es el día de la salvación. Te decimos: Entrégate a Dios. Ríndete a Dios. Ven a Jesús. Entrégale tus temores. Entrégale tus frustraciones. Entrégale tus heridas. Acércate a Dios. Así, ven tal y como estás. Dios ha dispuesto un banquete de su gracia que es todo suficiente. Dios tiene algo mejor para ti. La Biblia dice: Reconócele en todos tus caminos y Él enderezará tus veredas. Ven a Dios con gratitud. Dale gracias por su fidelidad. No importa en la situación que estés. Pero repito, no importa en la situación que estén siempre, habrá razón para estar agradecidos. Siempre habrá razón.
Que Dios nos ayude a que estemos en ánimo, que su Palabra haya morado en nosotros.
Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D