Statamic
Sermones

Un corazón transformado por el evangelio

Miguel Núñez 24 marzo, 2024

Una cosa es definir el evangelio con palabras correctas y otra muy distinta es tener una vida definida por el evangelio. La multitud que el Domingo de Ramos gritó "bendito el que viene en el nombre del Señor" fue la misma que cinco días después clamó "crucifícalo". Pedro pasó de prometer lealtad hasta la muerte a negar que conocía a Jesús, todo en cuestión de horas. La realidad es que hasta que no vivimos lo que decimos creer, no es cierto que lo creemos.

El apóstol Pablo representa algo diferente: un hombre cuya teología se demostraba en su manera de vivir. Cuando el evangelio transforma genuinamente el corazón, la gratitud comienza a dominar y el espíritu de queja desaparece. Pablo daba gracias a Dios no solo por lo que había recibido, sino por lo que Dios hacía en otros, incluso en personas que nunca había conocido, como los creyentes en Roma. Podía hablar de "mi Dios" y "mi evangelio" porque se había hecho uno con Cristo y su causa.

Un corazón transformado por el evangelio intercede sin cesar por otros, se rinde completamente a la voluntad de Dios, y vive centrado en el bien del prójimo más que en el propio. Pablo anhelaba llegar a Roma no como turista de la capital del imperio, sino para impartir bendición espiritual. Y con notable humildad reconocía que también él necesitaba ser confortado por la fe de aquellos creyentes que nunca había visto. El evangelio tiene el poder de tomar un corazón egoísta que se sirve a sí mismo y convertirlo en uno que sirve al otro, que anhela que otros conozcan la misma liberación que él ha experimentado.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a abrir la carta de Pablo a los Romanos! Tradicionalmente, en múltiples iglesias hoy se predica un sermón relativo a este domingo de Ramos. El pastor Luis ya aludió, y hoy ciertamente múltiples iglesias evangélicas y católicas celebran y nos recuerdan a lo largo del mundo lo que tradicionalmente ha sido llamado de esa manera: el primer domingo cuando Cristo hacía su entrada a Jerusalén montado en un pollino, como dice el texto. Ya el pastor Luis prácticamente me robó mi introducción, pero está bien, no la completó. Se fue delante, como dice el refrán mexicano: el que pega primero pega dos veces.

Pero fue recibido con vítores o gritos de júbilo por parte de la multitud, que de acuerdo al texto de Marcos dice que tendió sus mantos en el camino, la multitud, y otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Tal como había profetizado el profeta Zacarías en el libro que lleva su nombre, capítulo 9, versículo 9. Y de hecho Mateo 21:9-10 dice, como ya el pastor Luis aludía, que las multitudes que iban delante de él y las que iban detrás gritaban: "¡Hosanna al Hijo de David!" La razón por la que estoy repitiendo esto es porque tiene conexión con lo que quiero iniciar. "Bendito aquel que viene en el nombre del Señor. ¡Hosanna en las alturas!" Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se agitó y decían: "¿Quién es este?" Las multitudes contestaban: "Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea."

Ahora, de manera chocante, muchos —algunos o muchos, no sabemos cuántos— de los que estuvieron en aquella multitud, cinco días después, el día viernes, se unieron a otra multitud que gritaba: "¡Crucifícalo, crucifícalo!" Juan 19:6. Yo creo que esa multitud puso en evidencia algo que dijimos el domingo anterior, algo que Cristo dijo: que no todo aquel que me dice "Señor, Señor" entrará al reino de Dios, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre. Creo que esa multitud probó que el amor humano es muy condicional, y muchos de aquellos que siguieron a Jesús por un tiempo, cuando comenzaron a descubrir que Jesús no les estaba dando lo que ellos esperaban, aquello que ellos buscaban, pues se retiraron.

Aquel viernes muchos o algunos pasaron de "bendito aquel que viene en el nombre del Señor" a "crucifícalo" en cuestión de días. En cuestión de días presentaron esa reacción tan chocante. Porque esa reacción no dista mucho de la reacción de Pedro, que en cuestión no de días, de horas, pasó de "Señor, estoy dispuesto a ir a donde vayas, tanto a la cárcel como a la muerte" a "yo no conozco a este hombre." Y según Marcos, aun profiriendo maldiciones. No en cuestión de días, en cuestión de horas, un apóstol pasó de estar dispuesto a ir hasta la muerte con su Maestro a negar que le conocía.

La realidad es que hasta que yo no viva lo que digo creer, no es cierto que lo creo. Déjame decir eso otra vez: la realidad es que hasta que yo no viva lo que digo creer, no es cierto que lo creo. Alguien puede decir que cree el satisfactorio cuando su vida demuestre en el diario vivir lo que sus labios profesan en el diario decir. Déjame repetir eso otra vez: alguien puede decir que realmente cree el satisfactorio cuando su vida demuestra en el diario vivir lo que él profesa con sus labios en el diario decir.

Hermanos, una cosa es definir el satisfactorio y otra cosa es tener una vida definida por el satisfactorio. Son dos cosas muy diferentes. Una cosa es que yo defina en palabras, en concepto, el satisfactorio, y otra cosa es que la gente me vea vivir de una manera que pueda decir: "El satisfactorio define su caminar."

Menciono todo esto porque en el día de hoy yo quiero hablarte no de un Pedro, yo quiero hablarte de otro hombre. Pero un hombre que demostró su teología por la manera como vivía. Yo quiero hablarte de un hombre que se apropió del satisfactorio hasta tal punto que lo llegó a llamar "mi satisfactorio." Yo quiero hablarte de un hombre que le puso pies y manos al satisfactorio, y su nombre fue Pablo. El mensaje de esta mañana yo le he titulado: "Un corazón transformado por el satisfactorio."

