Integridad y Sabiduria
Sermones

Cómo enfrentar la oposición

Miguel Núñez 24 mayo, 2009

Cuando el enemigo ataca con palabras de burla, críticas y amenazas, la tentación natural es responder de la misma manera. Pero el líder de Dios no puede darse ese lujo. Nehemías enfrentó una oposición feroz cuando comenzó a reconstruir las murallas de Jerusalén. Sanbalat y Tobías lanzaron una guerra psicológica: "¿Qué hacen estos débiles judíos? Si un zorro salta sobre esa muralla, se caería." Eran palabras exageradas, distorsiones de la realidad diseñadas para intimidar y desmoralizar. Pero Nehemías no devolvió insulto por insulto. Fue directo al trono de Dios: "Oye, Dios nuestro, cómo somos despreciados."

El libro de Proverbios advierte que en las muchas palabras la transgresión es inevitable. Quien refrena sus labios es prudente. Nehemías entendió que las batallas no se ganan con palabras dirigidas a los hombres, sino con palabras dirigidas a Dios. No se dejó distraer ni amedrentar. Cuando la oposición creció y amenazaron con atacar físicamente, él oró primero y luego actuó: apostó guardias, armó al pueblo por familias, dividió a sus hombres entre constructores y defensores.

Hay una diferencia entre lo que viene de Dios y lo que viene del enemigo, y está en la envoltura del mensaje. Lo que Dios envía viene con soluciones, con preocupación genuina, con ánimo para resolver. Lo que Satanás envía viene envuelto en crítica destructiva, en desánimo, en palabras que dañan la reputación de otros mientras hacen lucir mejor a quien habla. Quienes vivían cerca de los rumores fueron los primeros en desmoralizarse y vinieron diez veces a pedirle a Nehemías que detuviera la obra. Pero él, que caminaba lejos de las críticas y veía las cosas desde arriba, les dijo: "No les tengáis miedo. Acordaos del Señor, que es grande y temible."

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Nehemías capítulo 4! Recordemos que hace un par de semanas estuvimos descubriendo hasta el capítulo 2. En este capítulo 2 habíamos visto cómo la oposición se había levantado después que Sambalat, el gobernador de Samaria, escuchó que alguien se había interesado en el bienestar de Jerusalén. Y ese alguien era Nehemías, que venía de regreso de Babilonia con la aprobación del rey Artajerjes. E inmediatamente él escuchó eso, comenzó una guerra psicológica de palabras en su contra. Vimos también cómo Nehemías se proponía levantar, reedificar las murallas que había comenzado a inspeccionar una noche, lo cual hizo de manera clandestina acompañado por algunos hombres.

El capítulo 3 abre, y yo quiero leer los primeros tres versículos para explicarle por qué no lo estamos cubriendo. El capítulo 3 abre de esta manera: "Entonces el sumo sacerdote Eliasib se levantó con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las ovejas. La consagraron y asentaron sus hojas; consagraron la muralla hasta la torre de los cien y hasta la torre de Hananeel. Y junto a él edificaron los hombres de Jericó, y a su lado edificó Zacur hijo de Imri. La puerta del pescado la edificaron los hijos de Senaá; colocaron sus vigas y asentaron sus hojas, sus cerrojos y sus barras." Y el capítulo 3 entero continúa de esa manera, diciéndonos qué hizo, qué edificó cada quién. Es una necesaria exposición, es una detallada explicación. Usted lo puede leer en su casa y usted va a tener una idea de qué parte de la muralla, qué puerta fue edificada por quién.

Y con eso entonces yo quiero que veamos lo que el capítulo 4 tiene que decirnos, porque ciertamente ahí comenzamos a ver hasta dónde el enemigo ha comenzado a oponerse a los planes de Dios. Versículo uno de ese capítulo 4: "Y sucedió que cuando Sambalat se enteró de que estábamos reedificando la muralla, se enfureció y se enojó mucho. Y burlándose de los judíos, habló en presencia de sus hermanos y de los ricos de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿La restaurarán para sí mismos? ¿Podrán ofrecer sacrificios? ¿Terminarán en un día? ¿Harán revivir las piedras de los escombros polvorientos, aun las quemadas?" Tobías el amonita estaba cerca de él y dijo: "Aun lo que están edificando, si un zorro saltara sobre ello, derribaría su muralla de piedra."

"Oh Dios nuestro, cómo somos despreciados. Devuelve su oprobio sobre sus cabezas y entrégalos por despojo en una tierra de cautividad. No perdones su iniquidad ni su pecado sea borrado de delante de ti, porque han desmoralizado a los que edifican." Y edificamos la muralla hasta que toda la muralla estaba unida hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar.

"Aconteció que cuando Sambalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los de Asdod se enteraron que continuaban la reparación de las murallas de Jerusalén, que las brechas comenzaban a ser cerradas, se enojaron mucho. Y todos ellos conspiraron juntos para venir a luchar contra Jerusalén y causar disturbio en ella. Entonces oramos a nuestro Dios, y para defendernos montamos guardia contra ellos de día y de noche."

"Pero se decía en Judá: Desfallecen las fuerzas de los cargadores y queda mucho escombro; nosotros no podemos edificar la muralla. Y nuestros enemigos decían: No sabrán ni verán hasta que entremos en medio de ellos y los matemos y hagamos cesar la obra. Y sucedió que cuando los judíos que habitaban cerca de ellos vinieron y nos dijeron diez veces: Subirán contra nosotros de todo lugar a donde os volváis."

"Entonces aposté hombres en las partes más bajas del lugar, detrás de la muralla y en sitios descubiertos. Aposté al pueblo por familias con sus espadas, sus lanzas y sus arcos. Cuando vi su temor, me levanté y dije a los nobles, a los oficiales y al resto del pueblo: No les tengáis miedo. Acordaos del Señor, que es grande y temible, y luchad por vuestros hermanos, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestras mujeres y vuestras casas."

"Sucedió que nuestros enemigos se enteraron que lo sabíamos y que Dios había desbaratado sus planes. Entonces todos nosotros volvimos a la muralla, cada uno a su trabajo. Y sucedió que desde aquel día la mitad de mis hombres trabajaban en la obra, mientras que la otra mitad portaba las lanzas, los escudos, los arcos y las corazas, y los capitanes estaban detrás de toda la casa de Judá."

Hasta ahí queríamos leer. El resto del capítulo lo cubriremos a lo largo del camino. Pero una vez más te encuentro a este hombre de nombre Sambalat opuesto al trabajo de Dios. Y la mera noticia de que alguien estaba, como decíamos, interesado en venir a Jerusalén e interesado en el bienestar de Jerusalén, en construir sus murallas, eso fue motivo suficiente para que este hombre pudiera irritarse.

No sabemos la razón de su irritación, pero creemos que como gobernador de Samaria que era, posiblemente se sintió inseguro. Quizás sintió que Nehemías venía a competir con él por la hegemonía del área que él acostumbraba a gobernar y a mandar. O quizás pensó que Nehemías, al construir las murallas, fortalecería a Jerusalén y de esa manera lo tendría que desplazar. O quién sabe qué más pudo haber estado en la mente de este hombre.

La realidad es que él trató de oponerse. Y notó cómo el texto dice que la burla que hizo, la burla inicial, la hizo frente a todos sus hermanos y frente a los ricos de Samaria. Yo no creo que es un comentario al margen. Yo creo que el texto nos está tratando de comunicar que Sambalat hizo esto en frente de los hermanos buscando un apoyo numérico, y lo encontró, como vimos más adelante al leer que la gente se fue sumando a su burla y a su oposición. Pero lo hizo en frente de las personas de poder, de influencia, de los ricos de Samaria, tratando de congraciarse con ellos y de encontrar un apoyo económico si lo fuese necesario en el futuro.

Y con eso él comienza la burla en contra de los siervos de Israel: "¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿La restaurarán para sí mismos? ¿Podrán ofrecer sacrificios? ¿Terminarán en un día? ¿Harán revivir las piedras de los escombros polvorientos, aun las quemadas?" Y ante eso Tobías escucha, Tobías el amonita, el líder de ellos escucha, e inmediatamente se une a la burla y dice: "Una zorra salta sobre esa muralla y se caería la muralla."

Palabras sarcásticas, burlonas, palabras exageradas. Todo esto es una exageración de la realidad. Y muchas veces tu enemigo, el contrario, precisamente crea esa imagen irreal en tu mente que termina creando o haciendo de la realidad una monstruosidad que termina intimidándote, cuando en realidad esos no son los hechos.

Yo no sé si a ti te ha ocurrido, pero estando en reuniones donde todo va bien, donde hay una idea brillante que se está desarrollando, de repente alguien comienza desde un ángulo negativo a ver las cosas de otra manera. Comienza a adulterar esa realidad, comienza a pintar un cuadro completamente sombrío de los hechos, y de repente aquello que tenía un gran éxito, una gran aprobación, todos se deshacen en la mente del resto de los que escuchan, simplemente porque alguien logró infiltrar la mente con una distorsión de la realidad. Esta gente está haciendo eso. ¿Cómo es posible que una muralla, cuyas excavaciones hoy han determinado que tenía varios metros de ancho, fuera a ser derrumbada por un simple zorro o zorra que brincara sobre ella? Entonces, una guerra psicológica de intimidación tratando de que esta gente logre parar la obra.

Yo creo que en este caso Nehemías también está siendo tentado, como cada uno de nosotros es tentado cuando es enfrentado por el enemigo, a que peleemos, a que retaliemos, a que nos defendamos con las armas del mundo. Yo creo que esa es una de las estrategias de Satanás. Si él logra que tú y yo defendamos nuestras posiciones, opiniones, que tú y yo nos defendamos en el mundo o luchemos con las armas del mundo, él habrá garantizado la ausencia de Dios de parte de nosotros, con lo cual él tendría la victoria.

Nehemías sabía que cuidarse, que a la hora de él retaliar, a la hora de él defenderse, él no lo hiciera precisamente de una forma pecaminosa. Él pudo haber devuelto palabras por palabras, ofensa por ofensa, sarcasmo por sarcasmo, burla por burla, pero él no lo hizo. ¿Por qué? Él entiende algo que el libro de Proverbios nos advierte, que nos dice en 10:19: "En las muchas palabras la transgresión es inevitable, mas el que refrena sus labios es prudente." El autor de Proverbios nos está diciendo: cuando hablas mucho es inevitable que peques, que violes la ley de Dios, que transgredas la santidad de Dios. Sin embargo, la persona sabia, su sabiduría está precisamente en el control que él tiene sobre sus labios, sobre su lengua. Y eso es como lo dice, verdad, que el que refrena sus labios es prudente.

El libro de Proverbios continuamente nos habla del hombre sabio que piensa antes de hablar, que considera antes de hablar, para que luego él no tenga que tratar de recoger palabras que ya no son recogibles. Proverbios 21:23: "El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de angustias." No tiene luego cosas de qué arrepentirse: "Ojalá yo no hubiese dicho, ojalá yo no hubiese pronunciado." Y lamentablemente muchos de los hijos de Dios, cuando son ofendidos, tienden a retaliar con palabras. Y a veces ocurre del esposo hacia la esposa, de la esposa hacia el esposo, los hijos hacia los padres. Y cuando hacemos eso, hay algo que nosotros sabemos: es que el favor de Dios no está con esa persona en ese momento. No hay manera de que Dios pueda amparar, que Dios pueda respaldar palabras ofensivas hacia el otro.

Y a veces es una oveja contra otra oveja. Cuando eso ocurre, Satanás ha logrado venderte la idea de que si usas estrategias del mundo ganarás la batalla en el mundo. Y si hay algo que nosotros sabemos es que la perderás. El apóstol Pablo hace una advertencia muy clara a los corintios en su segunda carta, capítulo 10, versículos 3 al 5.

Pues aunque andamos en la carne, de este lado de la gloria no hay otra manera de estar, de ser, que no sea en la carne. Si andamos en la carne, pero Pablo dice, no luchamos según la carne. En otras palabras, aquellas cosas que son favoritas de la carne para defenderse, nosotros no las usamos. No tienen poder, no nos van a dar la victoria.

En cambio, Pablo dice en ese texto: "Porque las armas de nuestra contienda no son carnales", no son de las que le apetecen a la carne, de lo que la carne busca, de lo que la carne usa. Esas no son el tipo de armas que nosotros usamos, sino que nuestras armas son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo.

Este texto nos recuerda una y otra vez de que estamos en una batalla y de cómo no pelear esa batalla. En el contexto de los corintios, Pablo está hablando de una batalla que pudiera pelearse con palabras, porque le está hablando de resistencias mentales, formas de pensamiento, corrientes filosóficas del momento que se oponen a Dios, el intelectualismo anticristiano de la mente. Y aun así, esa batalla de palabras, Pablo dice, nuestras armas contra eso no son carnales, son armas distintas, poderosas en Cristo para la destrucción precisamente de esas fortalezas.

Bueno, de esa misma manera, la batalla que Nehemías está peleando no es mental, no es de palabra, no es psicológica, aunque Sanbalat quería pelear esa batalla, pero es real. Y cuando Nehemías escucha esas palabras, oye lo próximo que él hace. El versículo 4, ¿qué hace? Va donde Dios y le dice: "Oye, oh Dios nuestro, cómo somos despreciados". Dios, escucha, escucha estas palabras que están desmoralizando a mi gente. Haz algo, intervén por nosotros, levántate a nuestro favor.

Y oye cómo Nehemías se atreve, de una forma, valga la redundancia, atrevida. Cómo va donde Dios de manera atrevida y le dice: "Devuelve su oprobio sobre sus cabezas y entrégalos por despojo en una tierra de cautividad. No perdones su iniquidad ni su pecado sea borrado delante de ti, porque han desmoralizado a los que edifican".

Nehemías, esta oración suena tan personal entre Nehemías y Dios. Es como cuando un niño va donde su padre porque le han ofendido, le han dicho algo, él va y le dice: "Papi, algo me han dicho, tal cosa", y su padre va y le defiende. Nehemías va donde su Padre celestial y le dice: "Oye, Dios, estas palabras, cómo nos están desmoralizando con ellas. Intervén". Y luego tiene palabras muy duras que algunos han juzgado, pero quizás la oración de Nehemías no es tan inapropiada como parezca. No, no es una oración de paz necesariamente, pero Nehemías de una forma clara le pide a Dios que haga algo por ellos y evita tomarse la justicia en sus manos.

Nehemías está clamando por justicia. Nehemías sabe que esta gente no son simplemente sus enemigos, son los enemigos de Dios, del proyecto de Dios. Y él tenía que cuidarse del efecto que las palabras pudieran tener en él, pero al mismo tiempo tenía que cuidarse de no pelear esta batalla a la manera del mundo. Y tenía que ir donde Dios en busca de sabiduría. Él no podía enfrascarse en una lucha de palabras porque eso lo hubiese convertido en un necio.

Escucha lo que dice el autor del libro de Proverbios en 26:4: "No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él". Cuando te pones en el "dime y te diré", como dice el dicho, tú te estás rebajando a la altura del necio. Y para Dios, el necio es sinónimo de incrédulo, de pagano, de aquel que no le conoce. Y Dios dice: no entres en contiendas de palabras con el necio, con la persona que se está comportando neciamente. Sé sabio, controla tus labios, controla tu lengua. Ven donde mí y tú y yo resolvemos. Eso es uno de los graves errores que los hijos de Dios han cometido una y otra vez.

Tenemos que cuidarnos y tenemos que saber de dónde provienen las palabras para darle la importancia o no. Nehemías sabe que son enemigos. Sanbalat no va a usar palabras para alentarle, para fortalecerle, para animarle, claro que no. No le va a dar importancia a esto que viene de Sanbalat, su propio enemigo.

Pero al mismo tiempo, Nehemías tenía que cuidarse de no ser distraído. Creo que otra de las estrategias de ese enemigo es distraernos. Él conoce lo que es prioritario en la causa de Cristo. Él conoce a qué nosotros deberíamos estarle dando nuestro mejor tiempo, nuestras mejores energías. Y en ocasiones entonces logra distraernos de tal manera que mis energías, mi tiempo sean consumidas por cosas secundarias que pueden ser atendidas después, que no necesitan mi atención ahora. Pero si logra distraer mi atención y gastar mi energía y mi tiempo, es como haber logrado que un corredor de 100 metros o de 400 metros en ese poco tiempo desvíe la atención y mire hacia atrás, o mire hacia los lados, o mire hacia arriba. Porque tan pronto desvió la atención, es muy fácil poder hacerle caer y hacerle tropezar y tenderle una zancadilla. Y ese enemigo nuestro juega sucio.

Y si hay algo que el líder de Dios no se puede dar el lujo de hacer, es de ser distraído por las circunstancias. De hecho, una de las recomendaciones para el líder de Dios es que él tiene que vivir por encima de sus circunstancias. Y eso es válido para las ovejas también. Decía que recientemente vino alguien de nosotros a hablarme, y le decía al final de su conversación: "Fulano, sabe qué, de aquí por debajo del sol, así es como lucen las cosas, y así es como uno pudiera sentirse. Pero yo quiero ayudarte a subir por encima del sol y a ver las cosas desde esa otra perspectiva, de tal manera que te luzcan diferentes. Y tienes que aprender a vivir por encima de tus circunstancias".

Y eso es lo que Nehemías logró hacer y que algunos no estaban pudiendo hacer. Y lo que Nehemías hace es que, valiéndose de la gracia, le dice a Dios: "No perdones su iniquidad". Yo no creo que cuando Nehemías dice eso, conociendo el corazón de este hombre, conociendo su relación con Dios por lo que la Palabra misma revela, yo no creo que le está diciendo: "Dios, no perdones su pecado porque ellos no se lo merecen y nosotros sí". Yo no creo que ese es el clamor. Yo creo que el clamor de Nehemías es: "Dios, haz justicia. Pon atención a lo que ellos están haciendo. Están oponiéndose a tu trabajo, a tu obra. Haz justicia por nosotros y hazles pagar cargo de lo que están haciendo en contra de tu pueblo". Yo creo que eso es lo que Nehemías está haciendo, pero no se enfrasca con Sanbalat en una guerra de palabras.

Él sabe muy bien que nuestras batallas no se ganan con palabras dirigidas a los hombres; se ganan con palabras dirigidas a Dios. Ahí es donde está la diferencia entre el líder de Dios, el siervo de Dios, la verdadera oveja que conoce la sabiduría de Dios: es que él sabe cómo pelear su batalla aquí debajo, y el otro lo hace a la manera del mundo.

Sanbalat ha hablado en contra del líder de Dios. Sanbalat ha logrado desmoralizar a algunos de los que estaban aquí formando parte de él, y la manera como lo hace es hablando despectivamente en contra de los judíos. Eso es una reacción tan humana. Tan pronto Sanbalat se entera de que este pueblo viene de regreso, claro que se sintió inseguro. Y en su inseguridad, una de las cosas que la inseguridad hace, una de las maneras como la carne se levanta cuando se siente insegura, es precisamente hablando despectivamente de los demás, poniendo por debajo al otro. Porque si hay algo que a la carne le gusta hacer es sentirse superior, sentirse mejor. A la carne le encanta hablar, y tiene formas de hablar que no corresponden ni honran al Espíritu de Dios, ni siquiera al espíritu regenerado que mora en ti. Y esa carne entonces usa formas de defensa, armas del mundo, para defenderse y para criticar y hablar despectivamente del otro. Pero es la inseguridad de la carne que hace eso.

Mientras más seguros estamos, mientras más seguros estamos en Dios, menos necesidad yo siento de defenderme, de defender mis posiciones, de defender mis ideas, de defender lo que creo. Y menos necesidad tengo, menos siento la necesidad de poner al otro por debajo, de denigrar al otro y hablar mal del otro, hablar en su contra. Eso no me va a ganar el favor de Dios; al contrario, eso me hace ganar la oposición de Dios. Y ese es un error que tú y yo no podemos cometer.

Nehemías no podía retaliar usando las armas del mundo, pero tampoco podía dejarse distraer, y hablamos un poco ya de eso. Yo creo que Satanás es un experto en tratar de distraer a la gente, al pueblo de Dios. Y conociendo lo que es prioritario, como decíamos, él trata de que nuestra atención, nuestros ojos, sobre todo en medio de las crisis, estén puestos en otras cosas. Cuando la realidad es que el líder de Dios necesita enfocarse en la crisis, salir de la crisis, y luego buscar o reparar aquellas cosas secundarias, de tal manera que él no sea distraído y tumbado en el proceso de llevar a cabo la obra de Dios.

Nehemías no podía pagar el precio de la distracción, ni podía pagar el precio de pelear con las armas del mundo, pero tampoco podía permitirse el lujo de ser amedrentado. El líder de Dios no puede pagar ese precio. Uno de los comentaristas que leía para este estudio decía que una de las marcas distintivas del verdadero líder de Dios es precisamente la inhabilidad que él tiene de amedrentarse.

De que en medio de la crisis él se crece. Tú no pudiste amedrentar a Cristo; se llegó hasta la cruz. No pudiste amedrentar a Pablo; llegó hasta la decapitación. No pudiste amedrentar a Pedro; lo llevaste hasta la cruz. Ni ninguno de los mártires del pueblo de Dios que terminaron en la hoguera. Esta gente fueron gente inintimidable porque estaban llenos del Espíritu de Dios, y precisamente una de las cosas que la llenura del Espíritu hace es darle valor al individuo.

Nehemías es una persona en este momento inintimidable. Hay zancadillas, hay burlas, hay críticas, hay amenazas, hay de todo. Y sin embargo, tú lees en el versículo 6: "Y edificamos la muralla hasta que toda la muralla estaba unida hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar." No pudieron detener el trabajo. Seguimos construyendo hasta la mitad de la altura de la muralla, y el pueblo que había comenzado a perder su ánimo recibió inyección de ánimo de parte de Nehemías, a quien ellos no habían podido descorazonar, intimidar. Y él pudo levantar la moral del pueblo.

Uno de los retos del liderazgo es precisamente vivir por encima de las circunstancias, de tal manera que su moral siempre esté por encima de la moral de sus seguidores, porque él necesita inyectar ese ánimo, ese valor, ese estímulo precisamente a aquellos quienes le siguen. Y la pregunta natural, que si no la respondo desde ya en el primer culto, alguien me la va a hacer en algún momento o al final del culto por email: ¿Cómo yo logro mantener la moral alta cuando los demás la tienen baja?

Yo decía que cuando se trata de Dios nunca hay fórmulas, pero hay principios. Y siempre cuando los principios salgan de la Palabra de Dios, los principios tendrán un poder en tu vida. Yo te voy a dar tres de ellos de cómo tú mantienes la moral alta cuando otros tienen su moral quizás en el suelo.

Número uno: tú hablas con Dios más frecuentemente que con los hombres acerca del problema que tienes por delante. Tú hablas con Dios más frecuentemente que con los hombres acerca de tu problema.

Número dos: tú tienes más fe, o tú crees más en el poder de esta Palabra que en el poder de las palabras que tú has estado escuchando de parte de otros. Tienes más fe, más creencia de que esta Palabra tiene mayor poder que las palabras que tú estás escuchando de parte de otros.

Número tres: tienes que recordar que mucho de lo que viene a tus oídos no viene de Dios. ¿Y de dónde viene? De tu propia carne, o de la carne de otros, o de Satanás con olor a azufre. ¿Y cómo yo sé cuándo algo viene de Dios y cuándo algo viene de Satanás? Bueno, honestamente eso no es tan fácil de discernir. Tendrás que regresar al trono una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.

Sin embargo, yo creo —estoy usando la palabra "yo creo", no "Dios me dijo"— yo creo que Dios me ha enseñado algunas cosas en cuanto al discernimiento de aquello que él envía o de aquello que Satanás me envía o que él no me ha enviado. Y parte de cómo yo sé eso es la envoltura de cómo eso me llega. Quizás el contenido es como que Dios estuviera hablando conmigo y me dijera: "Sabes qué, Miguel, el contenido quizás no es diferente de lo que yo te envío de lo que Satanás a veces te envía. Es la envoltura del regalo que es diferente."

¿Y cómo es eso? Lo que yo te envío usualmente viene en papel envuelto de soluciones. Preocupación genuina por un problema, y la persona con quien te lo envío usualmente está genuinamente preocupado por ayudarte a resolver el problema. "Aquí hay una posible solución", o "¿Cómo podemos ayudarte en esto?", o "¿Cómo podemos pensar y juntarnos y orar juntos para buscar la solución?" Ese es el tipo de papel que yo uso.

El tipo de papel que Satanás usa es uno de queja, es uno de crítica que daña la reputación de los hermanos, de mis hijos. Es uno que, mientras le hace daño al otro, hace lucir mejor a quien habla. Cuando oigo eso, Dios pudiera decirme: "Hijo, ese mensaje no lo envié yo. Y si lo envié, en el camino me le cambiaron el papel. Pero mi mensaje nunca va envuelto en papel de crítica, de daño a la reputación de otro. Nunca va envuelto en papel de desilusión, de desánimo, de desestímulo para tu vida. Yo tengo interés en tu vida, y tengo interés en mejorar tu vida, y en fortalecer tu vida, y en levantar tu vida."

Yo creo que eso es importante porque estamos en medio de una batalla donde el enemigo es como New York: que no duerme. Y continuamente está tratando de seducirme, no con armas y estrategias obvias, sino con las sutiles, con las invisibles, con aquellas que yo no estoy esperando. Que cuando yo pienso que el ataque va a venir en esta dirección, viene de esta dirección. Por eso él quiere distraerme; él quiere que yo tome mi atención que estaba enfocada en esto y la ponga de este lado, de tal manera que él pueda venir por este lado. Y cuando nos relajamos, morimos en el camino. Nehemías no es ese tipo de hombre.

Tú tienes entonces cómo levantar la moral del pueblo. Los versículos 7 y 8: "Aconteció que cuando Sanbalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los de Asdod se enteraron que continuaba la reparación de las murallas de Jerusalén, que las brechas comenzaban a ser cerradas, se enojaron mucho. Y todos ellos conspiraron juntos para venir a luchar contra Jerusalén y causar disturbios en ella."

La oposición es contagiosa. Ya no es Sanbalat; ya no es Sanbalat y Tobías. Ahora es Sanbalat, Tobías, los amonitas, los del grupo de Asdod y los árabes también. Se juntaron todos porque así es la oposición: es contagiosa. Se juntan, se agrupan. Y esta gente ha ido ganando adeptos, ha ido ganando número. La oposición ha ido creciendo en palabras, porque ahora están hablando de que "vamos a ir, lo vamos a matar." Ha ido creciendo en números y ha ido creciendo en forma. Ya la forma no es verbal simplemente; nos estamos aproximando a lo físico. "Y vamos a ir y a luchar contra Jerusalén y a causar disturbios", dice el texto.

Y ese ánimo de burla, crítica, agresión, ira, molestia, ese es el ánimo de la carne. Le encanta a la carne vivir en eso. Y cuando la carne está en ese estado de ánimo, está en su apogeo, está en lo que ya disfruta, está teniendo un verdadero manjar. Y nosotros no podemos permitir en nuestro espíritu que la carne se deleite en nuestras vidas.

La carne es el problema. Eso es lo que hace que, como mencionamos en tiempo atrás, la mamá de John Wesley, Susana, respondiera o le ayudara a ver a su hijo lo que era el pecado, y le dice: "Todo aquello que fortalece tu carne sobre tu espíritu, ya sea en poder, en autoridad, eso es pecado." Ese es el problema: que a la carne le encanta fortalecerse sobre el Espíritu de Dios, y nosotros no podemos permitir que eso ocurra. Porque esa carne que se levanta contra tu espíritu es la carne que echa mano de las armas del mundo, que no son carnales, como Pablo dijo, para nuestras contiendas. No son ese tipo de arma. Pero a la carne le encanta luchar de esa manera y creer que va a ganar la batalla cuando echa mano de las cosas que el mundo echa mano.

Nehemías, cuando escucha las primeras palabras, acudía donde Dios le dice: "Oye cómo nos desprecian." "Oye, nuestro Dios, cómo nos desprecian." Pero ahora que hay una posibilidad de agresión física, de que vienen a luchar contra Jerusalén y de que vienen a causar disturbios, escucha lo que Nehemías dice en el versículo 9. Los "entonces" del libro de Nehemías son claves. "Entonces" —y ese "entonces" después de— "oramos a nuestro Dios." Otra vez, esa es nuestra primera línea de defensa: oramos a nuestro Dios. "Y para defendernos, montamos guardia contra ellos de día y de noche." Pero lo primero que hicimos fue que oramos. Hay mucho que podemos hacer cuando oramos, pero no hay nada que debamos hacer antes de orar. Y Nehemías conoce el trono de la gracia antes de obrar. Yo entiendo que después de orar él entendió que montar guardia era lo que Dios estaba diciendo que hicieran en este momento.

Versículo 10. Pero se decía, mientras todo esto está ocurriendo, mientras Nehemías está orando, mientras las amenazas están oyendo, versículo 10: "Se decía en Judá: Desfallecen las fuerzas de los cargadores, y queda mucho escombro. Nosotros no podemos reedificar la muralla."

Eso es exactamente donde Satanás quería llevarlo, donde el pueblo creyera que, como ya está cansado... En vez de pensar: "Hoy hemos hecho la mitad de la muralla, ya está a mitad de altura", y que eso le sirviera de fortaleza, de ánimo, y decir: "Si Dios nos llevó hasta esta altura, él nos ayudará a completarla." En vez de decir eso, el pueblo comenzó a desanimarse. Ya pensaba: "Ya estamos cansados, los cargadores no pueden seguir trayendo los escombros, y todavía falta mucho trabajo. No vamos a poder edificar esto."

Eso es lo que la guerra psicológica logra o busca alcanzar. Y por eso tienes que cuidarte de las palabras, tienes que cuidarte del efecto que pueden tener en ti. Eso va socavando tus bases, tus zapatas emocionales, te va debilitando y te pone en una situación muy precaria.

Ahora, en medio de todo eso, mientras preparaba esta reflexión, me surgió la pregunta, o me surgió la idea de que posiblemente alguien otra vez me iba a preguntar: "Pastor, yo no entiendo. ¿Nehemías no es el líder de Dios?" Sí, es el líder de Dios. "¿Las murallas no son parte del propósito de Dios?" Son parte del propósito de Dios. "¿Dios no quiere que se construyan las murallas?" Sí, Dios quiere que se construyan las murallas. "¿Dios no tiene el poder de evitar esta oposición?" Sí, Dios tiene el poder de evitar la oposición. "Y entonces yo no entiendo. Nehemías está obedeciendo a Dios, Nehemías está metido en la voluntad de Dios, Dios quiere las murallas, tiene el poder, tiene el poder para destruir los enemigos, y sin embargo Dios no ha hecho nada. No entiendo."

Yo les estoy diciendo hoy por qué Dios permite precisamente que nosotros libremos luchas de ese tipo: porque en esas luchas es que Dios fortalece en nosotros el músculo de la fe, el músculo de la confianza, y donde Dios nos deja ver que cuando nuestras fortalezas terminan es que comienzan sus fortalezas.

¿Qué fe voy a tener en un Dios que todo me lo resuelve de antemano, que yo nunca tengo que pedirle nada, ni ver su intervención en nada, porque siempre lo tiene resuelto de antemano? No es manera de confiar en ese Dios, porque yo no sé hasta dónde él es capaz; todo está resuelto, yo nunca tengo problemas. ¿Cómo va Dios a desarrollar mi fe?

Y quizás algo más. Dios envía a Nehemías de Babilonia. Bueno, Dios conoce a Nehemías. Nehemías tiene setenta años en Babilonia, si se fue pequeño o un poco menos, o nació allá. Nehemías llega: "Yo soy el líder." ¿Cómo Dios va a hacer que los seguidores tengan confianza en el líder que ha enviado? Bueno, Dios permite unas crisis, hace crecer a su líder en medio de la crisis. El líder se crece por encima de sus seguidores, y los seguidores ahora ven la autentificación de Dios en la vida del líder y le siguen. Mientras todos estaban desmoralizados, Nehemías tenía la moral alta. Mientras todos no sabían cómo orar, Nehemías sabía cómo orar. Mientras todos no sabían por dónde comenzar, Nehemías tenía todo un plan de qué hacer. Y en medio de esa crisis creció, y en medio de esa crisis creció su liderazgo, y de esa misma manera fue fortalecida precisamente la posición que Dios le había dado a su siervo para ejercer.

Nosotros no entendemos cómo Dios permite las luchas, las batallas, la oposición, precisamente para desarrollarnos. Pero la famosa historia, aquella que creo que la mayoría conoce, del niño que ve este capullo de mariposa cuando es todavía tipo gusano —o sea, que así comienzan las mariposas— y ve que está tratando de salir del capullo, y el niño ve que está teniendo problemas por salir del capullo, no puede salir. El niño va y le quita el capullo, no sé cómo le llaman, y nota que entonces la mariposa no puede volar. Entonces, cuando habla con su profesor de biología, el profesor le explica que ese proceso es parte de lo que la mariposa usa para fortalecer su músculo de vuelo. La lucha por salir del capullo es necesaria, y que si tú le eliminas esa lucha, esos músculos nunca se desarrollan y nunca podrá volar. De esa misma manera, Dios nos ve en la lucha y nos deja luchando para fortalecer nuestros músculos de la fe y de confianza en él.

Versículo 11: "Si nuestros enemigos decían: 'No sabrán ni verán hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra.'" Y sucedió que cuando los judíos que habitaban cerca de ellos vinieron y nos dijeron diez veces: "Subirán contra nosotros de todo lugar a donde os volváis," entonces aposté hombres en las partes más bajas del lugar, detrás de la muralla y en los sitios descubiertos. Aposté al pueblo por familias, con sus espadas, sus lanzas y sus arcos.

Entonces escuchen lo que está ocurriendo aquí. Ya el pueblo enemigo está dispuesto a matar si es necesario para cumplir su función. Ayer comenzaron con palabras, pero no se van a quedar en palabras. Es parte de lo que la carne hace. Una vez la carne quiere una cosa, la carne hará lo indecible hasta conseguir esa cosa. La carne es obstinada, terca. Una vez decide que quiere algo, esa carne va a perseguir eso, y si tiene que pasar de palabras a veces a lisonjas, hasta llegar a lo físico, lo va a hacer. Y eso es lo que ha ocurrido aquí. Usamos las palabras, las palabras no hicieron su efecto; ahora vamos a tener que ir, entrar, crear disturbio, luchar contra ellos. Si hay que matar, lo vamos a matar también.

Escucha lo que el texto dice. El texto que yo te leí dice que los judíos, los compatriotas de Nehemías, propios hermanos, que habitaban cerca de ellos, de quienes de Sambalat, de los amonitas, aquellos que vivían oyendo la crítica, el rumor, aquellos que vivían cerca de ese rumor, vinieron donde Nehemías diez veces a decirle: "Nehemías, es que van a subir por todas partes para destruir este trabajo. Ya detengámonos para que esta gente nos deje tranquilos."

Y yo decía que yo no creo que eso está ahí por accidente. Yo creo que el Espíritu de Dios nos puso ahí en el texto que vinieron diez veces a decir la misma cosa. Y creo que el Espíritu de Dios puso ahí que fue gente que estaba cerca de ellos que vinieron. Yo creo que hay enseñanza. Yo compartía eso con el grupo anterior. El problema es que cuando vives cerca de los rumores, cerca de las críticas, tú eres el primero en que eres desmoralizado. Y la gente que está viniendo a Nehemías a decirle: "Paremos esto," son los que viven cerca de esos rumores, de esas críticas.

Y una de las cosas que como líder, como estrategia de vida que yo he adoptado: a mí me gusta caminar lejos de las críticas y lejos de los rumores, porque me debilitan, me desenfocan, me desvían la atención. Y cuando no sea rumores, cuando no sea crítica, sino una observación constructiva, necesaria, con una posible solución —solución de oración, de trabajo, vamos caminando— vamos a escucharlo. Pero el resto, tendrá que ir diez veces a decir: "Estoy amedrentado, estoy asustado." ¿No? ¿Qué está pasando? ¿Qué están diciendo?

No, esta gente vino diez veces a donde Nehemías. Nehemías, que tiene otra perspectiva, que ve las cosas desde arriba, por encima del sol, ¿qué hace? Aposta gente detrás de la muralla, en los sitios bajos, en los sitios descubiertos, por familias, con espadas, con lanzas y con arcos. Él encuentra la solución, pero él no se va a retractar, él no va a parar el trabajo.

Y hago un ejercicio en mi mente de cómo Satanás pudiera mandarme a decir eso y cómo Dios me pudiera mandar a decir eso, para ver como el tipo de envoltura diferente de ese mismo mensaje. Y quizás Satanás se lo hubiese mandado a decir a Nehemías, o a mí en este caso: "Aquí hay un problema, aquí hay una debilidad. Eso no va a funcionar, eso no va a trabajar, eso se va a caer, eso no va para ninguna parte." Eso suena como Satanás, ¿verdad que sí? Dios te manda a decir: "Aquí hay un problema, aquí hay una debilidad. ¡Cuenta conmigo! Y piensa en esta persona, en aquella persona en quien tú no has pensado, para que refuerce las áreas que están débiles." Mismo mensaje: hay una debilidad, hay un problema, tiene que atenderla. Es mi mensaje. Uno dice: "No va a funcionar, se te va a caer, eso no sirve." El otro dice: "Cuenta conmigo, yo te voy a ayudar. Y cuenta con esta persona, busca esta persona, ve, ora, júntate, resuélvelo."

Nehemías fortaleció su punto débil e hizo que sus hombres se armaran de lanzas, de espadas y arcos. Eclesiastés 3:8 lo dice claramente: "Hay un tiempo de amar y un tiempo de odiar, un tiempo de guerra y un tiempo de paz." Pastor, pero nosotros hemos sido llamados a ser pacificadores. Absolutamente, pero no pacifistas. El pacificador hace todo lo posible por evitar el tener que usar la fuerza física para su defensa, o las armas en su lugar. Él hace todo lo posible, todas las medidas diplomáticas se agotan, pero llegado el momento, él entiende que hay un tiempo de paz y hay un tiempo de guerra. El pacifista rehúsa defenderse físicamente o con armas, aun estén violando a sus hijas y a sus hijos. Eso no es Nehemías. Nehemías no se va a quedar de brazos cruzados a esperar que su pueblo sea masacrado por un enemigo que no quiere simplemente que se construyan las murallas que Dios ha enviado a construir.

Versículo 14: "Cuando vi su temor," el temor del pueblo que vino diez veces a decirme: "Van a subir por todas partes," "cuando vi su temor, me levanté y dije a los nobles, a los oficiales y al resto del pueblo: No les tengáis miedo." No les tengáis miedo. "Acordaos del Señor, que es grande y temible." Nehemías no les dice: "No les tengáis miedo, yo tengo experiencia en esto." Nehemías no les dice: "No les tengáis miedo, yo soy el gobernador enviado por Artajerjes, yo tengo el imperio persa detrás." No les habla así. "No les tengáis miedo," pero las razones: "que te acuerdes del Señor, que es grande y temible."

Y luego el grito de batalla de Nehemías: "Y luchad por vuestros hermanos, por vuestros hijos, por vuestras hijas, por vuestras mujeres y vuestras casas." No se las den. No os dejéis saquear sus casas, no dejéis violar a sus hijos y sus hijas. Si es necesario, luchen por ellos. El grito de batalla de Nehemías, y el pueblo se llenó de valor, y el enemigo tuvo que comenzar a retroceder.

Versículo 15: "Nuestros enemigos se enteraron que lo sabíamos." ¡Ah, ya están preparados! Y que Dios había desbaratado sus planes. El mero hecho de ellos poderse organizar, tener un plan de contraataque, inmediatamente ellos entendieron: desbarataron los planes, que parte de los planes era tomarlos por sorpresa. Entonces, cuando ellos bajaron la guardia, entonces todos nosotros volvimos a la muralla, cada uno a su trabajo. Ellos bajaron las amenazas; sigamos construyendo, sigamos trabajando. Y volvieron a estar en los lugares de defensa.

Versículo 16: "Y sucedió que desde aquel día la mitad de mis hombres trabajaban en la obra, mientras que la otra mitad portaba las lanzas, los escudos, los arcos y las corazas. Y los capitanes estaban detrás de toda la casa de Judá. Los que reedificaban la muralla y los que llevaban cargas, llevaban la carga en una mano trabajando en la obra, y en la otra empuñaban un arma."

Nehemías dividió a su gente: los defensores y los constructores. Y si continúas leyendo el texto, él le pidió a cada hombre que tuviera sirviente que viniera a Jerusalén, y pidió que cada hombre no se retirara de Jerusalén en la noche, que se quedara a dormir dentro de Jerusalén, de tal manera que de día edificáramos y de noche pudiéramos guardar, tener la guardia. Él tenía una estrategia. Él no se iba a dejar amedrentar. Él iba a continuar con el proyecto que Dios le dio: la reconstrucción de esta muralla. Y cada hombre recibió su instrucción.

Y al final del texto que nosotros leímos, están ya estas palabras de Nehemías en el versículo 23. Bueno, no llegamos ahí, pero les estoy leyendo ahora: "Ni yo, ni mis hermanos, ni mis sirvientes, ni los hombres de la guardia que me seguían, ninguno de nosotros se quitó la ropa; cada uno llevaba su arma en la mano." No hay tiempo para bañarse.

No podemos darnos el lujo de que cuando nos estamos bañando, nos tomen en esos momentos, nos ataquen. Nos quedamos con la ropa, nos quedamos sucios, las armas puestas, en vigilia todo el tiempo. Pero nota cómo Nehemías dice esto: "Ni yo". Él comienza por él. En otras palabras, yo el gobernador, ni yo me atrevía a quitarme la ropa, porque yo tenía que dar el modelo, yo tenía que dar el ejemplo, yo tenía que modelar lo que yo entendía mis hombres tendrían que hacer. Pero lo que Nehemías hizo todo el tiempo fue que él oró y luego actuó, oró y luego actuó. Y eso es algo que nosotros necesitamos evitar: obrar antes de orar.

Nota que Nehemías no habló prácticamente nada con Sanbalat, no tenía nada que hablar con sus adversarios. Nehemías habló con Dios una y otra vez. Ese es el hombre sabio que guarda sus labios, que guarda su lengua, que sabe cómo pelear la batalla, que no usa armas de este mundo para defenderse, que se mantiene lejos de los rumores, se mantiene lejos de las críticas, de aquello que lo pueda desmoralizar, aquello que lo pueda debilitar emocionalmente, de aquellas cosas que no vienen de Dios y que pudieran tener un efecto en su vida.

Y él supo que tenía que cuidar el efecto de las palabras en su vida, la palabra que estaba oyendo, y tenía que cuidar de no responder con una guerra de palabras y entrar en un camino de pecado, donde no iba a contar con la aprobación de Dios, con el poder de Dios, con la protección de Dios, y que le iba a garantizar el fracaso, no la victoria.

Esta construcción va a continuar, la oposición va a continuar, vamos a seguir hablando un poco más sobre eso. Pero por ahora yo creo que podemos ir teniendo una idea de cómo enfrentar las crisis, de qué hacer y de qué no hacer, de qué escuchar y de qué no escuchar, y cómo tratar de discernir si esto que llega a mí ha venido de Dios, en qué tipo de papel ha venido envuelto. Yo creo que eso es un buen ejercicio y un buen discernimiento para aquellos de nosotros que vivimos de este lado de la gloria, todavía luchando, no solamente en contra del enemigo, pero luchando en contra de nuestra propia carne, que muchas veces también nos envía mensajes que tienen que ser desviados porque de lo contrario nos desviarán a nosotros.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.