Integridad y Sabiduria
Sermones

El corazón de un hombre confiado, transparente y valiente.

Miguel Núñez 10 mayo, 2009

Entre la oración de Nehemías y su conversación con el rey pasaron cuatro meses de silencio. Cuatro meses en los que, desde afuera, parecía que no hacía nada. Pero Nehemías estaba esperando. Una de las decisiones más difíciles para cualquier líder de Dios es saber cuándo orar, cuándo actuar, cuándo callar y cuándo esperar. Y lo que hace más difícil discernir esto es la conciencia de la propia falibilidad: cada decisión podría ser la equivocada, y sin embargo hay que tomarla. Nehemías esperó hasta que Dios mismo abrió la puerta. Él no trajo el tema; fue el rey quien notó su tristeza y preguntó qué le pasaba.

Cuando el rey preguntó qué pedía, Nehemías ni siquiera respondió de inmediato. Primero oró al Dios del cielo, aunque llevaba cuatro meses orando. Ese detalle revela el corazón de un hombre que no se atreve a dar un paso sin consultar a su Dios. Y cuando habló, fue directo y transparente: no inventó excusas ni disfrazó su petición. Dijo la verdad, y Dios honró su veracidad. El rey no solo le dio permiso, sino que le agradó enviarlo, y le proveyó cartas, oficiales y hombres de a caballo sin que Nehemías los pidiera.

Nehemías es un modelo de equilibrio: oración sin pasividad, planificación sin exceso de control, valor sin temeridad. Cuando la oposición llegó con burlas y desprecio, él no se amedrentó. Su respuesta fue clara: el Dios del cielo nos dará éxito. En cada prueba, la presencia de Dios será suficiente.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a abrir la palabra de Dios en el libro de Nehemías, el capítulo 2, y le damos continuación a esta serie! Yo voy a leer el texto y hacer una breve introducción, pausar para orar y comenzar a adentrarnos en el contenido de la meditación, el mensaje de esta mañana.

Capítulo 2, versículo 1: "Aconteció que en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, estando ya el vino delante de él, tomé el vino y se lo di al rey. Yo nunca había estado triste en su presencia, y el rey me dijo: ¿Por qué está triste tu rostro? Tú no estás enfermo. Eso no es más que tristeza de corazón. Entonces tuve mucho temor y dije al rey: ¡Viva para siempre el rey! ¿Cómo no ha de estar triste mi rostro cuando la ciudad, lugar de los sepulcros de mis padres, está desolada y sus puertas han sido consumidas por el fuego? El rey me dijo: ¿Qué es lo que pides? Entonces oré al Dios del cielo y respondí al rey: Si le place al rey, y si tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique. Entonces el rey me dijo, estando la reina sentada junto a él: ¿Cuánto durará tu viaje y cuándo volverás? Y le agradó al rey enviarme, y yo le di un plazo fijo. Y dije al rey: Si le agrada al rey, que se me den cartas para los gobernadores de las provincias más allá del río, para que me dejen pasar hasta que llegue a Judá, y una carta para Asaf, guarda del bosque del rey, a fin de que me dé madera para hacer las vigas de las puertas de la fortaleza que está junto al templo, para la muralla de la ciudad y para la casa en la cual iré. Y el rey me lo concedió porque la mano bondadosa de mi Dios estaba sobre mí. Fui entonces a los gobernadores de más allá del río y les entregué las cartas del rey, y el rey había enviado conmigo oficiales del ejército y hombres de a caballo. Cuando se enteraron Sanbalat horonita y Tobías el oficial amonita, les disgustó mucho que alguien hubiera venido a procurar el bienestar de los hijos de Israel. Y llegué a Jerusalén y estuve allí tres días."

La semana anterior habíamos comenzado, más que comenzado, estuvimos exponiendo la oración que Nehemías elevó a su Dios. Y vimos cómo esa oración reflejaba el corazón de un hombre que verdaderamente vive y conoce y está en relación con el Dios a quien él adora. Vimos cómo esa oración reveló cómo esa persona vive con una preocupación genuina por el pueblo de Dios, cómo le duele el pecado de ese pueblo. Cómo ese hombre tiene una oración que proclama la grandeza de Dios, cómo él se acerca de manera frecuente, recurrente a su Dios, y lo hace con reverencia, pero lo hace al mismo tiempo con toda confianza de que su Dios le escuchará y le responderá. Cómo su hablar refleja la intensidad y el sentido de urgencia con el que él vive.

Hablamos de cómo ese hombre conoce su pecado y mientras más conoce a su Dios, más perverso luce el pecado ante sus propios ojos. Cómo ese hombre conoce la palabra de Dios y se deleita en reverenciar el nombre de Dios. Y con eso, entonces, con eso en mente, yo quiero que comencemos a ver el tipo de vida que fluye de un corazón como ese.

Padre, te alabamos y bendecimos. Te adoramos por la oportunidad de conocer la revelación de tu mente, de tu corazón, de tu voluntad para con nosotros. Tú derramaste tu bendición sobre tu siervo Nehemías. Yo te pido que Tú derrames la misma bendición sobre tu siervo el predicador, de tal manera que él pueda honrarte. Pueda caminar por esta tu palabra santa sin deshonrarte en lo más mínimo, Dios. Que tu nombre sea exaltado, tu causa proclamada, tu Hijo adorado a través de la predicación, Señor. Que tu Espíritu nos asista tanto al que habla como al que escucha, y nos una a todos al pie de la cruz. En tu nombre, Jesús. Amén, amén.

Cuando comenzamos a leer esta porción de la palabra, tenemos que recordar cómo terminó la porción anterior. Nehemías había orado a Dios en el mes de Quisleu, que dijimos que correspondía a la última parte del mes de noviembre y principio del mes de diciembre de nuestro calendario. Y a partir de ahí entonces nada ha ocurrido, nada ha dicho, nada ha hecho. Cuatro meses después, en el mes de Nisán, que corresponde a lo que sería fin de marzo, principio de abril, Nehemías tiene un encuentro con el rey donde él puede hablarle al rey acerca de lo que cargaba su corazón.

De manera que entre la oración de Nehemías y esta oportunidad de conversar con el rey han pasado cuatro meses, donde quizás si alguien hubiese conocido los planes de Nehemías, hubiese podido estarle diciendo a Nehemías: "Tienes que hacer algo, tú no estás haciendo nada, tú tienes que hablar." Y sin embargo, Nehemías estaba esperando todo el tiempo.

Una de las decisiones más difíciles de todo líder de Dios es saber cuándo orar, cuándo actuar, cuándo callar, cuándo esperar. Y lo que hace más difícil conocer cuándo hacer una cosa u otra es la realización, por un lado, de que es falible. Él sabe que cada vez que él toma una decisión es posible que sea la decisión errada. Pero al mismo tiempo él tiene la responsabilidad de tratar de discernir lo que es la voz de Dios de en medio del bullicio diario. Él tiene que discernir esa voz de la voz de su carne, la voz de la carne de otros, y en medio de todo eso entonces llegar a una conclusión donde él pueda entender que Dios le ha dicho: este es el momento de actuar, decidir, hacer.

Nehemías estuvo esperando todo ese tiempo, y en la espera Dios un día le mostró que él había comenzado a abrir la puerta. Nehemías no ha dicho absolutamente nada. Ha estado frente al rey, él es su copero, él es quien prueba la comida, él es quien prueba el vino. Pero Nehemías esperó hasta que Dios indicara cuál era el momento. Día tras día Nehemías estaba adelante de este rey, y sin embargo este día, estando frente al rey, él no es quien trae el tema sobre el tapete. Es Dios que de alguna manera ilumina el entendimiento, el corazón, la mente del rey, que ve tristeza en Nehemías y le pregunta a Nehemías: ¿Qué te ocurre? ¿Qué es lo que te pasa? ¿Qué es lo que está en tu interior? De hecho, yo sé que tú no estás enfermo. Esto es tristeza de corazón.

Y sin embargo Nehemías, en su diario, en sus memorias, anotó de alguna manera: "Yo nunca había estado triste delante del rey." Es como tratando de decirnos: la tristeza que el rey vio este día no es mi manera, o no era mi manera usual de vivir, de ser. Esto es algo especial, coyuntural de este día. Y durante todo ese tiempo, estando él cargado con la situación de Jerusalén, sin embargo él tuvo la posibilidad de servirle al rey de buen ánimo, de buen gusto.

Y si hay algo que nosotros sabemos es que es uno de los retos del liderazgo: poder llenar su función en ocasiones en las peores condiciones emocionales de su vida. Y Dios lo sabe y lo permite y lo orquesta de esa manera, no porque a Dios le importa poco cómo se siente su líder emocionalmente, sino que cuando él está en las condiciones de debilidad emocional y física, Dios prueba que ciertamente su poder se perfecciona en la debilidad.

Y Nehemías está ahí. Él es un hombre confiado, es un hombre que sabe esperar, es un hombre que no solamente confía en que Dios es un Dios fiel, sino que él confía en que Dios escucha su oración y responderá su oración. Y él lo sabe porque él tiene evidencia de que Dios ha invitado a su pueblo a hacer precisamente eso. Nosotros hemos oído más de una vez, hemos leído más de una vez: "Clama a mí y yo te responderé." Mi responsabilidad es clamar, la de Dios es responder. Y en la espera, entonces, estar quieto sabiendo que Él es Dios.

Y muchas veces cuando el líder está orando, otros quisieran que él esté hablando. Y muchas veces él está hablando, pero no con el hombre, no con la persona que tú quieres que él hable. Él está hablando con Dios, la conversación más importante que él puede tener. Él confía en su providencia, confía en su orquestación, él sabe que nada le pasa a Dios por alto, y él está en comunicación con su Dios.

Él conoce. Él conoce que actuar fuera del tiempo de Dios tiene consecuencias, pero él también sabe que esperar en el Señor tiene grandes bendiciones. Esperar en el Señor nos garantiza sus promesas. Salmos 37:34: "Espera en el Señor y guarda su camino, y Él te exaltará para que poseas la tierra." La posesión de la tierra en este texto está íntimamente relacionada a la espera en el Señor. Lo que Saúl no supo hacer, no supo esperar en el Señor, y perdió la bendición que Dios le había dado. ¿Cuántos de nosotros, no sabiendo esperar, hemos perdido la bendición como Saúl la perdió?

La posesión del sueño de Nehemías, Dios lo hizo posible cuando Nehemías supo esperar: la reconstrucción de las murallas. Y de esa misma manera nosotros tenemos sueños, planes, cosas que hemos orquestado, y si no sabemos esperar en el Señor, muchas veces no podremos poseer la tierra como bendición.

Esperar en el Señor no solamente garantiza sus promesas, sino que garantiza su bondad. Lamentaciones 3:25: "Bueno es el Señor para los que en Él esperan, para el alma que le busca." Nehemías le había pedido a Dios que le diera gracia, favor ante este rey. Y el día de la prueba, el día en que llegó el momento del encuentro, eso es exactamente lo que obtuvo, porque a aquellos que esperan en el Señor, la bondad de Dios los acompaña. Lo opuesto también es cierto: Dios no ha prometido su bondad que me acompaña cuando yo no he querido, no he sabido esperar en el tiempo o por el tiempo del Señor.

Esperar en el Señor nos garantiza sus promesas, nos garantiza su bondad. Esperar en el Señor nos anima. Salmo 42:5, 42:11, 43:5. Escucha, una y otra vez, una y otra vez: "¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios." El salmista está teniendo un monólogo consigo mismo. Su mente se ha percatado de que su corazón, su alma, está triste. La mente recuerda las promesas de Dios, el alma está acongojada. La mente necesita decirle al alma: "Recuerda las promesas de Dios. ¿Por qué te abates? ¿Por qué te ves tan cansada? Levántate, espera en Él."

Y nosotros tenemos que recordar que cuando no podemos sentir a Dios con nuestras emociones, con nuestros sentimientos, tú tienes que sentirlo con tu fe, de tal manera que tu mente pueda recordar sus promesas, su cuidado. Dios ha dicho: "Te cuidaré, te guiaré, con mis ojos puestos en ti." De esa manera personal, cotidiana, diaria, continua, Dios ha prometido su cuidado: "Te guiaré con mis ojos puestos en ti."

Nehemías estaba triste, su alma estaba triste. Su mente necesitaba recordar en ese momento, en ese día, las promesas del Señor. Recordemos que lo hemos dicho tantas veces: Dios está más interesado en que sus cosas salgan bien que cualquiera de nosotros, que todo lo que nosotros pudiéramos estar interesados. Dios ha dicho que ha preparado obras de antemano. Mi responsabilidad es andar en ellas. Una vez yo ando las obras que Dios ha preparado, es su responsabilidad hacerlas salir bien. Dios tiene ese interés, y en eso yo puedo descansar y relajarme y confiar en Dios.

Mi espera en el Señor garantiza su promesa, garantiza su bondad, garantiza su ánimo. Y la espera en el Señor nos fortalece. Isaías 40:31: "Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas, se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán."

Si los que corren y al mismo tiempo esperan en el Señor no se fatigan, ¿qué le ocurre a aquellos que sí corren pero no esperan, no confían? Se drenan. Ahora entiendes, ahora entiende por qué tantos hijos de Dios se cansan tanto en el camino, en la carrera, en el caminar: porque no solamente necesito esperar, no solamente necesito orar, una vez yo comienzo a obrar, en el obrar yo necesito confiar. Es la no confianza en que Dios está en esto y lo va a hacer salir bien lo que me agota, me drena, me cansa.

Hablaba con una hermana esta semana y a manera de ilustración, de una forma muy práctica, decía: es de esta manera. Tomas a dos personas, les das las mismas tareas, las levantas a la misma hora, ambas comienzan a trabajar. Una está confiada y relajada en el Señor, la otra está atribulada haciendo la misma tarea del Señor, la otra la está haciendo. A las 11 de la mañana, a las 12 del mediodía, a una le queda 10% de su energía porque consumió 90% en su agotamiento emocional. La otra todavía tiene 90% de su energía para el resto del día. Las mismas tareas, las mismas horas, levantadas a la misma hora de la mañana. Simplemente una ha sabido esperar. Y los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas, los que confían en Él no agotarán sus fuerzas. Esa es la promesa de Dios.

Nehemías es un hombre que supo orar, esperar. Y muchos de nosotros oramos y pensamos que porque ya oramos es su luz verde para actuar. Nehemías ora y pasan cuatro meses y él no hace nada, no dice nada. Y ni siquiera este día él obró. Hay un tiempo de oración y hay un tiempo de espera. ¿Cuánto tiempo? Yo no sé. Lo único que sé es que Noé pasó 120 años diciendo: "Va a llover, va a llover, va a llover", hasta que un día llovió. Pero la clave es saber esperar por el tiempo del Señor.

Nehemías había estado cargado con la condición de Jerusalén y no se había atrevido a decir nada. "Y aconteció que en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, estando ya el vino delante de él, tomé el vino y se lo di al rey. Yo nunca había estado triste en su presencia. Y el rey me dijo: ¿Por qué está triste tu rostro? Tú no estás enfermo. Eso no es más que tristeza de corazón. Entonces tuve mucho temor."

En esa ocasión, o en esos tiempos, los reyes no esperaban que ninguno de sus sirvientes en ningún momento tuviera una mala cara, que ninguno pudiera lucir angustiado, triste, agitado, desconfiado. Y parte de la razón era que, como había sido común encontrar conspiraciones contra los reyes y muchos reyes murieron a manos de siervos muy cercanos, cualquier cara de disgusto, de tristeza, de preocupación podía ser tomada por el rey como una posible conspiración en su contra. De manera que Nehemías, conociendo eso, sabía que tenía que tener un buen rostro delante del rey. Pero en esta ocasión él decidió dejar su tristeza ser vista, o simplemente ocurrió. Y cuando el rey le dice: "Tú estás triste", y él confiesa: "Yo tuve mucho miedo."

Nehemías responde: "¡Viva para siempre el rey! ¿Cómo no ha de estar triste mi rostro cuando la ciudad, lugar de los sepulcros de mis padres, está desolada y sus puertas han sido consumidas por el fuego?" Nota cómo Nehemías fue directo, transparente, honesto. Nehemías pudo haber dicho: "Bueno, es que no estoy bien de salud." Pudo haber dicho: "Sabe, rey, no dormí bien anoche." Pudo haber dicho: "Sabe, rey, es que a veces uno se cansa." No. Pero una de las características de un buen líder de Dios es que él es transparente, él es honesto, él es directo. Y eso es exactamente lo que Nehemías ha hecho.

Y Nehemías no solamente es honesto y transparente con el rey. Nehemías es honesto con las generaciones que le siguieron, porque esto está escrito en sus memorias, en su diario. Y una de las cosas que Nehemías dice es: "Yo tuve mucho temor." Él se confiesa y lo escribe para que las generaciones posteriores puedan conocer cómo él se sintió. Él está siendo totalmente transparente con el rey y con nosotros. Él ha alcanzado un punto de quebrantamiento donde su humanidad ya no puede ir más, y él confiesa a nosotros su temor.

Y alguien pudiera decir: "Bueno, pues entonces Nehemías, ¿dónde le vivió su fe? Porque él no es un hombre de valor." No, no, no, no, no. Valor no es hacer algo porque yo no tengo temor. Si yo digo: "Yo voy a brincar ahí abajo" y lo hago sin temor, eso no es valor, eso lo puede hacer cualquiera. Valor es hacer algo en medio del temor que tú estás experimentando. Eso es valentía, donde el miedo, el temor, no te paraliza, sino que conociendo el miedo que tienes, tú decides seguir adelante a pesar de él.

Ahora, Nehemías no sabía dónde él pensaba que al rey le iba a importar tanto unas murallas destruidas y quemadas a 1500 kilómetros de distancia, en una ciudad que él nunca ha visitado, y unas murallas que no le iban a ofrecer ninguna protección al rey. De manera que, conociendo eso, Nehemías pudo haber dicho: "Bueno, rey, es que necesito ir a Jerusalén porque tengo familiares enfermos. Me ha llegado el rumor de que alguien está enfermo, de que tengo que ir a enterrar a alguien, tengo que ir a ver a alguien." Pero no. Nehemías entendió: esto es lo que hay, esto es lo que el rey debe conocer, esta es mi razón, y eso es lo que yo le voy a decir. El resto depende de Dios. Nehemías sabía que si Dios le iba a respaldar, le iba a respaldar con la verdad. Y Nehemías habló la verdad, y Dios honró su veracidad.

Nehemías le dice: "¿Cómo no va a estar triste con la condición de la ciudad de los sepulcros de mis padres?" Escucha lo próximo que ocurre. "El rey me dijo: ¿Qué es lo que pides?" Él no ha pedido nada. Nehemías ha respondido una pregunta. En esa ocasión tú no te atrevías a hablarle al rey más allá de lo que él te estaba preguntando. El rey le dijo: "¿Por qué estás triste?" Nehemías le dijo, nada más. Y el rey le dice: "¿Qué es lo que pides?" ¿Cómo se percató el rey de que Nehemías tenía una petición? Yo quiero creer que Dios le movió en su corazón, Dios le dio discernimiento. Dios dice: "Esto debe obedecer a algo que él necesita. ¿Qué quieres?" Dios le abrió la puerta a Nehemías de par en par.

Esta es la orquestación de Dios. Cuando Nehemías entra a la presencia del rey, el rey le trae el tema, el rey mismo le pregunta: "¿Qué quieres? ¿Qué necesitas? ¿Qué pides?" Nehemías sabe: "Dios está detrás de mí, yo voy a entrar." Y esa es la mejor manera de hacer las cosas: cuando Dios ha abierto la puerta, cuando tú simplemente vas a entrar. Este es un hombre que confía en Dios.

Son detalles como estos que te voy a dar ahora lo que nos deja ver el corazón de ese hombre. El rey hace una pregunta: "¿Qué pides?" Nehemías no dice: "Bueno, rey, gracias porque yo tenía varias cosas de qué hablarte." He aquí lo que dice el texto: "Entonces yo oré al Dios del cielo." Nehemías, otra vez. Tiene cuatro meses orando, y ahora ora otra vez. Si yo no me atrevo ni siquiera a responder una pregunta de esta envergadura sin primero consultar con Dios... Me imagino más o menos algo como esto: El rey dice: "¿Qué pides?" En esos segundos orando, no sé qué, pero me imagino: "Señor, mueve el corazón de este hombre, dale sensibilidad, cuídame, dame gracia, permíteme ver." Y segundos después, responderle al rey. Eso nos deja ver el corazón de un hombre que confía en su Dios, camina con su Dios, vive en relación con su Dios. Yo creo que es algo que nos ayuda a nosotros a entender cómo debiéramos nosotros caminar.

Puede ser un paro, porque veo algunas personas con frío. Quizás pueden bajar un poquito la temperatura aquí delante, y así nos calentamos más.

Muchas veces son detalles de nuestro hablar que reflejan la condición de mi corazón. "Entonces oré al Dios del cielo y respondí al rey: Si le place al rey, si tu siervo ha hallado gracia delante de ti..." Eso es tacto. Pero honestamente no es solamente tacto, esta es la forma diplomática en esa ocasión de hablarles a los reyes. "Envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique. Entonces el rey me dijo, estando la reina sentada junto a él: ¿Cuánto durará tu viaje y cuándo volverás? Y le agradó al rey enviarme, y yo le di un plazo fijo."

El rey ha abordado a Nehemías, Dios ha escuchado la oración, porque la oración del hombre justo es poderosa y eficaz.

Ahora nota que cuando el rey dice: "¿Cuánto tiempo necesitas, Nehemías?", no dice: "Bueno, ah, tengo que pensarlo, rey. Yo honestamente no sé, porque no sabía usted que me iba a hablar de eso hoy". Sino que Nehemías dice: "No, yo le doy un plazo fijo". En otras palabras: "Yo he planificado, yo he pensado en esto. Yo sabía acerca de la posibilidad de estas preguntas", de tal forma que no solamente tenía las necesidades, sino que tenía un cierto plan de ataque, un plan de acción.

Y eso nos ayuda a nosotros a entender que la confianza en Dios, que nuestra fe, ninguna de esas dos cosas son reemplazos de nuestra planificación. Que Dios nos quiere también planificando. "¿Cuánto durará tu viaje y cuándo volverás?". Le dio un plazo fijo.

Pero hay algo aquí también que yo no quiero que pases por alto. Y es que el texto no simplemente dice que el rey lo envió a Jerusalén, dice que le agradó al rey enviarlo. Hay una enorme diferencia entre: "Bueno, ok, te voy a dar el permiso, pero no te acostumbres. Bien rápido". Y otra es que con agrado: "Yo quiero enviarte". Lo que el rey hace por Nehemías muestra que ciertamente al rey le agradó llevar a cabo este plan. ¿Quién está obrando detrás? Dios. Cuando, en el tiempo del Señor, porque Él hace todo hermoso en su tiempo, no antes ni después.

Nehemías es un gran ejemplo de lo que implica orar, esperar, planificar y actuar. Y nosotros tenemos que, caminando con Dios, discernir cuándo hacer uno y cuándo hacer el otro. Porque hay un tiempo para cada cosa. Nehemías es un hombre de oración, pero es un hombre de acción.

No podemos estar en un polo u otro. Hay personas en un polo que hoy no hacen absolutamente nada. "¿Qué estás haciendo?". "Estoy orando". Y seis meses después: "Estoy orando". Y un año después: "Estoy orando, porque hasta mi marido yo quiero que Dios lo cambie". No, eso no va a ocurrir así tampoco. Pero luego hay otros que están siempre actuando, siempre actuando, porque "a Dios hay que ayudarlo también, tú sabes, aquí uno no puede ser tan pasivo".

Y hay muchas cosas que tú puedes hacer después de orar, pero tú no puedes hacer nada antes de orar. Tú no sabes lo que Dios quiere hacer con eso en lo que tú estás metido. ¿Para qué ser tan atrevido y comenzar a caminar en una dirección donde tú no conoces el consejo de Dios? Cristo vino y dice: "Yo no me atrevo a planificar ni siquiera mis propias palabras. Yo no vine a hacer mi voluntad, sino la voluntad del Padre". Si Cristo, el hombre sin pecado, el Dios hecho hombre, no se atreve a hacer nada sino en la dirección del Padre, ¿cómo nos atrevemos nosotros a hacer cosas semejantes?

Pero necesitamos la espera. Y dije al rey: "Si le agrada al rey, que se me den cartas para los gobernadores de las provincias más allá del río, para que me dejen pasar hasta que llegue a Judá, y una carta para Asaf, guarda del bosque del rey, a fin de que me dé madera para las vigas de las puertas de la fortaleza que está junto al templo, para la muralla de la ciudad y para la casa en la cual iré".

Hoy Nehemías había pensado no solamente la madera de la muralla, la madera de las puertas, perdón, sino la madera de la fortaleza y la madera de la casa a la cual yo voy a ir, "porque yo tengo que vivir en algún sitio, rey. O necesito construir esa casa o necesito reedificarla si está a medio hecha. Que me den permiso". Y el rey me lo concedió. ¿Por qué? ¿Por yo era su copero? ¿Por el buen servicio que yo le he prestado? ¿Por la manera íntegra en que yo he caminado? No, nada de eso. Y el rey me lo concedió porque la mano bondadosa de mi Dios estaba sobre mí.

Si hay algo que el líder de Dios reconoce, no es su caminar, no es su integridad, no son sus dones, no son sus talentos, no es su preparación. Es la bondad de Dios que hace que las cosas ocurran en sus vidas. Nada más. "Nehemías, he caminado con Dios, he orado, he esperado, pero a la hora del crédito, Nehemías, ¿cómo va a ocurrir esto?". "Porque está ocurriendo la bondad de Dios. No tengo otra explicación".

Yo creo que nosotros necesitamos recordar en este punto, número uno: Dios no se agrada cuando yo no planifico, eso es irresponsabilidad. Pero al mismo tiempo no le agrada a Dios cuando yo sobreplanifíco, esto es falta de fe, falta de confianza. Ni le agrada a Dios cuando no planifico, ni le agrada a Dios cuando sobreplanifíco, porque ¿dónde está mi confianza? Yo no necesito cada te cruzada y cada i con su punto encima. Las tes las cruza Dios y a la i le pone Dios su punto. Yo necesito un plan general donde yo entienda que Dios me está guiando, y permitir y dar espacio para que Dios entre, cambie mis planes, dirija mis planes, enriquezca mis planes, redirija mi dirección.

Dios no se agrada cuando no oramos, eso es autosuficiencia. Pero Dios no se agrada tampoco cuando nosotros nos dejamos paralizar por el temor, porque Él no nos ha dado un espíritu de cobardía, no nos ha dado un espíritu de timidez. Él nos dio un espíritu de poder y de dominio propio. ¿Dónde está el poder del Espíritu que he puesto en ti si el temor te paraliza? Eso no agrada a Dios tampoco.

No sé, era que necesitamos ese balance a lo Nehemías: de valor, de discernimiento, de sensibilidad, de humildad, de confianza, de fe, de espera, de planificación y en el momento de acción. Por eso es que Nehemías se ha convertido en uno de los mejores modelos del liderazgo del Antiguo Testamento. Es una combinación rara lo que este hombre poseía, a pesar de ser simplemente un copero. Es más nada, un laico como cualquier otro.

Tomó las cartas, le pidió las cartas al rey, y el rey le dio cartas. Fue entonces a los gobernadores de más allá del río, versículo 9, y les entregué las cartas del rey. Y el rey había enviado conmigo oficiales del ejército y hombres de a caballo. Cuando se enteraron Sanbalat horonita y Tobías el oficial amonita, les disgustó mucho que alguien hubiera venido a procurar el bienestar de los hijos de Israel.

Nehemías pidió cartas, el rey le dio cartas, oficiales y hombres de a caballo. Increíble. Pero recuerdas que Esdras en una ocasión, cuando iba a regresar, le había dicho al rey que el Dios de los cielos honra, o está detrás, o cuida, protege a los que confían en Él. Y en un momento dado: "Hicimos ahí una oración por nosotros, por nuestros pequeños, porque no nos atrevíamos a pedirle al rey protección, porque ya lo habíamos dicho que Dios nos protege". Y se fue sin protección.

Nehemías no ha hecho algo diferente que Esdras. Nehemías no le dijo al rey: "Dame hombres de a caballo y oficiales". Él le pidió cartas. El rey le concedió hombres de a caballo y oficiales, y él lo recibió.

Ahora, quizás hay otra razón por la diferencia. Recordamos que Esdras fue como sacerdote a reconstruir la vida espiritual del pueblo. De hecho, el rey le dijo a Esdras: "Cuando llegues allá, enséñale a tu pueblo las instrucciones de la ley de tu Dios, y al que no las acepte...". Él va con una función sacerdotal. Nehemías va en una función oficial, gubernamental. Él va como gobernador. Y quizás eso también explica la diferencia. ¿Por qué uno se va escoltado y el otro no?

A mí como pastor no me luce venir a andar con una pistola en el cinto, pero un oficial de la policía, un oficial del ejército, un oficial de la Fuerza Aérea o de la fuerza armada, con su uniforme, ha de portar su arma. Es parte de su investidura. Bueno, quizás eso sea parte de la diferencia entre uno y otro. Pero en este caso el rey proveyó la protección sin haberla pedido Nehemías.

Ahora, este individuo de nombre Sanbalat horonita, tan pronto oyó que alguien estaba interesado en el bienestar de los hijos de Israel, se disgustó. Comenzó la oposición. El nombre Sanbalat suena a opositor: Sanbalat. Y Sanbalat horonita y Tobías... Se piensa que Sanbalat era el gobernador de Samaria, la parte norte donde las diez tribus habían estado y habían sido llevadas al exilio. Y ahora Tobías, probablemente el líder o gobernador de la tribu de los amonitas. Ellos dos oyeron y se disgustaron. Claro, porque cuando tú comienzas a hacer algo para Dios, inmediatamente comienzan los disgustos y la oposición.

Dios plantó un jardín en el Edén, puso una pareja, se levantó la oposición. Dios eligió un pueblo en el Antiguo Testamento, le cuidó, le guió, le protegió, y todo el tiempo hombres malvados se opusieron, lo oprimieron, lo esclavizaron. Dios levantó una iglesia en el Nuevo Testamento, tiene dos mil años siendo perseguida. Pedro quería ir a la cruz, perdón, Jesús quería ir a la cruz y Pedro quería oponérsele.

Cada vez que tú quieres levantar algo para Dios, estamos buscando batalla. Que recuerdas: cada vez que quieras hacer algo para Dios, en buen dominicano, estás buscando pleitos. Y un buen hijo de Dios que representa a Dios, que se identifica con su causa, que echa y que levanta, o trata de levantar algo para Dios, es un buscapleitos con el reino de las tinieblas, que va a usar el reino del mundo de este lado de la gloria para hacerle oposición.

Y ahí está: "Nehemías, llegué a Jerusalén. Ahí estuve tres días". Hasta ahí llegamos.

Versículo 12 ahora: "Y me levanté de noche, yo y unos pocos hombres conmigo, pero no informé a nadie lo que mi Dios había puesto en mi corazón que hiciera por Jerusalén, y no había ningún animal conmigo excepto el animal sobre el cual iba yo montado".

Nehemías conoce algo que todo buen líder debe conocer: cuando él comienza a planificar algo, cuando él comienza a tratar de levantar algo para Dios, en su etapa temprana, en su etapa inicial, él necesita prudencia, silencio, confidencialidad. Él sabe que las oposiciones se levantan temprano. Él no necesita eso, Dios no necesita eso. Él necesita estructurar un plan, tenerlo bien organizado, y cuando el plan va a ser implementado, darlo a conocer.

Nehemías se levanta de noche, con unos pocos hombres, a cubierto por la oscuridad de la noche, a inspeccionar la puerta, a inspeccionar las murallas. No sea que el resto de la población comenzara a pensar, cuando lo viera de día, lo que le estaba haciendo, y la oposición se levantara. Y una vez tuvo la idea, la precisión, la evaluación, entonces él se presentó con otros individuos a hacerle la exposición, explicación de su plan. Pero él dice que cuando él se levantó esa noche, él no le había hecho saber ni a los judíos, ni a los sacerdotes, ni a los nobles, ni a los oficiales, ni a los demás. En otras palabras, a nadie más. Esto es clandestino. Misión secreta.

Nehemías evalúa la problemática. Él no tiene nada. Yo creo que esto no está ahí al azar cuando dice: no teníamos ni un animal. En otras palabras, ni burros, ni mulo, ni camello, ni caballo, que no fuera el que yo tenía. Solo eso, lo único que teníamos. Pero cuando Dios está de tu lado tú lo tienes todo. Cuando tú no tienes a Dios, no importa el tamaño de tu armada, de tu ejército, de tus recursos, tú no tienes nada. Y esa es la gran diferencia. Nehemías ha llegado a Jerusalén confiando en su Dios y nada más. Un solo caballo o camello o burro o mulo, solamente dice animal, un solo animal fue suficiente. Tuvo toda la noche recorriendo la ciudad. Las murallas se estiman quizás tenían una milla y media, dos millas y media de largo al perímetro.

Entonces les dije, después de evaluar la situación, después de percatarse qué es lo que hay: "Vosotros veis la mala situación en que estamos" —el versículo 17—, "que Jerusalén está desolada y sus puertas quemadas a fuego." Entre el 13 y el 16 tú lees el viaje que hizo esa noche a lo largo de las murallas. En el 17 entonces él presenta la mala situación en que estamos, y lo hace de una manera realista. Es otra condición del líder: él no abulta los hechos, él no los minimiza, él los presenta de una manera real. Esa combinación en Nehemías de realismo, oración, espera, confianza y acción en Dios fue sumamente poderosa.

Nehemías tiene una apreciación realista de cuál es la situación, y entonces él viene a ese grupo de individuos, de oficiales, de líderes, de judíos, de sacerdotes, de nobles, y les dice: "Venid, reedifiquemos la muralla de Jerusalén para que ya no seamos un oprobio." Y les conté cómo la mano de mi Dios —me encanta esta expresión de los hombres de Dios en el Antiguo Testamento— la mano de mi Dios. Regularmente hablamos de la mano de Dios, pero esta gente hablaba de una manera tan íntima, tan personal, como si Dios fuera de ellos solos: la mano de mi Dios. Les conté cómo la mano de mi Dios había sido bondadosa conmigo, y también las palabras que el rey me había dicho. Entonces dijeron: "Levantémonos y edifiquemos," y esforzaron sus manos en la buena obra.

El líder de Dios infunde ánimo, pero nota cómo él no lo hace y cómo él sí lo debe hacer. Él tiene que infundir ánimo, pero no basado en su experiencia, en sus dones, en sus talentos, en su preparación, en su fortaleza. Él tiene que infundir ánimo basado en otra cosa. Y lo que Nehemías hace aquí es infundirle ánimo, pero nota cómo: primero les dice "reedifiquemos la muralla, venid, reedifiquemos," y luego "les conté cómo la mano de mi Dios había sido bondadosa conmigo." Él infunde ánimo, pero poniendo la confianza y queriendo que los seguidores pongan la confianza en la mano bondadosa de Dios y en nada más. No hay ninguna otra razón para tener confianza que no sea la mano de Dios, la mano soberana, orquestadora y bondadosa de nuestro Dios.

Nehemías conoce eso. Les dice: "Y les conté también las palabras del rey para conmigo." Esta es la evidencia de que Dios ha sido bondadoso. El rey me dijo, el rey hizo, el rey envió, el rey me dio. Eso va haciendo que el pueblo vaya cobrando ánimo, fuerza, fortaleza.

Y cuando se enteraron Sanbalat —aquí viene otra vez— el horonita, Tobías el oficial amonita, y Gesem el árabe, ahora otro más, se burlaron de nosotros, nos despreciaron y dijeron: "¿Qué es esto que estáis haciendo? ¿Os rebeláis contra el rey?" Y yo les respondí: "El Dios del cielo nos dará éxito. Por tanto nosotros, sus siervos, nos levantaremos y edificaremos, pero vosotros no tenéis parte ni derecho ni memorial en Jerusalén."

A Sanbalat le salió su contrincante. Pero escucha, comenzó con Sanbalat y Tobías. Ya se agregó Gesem, porque una de las cosas que ocurre es que la oposición es contagiosa, y más adelante se van a agregar otros. Y lo que esta gente hace ahora que ha comenzado a contagiarse y a juntarse —los opositores se juntan— es que lo que comenzó con un disgusto, "no me gusta, no estoy de acuerdo, qué es lo que esta gente viene a hacer," lo que comenzó con un disgusto ahora pasa a ser una burla. Una de las formas opositoras poderosas: la burla, el desprecio. Y eso fue lo que ellos recibieron.

El texto no nos dice cómo se burlaron, pero me imagino cómo pudiera ser: "¿Qué es lo que piensan? ¿Qué es lo que se creen? Acaban de llegar. Nosotros somos más. Mira esto, sin ni siquiera más que un caballo. ¿Qué es lo que ustedes piensan? ¡Ja! ¿Con un caballo? Mira el tamaño nuestro. Tú no tienes el don, no tienes el llamado, no tienes los dones, no tienes nada, no tienes madurez, no tienes experiencia." Toda esa burla comienza a socavar tus bases, porque tú comienzas a creerte que realmente tú no tienes lo que antes creías que tenías.

Pero más adelante va a ser una oposición abierta, hasta el punto que pronto vas a ver que edificaban la muralla con una mano construyendo y la espada en la otra. ¿Te das cuenta hasta dónde llegó la práctica y la realidad de este líder? Nehemías el sacerdote, no le lucía una espada en la mano. El gobernador puede. Él es un oficial del gobierno, y Dios le delegó la espada al Estado para que responda autoritativamente cuando sea necesario, pero no ataque a más. Cuando Nehemías oyó los rumores, Nehemías no se amedrentó por los rumores. Y una de las cosas que sabemos de los líderes de Dios es que los verdaderos líderes no se amedrentan por los rumores.

El Dios del cielo nos dará éxito. No estoy contando contigo, Tobías. Mucho menos con Sanbalat. Estoy contando con Dios. Y quiero que sepas que quizás no tenemos más que un caballo. Ahora quizás no tenemos nada, nada. Ni espadas buenas tenemos. Quizás las que tenemos están embotadas. Pero no estamos contando con ellas. Contamos con el Dios del cielo. Él nos dará el éxito. Los verdaderos líderes de Dios anticipan la oposición y enfrentan los conflictos con valor y determinación. Es exactamente lo que Nehemías hace.

"Por tanto nosotros, sus siervos, el Dios del cielo nos dará el éxito, y nosotros, sus siervos, nos levantaremos y edificaremos, pero vosotros no tenéis parte ni derecho ni memorial en Jerusalén." Esto es entre nosotros y nuestro Dios. Esta gente debió haber visto algo especial en Nehemías, que no se dejaba amedrentar: "Nosotros nos levantaremos y edificaremos." Él no está tratando de pactar con ellos, él no está tratando de ganárselos, él no está tratando de establecer una alianza como trataron de hacer al principio con Zorobabel cuando él llegó, a ver si construimos las murallas juntos. Él está dejándoles saber desde el principio: esto es entre nosotros y Dios, y aquí ustedes no tienen ni derecho, ni suerte, ni parte, ni memorial con nosotros. ¡Para atrás! Eso es valor. Eso es determinación.

Nehemías sabía todo el tiempo que si esperas en Dios, y si esperas en Dios en cada instancia, en cada prueba, en cada situación, Dios nos dará los recursos, la fuerza, la sabiduría, la perseverancia, la gracia, la entereza, el ánimo, la dirección, la esperanza y la confianza. En cada situación, en cada prueba, en cada dificultad, en cada tormenta, en cada terremoto de nuestras fundaciones, recuerda: Dios nos dará los recursos, la fuerza, la sabiduría, la perseverancia, la gracia, la entereza, el ánimo, la esperanza, la dirección y la confianza.

Escucha, en cada prueba su presencia será suficiente. Y habrán múltiples de esas pruebas de este lado de la gloria, de diferentes tamaños, de diferentes formas, de diferentes colores. Unas envueltas en papeles de regalo, otras sin envoltura. Otras vendrán con tu nombre escrito: "A Miguel Núñez." Otras "a quien pueda interesar." Otras "al residente de la casa, de la dirección." Pero en cada una de esas pruebas, que no te quepa la menor duda: Dios se levantará por su pueblo. Dios peleará por su pueblo. Él compró su iglesia. Él derramó sangre por ella. Y Él tiene el cielo y la tierra, el poder del cielo y la tierra, invertido en hacer que su iglesia salga victoriosa. Por las puertas del Hades nunca, nunca prevalecerán contra la iglesia del Dios Altísimo.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.