La razón por la que Pedro hizo lo que hizo antes de la crucifixión, antes de la resurrección, es que el satisfactorio había sido definido de antemano pero no había sido escrito. El satisfactorio se escribió con sangre. Y por consiguiente, el corazón de Pedro requirió la cruz de Cristo, la resurrección de Cristo, la ascensión de Cristo, el descenso del poder del Espíritu Santo, para posteriormente poder tener un corazón transformado por el satisfactorio. Pero este apóstol Pablo, que escribió la carta a los Romanos, exhibe en más de una de sus cartas lo que implica, o cómo luce, una vida transformada por el satisfactorio.

Yo quiero que leamos del versículo 8 al 15 para el mensaje de hoy: "En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos ustedes, porque por todo el mundo se habla de su fe. Pues Dios, a quien sirvo en mi espíritu en la predicación del satisfactorio de Su Hijo, me es testigo de cómo sin cesar hago mención de ustedes siempre en mis oraciones, implorando que ahora, al fin, por la voluntad de Dios, logre ir a ustedes. Porque anhelo verlos para impartirles algún don espiritual, a fin de que sean confirmados. Es decir, que cuando esté entre ustedes —escuchen— nos confortemos mutuamente cada uno por la fe del otro, tanto la de ustedes como la mía. No quiero que ignoren, hermanos, que con frecuencia he hecho planes para ir a visitarlos, pero hasta ahora me he visto impedido, a fin de obtener algún fruto también entre ustedes, así como entre los demás gentiles. Tengo obligación tanto para con los griegos como con los bárbaros, para con los sabios como para con los ignorantes. Así que, por mi parte, ansioso estoy de anunciar el satisfactorio también a ustedes que están en Roma."

Yo no sé si al leer el texto tú pudiste ver el corazón transformado por el satisfactorio del apóstol Pablo, pero déjame decirte que, en primer lugar, cuando ese satisfactorio le da forma a tu corazón, la gratitud —la gratitud sería una mejor palabra— caracteriza tu vida y el espíritu de queja comienza a desaparecer. Tú no encuentras esa queja ni una vez en el apóstol Pablo. En primer lugar, la gratitud comienza a dominar, a caracterizar tu vida, y el espíritu de queja comienza a desaparecer.

Versículo 8. En primer lugar, lo primero que voy a hacer —Pablo todavía está en la introducción de la carta—: "Doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos ustedes, porque por todo el mundo se habla de su fe." Pablo está agradecido, dando gracias a Dios. Estaba el apóstol Pablo agradecido por personas o por cosas, no que Dios había hecho en él, no, por cosas que Dios había hecho en otros, en otras personas que él no conocía, nunca había visto, por una iglesia que él tampoco plantó. Pero como el espíritu de gracia se había apoderado de su vida, él comienza dando gracias a Dios por lo que los romanos llegaron a hacer por el poder de Dios.

Hermanos, es mucho más fácil dar gracias por algo que Dios haya hecho por ti que por algo que Dios haya hecho en otros. Y eso requiere no solamente una mente orientada hacia Dios, pero requiere una mente orientada hacia el otro, de manera que yo pueda ver lo que Dios está haciendo en el otro, y al verlo, regocijarme y darle gracias a quien lo hizo, que es Dios. Darle gracias a Dios por lo que Él siente, claro, yo soy el beneficiario, eso es fácil. Pero dar gracias por lo que Dios está haciendo en otro, mucho más difícil, porque frecuentemente lo que Dios está haciendo en otro, promoviendo a otro, bendiciendo a otro, frecuentemente origina sentimientos de celos y envidias en nosotros.

Y claro, está dando gracias porque la fe de estos creyentes resulta que ha sido esparcida, ha alcanzado una reputación, y él dice que por todo el mundo se habla de su fe. Yo creo que cuando Pablo está usando esa frase, él la ha estado usando de la misma manera que nosotros usamos una frase similar: "¿Y quién no lo sabe? Todo el mundo." En otras palabras, hay mucha gente que lo sabe, en múltiples lugares del imperio. Yo creo que eso es lo que Pablo está tratando de decir: se habla no solamente de una iglesia que alguien plantó —que no está claro quién lo hizo— pero sí de una iglesia en Roma, nada más ni nada menos que en Roma, la capital del imperio, que tiene una fe que vale la pena, es digna de ser comentada.

Pablo dice: "Se habla de su fe." Y yo no creo, nadie cree de hecho, que Pablo está diciendo "se habla de que ustedes llegaron a creer." No, la fe en ese contexto tiene un contenido. Tiene que ver con la manera como ellos habían entendido la fe, tiene que ver con la forma como ya estaban poniendo en práctica la fe, tiene que ver con la forma con la que ellos estaban pasando su fe. Probablemente era una fe genuina, era una fe vivida, era una fe que llamaba la atención. Por eso se hablaba por todo el mundo de esta iglesia, de la manera como habían abrazado la causa de Cristo.

Hermanos, lo que yo creo no tiene ningún valor hasta que el otro vea cómo tú vives. Lo que tú creas no tiene ningún valor para ese otro hermano hasta que él vea cómo tú vives. Nuestra fe no tiene ningún valor hasta que nuestras oraciones sean congruentes con nuestras acciones. Recuerda la carta de Santiago: de que no sirve decirle a un hermano que tiene necesidad: "Hermano, vete en paz, voy a orar por ti," y dejarlo ir en la necesidad. De manera que nuestra fe, Santiago lo avala, no tiene ningún valor hasta que nuestras oraciones sean congruentes con nuestras acciones.

