Integridad y Sabiduria
Sermones

Confía en el Dios que está de tu lado

Reynaldo Logroño 5 diciembre, 2021

Cuando el ejército arameo rodeó la ciudad de Dotán para capturar al profeta Eliseo, su joven asistente Giesí salió temprano y vio tropas, caballos y carros de guerra por todos lados. Su reacción fue inmediata: "Señor, ¿qué vamos a hacer ahora?" Pero Eliseo, completamente tranquilo, respondió con palabras que atraviesan los siglos: "No tengas miedo. Hay más de nuestro lado que del lado de ellos." Entonces oró para que Dios abriera los ojos del joven, y Giesí pudo ver las montañas llenas de caballos y carros de fuego celestiales rodeando a su maestro.

Lo extraordinario es que la gran batalla nunca ocurrió. En lugar de desatar el poder destructivo de aquel ejército angelical, Dios cegó a los arameos y Eliseo los guió mansamente durante veinte kilómetros hasta el corazón de Samaria. Allí, cuando el rey Joram quiso matarlos, el profeta ordenó algo impensable: que les dieran un gran banquete y los enviaran de regreso a casa. El resultado fue que los arameos no volvieron a invadir Israel.

Este pasaje revela que Dios no opera según la lógica humana. Sus caminos, tiempos y soluciones son completamente diferentes a los nuestros. La seguridad del creyente no depende de ver ejércitos celestiales, sino de tener la certeza que tenía Eliseo: que Dios está de nuestro lado. Pero esto conlleva una responsabilidad: asegurarnos de que nosotros estamos del lado de Él, viviendo en obediencia y dependencia total, no como los soldados arameos que caminaban ciegos sin saber hacia dónde iban.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Y ahora vamos a estar viendo un pasaje que se encuentra en el Antiguo Testamento, específicamente un pasaje que se encuentra en el libro de Segunda de Reyes, capítulo 6. Vamos a recordar que los dos tomos del libro de los Reyes engloban toda la historia del pueblo de Israel desde el reinado de Salomón hasta que el reino del sur, ya dividido, Jerusalén, es invadida por Nabucodonosor. En esos dos tomos de la Biblia en el Antiguo Testamento vemos todo cuanto pasa con los reyes que sucedieron a Salomón, que inmediatamente se divide el reino del norte con la capital en Samaria y el reino del sur que mantiene su capital en Jerusalén. Todo lo que ocurre con esos reyes, todo lo que ocurre con los profetas que hablaron por Dios a esos reyes, están relatados en esos dos libros.

Todavía vamos a ver un pasaje que está en ese libro y este pasaje en especial tiene un protagonista y cuatro actores secundarios. ¿Te imaginas quién es el protagonista? Dios, el protagonista de todos los pasajes de tu Biblia y de la mía. Pero en este pasaje también hay cuatro actores secundarios y yo entiendo que es muy importante que veamos el trasfondo de cada uno de ellos, porque si Dios va a hablar en ese pasaje, primero le habló a ellos y luego nos va a hablar a nosotros a través de lo que le dijo a ellos.

En ese pasaje, estos son los cuatro actores secundarios. Primero, el rey de Siria, el rey de los arameos, se llamaba Ben-adad. Segundo, el rey de Israel, Joram. Tercero, el profeta de Dios, Eliseo. Y cuarto, el siervo o asistente del profeta Eliseo que se llamaba Giezi.

Ahora, ¿qué nosotros vamos a hacer esta mañana? Yo te recomiendo lo siguiente. Vamos a revisar primero qué nos dice este pasaje del protagonista. ¿Qué nos dice de su carácter? ¿Qué nos dice de sus atributos? ¿Qué nos dice de sus propósitos? Pero también vamos a ver qué nos dice acerca de los cuatro actores secundarios. Vamos a ver cómo es su carácter, pero sobre todo vamos a ver la percepción que tenían de Dios y la relación que tenían con Dios. Y luego, vamos a ver qué nos quiere decir Dios con este pasaje a ti y a mí que estamos leyendo nuestra Biblia casi tres mil años después que los eventos de este día sucedieron. ¿Amén?

Entonces, vamos a revisar primero quiénes son estos actores secundarios. Ya mencioné el rey arameo Ben-adad. Ben-adad era un enemigo acérrimo de Israel. No daba tregua, batallas tras batalla, todo el tiempo acechando los reyes de Israel. En una ocasión, levantó su enorme ejército contra Israel mientras era rey el rey Acab. Y dice la Biblia, y lo voy a leer en Primera de Reyes 20:27, que el ejército de Israel era tan diminuto que parecían dos rebaños de cabras. Fíjense lo que dice, Primera de Reyes 20: "Entonces Israel reunió a su ejército, montó línea de abastecimiento y salió a pelear. Pero el ejército de Israel parecía dos pequeños rebaños de cabras en comparación con el inmenso ejército arameo que llenaba toda la tierra."

Ahora, los arameos cometieron un gravísimo error. Mira lo que dice el versículo siguiente: "Entonces un hombre de Dios, un profeta, fue a ver a Acab el rey de Israel, y le dijo: Esto dice el Señor. Los arameos han dicho: El Señor es un Dios de las montañas y no de las llanuras. Ellos nos han ganado cuando hemos peleado de manera pequeña en las montañas, pero en el llano, Él no es Dios." Así que le dijo el profeta a Acab: "Yo les derrotaré este gran ejército por ti. Entonces sabrán que yo soy el Señor." Hermanos, ese día Ben-adad perdió 127,000 soldados de su ejército. A través, no de los dos rebaños de cabras, a ver ya que no, a través de quién, del poder del Señor.

Segundo protagonista, perdón, el segundo actor secundario, este es el rey de Israel, que era Joram. Joram fue el noveno rey de Israel, ya siendo reino del norte. Y Joram era hijo, nada más y nada menos, que yo creo que de la pareja más funesta de personajes bíblicos: el rey Acab y su esposa Jezabel. Miren cómo describe la Biblia a Acab, dice: "Y Acab, hijo de Omri, hizo lo malo a los ojos del Señor, más que todos los que fueron antes de él." Y en otro capítulo dice: "Nunca nadie se entregó tanto a hacer lo que es malo a los ojos del Señor como Acab, bajo la influencia de su esposa Jezabel."

De hecho, parece que esa señora era tan mala, parece no, era tan mala, que el mismo apóstol Juan, en Apocalipsis capítulo 2, cuando el Señor está pasando juicio a las iglesias y la menciona, dice en el juicio de Tiatira: "Pero tengo una cosa contra ti, Tiatira, que permites que esa mujer, esa Jezabel, que se llama a sí misma profetisa, lleve a mis siervos por mal camino." Esos son los padres de Joram. Yo realmente, hermanos, yo me maravillo cómo hay padres que le ponen a una hija ese nombre. Tiene que ser gente que nunca le pasó ni cerca una Biblia. Eso es impresionante.

Bueno, Joram es el hijo mimado de esos dos personajes. Y Joram reinó a Israel por 12 años y dice que aunque hizo lo malo delante del Señor, por lo menos mantuvo cerca a Eliseo todo el tiempo en su gobierno. Dice Segunda de Reyes capítulo 3, hablando de Joram: "Joram hizo lo malo ante los ojos del Señor, aunque no como su padre y su madre, pues quitó el pilar sagrado de Baal que su padre había hecho, quitó los ídolos. Sin embargo, se aferró a los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, con los que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos." Algo bueno hizo, quitó los baales, pero dice ahí que caminó en los pecados de Jeroboam.

Y hay muchos reyes de Israel que cuando están dando su currículo, dice el problema fue que anduvo en los pecados de Jeroboam. Y el pecado de Jeroboam, que fue el primer rey del reino del norte, fue muy grave. Básicamente constituyó tres transgresiones gravísimas de la ley de Dios. La primera fue que incitó al pueblo de Israel a adorar ídolos, convenciéndose de que eran representaciones del Dios verdadero. Esa artimaña convenció al pueblo de Israel que los ídolos no eran dioses falsos, que adorar ídolos no significaba violar el segundo mandamiento, que esos ídolos eran una representación del Dios verdadero que los sacó de Egipto y que estaban haciendo simplemente una veneración.

Pero todavía fue más lejos: nombró sacerdotes ilegítimos que no provenían de la tribu de Leví. Como ahora el reino del norte no estaba en Jerusalén, él se inventó una nueva religión donde él decidió cómo había que adorar al Señor y cómo era ese Señor que ellos iban a adorar. Y por si fuera poco, cambió las fechas de las fiestas sagradas de los judíos. Él decidió: ese Dios que está en el templo, que está en el lugar santísimo, no nos conviene, nos queda muy lejos, es muy incómodo. Vamos a crear una religión y vamos a acomodar nuestro Dios a nuestra comodidad y a nuestra conveniencia. Ese se supone que es el rey del pueblo de Dios. Joram anduvo en ese mismo camino.

Ahora hay un tercer actor que es el profeta Eliseo. El profeta Eliseo fue el profeta que sucedió al gran profeta Elías. Y Eliseo es para nosotros un perfecto ejemplo de lo que nosotros tenemos que hacer cuando Dios nos llama. Si ustedes recuerdan, la semana pasada el pastor Lleuvane nos decía lo siguiente: seguir a Jesús nos puede costar nuestra comodidad, nuestros compromisos y también nos puede costar nuestras relaciones. No hay cláusulas ocultas, desde el comienzo Jesús dice: es todo o nada.

Dice Primera de Reyes 19 que Elías vio a Eliseo arando en el campo con 12 pares de bueyes, no con un par, ni con dos pares, con 12 pares de bueyes. O sea, Eliseo era realmente un empresario agrícola de su ciudad. Y dice el pasaje que Elías le pasó por el lado y le dejó caer la capa sobre Eliseo como un símbolo de que lo quería como su sucesor. Y mire lo que hizo Eliseo: Eliseo inmediatamente dejó los bueyes donde estaban, salió corriendo detrás de Elías y le dijo: "Deja que primero me despida de mis padres con un beso y luego iré con usted." Y él fue: "Bendición mamá, bendición papá, adiós." Y dice que entonces Eliseo regresó a donde estaban los bueyes y los mató, los 24 bueyes. Y con la madera del arado hizo una fogata para asar la carne, repartió la carne asada entre la gente del pueblo, todos comieron, y después Eliseo se fue con Elías como su ayudante. Dejó de ser un rico comerciante y pasó a ser el ayudante del profeta de Dios.

Eliseo estuvo trabajando bajo el cuidado de Elías por 3 o 4 años y dice la Palabra que él no se apartó ni un momento de Elías cuando él sabía que Elías iba a ser arrebatado por el Señor. Dice Segunda de Reyes capítulo 2: "Elías dijo a Eliseo: Eliseo, pide lo que quieras que yo haga por ti antes de que yo sea apartado de ti. Y Eliseo le dijo: Te ruego una sola cosa, que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. Y Elías le dijo: Has pedido una cosa muy difícil. Sin embargo, si tú me ves cuando yo sea llevado de ti, así te sucederá, pero si no, no será así." Y mientras iban caminando y conversando, de pronto apareció un carro de fuego tirado por caballos de fuego, pasó entre los dos hombres y los separó, y Elías fue llevado al cielo por un torbellino. Eliseo lo vio y exclamó: "¡Padre mío, padre mío! Estoy viendo los caballos de fuego, los carros de Israel y sus hombres de a caballo." Él quiso confirmar con Elías: yo lo estoy viendo. Y Dios le concedió a Eliseo su deseo.

Y el cuarto actor que vamos a ver en este pasaje es el joven siervo del profeta Eliseo que se llamaba Giezi. Era un joven asistente, un estudiante de profeta. Quizás era uno de los estudiantes más aventajados, o por el contrario, quizás uno de los estudiantes que necesitaba más de Eliseo, por eso Eliseo lo tomó para darle tutorías particulares.

Esos son los cuatro actores y ese es el protagonista de esta historia. Con eso en mente vamos a leer el pasaje de hoy. Segunda de Reyes, capítulo 6, del 8 al 23. Voy a estar leyendo en la Nueva Traducción Viviente, y voy a ir leyendo el pasaje y vamos a ir desarrollando a la medida que avance el sermón.

Dice el versículo 8: "Cada vez que el rey de Aram, o sea Siria, entraba en guerra con Israel, consultaba con sus funcionarios y les decía: 'Movilizaremos nuestras fuerzas en tal o tal lugar.'" Sin embargo, de inmediato Eliseo, el hombre de Dios, le advertía al rey de Israel: "No te acerques a ese lugar porque allí los arameos piensan movilizar sus tropas." Entonces el rey de Israel mandaba un aviso al lugar indicado por el hombre de Dios. Varias veces Eliseo le advirtió al rey para que estuviera alerta en esos lugares, y es importante que dice varias veces, no una ni dos veces. Tenemos a un rey Joram que solamente hacía caso del profeta de Dios en los temas que tenían que ver con estrategias de guerras, pero estamos muy seguros de que cuando Eliseo lo confrontaba con su pecado, lo echaba a un lado.

Pero vamos a seguir leyendo, versículo 11: "Esta situación disgustó mucho al rey de Aram, y llamó a sus oficiales y les preguntó: '¿Quién de ustedes es el traidor? ¿Quién ha estado informando al rey de Israel acerca de mis planes?'" O sea, Ben-adad ha sufrido derrotas sobrenaturales. Ben-adad dio como un ejército de dos rebaños de cabras, mató 127 mil soldados, y él no entiende. Él no entiende quién es Dios. Él está viendo que cada vez que él va a un sitio a hacer una emboscada, el pueblo de Dios lo sabe. Y lo primero que le viene a la mente, ¿ustedes saben qué es? ¿Qué? ¿Traición, cierto? Tiene que haber un chivato dentro de mi equipo. Eso es uno de ustedes que está haciendo eso.

Versículo 12: "No somos nosotros, mi señor rey", respondió uno de los oficiales. "Eliseo, el profeta de Israel, le comunica a Israel hasta las palabras que usted dice en la intimidad de su alcoba." Y repostó Ben-adad: "Vayan a averiguar dónde está para mandar soldados a capturarlo." Y luego le avisaron: "Eliseo está en Dotán." Así que una noche el rey de Aram envió un gran ejército con muchos caballos y carros de guerra para rodear la ciudad.

Y es importante: gran ejército, muchos caballos, rodear la ciudad. Y digo que es importante porque Dotán no era una ciudad pequeña; para rodear la ciudad de Dotán se necesitaban miles de soldados. Y Dotán era una ciudad que se localizaba en un valle que estaba completamente rodeado de montañas. Es una ciudad que se encontraba, mejor dicho, a 20 kilómetros de Samaria, la capital de Israel. Y era una ciudad muy importante porque se encontraba en el centro de la ruta comercial entre Damasco, del imperio sirio, y Egipto. Todo el que iba a negociar algo entre Damasco y Egipto tenía que pasar por la ciudad de Dotán.

Vamos a seguir leyendo, versículo 15: "Al día siguiente, cuando el sirviente del hombre de Dios se levantó temprano y salió, había tropas, caballos y carros de guerra por donde... por todos lados, por toda la ciudad. '¡Oh señor! ¿Qué vamos a hacer ahora?' gritó el joven a Eliseo." Ponme esa imagen tercera de la escena. Se levanta Giezi, día nuevo, y encuentra la ciudad totalmente rodeada de arameos. Y él está seguro de lo que lo están buscando. Él sabe que esos arameos están buscando a Eliseo. Pero él también sabe que Eliseo sabe que lo están buscando. Y va y le grita: "Señor, ¿qué vamos a hacer ahora? ¿Por qué tú estás tan tranquilo?"

Entonces Eliseo, el hombre de Dios, el que vio con sus ojos a Elías ser arrebatado, el que recibió doble porción del espíritu de Elías, le dice estas conocidas palabras: "No tengas miedo. Hay más de nuestro lado que del lado de ellos." La Biblia de las Américas dice: "No temas, porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos." Y Giezi mira el ejército y tiene que quedar así como: "¿Ah sí?"

Y Eliseo, imagino que con ese instinto paternal, dice versículo 17: "Y oró: 'Oh Señor, abre los ojos de este joven para que vea.'" Así que el Señor abrió los ojos del joven, y cuando levantó la vista, vio que la montaña alrededor de Eliseo estaba llena de caballos y carros de fuego. Hermanos, ¿me están entendiendo? Dotán es una ciudad totalmente rodeada de montañas. Y dice ahí que la montaña alrededor de Eliseo, o sea, todo alrededor, estaba llena de caballos y carros de fuego.

Si eres de tu pueblo, imagínate eso. Ubica tengo una ciudad que esté asentada, que tenga esas características. Los que somos de aquí, no podemos imaginar que estamos en Toscana, por ejemplo, o en Arabacoba. Imagínate que de repente en la mañana, no de noche no, con el sol afuera, en un abrir y cerrar de ojos aparecen las montañas llenas de soldados celestiales. No una cadena de soldados en la cima de la montaña, no. Dice ahí que la montaña estaba llena de soldados, y en todas las versiones de la Biblia en español se le da a comparar esa palabra en todos los versículos: la montaña estaba llena de soldados. Desde abajo hasta arriba. Todo alrededor llena de soldados celestiales en carros de fuego.

¿Te lo imaginas esa escena? Yo me imagino ese ejército del Señor no puesto como arbitrariamente, sino organizado en filas. Viendo toda esa montaña, espectáculo que Giezi estaba viendo, ¿qué ustedes creen que pasó? Que en un abrir y cerrar de ojos, literalmente, el miedo de Giezi se fue. En un abrir y cerrar de ojos Giezi pudo entender por qué su jefe estaba tan tranquilo. Él ahora estaba viendo lo que él asume que Eliseo estuvo viendo todo el tiempo, y por eso estaba tan tranquilo. Dios le abrió los ojos espirituales a Giezi.

Hermano, yo te voy a decir algo. Cuando el temor, la duda, o simplemente tu imaginación caída exagere el tamaño de los peligros de tu prueba, haz un alto, detente y recuerda algo: no existe nada más grande que tu Dios. Nada. No existe prueba, no existe nada que supere a tu Dios. Si el ejército de ese día al que Giezi le hubiese tenido miedo era de elefantes, Dios le iba a abrir los ojos y eso era lo que iba a ver. Porque Dios lo que quiere es que nosotros estemos confiados de que Él es más grande que todo. Y eso es lo que pasó ese día.

C.S. Lewis escribió una novela que se llama "Cartas del Diablo a Su Sobrino", y es un libro excelente donde Lewis con esa creatividad escribe cómo se ve el ajetreo espiritual que nosotros los cristianos pasamos desde el punto de vista de los demonios. Y la novela está compuesta por 31 cartas que un demonio experto le escribe a un sobrino demonio novato para que tenga estrategias fructíferas de cómo tentar a su paciente. Y en una de esas cartas, el tío experto le dice: "Una de las grandes ventajas que nosotros tenemos tentando a los cristianos, ¿tú sabes cuál es? La imposibilidad que tienen ellos de poder ver las huestes celestiales y los santos que están a su favor."

Dice esa carta, hablando el tío de esa iglesia: "¿Qué él puede ver? Oh, esa iglesia de raíces eternas que se extienden en el tiempo y en el espacio, temible como un ejército infinito que despliega sus banderas de guerra y que ondean al viento. Confieso que es un espectáculo que llena de inquietud y miedo incluso a nuestros más audaces demonios. Pero por fortuna, se trata de un espectáculo completamente invisible para los cristianos."

Giezi, en ese momento, pudo ver esas huestes celestiales. Ahora Giezi está listo para la batalla porque ya se dio cuenta que no son dos. Son miríadas y miríadas de ángeles, querubines, jinetes y carros de fuego contra un ejército arameo. ¿Cómo ustedes creen que le parece ahora? Insignificante. Ahora el ejército que parece dos rebaños de cabras es el arameo. Giezi está empoderado y él está listo para que empiece la gran batalla del valle de Dotán.

Y si el capítulo 6 de Segunda de Reyes hubiera estado escrito por Giezi o por una mente humana y no inspirada por nuestro Dios, a partir de ahora todos los versículos describieran una batalla de dimensiones épicas donde las huestes del Señor aniquilan de manera sobrenatural a todas las huestes arameas. Pero ustedes saben algo: eso no fue lo que pasó. Y eso no fue lo que pasó porque Giezi ese día iba a aprender grandes lecciones acerca de su Dios. Ese día, ese día, Dios iba a coger a Giezi y lo iba a sentar en un pupitre: "Mi hijo, siéntate, atiende." Y a través de Eliseo le iba a enseñar quién es Él y cómo es Él.

Y la primera lección que Giezi aprendió fue la siguiente: Dios no es como nosotros. Aquí vamos a descansar. Dios no es como nosotros. Dios no ve las cosas como nosotros las vemos. Sus caminos no son nuestros caminos, sus formas no son nuestras formas, sus tiempos no son nuestros tiempos. Sus soluciones no son nuestras soluciones; sus planes son mejores, sus planes son perfectos.

Pero el profeta Eliseo siempre lo ha sabido. De hecho, el profeta pudo haberle dicho a Giezi: "El que está con nosotros es más que ellos", porque Eliseo estaba claro que Dios no necesita un ejército de ángeles para hacer su voluntad. Ahora, él sabía que Giezi todavía no estaba preparado para esta conversación. En la mente y cosmovisión de Giezi, un ejército arameo solamente podía ser vencido por un ejército mayor que el arameo. Y en ese momento el profesor Eliseo lo que necesitaba era que su discípulo aprendiera de una vez y para siempre otra gran lección: no existe nada más grande y poderoso que nuestro Dios. ¿Lo captamos?

Entonces, en vez de desatarse la gran batalla del valle de Dotán, Giezi se queda pasmado viendo cómo el ejército de arameos comienza a avanzar hacia ellos. Miles y miles de soldados. Yo me imagino el sonido de esos miles de caballos trotando hacia ellos. Imagínense Giezi, y él mira y comienza a levantarse ese polvo, esa arena del camino hacia ellos. Y me imagino que la tierra comienza como a temblar, miles y miles de caballos trotando hacia donde está Giezi. Y él mira hacia arriba y ve al ejército del Señor sin moverse. Y mira a Eliseo: tranquilo.

Vamos a seguir leyendo, versículo 18: "Cuando el ejército arameo avanzó hacia él, Eliseo rogó: 'Oh Señor, haz que ellos queden ciegos.'" Entonces el Señor hirió a los sirios con ceguera, tal y como Eliseo había pedido. Y esta palabra "ceguera" que aparece aquí solamente aparece en otra ocasión en la Biblia, y es en Génesis 19.

Es el pasaje donde Lot recibe la visita de dos ángeles y los hombres de Sodoma le piden a Lot que les entregue a esos hombres, que se los entregue a ellos. Y en ese contexto dice Génesis 19: "Y a los hombres que estaban a la entrada de la casa los hirieron con ceguera, desde el menor hasta el mayor, de manera que se cansaban tratando de hallar la entrada."

MacArthur, comentando este pasaje, dice: "El término está relacionado con luz y parece significar un cegamiento debido a la luz fulgurante. Ambos usos bíblicos del término involucran una acción milagrosa con una presencia angelical y ambos se emplean en el contexto de la liberación del peligro." O sea que esa ceguera que le dio al ejército arameo no fue que los dejó viendo negro, no. Era más bien como una imposibilidad de ver detalles. Debe haber sido algo muy parecido al resol que nosotros sentimos cuando salimos de un espacio oscuro y salimos a plena luz del sol. Imagínense eso multiplicado a la enésima potencia y con un efecto constante. Si dos ángeles en Sodoma cegaron a una multitud de hombres, ¿cómo tú crees que quedaron esos soldados con ese ejército que estaba alrededor de Eliseo?

Vamos a seguir leyendo, el versículo 19: "Luego Eliseo salió y les dijo: Ustedes vinieron por el camino equivocado, esta no es la ciudad correcta. Síganme y los llevaré a donde esté el hombre que buscan." Y dice: "Y los guió a la ciudad de Samaria." Y ese "los guió a la ciudad de Samaria" se lee muy rápido, pero ustedes tienen que meterse en ese momento. Eliseo en su caballo, y Giezi en el suyo, pegado a Eliseo. Y detrás de ellos, miles de soldados marchando mansamente detrás de Eliseo. Pero no fue que cruzaron un río y se acabó, no. Veinte kilómetros, veinte kilómetros marchando, tranquilos, detrás del profeta.

Yo me imagino a Giezi. Giezi no para de aprender. Mira a Eliseo, mira para atrás, mira la montaña. ¿Qué es lo que está pasando? Giezi acaba de aprender otra lección: Dios está por nosotros, Dios está de nuestro lado. Y como dijo el pastor Luis, si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? La pena es que nosotros hacemos mucho ese versículo y nos sirve como de licencia. Pero ese versículo tiene un condicional y está muy relacionado con lo que dice el texto. Miren el versículo de arriba, es el mismo pasaje de Romanos 8. Dice en el versículo 28: "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito."

Ah, entonces, ¿por quién es que está Dios? Dios está por aquellos que le aman. Dios está por aquellos que viven su llamamiento conforme a su propósito. Entonces, ¿cuál es nuestra tarea? Tú sabes cuál es tu tarea, mi hermano. Procura estar completamente seguro de que tú estás del lado de Él. Si tú estás del lado de Dios, Él te va a dar paz en medio de la tormenta. Si tú estás del lado de Dios, hermano, la tormenta que estaban pasando Giezi y Eliseo no ha pasado, porque el pasaje no dice en ningún momento que la mitad de los soldados se devolvieron, no dice que cayeron muertos, no dice que sus armas se derritieron, no dice que sus espadas se convirtieron en soga. El ejército sirio está detrás de Giezi y de Eliseo.

Entonces me lo imagino: se oyen los caballos, se oyen las armaduras atrás de ellos, veinte kilómetros. Ahora, ¿cuál es la diferencia? Ya se dio cuenta de que el ejército es como una representación diplomática, porque no han hecho nada todavía. ¿Sabes también cuál es la diferencia? Muy sencilla: que ellos están obedeciendo al Señor. Ellos están caminando por el camino que Dios les mandó, ellos están confiando en que Dios tiene el control en medio de la prueba, no después de la prueba, en medio de la prueba. Eliseo estaba modelándole a su discípulo cómo se ve una vida de dependencia y de confianza en Dios.

Este es el sermón. Yo le puse como título: "Confía en el Dios que está de tu lado." Parece como la versión corta del título. ¿Ustedes saben que el libro Don Quijote? Ese es el título comercial y corto. El título de ese libro es "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha." Bueno, el título real de mi sermón, lo que está en las hojas, es: "Conoce, cree, confía y órale al Dios todopoderoso que está de tu lado, pero procura estar totalmente convencido de que realmente tú estás de su lado." Solo así, solo así vale la pena entender y confiar en Dios, si tú estás consciente de que tú eres de su equipo.

Y hermano, si usted había leído este pasaje en la Biblia y había concluido que se trata de una historia donde se ve el poder de Dios y cómo Él usa a sus profetas con poderes sobrenaturales, déjame decirte algo: te quedaste con una pequeña parte de la enseñanza de la historia. Segunda de Reyes 6 del 8 al 23 es una historia que nos enseña que nuestro Dios está ahí por nosotros, de nuestro lado, y que se complace en que sus hijos dependamos y tengamos confianza en Él. De eso se trata esta historia.

Pero vamos a volver a la historia. Eliseo y Giezi continúan por su camino. Yo lo dije, se lee rápido: "Y lo guió hasta Samaria." Pero son veinte kilómetros. Veinte kilómetros que Giezi está ahí, viendo, viendo el ejército, viendo a Eliseo. De momentos se voltea porque oye un ruidito y cree que ya uno está viendo claro, y vuelve. Pero Eliseo lo nota, quizá orando. Yo me imaginaba eso. Yo decía: en ese caso yo creo que Eliseo estaba muy a propósito orando, mostrándole paz en esos veinte kilómetros. Mientras ese galope lento seguía detrás de ellos y seguía el enemigo por detrás, él está dejándole ver la confianza en Él.

Y yo me sonreía escribiendo esto, porque nuestra vida cristiana es exactamente así. Nosotros vamos caminando, hemos aprendido, hemos meditado cómo es nuestro Dios, qué grande es, qué fiel es, pero de vez en cuando dudamos. ¿Cómo le pasó a Pedro cuando caminó por las aguas? Ahora, qué bendición que el Señor pone al lado de nosotros hombres de Dios y mujeres de Dios que nos modelan lo que es una vida de confianza en Dios. Hermano, por eso es que nosotros estamos llamados a caminar nuestra vida de fe en comunidad. Estamos llamados a ser modelos, a servir de modelos y a ver modelos que nos guíen hacia Él.

Eliseo le estaba modelando a su discípulo lo que es una vida que confía en Dios en la prueba, no fuera de la prueba, en la prueba. Y que depende de Él y que depende de la oración. Eliseo oró y los ojos de Giezi se abrieron. Eliseo vuelve y ora y los ojos de los arameos fueron cerrados. Él está diciéndole a su discípulo: "Giezi, aprende que un hombre de Dios en momentos de angustia no se desespera. Lo primero que hace es buscar el rostro de Dios en oración." Eliseo le estaba modelando lo que el salmista escribió en el Salmo 34:15: "Los ojos del Señor están sobre los justos y sus oídos atentos a su clamor."

Dios requiere que confiemos en Él, pero para confiar en Él necesitamos conocer a nuestro Dios. Nosotros no podemos confiar en quien no conocemos. Nosotros debemos saber que Dios está ahí. Pídele a Dios que abra tus ojos espirituales para que tú puedas verlo a Él. Aunque Él no te promete que tú vas a ver lo mismo que Giezi, tú no vas a ver los ejércitos celestiales, créeme. Él va a hacer algo mejor todavía. Él te va a dar la certeza de que Él está ahí por ti, que era la certeza que tenía Eliseo. Eliseo no necesitaba ver ese ejército. Él tenía la certeza de que su Dios estaba con él.

Él te va a guiar en tu caminar, Él te va a dar convencimiento de que su Espíritu mora en ti y que te va a acompañar dentro de la prueba. Él te va a dar discernimiento para tú saber cuándo algo proviene de Él y cuándo algo es abominable contra Él. Él va a poner en ti el deseo y el poder que necesitas para hacer lo que a Él le agrada, como dice Filipenses: "Porque es Dios quien produce en nosotros tanto el querer como el hacer para su beneplácito." No es problema de nosotros, es Dios que lo va a hacer.

Llega Eliseo y Giezi con todo su ejército a Samaria, una ciudad enorme, amurallada completamente. Me imagino que el rey Joram o sus generales vieron cómo venía Eliseo con ese ejército manso detrás de ellos. Se prepararon, abrieron las puertas, dejaron que entraran en la muralla y después cerraron las puertas. Se encuentran dentro de la ciudad y en ese momento vuelven a ver y se encuentran que están en el centro de Samaria, dice el versículo 21.

Ahora, con mucha sorpresa, el rey Joram dice, cuando el rey de Israel los vio, le gritó a Eliseo: "¿Los mato, padre mío? ¿Los mato?" Interesante, porque la palabra "padre mío" es que le está dando como reconocimiento a Eliseo de que es más grande que él, como diciendo: "Este es mi papá. Me trajiste el ejército entero aquí y yo no gasté ni una flecha. ¿Qué hago? ¿Los mato?" Joram acababa de recibir el ejército en bandeja de plata. Y le respondió Eliseo en el versículo 22: "Claro que no. ¿Acaso matamos a los prisioneros de guerra? Dales de comer y de beber y mándalos de regreso a su casa con su amo." Y Joram se debe haber quedado: "No, no estoy entendiendo."

Entonces, como que ahora el pupitre donde estaba sentado Giezi se lo ponen a él: "Siéntate." Ahora tú vas a aprender quién es Dios. Y ese día Dios le enseñó a Joram lo mismo que le enseñó a Giezi. Joram, Dios no es como tú, yo no soy como tú. Dios le va a enseñar que ni él, ni ningún rey, ni ninguna criatura sobre la faz de la tierra tiene la capacidad de entender completamente a Dios. Dios le va a enseñar que no hay nadie sobre Él y que nadie, nadie puede limitarlo ni meterlo en un pequeño molde o acomodarlo al pensamiento humano. Dios le va a enseñar al rey Joram lo insensato y abominable que es tratar de adorar de forma diferente a la que Él ha establecido.

Básicamente lo que Eliseo le dijo en el versículo 22 fue lo siguiente: "Ni acá ni allá son tus peleas a batalla. ¿Fuiste tú quien la ganaste?"

Fuiste tú que lo trajiste aquí. Ellos no son tu prisionero. Si ellos están aquí hoy es únicamente por el poder y la obra del gran Yo Soy. Así que, mi querido rey, las cosas se van a hacer aquí según sus reglas, no las tuyas. Tú no los vas a matar, tú les vas a dar comida y los vas a enviar de regreso a su casa.

Bueno, ¿cuántas veces nosotros recibimos bendición en nuestra vida que nosotros ni la estamos esperando, ni la hemos orado, ni la hemos pedido, y llegan a nuestra vida simplemente por la infinita gracia de nuestro Señor? Por gracia solamente. Porque Joram no sabía dónde estaba el pueblo sirio. ¿Quién le decía dónde estaba el pueblo sirio? Eliseo. Él nunca se imaginó que ese día él iba a ver entrando a Samaria todo el ejército pacíficamente. Él no pidió eso, él no planeó esa guerra, él no hizo nada para que eso sucediera. Sin embargo, ya él tenía un plan con esa bendición que recibió, según lo que él creía, que era matarlos.

Y es increíble, nosotros no somos reyes y nunca vamos a hacer una guerra así, pero nosotros muchas veces pensamos hacer eso mismo. Llegan bendiciones a nuestra vida que nosotros no estamos esperando, que nosotros no pedimos. Y cuando llegan a nuestra vida, nosotros ahora comenzamos a racionalizar con nuestro entendimiento limitado y caído cómo vamos a hacer uso de esa bendición. En vez de sentarnos a orar y decir: Señor, ¿qué hago con esto? Yo no soy digno de lo que tú me estás dando, dame sabiduría para usar esta bendición correctamente, no me dejes pecar usando una bendición. ¡Qué a veces nosotros somos necios!

Y estamos hablando ahora de un rey muy necio como Joram, pero increíblemente en este pasaje él, el necio, el que hizo lo malo ante los ojos de Dios, él entendió. Miren lo que dice el versículo 23: entonces él les hizo un gran banquete para ellos y luego los mandó de regreso a su amo. Y en el texto original, la palabra que se usa como gran banquete es una palabra muy similar a la que se utiliza para describir los grandes banquetes que hacían los judíos en la celebración de sus fiestas sagradas. Y yo no creo que eso sea fortuito, que ese término esté usado así. Me parece que Dios le estaba diciendo a Joram: Oye, las fechas de mi fiesta, de mi banquete, las pongo yo. Mi pueblo celebra cuando yo diga, donde yo diga y como yo diga. Yo decido. Dios le enseñó a Joram que Él es Dios todopoderoso.

¿Y cómo concluye esta historia? Bueno, esta historia concluye como concluye toda historia: a la manera de Dios. Seguimos leyendo el versículo y lo terminamos, y dice: después de este incidente, los saqueadores arameos se mantuvieron lejos de la tierra de Israel. En la Biblia de las Américas dice: no volvieron a entrar más en la tierra de Israel.

Vamos a ver qué pasó con Ben-adad. Digo, vamos a imaginarlo porque el pasaje no lo dice, pero es muy fácil. Un banquete para miles y miles y miles de soldados no se debió haber hecho en dos horas. O sea que fácil que a Ben-adad le pasaron uno, dos días que no supo nada de su ejército estando en palacio. Un hombre, que me lo vayan a buscar, un hombre, porque no saben dónde están, no tengo noticias. ¿Te imaginas la cara de Ben-adad cuando él ve que llega ese ejército descansado, bañadito, satisfecho después de uno, dos días? ¿Ustedes se imaginan lo que fue la reacción de Ben-adad cuando le contaron cómo hubo una luz que los cegó a todos y que ellos voluntariamente habían seguido a Eliseo hasta Samaria, hasta el mismo centro del enemigo?

Seguir una explicación como esa. General, venga, explíqueme, no estoy entendiendo. ¿Cuántos eran ustedes? Mi señor, eran 87,550 soldados, por decir un número. ¿Y cuántos eran ellos? Mi señor rey, eran dos. Digo, realmente uno, porque el muchacho nunca habló. ¿Y cómo fue que los obligó? No, mi señor, él no nos obligó. Nosotros fuimos voluntariamente detrás de él. ¿Pero hasta Samaria? Señor, lo que pasa es que nosotros teníamos los ojos abiertos, pero no estábamos viendo. Estábamos cabalgando, pero no sabíamos para dónde íbamos. Eso se parece a mucha gente.

Si a Ben-adad le quedaba alguna duda, él acaba de aprender en ese momento que Dios es omnisciente. Dios le enseñó a Ben-adad ese día que Él no es solamente el Dios de la montaña y la llanura, que Él es también el Dios de las alcobas. Y que no hay nada que nadie pueda pensar o hacer aun en lo secreto que quede escondido del conocimiento del Señor. Nada.

El salmista lo dijo de una manera muy bonita: Tú lo sabes todo acerca de mí, tú sabes cuándo me siento y cuándo me levanto. Conoces mis pensamientos aun cuando me encuentro lejos. Me ves cuando viajo y cuando descanso en casa, en la alcoba. Sabes todo lo que hago, sabes lo que voy a decir incluso antes de que yo lo diga, mi Señor. Semejante conocimiento es demasiado maravilloso para mí. Es tan elevado que no puedo entenderlo.

Dios le enseñó a Ben-adad que Él es todopoderoso y que Él se complace en desplegar su poder en beneficio y por amor de su pueblo. Y que a pesar de que su pueblo y su rey no son fieles, Él permanece siempre fiel. Dios le enseñó a Ben-adad que Él es soberano y que Él tiene, y solo Él tiene, la potestad de enviarle sus soldados muertos como los 127 mil, o vivos, descansados y satisfechos como los 87,550 de mi ejemplo. Él decide.

Ahora hermanos, casi tres mil años después de esa historia, ¿saben algo? Ese Dios es exactamente el mismo. Es exactamente el mismo Dios que tú tienes y que yo tengo. Si Dios no es como nosotros, si no existe nada mayor ni más poderoso que nuestro Dios, si Dios está por nosotros, si Dios está de nuestro lado, si Dios se complace en que dependamos de Él, si Él se complace en que traigamos delante de Él nuestra carga en oración, si así es nuestro Dios, nuestra respuesta debe ser la siguiente: rendirnos a Él, vivir confiados en Él y vivir una vida de dependencia total de Él.

Pero la mayor bendición, ¿saben cuál es? Que nosotros podemos hacer esto no por nosotros, sino por su poder que mora en nosotros. Pídeselo, pídeselo.

Oremos como oró Pablo por los efesios en el capítulo 1, que dice: Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él. Mi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados para que sepan tres cosas: cuál es la esperanza de su llamado, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder.

Y por si se nos olvida la eficacia de ese poder en qué consiste, en la misma oración Pablo les dice: ese poder que obró en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no solo en este mundo sino también en el venidero. Dios ha puesto todo bajo la autoridad de Cristo, a quien hizo cabeza de todas las cosas para beneficio de quién, de la iglesia. Y la iglesia es el cuerpo de Cristo, Él la completa y la llena, y también es quien da plenitud a todas las cosas y en todas partes con su presencia, porque Él y solo Él llena todo en todo.

No depende de nosotros. Órale, pídele que te abra los ojos y te dé el convencimiento.

Ahora, ¿tú estás seguro que tú estás del mismo lado de Dios? ¿Tú estás seguro que tú no estás en el bando contrario, en el ejército enemigo? ¿Tú estás seguro que tú eres realmente parte de esa iglesia que dice Pablo? Cuidado. Hay muchos que están oyendo este mensaje, lo van a oír, y sin saberlo son parte del ejército arameo. ¿Qué piensan, que si están del mismo lado de 87,550 tienen que estar en lo correcto? Hay demasiada gente de mi lado, demasiadas personas creen lo mismo. Si todo el mundo hace esto debe estar bien, si todo el mundo va para allá hay que ir. Ese es el pensamiento de este mundo.

¿O tú estás al lado de dos? O de uno. Es fácil. La vida no puede ser tan complicada. Yo no puedo estar remando en corriente contraria todo el tiempo. Tiene que ser fácil. O quizás tú no habías caído en pensarte que en el proceso podías quedar ciego, o viendo pero sin entender, confundido que no sabes a dónde ibas, y que tú ibas a hacer lo impensable. Mira, eso es lo que hace el pecado. El pecado te ciega, te confunde, te desorienta, y te lleva mansamente a lugares donde tú nunca te imaginaste que ibas a ir y a hacer cosas que tú nunca pensaste que eras capaz de hacer.

O quizás como los soldados arameos tú creías que tú tenías todas las de ganar, y de repente cuando abres tus ojos te encuentras acorralado en un lugar enemigo y sin esperanza. No hay un lugar peor donde tú pudieras estar. Ahora, ¿qué hizo Dios a través de Eliseo y de Joram? Tuvo gracia. Esa gracia está ahí. Ruégale a Dios que te saque de ahí. Ruégale a Dios que te abra los ojos y que te enseñe a confiar en Él. Ruégale, porque Él puede hacerlo y Él quiere hacerlo. Amén.

Vamos a orar. Padre, gracias. Gracias por ser nuestro Dios. Gracias por lo que eres. Gracias por cómo eres, Señor. Padre, hoy queremos rogarte que nunca, nunca se nos olvide que tú no eres como nosotros y que no hay nadie mayor que tú. Que nosotros entendamos que tú no ves las cosas como nosotros las vemos. Que donde nosotros vemos una batalla, tú ves la victoria, Padre. Ayúdanos a vivir una vida rendida a ti. Ayúdanos a vivir confiados en ti, no solo en momentos fáciles, sino sobre todo en momentos difíciles. Ayúdanos, Padre, a vivir conforme a nuestra esperanza. Abre nuestros ojos para que podamos ver las riquezas de tu gloria como decía Pablo. Ayúdanos a entender, Señor, que las batallas se pelean de rodillas. Pero ayúdanos, Señor. Ayúdanos, Padre, te lo clamamos, te imploramos, te rogamos, Señor, porque nosotros solos no podemos.

Pero sabemos que por amor de tu nombre, por amor a tu iglesia, tú lo vas a hacer y tú lo quieres hacer. En el poderoso nombre de Jesucristo. Amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Reynaldo Logroño

Reynaldo Logroño

Reynaldo Logroño conoció al Señor en 1980 y es miembro de la IBI desde 2007. Ha servido en Consejería Prematrimonial, GPS, Escuela Bíblica Dominical, Ministerio de Cárceles y Conferencias Por Su Causa. Desde 2010 dirige, junto a su esposa, la Escuela Bíblica Dominical, y desde 2017 es director del Ministerio Integridad & Sabiduría. Licenciado en Publicidad con maestría en Gerencia de Mercadeo, graduado del Instituto Integridad & Sabiduría y certificado en Educación Cristiana. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr.