IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
El amor bíblico no puede existir divorciado de la verdad. Por eso, cuando el apóstol Juan habla del amor entre hermanos en su primera carta, se detiene abruptamente para enseñar sobre el discernimiento espiritual. La palabra clave del pasaje es "probar" —el mismo término que se usaba en la industria metalúrgica para verificar la autenticidad del oro— porque no todo lo que brilla en el mundo espiritual proviene de Dios. Los esquimales cazaban osos cubriendo un cuchillo afilado con capas de sangre congelada; el animal lamía hasta cortar su propia lengua sin distinguir su sangre de la del señuelo. Así opera Satanás: toma la verdad de Dios, la distorsiona apenas una pizca, y la cubre con apariencia de piedad.
El espíritu del anticristo no es un demonio particular, sino una disposición, una filosofía que viene camuflada. Una de sus estrategias más efectivas ha sido convencer a los creyentes de que todo placer es sospechoso. Pero Pablo advirtió a Timoteo contra quienes prohíben casarse y mandan abstenerse de alimentos que Dios creó para disfrutarse con acción de gracias. Como escribió C.S. Lewis en boca de un demonio: "Dios hizo los placeres; lo único que podemos hacer es estimular a los humanos a disfrutarlos en formas que Él ha prohibido". La fórmula satánica es un hambre cada vez mayor por un placer cada vez menor.
El posmodernismo ha asesinado el sentido común, y la iglesia ha abrazado su versión evangelizada. Ahora muchos creyentes no saben distinguir lo apropiado de lo inapropiado si no está explícitamente prohibido en la Biblia. Pero Dios nos dio razón, conciencia iluminada por su Espíritu, y una creación ordenada que revela lo que es armonioso y estético. El discernimiento espiritual requiere todo eso funcionando junto.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Primera de Juan capítulo 4, versículo 1: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. Y en esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios, y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios. Y este es el espíritu del anticristo, del cual habéis oído que viene y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, por eso hablan de parte del mundo y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios nos oye, el que no es de Dios no nos oye. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error."
La necesidad de discernir la verdad del error es algo de lo cual yo creo que he hablado en repetidas ocasiones. Y sin embargo, yo no recuerdo en el tiempo que tenemos siendo iglesia, que quizás no sea mucho comparado con otras iglesias, que yo haya predicado un mensaje completo, o quizás más de uno, porque no estoy seguro que terminaremos hoy, al tema de cómo discernir la verdad del error. Pero cuando tú predicas expositivamente, lo cierto es que tarde o temprano tú llegas a responder todas las interrogantes del hombre, y llegas de una manera o de otra. Y cuando Dios está detrás del caminar de su iglesia, usualmente el mensaje le llega a la iglesia justo cuando Dios entiende que la iglesia lo necesita, y este mensaje no es la excepción.
Yo voy a exponer en este pasaje, el pasaje en su contexto, a qué se refería Juan, con algunas aplicaciones a lo largo del camino, para luego hacia el final hacer las aplicaciones, la mayor parte de las aplicaciones, para que nosotros podamos ver claramente a qué es que la Palabra de Dios se refiere cuando habla de discernimiento espiritual. Yo creo que esto es un mensaje especial para nuestra iglesia, pero especial para esta hora, porque muchos son los que tienen dificultad hoy en día en diferenciar la verdad del error, entre lo apropiado y lo inapropiado, entre el legalismo y el biblicismo, y entre el legalismo y el sentido común.
La idea central de este pasaje está en la palabra "probad". Esa es nuestra palabra clave, y esa palabra encierra el sentido de todo el pasaje. Yo quiero entonces, con esa palabra clave, hacernos dos preguntas para responder a lo largo de este mensaje. La primera es: ¿cuál es el rol del espíritu en el Nuevo Testamento y en la vida del creyente? Y en segundo lugar: ¿cuál es el espíritu del anticristo del que habla Juan?
Cada generación ha tenido que luchar con sus propias corrientes y sus propios desafíos, y cada siglo, sobre todo desde la Reforma, esta parte ha tenido que enfrentar nuevos retos. Algunos de estos retos han venido de forma rebelde, en forma francamente rebelde, como fueron las ideas de Marx, las ideas de Darwin, las ideas de Nietzsche. Pero otras ideas han venido camufladas, han venido camufladas, como la misma Palabra nos va a enseñar hoy, de una falsa piedad, han venido camufladas de una aparente santidad. Y hoy en día los hijos de Dios, algunos, sobre todo nuestra generación más joven, engañada por Satanás, ha tenido una enorme dificultad en discernir los espíritus, los espíritus que vienen a ser maestros entre el pueblo de Dios.
Es interesante que Juan comienza a hablar del amor ágape, del amor, amor entre los hermanos en el capítulo 3, y de repente se detiene para hablarnos de discernir la verdad, del discernimiento espiritual, para luego continuar hablando otra vez del mismo amor del que él venía hablando en el capítulo 3. ¿Por qué Juan no nos habla acerca del amor entre hermanos de corrido, sin interrupción, sin interrumpir el discurso? Pudiera ser extraño que él hablara del amor, se detuviera, sale a hablar de otra cosa, del discernimiento espiritual, para volver a hablar del mismo amor otra vez. Y yo creo que Juan estaba consciente de que el amor de Dios tiene que venir acompañado de la verdad de Dios, que el amor que Satanás nos hace creer que podemos tener entre nosotros es un amor divorciado de la verdad. Y de la misma manera que el amor es de Dios, según Juan nos dice en su evangelio, de esa misma manera el amor divorciado de la verdad es del diablo, es del infierno.
