Integridad y Sabiduria
Sermones

Compartiendo lo que tenemos

Héctor Salcedo 21 septiembre, 2008

Todo lo que tenemos es fruto de la gracia de Dios, y qué tan agradecidos estamos por ello se evidencia en lo que estamos dispuestos a dar. Este es el fundamento de la generosidad cristiana que el pastor Héctor Salcedo desarrolla a partir de Segunda de Corintios 8, donde Pablo describe la ofrenda extraordinaria de las iglesias de Macedonia para los creyentes empobrecidos de Jerusalén. Aquellos macedonios eran pobres, vivían en una provincia saqueada por Roma, y sin embargo le rogaron a Pablo que les permitiera participar en el sostenimiento de los santos. No dieron porque les sobraba, sino porque entendían que sus recursos venían de la gracia divina, no de su propio esfuerzo.

La generosidad que Dios busca va más allá del dinero: incluye tiempo, esfuerzo, dedicación y afecto. Es una virtud que todos admiran pero pocos cultivan, porque requiere renuncia. El ser humano nace con el puño cerrado, agarrado de lo suyo, y si nadie le enseña a compartir, morirá así. Los macedonios, en cambio, dieron según sus posibilidades y aún más allá de ellas, no por obligación ni por culpa, sino con gozo abundante. Veían la dádiva como un privilegio, no como un deber. El secreto de su corazón generoso fue que primero se entregaron a sí mismos al Señor. Cuando el corazón está rendido a Dios, la mano se abre naturalmente. Como dijo Jesús: más bienaventurado es dar que recibir.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bien, hermanos, algunos recordarán que la última vez que yo tuve la oportunidad de exponer la Palabra de Dios, yo estaba haciendo una serie acerca de las posesiones materiales, pero para la gloria de Dios. Cómo podríamos nosotros, o cómo podemos nosotros, hacer uso y ver las posesiones materiales desde un punto de vista bíblico, de manera tal que nosotros pudiésemos honrar a Dios en ese aspecto tan importante de nuestras vidas.

Yo había dado tres mensajes; correspondía un cuarto. Precisamente tocaba el domingo que la iglesia sufrió el incendio. Esa era la semana que me tocaba compartir el mensaje que yo tengo para el día de hoy, que se trata nada más y nada menos que del dar o compartir desde el punto de vista bíblico: qué nos dice la Palabra acerca de compartir y dar nuestros recursos económicos. Y no es casualidad, hermanos, que nosotros nos encontramos como iglesia en un momento de nuestra historia en el que hemos solicitado su ayuda, y más bien, incluyéndonos nosotros mismos, la iglesia necesita nuestra ayuda para una serie de gastos e inversiones que hemos tenido que realizar producto del incendio que aconteció en nuestro templo.

Entonces, en ese momento que me tocaba predicar del dar, Dios dijo: "Bueno, no lo vas a predicar ahora porque yo tengo algo que hacer con ustedes." Dios permite el incendio del templo y precisamente toca ese mensaje, que ya estaba preparado, en el tiempo donde nosotros hemos solicitado la ayuda de la iglesia para hacer esas contribuciones que tenemos que hacer. Yo le doy gracias a Dios porque Él ordena los temas que deben ser expuestos desde aquí. No es casualidad que sea hoy que nos toque ese tema, y quería dar esa introducción y dar ese testimonio porque no creo que sea casualidad que Dios quiere hablarnos del dar en un momento donde se nos ha solicitado la ayuda para contribuir a las necesidades de la iglesia.

Mi mensaje no queda en, mi deseo no es aumentar las contribuciones a la iglesia. Yo creo que el mensaje va mucho más allá de eso. Vamos a llenar esas necesidades, pero es un estilo de vida del cual quiero hablar.

A modo de introducción, yo he dado tres mensajes acerca de las posesiones y del dinero desde el punto de vista bíblico. El primer mensaje que di se tituló "La necedad del materialismo" y usé la parábola del necio, o del rico insensato, o del rico necio, que está en Lucas capítulo 12, donde es un hombre que se encuentra en un momento dado de su vida y él ha producido mucho y ha acumulado grandes cantidades de grano. Y dice: "Voy a destruir estos graneros y voy a construir nuevos graneros, nuevos almacenes donde yo pueda almacenar todo lo que he acumulado." Y diré a mi alma, esto es lo que se dice a sí mismo: "Diré a mi alma: descansa, goza de la vida, que tienes bienes para muchos años." Dios viene y le dice a ese hombre, en ese momento le dice: "Necio, ¿no sabes que hoy te voy a pedir tu alma?"

Y esta parábola nos confronta con la realidad de nuestras vidas y con la temporalidad de los bienes materiales. Los bienes materiales son fugaces, son inciertos, son volátiles aquí en la tierra, y cuando nos vayamos de la tierra, aquí se quedan. Por lo tanto, concentrar nuestra vida en ellos es algo necio. De hecho, la palabra en el original no es necio, es estúpido. Es estúpido para una persona, para un ser que tiene eternidad dada por Dios, que nosotros nos concentremos en cosas materiales que son temporales. Y ese fue el primer mensaje: la necedad del materialismo.

El segundo mensaje que di acerca de este tema se tituló "Dónde está tu tesoro". Y se basa en Mateo 6; está dentro del Sermón del Monte, un famoso sermón dado por Jesús a los judíos. Y en este sermón Cristo les dice y exhorta a los judíos que no acumulen tesoros aquí en la tierra, donde la polilla, el óxido y los ladrones roban y hurtan. Porque dice y agrega: "Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón."

A Dios le preocupa que nosotros hagamos de la acumulación de bienes materiales el objetivo de nuestra vida. Y le preocupa no porque es malo acumular, sino porque normalmente cuando el hombre acumula y ese es su objetivo de vida, el hombre se aferra a esas cosas, y las idolatra, y pone su corazón en las cosas materiales. Entonces Cristo dice: "No acumules para ti tesoros en la tierra; acumula tesoros en los cielos, donde ni la polilla, ni el óxido, ni los ladrones roban y hurtan. Allá tu tesoro no se puede dañar." Y ese era el segundo mensaje: que concentremos nuestra vida no tanto en lo que se queda aquí, sino en lo que vamos a obtener una vez nos hayamos ido de este mundo.

El tercer mensaje acerca de este tema fue "El no a la preocupación y la ansiedad económica". En ese mismo texto, un poco más abajo, en Mateo 6, desde el versículo 25, Cristo les dice a los discípulos: "No se preocupen por lo que van a comer, por lo que van a vestir. Miren las aves del cielo, miren la hierba del campo cómo Dios la viste, miren las aves cómo Dios las alimenta. ¿Ustedes no valen más que ellas? Por tanto, no se preocupen, porque Dios proveerá para sus necesidades."

El cristiano, el hijo de Dios, no tiene fundamento para vivir ansioso por lo que va a suceder el día de mañana, por lo que Dios va a proveer o no va a proveer. Él es fiel. Él ha dicho que va a proveer para mis necesidades, y así yo lo debo creer y debo vivir en ese sentido, de esa manera. Ese entonces fue el tercer mensaje de esta serie.

Pero obviamente, si vamos a hablar de la perspectiva bíblica de las posesiones, no podíamos dejar de incluir un mensaje que tuviese que ver con el dar, con el compartir, con la generosidad que nosotros estamos llamados a tener en nuestra vida con lo que Dios nos ha dado, con lo que Dios nos ha permitido poseer.

Ahora bien, yo quiero aclarar que la virtud de la cual voy a hablar es de la generosidad, y eso incluye más que dinero. La generosidad va más allá de lo económico. Yo puedo ser una persona que doy económicamente mucho porque tengo mucho y me sobra mucho, y doy mucho, y no necesariamente ser generoso. Asimismo, yo puedo ser una persona que no tengo nada, pero lo que tengo lo doy: tiempo, esfuerzo, dedicación, amor, afecto. Doy.

La generosidad va más allá del dinero; lo incluye, pero no es dinero solamente, porque si fuese así, los que más tienen son los que más generosos pueden ser. Y el llamado a la generosidad que Dios nos hace es a todos: ricos y pobres. La generosidad va mucho más allá del dinero.

Si yo preguntara: ¿qué virtud posee un corazón que es dadivoso?, ¿cuál es la virtud que está dentro de un corazón dadivoso?, muchos de nosotros, y no todos, responderíamos: "Bueno, eso es un corazón generoso." Esa es la virtud que está en un corazón generoso. Pero con esta virtud pasa algo extraño. Es una virtud que todos admiran, que todos se alegran de verla, pero que muy pocos cultivan e imitan. Incluso, normalmente exigimos de los demás más generosidad hacia nosotros que la que nosotros estamos dispuestos a darle a los otros. Es una virtud esquiva, difícil. La queremos para mí, pero no la cultivamos. Nos sorprendemos y la admiramos cuando la vemos en otro, pero no la alimentamos en nosotros.

Porque requiere renuncia. Renuncia a lo que tenemos, a lo que agarramos, a lo que nacemos con él. Nacemos así, nacemos con el puño cerrado. Los bebés nacen con el puño cerrado. Bueno, no le den una interpretación mística al puño cerrado de los bebés, pero es un simbolismo de que el ser humano nace agarrado de lo que tiene. Y si en su vida, en el proceso de crecimiento, no cultiva el compartir, y los padres no nos enseñan a compartir, y la iglesia no nos enseña a compartir, vamos a morir así: agarrados de todo lo que tenemos, de mi tiempo, de mis recursos, de lo que poseo, de mis familias. Todo lo vamos a tener agarrado.

Nuestro Dios es un Dios abundante, es un Dios generoso. De hecho, Dios ha puesto, esto lo dije en alguno de los mensajes, Dios ha puesto en el planeta Tierra más recursos que lo que el ser humano necesita para sostenerse. El hambre y la miseria en el mundo no es por escasez de recursos, es por mala distribución de los recursos que ya existen. La escasez se debe al pecado de egoísmo del hombre, no a la falta de provisión de Dios. Dios es un Dios generoso y abundante.

Y la mayor expresión de su generosidad hacia nosotros fue la entrega de su Hijo Jesucristo en la cruz para la redención de mis pecados. El versículo más famoso de la Biblia, Juan 3:16: "De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito." ¡La mayor expresión de generosidad en la historia fue que Dios otorgó, regaló la vida de su Hijo en una cruz para que yo pueda tener redención de pecado!

Eso es así: Dios es un Dios generoso. Y siendo así, siendo esa una de sus virtudes, es una virtud que Él quiere que sus hijos posean, que sus hijos desarrollen. Él quiere que nosotros seamos como Él, y esta es una de las virtudes por excelencia que lo caracteriza a Él, cómo es Él en su amor.

Desde el Viejo Testamento Dios habla de la generosidad de diversas maneras en diversos pasajes. Deuteronomio 15, voy a leer una serie de pasajes. No es el texto base para el día de hoy, pero solamente quiero hacer una revisión de lo que Dios dice acerca de la generosidad. Deuteronomio 15, versículo 7, dice el texto: "Si hay un menesteroso contigo, uno de tus hermanos, en cualquiera de tus ciudades, en la tierra que el Señor tu Dios te da, no endurezcas tu corazón ni cierres tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás libremente tu mano, y con generosidad le prestarás lo que le haga falta para cubrir sus necesidades."

Proverbios 14, versículo 31: "El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor, pero el que se apiada del necesitado le honra." O sea, ya aquí la generosidad es una forma de honrar a Dios. Proverbios 19:17: "El que se apiada del pobre presta al Señor, y Él lo recompensará por su buena obra." En otras palabras, Dios bendice el corazón dadivoso, lo recompensa.

Proverbios 21:13: "El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará y no recibirá respuesta." En otras palabras, el corazón avaro, agarrado, tacaño, es un corazón cuyas oraciones Dios obstaculiza. Esto tiene implicaciones serias.

Por último, Proverbios 22:9: "El generoso será bendito, porque da su pan al pobre." La generosidad constantemente es una virtud que Dios modela primero Él, y luego exhorta a su pueblo a que la viva. Dios bendice el corazón dadivoso, y digamos que juzga el corazón no dadivoso. La generosidad es una virtud a buscar por nosotros, a perseguir por cada uno de nosotros.

Entonces, si esto es así, yo quiero ver qué dice la Palabra de cómo yo puedo desarrollar, o qué tipo de principios debo yo seguir para yo cultivar un corazón como el de Dios: generoso, dadivoso, abundante hacia los demás. Y para eso vamos a ir a un pasaje que quizás es el pasaje más conocido acerca de la dádiva cristiana, de la forma de dar del cristiano, que está en Segunda de Corintios capítulo 8. Vamos a leer desde el versículo 1 al versículo 5, pero antes de leerlo yo quisiera dar un poquito de contexto de este pasaje para que sepamos de qué se trata esto. Segunda de Corintios capítulo 8, desde el versículo 1.

¿De qué se trata esto? Pablo, en uno de sus viajes misioneros, se ocupa de recolectar una ofrenda para la iglesia de Jerusalén. La iglesia de Jerusalén está totalmente empobrecida por varias razones. La primera razón es que fue una iglesia que se conformó de peregrinos. Hubo miles de personas, literalmente, que llegaron a Jerusalén, se convirtieron en Jerusalén y no se fueron a sus ciudades de origen. Se quedaron ahí porque era ahí que ellos recibían la instrucción de la Palabra, la comunión de los hermanos, todo lo que necesitaban para crecer en su vida cristiana. Es una iglesia constituida por peregrinos, y el peregrino no tiene mucho.

Número dos, la segunda razón por la que la iglesia de Jerusalén se empobreció es que era una iglesia perseguida. Aquellos que formaban parte de la iglesia eran perseguidos por sus familiares. La comunidad judía los sacó literalmente, los desterró de todo el intercambio comercial, de sus trabajos. Los cristianos en el primer siglo eran cancelados de sus trabajos por el mero hecho de ser cristianos.

Y aparte de ser una iglesia perseguida, aparte de ser una iglesia de peregrinos, era una iglesia que se encontraba en una de las provincias romanas. El Imperio Romano, contrario a lo que mucha gente cree, era un imperio pobre. Lo único que era rico era Roma. El resto de las provincias eran pobres porque Roma succionaba las riquezas de sus provincias vía impuestos y vía apropiación de la minería, de los animales y demás. Se apropiaba de todo y los consumía. Y por esas tres razones la iglesia de Jerusalén se encontraba en una condición extremadamente necesitada.

En esa condición entonces, ante la escasez de los hermanos en Jerusalén, Pablo hace suya esta causa y comienza a levantar ofrenda en las iglesias gentiles para los judíos. Y llega a Corinto y llega a Macedonia. Dentro de Macedonia, la región de Macedonia tenía tres iglesias: la iglesia de Filipos, la iglesia de Tesalónica y la iglesia de Berea. Eran las iglesias de Macedonia. Todas estas iglesias entonces contribuyeron a la recolecta de Pablo de proveer para las necesidades de los hermanos en Jerusalén.

Entonces, en ese contexto vamos a leer este pasaje de Segunda de Corintios 8, desde el versículo 1: "Ahora, hermanos, deseamos haceros saber la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia, pues en medio de una gran prueba de aflicción abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad. Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aun más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad, suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos. Y esto no como lo habíamos esperado, sino que primeramente se dieron a sí mismos al Señor y luego a nosotros por la voluntad de Dios."

En la medida que nosotros estudiemos este pasaje, vamos a ir extrayendo algunos principios para aplicar a nuestras propias vidas de lo que realmente Dios espera en el corazón de un cristiano en cuanto a la generosidad se refiere. Quizás es el pasaje que mejor resume cuál es el tipo de dádiva o de generosidad que Dios busca y espera de nosotros. No solamente hacia la iglesia física que necesita recursos, no. Esto es una virtud que debe impactar cada área de mi vida, cada relación que yo tengo: una relación de hermano, de familia, de colegas, de empleados. Las relaciones completas, todas las relaciones que yo poseo, deben beneficiarse del corazón generoso que Dios cultive en mí. Y la iglesia será uno de los beneficiados, pero va más allá de la iglesia.

Lo primero que vemos en esta dádiva, en este acto de generosidad de los macedonios, es que su generosidad fue motivada por la gracia de Dios. Eso está en el versículo 1. Dice lo siguiente: "Ahora, hermanos, deseamos haceros saber la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia." Este tipo de virtud, esta forma de dar, no nace en el corazón humano. Este desinterés, este sacrificio, esta entrega, no nace en el altruismo humano, en la filantropía humana. Nace en la gracia de Dios.

Mientras más claro yo tenga en mi mente que todo lo que tengo es por gracia, con más facilidad yo abriré mi mano a darle a otros. Mientras más yo crea que lo que tengo se debe a mi esfuerzo, se debe a mis habilidades, se debe a mi preparación, se debe a mi sudor, se debe a mis estudios; si yo creo que lo que yo tengo en la vida se debe a mí, con más celo yo lo defenderé, no lo daré. Lo daré a aquellos que se merezcan que yo les dé parte de lo que yo tengo. "Eso es mío" es la mentalidad del que agarra las cosas y del que no entiende que todo lo que tiene es fruto de la gracia de Dios.

Obviamente Dios le permite a personas acumular más, acumular menos, pero aquellos a quienes les ha dado el beneficio, la gracia de acumular más o de tener más... Es cierto que cuando soy disciplinado yo tengo un beneficio económico, cuando yo me preparo yo tengo un beneficio económico, cuando yo soy hábil en los negocios yo tengo un beneficio económico. Pero aun la habilidad, aun el estudio, aun la destreza que tengo para hacerlo, es fruto de la gracia de Dios. Las capacidades que me permiten tener no me vienen porque yo las tengo, sino porque Dios me las ha concedido.

Exactamente eso es lo que dice el pasaje: "La gracia de Dios que ha sido dada a las iglesias de Macedonia." Esta gente daba porque entendía que lo que tenían era fruto de la gracia de Dios, una gracia inmerecida, dicho sea de paso. Lo primero que tengo que aclarar entonces es eso: hasta cierto punto, mi grado de gratitud hacia Dios por lo que tengo se evidencia en lo que doy. ¿Qué tan agradecido estoy de lo que he recibido de parte de Dios? Se ve, uno se da cuenta, en lo que yo estoy dispuesto a compartir. Es el primer principio que yo veo que está contenido en este pasaje.

El segundo principio es que su dádiva, su ofrenda, se sobrepuso a las difíciles circunstancias económicas que estaban pasando. En otras palabras, su dádiva fue independiente de su condición económica. Eso es en el versículo 2: "Pues en medio de una gran prueba de aflicción abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad."

Ahora yo voy a explicar qué significa esas palabras de liberalidad y demás, pero por lo pronto es claro por el pasaje que esta gente no era gente rica. Y no podía ser gente rica, de hecho, porque los macedonios eran una provincia romana también. Y a diferencia de Judea y a diferencia de Palestina, las iglesias de Macedonia, la zona de Macedonia, tenía más años de Imperio Romano que los judíos. Por lo tanto, esta gente había sido empobrecida por el mismo Imperio Romano. Esta gente era gente pobre.

No es normal que personas en condiciones de este tipo estén dispuestas y prestas a dar lo que ellos tienen, lo poco que tienen. Es un mito pensar que mientras más yo tengo, más doy. Es un mito pensar: "No, yo voy a dar más cuando yo gane más." Eso es un mito. Si no das en lo poco, no vas a dar en lo mucho, porque no es un problema de la cantidad que tengo, es un problema del corazón.

En este caso, ellos tenían poco, y más abajo se nos dice que dieron conforme a su capacidad. Posiblemente lo que dieron no fue lo que hubiese dado una iglesia rica, pero dieron conforme a su capacidad. Dieron de lo poco que tenían. Sin duda alguna que esta gente pudo haberle dicho a Pablo: "Pablo, oye, Pablo, tú conoces cómo estamos nosotros. Nosotros nos identificamos mucho con los hermanos de Jerusalén, pero ¿y de dónde vamos a sacar, Pablo?"

De hecho, el versículo 4, que dice que ellos le rogaron a Pablo para que les dejara participar en el privilegio de sostener a los santos, nos indica que Pablo no quería aceptar su ofrenda. Esa fue la razón por la que le dijeron: "Pablo, déjanos dar." Eso es lo que es. También, qué corazón es el que está detrás: un corazón que dice "en mi pobreza, Pablo, déjame dar, que yo quiero dar, yo quiero ayudar, yo quiero contribuir con este privilegio de sostener a los santos, de contribuir con la causa de Cristo, con la causa de mi Salvador."

Este es un corazón generoso, y eso no lo hace un corazón humano. Lo hace un corazón que entiende claramente la gracia de Dios y que se ha rendido por completo a los propósitos de Dios. En este caso, ellos no usaron la excusa de su condición económica para no ayudar. Todo lo contrario, le dijeron: "Pablo, déjanos por favor dar."

Y no solamente eso. No solamente dieron, sino que dieron generosamente. Eso me llama la atención. Esa es la segunda parte del versículo, que dice que "su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad."

Esa expresión lo que significa es que su profunda pobreza, en la cual estaban sumidos, fue superada por su generosidad, liberalidad, sinónimo de generosidad. En otras palabras, ellos eran ricos en generosidad, aunque pobres en recursos económicos. Y como eran ricos en generosidad, la riqueza de su liberalidad fue mayor a la pobreza que tenían, por eso pudieron dar. No se fijaron en que tenían poco, sino en la necesidad que el otro tenía. Es probable, altamente probable, que la necesidad del pueblo, más bien de la iglesia de Jerusalén, fuese mayor que la que ellos tenían y se compadecieron. Se sensibilizaron.

¿Cuántas veces nosotros quizás podemos sentirnos excusados a no ayudar, a no contribuir más de lo que lo estamos haciendo? Pero tenemos que tener claro, hermano, siempre hay gente peor que uno. Siempre hay gente a la que uno le puede dar, siempre hay gente que necesita más que uno. Y no solamente debemos quedarnos esperando que esa gente llegue, debemos buscar cómo contribuir, cómo llenar su necesidad proactivamente, no pasivamente esperando que caiga la necesidad para ver si lo ayudo, sino buscando cómo puedo yo contribuir con la causa, con los hermanos que han sido puestos alrededor de mí.

En esto demostraron algo que es increíblemente importante, que ya más o menos lo he dicho: el dar no depende de lo que tengo, depende de mi corazón. Este es el segundo principio: su dádiva no dependió de su condición económica, superó su condición económica, se sobrepuso a sus circunstancias.

El tercer principio que está en ese mismo versículo: dieron gozosamente. Está ahí: "pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó su gozo". O sea, esta gente no dio porque estaba en su compromiso. "Iglesia de Macedonia, es solo lo que tú debes hacer, es tu responsabilidad. Imagínate, Pablo es el que lo está pidiendo. ¿Cómo le vamos a decir que no a Pablo?" Pablo no manipuló a esta gente, Pablo no los engatusó para que dieran. Ellos le pidieron a Pablo dar, y lo hicieron porque lo disfrutaban. Disfrutaban dar. Es increíble.

El corazón de Dios disfruta dar. Nos dice la Palabra que Cristo soportó la cruz por el gozo puesto delante de Él. Cristo disfrutó entregarse en la cruz. Lo disfrutó porque Él sabía que el gozo posterior era mayor al sufrimiento presente. Esta gente sabe que el gozo de contribuir con el sostenimiento de los santos es mayor, el gozo posterior es mayor que el costo inicial de pasar necesidad por esa ofrenda que dieron. Esta gente disfrutó el dar. No fueron presionados ni manipulados, ni siquiera hicieron esto por temor a que Dios nos va a castigar si no damos. Lo hicieron porque lo disfrutaron.

Y mucho. Abundó su gozo, fue abundante. Literalmente, en el lenguaje original esa palabra significa superávit, surplus en inglés, un exceso de gozo. Lo disfrutaron mucho contribuir a las necesidades de los santos. Estaban gozosos, no porque las circunstancias les eran favorables, sino a pesar de las circunstancias. Ellos entendieron algo que nosotros deberíamos entender, que está en Hechos 20:35: "Más bienaventurado es dar que recibir". Es más bendecido el que da que el que recibe. Dichosas palabras dichas por nuestro Señor Jesucristo.

Cuarta característica del dar de los macedonios. Está en el versículo 3: "Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aún más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad". Aquí hay dos características de la dádiva de los macedonios. Comienzo por la primera: dieron según podían e incluso dieron más allá de sus posibilidades.

Es un concepto muy confrontador que es la dádiva sacrificial. Dar hasta que me duele, dar hasta que me cueste. Darle a alguien para cubrirle una necesidad y dejar de irme de vacaciones. Eso es la dádiva sacrificial. Dejar de cambiar el carro porque alguien tiene una necesidad que yo quiero cubrir, porque alguien necesita un vehículo y con la diferencia que yo voy a poner por el vehículo que voy a comprar le puedo comprar un vehículo al hermano que lo necesita. Estas son cosas confrontadoras, hermanos. Son cosas que me confrontan a mí, me confrontaron a mí, pero esa es la dádiva sacrificial.

Cristo en un momento dado se pone frente a las ofrendas del templo, y dice la Palabra en Lucas 12, y lo dice también en Marcos, que venían muchas personas y traían de lo que les sobraba, ¿cierto? Pero que vieron a una pobre viuda y puso dos moneditas, y Cristo expresó las siguientes palabras: "Esta ha dado más que todos, porque dio todo lo que tenía mientras todos dieron de lo que les sobraba". En otras palabras, el tamaño de mi ofrenda, el tamaño de mi dádiva no es determinado por la cantidad, sino por el sacrificio que hago. ¿Cuánto me cuesta ayudar? Esa es el tamaño de mi dádiva.

Y muchos de nosotros damos mientras nuestro estilo de vida no se vea afectado, mientras mis comodidades no sean alteradas. Pero ¿cuántos estaríamos dispuestos a alterar nuestro estilo de vida, nuestro modo de vivir, para que otros sean bendecidos con lo que Dios nos ha dado? ¿Cuántos? ¿Cuántos incluso veríamos eso como un privilegio? ¿Tú sabes lo que es ver el sacrificio en esa área de nuestra vida, de lo económico, como incomodidad quizás, pero verlo como un privilegio? Esta es una perspectiva del cielo acerca de la dádiva. Así dio esta gente.

John Piper, en su libro "Lo que Jesús le exige al mundo", dice: "El sacrificio es la medida del tamaño de una ofrenda". El sacrificio es la medida del tamaño de una ofrenda, porque indica dónde está tu corazón. Obviamente, yo no quiero poner culpa sobre aquellos que dan, y quizás muchos de nosotros damos si no hemos llegado al punto sacrificial. No estoy hablando de que tenemos que dar sacrificialmente siempre. El punto es que cuando haya una necesidad y eso implique que yo tengo que dar sacrificialmente, yo tengo que estar dispuesto a hacerlo. Eso es lo que implica. Que cuando se presente la necesidad de alguien alrededor mío o de la causa de Cristo, yo pueda estar en la disposición de dar hasta el punto que me duele, de dejar de hacer el viaje, de cambiar el carro, porque quiero dar más para la causa de Cristo, para la provisión de la necesidad de mi hermano. Ese es el tema. Ahí es que está el meollo del asunto. Esta gente dio sacrificialmente.

Muchos de nosotros pensamos... Yo no voy a hablar, no voy a entrar en el tema del diezmo el día de hoy, aquella porción de diez por ciento que entendemos nosotros que debemos darle a la causa de Cristo para el financiamiento de todo lo que necesita la iglesia y demás. Yo no voy a hablar del diezmo. Lo que sí quiero decir es que esta gente dio según sus posibilidades y más allá de sus posibilidades. A muchos de nosotros, por nuestro nivel de ingresos, Dios espera que demos más del diezmo. Más. "Pero la idea, quiere... no, no, no, te quiero dar el otro lado, no importa". Dios quiere que tú des más del diezmo si yo puedo hacerlo, porque quiere que yo dé según mi capacidad y aún más allá de mi capacidad. Lo grande es que Dios en su generosidad nos llena de plenitud, nos llena de gozo cuando hacemos eso de esa manera.

Algo importante, que es la última de las características, que aclara algo que quiero. Yo no quiero que se vayan de aquí y comiencen a dar con la culpa encima de ustedes, y que yo salga sintiéndome culpable por todo lo que el sermón me confrontó. No. Yo quiero que demos de esta manera. Miren el versículo 3 una vez más: "Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aún más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad".

Yo no quiero manipular la dádiva de la iglesia, no quiero meterles la mano en sus bolsillos ni en el mío. Yo quiero que nosotros le pidamos a Dios que nos dé un corazón generoso, que no tenga que pedírsele para dar, que dé sin pedírsele. De hecho, es probable que a esta gente no se le pidiera la dádiva. A los corintios sí se les pidió, a los macedonios posiblemente no se les pidió, porque solo leíste el versículo 4, que ellos suplicaron a Pablo que los dejara dar. A esta gente no se le pidió. Ellos se enteraron, oigan esto, ellos se enteraron que estaban recogiendo, probablemente, esto es una especulación mía, pero es altamente probable que estaban recogiendo una ofrenda para la iglesia de Jerusalén, y le dijeron a Pablo, y le mandaron a decir: "Pablo, nosotros queremos contribuir". Y Pablo les dijo: "Pero ustedes no pueden". "Pablo, por favor, déjanos contribuir. Déjanos. Es un privilegio".

Esa fue la actitud de ellos. Dieron de su propia voluntad. No se les tuvo que decir, no se les tuvo que manipular. Yo me preguntaba: "Bueno, ¿qué entendían ellos que yo no entiendo?" Yo me sentí ridiculizado con esta actitud de generosidad al ver mi vida. Me sentí ridiculizado. Mi dádiva ha sido pírrica, ha sido mínima, ha sido ridícula ante los ojos de esta dádiva. Yo decía: "Bueno, ¿qué es lo que yo tengo que entender para poder tener un corazón así, que no sea la culpa la que me lleve a dar, sino que yo pueda dar voluntariamente, gozosamente?"

Y esto está en el pasaje, en el capítulo, ahí mismo, en el versículo 4. Dice: "Suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos". Entendamos bien esto: ellos veían este sostenimiento de los santos como un privilegio. Es una perspectiva que a veces no tenemos. Nosotros vemos que el ayudar a otros, ayudar a la causa de Cristo, es nuestro deber, pero a veces no lo vemos como un privilegio.

Dios no necesita nuestros recursos, hermanos. Y los recursos que nosotros no demos, Dios los tiene por otro lado. Él no necesita nuestros recursos. Es un privilegio que Dios me permita participar en contribuir con su causa. Es un privilegio. Yo que soy economista y que a veces trabajo con empresa privada, tengo una oficina de empresa privada como ustedes, muchos de ustedes saben. Hay personas a veces que vienen donde nosotros y me preguntan: "Bueno, yo quiero hacer una inversión, pero yo quiero que sea una buena empresa".

Yo quiero hacer una inversión, porque es un buen negocio, que es una empresa de prestigio, de renombre. Nadie quiere poner su dinero en una enramada, la gente quiere poner su dinero en buenas empresas. Y las empresas buenas tienen más dinero del que ellos quieren y necesitan, y a veces le dan entrada a un inversionista como casi un regalo, y el que puede invertir en esa empresa siente que es un privilegio que le han dado. Eso es humanamente hablando. Imagínense entonces, Dios tiene recursos de más, le sobran recursos, lo puede buscar de aquí, lo puede buscar de otro lado. El que Dios me permita, a mí, ser un contribuidor con mis recursos, de su causa, es un privilegio inmenso. Esta gente lo veía así. Déjanos, Pablo, el privilegio de participar. Tenemos que cambiar la perspectiva de nosotros de la dad.

En número dos, está aquí también en el versículo 5: "Y esto no como lo habíamos esperado, sino que primeramente se dieron a sí mismos al Señor y luego a nosotros por la voluntad de Dios." La primera parte que dice, "y esto no como lo habíamos esperado," Pablo no esperaba que de los macedonios viniera tanta ofrenda. Ellos dieron más de lo que habían esperado, de lo que Pablo había esperado, pero primeramente se dieron al Señor. El secreto de un corazón generoso es un corazón entregado a Dios, un corazón postrado ante los propósitos de Dios. Mientras más entregado yo esté, más abierta estará mi mano para que Dios use mis recursos.

Y eso fue lo que hicieron los macedonios. Luego que ellos se entregaron ellos mismos al Señor y luego a nosotros, es decir, ellos estaban consagrados a Dios y cuando se presentó la oportunidad: Pablo, ¿en qué podemos ayudar? Gente pobre, paupérrima, profunda pobreza es la forma de describirlo. Pablo, ¿en qué podemos ayudar? Y dieron los macedonios más, más de lo que Pablo esperaba, más.

Increíblemente, cuando Dios habla de la generosidad en su Palabra, miren, Dios es soberano y Dios puede decirme a mí: da, y no me tiene que explicar nada más. Pero en su misericordia y en su gracia Dios me ordena dar, pero Dios, conociendo el corazón humano, da ciertas motivaciones para que el corazón humano dé. Y lo que su Palabra revela es que Dios bendice el corazón generoso.

Ojo, y todos ustedes saben, toda esta iglesia sabe que nosotros somos acérrimos oponentes de la doctrina o el Evangelio de la prosperidad. Nosotros no predicamos que le des a Dios para que Dios te dé. Cuando yo doy esperando algo a cambio yo no estoy dando, yo estoy comprando. ¿Qué es lo que tú haces o qué es lo que yo hago en una tienda cuando voy y compro un producto? Yo pago y recibo. El que da para recibir está comprando, no dando.

Ahora bien, eso no excluye el hecho de que cuando Dios ve un corazón genuinamente generoso, Dios le da. Eso es una verdad bíblica. Dios le da. Un corazón que da sin esperar a cambio es bendecido por Dios, porque ese corazón va a recibir más y va a seguir dando y va a recibir más y va a seguir dando. Él no da para recibir, él da y recibe más y sigue dando.

Miren lo que dice Lucas 6:38, en el contexto económico que está esto: "Dad y os será dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarán en vuestro regazo; porque con la medida con que medís, os volverán a medir." Eso es económico, hermanos. Dad y se os dará.

El mismo principio, ahora dicho por Pablo, en 2 Corintios 9:6: "Pero esto digo: el que siembra escasamente, escasamente también segará; y el que siembra abundantemente, abundantemente también segará." Yo no siembro para que Dios me bendiga ciertamente, pero el que siembra y le deja el resto a Dios es bendecido por Dios. Esa es la realidad.

Y concluyo con esto. Otra vez leo Hechos 20:35: recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: "Más bienaventurado es dar que recibir."

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.