IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Los cristianos somos extranjeros y peregrinos en este mundo, una metáfora bíblica que puede sentirse distante y difícil de aplicar en la vida cotidiana. Sin embargo, una traducción más cercana revela su significado práctico: somos residentes temporales, inquilinos viviendo con visa en una nación que no es la nuestra. Espiritualmente hablando, no tenemos casa propia aquí; nuestra ciudadanía está en el cielo. Esto no es solo una idea poética, sino un mandato que debe transformar nuestra mentalidad y nuestras decisiones diarias.
Vivir como inquilino implica tres cosas: no poner nuestra seguridad en logros o posesiones sino en Dios, adaptarnos a sus mandamientos en lugar de adaptarlos a nuestra conveniencia, y estar dispuestos a soltar planes y deseos cuando él lo indique. El problema surge cuando, sin darnos cuenta, comenzamos a acumular costumbres, lógicas y valores del mundo, como quien guarda objetos innecesarios año tras año. La fábula del ave migratoria que descendió a un aviario lleno de comodidades ilustra este peligro: pensaba quedarse unos días, pero el confort la hizo engordar hasta que ya no pudo volar sobre la cerca. Así el mundo nos atrapa, poco a poco, haciéndonos creer que no hay que ser tan radicales.
Pero la Escritura es clara: las pasiones carnales —no solo las sexuales, sino también los celos, las divisiones, la ambición egoísta— combaten contra el alma. Alejarse de ellas parecerá absurdo al mundo, pero nuestra misión como embajadores del Rey es anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. El llamado final es a examinarnos: ¿estamos viviendo con mentalidad de dueños en una casa que nunca fue nuestra?
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Me gustaría entonces ser un poquito lo que vamos a hablar hoy, como el pastor Luis decía. No sé si a usted le pasa, pero muchas veces los grandes conceptos que encontramos en la Palabra, las grandes ideas, las grandes doctrinas, muchas veces nosotros no encontramos una manera de poder aterrizarlos, de aplicarlos a nuestras vidas. Y el Señor, que conoce nuestro corazón y es el primero interesado en que nosotros vivamos su Palabra, nos pone en situaciones, nos pone con experiencias sencillas, comunes, pero que nos sirven para reflexionar sobre temas importantes.
Y uno de esos temas importantes tiene que ver con la identidad y el propósito de nosotros como cristianos. En la Escritura, la identidad y el propósito son usados de muchas maneras, pero hay una metáfora que se repite a lo largo de la historia: que nosotros somos extranjeros y peregrinos. Yo quiero que nosotros leamos un texto que se encuentra en 1 Pedro 2:11-12. Voy a leer en la Nueva Biblia de las Américas.
"Amados, les ruego como extranjeros y peregrinos que se abstengan de las pasiones carnales que combaten contra el alma. Mantengan entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que les calumnien como malhechores, ellos, por razón de las buenas obras de ustedes al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación."
Y como yo decía, a lo largo de la Escritura varios autores inspirados han usado esta metáfora de que los hijos de Dios debemos vivir como extranjeros y peregrinos, y con ello quieren describir nuestra identidad y nuestro propósito. Este concepto, esta metáfora, es perfectamente decodificable para el pueblo judío, pues a lo largo de toda su historia ellos han ido luchando por su nacionalidad, han tenido un largo peregrinaje y han peleado por los derechos de sus tierras.
Incluso los cristianos del primer siglo, a quienes el apóstol Pedro le escribe esta carta, también se identifican con este concepto. Porque en esa época, y como dice Pedro iniciando la carta, él está dedicando esta carta a los cristianos que están expatriados, todos los cristianos que por la persecución romana se han ido de Jerusalén, se han ido de Israel central, han ido a otras partes del continente. Y ellos entienden lo que es vivir como extranjero y como peregrino.
Sin embargo, el Nuevo Testamento, por inspiración de Dios, no fue escrito solamente para enseñar a esos cristianos, sino que se supone que fue para enseñarnos a nosotros también. Nosotros debemos vivir como extranjeros y peregrinos en este mundo. El problema es que muchas veces nosotros asociamos el término peregrino con una época muy distante o con un estilo de vida ajeno a nuestro día a día.
Si ustedes cierran los ojos y yo les digo la palabra "peregrino", seguramente pueden ver varias imágenes en su mente. Podemos imaginar al pueblo de Israel caminando por el desierto. Podemos pensar en un grupo de gitanos alrededor de una fogata con casas de campaña. Podemos ver una imagen de una fila de vagones con caballos en Estados Unidos, como los primeros peregrinos que iban del este al oeste. Podemos ver un grupo de personas caminando detrás de una estatua religiosa con palmas o cosas como esas. Pero los más espirituales pueden tener en mente al protagonista de El progreso del peregrino de Juan Bunyan, e imaginan a Cristiano con su mochila, pasándolas difíciles mientras peregrina para llegar a su destino.
En fin, no importa cuál sea esa imagen que les venga a la mente. De seguro son situaciones que distan mucho de tu realidad, distan mucho de tu forma de vida, pero sobre todo distan muchísimo del mundo al que tú te estás enfrentando hoy en día. Y de esta forma, sin quererlo, al sentirnos desconectados completamente de este concepto, les restamos importancia a los principios que vienen acompañados de esta metáfora.
Hermanos, una de las artimañas que usa Satanás para restarle importancia, para restarle sentido de urgencia, para restarle pertinencia a la enseñanza de la Biblia, es hacernos creer exactamente eso: que eso se escribió para otro tipo de gente, para otra época, y que por lo tanto su enseñanza no aplica para nosotros, que estamos en el siglo XXI, dos mil años después.
Por eso yo quiero que volvamos a leer el mismo pasaje, ahora tomándolo de la versión Nueva Traducción Viviente. La versión dice así, versículo 11: "Queridos amigos, ya que son extranjeros y residentes temporales, les advierto que se alejen de los deseos mundanos que luchan contra el alma. Procuren llevar una vida ejemplar ante sus vecinos no creyentes. Así, por más que ellos los acusen de actuar mal, verán que ustedes tienen una conducta honorable y le darán honra a Dios cuando Él juzgue al mundo."
Ya no dice "peregrinos", sino "residentes temporales", y ese sí es un término que nosotros manejamos. Lo que el apóstol Pedro nos está diciendo a nosotros, los cristianos del siglo XXI, es lo siguiente, espiritualmente hablando: nosotros vivimos alquilados en este mundo. El mundo no es nuestra casa propia; nosotros simplemente somos inquilinos.
Pero no se queda ahí. Dice que, por si fuera poco, no solamente no tenemos casa propia, sino que tampoco somos ciudadanos del mundo. Una vez que nosotros nacemos de nuevo, nuestra nacionalidad cambia. Ocurrió, por gracia, por amor, por la sangre del Señor derramada por nosotros, no porque lo mereciéramos. Nosotros vivimos alquilados en una nación extranjera; que no se nos olvide. Pablo escribió a los filipenses, en Filipenses 3:20, lo siguiente: "En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, donde vive el Señor Jesucristo, y esperamos con mucho anhelo que Él regrese como nuestro Salvador."
Hermano, tú y yo no somos de este mundo. No somos de este mundo, pero no lo digo yo, lo dice el Señor, lo dice Cristo en Juan 17:16: "No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo." Nosotros estamos aquí simplemente con una visa temporal que nos permite estar aquí. Y como veremos más adelante, esa visa es por tiempo limitado, con derechos y deberes establecidos, y con un propósito y una misión específicos.
Por eso, en vez de llamar a este sermón "Viviendo como extranjeros y peregrinos", le he querido llamar "Viviendo como visados e inquilinos". Y yo sé que todos los que están aquí manejan el concepto de qué es un inquilino, qué significa vivir alquilado. Quizá no todos hayan tenido la oportunidad o la experiencia, pero de seguro sí conocen a alguien que lo haya hecho. Y todos sabemos que hay una gran diferencia entre vivir en una casa alquilada y vivir en una casa propia.
Es una diferencia que se ve no solamente en la dinámica operativa de las familias que viven en la casa, sino que se vuelve parte de una mentalidad que dirige todas nuestras acciones. Podemos ver que hay dos mentalidades: la del que vive en casa propia y la del que vive en casa alquilada. Yo quisiera que nosotros revisemos tres aspectos que diferencian la mentalidad del alquilado y la mentalidad del que vive en casa propia. De esta manera, luego vamos a poder transponer esos aspectos a la parte espiritual y vamos a entender por qué es tan importante reconocer con qué mentalidad estamos viviendo en este mundo.
El primer aspecto: el sentido de seguridad. El dueño de su casa tiene un sentido de seguridad que el alquilado no tiene. "Esta casa es mía. De aquí nadie me mueve si yo no quiero. Esta casa es fruto de mi esfuerzo. Cuando yo cierro esa puerta, no importa lo que pase, nadie se puede meter." Sin embargo, el alquilado vive muchas veces con el susto de que no le van a renovar el contrato de alquiler, o le van a aumentar demasiado la renta y va a tener que mudarse, o simplemente el dueño de la casa le va a pedir la casa de repente. No es la misma seguridad.
El segundo aspecto: la capacidad de adecuarse, de adaptarse. Cuando nosotros vivimos en una casa propia, podemos ir adaptando nuestro entorno a nuestras propias necesidades. La familia crece, hacemos un anexo, quitamos paredes, ponemos paredes, ponemos reja, ponemos cámaras, en fin. Podemos adecuar la vivienda a nuestra necesidad. Con el inquilino sucede todo lo contrario: el inquilino tiene que adaptarse a la vivienda alquilada, o si no, se muda. Él no tiene derecho sobre esa propiedad.
El tercer aspecto: la capacidad de conservar, de guardar, de retener. Normalmente el que vive en una casa propia crea el hábito de conservar y almacenar cosas que han significado algo, por lo menos en algún momento de su vida. Pero el inquilino no se puede dar mucho ese lujo, porque siempre va a tener la incertidumbre de imaginar que tiene que organizar una mudanza express. Y eso lo convierte en una persona que solamente guarda y conserva lo esencial. ¿Entienden por dónde vamos?
Hermanos, nosotros vivimos nuestra vida cristiana relacionada con el mundo desde una de estas dos mentalidades. El problema es que Dios no nos dice "elige cuál tú quieres". Tenemos un mandato. Dios nos manda que vivamos en el mundo con mentalidad de alquilados. No estoy diciendo que la Biblia nos manda ahora vender nuestras casas, mudarnos y pagar rentas. Estoy hablando de la mentalidad de cómo vive el alquilado y de aplicarla en nuestro caminar cristiano. Lo que busco es motivarnos a que nos apropiemos de esta metáfora y se vuelva tan propia como fue el término "peregrino" para el pueblo de Dios de hace dos siglos atrás.
Dios necesita hombres y mujeres que vivan su vida cristiana con una mentalidad de alquilados en este mundo, aunque vivan en una casa propia, y que los tres aspectos de esta mentalidad sean evidentes en su caminar cristiano. Hombres y mujeres que vivan con su seguridad puesta en su Dios, no en sus logros, no en sus posesiones, no en sus dones, no en sus talentos. Hombres y mujeres que no adapten los mandamientos del Señor a su propia conveniencia.
Hombres y mujeres que estén dispuestos a mudar sus planes, sus metas y sus deseos de corazón a donde Él diga y cuando Él diga. Pero esto no es una estrategia o un plan nuevo de Dios. En la Biblia vemos cómo Dios preparaba a los hombres que iba a usar y les inculcaba esta mentalidad de peregrino desde su selección.
Por ejemplo, Abraham, como dijo el pastor Luis, fue movido físicamente a una tierra desconocida para probar su fe, para cambiar su mentalidad. Y Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron movidos para ejercitar su obediencia. José fue movido y llevado a una tierra hostil para ser un instrumento a través del cual el pueblo conociera al Dios proveedor. Moisés fue sacado a una tierra extraña para trabajar su carácter. Jonás fue llevado a Nínive para que viviera en carne propia hasta dónde llega la misericordia de Dios.
Dios llama a hombres y los equipa con una mentalidad peregrina, los saca de su hábitat, los saca de su zona de confort, para que puedan entender en la práctica, no solamente en teoría, que lo único, lo único constante, fiel y fijo en sus vidas tiene que ser su Señor.
Dejemos de ver el término "extranjeros y peregrinos" solamente como un buen nombre para una conferencia, un excelente nombre para un ministerio, o para un portal web, o para una canción. Extranjero y peregrino es parte esencial de nuestra identidad y nuestro propósito como cristianos. Ya nosotros vimos el texto de Filipenses donde Pablo dice que solo si estamos conscientes de que nuestra identidad es ser ciudadanos del cielo, podemos vivir una vida de fe, con certeza de la vida. Y no es una verdadera manera de venir al Señor, porque nuestra ciudadanía está en los cielos, dice Filipenses, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo.
Pero también el autor de la carta a los Hebreos dice que solo apropiándonos de esa identidad de extranjero y peregrino podemos vivir con la esperanza de las promesas eternas de Dios. El autor de la carta a los Hebreos, capítulo 11, versículo 13: "Todos estos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto desde lejos y aceptado con gusto, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre esta tierra."
Pero, hermano, la mentalidad de peregrino no solamente nos enfoca en ver las cosas de arriba, no solamente nos mantiene enfocados en las cosas eternas, sino que nos prepara para esta vida, nos enseña cómo debemos comportarnos aquí y ahora. Volvamos a leer el texto de 1 Pedro: "Amados, les ruego como extranjeros y peregrinos que se abstengan de las pasiones carnales que combaten contra el alma." Pasiones carnales que combaten contra el alma.
Yo les decía que una de las artimañas más eficaces de Satanás para restar importancia, sentido de urgencia o pertinencia a las enseñanzas de la Escritura es desconectarnos de ella. Pero otra artimaña muy usada por Satanás es hacernos creer que las implicaciones de un texto son menores de las que realmente son, que un mandato no abarca tantos aspectos, sino que su aplicación es limitada. Y eso puede pasar cuando leemos ese texto, porque cuando nosotros leemos "absténte de las pasiones carnales que combaten contra el alma", inmediatamente nos viene a la mente el pecado sexual: adulterio, fornicación, lujuria, pornografía, etc. Y concluimos de manera ligera que Pedro nos está diciendo lo siguiente: si te mantienes puro sexualmente hablando, tu alma no corre peligro, estás a salvo. Como dicen los jóvenes: mentira del diablo.
El apóstol Pablo, al escribir a los Gálatas, da un listado no exhaustivo de estas obras de la carne que son evidentes y que luchan contra nuestra alma. Vamos a ver el listado. Dice Gálatas 5:19-21, en la Nueva Versión Internacional: "Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son —comienzo el listado— inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidia, borrachera, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes —dice Pablo—, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios." Habla de ciudadanía ahí. Pero no solamente son pecados sexuales; comenzaron con pecado grave, pero al final había pecados como los pleitos y las disensiones. En palabras de Pedro, los que hagan tales cosas perderán su alma.
Ahora vamos a leer el versículo de 2 Pedro, como yo lo decía al principio, en la NTV: "Queridos amigos, ya que son extranjeros y residentes temporales, les advierto que se alejen de los deseos mundanos que luchan contra el alma." Aquí usa el término "aléjate", y sigue diciendo que luchan contra el alma. Aléjate. Aléjate. Se entiende: aléjate. Porque alguno cree que alejarse es un concepto muy abstracto, le voy a dar una definición.
¿Qué significa alejarse? Alejarse significa poner distancia entre algo o alguien, ya sea en algún sentido físico, emocional o metafórico. Físicamente, es moverse hacia un lugar más distante; por ejemplo: "Se alejó de la multitud para encontrar un lugar tranquilo." Emocionalmente, es distanciarse en términos de afecto o relación; por ejemplo: "Con el tiempo se alejó de sus amigos de la infancia." Y metafóricamente, es apartarse de una idea, de una creencia o de un comportamiento; por ejemplo: "Debemos alejarnos del pecado y acercarnos a Dios."
Lo que está diciendo Pedro es: pon distancia entre tú y la inmoralidad sexual, entre tú y la impureza, entre tú y las pasiones sensuales, entre tú y la idolatría, entre tú y la hechicería, entre tú y la hostilidad, entre tú y las peleas, entre tú y los celos, entre tú y los arrebatos de furia, entre tú y la ambición egoísta, entre tú y las discordias, entre tú y las divisiones, entre tú y las envidias, y las borracheras, y las fiestas desenfrenadas, y otros pecados parecidos. Entonces el "aléjate" es radical: aléjate de las costumbres del mundo, aléjate de las prioridades del mundo, aléjate de los gustos del mundo, aléjate de la lógica del mundo.
Pero ¿por qué hay que ser tan radical? El texto lo dice: porque el mundo mata el alma. El mundo y tu alma están en guerra constantemente: o gana el mundo, o gana el alma. Mateo 16:24 y 26. Miren quién habla: "Entonces Jesús dijo a sus discípulos: 'Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.'" Radical. "Porque el que quiera salvar su vida, la perderá." Radical. "Pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero pero pierde su alma?" Radical. Difícil. Sí. Si lo hacemos en nuestras propias fuerzas.
Pero adivina quién está intercediendo por nosotros delante del Padre. Vamos a leer Juan 17:14-16: "Padre, Yo les he dado Tu palabra y el mundo los ha odiado, porque ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo." Es el maligno por el cual el Señor está orando que nos proteja. Ese astuto nos conoce y sabe cómo atacarnos. Su ataque no es de frente; su ataque es sutil, pero es constante. Y nos va trabajando poco a poco, poco a poco, y muchas veces no nos damos cuenta.
Nosotros como familia hemos tenido la gran bendición de poder vivir en la misma casa durante los últimos veinte años. Y normalmente aprovechamos las vacaciones de fin de año para organizar, para recoger, para regalar, pero sobre todo para botar cosas que vamos guardando poco a poco al pasar de los años. Y créanme, es impresionante ver la cantidad de cosas que uno va guardando y que al final ni siquiera uno se recuerda para qué las guardaba. Pero qué difícil se vuelve a veces deshacerse de cosas a las que uno les da un valor sentimental. ¿Cuándo voy a botar esta bola de fútbol explotada? No, ese fue el primer gol que yo metí en un torneo en el 2011. ¿Puedo botar estos dieciocho libros de recetas de cocina que todas están en YouTube? Reinaldo, ¿puedes botar esa Mac que tienes del 96, con unos colores muy bonitos, que no se usa hace veinte años y está ocupando espacio? ¿Por qué si en mi casa hay tres televisiones hay diecisiete controles remotos? Porque yo guardo esos cables y yo nunca voy a tener una impresora que use ese cable.
Y si nos descuidamos, podemos convertirnos en lo que se llama acumuladores: personas que conservan un sinfín de cosas sin valor pero que les es imposible desprenderse de ellas. Hermanos, exactamente eso nos pasa con el mundo. Si nosotros no ejercitamos una mentalidad de peregrino que nos mantenga limpiando y organizando nuestra mente y corazón, corremos el riesgo de convertirnos en acumuladores del mundo. Un día, en una situación particular, usamos una lógica que usa el mundo, no muy piadosa, pero nos resuelve un problema y no hubo consecuencia, y cogemos esa lógica del mundo y la guardamos. Otro día implementamos una costumbre del mundo, tampoco muy piadosa pero que suena un poco inocente, no hay consecuencias graves, y la guardamos. Y así, poco a poco, vamos guardando métodos y estrategias del mundo que nos funcionan, y no nos damos cuenta de que nos volvemos acumuladores del mundo.
Y poco a poco, lo más grave, vamos perdiendo nuestra batalla por el alma, porque yo lo dije: o gana el alma, o gana el mundo. Hace muchos años yo escuché una fábula sobre un ave migratoria que volaba solitaria por el cielo, y un día, volando, se topó con un aviario espectacular, lleno de árboles frutales, con un manantial, con una cascadita, y muchas aves dentro de todo tipo, coloridas. Y este aviario estaba rodeado por una malla bien alta que protegía a las aves de cualquier depredador, pero curiosamente la malla no tapaba el techo. Así que el ave descendió y le preguntó a otra ave, similar a ella, lo siguiente.
¿Oye, y qué es este lugar? Y el ave le contestó: "Este es nuestro hogar, aquí nací y siempre he estado aquí." Y le dijo el ave que llegó: "Pero tú sabes que si tú quieres, tú puedes salir." El ave le saltó, pero no cubre el techo. Y otra vez le contestó: "¿Salir? ¿Y para qué? Aquí yo tengo todo." "Salir, con los otros lugares, para ser libre y no estar en cautiverio." "Pero yo no estoy en cautiverio, yo tengo espacio para volar, árboles que visitar, alimento que comer, en fin. Yo no podría dejar este lugar."
"Yo voy a durar unos días aquí descansando de mis largos viajes, alimentándome bien porque he pasado mucha hambre, y reponiendo fuerzas para seguir mis rutas." Y exactamente eso hizo el ave. Pasó unos días, los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. Un día, al fin, decidió retomar su ruta, dejar el aviario, pero cuando intentó emprender el vuelo se dio cuenta de que había ganado mucho peso y de que sus alas ya no estaban tan ejercitadas y fuertes como antes, y no pudo volar lo suficientemente alto como era necesario para pasar sobre la valla.
Hermanos, eso es exactamente lo que ocurre con nosotros. Sin darnos cuenta, poco a poco vamos aceptando, asimilando y adaptándonos a los valores del mundo. Pero no lo vemos así; lo que vemos es que estamos descansando, alimentándonos y disfrutando. Y eso empieza cuando nos decimos a nosotros mismos: "No hay que ser tan radical", "Esto no aplica en este caso", "Vas a leerlo… No, no, no, esta no es la idea, tú lo estás tomando muy literal." Y poco a poco nos vamos acostumbrando a lo que el mundo nos ofrece, y llega un momento en que nunca más podemos salir de ahí. Y llega ese momento donde no hay ninguna diferencia entre un ciudadano del mundo y nosotros. Perdimos la batalla por nuestra alma, poco a poco.
Preparando este sermón me llamó la atención que en algunos textos en inglés se usó el término *alien* como sinónimo de extranjero. Me llamó la atención porque para nosotros *alien* es extraterrestre, alienígena, y lo vemos más así que como extranjero. Pero después dije: "¡Caramba, pero es correcto!" Es que de hecho nosotros no somos simples extranjeros; nosotros somos extraterrestres espirituales. Acabamos de leer que Cristo dice que nosotros no somos de este mundo. Somos extraterrestres en un mundo donde la atmósfera nos mata. Eso es lo que dice la Biblia.
Pensando en eso me vino una imagen: una familia — papá, mamá, dos niños agarrados de la mano — paseando en un centro comercial. Pero resulta que la familia completa va vestida con traje de astronauta. ¿Absurdo? Bueno, no es absurdo si ellos saben que si se quitan el traje van a morir, porque la atmósfera donde están los mata. Ellos saben que tienen que proteger su vida, pero ¿qué dicen todos los demás? "¡Qué locos, son unos exagerados!" Eso es exactamente lo que Pedro está diciendo en el versículo 12: mantén en el mundo una conducta correcta, aunque te calumnien y critiquen por lo que hagas.
Hermanos, en un mundo en guerra constante con el alma, todo lo que busque proteger el alma parecerá absurdo. Absurdo le parecerá al mundo el hombre joven, profesional, que prefiere mudarse de nuevo con sus padres y no vivir en su apartamento solo como un soltero normal, porque sabe que tiene que cuidar su alma. Absurdo le parecerá al mundo la joven que prefiere renunciar a su buena posición en la oficina antes que ceder ante las presiones e insinuaciones de un jefe. Absurdo le parecerá al mundo la mujer que no se deja llevar por la corriente de la moda para cuidar el corazón de sus hermanos. Absurdo le parecerá al mundo el matrimonio que en medio de la crisis busca el rostro de Dios en oración y no ve como opción que cada uno siga por su lado. Absurdo le parecerá al mundo el empresario que le paga a su empleado más de lo que el mercado paga porque es sensible a su necesidad.
Hermanos, no tengamos temor de que el mundo nos considere absurdos, anticuados, radicales, fanáticos, siempre y cuando ocurra, como dice el versículo 12, que procuremos llevar una vida ejemplar entre nuestros vecinos no creyentes. Y escuchen qué hermoso como termina ese versículo: "Así, por más que ellos los acusen de actuar mal, verán que ustedes tienen una conducta honorable y le darán gloria a Dios cuando Él juzgue al mundo."
Si nos comportamos como Dios nos manda, si cuidamos nuestra alma de los ataques de este mundo, si vivimos de acuerdo con nuestra ciudadanía y si cumplimos nuestro propósito en este peregrinar, esos mismos que nos tildan de absurdos tendrán la oportunidad de dar gloria a Dios en el día del juicio — por nosotros, por nosotros, porque hicimos lo que teníamos que hacer.
Pero ¿cuál es ese propósito? ¿Para qué Dios nos complica la existencia en este mundo diciéndonos que vivamos con una mentalidad de visados e inquilinos? ¿Cuál es la idea? Bueno, nuestra identidad y propósito como cristianos en esta tierra Pedro lo dice no solamente en ese mismo libro, no solamente en ese mismo capítulo, sino dos versículos antes del pasaje que leímos, comenzando en el versículo 9:
"Pero ustedes, ¿quiénes son? Ustedes son linaje escogido, ustedes son real sacerdocio, ustedes son una nación santa, ustedes son un pueblo adquirido para posesión de Dios, para que anuncien las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Pero no siempre fuimos así", dice: "Ustedes en otro tiempo no eran pueblo, no eran ciudadanos, pero ahora son el pueblo de Dios. Ustedes no habían recibido misericordia, pero ahora han recibido misericordia."
Nosotros vivimos como visados en una nación extraña, pero nuestra visa no es de paseo. Nosotros tenemos una visa que nos acredita como parte de la delegación diplomática de la nación celestial. Nosotros somos, dice la Palabra, embajadores del Rey, y tenemos una misión: anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Y eso era para que en el día final, si cumplimos nuestro propósito, muchos de los que nos calumniaban, muchos de los que conocimos, hayan tenido la oportunidad de conocer quién es ese Rey y puedan darle la gloria, y no tendrán excusa. Ese es nuestro propósito.
Hay un himno, muy conocido, bautista, que se llama *Soy Peregrino Aquí*. Y dice exactamente eso: "Soy peregrino aquí, mi hogar lejano está. En la mansión de luz eterna, paz y amor. Embajador soy del Rey celestial, en los negocios de mi Rey."
¿Qué significa vivir con una mentalidad de inquilino? ¿Qué significa reconocer que nosotros aquí somos visados? Significa entender que tenemos una misión, y es encargarnos de los negocios de nuestro Rey. Esa es nuestra misión. Por eso el mundo batalla con nuestra alma: porque él no quiere eso, y poco a poco quiere que nosotros perdamos la batalla, nos acostumbremos al mundo, y nos hace creer que podemos tener una casa propia en el mundo. Y realmente lo que hacemos es que vivimos en una casa alquilada con mentalidad de dueño. Comenzamos a acumular cosas del mundo, y cuando nuestro Señor nos dice "Ven, tengo el sitio aquí", y vemos todo lo que hay que mudar y recoger, ¿qué le decimos? "No puedo." Eso fue lo que le pasó al joven rico cuando Jesús le dijo "Sígueme, ven": "De verdad, no puedo." ¿Cuál va a ser nuestra excusa?
Porque nos volvemos acumuladores del mundo, y el mundo nos engaña. El mundo no es ese manantial, no son esas aves multicolores que nos acompañan, no es ese alimento en exceso que tenemos, no es ese descanso; el mundo está lleno de dolor, de sufrimiento, de injusticia, y lo más importante: es temporal, se acaba rápido, comparado con nuestra ciudadanía celestial eterna. Entonces la batalla no debería ser muy complicada. Es absurdo que un cristiano opte por ese tipo de vida: vivir en este mundo sabiendo que está de paso, pero con mentalidad de dueño. Eso es tan absurdo como que nosotros tomemos un avión a cualquier país, alquilemos un Airbnb por una semana, y llevemos todos los cuadros familiares, todos los edredones de la cama, los cojines, el juego de café, la vajilla de porcelana. Hermano, tú vas solo una semana y esa casa no es tuya. Tú vas con una misión; nada que te mantenga en esa misión, y todo lo que te saque de esa misión, son esas mentiras que el mundo está usando. Tú tienes que entender eso.
Pero ahora, para terminar, dice Hebreos, capítulo 13, versículo 14: "Porque no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la que está por venir." No tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la que está por venir, la que se nos dio.
Hermano, pregúntate: ¿no será que te está pasando lo mismo que le pasó al ave, que pensaba que solamente iba a estar unos días, un break, y te estás dando cuenta de que cada vez es más difícil volver a encauzarte y ver cuál es tu propósito? ¿No será que abres los clósets de tu casa espiritual y los ves repletos — repletos de mundo, de costumbres, de patrones, de dinámicas, de amistades — y que tú no sabes por dónde empezar?
Pero antes que eso, tienes que hacerte alguna gran pregunta: ¿estás seguro de que eres beneficiario de la ciudadanía del cielo? Porque si tú tienes esa seguridad, no es en tu fuerza que vas a limpiar ese clóset; el Señor te va a ayudar. Ahora, no pases la vergüenza de pasar por migración y que te digan que tu visa era falsa. Revísate. Si encuentras que lo que el Señor nos llama a ser es muy radical, si también te estás poniendo del lado de los que dicen "Es absurdo, pastor, es absurdo", revísate. Porque ese que nos mandó comenzó diciendo: "¿Tú quieres venir detrás de mí? No te monto en el carro; coge tu cruz y sígueme." Eso es radical.
Y entiende que esa ciudadanía celestial a nosotros no nos costó nada, pero a Dios le costó todo — le costó la sangre de Su Hijo — y nos la regaló. Antes éramos como sin hogar. Y yo quiero que nosotros terminemos cantando esa canción preciosa que se llama *Soy Peregrino*. Y comienza diciendo exactamente eso: "Como huérfano, sin hogar, sin herencia, en oscuridad, Tú me llamaste de tinieblas a la luz. Y ahora soy Tu hijo. Fui lavado con Tu sangre, fui revestido de Tu rectitud, con Tu sello puesto en mi corazón."
Ahora has redimido. Peregrino soy, extranjero aquí; si Él o ti es repasaran, pero me espera un reino. Amén.
Padre, gracias, Señor, porque no por nosotros, sino por el amor que tú nos tuviste, Señor, tenemos el privilegio, el derecho, Señor, de ser llamados ciudadanos tuyos. Gracias, Padre, porque tú no solamente nos llamas ciudadanos, sino que nos llamas embajadores del Rey. Gracias, Señor, porque tú nos muestras, Padre, que este mundo nada tiene que ofrecer, Señor. Y sobre todo, porque tú nos das las herramientas para no caer en la trampa del diablo.
Es difícil, Señor, pero, oh, Padre, qué esfuerzo tenemos, Señor, que tu Hijo te está rogando por nosotros, Señor. Padre, no consientas; ayúdanos, Señor, a vivir una vida que cumpla con la identidad que te costó tan cara, y que nosotros como tus hijos podamos entender cuál es nuestro propósito. Te necesitamos, Señor, no podemos hacerlo solos. En Cristo Jesús, amén.
Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.
Reynaldo Logroño conoció al Señor en 1980 y es miembro de la IBI desde 2007. Ha servido en Consejería Prematrimonial, GPS, Escuela Bíblica Dominical, Ministerio de Cárceles y Conferencias Por Su Causa. Desde 2010 dirige, junto a su esposa, la Escuela Bíblica Dominical, y desde 2017 es director del Ministerio Integridad & Sabiduría. Licenciado en Publicidad con maestría en Gerencia de Mercadeo, graduado del Instituto Integridad & Sabiduría y certificado en Educación Cristiana. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr.