IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
El primer viaje misionero de Pablo y Bernabé comenzó de manera ejemplar: ayuno, oración, unidad en medio de la diversidad, y un llamado claro del Espíritu Santo que dijo, envió y capacitó. Pero el segundo viaje arrancó de forma muy distinta. Después del conflicto en el concilio de Jerusalén y la separación dolorosa entre Pablo y Bernabé por causa de Juan Marcos, el texto bíblico registra un cambio revelador: "Pablo dijo", "Pablo consideró", "Pablo escogió". El Espíritu Santo no aparece en esos versículos. La idea de visitar a los hermanos no era mala, pero estaba siendo ejecutada sin la guía divina que había caracterizado el inicio.
Dios, sin embargo, no abandona a los suyos. Después de unos ochocientos kilómetros caminando, el Espíritu Santo finalmente habla, aunque sus primeras palabras no fueron alentadoras: "Cállense" y "van mal rumbo". Solo cuando Pablo recibe la visión del hombre macedonio aparece nuevamente el lenguaje del llamado genuino. Lo que ellos no sabían era que Dios los estaba dirigiendo hacia Europa, un continente que se convertiría en puente para llevar el evangelio al mundo entero. Dios conoce la geografía y la historia mejor que nadie.
La lección es clara: si hombres como Pablo y Bernabé, que vieron llamas de fuego del Espíritu Santo sobre sus cabezas, pudieron desviarse, ninguno de nosotros está exento. Pero el juego no termina hasta que termina, y hoy sigue siendo un buen día para corregir el rumbo y volver a lo básico: oración, ayuno, unidad, evangelismo y dependencia total del Espíritu de Dios.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Hoy nosotros vamos a estar viendo Hechos 16 del 6 al 10. Hemos titulado este sermón "Corrigiendo el rumbo". Pero antes de llegar a ese texto, nosotros vamos a echar hacia atrás para poder aquilatar esta historia. Y esta es una historia que quizás yo espero que a todos nos guste, porque por lo regular a las personas les gustan estas historias de grandes rebases, de una persona que está atrás perdiendo y de buenas a primeras acelera y puede ganar la carrera.
Si ustedes recuerdan, yo no sé si ustedes habrán visto la película Carros de Fuego. Hace mucho tiempo de eso, pero ahí había un corredor inglés que fue misionero, que sea de paso. Y él corría en 100 metros planos, los pusieron a correr a 400 porque él guardaba el día del Señor. Y ahí, faltándole aire, llegando a la meta, abre los pulmones, está la música tocando y el hombre cruza la meta y se gana la medalla. ¡Wow! Película famosa y se ganó como cuatrocientos Óscar.
Pero también nosotros recordamos, los que nos gusta el béisbol, la vez de la maldición del Bambino, que los Medias Rojas de Boston no podían ganar una serie mundial, tenían más de 80 años sin ganar. Ahí aparecieron unos dominicanos: el Papi David Ortiz, Pedro Martínez, etcétera. Y después de estar 3-0 ganándoles los Yankees, tres juegos abajo, vinieron, ya solamente faltaba uno, y vinieron de abajo. Los Medias Rojas de Boston ganan ese juego y ganaron la serie, y después ganaron la Serie Mundial. ¡Wow! Plátano power, no es justo eso.
Los que les gusta el fútbol, el Maracanazo. Es una final de un mundial, Brasil está ganando en el segundo tiempo a Uruguay, el estadio Maracaná encendido. Y resulta que viene Uruguay, comienza a meter gol, meter gol, meter gol, campeón del mundo Uruguay. El Maracanazo. Todavía a un brasileño no le hace mucha gracia que le recuerden eso. A los uruguayos sí. Saludos, Uruguay.
Esas historias nos gustan, y esto es más o menos una historia así. Una historia que empieza bien, hay un desvío, pero termina bien. Y esta historia comienza en Hechos capítulo 13 realmente. Allá empieza, y allá en Hechos capítulo 13 nosotros vemos la iglesia de Antioquía.
Dice en el versículo 1: "En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Níger" —es decir, negro. En aquella época no había problemas con eso. Es igual que nosotros lo decimos: mi negrito, mi negro querido, mi negra, ¿cómo estás? Era más o menos lo mismo. En aquella época, ¿quién le toca predicar hoy? Al negro. Era normal— "Simón llamado Níger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo".
Como ustedes están viendo, esta composición es una composición diversa en raza, en posición social, inclusive en dones y talentos. Nos habla de que había profetas y maestros. Los profetas del Nuevo Testamento eran maestros inspirados que tenían una inspiración especial del Espíritu Santo. Eran personas no necesariamente con formación académica, pero que hacían énfasis en la exhortación y en la edificación. ¿De dónde sacamos eso? Si te interesa, anótalo para después: Hechos 15:32, Hechos 11:23 y 1 Corintios 14:4. Ahí ustedes van a ver cómo eran estos profetas del Nuevo Testamento.
