IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cuando Esdras recibe la noticia de que el pueblo de Israel —incluyendo sacerdotes, levitas y gobernantes— se ha mezclado con pueblos paganos a través de matrimonios prohibidos, su reacción es devastadora: rasga sus vestiduras, arranca cabello de su cabeza y barba, y se sienta atónito. Lo que más le duele no es solo el pecado en sí, sino que los líderes fueron los primeros en cometerlo. Este pueblo había pasado setenta años en cautiverio babilónico precisamente por haberse paganizado, y apenas catorce años después de regresar, repite el mismo error.
El pecado del liderazgo tiene consecuencias monumentales porque los seguidores copian lo que ven, y frecuentemente lo empeoran. David modeló mal la fidelidad conyugal con veinte mujeres; su hijo Salomón terminó con mil. Cuando los líderes pecan, rebajan el estándar de Dios y desmoralizan a quienes los seguían fielmente. Los líderes pueden enseñar santidad con palabras, pero si modelan pecaminosidad, el pueblo creerá lo que ve, no lo que oye.
Una conciencia sensible al pecado no se desarrolla por casualidad. Esdras vivió décadas en Babilonia rodeado de matrimonios mixtos, pero no se curtió porque mantuvo una relación íntima con Dios a través del estudio y la práctica de Su Palabra. La sensibilidad se cultiva acercándose tanto a Dios que Su santidad permite ver el pecado como algo repulsivo, no entretenido.
El sermón cierra con una pregunta penetrante: ¿hemos llegado a nuestro Getsemaní, ese lugar donde nos quedamos solos con Dios y finalmente entregamos nuestra voluntad? Las batallas espirituales se ganan o se pierden de rodillas, y la manera como nos levantamos determina la victoria o la derrota.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Y acabadas estas cosas, se me acercaron los príncipes diciendo: el pueblo de Israel, los sacerdotes y los levitas no se han separado de los pueblos de las tierras y sus abominaciones de los cananeos, hititas, fereceos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos, sino que han tomado mujeres entre las hijas de ellos para sí y para sus hijos. Y el linaje santo se ha mezclado con los pueblos de las tierras. Es más, la mano de los príncipes y los gobernantes ha sido la primera en cometer esta infidelidad.
Y cuando oí de este asunto rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté atónito. Entonces se reunieron conmigo todos los que temblaban ante las palabras del Dios de Israel por causa de la infidelidad de los desterrados, y estuve sentado atónito hasta la ofrenda de la tarde. Pero a la hora de la ofrenda de la tarde me levanté de mi aflicción, con mi vestido y mi manto rasgados, y caí de rodillas y extendí mis manos al Señor mi Dios.
Y dije: Dios mío, estoy avergonzado y confuso para poder levantar mi rostro a ti, mi Dios, porque nuestras iniquidades se han multiplicado por encima de nuestras cabezas y nuestra culpa ha crecido hasta los cielos. Desde los días de nuestros padres hasta el día de hoy hemos estado bajo gran culpa, y a causa de nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en mano de los reyes de estas tierras, a la espada, al cautiverio, al saqueo y a la vergüenza pública, como en este día.
Pero ahora, por un breve momento, ha habido misericordia de parte del Señor nuestro Dios para dejarnos un remanente que ha escapado y darnos un refugio en su lugar santo, para que nuestro Dios ilumine nuestros ojos y nos conceda un poco de vida en nuestra servidumbre. Porque siervos somos, mas en nuestra servidumbre nuestro Dios no nos ha abandonado, sino que ha extendido su misericordia sobre nosotros ante los ojos de los reyes de Persia, dándonos ánimo para levantar la casa de nuestro Dios y para restaurar sus ruinas, y dándonos una muralla en Judá y en Jerusalén.
Y ahora, Dios nuestro, ¿qué diremos después de esto? Porque hemos abandonado tus mandamientos que por medio de tus siervos los profetas ordenaste diciendo: la tierra a la cual entráis para poseerla es una tierra inmunda con la inmundicia de los pueblos de estas tierras, con sus abominaciones que la han llenado de un extremo a otro y con su impureza. Ahora pues, no deis vuestras hijas a sus hijos, no toméis sus hijas para vuestros hijos, y nunca procuréis su paz y su prosperidad, para que seáis fuertes y comáis lo mejor de la tierra y la dejéis por heredad a vuestros hijos para siempre.
Y después de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras y nuestra gran culpa, puesto que tú, nuestro Dios, nos has castigado menos de lo que nuestras iniquidades merecen y nos has dado el remanente que ha escapado como este, ¿hemos de quebrantar de nuevo tus mandamientos emparentándonos con los pueblos que cometen estas abominaciones? ¿No te airarás con nosotros hasta destruirnos sin que quede remanente ni quien escape? Oh Señor Dios de Israel, tú eres justo, porque hemos quedado un remanente que ha escapado como en este día. He aquí estamos delante de ti en nuestra culpa, porque nadie puede estar delante de ti a causa de esto.
Padre, gracias. Gracias, Dios, por un líder como Esdras, con una conciencia sensible al pecado, con una función sacerdotal de pararse entre tú y el pueblo a interceder por ellos. Gracias por el ejemplo que nos deja en estas páginas de tu Biblia, Dios, para la generación presente, de lo que es separarse para ti. Ayúdanos en esta hora a entender lo que tú quieres que esta generación y este pueblo que hoy escucha entienda para vivir para tu gloria y tu honor. En tu nombre, Cristo, lo pedimos. Amén.
Tres ideas en este texto que yo quiero cubrir. Las relacionadas al liderazgo del pueblo de Dios, pero que tienen aplicaciones para cada oveja del mismo pueblo. La primera de esas ideas tiene que ver con la influencia que el liderazgo de ese pueblo tiene sobre la conducta que se vuelve a seguir. La segunda de esas ideas tiene que ver con la sensibilidad de un verdadero líder de Dios al pecado que está a su alrededor. Y la tercera es el entendimiento que ese líder tiene de las consecuencias del pecado y de las advertencias que Dios hace antes de traer las consecuencias sobre el pueblo.
Lo primero que yo quiero que veamos, lo primero sobre lo que yo quiero llamar la atención, es acerca de la influencia del liderazgo sobre la conducta del pueblo. El impacto o la influencia que el liderazgo del pueblo de Dios tiene para bien o para mal sobre ese pueblo puede ser monumental. Y tienes eso aquí desde que tú comienzas a leer el texto. Acabadas estas cosas, se me acercaron quiénes, los príncipes, diciendo: el pueblo de Israel, escucha, los sacerdotes y los levitas no se han separado de los pueblos de las tierras y sus abominaciones de los cananeos, hititas, fereceos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos. Lo que han tomado mujeres entre las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo, escucha, el linaje santo se ha mezclado con los pueblos de las tierras. Es más, la mano de los príncipes y los gobernantes ha sido la primera en cometer esta infidelidad.
Aquí hay una denuncia, una denuncia grave que ya el pueblo había oído en contra de ese pecado en más de una ocasión. Éxodo 34:11-16, Deuteronomio 7:1-4 repite una y otra vez que el pueblo no debía tomar mujeres de pueblos paganos porque sus mujeres harían que sus corazones se fueran tras sus dioses. Y eso fue exactamente lo que aun Salomón llegó a ser. Y escucha ahora el testimonio de Salomón, que en un momento dado se paganizó por completo, en 1 Reyes 11:7: entonces Salomón edificó un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está frente a Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón. Y el pueblo pagó duramente por ese pecado.
Cuando tú revisas la historia del pueblo de Dios hay algunas cosas, hay dos o tres cosas que dan mucha pena y tristeza. Y la primera es lo continuo que es este pecado de desobediencia de parte del pueblo, que persiste hasta el día de hoy, que rehúsa separarse de los pueblos, de los grupos que tienen estilos de vida que son ofensivos para Dios, pero continúa todavía en el día de hoy con las consecuencias que esa asociación frecuentemente trae. Lo segundo que da mucha pena es la imposibilidad del creyente de influenciar al incrédulo con quien se asocia, de tal manera que siempre es el creyente que termina copiando sus estilos de vida, su hablar, sus refranes, sus músicas, sus gustos, sus preferencias, sus estilos, sus modas, sus peinados, su vanidad y todo lo demás. Eso da mucha pena.
Y en tercer lugar, realmente es casi desgarrador ver cómo los esposos, llamados a ser cabeza, en la gran mayoría de los casos no terminan teniendo la influencia santificadora que Dios los ha llamado a tener sobre sus esposas. Y más bien, cuando esas esposas no son todo lo santas que ya debieran ser, ellas son las que terminan arrastrando al esposo en la dirección en que no debiera ir. Lo vemos en Adán y Eva, lo vemos en Abraham y Sara, lo vemos en Salomón y sus mujeres, y lo vemos cada vez en el día de hoy. La falta de liderazgo, la falta de fortaleza de carácter de parte de los líderes del pueblo de Dios es algo que le ha costado muchas consecuencias a ese mismo pueblo.
Los pueblos mencionados aquí, cananeos, hititas, fereceos, jebuseos, ya no existían en este momento de Esdras. Básicamente lo que le están reportando a Esdras es que las costumbres de aquellos pueblos de los tiempos de Moisés, de Josué, son las mismas costumbres de estos pueblos alrededor de Israel hoy, y que en esencia ellos se han estado casando con las mujeres de pueblos muy similares. Y la gravedad, ya sabemos cuál fue el pecado. Lo que quizás no hayamos visto con toda claridad todavía, no lo hemos puesto de esa manera, es cuál fue la gravedad del pecado. Y es que el pecado no fue cometido simplemente por el pueblo, sino por sus líderes en primer lugar. Los sacerdotes, los levitas, aquellos que estaban supuestos a manejar las cosas sagradas del pueblo de Dios, ellos lideraron la infidelidad.
Y aquí en el texto, que yo lo leí de La Biblia de las Américas, la palabra "es más" yo creo que es la clave: es más, la mano de los príncipes y los gobernantes ha sido la primera en cometer esta infidelidad. La Reina Valera del 60 dice: los príncipes y los gobernantes fueron los primeros en cometer este pecado. Hay una paráfrasis en inglés que hoy se conoce mucho, de Eugene Peterson, The Message, la paráfrasis, y yo creo que captura muy bien el sentido de qué es lo que a Esdras se le está informando, y esto es como lo dice: nuestros líderes han llevado la delantera en esta traición. Los líderes pecaron primero y los demás copiaron. Eso es exactamente como siempre ocurre.
La razón por la que el liderazgo siempre ha sido llamado a vivir un estilo de vida por encima del resto del pueblo es porque como ellos vayan, el resto del pueblo irá. Y Cristo lo entendió muy bien y lo comunicó muy bien en Lucas 6:40 cuando Él dice: un discípulo no está por encima de su maestro, mas todo discípulo, después que sea preparado bien, será como su maestro. Todo discípulo será como su maestro, el pueblo será como sus líderes. De manera que Dios ha puesto un llamado muy especial sobre el liderazgo de su pueblo. Me decía recientemente alguien, y voy a tratar de mantener esto lo más anónimo posible, líder de un grupo, en una ocasión reciente hizo algo que no estuvo bien. Me decía: yo al principio no le vi nada de malo a lo que hice.
Yo te pido perdón porque pronto vi lo que hice de malo, y es que cuando alguno de mis seguidores hicieron esto otro que ella me contó, yo no me sentí con autoridad para ir a reprenderle o llamarle la atención, porque la línea entre esto que yo había hecho y lo que ellos habían hecho era muy fina. Y te das cuenta cómo el liderazgo nos va enseñando lecciones. El problema es que con frecuencia los líderes hacen algo que no solamente es copiado, sino que con frecuencia es empeorado y lo llevan un paso más allá. Los seguidores lo llevan un paso más allá, luego vienen y te acusan realmente de que lo que ellos han hecho no es diferente a lo que tú has hecho, y que por tanto tú no quedas calificado para llamarles la atención.
Liderazgo es un privilegio, liderazgo es un sacrificio, es una responsabilidad. Y es un sacrificio tan alto que nuestro líder por excelencia fue y murió en la cruz y se sacrificó por el resto del pueblo. Y antes de Él hacer eso, Él nos recordó lo siguiente: "Os he dado un ejemplo para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su Señor, y un enviado no es mayor que el que lo envió". De tal manera que si yo, su Señor, fui capaz de dar mi vida y sacrificarme, vosotros líderes del pueblo que quedáis aquí abajo tenéis la obligación, el llamado, la responsabilidad de hacer exactamente lo mismo mientras lideran mi pueblo, por el cual yo morí.
El pecado del líder o del liderazgo es grave, porque cuando él peca los otros lo copian, y la copia frecuentemente, como se sabe, es peor que el original. David modeló lo que era ser un esposo fiel muy mal: veinte mujeres. Su hijo: mil mujeres. Porque frecuentemente lo que copiamos es peor que lo que hemos visto modelar. El pecado en el liderazgo puede ser devastador, porque cuando los líderes pecamos, otros entienden que el estándar no era tan alto como se lo habían pintado. Y por tanto, el pecado del liderazgo rebaja el estándar de Dios ante su pueblo.
El pecado del líder es fatal porque desmoraliza a aquellos que estaban siguiendo a Dios fielmente, aquellos que habían confiado en él o en ella o en ellos. Y ahora, habiendo sido defraudados por uno o por dos, ahora tienen desconfianza en todos. De manera que el pecado del líder es desmoralizante para mucha gente.
El pecado del líder es problemático también porque los líderes modelan, y al modelar moldean para santidad o para pecaminosidad. Dios está consciente de esa influencia en una dirección o en la otra, y está continuamente llamando a su liderazgo a moldear en la dirección de la santidad. Cuando los líderes ascienden hacia Dios, traen y halan consigo a aquellos que le vienen siguiendo. Pero si el líder no asciende hacia Dios, él termina descendiendo hacia el mundo, y de esa misma manera empujando hacia las formas del mundo a aquellos que son sus seguidores.
Los líderes pueden enseñar santidad, pero si modelan pecaminosidad, el pueblo creerá lo que ve y no lo que oye. Pueden enseñar santidad, pero si modelan pecaminosidad, el pueblo terminará creyendo lo que ve y no lo que oye. Finalmente, los líderes más o menos, a mayor o menor grado, son admirados. Y cuando son admirados, sus conductas o estilos de vida son admirados. Y cuando sus estilos de vida no son todo lo santos que debieran ser, el pueblo termina admirando el pecado que Dios odia y que a Dios le desagrada. Por eso es que el pecado en el liderazgo es serio, grave, fatal, monumental, devastador.
Liderazgo es inspirador, o debe ser inspirador. Y la manera como los líderes enfrentan las dificultades resulta inspirador o resulta desilusionante para otros. Pablo les escribía a los filipenses acerca de sus cárceles y el efecto que sus cárceles estaban produciendo en sus seguidores. Esto es lo que tú lees en Filipenses 1:12-14: "Y quiero que sepáis, hermanos, que las circunstancias en que me he visto han redundado en el mayor progreso del satisfechos. De tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás". Escucha: "La mayoría de los hermanos" —no algunos, la mayoría de los hermanos— "confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor".
La mayoría de mis seguidores, dice Pablo, de aquellos que conocían de mis prisiones, han visto una forma de reaccionar de parte mía que, al contrario, lo que ha producido es que la mayoría de ellos ahora tienen más denuedo, más valor para predicar la palabra de Dios por causa de mis prisiones. Pablo inspiró a sus seguidores por la manera en que él enfrentó las dificultades.
En segundo lugar, nota no solamente la influencia del líder sobre la conducta del pueblo, sino también la sensibilidad de un verdadero líder de Dios ante el pecado del pueblo. Lo leemos: "Y cuando oí de este asunto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté atónito". La manera como el pueblo de Israel expresó arrepentimiento, tristeza, confesión, dolor, fue precisamente rasgando el velo y halando quizás algo de cabello de su cabellera o de su barba. No podían rasurarse; Deuteronomio 14 les prohíbe al pueblo de Dios rasurarse.
Bueno, pastor, ¿y qué tiene de malo rasurarse? Nada. La única razón que Dios le dio fue: "Porque el pueblo pagano se rasura y no quiero que te parezcas al pueblo pagano en nada". La asociación con la cultura de pecado de ese momento hizo que Dios le impidiera al pueblo de Israel rasurarse, simplemente para que mantuviera una distinción clara entre lo que era un pueblo y el otro. Nosotros no acabamos de entender a los extremos que Dios ha llegado para mantener esos dos polos separados, distintos, no confundibles. Y esa fue la razón por la que el pueblo, a la hora de arrepentirse, la práctica era más bien halarse algo de cabello de su cabellera o de su barba.
Pero no solamente Esdras en su sensibilidad al pecado rasga su velo, hala su cabello. Él se sienta, dice, atónito. Es como que él estuviera haciendo: "¡Ah! ¡No puedo creer! ¡No puedo creer que este pueblo que se fue a Babilonia por setenta años como esclavos, precisamente por haberse mezclado con pueblos paganos y haberse paganizado y haber copiado sus estilos de vida, es el pueblo que setenta años después está repitiendo el mismo pecado!". Por eso es que el texto dice que él incluso le dice a Dios: "¡Estoy confuso! ¡Cualquiera estaría confundido! ¡Yo no puedo creer esto, Dios!".
Nota lo que el pecado produce en Esdras. Esta reacción santa es una de dolor y tristeza. Lo hizo llorar. Y decía alguien que tú puedes conocer mucho acerca de ti mismo o acerca de otros si te haces tres preguntas: ¿Qué te hace reír? ¿Qué te hace llorar? ¿Qué te hace airarte? En otras palabras, ¿qué te divierte? ¿Cómo te entretienes? Cuando oyes hablar y te ríes, ¿de qué te ríes? Eso habla de tu corazón y del mío. Cuando ves algo y lloras, ¿por qué lloras? ¿Porque perdiste algo que te robaron, o lloras por la sensibilidad al pecado que tienes y porque se ha violado la ley de Dios, como en el caso de Esdras? ¿Qué te aíra? ¿Porque alguien interrumpió tu tiempo, tu espacio? ¿Porque no se hicieron las cosas como tú querías? ¿O te aíras porque la verdad de Dios, su ley, su santidad han sido pisoteadas? Tú puedes conocer mucho acerca del estado de tu corazón y el mío con tres preguntas: ¿Qué te hace reír? ¿Qué te hace llorar? ¿Qué te hace airarte? En el caso de Esdras, conocemos mucho de su corazón. Esdras está dolido por pecado ajeno. Esdras está avergonzado por pecado ajeno.
Y lo extraordinario de Esdras es que él estuvo tantos años en Babilonia. Quizás nació allá, o si no, llegó muy joven allá. Setenta años allá, catorce años se han pasado después que el primer retorno vino. Estamos hablando como de ochenta y cuatro años, la gran parte de eso, si no todos, en Babilonia. Y todo ese tiempo no pudo babilonizar a Esdras. Esdras... No es la primera vez que Esdras ve matrimonios mixtos. Él viene de Babilonia, donde todo el mundo estaba en matrimonios mixtos. Y sin embargo, habiéndolo visto por años, Esdras permanece sensible a esta violación de la ley de Dios de la cual se está enterando ahora.
La pregunta es: ¿Qué es lo que hace que algunos no se babilonicen y otros lo hagan tan rápidamente? Y yo diría que el universo de personas se divide entre tres grupos con relación a esta babilonización de la que estamos hablando. Hay un grupo que, no queriendo sentirse inferior o rechazado o sentirse afuera, se babiloniza rápidamente porque quiere ser como ellos y sentirse parte del conjunto de individuos en el que él se mueve. Hay otros que han querido racionalizar el babilonizarse y entonces han dicho: "No, lo que pasa es que tenemos que alcanzarlos. Tenemos que llegar. Tenemos que hacerlo como ellos para luego llegar al corazón". Y lo que este segundo grupo revela, realmente, es que amaron Babilonia todo el tiempo, pero lo único que el tiempo y las condiciones de alrededor han puesto de manifiesto es su corazón.
Y hay un tercer grupo que decide desde el inicio: "Yo no me voy a babilonizar". Ahí están los Danieles, que llegan entre trece y dieciséis años a Babilonia. Y cuando quieren babilonizarlos, lo que la cultura era, les cambiaban los nombres, les cambiaban la dieta, les cambiaban los estilos de vida, sus costumbres. Y comienzan a estos tres amigos de Daniel y a él a ofrecerles los manjares del rey y el vino del rey. Y dijeron: "No, no vamos a negociar eso. ¿Por qué tú no nos das vegetales mejor?". "Pero tú te vas a enfermar". "Vamos a ver. En diez días ya tú vienes y nos chequeas. Y si estamos peor, pues tendremos que comer los manjares, pero vamos a negociarlo". Diez días de vegetales, y al final lucían mejor que todo el mundo.
Y Daniel, entre trece y dieciséis añitos, hace la decisión de que no se iba a contaminar con el pueblo pagano. ¿Por qué Daniel puede hacerlo y muchos de nosotros no podemos hacerlo a una edad mucho más avanzada? Porque requiere determinación, requiere querer complacer a Dios, requiere una muerte a mi voluntad.
Lamentablemente, cuando te expones al pecado, el pecado te va desensibilizando, te va acostumbrando. Bueno, pasó el proverbio, y en el mundo debemos vivir siempre rodeados de pecado, es cierto. Entonces, ¿cómo lidiamos con eso? Tienes que acercarte a Dios de tal manera que en tu relación con Dios íntima, cercana, Dios pueda cada día darte una dosis de su santidad, de tal forma que cuando tú veas el pecado a todo alrededor, lo puedas ver a través de la santidad que Dios ha ido inyectando en tu carácter, y ahora el pecado visto a través de tu santidad luce odioso, repulsivo. Pero tienes que verlo de esa manera.
Spurgeon lo decía de esta forma: el pecado ha sido pagado a un precio tan alto que no nos podemos dar el lujo de jugar con él. El pecado ha sido pagado a un precio tan alto en esa cruz que no nos podemos dar el lujo de jugar con ese pecado, y con frecuencia a precio de sangre jugamos con él. Nos entretenemos con él. Es más, lo disfrutamos. Spurgeon dice: no, no podemos hacer eso.
Esdras tenía una sensibilidad al pecado que lo revela tan pronto recibe la noticia, rasgando su velo, se sienta atónito. Y todavía más, su reacción santa produjo influencia, produjo impacto, porque tú lees ahora el versículo cuatro: "Entonces se reunieron conmigo todos los que temblaban ante las palabras del Dios de Israel por causa de la infidelidad de los desterrados, y estuve sentado atónito hasta la ofrenda de la tarde."
Ante la consternación de Esdras, ante la manera como Esdras ha reaccionado, su reacción produjo otra reacción. Y es que había en Jerusalén personas que tampoco se habían desensibilizado al pecado, que también temblaban ante las palabras del Dios de Israel, y esas personas se reunieron alrededor de Esdras. Él no estaba solo. Había mucho pecado, pero Dios había reservado algunos que aún temblaban ante las palabras del Dios de Israel.
Si Esdras estuviera aquí en esta mañana sentado aquí delante de nosotros, atónito, no atreviéndose a levantar la cabeza, con toda honestidad, entre tú y Dios, ¿cuántos de los que estamos aquí pueden decir con toda honestidad: yo voy a reunirme alrededor de Esdras porque yo soy de los que he temblado delante de las palabras del Dios de Israel? ¿Cuántos, hermanos? Porque si eso no es una realidad en mi vida, yo estoy desensibilizado al pecado. Es el pecado que mora en mí, que me impide ser sacudido ante las palabras del Dios de Israel.
Pero en la medida en que Dios mantiene mi conciencia sensible al pecado, en esa misma medida, cuando escucho el estándar de Dios, cuando lo veo violado, cuando lo veo pisoteado, en mi interior hay algo como que tiembla dentro de nosotros. Y el liderazgo tiene que modelar eso para que otros puedan saber cómo luce eso.
Lamentablemente la iglesia vive en un péndulo que va de un extremo a otro. Hubo una época en que el liderazgo era visto allá como unos semidioses, intocables, que los otros creían que vivían en luces inaccesibles, sin pecados, sin debilidades, sin vulnerabilidades, lo cual no es cierto. Y cuando eso llegó al conocimiento del pueblo, la iglesia entonces tomó el liderazgo y comenzó a moverlo hacia el centro, pero como el péndulo, usted ha visto que un péndulo nunca se queda en el medio, sino que siguió para el otro lado.
Entonces ahora el liderazgo cogió para el otro extremo, de tal manera que como somos todos pecadores, y lo somos, como estamos todos destituidos de la gloria de Dios, y lo estamos, como todos tenemos debilidades, y las tenemos, como todos somos vulnerables, y lo somos, como todos tenemos inseguridades, y las tenemos, ahora el liderazgo no quiere vivir por encima del estilo de vida del resto, porque al final somos todos iguales. Somos iguales en dignidad, somos iguales en aprecio delante de Dios, pero Dios ha llamado a unos a ir delante, marcando el paso, modelando para que otros sean moldeados detrás de ellos. Y eso es un precio alto, eso es un llamado alto, eso es un gran privilegio que Dios le ha dado a los líderes.
Escucha cómo más es la reacción, porque esta es la reacción santa ante el pecado debido a la sensibilidad de su conciencia ante esta violación. Versículos cinco y seis: "A la hora de la ofrenda de la tarde me levanté de mi humillación, con mi vestido y mi manto rasgados, y caí de rodillas y extendí mis manos al Señor mi Dios, y dije: Dios mío, estoy avergonzado y confuso para poder levantar mi rostro a ti, mi Dios, porque nuestra iniquidad se ha multiplicado por encima de nuestras cabezas y nuestra culpa ha crecido hasta los cielos."
Esdras cae de rodillas, esto es una posición de humillación. Esdras abre sus brazos, pidiendo, implorando misericordia, colocándose en el gap, en el abismo, en la brecha entre Dios y el pueblo. Sufriendo vergüenza ajena, este no es su pecado, pero apropiándose de vergüenza ajena, apropiándose de pecado ajeno. Eso fue exactamente la función de Cristo en la cruz, quien sufrió la vergüenza ajena por pecado de otro, quien se apropió del pecado de otro y se colocó en la brecha entre Dios Padre y el hombre, y Esdras está haciendo exactamente las mismas cosas.
Y el líder del pueblo de Dios no puede hacer mucho menos. Es parte de su función el humillarse, el implorar, el interceder, el colocarse en la brecha precisamente para que Dios pueda tener misericordia. Esdras estuvo setenta años en Babilonia y regresa sensible al pecado. Esdras permaneció en relación con Dios, pero recuerda que habíamos hablado en meses anteriores que Esdras había dedicado su corazón al estudio, a la práctica y a la enseñanza de la Palabra. Eso es cómo Esdras no se curtió en Babilonia, porque la Palabra lo limpiaba continuamente, continuamente, continuamente.
Y Esdras tiene una vergüenza tan grande delante de Dios que dice: ¿cómo voy a levantar mi cabeza? Esdras está de rodillas, brazos abiertos, y él no se atreve a levantar la cabeza al Dios de lo alto, de tan avergonzado que está por el pecado del pueblo. ¡Oh, que Dios nos dé para esta generación múltiples Esdras! Con una conciencia sensible al pecado, que viola la santidad y la ley de nuestro Dios.
En tercer lugar, nota no solo la influencia del líder sobre la conducta del pueblo y la sensibilidad de un verdadero líder de Dios ante el pecado, sino que nota también cómo un líder que camina con Dios entiende bien qué son o cuáles son las consecuencias del pecado. Y sus advertencias. Esdras capítulo 9, versículo 7: "Desde los días de nuestros padres hasta el día de hoy hemos estado bajo gran culpa, y a causa de nuestra iniquidad, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes, hemos sido entregados en mano de los reyes de estas tierras, a la espada, al cautiverio, al saqueo, a la vergüenza pública, como en este día."
Hay algo que una persona arrepentida conoce: es que ella sabe por qué ha sufrido la disciplina en medio de la cual está. La falta de entendimiento de por qué estoy bajo disciplina es la evidencia de mi falta de arrepentimiento. El pueblo de Israel continuamente habló de una u otra manera: es que no entiendo por qué Dios nos está tratando de esta forma. Esta no es la actitud de Esdras. Escucha: a causa de nuestras iniquidades, nosotros, nuestros reyes, nuestros sacerdotes, hemos sido entregados en mano de los reyes de la tierra, a la espada, al desierto, al cautiverio, a la vergüenza, al saqueo. Él sabe bien, él entiende bien, porque la persona arrepentida entiende su disciplina. Sabe por qué está en medio de lo que está.
Es importante que nosotros lo conozcamos, porque muchas veces cuando no estamos arrepentidos, nuestra primera evidencia va a ser: no entiendo, no sé por qué. ¿Y qué es lo que genera esta falta de entendimiento? Es el yo rehusar apropiarme de mi pecado y arrepentirme del mismo. Y la manera para justificar eso es no entendiendo. ¿No entiendo? ¿Cómo no entiendo? No tengo que arrepentirme. Como no tengo que arrepentirme, no he pecado. Eso fue exactamente lo que el pueblo de Israel hizo a lo largo de su historia. Y otra vez, el problema es que cuando no entiendo, yo voy y me preparo a hacerlo ahora peor, y mientras yo me preparo para hacerlo peor, Dios también se prepara para disciplinarme de una mayor manera.
Ahora, personas arrepentidas no solamente entienden la causa de su disciplina, la gravedad de su pecado, sino que en medio de su disciplina pueden apreciar la benevolencia del carácter de Dios. Mira cómo Esdras lo dice: "Pero ahora, por un breve momento, ha habido misericordia de parte del Señor nuestro Dios para dejarnos un remanente que ha escapado, y darnos un refugio en su lugar santo, para que nuestro Dios ilumine nuestros ojos y nos conceda un poco de vida en nuestra servidumbre. Porque siervos somos, mas en nuestra servidumbre nuestro Dios no nos ha abandonado, sino que ha extendido su misericordia sobre nosotros ante los ojos de los reyes de Persia, dándonos ánimo para levantar la casa de nuestro Dios y para restaurar sus ruinas, y dándonos una muralla en Judá y en Jerusalén."
Esdras está diciendo: Dios ha sido tan bueno, tan misericordioso. A pesar de esta disciplina nos ha extendido su misericordia, se han movido los corazones de los reyes de Persia de tal manera que ellos nos han animado a regresar y construir algo para nuestro Dios en Judá, en Jerusalén. ¡Bendito sea el nombre de nuestro Dios!
Este es un líder que entiende las consecuencias del pecado, que tiene una conciencia sensible al pecado, pero que al mismo tiempo entiende la benevolencia del carácter de Dios en medio de la disciplina. Esa no fue la actitud del pueblo de Dios. El pueblo de Dios cuestionó la benevolencia de Dios, cuestionó la justicia de Dios, nunca entendió por qué Dios lo disciplinó, nunca se arrepintió, volvió a repetir el mismo pecado, y Dios se preparó para disciplinarle todavía de una peor manera, hasta el punto que destruyó la ciudad de Jerusalén por completo, no dejando siquiera el templo parado.
¿Por qué? Para que el pueblo entendiera finalmente por qué él había hecho lo que había hecho. Y lamentablemente, hasta el día de hoy el pueblo judío dice no entender qué es lo que ha pasado. ¿Tú crees que no hay personas así entre nosotros? ¿Personas así entre nosotros? Tú no ves eso, no ves tu hombre humilde que se apropia del pecado del otro, su milla, llora, se arrepiente por el otro, incluso por su pueblo, y entiende y confiesa que esto no nos salió a nosotros de repente, esto se nos advirtió a nosotros.
Versículo 10 y 11: "Y ahora, Dios nuestro, ¿qué diremos después de esto? Porque hemos abandonado tus mandamientos que por medio de tus siervos los profetas ordenaste, diciendo: La tierra a la cual entráis para poseerla es una tierra inmunda, con la inmundicia de los pueblos de estas tierras, con sus abominaciones que la han llenado de un extremo a otro y con su impureza. Ahora, pues, no deis vuestras hijas a sus hijos, ni toméis sus hijas para vuestros hijos, y nunca procuréis su paz ni su prosperidad, para que seáis fuertes y comáis lo mejor de la tierra y la dejéis por heredad a vuestros hijos para siempre."
Esdras está diciendo: yo recuerdo, Señor, que por boca de los profetas tú nos dijiste, vosotros vais a entrar a una tierra prometida donde hay personas, pueblos que practican abominaciones. No te mezcles con ellos, no tomes sus hijos y no les des tus hijos e hijas a ellos. No procures la paz con ellos. En otras palabras, no se intimiden y luego por su inseguridad traten de crear tratados de paz con ellos, porque en esa asociación ha de sucumbir. Exactamente lo que ocurrió. Dios les estaba diciendo: confíen en mí, yo seré vuestro escudo. Cuando llegaron, por miedo a los pueblos hicieron tratados de paz, y con eso se fueron tras sus costumbres, sus estilos de vida. No deseéis su prosperidad, su prosperidad pecaminosa; la han adquirido pecaminosamente y la disfrutan pecaminosamente. No deseéis su prosperidad tampoco. Si proceden de esa manera, observando mis mandamientos, comeréis lo mejor de la tierra.
No solamente hay una advertencia acerca de qué no hacer, también hay promesas de bendiciones. Y la promesa es que si me obedeces, comerás lo mejor de la tierra. La pregunta para nosotros como individuos, como parejas, como familia: ¿estamos nosotros obedeciendo de tal manera que a nivel espiritual estamos comiendo, disfrutando de las mejores riquezas en gloria que Dios pueda darnos, o de las migajas que Dios pueda dejar caer? Lo que Dios quiere es que en mi relación de obediencia con Él, Él pueda darme lo mejor de Él. Pero requiere algo: un compromiso, un sacrificio, un alejarme, un evitar, un no curtirme, un no ensuciarme. Esdras reconoció lo que el pueblo no reconoció.
Permítanme resumir la historia del pueblo de Israel para ir cerrando con esta reflexión. El pueblo de Israel, número uno, dijo no entender por qué Dios lo disciplinó. Quizás algunos de nosotros estamos ahí. Número dos, el pueblo de Israel dijo no haber oído antes palabras de advertencia, y eso es algo que en ocasiones oímos: "no me lo dijeron, no me advirtieron." Número tres, el pueblo de Israel repitió el pecado por el cual Dios lo disciplinó. Número cuatro, el pueblo de Israel acusó al disciplinador de injusto, en este caso Dios. Número cinco, el pueblo de Israel persistió en su perversidad. Número seis, como el pueblo de Israel nunca se apropió de su pecado, nunca se arrepintió, se preparó, lo repitió de manera peor, y Dios se preparó también y le disciplinó de manera mayor.
¡Guau! ¿Dónde estamos en esos seis? ¿Dónde está mi vida? ¿Dónde estás tú? Dios me ha hablado, me ha dicho, me ha corregido. ¿Dónde me he rehusado a verlo? ¿Dónde he racionalizado lo que Dios me está diciendo, lo que me ha mandado a decir? Finalmente tiene que llegar el momento en que yo quiera entregar mi voluntad y decir: yo me rindo. Yo hoy me rindo a tu voluntad, yo me rindo a tu voluntad, yo me rindo a tu voluntad. Tiene que llegar el momento en que finalmente yo vaya a Getsemaní, me arrodille y entregue la última fibra de mi voluntad, donde de ese momento en adelante yo no tenga lucha con la voluntad de Dios, con los mandatos de Dios, con el llamado de Dios, con el pueblo de Dios y con el mundo en general. Pero Getsemaní no ha ocurrido para mucha gente.
Jesús se llegó a los once y llegó un momento en el monte con los once. Llegó a un punto, dejó a ocho, siguió con tres, y llegó el momento en que dejó a los tres y siguió solo. ¿Saben con quién él llegó a Getsemaní? Solo. Algunos estamos donde llegaron los once, otros estamos donde llegaron los tres, convencidos de que llegamos a Getsemaní y no hemos llegado. Getsemaní es un lugar donde Dios te empuja, donde tú te quedas solo, a solas con Él y con Dios, donde finalmente Dios dice: "Ok, tú o yo. Decides." Y tienes que decidirlo sobre tus rodillas, porque cuando te pares de ahí, lo que hayas decidido sobre esas rodillas determinará tu triunfo o tu derrota.
Y es ahí donde Cristo suda gotas de sangre, es ahí donde la lucha se estaba librando, ni siquiera en la cruz. Ya la cruz era victoria cantada. Es en la soledad, cuando Cristo se paró de ahí, Cristo había ganado la victoria. Las luchas se pierden o se ganan sobre tus rodillas, y la manera como te paras de ellas determina si será una victoria o será una derrota. La mayoría de nosotros primero no estamos en Getsemaní, estamos con los once, con los tres, y donde nos arrodillamos nos paramos para tomar la decisión después. "Yo sé, yo sé que tengo que hacerlo, yo sé que es una lucha, yo sé que es mi pecado, yo sé que soy yo." Y Dios dice: por eso lo sabemos de ese tiempo. La pregunta no ha sido, no ha sido nunca si tú lo sabes. Yo sé que tú lo sabes. La pregunta ha sido si me vas a dar tu voluntad, sí o no. ¿Cuál copa vas a tomar, la mía o la tuya? La copa tuya que hoy sabe dulce, mañana te sabrá amarga. La copa mía que hoy pudiera parecer amarga, mañana será de gran dulzura.