Y es precisamente cuando él está hablando de ese amor que Juan se detiene en el camino, nos habla de discernimiento espiritual, de la verdad, porque es la verdad la columna vertebral de ese amor del que nos estaba hablando. Pero el amor que viene del diablo, el amor que viene de los falsos maestros, es un amor tolerante que abraza a todas las corrientes, es un amor que no se atreve a pasar juicio, es un amor que no se atreve a hacerlo porque tan pronto tú lo haces alguien te acusará de legalista. Y por tanto no se atreve a establecer diferenciación entre lo que es correcto e incorrecto, entre lo que es santo y lo pecaminoso.
Antes eso estaba más o menos claro, hoy en día, bueno, eso depende. En el pasado no teníamos tanta dificultad en saber lo que era extraordinario de lo que es ordinario. Era más o menos obvio que lo extraordinario correspondía a Dios, de ahí las grandes catedrales. Si visitas la historia te darás cuenta que sus arquitectos querían representar la majestuosidad de Dios. Era obvio que lo extraordinario correspondía al plano de Dios y lo ordinario al plano de los hombres. Hoy en día no sabemos, y por tanto pensamos y concluimos que la música que mueve la cadera es apropiada y que la que usamos en la discoteca es asimismo apropiada para ofrecérsela a Dios.
En el pasado no teníamos dificultad para saber lo que era apropiado e inapropiado. Cuando existía el sentido común, lo sabíamos. Hoy en día, con el advenimiento del posmodernismo, ese posmodernismo se encargó de darle muerte al sentido común. Y tan pronto el sentido común trataba de sacar la cabeza, alguien lo acusaba de legalista y terminó asesinándolo. Hoy no sabemos la diferencia entre lo sano y lo insano, porque nuestra sociedad está tan enferma que lo insano es común, lo común es normal, y lo que es normal no puede ser malo. En el manicomio la insanidad es lo normal. Así estamos en el mundo de hoy.
En un tiempo atrás existía el sentido de la estética. La estética era no simplemente mi opinión, era una rama del saber, era una rama de la filosofía por más de dos mil años. Nos tomó más de dos mil años encontrar que la estética no existe. La estética es aquella rama de la filosofía que entiende lo que es hermoso, apropiado, armónico, sereno, como dirían en inglés. Hoy en día no sabemos. Por desarreglado que algo parezca, nadie le puede llamar que no tiene estética.
Si tú quieres saber lo que es la estética, te vas a la creación de Dios, y tú miras las cebras, y tú notarás que sus rayas no están a lo loco. Tú miras los colores de las aves, su plumaje, cómo sus colores terminan de manera armónica, armoniosa, con un sentido de orden y propiedad. Hoy en día nosotros no sabemos lo que es estético porque no conocemos la creación de Dios. Si tú quieres ir entonces a la creación del hombre dirigida por Dios, te vas al Antiguo Testamento y descubrirás los patrones de colores en las cortinas y cómo fueron tejidas con patrones armónicos, visos que encajan uno con el otro, y eso era estético. Hoy nosotros no sabemos. El hombre es el único que tomó un pantalón, le abre un hoyo y le dice: "Eso es hermoso." Nunca encuentras a una cebra o a un ave con algo abierto en un lado y que le llamemos hermoso. Dios sabe lo que es estético, y como yo tengo la imagen de Dios, se supone que yo debo saber, sobre todo ahora que tengo el Espíritu de Dios encima de la imagen de Dios que tenía al nacer, lo que es estético y lo que no es. Pero hoy no sabemos.
Eso que yo acabo de describir es el espíritu del posmodernismo de nuestra sociedad, un espíritu de tolerancia, un espíritu que no se atreve a juzgar a los demás. Satanás conocía y conoce muy bien: si yo logro convencer a una generación de que lo amoroso, lo adecuado, es tolerar, no juzgar, en esas áreas que vengo describiendo, muy pronto los habré convencido de hacer exactamente lo mismo con la doctrina, porque al final de cuentas lo que realmente importa es que tenga una relación con Dios. Y ahí están otros grupos hoy que dicen: "Lo importante, no me hable de doctrina, es una relación con Dios."
Y la iglesia entonces se ha hecho dos grupos. Un grupo que ha considerado la doctrina como lo único importante y ha hecho de la vida cristiana algo puramente cerebral, con vidas empobrecidas de fe y confianza en nuestro Dios. Y otro grupo que ha tomado la experiencia del creyente y no le ha dado importancia a la Palabra de Dios, y al hacer eso entonces su barco se ha ido a la deriva, porque lo que mantiene la barca en su lugar es el ancla, que es la Palabra de ese Dios que la inspiró.
Hoy en día nosotros necesitamos recordar que detrás de toda esta falsedad y mentira está el espíritu de Satanás como orquestador. Juan conocía todo eso y por eso comenzó este texto diciendo: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo."
La palabra clave en ese verso, y es la palabra clave de todo el texto, es "probad". La palabra en el griego es dokimazo, y dokimazo era una palabra que se usaba en la industria metalúrgica para probar los metales, las cualidades de los metales, para ver si este metal tenía la cualidad que debía tener. Una vez pasaba la prueba...
El metal que más fue sometido a prueba por muchos años fue el oro, porque muchos fueron los engañados y los engañadores con el oro. Precisamente los primeros que llegaron a California llevaron tremendo engaño porque pensaron que todo esto que brillaba era oro, y fueron engañados por aquellos que conocían lo que era y lo que no era. De ahí la frase: no todo lo que brilla es oro.
De esa misma manera, entonces, nosotros necesitamos probar los espíritus. Cuando habla de probar los espíritus, no se está refiriendo a demonios. Aquí claramente nos habla de falsos profetas, falsos maestros que han venido al mundo. Y si muchos fueron los falsos maestros y profetas en aquella época, muchos más son ellos en el día de hoy.
En la época de Juan, la controversia giraba en torno a los gnósticos, aquellos que hemos estudiado en diferentes mensajes, que no creían que Cristo había venido en la carne, que pensaban que lo que ellos habían visto realmente era una especie de fantasma. Decían los docetistas dentro de ese grupo, y por eso ellos no creían en la encarnación de la segunda persona de la Trinidad.
Sin embargo, como bien dice este gran académico de Nuevo Testamento, C. H. Dodd, en sus comentarios acerca de las cartas de Juan: de la misma manera que en el Antiguo Testamento el monoteísmo, la idea de un solo Dios, fue fundamental para el judío, de tal forma que cualquiera que pudiera venir a hablar de otro Dios sería rechazado, algo que traía el sabía y algo que ellos repetían incluso a diario. Ellos tenían que repetir el Shemá, y el Shemá resume, o si está mejor dicho, parte de Deuteronomio 6, y dentro de eso está el verso cuatro que dice: "Escucha, oh Israel, Dios es uno". De tal forma que cualquiera que viniera en esa época a hablar de otro Dios, ya no tenía nada más que hablar.
Dodd dice entonces que de la misma manera que ese monoteísmo fue fundamental para el judío en el Antiguo Testamento, de esa misma manera la encarnación de Cristo es fundamental para el Nuevo Testamento. Y que cualquiera que venga negando la encarnación de Cristo, por espiritual que parezca, no importa cuántos milagros pueda hacer, no importa de cuántos milagros pueda hacer demostración, no tenemos nada que hablar. Ese espíritu corresponde al espíritu del anticristo.
Dada la sagacidad de nuestro enemigo, Juan nos insta a probar los espíritus, porque muchos que han venido en nombre del Señor realmente representan el mundo de las tinieblas. Y lamentablemente hoy en día, más que muchas otras generaciones anteriores, el cristiano tiene una enorme dificultad en diferenciar de dónde viene uno y de dónde viene el otro.
El texto de Juan que dice "no creáis a todo espíritu", algunos lingüistas entienden que pudiera ser traducido como "deja de creer a todo espíritu". Y si eso es cierto, y aparentemente lo es, entonces parece ser que ya en los días de Juan algunos de los creyentes habían comenzado a abrazar corrientes extrañas, corrientes que no correspondían a la revelación de Dios. Y Juan al escribir dice: deja de creer en ellos. Algo que se estaba distribuyendo aparentemente de forma muy rápida, de forma muy sutil, porque la herejía es así: es sutil, pero se propaga rápidamente, y es siempre destructora.
Quizás esta ilustración que hace muchos años atrás yo usé aquí, quizás algunos la recordarán, probablemente otros no, quizás muchos ni siquiera la han oído, nos pueda servir. En el pasado, los esquimales usaban cazar los osos de una manera muy cruel pero muy efectiva. Y así es nuestro enemigo: cruel y efectivo. Los esquimales tomaban un cuchillo bien afilado y grande, lo cubrían de múltiples capas de sangre, lo frizaban —es el polo norte—, lo clavaban en la nieve. Y cuando el oso venía, movido por el olor de la sangre, comenzaba a lamer el cuchillo. Las capas de sangre comenzaban a ser consumidas, el filo del cuchillo comenzaba a aparecer, la lengua era cortada, y él, no sabiendo diferenciar entre su propia sangre y la sangre anterior que cubría el cuchillo, terminaba con su lengua destrozada y desangrado hasta la muerte.
Satanás ha tomado la verdad de Dios, la ha distorsionado y le ha dado filo a la distorsión, la ha cubierto de cosas que a nosotros nos gustan y nos atraen, la ha sembrado en medio de la iglesia, y sus hijos han comenzado a lamer la mentira de Satanás. Han comenzado a cortarse a sí mismos, han comenzado a sangrar y no se están percatando, no se han dado cuenta, no han diferenciado cuál es su sangre y cuál es la que el enemigo usó para cubrir la verdad ya distorsionada. Eso es lo que se convierte en cuchillo afilado: la verdad distorsionada de Dios.
La nueva corriente en los días de Juan —perdón— era que este Cristo no había venido en la carne. Y es por eso que Juan insiste. De hecho, Juan abre su primera epístola con estas palabras: "Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos acerca del Verbo de vida" —desde el versículo uno—. Y luego en el versículo tres: "Lo que hemos visto y oído os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo".
¿Qué es lo que Juan está diciendo? Mi enseñanza no es nueva, yo no estoy reinventando la rueda. Esto es lo que nosotros oímos de los labios del Señor, esto es lo que vimos, esto fue lo que palpamos, y eso mismo es lo que estamos tratando de transmitir. De tal manera que eso que oímos del Señor nos dio comunión con el Padre y con el Hijo Jesucristo, y si vosotros escucháis y aceptáis la misma instrucción, entonces podréis tener comunión con nosotros y nuestra comunión con el Padre y con el Hijo.
De tal forma que la iglesia hoy en día necesita recordar que nosotros no existimos en un vacío, nosotros no existimos en discontinuidad con el pasado. Nosotros, la iglesia de Cristo, formamos un cordón, un cordón umbilical desde el día que nació hasta que entremos en gloria, y nosotros tenemos que permanecer conectados a la verdad que fue desde el principio, no reinventar la iglesia hoy en día. El énfasis en lo que Juan está enseñando es precisamente la congruencia entre lo que Cristo enseñó y lo que él está enseñando, la continuidad de una cosa con la otra.
Y si la controversia era entonces en términos de la encarnación de Cristo, es lógico que Juan quiera asumir su defensa. Y él lo hace, y lo hace de una manera elegante, de una manera resumida y de una manera clara. En el versículo 2 y 3 del texto que yo leí al principio dice: "En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios, y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios".
¿Y cómo vamos a conocer la diferencia, Juan, entre el espíritu que es de Dios y el espíritu que no es de Dios? Bueno, por un lado hay una evidencia externa, y es lo que ellos enseñan. Si estos gnósticos vienen a ustedes a enseñarles que Cristo no vino en la carne, entonces vosotros ya sabéis que esa enseñanza no proviene de Dios. Pero también ustedes tienen una evidencia interna, tienen algo en su interior que vino a dar testimonio de la verdad y testimonio del Hijo, y eso que está en vosotros es mayor que el que está en el mundo.
Versículo 4: "Hijitos míos, vosotros sois de Dios y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo". Nota la confianza que Juan tiene en estos verdaderos creyentes: vosotros sois de Dios, y como sois de Dios tenéis la simiente de Dios, de la cual hablamos en los capítulos anteriores. Y es esa simiente de Dios la que ha venido a testificar del Hijo, a testificar de la verdad.
Cuando Cristo iba a partir, él nos dejó dicho en Juan 16 que su Padre y él nos iban a enviar el Espíritu Santo, el Consolador, que él nos guiaría a toda verdad. Y nos dijo algo más: "Él tomará de lo mío y me glorificará". Cuando tú encuentras grupos ahora tratando de exaltar la persona del Espíritu Santo por encima de la persona de Cristo, tú sabes que esa enseñanza no es de Dios. ¿Y cómo lo sabes? Porque el Espíritu Santo vino a glorificar al Hijo, vino a exaltar al Hijo, vino a entronar al Hijo, vino a señalarnos al Hijo, vino a dar testimonio de la segunda persona de la Trinidad. Y ese es uno de los roles del Espíritu Santo: la exaltación y glorificación del Hijo de Dios. Para eso él vino, y él está contento en hacer eso porque esa es una de sus funciones.
La otra función, respondiendo a la primera pregunta —¿cuál es la función del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento y en la vida del creyente?—, es precisamente dar al creyente la habilidad de discernir la verdad del error, un discernimiento que es incrementado con la madurez del cristiano. De tal manera que el Espíritu que vive en mí, cuando escucha una verdad que viene de Dios, en el interior Él dice amén a esa verdad. Mi carne pudiera querer rechazarla, pero el Espíritu de Dios sigue diciendo amén. Y cuando el Espíritu que vive en mí dice amén y mi carne dice "no lo recibo", el Espíritu comienza a cruzarme desde adentro para que yo sepa que eso que yo acepté no viene de Dios, y Él se rehúsa a aceptarlo. Porque para eso Él vino: para dar testimonio de la verdad y para rechazar toda mentira. Yo puedo tratar de negar la verdad de Dios, pero el Espíritu se rehusará a aceptarla.
Y Juan deja ver algo de eso en el versículo 6: "Nosotros somos de Dios". Escucha ahora la evidencia de que somos de Dios: "El que conoce a Dios nos oye; el que no es de Dios no nos oye". ¿Oyes qué más dice? "En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error". El que conoce a Dios nos oye, se pone de acuerdo, dice amén a la verdad que enseñamos. Eso es obediencia y sumisión. El que no conoce a Dios no nos oye. Eso es desobediencia y rebelión. Entre la sumisión y la rebelión tú conoces el espíritu de la verdad y el espíritu del error: sumisión a la verdad de Dios, sumisión a Su Palabra.
Bueno, se está tratando de decir claramente que la función del Espíritu Santo en nuestras vidas y en el Nuevo Testamento era, por un lado, darte testimonio con relación a la persona de Jesucristo; en segundo lugar, darte testimonio de la verdad, afirmarla, decir amén a ella; en tercer lugar, darnos discernimiento para guiarnos a toda verdad y desviarnos y alejarnos de toda mentira. De hecho, Cristo les dijo a los apóstoles exactamente eso: "Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, Él les recordará todas las cosas que os he enseñado y os guiará a toda verdad". Para eso, para eso se los doy —o se lo doy—, es el Espíritu, no múltiples, uno solo. Y esa es la función, en gran manera, del Espíritu de Dios, de forma resumida obviamente, en la vida del creyente, en su vida de santificación.
En lo que me queda de tiempo, yo quiero responder la segunda pregunta que hicimos y luego aplicar esto de una manera extraordinariamente práctica a nuestros días, para continuar este tema en el próximo mensaje, porque el tema del discernimiento espiritual tiene mucha tela para cortar.
¿Cuál es el espíritu del anticristo? Tenemos que definirlo para luego ver cómo funciona, cómo trabaja, cómo opera, cómo engaña, cómo desvía. Pero yo creo que cada uno de nosotros sabe que cuando se habla del espíritu del anticristo no se está refiriendo a un demonio en particular, ni se está refiriendo a Satanás exclusivamente. Porque Juan nos dijo que debido al espíritu del anticristo muchos falsos profetas habían venido. El espíritu del anticristo es una enseñanza, es una disposición, es una filosofía, es una sabiduría —preso, una sabiduría de mentiras, de falsedad, de engaños—. Algunos engaños muy francos y otros engaños muy sutiles.
Preso, el espíritu del anticristo: Satanás es el padre de mentira, y por tanto cada verdad que él quiere venderte estará camuflada, pero debajo hay una gran mentira. Y en ocasiones Satanás ha logrado hacer esto revistiendo esa verdad distorsionada de una piedad aparente, de una santidad externa que consiste más en lo externo que en lo interno, que consiste más en reglas que en principios. Es un papel de engaño, es una verdad distorsionada muchas veces encubierta con un aire de piedad, que viene otras veces camuflada con una aceptación de bondad y amor entre los hombres. Porque después de todo el amor es de Dios, y todo el que conoce a Dios ama. Por tanto, es evidente, es claro, que una de las cosas que Satanás tratará de hacer es tomar la verdad de Dios, distorsionarla, cubrirla con un supuesto amor entre hermanos que nos haga pensar que en este espíritu de aceptación está el espíritu de Dios.
Y el haber hecho eso ha logrado que hijos de Dios miren a cosas que son de Dios y las llamen malo, y luego hijos de Dios miren a cosas que son de Satanás y las llamen bueno, no pudiendo diferenciar lo bueno de lo malo, la verdad del error, conociendo nosotros que detrás de cada engaño no puede haber otro que no sea Satanás mismo.
Creo que lo que Satanás mejor ha hecho, creo que su arma más mortífera, su arma más efectiva, ha sido tomar la verdad de Dios, camuflarla, diluirla, cambiarla en una pizca solamente, de tal forma que nosotros creamos que como se parece tanto a la verdad debe ser la verdad, y que nosotros entonces terminemos atrapados en sus garras. Eso es exactamente lo que ha ocurrido en nuestros días en el espíritu del posmodernismo, que nació en el jardín del Edén. ¿Te das cuenta que el posmodernismo no es tan moderno? Es bien antiguo.
El posmodernismo básicamente habla de que las palabras en sí no tienen significado; tú tienes que —cada lector tendrá que— darle su propia interpretación. Y entonces Satanás viene a Eva y le dice: "¿Conque Dios ha dicho…? No, realmente lo que Él quiso decir, lo que sus palabras significaban, lo que pudiéramos entender a partir de lo que Dios reveló, es esto otro". Y le dieron entonces su propio significado. Y ahora la primera pareja, a quien Dios le había dado todo el mundo después de Él haber revisado toda Su creación y declararla eminentemente buena, Dios los puso en medio de Su creación para que la disfrutaran. Y Satanás viene a ellos, distorsiona la verdad, ellos la compran, y cuando pecaron, sus hijos, sus descendientes que no sabíamos lo que había ocurrido, concluyeron a partir de ese momento que como nuestros padres pecaron al tratar de disfrutar de la fruta prohibida, todo placer, cada disfrute nos está prohibido y no es de Dios.
Satanás ha querido engañar a Su iglesia y ha diseñado a lo largo de la historia estrategias como estas, y ha creado restricciones innecesarias de las cuales el apóstol Pablo habla en más de una ocasión de forma sumamente clara, de manera que nosotros los creyentes podamos tener mejor iluminación acerca de lo que es de Dios y lo que no es de Dios. Satanás fue a los creyentes de la iglesia de Galacia, los gálatas, y fue a los creyentes de la iglesia de Colosas, los colosenses, y los engañó. Y Pablo tuvo que escribirles, y tuvo que escribirle también a Timoteo, el discípulo amado de Pablo, el discípulo más cercano, aquel a quien Pablo le encargó las enseñanzas y le dijo: "Estas enseñanzas ten cuidado que también las enseñes a otros hombres idóneos y fieles para que ellos puedan asimismo enseñar a otros". A ese Pablo tuvo que escribirle para explicarle algunas cosas que ellos estaban malentendiendo.
Cuando Pablo les escribe a los colosenses en el capítulo 2, versículo 20, les dice: "Si habéis muerto con Cristo a los principios elementales del mundo, ¿por qué, como si aún vivierais en el mundo, os sometéis a preceptos tales como 'no manipules, no gustes, no toques'?" Versículo 23: "Tales cosas tienen a la verdad la apariencia de sabiduría en una religión humana, en la humillación de sí mismo y en el trato severo del cuerpo, pero carecen de valor alguno contra los apetitos de la carne".
Lo que Pablo está tratando de comunicar a los colosenses es: hermanos, no se dejen engañar por el enemigo. Ustedes en un momento dado eran paganos, era gente pecadora que no sabía disfrutar de la creación de Dios de una manera que no fuera pecaminosa. Pero ahora que estáis en Cristo, ¿por qué todavía algunos insisten que no gustes, no toques, no comas, no bebas, no disfrutes? ¿Por qué algunos insisten en la humillación del cuerpo, en el trato severo del cuerpo, cuando eso no tiene ningún poder sobre los apetitos de la carne?
Si Satanás nos logra convencer que ese trato severo contra nuestro cuerpo nos va a quitar, a eliminar los apetitos de la carne, nos habrá convencido de un error grave. Porque cuando nos convence de eso, nos deja sedientos, hambrientos, verdaderamente sedientos y hambrientos. Y ahora, en vez de saciar esos apetitos típicos de la carne por los caminos de Dios, de manera santa, de manera pura, en vez de hacer eso, ¿qué es lo que hacemos? En nuestra sed nos vamos y bebemos todo tipo de aguas contaminadas. Y eso es exactamente lo que Satanás quiere. Satanás no quiere que tú logres hacer eso por los caminos de Dios; él quiere que tú lo hagas por los caminos del pecado.
Y nos ha convencido en primer lugar porque es un estratega extraordinario: primero te convence de que eso es malo, esos placeres de Dios son malos, porque sabe que eso te va a dejar sediento. Y como tú no puedes morir sediento ni lo vas a hacer, entonces tú vas por otros caminos pecaminosos a llenar tu ser, y entonces en ese camino no te dice nada de esos placeres.
Pablo le escribió a Timoteo, y en 1 Timoteo le dice: "Ten cuidado de estas corrientes que vienen prohibiendo casarse y mandando abstenerse de alimentos". Escucha bien, pon atención ahora, que el Espíritu de Dios te ilumine a ti también en este momento: "Y mandando abstenerse de alimentos que Dios ha creado para que con acción de gracias participen de ellos los que creen y que han conocido la verdad". Escúchame ahora aún mejor: "Porque todo lo creado por Dios es bueno, y nada se debe rechazar si se recibe con acción de gracias, porque es santificado mediante la palabra de Dios y la oración".
¿Qué es lo que Pablo está tratando de explicar a Timoteo? Timoteo, hubo una vez en que estabais en vuestros pecados, en vuestros apetitos, y la única manera que tú tenías —y que todavía hoy tiene el pagano— de disfrutar de los placeres de Dios es pecaminosamente, porque tú no puedes disfrutar de los placeres justos y santos de Dios si no tienes el Espíritu de Dios. Pero ahora que vosotros estáis en Cristo, oye lo que le dice: ahora que vosotros estáis en Cristo podéis disfrutar de alimentos que Dios ha creado para que con acción de gracias los recibáis.