Por eso la Palabra de Dios insiste desde el Antiguo Testamento que Dios juzga nuestras vidas con la condición del corazón, y por las cosas —escucha bien— por las cosas que hacen latir tu corazón y el mío, más que por las palabras que mis labios pronuncian. Dios juzga mi vida más bien por la condición en que mi corazón está y por las cosas que hacen latir a mi corazón, más que por las palabras que yo pronuncio desde este púlpito domingo tras domingo.

Lo impresionante de esta iglesia, para mí, pero yo creo que para otros también, es que esta iglesia alcanzó cierta reputación en la capital del imperio, en el centro del paganismo antiguo, en la ciudad de los césares, en la ciudad más secular que el imperio pudiera tener. Allí alguien, o algunos quizás, que vinieron del día de Pentecostés de Jerusalén —que había gente de Roma que regresó convertida—, quizás ellos plantaron una iglesia y ahora por todo el mundo se habla de esta iglesia. Impresionante esto.

En segundo lugar, un corazón transformado por el Evangelio ora, habla, camina, late en intimidad de corazón. Escucha la expresión de Pablo: "Doy gracias a Dios, a mi Dios." Cuando Pablo habla de "mi Dios," es obvio que él tiene una relación cercana, íntima, personal, especial con ese Dios, porque Pablo no está diciendo con eso "Él es mi Dios y no el tuyo." No, lo que le está diciendo es: yo siento por este Dios y siento con este Dios una razón cercana que yo tengo que llamarlo "mi Dios."

Escucha cómo Pablo ha hecho esto una y otra vez. Primera de Corintios 1:4: "Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia de Dios que les fue dada en Cristo Jesús." Por los corintios Pablo estaba dando gracias. Yo no me explico cómo, pero cómo Pablo dio gracias a Dios por los corintios, una iglesia tan inmadura como Corinto, pero dio gracias a Dios por ellos, porque cuando el corazón es transformado, la gratitud comienza a apropiarse de tu vida y la queja comienza a desaparecer.

Segunda de Corintios 12:21: "Temo que cuando los visite de nuevo, mi Dios me humille delante de ustedes y yo tenga que llorar por muchos que han pecado anteriormente y no se han arrepentido de la impureza, inmoralidad y sensualidad que han practicado." ¿Tú puedes creer que Pablo dice: "Yo tengo cierto temor que cuando yo voy a donde ustedes haya gente practicando la inmoralidad que no se han arrepentido y que a mí me duele"? Pero él dice: "Yo temo que mi Dios me humille de esa manera."

Filipenses 1:3: "Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de ustedes." Filipenses 4:19: "Y mi Dios proveerá a todas sus necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús." En Filemón 1:4: "Doy gracias a mi Dios siempre haciendo mención de ti, Filemón, en mis oraciones."

La razón por la que me llama mucho la atención esto de "mi Dios" es porque preparando para el mensaje me acordé de una expresión tan diferente que salió de los labios de Saúl, el rey. Cuando había hecho algo pecaminoso, iba donde Samuel el profeta y le decía: "Samuel, órale al Señor tu Dios." ¡Oh wow! Yo creo que en frases así se ve y deja claramente que él no era creyente. Él ni siquiera podía referirse a Dios como Dios simplemente, y mucho menos como "mi Dios." Él le decía: "Samuel, habla tú con el Señor tu Dios." Cuatro veces en Primera de Samuel él aparece esa expresión, y esa expresión nos habla de un hombre que no conoce a Dios, que no tiene una relación con Dios, de un hombre que teme hablarle a Dios porque sabe que está en pecado, porque sabe que no anda bien y sabe que Dios sabe que él sabía que andaba mal.

De algo de otra manera, Pablo usó la expresión "mi Dios," "mi Evangelio," porque después de su conversión, Pablo se hizo, por así decirlo, uno con Cristo y su causa. Escucha cómo les escribe a los gálatas, 2:20: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo."

Cuando un corazón es transformado por el Evangelio es porque ha entendido el Evangelio. Yo no estoy hablando ahora conceptualmente, en palabras, semánticamente, gramaticalmente; no, no, no, yo no estoy hablando de eso. Estoy hablando teológicamente: que cuando un corazón entiende que Cristo Dios te amó y se entregó a sí mismo por ti, esa vida es transformada radicalmente. Y es por eso que Pablo no solo habló de Cristo, él vivió a Cristo. Pablo no solamente se sintió amado por Cristo, él amó a Cristo. Pablo no solamente predicó la Palabra, sino que predicó a Cristo y a este crucificado.

Pablo primero persiguió a Cristo. Eso es exactamente lo que Jesús le dice el día que se le aparece camino a Damasco. Le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Pablo primero persiguió a Cristo y luego fue perseguido por causa de Cristo, más bien. Pablo no amó a Cristo en la iglesia el domingo para deshonrarlo el resto de la semana; no, eso no es un corazón transformado por el Evangelio. Cristo no solo murió por Pablo; Pablo murió por Cristo después, no para salvarlo —para nada—, murió por su causa. Tú puedes ver por qué este hombre puede hablar de "mi Dios," "mi Evangelio."

Pablo honró a Cristo en privado y en público. Lo honró en lugares apartados, a la orilla de un río, donde conoció a una vendedora de púrpura conocida como Lidia, que ayudó a fundar la iglesia en Filipos. Lo honró en grandes lugares, como en Roma, la capital del imperio. Lo honró en lugares, quizás en casas, como él habla en alguna de sus cartas que los visitó de casa en casa: en lugares donde no corría ningún riesgo y en los lugares donde él corría el mayor riesgo.

Pablo estaba en Roma. Se cree que fue encarcelado una vez, dejado libre, y luego encarcelado. Y de esa prisión, de esa prisión, Pablo escribió la carta a los Efesios, la carta a los Filipenses, la carta a Filemón, la carta a los Colosenses. ¿Te imaginas? Desde una prisión, y en todas ellas: gracias doy, gracias a Dios, gracias a Dios, gracias a Dios, gracias a Dios. "Pablo, pero tú estás detrás de los barrotes." "Sí, que… yo puedo estar detrás de los barrotes, pero mi mente está con los filipenses, con Filemón, mi mente está con los efesios." La carta del gozo es escrita desde un cerrón. El corazón de Pablo se llenó de las cosas que llenaban el corazón de Dios, y ese es el poder del Evangelio, ese es el poder del Evangelio. El Evangelio lo cambia todo.

Hay un librito pequeñito que anda por ahí. No estoy seguro si se tradujo al español, porque en inglés el título es "The Gospel Changes Everything." Lo escribió una joven de dieciocho años. A través de alguien me envió el libro para que lo leyera y pudiera endosarlo, y me pareció extraordinariamente bueno, sobre todo para haber sido escrito por esta joven. Yo quisiera que esté en español.

En tercer lugar, un corazón transformado por el Evangelio sirve a Dios como un acto de adoración. Sirve a Dios como un acto de adoración. Escucha, versículo 9: "Pues Dios, a quien sirvo en mi espíritu en la predicación del Evangelio, me es testigo…" Y él continúa su idea. Me voy a parar un momento. Cuando Pablo dice "a Dios a quien sirvo," la palabra que es usada en el original, que es "latreuo" —o "latreuo" sería la pronunciación en español—, de donde viene la palabra "latría," de ahí viene la palabra "idolatría." Esa palabra está relacionada a la adoración, de manera que Pablo está diciendo de manera indirecta: "Yo le sirvo a Dios como un acto de adoración en la predicación del Evangelio." Cuando yo predico, Pablo está diciendo, lo que creo que yo estoy haciendo es adorando a Dios en la predicación.

Pero a veces, que hermano, puede ser que tú no seas pastor, que tú no seas misionero. Se supone, se supone que tu vida entera sea un acto de adoración. No importa si vendes carros o si vendes bolitas, si eres abogado o si eres médico, se supone que tu vida sea una ofrenda en adoración a tu Dios, a quien tú le representas haciendo lo que tú haces, donde lo haces, como lo haces.

Hermanos, una cosa es servir a la iglesia y otra cosa es servir a Dios. Yo puedo servir a la iglesia en la iglesia y no servir a Dios; todo depende de mi motivación. Yo puedo ser médico y servir a los hombres y no servir a Dios, o yo puedo servir a Dios cuando veo pacientes como un acto de adoración.

Siempre me ha llamado la atención, y viene a mi mente con frecuencia en virtud de que soy predicador, de cómo Dios dice en Ezequiel 44 que había dos grupos de sacerdotes. Un grupo de sacerdotes que habían sido desobedientes, habían sido infieles, y que Él los iba a dejar en el templo para ofrecer sacrificio, atender las puertas, pero que ellos le ministrarían al pueblo. Y luego dice: "Pero otro grupo de sacerdotes, de los hijos de Sadoc, que fueron fieles cuando ocurrió la apostasía, ellos me ministrarán a mí."

Yo recuerdo eso porque con frecuencia digo: "Señor, yo no quiero estar en ese grupo de pastores que le ministra al pueblo. Yo quiero estar en un grupo de pastores que cuando predica o sirve, le ministra a ti, y Tú ministrarás al pueblo." Eso es donde yo quiero estar. Hermano, de nuevo, toda tu vida debiera ser un acto de adoración a Dios, al Dios que colgado de un madero perdonó tus pecados, y que luego resucitó y dejó la tumba vacía para que tú puedas en el día de mañana resucitar y dejar tu tumba vacía también.

Si eso es —en eso es que consiste el Evangelio, en lo que Cristo hizo, que luego tú podrás disfrutar— si eso no transforma y cambia tu vida radicalmente y para siempre, si eso no lo cambia todo en tu vida, no hay nada que te pueda cambiar de esa manera, y mucho menos de este lado de la eternidad.

En cuarto lugar, un corazón transformado por el Evangelio convierte a la persona en un intercesor ante el trono de Dios por la necesidad de los demás. Nota lo que Pablo dice en el versículo 9, segunda parte, al 10, primera parte: "Que ese Dios me es testigo, ese Dios a quien sirvo, me es testigo de cómo sin cesar —subraya esa palabra o frase: sin cesar— hago mención de ustedes siempre en mis oraciones." En una pequeña frase u oración, Pablo repite la misma idea dos veces: "Me es testigo de cómo sin cesar," y luego "siempre los menciono en mis oraciones." "Pablo, pero tú conoces… tú no conoces esta gente." "Yo no los conozco."

Pablo, pero tú nunca has estado en esa iglesia, no, tú no la fundaste, no, ¿y qué tú haces orando por ellos sin cesar? Es que podría Pablo decir: es que yo aprendí que Cristo en el aposento alto, en las últimas horas de su vida, oró por sus discípulos, oró por el resto como de aquellos que estaban alrededor de él en el momento, y oró por todos aquellos que habrían de creer. De manera que si Cristo oró por gente que ni siquiera vivía, de hecho, gente que todavía no han nacido hoy, pero son de aquellos que habrían de creer y ya Cristo estaba orando, con toda razón que Pablo podía orar por gente que ya vivía, que ya creía, que estaba en Roma, y que tenía una reputación por la manera como habían abrazado la fe. Y la razón por la que Pablo estaba orando por ellos es que Pablo llegó a amar a los que Dios amaba, y Dios amaba esa iglesia. Pablo imitó el ejemplo de Cristo.

Pablo mostró en sus cartas, ¿saben que yo leo las cartas de Pablo? Varias cosas ocurren. Número uno, me humilla. Número dos, me confortan. Número tres, me consuelan, parecido pero en tanto distinto, y me animan. El corazón pastoral de Pablo en sus cartas palpita con esa transformación pastoral que él sufrió. Bien dice John MacArthur en su comentario acerca de esta carta, dice: la carta a los romanos revela que Pablo no solamente tenía el celo de un profeta, la mente de un maestro y la determinación de un apóstol, sino también el corazón de un pastor. Pablo demuestra que él tenía el celo de un profeta, la mente de un maestro, determinación de un apóstol, sino también el corazón de un pastor.

Cuando esa oración pastoral, la verdad ahora está orando, pero Pablo ahora en toda su carta él menciona que estaba orando por alguien, incluyendo por Filemón que no era una iglesia. Excepto una sola iglesia, cuando él escribió a los gálatas, no les menciona que estaba orando por ellos. Más bien es: los estoy escribiendo para reprenderlos, porque ustedes están prontos, han olvidado de aquel que murió por ustedes para abrazar otro evangelio, que en realidad no es ningún evangelio. Pero por cada una de las iglesias oró. La oración es hecha con sinceridad, sin ningún interés, y cuando es hecha con la intención profunda de que Dios bendiga a la otra persona.

Hermano, tú aparte de tu hijo y tu esposo y tu esposa, hay gente muy allegada, ¿tú has orado para que Dios bendiga a gente de otra iglesia? ¿Que Dios bendiga a nuestras iglesias amigas de la ciudad? Iba a mencionar nombres, pero ahorita se me queda alguna y me meto en problemas. Pero a nuestros pastores amigos de la ciudad, el pastor Jairo que salió de nuestra iglesia, que estaba en Piedra Angular, la iglesia, la comunidad Colombia, la Iglesia de la Gracia, algo así, Ciudad de Gracia de nuestro seminario que no están tan lejos de aquí. Que Dios les bendiga, que Dios les prospere, que ellos crezcan, que ellos sean bendecidos con toda bendición en los lugares celestiales. Este es el corazón de Pablo, así oraba Pablo por las iglesias.

En quinto lugar, un corazón transformado por el Evangelio produce una vida totalmente rendida a la voluntad de Dios, y por tanto solo desea aquellas cosas que Dios tiene en su voluntad. Nota cómo Pablo les deja ver su deseo en el versículo 10, el deseo que él tenía de ir a Roma. Y que no dice por qué, pero que se le había impedido. Implorando, versículo 10, que ahora al fin por la voluntad de Dios logre ir a ustedes. Él todavía no sabe si va a llegar. Pablo escribió esta carta, recuerden, de Corinto. De Corinto él iba para Jerusalén a llevar una ofrenda. Cuando él dejara la ofrenda y se devolviera, él va a intentar llegar a Roma. Entonces él dice: implorando que ahora, o sea, que le está orando, al fin después de tantos años, por la voluntad de Dios logre ir a ustedes.

Pablo vuelve a decir exactamente lo mismo con las mismas palabras al final de la carta a Romanos, en el capítulo 15 versículo 32. Comienza expresando su deseo de ir a Roma, termina la carta expresando la misma cosa con las mismas palabras. Cuando Pablo se refiere a que él fue hecho apóstol, una y otra vez Pablo dice por la voluntad de Dios. Pablo literalmente dice que él llegó a ser apóstol por la voluntad de Dios. Si lo menciona cinco veces: lo menciona en 1 Corintios 1, lo menciona en 2 Corintios 1, lo menciona en Colosenses 1, lo menciona en Efesios 1, lo menciona en 2 Timoteo 1. Apóstol por la voluntad de Dios. Pablo tenía bien claro que las cosas son cuando Dios quiere que sean.

Hermano, toda esta frustración que experimentamos con las cosas que no se dan, emocionalmente pudiéramos entenderla, pero es un sinsentido teológicamente hablando. Porque uno tiene emociones y yo sé, tenemos emociones, tenemos emociones porque somos humanos y sentimos. Pero luego de sentirla yo tengo que razonar y yo tengo que entonces sentarme y decir: sí me duele, pero comienza a cambiar ese dolor, porque las cosas son cuando Dios quiere que sean. Si no se dio, Dios no lo permitió, no lo quiso, lo paró, lo detuvo, o permitió que el infierno entero lo parara si así tú quieres.

Ahora, voy a hacer un paréntesis, seguir aquí, porque me imagino que algunos pudieran estar pensando: ah bueno, entonces cuando yo peco no está tan mal, porque Dios quiso que yo pecara. No, no, no, no, no, no, espérate, eso es confundir las iguanas con el magnesio ahora. Cuando tú pecas, tú pecas porque tú querías pecar. Tú pecas porque tú amabas tu pecado, o yo por, no sería diferente. Pecas porque amabas tu pecado más que lo que amabas, o amábamos, a Dios. Ahora, Dios nos deja pecar por la misma razón que dejó pecar por 40 años al pueblo: os condujo para humillarte, para probarte, para que vieras lo que había en tu corazón. Tomó 40 años probar a esta generación toda la maldad y corrupción que había en sus corazones, 40 años. Dios permitió eso como parte de lo que llamamos su voluntad permisiva, que es una forma de verlo. Dios tiene una sola voluntad, pero tenemos formas de analizarla, y a eso le llamamos su voluntad permisiva. Cuando Dios te ordena que no peques, que no hagas, que no digas, que no comas, en el caso del jardín de Edén, esa es su voluntad moral.

Pero hermanos, la voluntad de Dios debiera ser el deseo de todo cristiano. La voluntad de Dios debiera ser la búsqueda, nosotros realmente el deseo, la búsqueda de todo cristiano. Yo pasé ayer en la noche dos horas y quince minutos más o menos, dos horas y media, con el grupo de los adolescentes de la iglesia, ahí atrás. Y varias veces surgió la pregunta: ¿cómo yo encuentro la voluntad de Dios? ¿Cómo yo busco? ¿Cómo yo sé que esto es de la voluntad de Dios? Y tuvimos conversaciones muy buenas por todo ese tiempo. La voluntad de Dios, hermano, debiera ser la torre de control de tu vida. Pero con frecuencia hemos estado en salones de consejería donde tú claramente le muestras a alguien que eso que está pensando, esa decisión que está a punto de tomar, no puede ser la voluntad de Dios porque viola completamente lo que la Palabra de Dios enseña, y la persona insiste en querer hacerla. En otras palabras, la torre de control no me mandó a aterrizar, pero me voy a estrellar como quiera.

Pablo anhelaba ir a Roma por años. Si era la voluntad de Dios. Cuando Dios dispusiera. Solamente si formaba parte de los propósitos de Dios. Una y otra vez me han oído decir, me lo van a oír decir otra vez: los síes y los noes de la vida son los síes y los noes de Dios. Dios está en control.

En sexto lugar, un corazón transformado por el Evangelio vive una vida centrada en la otra persona y por consiguiente está más interesado en el bien del otro que en el bien propio. ¿Quién dijo eso? Mira la cruz. Más interesado en el bien del otro que en el bien del que estaba clavado. Y luego ese me dijo: mira mi espalda para que camines, para que camines tras mis huellas.

Pablo nos deja ver por qué él quería llegar a Roma. Pablo no dice: estoy loco por llegar a la capital del imperio porque me cuentan maravillas de esa ciudad, quiero llegar como turista. Es como que alguien diga: estoy loco por llegar a París, o a New York, o a no sé dónde, a Tokio. Quiero llegar a cualquier otra de las grandes ciudades del mundo. Pablo nos dice: yo quiero llegar a Roma, pero mira para qué, versículo 11: porque anhelo verlos para impartirles algún don espiritual a fin de que sean confirmados. Yo estoy loco por llegar porque yo quiero, yo he oído buenas cosas de ustedes, yo quiero bendecirlos más todavía. ¡Wow!

Pablo no especifica qué don, pero nosotros sabemos que un don es una capacidad que Dios otorga, una habilidad sobrenatural, algo que Dios da. No creo que Pablo estaba loco por llegar allá para otorgarles o darles dones de esos sobrenaturales, verdad, con lo que la gente ha hecho a través de las iglesias, incluso falsos dones de poder. Yo no creo que él se está refiriendo a eso. Yo creo que más bien, dada la persecución de la iglesia, la escasez de las iglesias en la antigua edad, lo más probable es que Pablo estaba pensando en dones de servicio, dones de amor, ágapes, de sabiduría, de consejo, de pastoreo, cosas similares. Tampoco creo que era como una varita mágica, como que iba a llegar y poner las manos y boom, los dones van a llegar, porque Dios puede hacer eso sin Pablo también. Yo creo que más bien era ayudarles a desarrollar dones que contribuirían a la edificación del cuerpo de Cristo como los que acabo de mencionar.

Lo impresionante es que Pablo quería hacer de bendición para personas que no conocía, vuelven a fijarse, y para una iglesia que no había visitado nunca. Pero esa es la capacidad que el Evangelio tiene. Nosotros hablamos del poder del Evangelio, próximos mensajes, es justamente eso del poder del Evangelio. Esa es la capacidad que el Evangelio tiene de tomar un corazón de piedra y convertirlo en un corazón de carne, de tomar un corazón egoísta que se sirve del otro o se sirve a sí mismo y convertirlo en alguien que sirve al otro, que anhelaba llegar a Roma por años para bendecir a otros.

El poder del satisfacción está en que abre los ojos de alguien que hasta ese momento miraba sus deseos, sus necesidades y sus demandas, para comenzar a enfocarse en las demandas, deseos y necesidades de otro y tratar de llenarlas. En otras palabras, tu vida no se trata de ti ni de tu fidelidad ni de tu prosperidad. No se trata de ti, hermano. Si estás casado, déjame decirlo de esta manera: esposo, tu matrimonio no se trata de ti. Se trata de Cristo primero, y luego de tu esposa, y luego de ti. Y esposa, por igual. Pero tu vida nunca se trata de ti.

Esa es la razón por la que he dicho en otras ocasiones: yo odio el evangelio de la prosperidad, odio la frase "tu mejor vida ahora". Porque si esta vida de dolor y sufrimiento es mi mejor vida, tú sabes para dónde tú vas. No es para el cielo que vas si esta es tu mejor vida ahora. Yo escribí en uno de mis libros: si el Evangelio se originó en los cielos, el evangelio de la prosperidad se originó en el infierno. Si el Evangelio de Jesucristo nos lleva a la salvación, el evangelio de la prosperidad te lleva a la condenación. Y si el Evangelio de Cristo tiene promesas eternas garantizadas, el evangelio de la prosperidad contiene mentiras temporales y vacías.

La meta de Pablo es impartirles algún don, dada su autoridad apostólica. Cuando el Evangelio moldea tu vida, tú adquieres madurez, madurez espiritual. Cuando el Evangelio es comprendido, no en términos gramaticales o semánticos como yo decía, sino en términos de las verdades eternas, tu mente madura. Y la mente espiritual madura incluye una vida centrada en el otro, incluye una vida interesada en darle al otro más de lo que el otro puede darte a ti.

Si eso suena como extraño, no, eso no es tan extraño. Es la vida normal de padres. Pero me voy a enfocar momentáneamente en madres que comienzan a dar desde que están embarazadas, interesadas. Tú sabes las veces que he tenido que conversar con madres embarazadas que necesitan ser medicadas, y el cuidado que esa madre tiene, y las preguntas que te hace: "¿Este medicamento no tiene la posibilidad de alguna forma remotamente de que pueda afectar a mi bebé?" Porque ya está más interesada en darle al otro que en lo que sea que el otro puede darle. De hecho, ese bebé no puede darle nada a su madre. De hecho, ese bebé de pequeño tampoco tiene el interés de darle nada a su madre. Lo penoso es que después que crecen tampoco tienen el interés muchas veces de darle nada a sus padres ni a su madre. Y todo el tiempo, todo el tiempo, todavía bien interesado en darle más al otro que lo que ese otro quiere devolverle.

Hay un video por ahí que yo he visto de este padre de 93 años que supuestamente lo paró la policía porque iba en exceso de velocidad. Y él va al juez, al juez de eso para en Estados Unidos que atiende multas de este tipo de infracciones. Y el juez le pregunta: "Señor, ¿cuántos años usted tiene?" "93 años." "¿Y usted iba conduciendo en exceso de velocidad?" Y él dice, con una voz tierna de un hombre de 93 años: "No, juez. Yo tengo 93 años de edad, yo conduzco muy lento. Y yo estaba llevando a mi hijo de 63 años para que le sacaran sangre porque él está incapacitado." 93 años y criando todavía, porque ese es el amor de padres que tiene en su corazón lo que el corazón de Dios tiene, pero de manera infinita.

Escucha las palabras de Pablo, un corazón transformado por el Evangelio, el que quiere impartirle alguna bendición a los romanos. Escucha cómo les escribía a los tesalonicenses en su primera carta, en el capítulo 2, versículos 7 al 9: "Más bien demostramos ser benignos entre ustedes, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos. Teniendo así un gran afecto por ustedes, nos hemos complacido en impartirles no solo el Evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues llegaron a ser muy amados para nosotros."

Cuando el creyente logra entender el Evangelio, lo que costó escribirlo con sangre —la vida de Jesús fue el lápiz, la pluma con la que se escribió, y su sangre la tinta con la que se escribió el Evangelio— esa persona termina siendo capacitada para amar incondicionalmente. Hasta el punto que a la hora de pastorear a un grupo de personas o hablar a un grupo de personas, está dispuesto a darles o a compartir no solamente el Evangelio, sino también nuestras propias vidas. Porque el corazón transformado por el Evangelio ama a Dios y ama al otro. Y ahora por el otro, y ahora cuando el otro peca, y ahora cuando el otro peca contra él, no tanto por el dolor, sino por las consecuencias que vendrán.

En séptimo lugar, un corazón transformado por el Evangelio posee una actitud de humildad hacia los demás y entiende que todos nosotros tenemos necesidades, que por consiguiente necesitamos una comunidad de creyentes para ministrarnos mutuamente. Una comunidad de creyentes para ministrarnos mutuamente. Mira lo que dice el versículo 12: "Para que cuando esté entre ustedes nos confortemos mutuamente, cada uno por la fe del otro, tanto la de ustedes como la mía."

Pero a ver, de a ver el asunto: tú eras Pablo, tú fuiste al tercer cielo, Cristo te enseñó el Evangelio por medio de una revelación, te entrenó por tres años, y ahora tú quieres llegar a Roma a una iglesia que tú no conoces, de gente que tú nunca has visto, y tú entiendes que tú puedes confortarlos a ellos, lo cual entiendo, tú eres un apóstol. ¿Pero que ellos te puedan confortar a ti? Claro, para que nos confortemos mutuamente por la fe, cada uno por la fe del otro. Claro, es porque Pablo entendió: cuando llegue a Roma, Dios puede usar a los romanos, los cristianos romanos en esta iglesia, para dejarme ver lo que Dios ha hecho. Y cuando yo vea y oiga de parte de ellos lo que Dios ha hecho en ellos, de dónde los trajo, cómo los está sosteniendo, cómo los está protegiendo, yo voy a ser confortado en mi fe. Porque el Dios que también me ha tratado de una manera similar ahora va a cobrar otra dimensión cuando yo pueda ver que Él sigue haciendo cosas similares en la vida de otros.

De manera que nosotros, al compartir la fe, lo que hemos creído y la obra de Dios en cada uno de nosotros, podemos experimentar consolación, fortalecimiento de espíritu, compañía y hasta confrontación. Hasta quedar confortados mutuamente por la fe del otro. No es simplemente la fe del apóstol para los discípulos, no; la de los discípulos para el apóstol.

Y en octavo y último lugar, un corazón que ha recibido el impacto del Evangelio —esa es la palabra: impacto— siempre está deseoso de que otros puedan llegar a conocer el mismo Evangelio a través del cual él recibió liberación. Pablo no solamente quería ver gente que ya había creído. De hecho, la razón para querer llegar hasta Roma y luego hasta España, si le fuera posible, es porque todas las regiones que estaban como a su alcance ya el Evangelio se había predicado. Y él habla de que había predicado desde el Ilírico hasta, bueno, desde Jerusalén hasta el Ilírico. Ahora estaban en el sur de Europa, como Albania en el día de hoy.

Y él dice: "Escucha, es que yo quiero, yo quiero que otros oigan ese Evangelio." Mira el versículo 13: "Y no quiero que ignoren, hermanos, que con frecuencia he hecho planes para ir a visitarlos, pero hasta ahora me he visto impedido, a fin de obtener algún fruto también entre ustedes, así como entre los demás gentiles." Algún fruto. La palabra "fruto" tiene diferentes acepciones en el Nuevo Testamento, pero aquí no hay duda que tiene que ver con nuevos conversos.

Si tú pudieras decirme cómo tú sabes, bueno, sigue leyendo. Yo creo que está claro. Escucha ahora el versículo 14: "Tengo obligación tanto para con los griegos como para con los bárbaros, para con los sabios como para con los ignorantes." Así que, por mi parte, ansioso estoy, ansioso, deseoso, me siento compelido de anunciar el Evangelio también a ustedes que están en Roma. Sí, pero el anuncio del Evangelio es a bárbaros, a griegos, ignorantes, sabios. Ese es el fruto. Él dice: "Yo quisiera poder obtener algún fruto entre ustedes, entre ustedes que están viviendo en Roma." Y la razón es que yo tengo una obligación, yo me siento bajo obligación. "¡Ay de mí si no predico el Evangelio!", escribió Pablo en una ocasión.

Y Pablo usa cuatro palabras aquí para referirse a dos grupos, simplemente, no a cuatro grupos diferentes. "Yo me siento obligado con los sabios, con los ignorantes, con los bárbaros, con los griegos." Eso es un bloque. Otro, regreso al texto. Bueno, los griegos eran los que se veían como sabios. Para ellos eran los sabios: los que hablaban griego, los que tenían cultura griega, los que habían sido cultivados por maestros del pasado. Ok, ahí está. Eso eran griegos y sabios. Esas dos palabras representaban un mismo grupo. Y luego los bárbaros e ignorantes. Bueno, para los griegos, los bárbaros eran aquellos que no tenían nada, no tenían la cultura griega, ni hablaban griego, ni habían sido cultivados por los maestros del pasado, y por tanto eran ignorantes.

Pablo dice: "Yo tengo obligación con todo el mundo. Los que tienen educación y los que no tienen educación, los que se consideran sabios y los que se consideran o son considerados como ignorantes." Pablo entendió perfectamente la Gran Comisión: gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación tiene que llegar a creer. Si son poderosos, yo tengo obligación con ellos; y si no tienen mucho poder, no pueden, no tienen poder de existir, yo también tengo obligación con ellos. Los poderosos y los sabios no están por encima, en una categoría superior a aquellos que no pueden en la sociedad.

Pablo tenía muy claro que Cristo no vino ni a Atenas, ni a Roma, ni a Alejandría, la gran ciudad de la antigüedad. No, no, Él vino a Belén. Y después de Belén, cuando creció, estuvo en Galilea, en la provincia de Galilea. Y los galileos eran campesinos. La mayoría de los sabios de aquel tiempo no querían saber del Evangelio, no quisieron oír el Evangelio. Y si lo oyeron, no lo creyeron. La mayoría de los sabios, de los que se consideraban sabios —aunque ahora ese número ha aumentado mucho, como tú lees las redes sociales, todo el mundo es un sábelo todo.

Escucha lo que Pablo escribió a los corintios en su primera carta, para ir cerrando, capítulo 1, versículos 20 al 25. Te lo voy a leer en la Nueva Traducción Viviente: "Así que, ¿dónde deja eso a los filósofos, a los estudiosos y a los especialistas en debates de este mundo? Dios ha hecho que la sabiduría de este mundo parezca una ridiculez. Ya que Dios, en su sabiduría, se aseguró de que el mundo nunca lo conociera por medio de la sabiduría humana, usó nuestra predicación ridícula para salvar a los que creen. Es ridícula para los judíos que piden señales del cielo, y es ridícula para los griegos que buscan la sabiduría humana. Entonces, cuando predicamos que Cristo fue crucificado, los judíos se ofenden y los gentiles dicen que son puras tonterías. Sin embargo, para los que Dios llamó a la salvación, tanto judíos como gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. Ese plan ridículo de Dios es más sabio que el más sabio de los planes humanos, y la debilidad de Dios es más fuerte que la mayor fuerza humana."

Puedo dejar caer el micrófono y nos vamos. Es el apóstol Pablo escribiendo a los corintios. A pesar de todo eso, él dice: "Yo estoy obligado con sabios, con griegos —mismo grupo—, con bárbaros, con ignorantes —el mismo grupo—, porque yo tengo obligación con todos, tanto gentiles como judíos."

Que el Señor nos ayude y que nosotros queramos y pidamos que nuestro corazón sea transformado por el Evangelio, para vivir como es digno del Evangelio, una vida digna de su llamado, que es el tema completo de "Por Su Causa" en Monterrey, México, octubre 31 a noviembre 2. Amén.

Padre, gracias. Gracias porque pudiéramos pasarnos toda la vida hablando de lo que implica y cómo luce una vida digna de su llamado. Gracias por alcanzarnos. Gracias por escribir, Jesús, el Evangelio con tu pluma, que fue tu vida, y con tu sangre, que fue la tinta con la que lo escribiste. Padre, nosotros no estamos de aquel lado anterior al Evangelio; nosotros estamos del otro lado. No tenemos excusas para no entenderlo a cabalidad. Ayúdanos ahora a apropiarnos y pedir todos los días que las realidades detrás del Evangelio —creo que de eso oraba el pastor Chacho al principio— nos transformen radicalmente para la gloria tuya, en Cristo Jesús. Amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.