Los maestros, ellos enseñaban principalmente a los convertidos sobre las creencias y deberes propios de la fe cristiana. Y eran personas quizás un poquito más académicas, si se quiere. Según esta composición, cuando los eruditos en estos idiomas originales la analizan, entienden que los primeros eran profetas y los últimos dos eran maestros. Es decir, que Saulo y Manaén eran maestros mientras los demás eran profetas. Una iglesia diversa, unida y que estaba trabajando para el Señor.
¿Qué dice el versículo 2? Miren el ambiente que había en esta iglesia. "Mientras ministraban al Señor..." Esa palabra "ministraban" es interesante, porque es una palabra de donde viene nuestra palabra liturgia. Pero esa palabra en tiempos atrás significaba obras públicas. Es decir, el metro de Santo Domingo es una liturgia, es una obra pública, o un puente es una liturgia. En este caso, ellos estaban haciendo una obra pública; los hermanos que estaban aquí estaban dentro de una liturgia, estaban ministrando de manera pública. Y eso es lo que estaban haciendo ellos, ministrando de manera pública.
"Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apártenme a Bernabé y a Saulo". Noten, si es cierto lo que dicen los eruditos, el Espíritu Santo está llamando ahí de manera equilibrada a un profeta y a un maestro. "Apártenme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, después de ayunar y orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron. Ellos pues, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia", etcétera.
Me encanta este ambiente. Aquí, noten cómo dice que el Espíritu Santo llamó, llamó para estar delante de Él. Pero no solamente eso, sino que Él, el Espíritu Santo, dice en el versículo 2: "Dijo". El Espíritu Santo en el versículo 4 dice: "Enviados por el Espíritu Santo". Y en el versículo 9 dice: "Lleno del Espíritu Santo". Es decir, que la obra del Espíritu Santo está muy activa en este llamado.
Pero no solamente es que Él llamó para que le apartaran a Bernabé y a Saulo, sino que aquí hay dos palabras interesantes que en español es la misma —enviado—, pero en el original no. La primera, en el versículo 3, cuando dice "haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron", significa que los hermanos los liberaron de todas las actividades que ellos estaban haciendo para que pudieran estar libres para ir. Pero la segunda, "enviados por el Espíritu Santo", implica que el Espíritu Santo los capacitó, los capacitó para poder ir.
Esa palabra tiene la misma raíz de lo que vemos en 3 Juan versículo 6: "Harás bien en ayudarlos a proseguir su viaje". Ese término "ayudarlos a proseguir su viaje" en el original es una sola palabra. Y viene de la misma raíz de esta de ser enviado. O sea, cuando usted ayuda a alguien a proseguir su viaje, en el contexto de 3 Juan no es que usted lo va a llevar a la parada. Que en aquella época no había parada de camellos, que yo sepa. ¿La habría? A lo mejor sí, pero no era llevarlo al pasaje de guagua, de autobús, ¿no? Pero no era llevarlo a la parada de camellos, si es que había alguna o algo así. No, era equiparlo para que pudiera seguir su viaje y hacer la obra de Dios. Y esta raíz es la misma de este término enviar.
El Espíritu Santo los capacita, los llama y los envía. Y noten que en un ambiente de ayuno y oración, después de recibir instrucción por el Espíritu Santo, ellos vuelven a orar, les imponen las manos y los envían. Tremendo, ¿eh? Tremendo.
Los mejores, quizás los mejores dos candidatos del grupo. Eso también es interesante. Yo recuerdo un hermano que nos contaba que en una denominación muy popular decían: "El que está más carpeta en una iglesia, mándalo a plantar una iglesia para que sepa cómo es la cosa". Eso realmente no es una motivación para mandar a plantar una iglesia: saca de ahí el que es más carpetoso, verdad, el que da más problema. No es así. Probablemente fueron los dos mejores candidatos. Quizás no, quizás sí. Pero lo que sí sabemos de manera objetiva es que el Espíritu Santo, a Dios, lo único que reveló en el resto del Nuevo Testamento fueron las obras de Bernabé y de Saulo, y no conocemos más de los demás.
En resumen, aquí tenemos mucho ayuno, oración, servicio, unidad en medio de la diversidad y un llamado sobrenatural del Espíritu Santo. Está precioso cómo empieza este viaje. Está precioso. Y esta historia empieza así, de una manera muy bonita, la verdad.
Pero esta historia sigue, y nosotros vamos a ver ahora un concilio perturbador. En Hechos capítulo 15, después que ellos están predicando, nosotros vemos que acontece algo extraño. "Y si algunos llegaron de Judea enseñaban a los hermanos" —después que ellos predicaron en muchos sitios, dice—: "Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos".
Esto está feo, porque ahora estos hermanos judaizantes están llegando y les están diciendo a los nuevos convertidos: "Ustedes tienen que guardar la ley de Moisés". Pero era contrario a lo que entendían Bernabé y Pablo.
Hay una discusión ahí. Hay una disensión, dice la Palabra de Dios en el versículo 2: "Como Pablo y Bernabé tuvieron gran disensión y debate". Gran disensión y debate. Una discusión tremenda. Y ese término "debate" denota un acto de expresar diferencias de opinión contundente sin necesariamente buscar una solución. Aquí no estaban buscando una solución. Estaban debatiendo para conquistar al otro a su punto de vista.
Yo me imagino que los judaizantes dirían: "Bueno, todo esto que está diciendo Bernabé, Pablo y todo esto nuevo está muy bien, y reconocemos al Mesías, está muy bien. Pero no podemos olvidarnos del Antiguo Testamento y de la ley de Moisés. No podemos olvidarnos de eso. Son miles de años predicando el evangelio o predicando la ley de Moisés. Por lo tanto, esto nuevo tiene que ajustarse. No podemos desechar como que todo lo anterior era malo".
Y yo me imagino a Bernabé y Saulo discutiendo también: "No, no, no, no. Esto es algo nuevo. ¿Odres nuevos? Sí, vinos nuevos, totalmente". Yo me imagino que dirían: "Bueno, es odres nuevos y parche nuevo. Parche nuevo con odres nuevos se va a conservar uno con otro. Por lo tanto, tenemos que hacer algo totalmente diferente". Ya está el debate, la contienda.
Después de eso fueron, versículo 5, y tuvieron un concilio. Se reunieron en Jerusalén, que es la iglesia de donde está partiendo todo. Dice: "Pero algunos de la secta de los fariseos que habían creído se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la ley de Moisés".
Sigue la discusión y el debate. "Todo esto está muy bonito. Todo esto del derramamiento del Espíritu Santo está muy bonito. Todo está perfecto, muy bien. Pero tenemos que decirles a los demás que se circunciden si quieren ser salvos". Tremendo debate.
Y ahí la iglesia de Jerusalén estaba, y la iglesia, el cristianismo en sentido general, estaba pasando al borde de un cisma. ¿Qué hacía? ¿Se convertía en una secta judía regresando al judaísmo, o seguía el camino del cumplimiento de todas las profecías y se convertía en el verdadero judaísmo, por decirlo así? ¿Qué iba a ser la iglesia de Jerusalén? ¿Había argumentos a favor? ¿Había argumentos en contra? ¿Buenos hermanos de un lado? ¿Buenos hermanos del otro? Quizás buenos argumentos. Estaba trancada la cosa. Y cada uno quería convencer al otro de su posición. No había una búsqueda de un punto intermedio. No había una búsqueda de una reconciliación. Aquí era un asunto de: yo tengo las razones, todas las razones, y tú estás totalmente equivocado. Esa era la única estrategia. Y obviamente ambas partes estaban fuertes en su punto.
Hasta que aparece Santiago. Aparece Santiago y cita Amós 9 del 1 al 12. Y esto que aparece Santiago lo leemos en Hechos 15 a partir del versículo 13. Dice: "Cuando terminaron de hablar, ya todo el mundo expuso, Jacobo tomó la palabra y dijo: Escúchenme, hermanos. Simón ha relatado cómo Dios al principio tuvo a bien tomar de entre los gentiles un pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David que ha caído, y reedificaré sus ruinas y lo levantaré de nuevo, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles que son llamados por mi nombre, dice el Señor, que hace saber esto desde tiempos antiguos."
Genial. Para hacer esto, algunos comentaristas dicen que Santiago, o Jacobo, tuvo que haber tenido estudios de diferentes pasajes y escogió Amós 9:11 porque era como un resumen de varios pasajes veterotestamentarios. Y él está dando un giro a la cuestión diferente. Ha puesto más que un asunto de proselitismo; ha puesto ahora el asunto en términos escatológicos, en términos de profecía.
Mis queridos hermanos, la Palabra de Dios es sólida. El Antiguo Testamento es sólido. Lo que decía el Antiguo Testamento es verdad. Lo que enseñaba Moisés es verdad. Y ahí está dicho en los profetas que los gentiles iban a ser incluidos. Por lo tanto, esto otro que estamos viendo, que Pedro ha relatado y que todos nosotros hemos sido testigos de que Dios ha aprobado algo, de que el Espíritu Santo se ha derramado sobre los gentiles, es que estamos viviendo en unos tiempos nuevos y diferentes. No contrario a los antiguos, sino validando lo antiguo; ahora se está cumpliendo y estamos viviendo unos tiempos diferentes.
¡Wow! Contentos los judaizantes y contentos mis hermanos. Ahí estamos nosotros, los gentiles, y todos los demás. Todos nosotros contentos. Por fin se entendió la cosa. Y ahí hubo reconciliación, ahí hubo, caramba, abrazos. Yo no estaba ahí, pero me lo imagino. Yo estoy un poquito viejo, pero no pa' tanto. Yo no estaba ahí, pero me imagino eso. Y todos estuvieron muy contentos, escribieron alguna carta y le enviaron a todos los demás hermanos, y ahí se juntaron para llevar estas conclusiones a todas partes donde habían predicado.
La historia terminó bien, pero mientras tanto, todo este tipo de malestar, de forcejeo, de lucha, de conflicto, deja cicatrices. Deja cicatrices. Y más adelante surge una buena idea, pero que fue mal ejecutada. Dice en versículo 36 del capítulo 15, ya nos vamos acercando a nuestro texto: "Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos y visitemos a los hermanos en todas las ciudades donde hemos proclamado la palabra del Señor." Una buena iniciativa: vamos a visitar a los hermanos. Y ese término "visitar a los hermanos" es: vamos a ver cómo están. De hecho, el término en el mismo texto en español lo dice: vamos a ver cómo están estos hermanos. No era una visita social meramente, sino ver, darle un abrazo, compartir una tacita, no de café, porque me imagino que en aquella época no había el café que nosotros conocemos al día de hoy, pero sí compartieron un rato y ver cómo estaban estos hermanos.
La idea no es mala, es buena, pero noten algo. Miren el versículo 36: Pablo dijo. Versículo 38: Pablo consideraba. Versículo 40: Pablo escogió. Y el versículo 16:3: Pablo quiso. Pablo dijo, consideraba, escogió y quiso. ¿Dónde está el Espíritu Santo ahí? ¿Usted se dio cuenta? No aparece. ¿No está el Espíritu Santo? Y en el primer viaje aparecía: el Espíritu dijo, el Espíritu llamó, el Espíritu capacitó, separaron a Bernabé y a Pablo y salieron, y tú te contenti. Pero aquí no. Aquí Pablo dijo, Pablo consideraba, Pablo entendió y Pablo quiso. Y era mala la idea, no, no era mala la idea, pero está siendo mal ejecutada. ¿Por qué no aparece Dios? No aparece Dios por ningún lado.
¿Cuál fue una parte de estas consecuencias? Versículo 39. Resulta que en el viaje se narra que en el primer viaje había un joven que era sobrino de Bernabé: Marcos. Y este joven en el viaje dijo: bueno, esto está muy duro, esto está difícil. Aquí ya están amenazando a la gente, dándole golpes, suenan sus pedradas, el barco se mueve. Si hay gente que no le gusta una turbulencia de un avión, imagínense tener un barco. Yo no sé si alguna vez han salido con un barquito mar afuera de noche. Eso se ve feo, eso está oscuro. Y aun de día, cuando usted se va a tirar, si usted le gusta bucear lo que sea en alta mar, usted es lo primero que mira así del bote. Yo no sé si es exceso de imaginación, pero usted no sabe si hay un tiburón que lo está esperando. Allá va. No es bonito la cosa, usted como que lo piensa. ¿Y si está arado? ¿No está arado? Porque usted no sabe lo que hay. Es por fe. ¿Y si está estirado? Y eso de espalda, si tiene un tanque. Imagínense ustedes en estos barquitos en aquella época: mar sube, mar baja, que relampaguea, que la tormenta. No era grato. Y cuando usted llega, lo que tiene es problema, lío, golpes, pedradas. Ahí no, yo aquí me devuelvo. ¿Me devuelvo?
Pablo qué dijo. Bernabé decía: Pablo, vamos a llevar al joven Marcos. Y dice, Bernabé, que se acostumbra el muchacho. Amano ese muchacho. Yo no voy a llevar al muchacho. No es verdad. Bernabé quizás pudo haberle dicho, yo no estaba ahí tampoco pero lo imagino, Bernabé quizás le pudo haber dicho: Mira, Pablo, tú te acuerdas que aquí nadie te quería, tú estabas en un zafacón ministerial, y fui yo que te busqué, fui yo que te presenté a los apóstoles. Yo te busqué de allá para que sirvieras en Antioquía. Que dale un chance, así como Dios te dio una oportunidad, vamos a darle una oportunidad a Juan Marcos. No señor, no voy para ningún lado con él.
Dice que se produjo un desacuerdo tan grande, un conflicto, un problema, una disensión. De hecho, la palabra nos está ilustrando como si fuera un exceso en emociones. Hubo un desacuerdo grande entre ellos dos, al punto que Bernabé cogió a Juan Marcos y se fue a Chipre. ¿De dónde era Bernabé? De Chipre. Nunca he estado ahí, pero por las fotos que he visto hay acantilados muy bonitos, parece que el clima es medio tropical, hay aguas transparentes, muy bonito Chipre. Yo me imagino siempre a Bernabé allá en Chipre, tranquilo con Marcos, debajo de una mata de coco, bebiendo piña colada sin alcohol. Tranquilo, sin tanto problema, tanto concilio, tanto lío. Allá tranquilo cogiendo fresco, mi casa, mi sobrino. De hecho, la tradición dice que Bernabé fue el primer obispo de la iglesia en Chipre y que murió martirizado finalmente allá.
Pero él se fue para allá. Pablo, sin embargo, agarró y siguió. Cogió a Silas y dijo: seguimos. ¿Y qué pasó? Dice el versículo 40: "Pero Pablo, escogiendo a Silas, partió siendo encomendado por los hermanos a la gracia del Señor." Noten que ahí no hay un llamado y tampoco hay un envío, que es lo que dice: siendo encomendado. No podemos hacer más nada, tenemos que ceder. A Pablo se le metió esto en la mente y uno le pone bajo la protección de la gracia de alguien, en este caso de la gracia del Señor. Pablo, que Dios te bendiga, Dios te guarde y te ampare en el camino. Suerte. Y así es que empieza el segundo viaje misionero. Oigan qué perla. Oigan qué perla. Así empieza el segundo viaje misionero.
Sin embargo, aparece más adelante el Espíritu Santo. Viene en el versículo 6, que es el texto de nosotros de este día. Hechos 16:6. Dice: "Pasaron por la región de Frigia y Galacia, habiendo sido impedidos..." Aquí está, por el Espíritu Santo. Apareció el Espíritu Santo. "Habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia." Por fin apareció el Espíritu Santo.
Para que ustedes vean dónde ellos estaban, Frigia y Galacia: más o menos como 800 kilómetros recorridos a pie. Eso es como ir cuatro veces de aquí a Barahona. Eso es como ir de Santo Domingo a Barranquilla, subiendo una carretera, cruzando todo el mar Caribe a pie. Eso les tomó aproximadamente dos meses caminando. Después de caminar dos meses, ahora habla el Espíritu Santo por primera vez, estando ellos ya bien lejos. ¿Y qué les dice? "Habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra." Cállense. ¿Eso fue? Lo primero que le dice el Espíritu Santo aquí cuando habla es: cállense la boca. No está muy alentador el viaje hasta ahora, ¿no?
Dice, bueno, cuando llegaron a Misia intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús apareció otra vez. El Espíritu de Jesús no se lo permitió. Segunda vez que habla el Espíritu Santo, ¿qué les dice? Están perdidos, cállense y van mal. No suena bonito.
Ellos iban a ir por Bitinia. Eso está como por el noreste de Turquía. Quizás iban a entrar ya al continente asiático más propiamente dicho, por ahí por donde está Siria, y iban a seguir hacia adentro. Quizás podrían cruzar Irak, Irán, Afganistán, Pakistán y todo lo que sigue, cómo están, hasta más lejos. Podían haber llegado a la India, podían haber llegado a la China, podían haber visto culturas muy fuertes, pero territorios muy vastos, muy difíciles. ¿Quién sabe lo que hubiera pasado por ahí? ¿Quién sabe? Sin embargo, ese no era el plan del Espíritu de Dios.
Dice: "Por la noche, entonces, pasando por Misia, descendieron a Troas." Y no es lo que pasa aquí. Por la noche se le mostró a Pablo una visión. Ahora comienza a parecer Dios guiando de una manera más directa. Un hombre de Macedonia, su figura, estaba de pie suplicándole: "Pasa a Macedonia y ayúdanos."
Cuando tuvo la visión, enseguida —noten el lenguaje— enseguida procuramos ir a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el Evangelio. Por primera vez aparece el término "llamado". Ahora sí Dios los está llamando y le está señalando un rumbo a donde ir. Pero ese es un rumbo extraño. De hecho, cuando ellos cruzaron al otro lado, apareció una niña que era adivina. Dios mismo estaba enviando, Dios mismo estaba enviando.
Porque lo que ellos no sabían es que estaban entrando —o sabían, pero no conocían la dimensión de este continente— al continente europeo, a Europa. Lo que nadie sabía en ese momento es que había otro continente que iba a ser descubierto después, llamado —que se le puso después— América. Y resulta que Europa iba a estar en el medio de todo lo que se iba a hacer: para África hacia el sur, hacia Asia y Oceanía en el este, y hacia el oeste, América.
Y Dios iba a traer un desarrollo industrial, social, económico que iba a poder hacer que, a través de estos conceptos y esta cosmovisión cristiana, la ciencia se desarrollara y pudieran tener apoyo para muchísimos viajes misioneros. Y de Europa, entonces, comienza a surgir hacia todas partes —sur, este y oeste, hacia todas partes— el Evangelio de Cristo. Pero eso no lo sabía Pablo. ¿Pero quién lo sabía? Dios, que es el que sabe mejor que nadie de geografía. Y sabe de historia. Por lo tanto, si Él es el que ha creado el mundo y Él tiene su plan, es mejor ceñirse a los planes de Él, que son mucho mejores que los nuestros, mucho mejores que los nuestros.
Y ahí fueron ellos, entendiendo ya que Dios los había llamado. Noten la guía del Espíritu Santo y el lenguaje de que ya definitivamente Dios los ha llamado a seguir a un sitio con unas rutas trazadas. Increíble.
¿Cómo se comienza bien pero podemos perder el rumbo en el camino? Mis hermanos, permítanme darles algunas sugerencias sobre qué hacer con esta historia, algunas sugerencias a manera de ir concluyendo.
Lo primero es, mi querido hermano, no nos excluyamos del problema. Uno pudiera sentarse aquí y decir: "¡Wow! Pero la verdad que ese Pablo, qué bárbaro. ¿Y Bernabé? ¿Cómo se va a coger, se va a piñacolada para allí? ¿Para Chipre? Es una cosa terrible. Y Marcos salió corriendo. ¿Tú ves el problema que tú causaste?" No, no, no. Esa no es la idea. No nos excluyamos del problema. Vamos a incluirnos todos: tú, yo, los que están viendo ahora por televisión, todos vamos a incluirnos aquí.
¿Por qué nos podemos incluir aquí? Porque estamos hablando de gente como Pablo, como Pedro, como Bernabé, y estamos viendo sus fallos. Algunos de ellos, inclusive, se nos dice que en Pentecostés tuvieron llamas de fuego por el Espíritu Santo sobre sus cabezas. Yo no conozco ningún predicador —que yo sepa, por más famoso que sea— que haya tenido una llama de fuego sobre su cabeza. A menos que haya explotado un tanque de gas o cosa así, a ver. Pero por lo regular, no conozco a nadie que haya tenido una llama de fuego sobre su cabeza.
Si eso es con este tipo de personas que tienen llamas de fuego sobre sus cabezas del Espíritu Santo, mi hermano, ¿qué tú no le dejas a usted y a mí? ¿Qué usted no le deja a usted y a mí, mi hermano? Por lo tanto, si ellos fallaron, nosotros hemos fallado, estamos fallando o fallaremos en el futuro. O las tres cosas a la vez. O sea, que no nos excluyamos del problema como personas.
¿Como iglesia? Como iglesia tampoco nos excluyamos. Esta, la que nos está viendo por televisión, y todas las demás. No nos excluyamos. ¿Por qué no debemos excluirnos? Bueno, porque aquí estamos hablando de iglesias como Antioquía, que fue quien llevó el peso del Evangelio y de las misiones en el Nuevo Testamento, en la iglesia primitiva. Estamos hablando de iglesias como Jerusalén. Estamos hablando de muchísimas iglesias como Éfeso, Filipos, etcétera, etcétera. Muchas iglesias del pasado que, cuando usted las busca el día de hoy, ¿saben dónde están? En ningún sitio. En ningún sitio. Desaparecieron.
Quizás alguno de ustedes ha escuchado a un gran predicador como Spurgeon. Si no le ha escuchado, por lo menos lo ha leído. Porque si le escuchó, bueno, hace un tiempo ya que está muerto. Y si le escucha recientemente, salga corriendo, porque él murió hace mucho. Pero este hombre fue un gran hombre de Dios, y la iglesia que él pastoreaba en Londres es chiquitica. Es más, ahora mismo lo que es, es más un centro de turismo.
Entonces, no nos excluyamos como iglesia, porque estamos leyendo las historias de iglesias quizás dirigidas por hombres mejores de lo que nosotros podemos imaginar, y que tuvieron y vieron el poder de Dios de una manera que quizás nunca nosotros veremos. Por lo tanto, no nos excluyamos como iglesia.
Pero vamos a citar a un par de personas. Mire, esto no es nuevo tampoco. La iglesia en Occidente está declinando en sentido general. Chuck Colson, en 1983, escribió: "La iglesia ha sido llevada al mismo sistema de valores del mundo: fama, éxito, materialismo y celebridad. Miramos a las iglesias y sus líderes exitosos como nuestros modelos." Hace seguido.
Hubo un grupo de hermanos que escribió un manifiesto para la iglesia cristiana en 1986. Estaba James Kennedy, Tim LaHaye, Kessler y otros más. Algunos quizás les pueda sonar, o creo que hay libros de algunos de ellos aquí. No hay traducción al inglés. Ellos escribieron un manifiesto para la iglesia cristiana en 1986, treinta y ocho años atrás. Decía: "Hemos adoptado la codicia y el materialismo de nuestra cultura, a ser constantemente buscando la aprobación de los hombres y descuidando el temor del Señor."
Hay una anécdota del Papa Inocencio IV, un encuentro que tuvo con Tomás de Aquino. Se dice que el Papa Inocencio IV estaba en una mesa grande contando monedas de oro y lingotes de oro, y bien entró Tomás de Aquino. Y el Papa le dice: "¿Ves, Tomás? Ya la iglesia no puede decir: 'No tengo plata ni oro.'" Tomás lo mira, medita y le contesta: "Es verdad, Santo Padre. Pero tampoco puedes decir: 'Levántate y anda.'" Es verdad que tenemos dinero, pero no tenemos poder de Dios.
No nos excluyamos. Porque o hemos estado, o estamos, o pudiéramos estar. Nosotros y la iglesia en Occidente, la cual —dicho sea de paso— va en declinación. La iglesia institucional, digamos, lo decía.
Sin embargo, si no nos podemos excluir del problema, incluyámonos en la solución. Incluyámonos en la solución. Pablo aprendió de esto, porque miren, cuando él cruzó allá a Corinto y estuvo allá con los corintios, él después les escribió relatando sobre la forma en que él ministró.
Dice Segunda de Corintios 4:1-2: "Por tanto, puesto que tenemos este ministerio según hemos recibido misericordia, no desfallecemos. Más bien, renunciando a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia ni adulterando la Palabra de Dios." No andando con astucia, no andando con destreza, con habilidad, con truco, con mañosería, con artimaña. No, nada de eso.
De hecho, esa palabra, panurgía, viene de pan (todo) y ergon (trabajo, esfuerzo): todo el esfuerzo que se hace por obtener algo. Mucho esfuerzo, mucha labor, pero mezclado con artimañas, con habilidad, con truco, con manipulación, con tigueraje —dice la hermana por allá—. Un término muy propio de nuestro país: tigueraje. Te incluyo de sí también una búsqueda en este caso religiosa. Joseadera, dice la hermana también. Muy bien. Todos esos son términos que pueden ser utilizados en la NVD, la Nueva Versión Dominicana, cuando la haga. Todo eso.
Dice: "No, yo renuncié a eso." Todos esos tipos de cosas que pudieron haberse visto en el concilio de Jerusalén o los pleitos con Bernabé, todo eso. No, yo no fui así ya a los corintios. Yo fui de una manera diferente. Entonces nosotros podemos trazar, podemos seguir el ejemplo también que nos han trazado, para abandonar cosas del pasado, del presente, o para evitar cosas en el futuro.
También podemos aferrarnos a la solución dada en Mateo 16:18. ¿Qué dice ahí? No importa la desazada, no prevalecerán contra su iglesia. No importa cuán decadente se pueda ver la iglesia institucional. Ustedes, si nos unimos, usted y yo somos la iglesia. Nosotros somos las personas. No menospreciemos lo que Dios puede hacer en nuestra debilidad con su poder.
Entonces dice el Señor Jesucristo, nos prometió que las puertas del Hades no van a prevalecer contra su iglesia. No van a prevalecer. Y eso pone a la iglesia en una posición de ofensiva. Las puertas del Hades trancadas, tratando de que no sea tomado el averno. Sin embargo, el poder de Dios va a conquistar hasta el mismo averno si fuera necesario. No nos vamos a parar. No importa qué poder venga. No hay nadie que tenga ni nada más poder que el poder de Dios. ¡La iglesia de Cristo vencerá! ¡Amén! ¡Amén! ¡Amén!
Pero Dios nos ha trazado la forma de vencer y cuáles son esas herramientas: volver a lo básico y a lo elemental. ¿Qué fue lo que hacía Antioquía? Oración, ayuno, la guía del Espíritu Santo, unidad en la diversidad y evangelismo, discipulado, exhortación, animarnos los unos a los otros, enseñar la Palabra de Dios y aprender la Palabra de Dios y vivirla, sentido común, tener perspectivas diferentes y un espíritu reconciliador. Así es como la iglesia va a desarrollarse y va a mostrar el poder de Dios en acción. Así es como lo va a hacer.
Decía Yogi Berra, un catcher de los queridos Yankees de Nueva York —que perdieron ahora, hacer el mundial, ¿verdad?— pero decía este catcher de los Yankees de Nueva York hace muchos años: "El juego no se acaba hasta que termina." Y este juego no ha terminado, por lo tanto tenemos tiempo de invertir el rumbo todavía.
Alguien pudiera decir: "Ay, hermano, se está muy bien, pero yo soy uno solo, una golondrina no hace verano. Imagínese usted, yo soy yo solito". Déjame decirte lo que puede hacer Dios con una sola persona. Ustedes saben que allá en los Estados Unidos siempre la gente se entretiene haciendo estadísticas y todo eso, viendo las cosas. Bueno, pues ellos han hecho estudios también y han tirado estadísticas. Y por estadísticas, si una persona, un creyente, un cristiano, uno solo, comienza a evangelizar y a disciplinar y enseñarle a otro cristiano hacer lo mismo, y ese hace lo mismo con otro, y con otro, y con otro, y cada uno de ellos lo siga haciendo año por año, en veinte o treinta años se alcanzaría todo lo que queda del mundo para Cristo. Obviamente eso es por estadística, porque es Dios que trae el arrepentimiento y la conversión; no podemos sacar a Dios de la ecuación, pero eso para que ustedes vean estadísticamente lo que puede hacer un cristiano.
Bueno, y si todos los cristianos hicieran eso, en dos años se alcanzaría el mundo completo para Cristo. Estamos a una generación de conquistar el mundo o de desaparecer, a una sola generación. Pero no nos desanimemos, porque eso ha sido la realidad del principio. La iglesia siempre está a una generación de desaparecer. Si estamos al día de hoy presentes y vivos predicando el Evangelio de Cristo, es simplemente porque nos hemos multiplicado. Por lo tanto, ese es el camino a seguir.
Algunos dirán: "¡Caramba! Yo he venido aquí esta mañana, o estoy oyendo esto, pero lo que les están diciendo a los cristianos es que están más perdidos que el hijo de Lindbergh, y que tienen que enderezarse. Y yo, que vengo del mundo tratando de buscar esperanza, resulta que esta gente están perdidos, y ahora sí fue". No, mi amigo, no estamos perdidos mientras estemos en la mano de Dios. Estamos en buenas manos; fíjate que nos dice cómo corregir el rumbo.
Pero sí te puedo animar a algo. Dice la Palabra de Dios en los Salmos que el impío cae una vez y queda postrado; sin embargo, el justo cae siete veces, pero siete veces se levantará. En lo único que es perfecto el justo es en levantarse; el impío solamente cae una vez y se queda. Mi querido amigo, ¿sabes por qué no has perdido el rumbo? Porque no estás en el camino. Para tú perder el rumbo tienes que estar en el camino. Sin embargo, te animamos: aun en medio de un pueblo débil, ven, que el poderoso es el Señor Jesucristo, y Él te va a ayudar a corregir el rumbo cada vez que te desvíes. Hoy puede ser un día de salvación para ti también.
Decía David Murray hablando de su ministerio: "Los primeros diez años de ministerio se tratan de ser quebrantados y despojados. Debo haber tenido un curso intensivo, porque solo me tomó cinco años ser quebrantado, despojado y tirado de fracasado en el ministerio. Eran días muy, muy oscuros. Sin embargo, sé que mis diez meses en la escuela de fracaso ministerial me dieron mi título más valioso: una maestría en cómo fracasar bien". Como me admitió un hombre: "Me estremezco al pensar dónde estaría hoy si Dios no me hubiera dejado fracasar. Mis fracasos pueden haber sido dolorosos, pero un éxito ininterrumpido habría sido mortal. El fracaso es uno de los mayores regalos que Dios me ha dado".
Hermano, hermana que estás acá, no importa si entiendes que has fracasado alguna vez. Hoy es el primer día del resto de tu existencia, y con el poder de Dios puedes ser vencedor en Cristo Jesús. No por tus méritos, sino por los méritos de Cristo Jesús. Nosotros somos vencedores. Al final de la historia, Cristo gobernará el mundo entero. Toda rodilla se doblará ante Él: los que crean y los que no crean. Y nosotros estaremos ahí para gobernar el mundo entero. Esa es la realidad. Hoy es un buen día para inventariar y corregir el rumbo, y volver a las antiguas sendas. Que Dios los bendiga a todos. Permítanme orar.
Señor, que estás en los cielos, Padre, yo, todos juntos, como un solo pueblo, queremos darte las gracias en esta mañana. Porque aun con buenas intenciones, si extraviamos el rumbo en algún momento, Tú nos das principios en Tu Palabra. Nos trazas la ruta. Tu Santo Espíritu nos guía a qué debemos hacer para poder continuar haciendo las obras que nos has dado, y aun hacerlas mejor.
Padre, bendice a Tu pueblo reunido aquí en esta mañana, y bendice a Tu pueblo que se ha reunido en tantas partes alrededor del mundo. Ayúdanos, Señor, a tener un espíritu de oración. Ayúdanos a orar de manera extraordinaria. Danos amor por Ti, de manera tal que nuestros corazones se llenen de un amor por Ti tan grande que, de la abundancia del corazón, entonces hable nuestra boca. Y nos amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Ayúdanos a mostrarle la mayor muestra de amor que podemos tener, y es proclamar la buena nueva del Evangelio a todo aquel que anda sin esperanza en este mundo.
Señor, que hoy sea un día de bendición. Quizás hay algunos que están mirando esta transmisión, o que están aquí en esta mañana, que han extraviado el rumbo, que pueden sentirse perdidos en su corazón. Quizás están cansados de hacer tanto esfuerzo para defender sus propias ideas. Dale reposo, Padre. Danos reposo, danos descanso. Que la invitación de Tu Hijo, de Jesucristo, siga abierta: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas".
Quizás hay alguno que nunca ha entendido la buena nueva de que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a pecadores. Que hoy sea un día de salvación para alguno. Si está aquí, que no salga de este sitio, Padre, sin hablar con alguno de nosotros, para que Tu Espíritu Santo lo haga nacer de nuevo.
Y a todos nosotros que profesamos estar en Cristo, ayúdanos a salir de aquí con nueva esperanza, con un nuevo gozo, con deseos de orar, de leer Biblia, de aplicarla en nuestras vidas, de predicar el Evangelio y proclamarlo a tiempo y fuera de tiempo. De mirar al hermano que está al lado, exhortarlo, animarlo. A tener compasión los unos de los otros, que seamos una comunidad hermosa, que puedan decir de la IBI: "Miren cómo se aman". Que esto sea una realidad también para cualquier comunidad cristiana, que podamos ser familias de fe.
Gracias, Padre, porque Tú no nos dejas en ignorancia, sino que en Tu amor y Tu misericordia Tú nos ayudas, nos animas a que tengamos una relación íntima contigo y disfrutemos de los beneficios de estar en Tu presencia. Bendice a este pueblo de manera particular. Que el gozo del Señor sea la fortaleza de la IBI. Que el gozo del Señor sea la fortaleza de la IBI. Bendice a todos mis hermanos aquí presentes, y que hoy sea un día de regocijo en este fin de semana y en el resto de nuestra existencia. Por Cristo Jesús te lo rogamos. Amén.
Dios los bendiga a todos, mis hermanos. Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.
Enrique Crespo fue llamado a salvación en 1980 y desde entonces ha servido al Señor en la evangelización, enseñanza, consejería y predicación. Es miembro de la IBI desde 2005 y, desde 2015, dirige Misión Antioquía, el ministerio de evangelismo, plantación de iglesias y misiones de la iglesia. Posee estudios en Mercadeo, Derecho, Educación y Teología, incluyendo una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Aurora Almánzar y tienen tres hijos adultos: Aldo, Iván y Javier.