Escuchen, ¿quiénes son los que pueden participar santamente? Participen de ellos los que creen y que han conocido la verdad, porque si tú no crees y el Espíritu de Dios no está en ti, tú no puedes disfrutar de eso santamente. Porque todo lo creado por Dios es bueno —y Él revisó su creación, la hizo eminentemente buena— y no se debe rechazar si se recibe con acción de gracias. Pero ¿por qué? ¿Por qué ese cambio? Porque lo puedes identificar ahora, porque es santificado mediante la Palabra de Dios y la oración.
¿Qué es lo que Pablo está tratando de ayudarnos a entender? Dios es un creador extraordinario, y como extraordinario que es, Él ha creado un mundo de color. Y aunque algunos animales solamente ven en blanco y negro, sus hijos, que somos su imagen, vemos en colores y disfrutamos del panorama. Dios ha creado una variedad inmensa de alimentos, pero no nos creó con una lengua como la de las vacas, que solamente les gusta la hierba todo el tiempo, comiéndola todo el día. Sino que nos dio papilas gustativas que varían de un individuo a otro para disfrutar y descubrir toda la sabiduría detrás de lo que Él creó como alimento para los que creen, para que los disfruten con acción de gracias, y para que por medio de la acción de gracias, la oración y la Palabra de Dios puedan santificar el consumo de los alimentos que hasta ese momento había sido hecho de una manera pecaminosa. Eso es lo que Pablo está tratando de comunicarnos.
Nuestro Dios es un Dios versátil, es un Dios multicolor, y hizo a sus hijos para que descubrieran la versatilidad de su sabiduría en lo creado. La sexualidad humana es creación de Dios. Dios nos dio receptores altamente sensibles en los labios, en el cuello, en los dedos de las manos, y en órganos que ustedes conocen que yo no necesito mencionar, capaces de experimentar amor pasional. Él pudo haberlo hecho de otra manera, pero no lo hizo, de tal manera que sus hijos pudieran, una vez regenerados y el Espíritu morara en ellos, disfrutar de su creación multicolor y versátil, y pudieran descubrir entonces, al experimentar estas cosas, ciertamente: este es un Dios sabio y extraordinario.
De ahí que Pablo dice: "Cuídate, Timoteo, de aquellos que vienen prohibiendo casarse y que te invitan a abstenerse de alimentos que Dios ha creado para que con acción de gracias participen de ellos los que creen y que han reconocido la verdad. Porque todo lo creado por Dios es bueno, y nada se debe rechazar si se recibe con acción de gracias, porque es santificado mediante la Palabra de Dios y la oración."
C. S. Lewis fue un gran pensador cristiano, brillante, con una percepción de cosas que pocos han tenido, muy pocos. Y es la razón por la que mucha gente continúa yendo a Lewis a beber de su fuente. En febrero, al principio de febrero, el mes pasado, estuvimos en la conferencia de pastores de John Piper, y Piper decía que la persona que más ha influenciado su vida, sin lugar a dudas, es C. S. Lewis, quizás después de Jonathan Edwards, pero ni siquiera estaba seguro.
Lewis escribió unas cartas que ustedes me han oído citar: The Screwtape Letters. Screwtape es un nombre de Satanás. Las cartas son las que le escribe Satanás a su sobrino Wormwood. Wormwood es un demonito que está siendo entrenado por su tío Satanás. Satanás, llamado Screwtape, llama a Dios "el Enemigo" y a nosotros "el paciente". Él dice que Dios hizo los placeres. Le dice Satanás a su sobrino: "Dios hizo los placeres. Toda nuestra investigación no ha podido producir uno. Lo único que podemos hacer es estimular a los humanos —escúchenme— lo único que podemos hacer," dice Satanás a su sobrino, "es estimular a los humanos a disfrutar de los placeres que nuestro Enemigo, Dios, ha producido en ocasiones, o en formas, o en grados que Él ha prohibido."
¿Están escuchando? La habilidad de ver, de sentir, de experimentar el placer vino de Dios. Satanás, captado por la mente de Lewis, lo único que puede hacer es tomar esos placeres de Dios, distorsionarlos de tal manera que empuje al humano a disfrutar de ellos en ocasiones, o en formas, o en grados que Él ha prohibido. La fórmula, dice Satanás, es un hambre cada vez mayor por un placer cada vez menor.
Claro, porque si distorsionamos la sexualidad y la convertimos en pornografía, dejamos al hombre en una sed cada vez mayor. Y mientras más se expone a ella, tendrá un hambre cada vez mayor porque no lo llena, y tendrá una intensidad de placer cada vez menor. Pero si ese hombre es regenerado por el Espíritu de Dios, habitado por su Espíritu, y ahora vía la oración y la Palabra es santificado y usa esa sexualidad humana por los caminos de Dios, él será capaz de disfrutarla intensamente hasta el punto que estará tan satisfecho que jamás buscará por los caminos de afuera. Eso es como Satanás nos ha engañado.
Lewis agrega: "Dios ha llenado su mundo de placeres. Todo tiene que ser distorsionado," le dice él a su sobrino demonito. "Todo tiene que ser distorsionado para que nos sirva de uso. Miremos el patrón de Dios. Engañemos al hombre, engañémosle diciendo que él no puede sentir placer ni satisfacción. Eso lo dejará hambriento e insatisfecho, y ahora entonces buscamos otra estrategia por aquí que lo seduzca a la pornografía, porque le está cediendo y necesita tomar aguas contaminadas." Cuando todo el tiempo la manera de haber prevenido eso era disfrutando por los caminos de Dios.
¿Recuerdan cuando Kenny Stokes estuvo aquí, el pastor de la Iglesia de Bethlehem, del pastor John Piper, que decía? Lo que te llevó a la pornografía fue la adoración, y lo que te va a sacar de la pornografía es la adoración. Lo que te llevó a la pornografía fue la adoración del yo, del sexo. Lo que te va a sacar de la pornografía es la adoración de Dios, y a través de Él el disfrute de la creación de Dios por sus caminos de santidad.
Si Satanás nos convence de no disfrutar de manera santa de la creación de Dios, nos habrá vendido una gran mentira, un gran engaño, y el hombre seguirá esclavo de sus placeres. Porque la abstinencia, decía Pablo a los colosenses, y la humillación del cuerpo no tiene poder sobre los apetitos de la carne. Si Satanás nos convence de tratar nosotros mismos por nuestros propios esfuerzos, esa es una manera como nos ha vendido una gran mentira, y hoy nosotros tenemos que volver a desenvolverla para verla.
La otra manera como Satanás ha encubierto su falsedad es detrás de una falsa tolerancia, algo que la generación posmodernista ha comprado de una manera extraordinaria. La persona que abraza estas ideas es llamada posmoderna, y el hombre posmoderno, entonces, cuando tú le preguntas qué es moral o inmoral, bueno o malo, dice que él no sabe, porque la moral depende de cada quien. Cuando tú le preguntas al hombre posmoderno: "Entonces, ¿tú piensas que lo que Hitler hizo fue malo?" "Bueno, realmente yo no estoy de acuerdo, pero yo no puedo decir que está malo." "Entonces, ¿cómo tú lo juzgas?" "Bueno, no estoy de acuerdo, quizás no fue lo que debía haberse hecho, pero yo no puedo decir que eso está mal, que esto está bien, que algo es feo, que algo no es de gusto, porque es una cuestión de opinión de cada quien." O sea, no hay nada moral o inmoral, no hay nada.
Satanás dice: "Ok, agarramos al inconverso." Pero el inconverso siempre lo teníamos de la mano. Aquí queremos atrapar al creyente. De manera que primero tenemos que convencer al inconverso de su cultura en medio de la cual el creyente vive, porque el creyente terminará abrazando su cultura también. De manera que comencemos por la cultura. Y Satanás tiene sus tentáculos y hace esto: abraza la cultura en medio de la cual está la iglesia y comienza a apretarnos junto con la cultura. Y ahí entonces nosotros morimos apretados, como la serpiente cuando echa su presa, comienza a acercarse lentamente y viene por la periferia, y eventualmente se va acercando hasta que lanza su mordida mortal y luego da su sofoco. Eso es lo que Satanás ha hecho con la iglesia de hoy.
Y ahora lo que tú tienes dentro de la iglesia es un posmodernismo evangélico. Porque la iglesia, claro, el creyente no va a decir que no existe lo moral o inmoral, no se atrevería a decir eso, porque él sabe que existe lo moral y lo inmoral. Pero cuando tú lo escuchas hablar, sus frases son idénticas a las del posmoderno de la cultura. Porque tú le preguntas al creyente de hoy en día, sobre todo nuestra generación joven, si hay algo apropiado e inapropiado: "No, si esto no está explícitamente prohibido en la Biblia, yo no puedo decir que hay algo inapropiado. Ok, yo podría decir que es feo, que no me gusta, que no es mi preferencia, pero si no está prohibido explícitamente en la Biblia, yo no puedo decir que está mal. Realmente no, no puedo."
Satanás dice: "Ok, ya lo tengo. Primero lo convencemos a ese nivel, y luego seguimos apretando los tentáculos, y pronto lo convenceremos también de que la doctrina tampoco importa mucho, que lo más importante es una experiencia con el Dios que ellos adoran. Pero primero tengo que debilitar sus defensas, y comienzo por ahí: no sabemos si algo es apropiado o inapropiado."
Déjame dar algunas ilustraciones. En ningún lugar de la Biblia dice que está prohibido que esta persona aquí delante esté ahora mismo, mientras yo predico, comiendo hamburguesa con papas fritas y una Coca-Cola. Pero tú sabes que no debe ser. En ningún lugar de la Biblia dice que mientras el pastor predica no puede estar masticando chicle, como si le diera igual diciendo cualquier cosa. La Palabra dice... yo no tengo eso prohibido, pero yo sé que no lo puedo hacer. Y usted también lo sabe, y si lo niega se está mintiendo a usted mismo. Usted sabe que es inapropiado sin ninguna prohibición de la Biblia.
La Palabra tampoco me prohíbe que yo venga aquí en pantalones cortos, chancletas y una camiseta blanca tipo ropa interior, y me pare a predicar en esa forma acá. La Palabra no me prohíbe esas cosas, pero usted sabe que usted no estaría en esta iglesia probablemente si ese fuera mi estilo. Me perdonan la expresión, pero la Palabra de Dios tampoco me prohíbe eructar audiblemente en medio de un culto. Tratamos de reprimirlo, y si lo hacemos pedimos perdón. La Palabra en ningún sitio dice: "No eructes en frente de la congregación."
Gente, y sin embargo yo sé de manera intuitiva que eso está mal, a menos que usted sea un posmoderno full, en cuyo caso usted ni cristiano es.
La otra lógica es que aquello que ya pasó a ser parte de la cultura, como es parte de la cultura, ¿por qué no abrazarlo? Este misionero que mi esposa y yo conocimos al principio que llegamos al país nos dice que fue a trabajar con un grupo en una ocasión. Él esperaba predicar el primer domingo. Todas las mujeres estaban con sus pechos afuera; esa era su cultura. Él ese día les enseñó que los pechos se cubren. "¿Por qué tú quieres cambiar su cultura?" Entonces, si supuestamente todo lo que es abrazado por la cultura es parte nuestra y nosotros debemos incorporarlo también, tú sabes por qué tratamos de cambiar sus culturas: porque las culturas, nosotros sabemos, han sido cocinadas, creadas, formadas, se les ha dado forma por seres caídos, pecaminosos, sin iluminación de Dios, sin el Espíritu de Dios.
Y cuando ese Espíritu de Dios viene al hombre, toma la imagen del hombre, la encara, va a su interior, trata de levantar la imagen de Dios que ha sido pisoteada y está en el suelo a otras alturas, le da luz que antes no tenía, educa su conciencia con la Palabra de Dios, ilumina esa conciencia con el Espíritu de Dios. Y ahora, con la imagen de Dios, con su razón, con su sentido común, con la luz que Dios le ha dado y con su conciencia activada y sensible, él puede comenzar a cambiar los patrones culturales pecaminosos cocinados cuando él no tenía nada de eso.
Pero como somos tan abiertos hoy en día, mis palabras muchas veces caen en el vacío. La Palabra de Dios en ningún sitio... Yo estuve buscando esta semana: "No podrás ir al carnaval". No lo encontré. Entonces, ¿puedo ir? Obviamente no. Ese es el mismo espíritu de la Iglesia de Roma. La Iglesia de Roma dice públicamente que aquello que es parte de la cultura debe ser abrazado por la iglesia, y por tanto ellos tienen personas que se postran delante de estatuas, tienen personas que van a la fiesta de palos, tienen personas que van a todas esas carnalidades, en todos los carnavales de los diferentes pueblos. ¿Por qué? Porque la cultura es parte de la gente y debe ser parte también de la iglesia. Y si Roma está ahí, el evangélico está inmediatamente detrás. ¿Quién tú piensas que está guiando a uno y a otro?
Otros toman el otro extremo: si no está en la Biblia, no lo creo. ¿Realmente? Imagino entonces que Jesús no se bañó porque no está en la Biblia. No, no tiene que estar en la Biblia para yo poderlo concluir de manera lógica y racional. Para algo Dios me dio la razón y el sentido común. Y Dios me dio una revelación que dice que Cristo es cien por ciento hombre, cien por ciento Dios. Y como Él fue cien por ciento hombre, yo puedo intuir que como hombre Él sudó, se ensució y tuvo necesidad de bañarse. Y hay otro principio en la Palabra de Dios que me dice a mí que Cristo, no con toda probabilidad, con toda seguridad se bañó, igual que todo el mundo. La Biblia no tiene que decírmelo para yo, con el Espíritu de Dios y la revelación que me ha sido dada, poderlo concluir racionalmente y con apoyo bíblico también.
Pero Satanás nos ha engañado con todas estas cosas. Entonces tenemos estos polos y ahora nosotros no sabemos lo que es legalismo ni biblicismo. La Biblia no dice que en los días de Cristo salía la luna, pero yo sé que salía la luna, y muero por esa verdad de que la luna salía en los días de Cristo. Tampoco dice que llovió. Aquí me decía después del culto: "Bueno, pero hubo una tormenta". Y entonces le digo, para probar mi punto, digo: "Sí, pero no dice que llovió". Y dice: "Bueno, pero que una tormenta supone que llovió". Eso es lo que yo quiero decir: que no tiene que decirlo para yo concluirlo.
Lamentablemente, cuando Satanás logró eliminar el sentido común de la sociedad y del creyente, él ganó su batalla. Y honestamente, cuando yo comienzo a hablar con alguien que no acepta el sentido común, mi conversación ha terminado. Porque uno de los funcionamientos más básicos de la razón es la acción, el actuar, el funcionamiento del sentido común de los hombres, que le dijo al hombre todo el tiempo lo que era hermoso, armónico, estético, y lo diferenció de lo que era feo, desproporcionado e inapropiado; que le dijo al hombre todo el tiempo lo que era conveniente de lo que era permisible; de lo que era posible pero quizás no conveniente. Cuando tú no puedes aceptar el sentido común, hemos terminado la conversación.
Y ahí es que Satanás tiene a la iglesia, tiene a la iglesia en el mismo lugar que tiene a la sociedad. Lo único que a la iglesia le vendió su verdad posmoderna evangelizada. El cristiano posmoderno no sabe lo que es moral o inmoral. El cristiano dice: "Yo no sé lo que es apropiado o inapropiado si la Biblia no lo prohíbe, si la Biblia no lo dice". Lamentablemente, esta es la única generación que ha tratado de caminar sin sentido común.
Hace poco vi esta semana un obituario, o sea lo que es un obituario, cuando se habla de la muerte de alguien. Y resulta que era anunciando la aparición en el periódico Times de Londres, interesantemente, que fue un periódico secular, tan secular como la palabra secularismo. Y el obituario anuncia la muerte del sentido común. Esa es la muerte que están anunciando. Yo no tengo tiempo para leerlo entero, te voy a leer el final: A la muerte del sentido común le precedieron en su muerte sus padres, llamados Verdad y Confianza; su esposa, Discreción; su hija, Responsabilidad; y su hijo, la Razón. Junto con el sentido común también murieron sus padres Verdad y Confianza, su esposa Discreción, su hija Responsabilidad y su hijo la Razón. Le sobrevivieron cuatro hermanastros. Aquí están los nombres: "Conozco mis derechos"; "Lo quiero ahora", el segundo; el tercero, "Alguien más tiene la culpa"; y el cuarto, "Yo soy una víctima". Yo agregaría un quinto hermanastro: la Aceptación divorciada de la verdad y del sentido común.
Ahí está la iglesia de Cristo. Ahí está nuestra generación de jóvenes, muchos de los cuales no saben distinguir entre lo sagrado y lo profano, entre lo apropiado y lo inapropiado, lo secular y lo santo, lo moral e inmoral, lo armónico y lo desarreglado. Para algo Dios nos dio Su Espíritu y nos dio una creación, y ahora me dice: "Con ese Espíritu iluminando tu mente, al observar mi creación, su armonía, lo congruente que es, tú descubre lo que es belleza y estética en mi diseño, y orden, y apropiado".