IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Conocer a Dios no es simplemente memorizar definiciones de sus atributos ni recibir una revelación instantánea de quién es Él. Lo conocemos por la manera como obra: cómo busca, cómo perdona, cómo cuida, cómo sostiene la creación. A esa manera de obrar la Escritura le llama "los caminos de Dios". El Salmo 103:7 marca una distinción reveladora: a los israelitas Dios les mostró sus obras, pero a Moisés le dio a conocer sus caminos, es decir, su carácter. Esa diferencia explica por qué Moisés, después de cuarenta días hablando cara a cara con Dios, todavía clamaba: "Te ruego que me hagas conocer tus caminos para que yo te conozca".
El contexto de esa petición es crucial. El pueblo acababa de fabricar un becerro de oro, y Dios anunció que enviaría un ángel pero no iría Él mismo con ellos, porque su santidad y la pecaminosidad del pueblo no podían coexistir sin destrucción. Moisés no se conformó con la bendición del ángel; él quería la presencia de Dios. "Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas salir de aquí", suplicó. Entendía que sin esa presencia manifiesta, Israel sería un pueblo como cualquier otro.
Los caminos de Dios son caminos de santidad, de oración genuina, de obediencia y de reposo. La trivialidad es incompatible con la infinidad de nuestro Dios. Cuando la vida cristiana se reduce a buscar solución de problemas, se pierde lo esencial: una relación íntima con el Creador. Dios permite las dificultades precisamente para que lo encontremos en medio de ellas y terminemos conociéndolo más profundamente.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Creo que algunos recordarán que el domingo pasado iniciamos una nueva serie acerca del carácter de Dios que titulamos "En el principio, Dios". Hicimos ese énfasis en esa última palabra, enfatizando el hecho de que el verdadero conocimiento de Dios termina transformando al creyente de una manera extraordinaria y de una manera natural. Cuando conoces a Dios verdaderamente, su conocimiento se traduce de forma natural en una transformación de índole extraordinaria.
Dijimos en esa ocasión que todo comienza con Dios y termina con Dios, y la razón por la que es así es porque es en él que nosotros nos movemos y existimos, y en él vivimos, según nos revela el libro de Hechos capítulo 17, versículo 28. Dijimos incluso que tú pudieras saber cuánto una persona conoce de Dios si lo observas cómo vive. Su estilo de vida, su modo de vivencia revela cuánto él conoce a ese Dios.
Igualmente digo ahora en este segundo servicio que si no escuchaste el mensaje del domingo anterior y piensas continuar conectado a esta serie, es mi recomendación que tú puedas regresar a escucharlo, porque no quisiera avanzar en lo que son cada uno de los atributos de Dios sin antes ayudarte a entender lo crucial que es conocer a Dios. De forma que en estos primeros mensajes lo que estamos tratando de hacer es motivarte a que tú puedas prestar atención especial a todo lo que vas a estar escuchando por diez, o doce, o catorce semanas.
Yo no sé si esto que voy a decir —ya lo dije una vez en la mañana de hoy— no sé si esto que voy a decir va a ocurrir en uno, en un grupo, en todos, pero esta serie tiene el potencial, yo no sé si lo va a hacer, pero tiene el potencial de cambiar tu vida de tal manera que en un futuro tú pudieras hablar de lo que es tu vida antes y después de la serie acerca del carácter de Dios que escuchaste, rumiaste, pensaste, meditaste y te aplicaste en el año 2023.
Yo he titulado el mensaje de esta mañana "Conocer a Dios es conocer sus caminos". Conocer a Dios es conocer sus caminos; es una gran realidad y eso tiene una razón. Ninguno de nosotros puede decir que conoce a Dios porque le dio una definición de "Dios es" y luego la definición. Ni siquiera porque entraste a la Biblia y encontraste que Dios definió su santidad de esta manera, su gracia de aquella otra, su omnipresencia, su eternidad, su sabiduría. Esa no es la manera como tú y yo conocemos a Dios. Nosotros no podemos decir que conocemos a Dios porque un día Dios se te apareció, te habló y por un día entero te reveló cómo él es o quién él es.
Nosotros conocemos a Dios por la manera como él busca, por la manera como él perdona, por la manera como él cuida de los suyos, por la manera como él sostiene la creación. En definitiva, nosotros conocemos a Dios por la manera como él obra, y por eso entonces a la manera como Dios obra le llamamos los caminos de Dios. Si conoces los caminos de Dios, conoces a Dios, y eso lo podemos decir con certidumbre porque está en la Palabra.
En el Salmo 103, versículo 7, escucha cómo la Biblia de las Américas lo dice, y luego presta atención cómo la Nueva Traducción lo revela o lo traduce para que puedas poner ambas traducciones juntas y entender lo que yo acabo de decir. Escucha lo que dice la Nueva Biblia de las Américas en el Salmo 103, versículo 7: "A Moisés dio a conocer sus caminos, y a los israelitas sus obras". Nota la diferencia: lo que Moisés conoció fue una cosa, lo que los israelitas conocieron fue otra cosa. Ellos conocieron sus obras, pero Moisés conoció más que sus obras; él conoció sus caminos.
La Nueva Traducción Viviente dice: "Dio a conocer su carácter a Moisés y sus obras al pueblo de Israel". De manera que lo que la Biblia de las Américas llama "los caminos de Dios", la Nueva Traducción llama "el carácter de Dios". Y de ahí el título que hemos mencionado.
El texto que yo voy a leer, de Éxodo 33, comienza con la palabra "entonces", y cada vez que tú ves una palabra conectora como esa, tienes que asumir que antes ha ocurrido una cosa y que lo que sigue es el fruto de, o algo que pasó en conexión con lo anterior. Y lo que Éxodo 32 nos describe es aquel día funesto cuando el pueblo de Israel, que estaba esperando que Moisés bajara del monte Sinaí, tiene la odiosa idea de que le fabricaran ídolos. Y el sumo sacerdote Aarón, el hermano de Moisés, tuvo una peor idea, y fue pedirle al pueblo que le trajeran sus pendientes, sus anillos de oro, y con eso él mismo confeccionó con sus propias manos un becerro de oro. Y después que lo confeccionó se lo presentó al pueblo y le dijo: "He ahí tus dioses que te sacaron de Egipto". ¿Puedes creer eso? Que Jehová, hace un tiempo atrás, unos meses atrás, le abrió el mar, que ellos pasaron en medio de dos paredes de agua, y Aarón tiene la odiosa idea de fabricar un becerro de oro y decirle al pueblo que ese becerro de oro que acaba de fabricar con sus manos, con material que ellos trajeron, es el dios que los sacó de Egipto, y que ellos le adoraran. Eso es lo que ha ocurrido.
Éxodo 33: "Entonces, después, el Señor dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Enviaré un ángel delante de ti y echaré fuera a los cananeos, a los amorreos, a los hititas, a los ferezeos, a los heveos y a los jebuseos. Sube a una tierra que mana leche y miel, pues yo no subiré en medio de ti, oh Israel, no sea que te destruya en el camino, porque eres un pueblo terco".
Cuando el pueblo oyó esta mala noticia, hicieron duelo. Quizás lloraron, y ninguno de ellos se puso sus joyas, porque el Señor había dicho a Moisés: "Di a los israelitas: Ustedes son un pueblo terco. Si por un momento yo me presentara en medio de ustedes, los destruiría. Ahora pues, quítense sus joyas para que yo sepa qué hacer con ustedes". A partir del monte Horeb los israelitas se despojaron de sus joyas.
Moisés acostumbraba tomar la tienda y la levantaba fuera del campamento, a buena distancia de este, y la llamó la tienda de reunión. Sucedía que todo el que buscaba al Señor salía a la tienda de reunión que estaba fuera del campamento. Cuando Moisés salía a la tienda, todo el pueblo se levantaba y permanecía de pie, cada uno a la entrada de su tienda, y seguía con la vista a Moisés hasta que él entraba en la tienda. También, cuando Moisés entraba en la tienda, la columna de nube descendía y permanecía a la entrada de la tienda, y el Señor hablaba con Moisés. Cuando todo el pueblo veía la columna de nube situada a la entrada de la tienda de reunión, todos se levantaban y adoraban, cada cual a la entrada de su tienda.
Escucha: y el Señor acostumbraba hablar con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Cuando Moisés regresaba al campamento, su joven ayudante Josué, hijo de Nun, no se apartaba de la tienda.
Entonces Moisés dijo al Señor: "Mira, tú me dices: Haz subir a este pueblo, pero tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Además has dicho: Te he conocido por tu nombre, y también has hallado gracia ante mis ojos. Ahora pues, si he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que me hagas conocer —escucha ahora— tus caminos, para que yo te conozca y halle gracia ante tus ojos. Considera también que esta nación es tu pueblo".
"Mi presencia irá contigo y yo te daré descanso", le contestó el Señor. Entonces Moisés le dijo: "Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas salir de aquí. Pues, ¿en qué se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo? ¿No es acaso en que tú vayas con nosotros, para que nosotros, yo y tu pueblo, nos distingamos de todos los demás pueblos que están sobre la superficie de la tierra?".
Y el Señor respondió a Moisés: "También haré esto que has hablado, por cuanto has hallado gracia ante mis ojos y te he conocido por tu nombre". Entonces Moisés dijo: "Te ruego que me muestres tu gloria". Y continuaremos más adelante.
Mientras más tú examinas la vida de Moisés, más impresionado quedas con la manera como la Palabra habla de este hombre: su intimidad con Dios, la calidad de sus peticiones, sus resoluciones, la determinación de seguir a Dios y con Dios a cualquier precio, su paciencia con el pueblo, su liderazgo para el pueblo, su deseo incesante de conocer más de Dios. Es extraordinario.
Y como leímos en el texto, debido a esta idolatría del pueblo con el becerro de oro, Dios le dice a Moisés lo siguiente en el versículo 3: "Sube a una tierra que mana leche y miel, pues yo no subiré en medio de ti, oh Israel, no sea que te destruya en el camino, porque eres un pueblo terco". La santidad de Dios, hermanos, y la pecaminosidad del hombre no son compatibles. Y cada vez que Dios se encuentra con el pecado, o se aleja o lo destruye. Esa es la razón por la que el profeta Isaías, cuando tuvo el encuentro con Dios, se sintió destruido, porque es que la presencia y la santidad de Dios es traumática para el ser humano.
El único lugar donde la pecaminosidad del hombre y la santidad de Dios pudieron juntarse fue en el Calvario. Y cuando esa santidad de Dios y la pecaminosidad del hombre se juntaron en la cruz, esa experiencia casi destruyó a Jesús, a la segunda persona de la Trinidad. Por eso leímos en el texto de hoy que Dios dice a Moisés: "Yo no sigo con ustedes, yo voy a enviar un ángel, porque si yo me presento, voy a terminar destruyéndolos".
Dios promete además que expulsaría a las tribus paganas: amorreo, hitita, ferezeo, heveo, jebuseo, porque Dios estaba enojado con la pecaminosidad de este pueblo. De hecho, Dios en el versículo 1 no le llama "mi pueblo" como Él solía llamarle hasta ese momento: "Tú y el pueblo que sacaste". O sea, algo como impersonal: "Tú y el pueblo que sacaste de Egipto". En el versículo 5 agrega: "Si por un momento me presentara en medio de ustedes, los destruiría".
Y lo que Dios comienza a hacer es distanciarse. El lenguaje que Dios usa en el versículo 1 nos deja ver que Dios ha comenzado a alejarse del pueblo, ha comenzado a llamar al pueblo de una manera diferente para comunicar justamente que Él no estaría tan cerca de ellos como lo había estado. Porque el pueblo necesitaba entender algo que Moisés entendió el mismo día que él fue llamado a ser profeta, y es que los caminos de Dios son de santidad. Y también Isaías tuvo la misma experiencia el mismo día que fue llamado a ser profeta: él encuentra la santidad de Dios.
En el caso de Moisés, tú conoces la historia. Moisés está en el desierto, está caminando, está familiarizado con la arena del desierto, está familiarizado con algunos de los arbustos, y probablemente alguna vez vio arbustos incendiarse en medio del calor del desierto. Pero esta vez fue diferente, porque había un arbusto ardiendo en llamas y el arbusto no se consumía. Y él comenzó a acercarse, y antes de acercarse demasiado él oyó una voz: "Moisés, Moisés, no te acerques, detente, quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa".
Si Moisés iba a caminar con Dios, si Moisés quería servir a Dios, tendría que conocer que los caminos de Dios son de santidad. Y eso es verdad para ti y para mí. Nosotros no podemos desear la presencia de Dios con nosotros y movernos por caminos de pecado. Eso es una contradicción, eso no va. Es más, eso disgusta a Dios: pedir su presencia mientras estamos en caminos de pecado. No es de la agrada de Dios. No hay manera que Dios quiera revelar su voluntad si no estamos en los caminos de santidad.
Una de las razones por la que a veces tenemos dificultad para encontrar cuál es la voluntad de Dios —no la única razón, pero una de las razones— es que muchas veces estamos en el camino equivocado. Hermanos, la santidad de vida es esencial para experimentar intimidad con Dios. La santidad de vida es esencial para experimentar intimidad con Dios.
Henry Blackaby, en su libro "Los caminos de Dios", dice: "La santidad es el requisito que Dios demanda para estar en relación con Él". La santidad es el requisito que Dios demanda para estar en relación con Él.
Esta fue la primera vez que Dios amenaza con distanciarse del pueblo. Sin embargo, el pueblo continuó en su pecado, continuó sumido en la idolatría, y exactamente ocurrió lo que Dios había prometido que ocurriría: que Él o se alejaba o se distanciaría. Y se alejó. Y luego, posteriormente, a través del profeta Isaías, en el capítulo 59, les dice. Escucha, porque esto que está aquí revelado se dejó para nosotros, y esto que fue verdad para ellos es verdad para nosotros, y esto que fue verdad para el pueblo es verdad para nuestras vidas individuales: "Pero las iniquidades de ustedes han hecho separación entre ustedes y su Dios, y los pecados le han hecho esconder su rostro para no escucharlos".
Dos cosas. Dios, a través de Isaías, dice: "Yo me alejé y yo no escuché. Yo les hice sentir mi distancia, y cuando oraron no les respondí", porque ellos estaban caminando, iban transitando por caminos pecaminosos. Y de ahí ellos necesitaban aprender que los caminos de Dios son caminos de santidad.
Un pueblo santo refleja la esencia del carácter de Dios. Un pueblo santo refleja la esencia del carácter de Dios. De hecho, para eso fuimos sacados de donde estábamos y traídos a un reino de luz.
Escucha lo que el apóstol Pedro dice en su primera carta, en el capítulo 2, versículo 9: que nosotros somos un linaje escogido, un real sacerdocio, una nación santa, para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz. Y la primera de esas virtudes es su santidad. De manera que Dios nos hizo una nación santa y un real sacerdocio con la intención primaria de que, cuando yo fuera a ejercer mi sacerdocio, pudiera reflejar sus virtudes, y eso incluye su santidad. Cuando nuestras vidas no reflejan la santidad de Dios, eso es una indicación de que yo no conozco sus caminos. Si no conozco sus caminos, no puedo reflejar la santidad de Dios.
Dios en este momento decide enviar un ángel, y el ángel le iba a evitar problemas, le iba a expulsar del medio de ellos o de enfrente de ellos a todas las tribus paganas. Y probablemente el pueblo estaba contento con eso, pero no Moisés. Moisés entendió perfectamente bien el mensaje y sus implicaciones. Moisés estaba perturbado, atribulado, triste, y de hecho no quería moverse del monte Horeb. Mira cómo él lo dice en el versículo 15: "Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas salir de aquí. Si tú nos forzaras, tendríamos que ir porque tú eres Dios, pero no nos hagas ir."
El pueblo hizo duelo, se dolió, se entristeció. Pero Moisés decidió hacer otra cosa: Moisés oró. Moisés sabía que no podemos cambiar el pasado. Moisés sabía que lo que ocurrió, ocurrió. Pero Moisés sabía que a través de la oración tú y yo podemos cambiar el impacto, el efecto, el daño que el pasado nos haya podido causar en el presente. Podemos cambiar en el presente el daño que el pasado nos haya podido causar. Hay gente que decide quedarse en el pasado, y recuerda el pasado, y registra el pasado, y lo trae a colación, y continuamente recuerda que la razón por la que está como está hoy, continúa caminando como camina y decide vivir como vive, es por causa del pasado. Y Dios dice: "No, yo no vivo en el pasado."
Moisés sabía que a través de la oración tú puedes cambiar en el presente la manera como vivirás en el futuro, por lo aprendido en el pasado. A través de la oración, Dios puede cambiar la manera como tú vivirás. A través de la oración que tú haces en el presente, Dios puede cambiar la manera como vivirás en el futuro por lo que Él te ha enseñado acerca del pasado. ¿Me entendiste o me di a entender?
Moisés aprendió que los caminos de Dios son caminos de oración santa, y no de cualquier petición. Los caminos de Dios son caminos de oración, pero de oración santa, y no de cualquier petición. Y subraya eso: de cualquier petición. Porque en ocasiones, en mi práctica pastoral, alguien me ha encontrado en los pasillos, o a veces aquí adelante, y me ha dicho: "Pastor, ¿usted pudiera hacer una oraciocita por mí?" Y yo oro, pero me gustaría como decirle en ocasiones: "No, porque no conozco a un Diosito. Entonces no puedo hacer una oraciocita." Los caminos de Dios son caminos de oración, pero de oración santa.
Escucha cómo Dios nos habla acerca de esto en el Nuevo Testamento. A veces tenemos esta idea como que aquel Dios es otro Dios y este Dios es nuevo. No, no, no. En Santiago capítulo 4, versículos 2 y 3: "No tienen porque no piden." O sea que si pido puedo tener. "No esperéis que caiga," porque entonces "piden y no reciben." Pero entonces, ¿cómo es, Dios? "Porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres." Dios no responderá oraciones que no han sido hechas. "No tenéis porque no pedís." Entonces no va a responder una oración que no has hecho, porque o sea que no has pedido. Pero al mismo tiempo, Dios no va a responder oraciones que están hechas desde un camino de pecado. "En mi tránsito por la vida te pido algo aquí, pero este es un camino de pecado en el que me encontré." Dios dice: "No, regresa. Hablemos en mis caminos, que son de santidad, y te escucho y te respondo."
El pueblo tenía que aprender lo que Moisés ya había aprendido, y estaba aprendiendo algo aún mejor. Dios le había prometido un ángel. Moisés dice: "Yo no conozco la identidad del ángel." Alguien pudiera decir: "Bueno, pero es un poco como presuntuoso de Moisés, que él piensa que Dios también tiene que revelarle el nombre del ángel." Pero es que Moisés estaba como entrando donde él quería llegar. Moisés no está contento. Moisés no está contento con que un ángel le va a acompañar, a pesar de que el ángel iba a quitar del medio a los enemigos. Porque Moisés también estaba consciente de que él nunca había corrido tras un ángel, sino detrás de Dios. Y Moisés quería la presencia de Dios, y nada más que no fuera la presencia de Dios lo iba a satisfacer.
El ángel puede ser un símbolo de bendición. En cierto sentido lo era. Pero Moisés sabía: esto representa una reducción masiva de lo que hasta ahora habíamos tenido, la presencia de Dios. Moisés no salió detrás de una bendición; Moisés salió detrás del que bendice. El ángel iba a resolver sus problemas, pero es la presencia de Dios la que te da seguridad, y te da sentido, y te da propósito, te da gozo, y te da paz, y te da deseo de perseverar. Ninguna otra cosa. Ningún ángel tiene esa potestad. Ningún ángel puede darte identidad; tu identidad está en Cristo. Ningún ángel puede darte seguridad y gozo y propósito, ese sentido de presencia o sentido del presente que cuenta para el futuro. Nada. Eso está en las manos de Dios.
De manera que Moisés sabe: esto es una bendición, pero no es bueno, o no es suficiente, o no es la que teníamos. Yo creo que el pueblo probablemente se hubiese conformado con la bendición. "Moisés, ¿de qué te quejas? Nos van a llevar, nos van a quitar los enemigos del medio." Y quizás nosotros no seamos muy diferentes. Quizás nosotros también frecuentemente buscamos a Dios cuando estamos en problemas, cuando nos resuelve el problema consideramos eso una bendición, y no necesitamos tanto al que bendice.
El pueblo hebreo, y el pueblo de Dios hoy, tenía que aprender que los caminos de Dios no son de solución de problemas, sino de una relación con Él. Los caminos de Dios no son de solución de problemas, sino de una relación con Él, a través de la cual tú aprendes que el Creador es mayor que cualquier cosa que puedas encontrar en la creación. Todos los problemas... Alguien pudiera estarme oyendo pensando, o queriendo decir: "Pastor, es que usted no sabe que mis problemas son grandes." Tus problemas pequeños, medianos y grandes, todos han sido permitidos por Dios con la intención expresa de que te encuentres con Él. Porque quizás si se levanta la tormenta y te encuentras con Él, te encontrarás caminando sobre las aguas. Y quizás si experimentas su presencia en medio de la tormenta, quizás al caminar sobre las aguas, simbólicamente hablando, quizás le pidas a Dios que la experiencia es tan extraordinaria que deje la tormenta pero que se quede Él contigo.
Los caminos de Dios no son de solución de problemas. Nosotros no podemos conformarnos con que Dios nos resuelva los problemas sin experimentar además la presencia manifiesta de Dios. La mejor evidencia de que Moisés no buscaba nada más que su presencia son estas palabras: "Ahora pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego..." No le está demandando, le está rogando. "Te imploro que me hagas conocer tus caminos para que yo te conozca." ¿Lo ves? Si me enseñas tus caminos, yo te conozco, y halle gracia ante tus ojos.
Moisés pudo haber dicho: "Señor, no nos haga dar tanta vuelta en el desierto, ya estamos cansados, llévanos a la tierra prometida." Pero no. Moisés pudo haber dicho: "Señor, en este desierto que estamos hemos experimentado falta de maná, hemos experimentado falta de agua. Señor, no las elimines de nosotros, eso evítalo." Pero no. Porque lo trivial nunca fue una parte de la relación de Moisés con Dios. Eso es muy trivial, esto es una niñería. Nosotros necesitamos algo más que eso.
Y yo creo que esto que voy a decir cada generación necesita oírlo, pero creo que esta generación necesita oírlo más: la trivialidad es incompatible con la infinidad de nuestro Dios. La trivialidad es incompatible con la infinidad de nuestro Dios. Los caminos de Dios no son de trivialidad, son de intimidad. Y tampoco son de temporalidad, son de eternidad. Moisés sabía que si lo trivial y lo temporal te satisfacen, que son las cosas de este mundo, Dios no te va a satisfacer. Tú no necesitas a Dios, ya estás satisfecho. Si lo trivial y temporal te satisface, olvídate de Dios, porque cuando Él se aparezca no lo vas a creer, no te va a satisfacer. Tú estás satisfecho. Pero Moisés sabía que si la presencia de Dios no iba con ellos, él prefiere no moverse. Ya todo terminó, no hay para dónde ir. Cuando tú pierdes la presencia de Dios, todo se ha perdido.
El día que esta iglesia pierda la presencia manifiesta de Dios, el mundo tiene permiso para irse, porque ya Dios se fue. Y si Dios se fue, ¿qué hacemos nosotros aquí? El día que las vidas no sigan convirtiéndose y alcanzando salvación, el día que los matrimonios dejen de cambiar, el día que las personas dejen de crecer, el día que los predicadores no presenten a Dios, no prediquen la Palabra de Dios, y que esta Palabra de Dios no esté endosada por el poder manifiesto de Dios, no hay nada que buscar en ese lugar. Cuando vengo a la iglesia, yo no vengo a predicar un sermón; yo vengo a encontrarme con Dios en medio de todos ustedes a través de su Palabra.
En la circunstancia en que Moisés se encontraba, lo mejor que pudo haber salido de los labios de Moisés fue precisamente esto: "Te ruego que me hagas conocer tus caminos para que yo te conozca y halle gracia ante tus ojos."
Cuando Moisés dice "yo quiero conocer tus caminos, yo quiero saber cómo tú eres, cómo tú piensas, cómo tú sientes, cómo tú nos guías, yo quiero saber cómo tú obras, yo quiero saber qué te satisface, qué te complace, qué te deshonra, qué te ofende, qué te glorifica, yo quiero conocer todo eso", pero por otro lado Moisés sabe que si Dios no le muestra sus caminos, él jamás los vería y jamás conocería a Dios. Porque no puedes pasar por alto el lenguaje que Moisés usa: "Te ruego que me hagas conocer tus caminos." En otras palabras, si tú no me haces conocer, yo no lo voy a conocer, yo no lo voy a ver. Tú tienes que levantarme el velo, tú tienes que decirme "mira el camino, mira cómo obro, mira cómo soy" para yo poder verte. De manera que no me lo dejes a mí, hazme conocer tus caminos. ¿Para qué? Para que yo te conozca y también para que yo halle gracia ante tus ojos.
Tú no te has de perder la relación, la conexión entre conocer y estar en sus caminos y la experiencia de gracia. No lo puedes pasar por alto, porque la gracia de Dios no es simplemente el favor inmerecido de Dios, que lo es, pero nosotros hablamos de la gracia que empodera al creyente. En otras palabras, cada semana yo pido que Dios, por medio de su gracia, me empodere para predicar su palabra. Esa gracia que así actúa, el pueblo de Israel nunca la conoció ni en la queja, ni en la idolatría, ni en el pecado, ni mientras ellos estuvieron deseando las cosas de Egipto en su corazón. ¿No? Como dirían en inglés: "Are you kidding me?" ¿Estás relajando? ¿Tú piensas que Dios te va a empoderar con su gracia mientras deseas las cosas de Egipto? No, ni a mí tampoco.
¿Piensas que vas a estar en el camino de la queja, en el camino que Dios te tiene, en el camino que Dios te lleva para llevarte donde Él quiere que estés, en ese camino de la queja, que Dios te va a visitar con su gracia que te va a empoderar para que puedas conquistar los obstáculos? Pues no, porque los caminos de Dios son caminos de santidad, no son caminos de pecado. Son caminos de oración, son caminos de obediencia santa. Y la verdad fuera conocida, yo creo que si se supiera que con frecuencia Dios tiene que forzarnos a seguir sus caminos, porque de lo contrario nos vamos por el camino de menor resistencia.
Moisés, usted sabía lo que Isaías proclamó después: que mis caminos no son sus caminos. Es una forma de decir "lo que yo deseo no es lo que tú deseas, por donde tú vas no es por donde yo quiero ir." Isaías 55. Pero Moisés quería ir por los caminos de Dios. Moisés quería los caminos de Dios porque Moisés quería servir a Dios, y servir a Dios es obedecer a Dios.
Lo que determina si Dios irá con nosotros o no es nuestro nivel de obediencia a la voluntad de Dios. Lo que determina si Dios irá con nosotros y cómo irá con nosotros es nuestro nivel de obediencia. Porque el pueblo de Dios llegó, pero ¿cómo? Cuarenta años después y más de seiscientos mil muertos más tarde. Cuarenta años después y más de seiscientos mil muertos más tarde por su desobediencia. Una desobediencia que cansó a Moisés, y como cansó a Moisés, lamentablemente, dolorosamente, Moisés pecó contra la santidad de Dios, costándole la entrada a la tierra prometida. Es porque los caminos de Dios son caminos de obediencia, y Dios no negocia su santidad con nadie. No importa quién sea, dónde sea, cómo sea. No importa si es Moisés, el gran líder del pueblo de Dios.
Dios no solamente no negocia su santidad, Dios no negocia nuestra obediencia. Es algo que yo he aprendido de la palabra y al mismo tiempo en mi propia vida: que Dios no nos da opciones cuando plantea sus mandatos. Los exámenes de Dios —y tú has tomado exámenes alguna vez— los exámenes de Dios no son de selección múltiple, son de selección única. Falso o verdadero, no hay una tercera opción.
Conocer los caminos de Dios es esencial para la obediencia, y la obediencia es una condición para su bendición. La obediencia es una condición para su bendición. Para ahí habrá alguno que estará pensando: "O sea, ¿que yo me gano la bendición?" Yo no acabo de decir eso. Lo que pasa es que no puedes interpretar cosas que la afirmación no dice. Lo que yo acabo de decir es que en la desobediencia no debes esperar bendición. Ahora, la bendición siempre será inmerecida, claro, porque mi obediencia siempre será incompleta. Solamente Cristo obedeció completamente, yo no puedo obedecer así. Pero en la obediencia en la que sí puedo obedecer, al grado que sí puedo llevarla, en ese camino Dios me encuentra, Dios me bendice. Dios le dice a Abraham: "Vete de tu tierra y de tu parentela." Abraham sale caminando. ¿Y sabes qué? Dios no le dijo más nada, y en el camino de la obediencia Dios se le apareció y le habló y le bendijo. Y así ocurre con nosotros también.
Moisés desea conocer mejor a Dios. Eso para mí, esa bendición sola es extraordinaria, porque ¿cómo que quieres conocer más a Dios? Moisés, tú, pero Dios te habló en la zarza ardiente. Tú oíste su voz. Y no solamente eso, cuando tú fuiste a Egipto hubo diez plagas; antes de cada plaga Dios volvió y te habló personalmente. Y cuando cruzaste el mar Rojo, antes de cruzarlo Dios te habló, y después de cruzarlo Dios te habló. Y en las aguas de Mara Dios te habló. En la peña de Horeb Dios te habló. En el monte Sinaí, antes de darse los diez mandamientos, Dios te habló. Cuando subiste ya arriba, cuarenta días hablando con Dios. Cuarenta días con más nadie, sin muchacho que lo distrajera ni esposa que lo llamara a hacer oficios o cualquier otra cosa. Solo con Dios, cuarenta días, cara a cara.
Dice el texto que Moisés solía hablar... No, Dios solía hablar. Al revés. Presta atención cómo las cosas se dicen, porque cómo las cosas se dicen transmiten cosas que de otra manera no se dicen. El texto no dice que Moisés hablaba con Dios. Dice que Dios buscaba a Moisés para hablar con él, cara a cara, como se habla con un amigo. Y esa es la persona que dice: "Yo necesito conocerte mejor." Entonces, ¿cómo que yo te conozca, Dios?
El deseo de Moisés de conocer a Dios era insaciable. Claro que tenía que ser insaciable, porque Dios es infinito, y aun después en la eternidad tú y yo jamás conoceremos todo de Dios porque es infinito, y lo finito no puede contener lo infinito. Yo creo que ese deseo insaciable de conocer a Dios nos ayuda a entender una idea: por qué Dios miró con favor a Moisés y lo bendijo como lo bendijo. Moisés halló gracia ante los ojos de Dios. Y tú podrás decirme otra vez: "Pero ¿que la gracia no es algo que yo me gano?" No, no te la ganas, no puedes, no intentes, eso no es. Pero yo hallo gracia ante los ojos de Dios y hay un rol que yo juego en encontrarme con la gracia de Dios. ¿Y cuál es el rol? No es ganarme la gracia, no, claro que no. Es que la gracia de Dios yo la encuentro en el camino de la obediencia.
Cuando Dios me llama, yo obedezco. Establezco una relación con Dios. Yo necesito cultivar esa relación con Dios. Ese rol es mío: cultivar. Dios me ayuda, claro. Dios siempre me va a ayudar en todo lo que a mí me toca, porque el Espíritu vive dentro de mí justamente para ayudarme en esas cosas que yo no puedo hacer por mí solo. Pero yo tengo que cultivar mi relación con Dios, y en el cultivo de mi relación con Dios, en ese camino, Dios es agradado y Dios decide visitarme con su gracia.
¿Cómo yo sé eso? Porque en la Biblia yo leo de personas y de eventos que agradaron a Dios, y de esa misma manera leo de personas y eventos que desagradaron al mismo Dios. Esa es la realidad.
Hay una cosa, hay muchas, pero hay una en particular por encima de todas las demás que agrada a Dios, de la cual hablamos la semana pasada, y que Dios lo expresó de otra manera a través del profeta Jeremías. Imagina que Dios te diga —lo hablamos la semana anterior— "Mira, yo tengo muchas cosas que me agradan, pero esta es la corona, esta es la reina de las cosas que me agradan." Que la pluma no dejó: Jeremías 9:23-24. "Que no te gloríes en sabiduría, que no te gloríes en riqueza, que no te gloríes en poder. Si tú te vas a gloriar, si tú vas a agradarme, agrádame, gloríate en esto: que me entiendes y me conoces." ¿Que me entiendes y me conoces?
¿Cuándo fue la última vez que oraste y le dijiste a Dios: "Yo necesito, yo quiero conocerte"? Alguien pudiera decir: "Yo sé de una persona que me dijo, de dos, pueden haber otros. Pasó justo después del sermón del domingo pasado: yo le pedí a Dios y le dije que yo quería conocerlo más." Está bien, excelente, me alegro. Yo también. Pero por cada vez que le hemos pedido a Dios "yo quiero conocerte más", ¿cuántos miles de veces le hemos pedido a Dios por otras cosas triviales, temporales, quizás hasta frívolas?
Si caminamos y oramos como Moisés, quizás simbólicamente hablando veremos mares abrirse delante de nosotros. Quizás es la razón por la que no los estamos viendo. Desafortunadamente nuestra búsqueda de Dios está demasiado enfocada en la solución de problemas. Y como ya te mencioné, Dios permite los problemas para que me encuentre con Él en los problemas, en medio de ellos.
Hermanos, tú no te puedes dar el lujo, yo no me puedo dar el lujo, de pasar por los problemas y las tribulaciones sin terminar con una comprensión más profunda de nuestro Dios. Déjame decir eso otra vez. Tú no puedes darte el lujo de pasar por la dificultad y la tribulación sin terminar con una comprensión más profunda de quién Dios es. ¿Eh? ¿Por qué? Porque pasará eso otra vez y otra vez. Porque el deseo número uno de Dios es conformarme a la imagen de su Hijo, y resulta que es una imposibilidad ser conformado a la imagen de su Hijo a menos que yo conozca más de Dios. Y la manera de conocer más de Dios es buscándolo justamente en este mundo de dificultad y tribulación.
Muy bien. Moisés dice en el versículo 13: "Dios, no solamente estoy pidiendo que yo quiero conocerte, que quiero hallar gracia ante tus ojos, yo estoy pidiendo algo más." Escuchen el versículo otra vez: "Considera también que esta nación es tu pueblo."
Dios dice en el versículo 1: "Mira, tú y el pueblo que sacaste de Egipto..." Y Moisés dice: "No, ese pueblo no es mío, ese pueblo es tuyo. Yo no me voy a equivocar, yo sé que tú estás distanciado del pueblo, pero ese no es mi pueblo."
Y Moisés entonces le dice en el versículo 16: "Tú tienes que ir con nosotros, porque si tú no vas con nosotros, ¿en qué se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo?" Escuchen la segunda pregunta: "¿No es acaso en que tú vayas con nosotros para que nosotros, yo y tu pueblo, nos distingamos de todos los demás pueblos que están sobre la superficie de la tierra?"
Moisés sabe que si el pueblo de Dios no experimenta la presencia manifiesta de Dios, él es un pueblo como cualquier otro. Y Moisés dice: "No, yo no quiero eso. Yo estoy seguro que tú tampoco. Si este es tu pueblo, el hecho de ser tu pueblo tiene que llevarlo a distinguirse del resto de los pueblos sobre la faz de la tierra, y lo único que lo puede distinguir, hacer separación, es tu presencia manifiesta."
Y eso es lo mismo para la Iglesia hoy en día. Si la Iglesia de hoy, si esta iglesia, cualquier otra iglesia, pierde la presencia de Dios, la presencia manifiesta, esta iglesia será exactamente igual que el mundo que nos rodea. No habrá diferencia.
Moisés es crece en entendimiento, Moisés es crece en la manera como él conoce a Dios. Moisés no dice: "Mi Señor, necesitamos tu presencia para que no nos falte el maná." No, eso es muy trivial. "Para que no nos falte el agua." Tampoco. La preocupación de Moisés es que no nos vayan a confundir como si fuéramos un pueblo más. "Yo necesito," le dice Moisés, "que vayas con nosotros, Dios."
Y Moisés es de opinión de una manera que tú pudieras preguntar, y Dios se complació con eso que Moisés pidió. Mira, lo vean, versículo 14, esta es la respuesta de Dios: "Mi presencia irá contigo, y yo te daré descanso."
Moisés se estaba aprendiendo no solamente que los caminos de Dios son de santidad, que son de oración santa, que los caminos de Dios no son de trivialidad, que los caminos de Dios son de eternidad. Moisés se estaba también aprendiendo de obediencia. También estaba aprendiendo que los caminos de Dios son caminos de reposo, porque sus mandamientos no son gravosos. Mi presencia irá contigo, mi presencia te dará descanso.
¿Tú recuerdas las palabras de Jesús en Mateo 11:28? "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os pondré otra carga." ¡No! "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." Mis caminos son de reposo.
Hermano, no vuelvas a decir que la vida cristiana es difícil. Tú no sabes lo difícil que es la vida no cristiana. Contradices a Cristo cuando tú dices cosas así. Que mi carne, que mis deseos y mi desobediencia la hacen pesada, eso es otra cosa. Pero sus mandamientos, dicho en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, no son gravosos.
Y Dios le dijo a Moisés: "Mi presencia va contigo, yo te daré descanso." Y Cristo dijo: "Si tú estás cargado, corre para donde mí, que yo te voy a hacer descansar." Nuestro cansancio emocional, espiritual, muchas veces es de no andar en sus caminos, o de hacer las cosas en el poder de la carne, o de hacer cosas que Dios no me ha ordenado hacer, o de andar sin su presencia manifiesta.
Detente un momentito y pregúntate: ¿Dónde estoy? Y luego que lo respondas: ¿Estoy donde estoy por la presencia manifiesta de Dios? ¿Estoy donde estoy como resultado de caminar sin su presencia manifiesta? Mi fatiga espiritual, ¿es el resultado de descansar en el Señor o de trabajar en el poder de la carne? "Yo iré contigo y te daré descanso."
"Dios, tú tienes que ir con nosotros, porque no hay forma de que se conozca que somos tu pueblo, a menos que tú vayas con nosotros." Y esa es la respuesta a la pregunta del pastor: ¿Por qué algunos cristianos lucen como no cristianos? Porque su presencia manifiesta no está con ellos. Su salvación puede estar con ellos, pero no su presencia manifiesta, caracterizada por el fruto del Espíritu, caracterizada por el fruto del Espíritu como evidencia de la imagen de Cristo que está siendo formada en ellos. El fruto del Espíritu, formado en ti, es lo que ilustra que la imagen de Cristo se está formando en ti, y eso es una evidencia de la presencia manifiesta de Dios en tu vida.
Después que Moisés tiene toda esta conversación, todavía Moisés como que quiere más. Le dice entonces Moisés, dice el versículo 18: "Te ruego que me muestres tu gloria." ¿Qué es la gloria de Dios? Hablaremos de esto un poco más, pero la gloria de Dios es la proyección de los atributos del Creador en su creación. Los cielos cuentan la gloria de Dios, los cielos cuentan acerca de su poder, su grandeza, su creatividad. O dicho de otra manera, la gloria de Dios es la manifestación de quién él es en los cielos, en la tierra, en la vida de los hombres. Esa es su gloria.
Moisés le dice: "Muéstrame tu gloria." Y esta es la respuesta de Dios en el versículo 19. Y el Señor respondió: "Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti, proclamaré el nombre del Señor delante de ti, tendré misericordia del que tenga misericordia y tendré compasión de quien tenga compasión." Y añadió: "No puedes ver mi rostro, porque nadie me puede ver y vivir."
Moisés acaba de escuchar con otras palabras que los caminos de Dios son de soberanía. "Tendré misericordia de quien tenga misericordia." No es igualmente de todo el mundo. "Tendré compasión de quien yo decida tener compasión." La soberanía de Dios es lo que hace esa distinción de misericordia y compasión para unos y no para otros.
Si tú y yo queremos caminar con Dios, tenemos que entender que los caminos de Dios son de soberanía. Y a veces hay cosas pesadas que ya han habido, a quien no le van a llegar a nadie más. Pero de esa misma manera, hay cosas pesadas que han llegado a la vida de otros que a mí no me van a llegar.
Y esos caminos de soberanía Moisés los aprendió el día que Dios lo llamó, porque Moisés no quería ir con Dios, no quería ir a Egipto. En ese momento Moisés no estaba buscando la presencia de Dios que fuera con él. Le dijo: "No, yo no puedo ir porque ya no soy elocuente." Y aquí viene el Dios soberano y le dice en Éxodo 4:11: "¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién lo hace mudo, o sordo, o vidente, o ciego? ¿No soy yo, el Señor?" "¿No soy yo el que permito que uno sepa hablar y que otro quede mudo? ¿No soy yo el que hizo al sordo en el vientre de una madre y hizo a otros con la capacidad para oír?"
Moisés entendió que para caminar con Dios no puede estar cuestionando a Dios y sus propósitos y sus caminos. Algo que le tomó a Job un largo tiempo entender, que le hizo a Dios 63 preguntas una detrás de la otra, que Dios no le respondió nunca. Pero después que se le apareció, Job le dice en esencia: "Ya yo no necesito las respuestas. Es más, mi malo, vez, porque yo estaba hablando de cosas que yo no conocía. Yo te conocía, Dios, de oídas, pero ahora mis ojos te han visto." Esa es la respuesta.
Finalmente, Dios decidió seguir con ellos y llevarlos hasta la tierra prometida, porque esa fue la promesa y los caminos de Dios son de fidelidad. Lo que Dios comienza, Dios termina, aun si es 40 años después y más de 600 mil muertos más tarde. Lo que Dios comienza, Dios termina.
Lamentablemente, el pueblo hebreo 40 años después no conocía a Dios. ¡Imagínate! Dios caminando contigo por cuatro décadas y al final no conoces a Dios. Y eso nos dice a nosotros que lo que determina que yo conozca a Dios no son mis años en la fe cristiana, es la intimidad con Dios durante esos años.
Que Dios nos ayude a pedir que Dios nos ponga en nosotros deseos y motivaciones de oración, para que Dios nos muestre sus caminos de santidad, de oración, de obediencia, de intimidad, de eternidad, de soberanía y de fidelidad, para que yo le conozca y pueda caminar entonces de una manera donde pueda disfrutar de sus bendiciones.
Padre, gracias. Gracias porque solamente tú eres digno de toda alabanza, de toda adoración. Porque solamente tú eres tan abrumadoramente impresionante que si te aparecieras aquí, Dios, nosotros no supiéramos qué hacer. Leemos acerca de cómo tú eres y nos abrumas. Y sin embargo, tú, conociendo eso, envolviste a tu Hijo en un papel de regalo de naturaleza humana, y así él vino encarnado, envuelto en carne, y lo llamaste el Verbo de Dios, que abrió el camino, que fue a la cruz, y en su persona se fundió la santidad de Dios y el pecado del hombre, hasta el punto casi de destruirlo. Pero Dios, que es rico en misericordia, a través de lo que Cristo hizo nos ha ofrecido perdón de pecados y vida eterna. Gracias por hablarnos. Ahora te pedimos que nos empoderes para llevar a la práctica todo aquello que hemos escuchado. En tu nombre, Jesús. Amén, amén. Bendiciones.