Statamic
Sermones

Jonás: de la boca para afuera

Reynaldo Logroño 8 septiembre, 2024

Jonás no es simplemente una historia fascinante para niños sobre un hombre tragado por un pez. Es un espejo que refleja con precisión incómoda cómo caminamos los creyentes: conociendo la voluntad de Dios, pero viviendo en dirección contraria. Jonás era profeta, hablaba con Dios, Dios hablaba a través de él. Sin embargo, cuando recibió una orden directa y audible del Todopoderoso, pagó un pasaje para huir en sentido opuesto. El pecado tiene esa capacidad de embotarnos, de darnos amnesia espiritual. Jonás seguramente había cantado el Salmo 139 muchas veces: "¿A dónde huiré de tu presencia?". Pero en el momento de la tentación, esas palabras no vinieron a su mente.

Lo más revelador ocurre cuando los marineros paganos interrogan a Jonás en medio de la tormenta. Él responde con una confesión teológicamente impecable: "Temo al Señor, Dios del cielo, quien hizo el mar y la tierra". Palabras correctas, vida contradictoria. Jonás temía al Señor de la boca para afuera, como tantas veces nos sucede a nosotros: seguimos viniendo los domingos, cantamos, conversamos con los hermanos, mientras en nuestro corazón compramos boletos para desobedecer.

El libro de Jonás muestra a un Dios que ordena al viento, al mar, al pez, a una planta y a un gusano, y todos obedecen instantáneamente. Toda la creación se mueve al mandato del Creador para enseñarle a un profeta rebelde hasta dónde puede llegar su compasión. El mayor milagro del libro no es que un hombre sobreviviera tres días dentro de un pez; es que Dios no lo fulminó después de su desobediencia. Esa misma compasión que perdonó a Jonás alcanzó a seiscientas mil personas en Nínive, y sigue alcanzándonos hoy en cualquier etapa del camino donde nos encontremos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Viene! ¡Viene! ¡Viene! Bien, bendiciones hermanos. Como siempre, un privilegio estar aquí predicando la Palabra. Me gustaría antes de empezar ya ponernos en disposición del Señor para lo que vamos a ver, así que vamos a orar de nuevo.

Padre, gracias. Gracias, Señor, porque tú nos permites que como iglesia podamos abrir tu Palabra, poder seguir aprendiendo cosas de ti. Nos faltarían vidas, Señor, para poder aprender todo lo que tú tienes para enseñarnos, pero confiamos, Padre, que tu Espíritu nos dirige, nos guía, Señor, y nos muestra las cosas que tú quieres que nosotros sepamos de ti. Gracias, Padre, por este tiempo, gracias por tu Palabra, gracias por las historias que están ahí, gracias por la inspiración que tú diste a estos hombres, Señor, que pudieran darnos el mensaje de salvación como tú quieres, Señor.

Te pido, Padre, por mí. Yo te necesito, Señor, porque al abrir tu Palabra es un compromiso grande, y siempre te pido, Señor, que tú me escondas dentro de las páginas de tu Palabra para que lo que se vea sea ella, Señor. Gracias por mis hermanos que están aquí. Sé con ellos, abre sus oídos, sus ojos, su corazón, Padre, para que ellos puedan tomar de manera personal lo que ellos necesitan, así como tú lo has hecho con el predicador. Gracias, Señor, en Cristo Jesús. Amén.

Bien, mis hermanos, hoy vamos a hablar de un gran siervo de Dios, de un hombre que Dios usó con poder. De hecho, lo usó como pocos hombres en las Escrituras Dios ha usado con ese poder. Y dice la Palabra que este hombre hablaba con Dios, pero no solamente eso, dice también que Dios hablaba a su pueblo a través de ese hombre. Y tal fue el poder con el que Dios usó a este hombre, que en una ocasión, a través de una serie de sermones, se arrepintieron más de medio millón de personas. Medio millón de personas. Ni Pablo ni Pedro lograron que tantas personas pudiesen llegar a los pies del Señor en tan poco tiempo. Y ese gran hombre al que yo me refiero es Jonás. Es mi Jonás.

Y yo sé que cuando decimos Jonás, lo primero que nos viene a la mente es una imagen de un gran pez. O si no, nos viene a la mente un corito que dice: "Jonás no le hizo caso a la palabra de Dios, por eso al mar profundo la gente lo tiró." Y de esa forma, casi automáticamente en nuestra mente, el libro de Jonás se convierte en una fascinante y preciosa historia para niños. Una historia entretenida donde nosotros los padres vamos a poder captar la atención de nuestros hijos, y por si fuera poco, vamos a enseñarles algo increíble, que es que nuestros hijos no deben ser desobedientes.

Sin embargo, mis hermanos, si meditamos más profundamente en el libro de Jonás, nos daremos cuenta que en solo cuatro capítulos hay un reflejo perfecto de cómo es nuestro caminar cristiano, de cómo somos todos nosotros en menor o en mayor escala. Y lo más importante: nos enseña cómo es nuestro Dios, cómo trata a su creación y cómo trata a su siervo.

El libro va describiendo cada etapa en el caminar de la vida de Jonás, y veremos que, sin que nosotros hayamos tomado un barco, sin haber estado en el vientre de un gran pez, lo más seguro, mi querido hermano, es que tú y yo nos encontramos en una de las etapas del caminar de Jonás. Y hoy vamos a ver el caminar de Jonás en siete etapas diferentes: Jonás huye, Jonás confiesa, Jonás se arrepiente, Jonás obedece, Jonás se queja, Jonás escucha y Jonás aprende.

Y aunque me siento tentado a leer todo el libro de Jonás como estudio, por amor a ustedes y por respeto al tiempo, no lo voy a hacer. Sin embargo, sí vamos a leer completamente el capítulo uno de Jonás, porque entiendo que hay muchos detalles en ese capítulo que, como conocemos la historia, los pasamos por alto. Pero en esos detalles vamos a ver que nosotros realmente conocemos lo que el Señor quiere de nosotros; el problema es que no vivimos como el Señor quiere que nosotros vivamos.

Así que los invito a que abran el libro de Jonás, capítulo uno. Voy a estar leyendo en la NTV, que dice así: "El Señor le dio el siguiente mensaje a Jonás, hijo de Amitai: Levántate y ve a la gran ciudad de Nínive. Pronuncia mi juicio contra ella, porque he visto lo perversa que es su gente. Entonces Jonás se levantó y se fue en dirección contraria para huir del Señor. Descendió al puerto de Jope, donde encontró un barco que partía para Tarsis. Pagó su pasaje, subió a bordo y se embarcó rumbo a Tarsis con la esperanza de escapar del Señor."

"Ahora bien, el Señor mandó un poderoso viento sobre el mar, el cual desató una violenta tempestad que amenazaba con despedazar el barco. Temiendo por sus vidas, los desesperados marineros pedían ayuda a sus dioses y lanzaban la carga por la borda para aligerar el barco. Todo esto sucedía mientras Jonás dormía profundamente en la bodega del barco. Así que el capitán bajó a buscarlo. ¿Cómo puedes dormir en medio de esta situación?, le gritó. ¡Levántate y ora a tu Dios! Quizás nos preste atención y nos perdone la vida."

"Entonces la tripulación echó suertes para ver quién había ofendido a los dioses y causado tan terrible tempestad. Cuando lo hicieron, la suerte señaló a Jonás como el culpable. Así que los marineros lo reclamaron: ¿Por qué nos ha venido esta espantosa tormenta? ¿Quién eres? ¿En qué trabajas? ¿De qué país eres? ¿Cuál es tu nacionalidad? Soy hebreo, contestó Jonás, y temo al Señor, Dios del cielo, quien hizo el mar y la tierra."

"Los marineros se aterraron al escuchar esto, porque Jonás ya les había contado que huía del Señor. ¿Por qué lo hiciste?, gimieron. Como la tormenta seguía empeorando, le preguntaron: ¿Qué debemos hacer contigo para detener esta tempestad? Échenme al mar, contestó Jonás, y volverá la calma. Yo sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta."

"Sin embargo, los marineros remaron con más fuerza para llevar el barco a tierra, pero la tempestad era tan violenta que no lo lograron. Entonces clamaron al Señor, Dios de Jonás: Oh Señor, le rogaron, no nos dejes morir por el pecado de este hombre, pero no nos hagas responsables de su muerte. Oh Señor, tú enviaste esta tormenta sobre él y solo tú sabes por qué. Entonces los marineros tomaron a Jonás y lo lanzaron al mar embravecido, y al instante se detuvo la tempestad. Los marineros quedaron asombrados por el gran poder del Señor, le ofrecieron un sacrificio y prometieron servirle. Entretanto, el Señor había provisto un gran pez que se tragara a Jonás, y Jonás estuvo dentro del pez durante tres días y tres noches."

Primera etapa: Jonás huye. Pues vale, el primer versículo: "El Señor le dio el siguiente mensaje a Jonás, hijo de Amitai: Levántate y ve a la gran ciudad de Nínive. Pronuncia mi juicio contra ella, porque he visto lo perversa que es su gente."

Lo primero que podemos ver en el pasaje es bastante obvio: si Jonás intentó huir del Señor es porque él mismo sabía que Dios estaba cerca de él. Y vimos que dice este versículo que Dios hablaba con Jonás. Jonás tenía una relación cercana con su Dios. Pero no solamente eso, miren qué interesante: Jonás es mencionado en la Biblia solamente dos veces fuera del libro de Jonás, y una de ellas está en 2 Reyes 14:25: "Jeroboán II recuperó los territorios de Israel que estaban entre Lebo-jamat y el Mar Muerto, tal como había prometido el Señor, Dios de Israel, por medio del profeta Jonás, hijo de Amitai, profeta de Gat-hefer."

Lo que yo mencionaba: no solamente Dios le hablaba a Jonás, sino que Dios hablaba a través de Jonás. No estamos hablando de una persona que es un converso, ni que es un recién creyente, sino que era un profeta de Dios, una persona con una relación cercana con Dios.

Yo no quiero tomar mucho tiempo en los detalles del contexto histórico, pero es importante que entendamos que la Biblia nos da este tipo de detalles para que no tengamos duda de que estamos ante un personaje real e histórico. Si tú no abordas el estudio del libro de Jonás con la certeza de que estás ante un hijo de Dios real, que existió como tú y como yo, nunca, nunca podrás identificarte con su carácter, con su prueba, y por lo tanto no podrás ni entenderlo ni mucho menos aprender de Jonás. Si tú ves a Jonás como el personaje de una parábola, de un cuento fantástico, este libro tendrá el mismo impacto en tu vida que tuvo la historia de Pinocho y de Gepetto en el vientre de la ballena. Solamente.

Pero según este primer versículo, Jonás es un profeta que existió, tuvo un padre que se llamó Amitai, vivió en una ciudad real que se llamaba Gat-hefer. Su ministerio profético coincidió con el reinado de Jeroboán Segundo, quien reinó en Israel del 787 al 747 antes de Cristo. Dios lo envió a Nínive, una ciudad real que existió, la ciudad más grande de la época, capital del Imperio Asirio. Y muchos historiadores y comentaristas entienden que en el momento del ministerio de Jonás, Nínive pudo tener más de medio millón de habitantes.

Vean cómo dice el comentario de Matthew Henry: "Nínive tenía la forma de un trapecio y era en su tiempo la mayor ciudad del mundo. Con los suburbios medía unos 90 kilómetros de perímetro y tenía de 600 mil a un millón de habitantes. Y era una ciudad corrompida, más por la inmoralidad y la opresión social que por la idolatría."

Y en este contexto es que Dios le dice a Jonás muy claramente: "Levántate y ve a la gran ciudad de Nínive. Pronuncia mi juicio contra ella, porque he visto lo perversa que es su gente." El versículo 3: "Pero Jonás se levantó y se fue en dirección contraria para huir del Señor. Descendió al puerto de Jope, donde encontró un barco que partía para Tarsis." Y esto, señores, es muy importante: él no encontró una oportunidad, que le dieron un aventón o le hicieron un favor. No. Él pagó su pasaje, subió a bordo y se embarcó rumbo a Tarsis con la esperanza de escapar del Señor.

Este hombre de Dios, que tiene una relación íntima con Él, recibe una orden directa, audible, del Dios soberano, del Todopoderoso, y decide tranquilamente huir en dirección contraria. Yo sé que muchos han visto este mapa donde es obvio que Jonás tomó el camino contrario al mandato de Dios. Dios lo mandó a Nínive y él se fue a Tarsis.

Dios le dijo "ve a la derecha" y él se fue para la izquierda. Pero no solamente Jonás se dispuso a ir en dirección contraria a Dios, él ideó un plan para hacerlo. La intención de Jonás de desobedecer a Dios pasó de su corazón a su mente, donde él conformó un plan intencional, y a este plan le invirtió su esfuerzo, su accionar y sus recursos.

Bueno, ¿cuántas veces nosotros hemos estado ahí? ¿Cuántas veces hemos tenido la certeza de lo que Dios quiere que hagamos y hacemos exactamente lo contrario? ¿Cuántas veces ha habido un sentimiento o un pensamiento que ofende a nuestro Dios y lo albergamos en nuestra mente y corazón, y lo conformamos en forma de un plan para ejecutar? ¿Cuántas veces a ese plan le hemos invertido tiempo, fuerzas y recursos para hacerlo? Eso fue lo que hizo Jonás. Jonás pagó para ir en vía contraria al mandato del Señor. Subió a bordo y se embarcó rumbo a Tarsis con la esperanza de escapar de Dios.

Pero dice el versículo 4: "Ahora bien, el Señor mandó un poderoso viento sobre el mar, el cual desató una violenta tempestad que amenazaba con despedazar el barco." Dios ordenó al viento y el viento obedeció. ¿Con la esperanza de escapar del Señor? ¿En serio, Jonás?

No importa cuán estrecha sea tu relación con Dios el día de hoy. Si tú das cabida en tu mente y corazón a un pensamiento pecaminoso y lo albergas, lo acurrucas, le pasas la mano, lo alimentas, ese pecado puede desensibilizar de tal forma tu ser que puedes llegar a idear un plan bien abominable, pero sin sentido a la vez. ¿Sabes por qué? Porque el pecado nos embota. El pecado nos vuelve idiotas. El pecado nos da amnesia.

Jonás era hebreo. Jonás era profeta. Conocía la ley. Desde chiquito se sabía de memoria muchísimos salmos. Los cantaba. Lo más seguro había cantado y se sabía de memoria el Salmo 139, que leyó el pastor Luis: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia? Si subo a los cielos, ahí estás tú. Si bajo al Seol y preparo mi lecho, allí tú estás. Si tomo las alas del alba, así me voy a la derecha, al este, y si habito en lo más remoto del mar, del otro lado, aún allí me guiará tu mano y me tomará tu diestra." Pero el pecado hace que en esos momentos la Palabra de Dios no venga a tu mente.

¿Y qué respondió Jonás cuando los marineros lo interrogaron? Así que los marineros le reclamaron: "¿Por qué nos ha venido esta espantosa tormenta? ¿Quién eres? ¿En qué trabajas? ¿De qué país eres? ¿Cuál es tu nacionalidad?" Y hermano, aquí viene una respuesta de antología: "Soy hebreo," bien, con testosterona, "y temo al Señor." Y no lo dejó ahí: "El Dios del cielo, quien hizo el mar y la tierra." "Temo al Señor." Otra versión dice: "Adoro al Señor." "Soy devoto del Señor." "Rindo culto al Señor."

Pero hermano, Jonás era temeroso del Señor solamente de palabra, no en su vida. Jonás temía al Señor de la boca para afuera. Como muchas veces te ha pasado a ti y me ha pasado a mí. Estamos huyendo del Señor, pero no dejamos de venir todos los domingos a la iglesia. Cantamos, conversamos con nuestros hermanos, porque de la boca para afuera seguimos siendo devotos del Señor. Pero mi hermano, si en ti mora el Espíritu Santo, tú no puedes pasarte la vida huyendo del Señor. Tú no puedes quedarte siendo un cristiano de la boca para afuera. Tú no puedes permanecer dormido en medio de su tormenta, la que Él ordenó, porque dice la Palabra que su diestra te sacará de ahí.

Pero para que pase eso, tú tienes que hacer lo que hizo Jonás: confesar. Segunda etapa: Jonás confiesa. "Yo estoy huyendo del Dios que gobierna el cielo, el que manda en el mar y el que manda en la tierra." Los marineros se aterraron al escuchar esto, porque Jonás ya les había contado que huía del Señor. "¿Por qué lo hiciste?" gimieron. "Pero Jonás, ¿cómo se te ocurrió? Si tú dices que oíste claramente que tu Dios te mandó a la derecha, ¿por qué tú te fuiste a la izquierda? Si tú confiesas que tu Dios gobierna sobre el cielo y el mar, ¿por qué te montaste en un barco?"

Imagínense, el barco en medio de la tormenta, unos marineros que no han visto algo tan grande. Y ese señor de atrás dice: "Yo tengo un problema con el Dios que manda en el cielo, en la tierra y en el mar." Yo diría: "No estoy entendiendo, ¿por qué tú cogiste un barco?" Porque el pecado nos pone brutos. Y cuántas veces, cuántas veces Dios ha usado un inconverso para hacernos ver la condición de nuestro corazón y lo insensato de nuestro plan. "Oh, yo pensaba que los cristianos no hacían eso." ¡Oops! Y nos sentimos revelados.

Jonás confesó ante estos inconversos y aceptó la consecuencia de su pecado. "Échenme al mar y volverá la calma." Él sabía, porque él conocía la soberanía de Dios, pero no la vivía en su vida. "Yo sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta." Jonás sabía, porque era muy bueno de la boca para afuera.

Y el texto sigue diciendo que los marineros trataron de evitar lanzar a Jonás a una muerte segura, pero no lo lograron. Y entonces clamaron al Señor, Dios de Jonás: "Oh Señor," le rogaron, "no nos dejes morir por el pecado de este hombre, pero no nos hagas responsables de su muerte. Oh Señor, has enviado esta tormenta sobre él y sobre nosotros, y solo tú sabes por qué."

Entonces los marineros tomaron a Jonás y lo lanzaron al mar embravecido, y al instante se detuvo la tempestad. Dios ordenó al mar y el mar obedeció. Los marineros quedaron asombrados por el gran poder del Señor y le ofrecieron un sacrificio y prometieron servirle. Entretanto, el Señor había provisto que un gran pez tragara a Jonás, y Jonás estuvo dentro del pez durante tres días y tres noches. Dios ordenó a un pez y el pez obedeció.

Lo más seguro que Jonás, cuando se vio caer al mar, pensó que su vida había acabado. Ese era su final. Sin embargo, el Dios de Jonás, tu Dios y mi Dios, es un Dios compasivo, misericordioso, y no había terminado de trabajar en la vida de Jonás.

Tercera etapa: Jonás se arrepiente. Yo dije ahorita que iba a leer solamente el capítulo uno entero, pero también voy a leer el capítulo 2, porque el capítulo 2 es la oración de Jonás y yo no sé qué versículo quitar.

"Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el vientre del pez y dijo: En mi angustia clamé al Señor y Él me respondió. Desde el seno del Seol pedí auxilio y tú escuchaste mi voz. Pues me habías echado a lo profundo, en el corazón de los mares, y la corriente me envolvió. Todas tus encrespadas olas y tus ondas pasaron sobre mí. Entonces dije: He sido expulsado de delante de tus ojos. Sin embargo, volveré a mirar hacia tu santo templo. Me rodearon las aguas hasta el alma. El gran abismo me envolvió. Las algas se enredaron en mi cabeza. Descendí hasta las raíces de los montes. La tierra con sus cerrojos me encerraba para siempre. Pero tú sacaste de la fosa mi vida, oh Señor Dios mío. Cuando en mí desfallecía mi alma, del Señor me acordé, y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo. Los que confían en ídolos vanos su propia misericordia abandonan. Pero yo, con voz de acción de gracias, te ofreceré sacrificios. Lo que prometí pagaré. La salvación es del Señor."

¡Qué le podríamos quitar a esa oración! En esta oración, primero, Jonás reconoce que ha pecado contra el Dios soberano. Pero inmediatamente también reconoce que en el peor momento de su angustia, él clamó al Misericordioso y este lo escuchó y lo salvó. Y lo más importante: termina su oración haciendo un compromiso, haciendo votos de obediencia, y alaba a su Dios.

Y cuando Jonás ora, ahora sí, dice el versículo 10: "Entonces el Señor ordenó al pez escupir a Jonás sobre la playa." Dios ordenó al pez y el pez obedeció.

Cuarta etapa: Jonás obedece. Capítulo 3. El Señor habló por segunda vez a Jonás: "Levántate y ve a la gran ciudad de Nínive y entrega el mensaje que te he dado." Esta vez Jonás obedeció el mandato del Señor y se fue a Nínive, una ciudad tan grande que tomaba tres días recorrerla toda.

Jonás no salió de la boca del pez sintiendo ahora amor y compasión por los ninivitas. Ni tampoco salió del pez como si hubiese salido de un curso intensivo de tres días de teología sistemática para poder predicarles a Nínive. En ese sentido, él salió igual. Sin embargo, en otro sentido más importante, el hombre que salió del estómago del pez era muy diferente al que entró en él. Primero, fue un hombre que salió con un nuevo plan, un plan muy sencillo: obedecer. Segundo, había experimentado de forma personal dos atributos del Señor: su soberanía y su compasión.

El problema es que todavía Jonás no había entendido hasta dónde pueden llegar estos atributos a nivel Dios. Jonás pensaba que la compasión que Dios sintió por él, que aun después de haberle desobedecido lo perdonó y lo salvó, era la mayor muestra de compasión que un Dios podía tener con alguien. Estaba totalmente equivocado.

Vamos a seguir leyendo en el capítulo 3, los versículos 4 y 5: "El día que Jonás entró en la ciudad, proclamó a la multitud: '¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!'" Y miren también el versículo 5: "Entonces la gente de Nínive creyó el mensaje de Dios, y desde el más importante hasta el menos importante declararon ayuno y se vistieron de tela áspera en señal de arrepentimiento."

¡Wow! Toda la ciudad se arrepintió completamente. Desde el rey hasta el último de los ciudadanos. Seiscientas mil personas.

Leamos lo que hace el rey, versículo 7: "Entonces el rey y sus nobles enviaron el siguiente decreto por toda la ciudad: Nadie puede comer ni beber nada, ni siquiera los animales de las manadas y de los rebaños. Tanto el pueblo como los animales tienen que vestirse de luto, y toda persona debe orar intensamente a Dios, apartarse de sus malos caminos y abandonar toda violencia. ¿Quién sabe? ¿Quién sabe? Puede ser que todavía Dios cambie de parecer, contenga su ira feroz y no nos destruya."

Es el decreto del rey, por ley. Más de medio millón de personas de luto, en ayuno, orando intensamente. Yo no sé si a usted le ha pasado, pero cuando yo he leído el libro de Jonás y llego a esta parte, siempre pensaba lo mismo.

¿Dónde están los sermones que predicó Jonás? Porque la Biblia registra importantes discursos y sermones de los grandes hombres de Dios: los sermones de Moisés antes de que el pueblo entrara a la Tierra Prometida, el discurso de Esteban, el primer sermón de Pedro, los discursos de Pablo. Ahora, yo quiero saber qué fue lo que predicó Jonás, qué hizo, que medio millón de personas se arrepintieran. Eso debería estar aquí, porque de ahí saldría un manual de predicación: seiscientas mil personas se arrepintieron con una serie de sermones.

¿A lo que ustedes saben por qué esos sermones no aparecen en la Biblia? Porque Dios quiere que nos enfoquemos en las respuestas del pueblo y no en la entrega del mensaje. Dios quiere que nos enfoquemos en Él y no en el predicador. Dios quiere que nos enfoquemos en su poder para cambiar corazones al instante. Dios quiere que nos enfoquemos en su compasión, no en la elocuencia de Jonás.

Jonás sabía que eso que estaba pasando en Nínive no tenía nada que ver con su elocuencia. Ese día, ese arrepentimiento masivo era el fruto exclusivamente del corazón compasivo y misericordioso de Dios. De hecho, si ustedes recuerdan, el mensaje de Jonás no era propiamente un llamado al arrepentimiento. Era una advertencia de que la paciencia del Señor se había acabado para ellos. En el capítulo 1, Dios le dice a Jonás: "Pronuncia mi juicio contra ella porque he visto lo perversa de su gente". En el capítulo 3 les repite y le dice: "Proclama a la multitud: dentro de 40 días Nínive será destruida".

Básicamente, los sermones de Jonás eran muy sencillos: "Nínive, al Dios soberano del universo se le acabó la paciencia contigo. Prepárate que en 40 días serás borrada de la faz de la tierra. Juicio viene para ti". Ese era el sermón de Jonás. Por eso es que Jonás es el primer sorprendido cuando él se da cuenta del cambio de actitud de la ciudad completa. Nínive ahora parece una gran iglesia donde todos están adorando, orando y ayunando. Y por eso es que Jonás se molesta.

Quinta etapa: Jonás se queja. Jonás capítulo 4, versículo 2. ¿Qué hace Jonás? Reclama al Señor. Entonces le reclamó Jonás al Señor: "Señor, ¿yo no te dije antes de salir de casa que tú harías precisamente eso? Por eso fue que huí a Tarsis. Sabía que tú eres un Dios misericordioso y compasivo, lento para enojarte y lleno de amor inagotable. Estás dispuesto a perdonar y no destruir a la gente. Quítame la vida ahora, Señor. Prefiero estar muerto y no vivo si lo que yo predije que acontecería no va a suceder".

O sea, Jonás se queja con Dios, le dice: "Yo sabía, es que yo te conozco. Por eso, exactamente por eso era que yo no quería venir. Si yo venía y predicaba, no importa lo que yo dijera, no importa lo que dijera, tú ibas a ablandar el corazón y vas a hacer que se arrepintieran. Y después tú los hubieras visto toditos arrepentidos, en cilicio, orando, ayunando. Yo te conozco, tú los ibas a perdonar y no los ibas a querer matar. Señor, ¿tú sabes de algo? Tú te pasas de bueno. Porque está bien que tú seas compasivo conmigo: yo soy hebreo, soy profeta, tú y yo hablamos. Es verdad que tuve un pequeño desliz, pero ¿con este pueblo ser compasivo? ¿Enemigos de tu pueblo? Mira, Dios, yo me voy a esa colina y yo voy a esperar que lleguen los 40 días. A ver si es verdad que tú no vas a mandar fuego del cielo".

Mano, Jonás acaba de tener el éxito ministerial más grande de su carrera. Cientos de miles de personas vinieron a arrepentimiento por su predicación. Pero está indignado porque Dios está a punto de tener compasión con un pueblo que Dios no debería tener compasión, según el justo gran Jonás. En el fondo, saben qué es lo que Jonás está pensando: que él pudiese hacer un mejor papel que Dios gobernando al mundo. Es más, él siente que su reputación como profeta está en juego, porque él profetizó que iba a venir juicio y todo luce indicar que no va a venir juicio.

Y él sabe que en la ley hebrea dice lo siguiente, Deuteronomio 18:22: "Cuando un profeta hable en el nombre del Señor, si lo que fue dicho no acontece ni se cumple, esa es palabra que el Señor no ha hablado. Con arrogancia la ha hablado el profeta, no tendrás temor de él". Sí, yo voy a quedar de feo. Yo no puedo volver a Israel. En eso es lo que está pensando. ¿Qué va a decir, que 600 mil personas se arrepintieron? No, no se dio. Yo hablé algo, tú me has puesto a decir algo y no se dio.

Sexta etapa: Jonás escucha, porque Dios le respondió. Y el Señor dijo: "¿Tienes acaso razón para enojarte?" Entonces Jonás salió de la ciudad, se sentó al oriente de la misma, allí se hizo un cobertizo y se sentó bajo la sombra de él hasta ver qué sucedería con la ciudad. Y el Señor dispuso que una planta creciera sobre Jonás para que diera sombra sobre su cabeza y lo librara de su incomodidad. Y Jonás se alegró grandemente por la planta. Primera vez que se ve alegre, porque tiene sombra.

Pero al rayar el alba del día siguiente, Dios dispuso que un gusano atacara la planta y esta se secó. Y sucedió que al salir el sol, Dios dispuso un sofocante viento del este y el sol hirió la cabeza de Jonás. Así que él desfallecía y con toda su alma deseaba morir, y decía: "Mejor me es la muerte que la vida". Entonces Dios le preguntó a Jonás: "¿Tienes acaso razón para enojarte por causa de la planta?" "Sí, tengo muchas razones para enojarme hasta la muerte", le respondió.

Entonces Dios le dijo: "Tú te apiadaste de la planta por la cual tú no trabajaste ni hiciste crecer, que nació una noche y en una noche murió. ¿Y yo no he de apiadarme de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de 120 mil personas que no saben distinguir entre su derecha y su izquierda, y también hay muchos animales?"

Dios le dice: "Jonás, a ti te dio pena una planta que tú no sembraste, tú no regaste, tú no hiciste crecer, que nació y murió en un día, ¿y tú no entiendes que yo tenga compasión por toda una gran ciudad?"

Pero, ¿no es interesante? Los comentaristas del texto entienden que esas 120 mil personas son niños que no habían llegado a la edad del discernimiento entre el bien y el mal. Pero la forma de identificarlos es diciendo que no saben distinguir entre la derecha y su izquierda. Aquí en español parece que Dios le está diciendo a Jonás, lo que llaman una galleta con la mano: "Jonás, tú te portaste como un niño sin discernimiento. Yo te mandé a la derecha y tú te fuiste a la izquierda. Tú hiciste unas rabietas al Dios soberano del universo. Tú te comportaste como una persona sin discernimiento, el hombre que hablaba con Dios".

Yo siempre he pensado que el libro de Jonás pudo haber sido el libro más corto de la Biblia. Pudo haber tenido tres versículos. Hubiera sido algo así: Jonás capítulo 1, versículo 1: "El Señor le dio el siguiente mensaje a Jonás hijo de Amitai". Versículo 2: "Levántate, vete a la gran ciudad de Nínive, pronuncia mi juicio contra ella, porque he visto lo perversa que es su gente". Versículo 3: "Entonces se levantó y se fue en dirección contraria para huir del Señor. Y al instante, Dios envió fuego del cielo y fulminó al profeta Jonás". Pasamos la página: Miqueas.

Pero la historia de Jonás no se acaba en tres versículos, porque el Dios de Jonás, el Dios tuyo y el Dios mío, es un Dios compasivo. Hay gente que se queda pensando: "Imagínate, un libro que habla de que un hombre vivió tres días dentro de un pez". ¿En serio, eso es lo que más te sorprende del libro? A mí lo que más me sorprende es que Dios no lo mató inmediatamente. Ese es el milagro más grande que hay en el libro de Jonás: que Dios no lo mató después que le hizo lo que le hizo.

Dios es un Dios compasivo, y Dios usa su soberanía sobre la creación para que podamos tener una ligera idea de hasta dónde puede llegar su compasión y misericordia. Mira cómo lo vimos ahora en el libro: Dios ordenó al viento que soplara y el viento obedeció. Dios ordenó al mar que se calmara y el mar se calmó. Dios ordenó al pez que tragara a Jonás y se lo tragó. Dios ordenó al pez que escupiera a Jonás y obedeció. Dios ordenó a una planta que creciera y ella creció. Dios ordenó al viento del este que soplara y el viento obedeció. Dios ordenó a un gusano y el gusano obedeció. Toda su creación obedeció a las órdenes del Creador para recrear la situación y la circunstancia que Jonás necesitaba experimentar para entender la compasión a nivel de Dios. Toda la creación.

Séptima y última etapa: Jonás aprende. Y esta etapa se encuentra en el capítulo 5 de Jonás, pero no existe. El capítulo 5 de Jonás no existe, pero sabemos que el capítulo 4 no es el final del ministerio de Jonás porque el libro termina con Dios hablando. Y yo creo que el Señor hace esto a propósito y deja la historia de Jonás inconclusa, como si la Biblia quisiese enseñarnos que Jonás, igual que tú e igual que yo, somos una obra en proceso. Que seguimos aprendiendo de nuestro Dios día tras día, tras día, tras día.

Según los historiadores, se cree que la tumba de Jonás se encuentra en la actual Mosul, Irak, que es exactamente el lugar donde estaba la ciudad de Nínive. Si eso es cierto, podemos pensar que Jonás continuó su ministerio evangelístico en Nínive, que al final él aprendió y tuvo compasión de los ninivitas. Y quizás esa es la razón por la cual no tenemos ningún otro dato en el Antiguo Testamento de Jonás trabajando en el pueblo de Israel.

Y como yo dije al inicio del sermón, Jonás fue un gran hombre de Dios, tuvo un ministerio muy importante. Sin embargo, la parte de su ministerio que se registra con más detalle es esa donde él no luce muy bien. El libro de Jonás es como el eslabón del ministerio profético de Jonás. ¿Saben por qué, hermanos? Porque como ocurre frecuentemente en la Biblia, nosotros podemos aprender más de los errores de los hombres de Dios que de sus éxitos.

El libro prueba que en los tiempos de soledad, en los tiempos de debilidad, es cuando los hombres de Dios experimentan una mejor relación con Dios, es cuando pueden comprobar el deleite de estar cerca de Él. Pero aunque el libro de Jonás narra quizás el peor momento del ministerio de Jonás...

Yo dije que leyera el libro de Jonás. Jonás se menciona dos veces: la que yo mencioné en Segundo de Reyes, y la otra vez, ¿saben dónde está? "Los hombres de Nínive se levantarán con esta generación en el juicio y la condenarán, porque ellos se arrepintieron con la predicación de Jonás, y miren, algo más grande que Jonás está aquí." ¡Wow! El Señor se está comparando con un profetita. No se compara con Elías, no se compara con Moisés, se compara con Jonás. Miren lo que hizo la predicación de Jonás: que se arrepintieron seiscientas mil personas. Y ustedes, fariseos, tienen delante a uno que es mucho más grande que Jonás.

Hermano, ¿qué paz y qué esperanza nos da que nuestro Señor nos recuerde por las cosas que hicimos a través de él? ¿Qué hizo él con nosotros en nuestras caídas y en nuestras pruebas? Al final, no nos queda marcado nuestro error, sino que en un momento creímos en él, nos reconciliamos con él y lo tenemos a él. Ese es nuestro Señor. Nos tiene que dar esperanza. Si en el libro de Jonás tenemos los errores de Jonás para que podamos aprender, pero podemos ver cómo el Señor dice al final: "¡Eh! Un momentico, si yo me voy a comparar, obviamente voy a quedar por arriba, con algún profeta me voy a comparar, me voy a comparar con Jonás." Ese Jonás, y que en el libro de Jonás nosotros todos nos podemos encontrar.

Nosotros vimos siete etapas en el caminar de Jonás. Las voy a repetir. Primero, Jonás huye. Jonás confiesa. Jonás se arrepiente. Jonás obedece. Jonás se queja. Jonás escucha. Y Jonás aprende. ¿Tú te has preguntado en cuál de esas etapas tú estás?

Es posible que tú estés huyendo del Señor. Yo no estoy diciendo que tú estás descarriado, porque tú estás aquí sentado. Tú sigues viniendo a la iglesia cada domingo, quizás cada miércoles. Tú sigues participando en tu grupo pequeño, sigues viviendo una vida cristiana de la boca para afuera, pero en el fondo de tu corazón tú estás invirtiendo tiempo, amores y recursos en cosas opuestas al Señor. Tú estás comprando un boleto para pecar. No te lo han regalado, tú lo estás comprando para pecar. Este boleto lo estoy comprando para desobedecer a mi Dios.

Pero quizás tú te encuentras en un momento en tu vida donde tú no tienes problema con confesar tu pecado, pero te estás dando cuenta que se están yendo los años y tú tienes años y años confesando los mismos pecados, buscando consejería por las mismas razones, y no sales de ahí. ¿Será que simplemente tú estás avergonzado por tu pecado pero tú no estás arrepentido?

¿O quizás tú estás en la otra etapa? Quizás tú estás arrepentido, tú has orado con lágrimas de sangre, tú has buscado el perdón de Dios, pero no te atreves a decidir obedecerle. Es como si tú estuvieras en la playa, acabado de salir del pez, y tú sabes que lo que te toca es coger para tu Nínive, y tú no quieres. Es más, tú quisieras devolverte y meterte otra vez dentro del pez, porque ahí tú estabas orando con el Señor tranquilo, nadie te molestaba, como un retiro espiritual.

O quizás lo que pasa es que tú no sientes compasión por las almas perdidas, y en tu esquema de justicia tú, el soberano, piensas que hay personas que no se merecen la misericordia de Dios. "Voy a invitar a Fulanita a la iglesia." "No, no, no, no, a esa no la invites. Todavía no. Que sufra un poco. Primero que pague un poquito del mal que ya le ha hecho a tanta gente. ¿Qué fácil que venga y se arrepienta y ya?"

O quizás, mi hermano, ya tú estás obedeciendo al Señor, pero sientes que lo estás haciendo por obligación. No hay gozo en tu vida, no hay deleite en tu relación con Dios. Tú estás sirviendo, pero la queja es una constante en tu boca. ¿Cómo estaba Jonás? Y esa queja constante, ¿no será porque en lo más profundo de tu ser tú lo que quieres es ser el soberano de tu propia vida, que más nadie se meta con mi vida? Y por lo tanto tú no tienes paz, porque es que tú no puedes tener todo bajo tu control. ¿En cuál etapa tú estás?

Lo importante es que tú entiendas que esas son etapas comunes en el camino cristiano, pero que nosotros, si tenemos el Espíritu Santo, no nos podemos quedar a vivir en una etapa de esas. Solo tenemos que seguir. Gran parte la hacemos nosotros, la mayoría la hace el Señor, porque Dios es el que pone en nosotros tanto el querer como el hacer. Pero no podemos seguir estáticos. Y lamentablemente, la manera de pasar de una etapa a otra tiene que ver con mayor conocimiento y estudio.

Déjenme dejarles con esta cita de Paul Tripp. Dice Paul Tripp: "Es glorioso saber que tanto en los tiempos de prosperidad como de dificultad, Dios gobierna y nosotros no. Es alentador saber que, sin importar cuán caótico y confuso parezca, nuestro mundo no está fuera de control, sino que está bajo el señorío sabio y dirigente del Señor todopoderoso. Es reconfortante saber que aquel que gobierna todo en todo momento es nuestro Padre por la gracia. Nos consuela saber que, puesto que él gobierna, nada puede detener el curso de su gracia que produce vida y derrota el pecado. Es bueno saber que hay un Rey superior cuyo trono está muy por encima de los reyes imperfectos de esta tierra. Se nos quita un gran peso de encima saber que podemos confiar a su reinado sabio nuestras grandes preocupaciones por aquello que no somos capaces de cambiar. Es bueno recordar que tu salud mental no depende de tu comprensión de todas las cosas, sino de confiar en aquel que las comprende todas desde antes del principio y más allá de todo tiempo. Es bueno para el alma despertarse cada mañana y adorar a Dios y reconocerlo como el soberano."

El libro de Jonás nos enseña, a través del caminar de Jonás, hasta dónde puede llegar la soberanía y la compasión de Dios trabajando de manera conjunta. Y así como Dios podemos decir que en un momento rompió las reglas de su creación y creó un viento de donde no había, puso un pez a comer algo que no comía, puso un árbol a crecer más rápido de lo que tenía que crecer, puso un viento del este más caliente de la cuenta, él movió su creación para crear la circunstancia que Jonás necesitaba experimentar. Mi hermano, puedes tener la certeza y la confianza de que tu Dios compasivo está moviendo su creación para que todo cuanto te pase, al final, obre para tu bien eterno. Toda su compasión le permite usar sus demás atributos para que a ti te vaya bien en la eternidad, no aquí ahora necesariamente, en la eternidad. Y eso nos tiene que dar paz, nos tiene que dar confianza.

Pero yo quiero terminar recordando el decreto del rey de Nínive, porque aquí puede haber persona que no es que le quedan cuarenta días de vida. De hecho, a lo mejor le quedan horas de vida y no lo sabes, pero sabes que no estás haciendo lo que tienes que hacer delante del Señor. Hay un momento en tu vida, mi amigo, que tú tienes que decidir: "Señor, yo tengo que dejar mi mal camino, a ver si tu ira no me toca." Y créeme, si tú haces esa oración, si tú tomas esa decisión, vas a ver delante de ti tamaño Dios, al Dios compasivo. Eso es una promesa.

Así que con eso, oremos al Señor, para que, diferente a Jonás, nosotros no vivamos nuestra vida cristiana de la boca para afuera, sino que nuestro caminar día a día sea realmente un caminar que demuestre que tú adoras a un Dios compasivo y soberano. Amén, vamos a orar.

Gracias, Señor. Gracias porque tu satisface, tu palabra nos confronta, pero tu palabra también nos da paz, nos da esperanza. Nos sacaste unas sonrisas al ver cómo eres tú, Señor. Cómo nosotros en nuestro momento de angustia, tu diestra está ahí para ayudar. Cómo tú, Señor, en nuestro momento de torpeza, tú estás ahí para sacarnos, nos das sabiduría. Gracias, Señor, porque tu palabra dice que cuando necesitemos sabiduría, que la pidamos, que la das de más. Y nosotros muchas veces necesitamos de tu sabiduría para saber realmente a dónde tengo que coger. Para que nuestro caminar cristiano nosotros podamos tener una relación tan estrecha contigo, que podamos obviamente obedecer cuando tú nos digas a la derecha. Pero que nuestro andar esté tan acorde con tu palabra, que nosotros no se nos ocurra dar un pie en la dirección contraria. Pero no podemos hacer eso por nosotros mismos. Por eso te damos la gracia por el Espíritu que mora en nosotros y nos permite, Señor, hacer las cosas como tú quieres, Señor. Decidamos, Señor, obedecerte. Decidamos, Señor, pararnos en la playa y dirigirnos hacia nuestro Nínive, hacer las cosas que tú nos has llamado a hacer. Y gozarnos, Señor, de lo que tú vas a hacer en Nínive, Señor. Muy a pesar nuestro, simplemente a nosotros nos toca obedecer, y tú te encargarás, Señor, de ablandar corazones, de traer arrepentimiento, y hacer que todo funcione, porque no es por nosotros, es por ti. Gracias porque tú eres un Dios que gobierna la creación de una manera que no nos imaginamos cómo pudiésemos hacerlo nosotros. Gracias, Padre, porque tú eres bueno. En Cristo Jesús. Amén.

Reynaldo Logroño

Reynaldo Logroño

Reynaldo Logroño conoció al Señor en 1980 y es miembro de la IBI desde 2007. Ha servido en Consejería Prematrimonial, GPS, Escuela Bíblica Dominical, Ministerio de Cárceles y Conferencias Por Su Causa. Desde 2010 dirige, junto a su esposa, la Escuela Bíblica Dominical, y desde 2017 es director del Ministerio Integridad & Sabiduría. Licenciado en Publicidad con maestría en Gerencia de Mercadeo, graduado del Instituto Integridad & Sabiduría y certificado en Educación Cristiana. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr.