Integridad y Sabiduria
Sermones

Multiplicación, la estrategia del Espíritu

Enrique Crespo 12 junio, 2022

La vida no funciona como una máquina compleja donde cada pieza encaja de forma predecible; la vida tiene complejidad, como cuando una bola de billar golpea las demás y todo sale disparado hacia direcciones imposibles de controlar. Un general estadounidense descubrió esto en Irak: su ejército altamente entrenado no lograba someter a Al-Qaeda porque estaba preparado para lo complejo, pero no para la complejidad. Lo que necesitaba era adaptabilidad, equipos descentralizados capaces de responder con agilidad. Esa misma estrategia aparece en Hechos 19, aplicada por el cristianismo hace dos mil años.

Pablo entrena a Priscila y Aquila, quienes a su vez instruyen a Apolos, y este es enviado a Corinto con cartas de recomendación. Una cadena de multiplicación donde hay comunicación, confianza, unidad de propósito y trabajo en equipo, pero sin control centralizado. No había WhatsApp ni Zoom; Priscila y Aquila no podían consultar a Pablo antes de corregir a Apolos. Lo que tenían era suficiente: la Biblia y el Espíritu Santo. Con eso, cualquier creyente puede comenzar a multiplicarse desde el momento mismo de su conversión, como hizo la mujer samaritana al compartir simplemente lo que sabía.

En Éfeso, Pablo enseñó durante tres años en la escuela de Tirano, de día y de noche, en público y por las casas. Esas casas no eran solo estructuras físicas, sino redes completas de relaciones sociales, económicas y familiares que cada creyente podía aprovechar para el reino. El resultado fue extraordinario: toda Asia escuchó el evangelio, surgieron las iglesias de Apocalipsis, y la palabra prevalecía con poder. La iglesia primitiva tenía pocos recursos pero mucha pasión; hoy tenemos tecnología, buenos maestros y templos cómodos. Lo que a menudo nos falta es esa misma pasión por Dios que nos impulse a abrir la boca y multiplicarnos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Vamos a estar viendo hoy: "Multiplicación, la estrategia del Espíritu". Vamos a estar viendo en Hechos capítulo 19. Voy a estar leyendo en Reina Valera del 60 y voy a estar compartiendo a lo largo del mensaje, para poder hacerlo un poco más dinámico.

Uno de los principios que vamos a ver es la adaptabilidad. Este mensaje fue preparado para una conferencia misionera el año pasado, y no se pudo dar por el COVID, ya que a mi esposa y a unos amigos les dio el COVID unos días antes de salir. Y ahora, por razones del COVID, hay que darlo ahora. Para que ustedes vean cómo son las cosas del Señor: por el COVID no se dio, y ahora por el COVID se da.

Entonces, vamos a tratar de ver qué nos tiene el Señor para hoy, sobre todo un fin de semana antes de pelear la buena batalla. Yo creo que aquí hay una buena estrategia para pelear la buena batalla que el Señor nos ha dejado. Vamos a estar leyendo en Hechos capítulo 19: "Multiplicación, la estrategia del Espíritu". Antes de leer el primer texto, quiero hacer una salvedad e introducir algunos conceptos.

Lo primero es una diferencia entre lo que es complejo y la complejidad. Lo que es complejo suena parecido, pero la verdad es que hay quienes hacen una diferencia entre los dos conceptos. Lo complejo es, por ejemplo, un vehículo. Eso es algo complejo. ¿Por qué es complejo? Porque tiene una serie de aparatos, instrumentos y piezas que tienen que engranar unas con otras de manera perfecta para que el carro pueda encenderse, pueda acelerar y moverse, pueda detenerse, pueda enfriar el motor. En fin, hay una serie de sistemas que tienen que trabajar al unísono, uno detrás de otro, o de manera coordinada, para que el vehículo funcione.

A partir del siglo XIX, con la revolución industrial, se pretendió utilizar mucho de esto —lo que es complejo— para muchas de las cosas de la vida. Comenzó con las industrias, ¿verdad?, tratando de coordinar mejor todos estos procesos de las fábricas, dividir los trabajos para hacerlos más eficientes, especializar los trabajos y las funciones, etcétera. Y de ahí eso ha saltado a muchas áreas del conocimiento, del trabajo, del liderazgo, etcétera, y se ha vuelto complejo.

Pero la verdad es que la vida no es compleja; la vida tiene complejidad, que no es lo mismo. ¿A qué me refiero? Si usted quiere pensar en complejidad, piense más bien en el juego de billar. Si usted recuerda, hay unas diez bolitas que uno las pone en forma de triángulo al fondo de una mesa. Usted coge un taco —que es un palo largo—, pone otra bolita de este lado, le da a esa bolita, y esa bolita va y le da a las otras diez bolas que están al final. Cuando les da a esas diez bolas, todo sale disparado para donde sea. Usted no controla para dónde van esas bolas. Eso es complejidad.

Es un efecto dominó. De hecho, se ha hablado y se ha escrito sobre el efecto mariposa, que es un fenómeno que comienza, pero usted no sabe cómo se va a desencadenar, ya que desencadena reacciones que no son controlables. Eso es la complejidad.

A mí me llamó la atención un general de los Estados Unidos —el general Stanley McChrystal—, que fue Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Especiales en Irak en el 2004, luchando contra Al-Qaeda. Resulta que él no se explicaba por qué un ejército tan bien entrenado, sobre todo comandos y fuerzas especiales, con tanto entrenamiento, tecnología de punta y armamento de punta, estaba pasando tanto trabajo para someter a un grupo de personas que no tenía todos estos beneficios.

Ellos agarraban, si la inteligencia les decía que por aquí había una unidad de Al-Qaeda, pues iban y rodeaban esa unidad, luchaban contra ella, y cuando estaban ahí resultaba que salía por la izquierda, por otro lado explotaba una bomba, y cuando venían y se devolvían hacia donde estaba la bomba, resultaba que por otro lado les estaban disparando a sus espaldas. Decían: "¿Qué está pasando? La inteligencia solamente nos da información sobre lo que estaba aconteciendo de este lado, pero nos sorprendieron aquí y nos sorprendieron atrás. Esto no debería ser tan difícil. ¿Qué es lo que está sucediendo?"

Resulta que ellos estaban entrenados y especializados con tecnología para enfrentar tareas complejas, pero descubrieron que les faltaba algo para la complejidad. Esta gente, si obtenía un video en YouTube o con cualquier otro medio, podía ver cómo armar una bomba, ver varios videos más que le explicaban el Corán desde cierta perspectiva, y ya aquella persona, armada con esos textos del Corán y con ese conocimiento sobre cómo armar bombas, se envalentonaba, armaba una bomba, gritaba a voz en cuello y volaba todo. Esa persona fue sola, y aprendió todo eso sola. Por eso es que se estaban enfrentando a una situación que representaba complejidad.

Y ahora mismo nosotros acabamos de ver eso. La semana que viene vamos a tener una conferencia —"Pelea la buena batalla"— y resulta que hay un pastor con COVID, hay varios miembros del equipo de adoración con COVID; en fin, nada de esto estaba previsto. El COVID, una enfermedad, un terremoto, un huracán, cincuenta mil cosas pasan en la vida, porque la vida tiene complejidad y tenemos que saber cómo enfrentarla.

Este hombre escribió un libro llamado "Equipo de equipos" que, según el New York Times, fue un bestseller ese año. Pero lo que vamos a ver aquí, en Hechos 19, son cosas que hace 2.000 años el cristianismo ya estaba aplicando. Es increíble cómo a veces el campo empresarial viene hacia el cristianismo a encontrar principios, y muchas veces hay sectores de la cristiandad que van al sector empresarial a buscar principios, cuando resulta que esto estaba en la Biblia desde hace miles de años.

Vamos a ver qué dice Hechos capítulo 19. Dice: "Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso." Vamos a pararnos ahí. Aquí nos habla primero de un tal Apolos y nos habla de Éfeso. Dice "aconteció", o sea, que nos está refiriendo a cómo termina el capítulo 18.

Antes de ver eso, queremos observar algo. Tanto Pablo como Apolos, como muchos otros, se conducían de manera similar a como lo hacían los sofistas de aquella época. Los sofistas eran filósofos u oradores profesionales y famosos que tenían una forma particular de trabajo. Por ejemplo, Filón, que era un filósofo sofista de aquella época, de Alejandría, enseñaba en las sinagogas, en las escuelas privadas filosóficas, en las áreas públicas, en los gimnasios, en las villas privadas, y también en el ágora, es decir, en las plazas públicas. Esas eran las formas en que estos charlistas profesionales y eruditos podían enseñar.

Y Apolos, cuando veamos sus características, tenía mucho parecido con estos sofistas. En el capítulo 18, a partir del versículo 24, nos dice: "Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras." Nos dice que era de Alejandría, la misma ciudad de Filón que acabamos de mencionar. Un tercio de esta ciudad eran judíos, y era una ciudad de gran cultura en el norte de África, en Egipto. Era un hombre elocuente, nos dice este texto, es decir, que era un orador fluido y poderoso, capaz en las Escrituras.

Y tenía un espíritu fervoroso. Nos dice el versículo 25: "Este había sido instruido en el camino del Señor, y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor." Esa palabra "fervoroso" era como que tenía un espíritu que hervía dentro de sí. Dice que hablaba y enseñaba con exactitud y precisión lo que decía la Palabra de Dios.

Sin embargo, este hombre que hablaba con denuedo —según dice el versículo 26, es decir, que hablaba con intrepidez, sin temor a los peligros—, en el versículo 28 nos dice que hablaba con gran vehemencia de manera ordenada, que refutaba de manera lógica y completamente, que demostraba, o sea, que seguía una secuencia que apuntaba a una conclusión lógica al final. Miren todas las habilidades que tenía este hombre.

Sin embargo, dice el versículo 26, hay un "pero": cuando lo oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y da la razón en el versículo 25: porque solamente conocía el bautismo de Juan. ¿Quiénes eran estas personas, Priscila y Aquila? Bueno, si usted ve el capítulo 18 a partir del versículo 1, nos dice: "Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado a todos los judíos que saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas."

Conociendo a Pablo, si encontraba a estas dos personas que tenían el mismo oficio de hacer tiendas y se pasaban el día entero haciendo esto, pues obviamente iban a hablar del reino de Dios. Si uno conoce un poquito a Pablo, de eso era de lo que iban a estar hablando. Y Pablo entrenó a Priscila y Aquila, y los dejó más adelante en Éfeso.

Es así que entonces Priscila y Aquila, habiendo sido entrenados por Pablo anteriormente, ven a Apolos, ven un gran candidato, ven que tiene este pequeño problemita o este asunto por resolver y lo llaman aparte. Este término "lo llaman aparte" no fue que lo llevaron a un lado de un pasillo, sino que lo acogieron en su casa. Quizá lo invitaron a una cenita; aquella época no había cafecito, pero si hubiera habido, ¿verdad? No tomaban un cafecito, una tostadita, etcétera, y ahí compartieron con tranquilidad, en paz, con calma, y le explicaron a Apolos más exactamente el camino del Señor.

Apolos fue lo suficientemente humilde como para recibir la instrucción de Priscila y Aquila. Él pudo haber dicho: "¿Pero quiénes son ustedes? Yo soy un orador, yo soy un sofista, un orador con cierta formación, un erudito. Yo vengo de Alejandría, yo tengo conocimiento. Ustedes lo que viven haciendo es tienda de campaña, un par de comerciantes." Sin embargo, él escuchó. Priscila y Aquila habían tenido un buen maestro también; habían tenido a Pablo, y le explicaron con mayor precisión las Escrituras.

¿Qué aconteció después? Bueno, dice el versículo 27 en adelante: "Queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído." Y da las razones que ya vimos, porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

Por lo tanto, nosotros tenemos hasta ahora una cadena de multiplicación. Pablo se multiplica en quién: en Aquila y Priscila. Aquila y Priscila se multiplican en quién: en Apolos. Fíjense cómo van las cosas. Y ahora Priscila y Aquila mandan a Apolos a Corinto y les escriben cartas allá a los hermanos para que lo reciban también y lo ayuden. Una cadena de eventos. Hay adaptabilidad. Si ustedes notan, aquí hay comunicación, aquí hay confianza, aquí hay una unidad de propósito, porque no era que una persona hablaba sobre el bautismo de Juan y otros hablaban que Jesucristo era el Mesías. No, había una unidad de propósito: todos querían proclamar que Jesucristo era el Mesías, el reino de Dios, etcétera. Había un trabajo en equipo también, y había sobre todo adaptabilidad, que es un requisito o una virtud que en el mundo empresarial se entiende que deben tener las empresas para que puedan surgir hacia adelante en este mundo. Y en este mundo, que ya hemos visto que tiene complejidad, la adaptabilidad es clave.

¿Cómo se veían estos hermanos? Fíjense que eran equipos de equipos descentralizados, pero que estas cosas que acabamos de decir eran lo que les daba coherencia y unidad. Priscila y Aquila no podían escribirle a Pablo. No había WhatsApp, no había Telegram, no había nada de eso, no había Zoom, nada. Por lo tanto, no podían decirle: "Oye, Pablo, mira, aquí nos acaba de llegar Apolos; él parece buena gente, pero hay algunas cositas que hay que afinar. ¿Tienes algún material que nos recomiendes, algún librito, un podcast, algo que nos mandes para que pueda escucharlo Apolos y pueda afinar eso?" Dicho sea de paso, todo eso está bien; no hay que botar ahora la tecnología ni los recursos modernos. Uno por lo regular tiene la tendencia de ir de un extremo a otro, o muy calvo o con dos pelucas, ¿verdad? Y esa no es la idea. Entonces no es que vamos a rechazar toda la tecnología, pero en esa época no la había, esa es la verdad.

Pablo tampoco podía consultar con Antioquía, mucho menos con Jerusalén: "Miren, ¿qué hacemos ahora, para dónde nos vamos?" No. Ellos lo que tenían eran estos elementos que estamos diciendo, y tenían sobre todo dos cosas: la Biblia y el Espíritu Santo, el poder de Dios. Eso era lo que tenían. Y mi hermano querido, si quieres cumplir con el mandamiento de la Gran Comisión, que es un mandamiento —tenemos que hacer discípulos, tenemos que multiplicar—, si tú tienes esos dos elementos, tú estás capacitado para hacerlo. Si tú tienes la Biblia y el Espíritu Santo, tú tienes la capacidad para empezar a multiplicarte.

Alguien me preguntaba en una ocasión cuándo una persona podía empezar a discipular, y yo le decía: "Pueden empezar a discipular cuando digan amén a su oración de conversión." Inmediatamente digan amén, de ahí en adelante pueden empezar a discipular. Que lo va a hacer mejor con el tiempo, lo va a hacer mejor con el tiempo. Que se va a capacitar, se va a capacitar. Que va a tomar experiencia, va a tomar experiencia. Pero si usted quiere tomar un ejemplo, mire a la mujer samaritana: fue y dijo "He encontrado un hombre que me ha dicho todo cuanto yo he hecho. ¿No será este el Cristo?" Ella dijo lo que ella sabía. Y mi hermano, mi hermana que estás aquí, si quieres multiplicarte, puedes empezar hoy mismo. Si tienes la Biblia y el Espíritu Santo, comparte lo que sabes; lo que no sabes, aprenderás. Y ve compartiendo cada vez más y más, y ve aprendiendo cómo se hace cada día mejor. Pero anímate, porque es la estrategia a través de la cual el cristianismo ha crecido durante todos los siglos que nos han precedido desde el año cero.

Hermano, nosotros tenemos muchas cosas: tenemos tecnología de punta, tenemos buenas cámaras, un buen escenario, videos, un templo cómodo, sillas, tenemos buenos maestros —excepto yo, verá, pero los demás son buenos maestros—, dan buenas clases, están ahí en YouTube, te puedes verlas. En fin, hay una serie de recursos que tenemos. ¿Qué nos falta? Muchas veces lo único que nos falta es pasión por Dios, ¿verdad? Pasión por Dios. Esta gente tenía pasión por Dios; no se podían estar tranquilos.

Si una fuente tan grande, si una cantidad de agua tan grande la dejamos acumulada como una laguna, ¿qué va a pasar con esa agua? Bueno, le va a salir lama, se va a poner verde, luego más verde aún. Viví una vez la experiencia de una piscina olímpica que se dañó; en una época yo practicaba natación, hace bastante tiempo. Se puso verde, yo nunca había visto una piscina tan verde; duró varios meses dañada, burbujas y hasta un sapo apareció. Entonces, conocimientos retenidos son como una fuente de agua estancada. Sin embargo, nosotros podemos ser como represas. Las represas son un gran caudal de agua, pero abren las compuertas y generan energía eléctrica, van regando muchos campos y son de bendición. Nosotros tenemos grandes conocimientos y recursos aquí acumulados. Ahora lo que nos falta es esparcirlos, regarlos. ¿Y quiénes los van a esparcir y regar? Tú y yo, mi hermano.

Nosotros tenemos el mandamiento de multiplicarnos. Esa ha sido la estrategia de Dios desde mucho tiempo atrás. Esa ha sido la estrategia del Espíritu, y es lo que tenemos que hacer. Esa es nuestra encomienda. Si quieres pelear la buena batalla, puedes hacerlo antes de la conferencia, durante la conferencia y después de la conferencia. Aquí tienes una forma de pelear la buena batalla: multiplicándote según Dios te capacite.

Pero no solamente tenemos a Apolos. Aquí se nos dice también que estábamos en Éfeso, y Éfeso es una ciudad bien interesante. No creo que muchas de estas cosas eran al azar; ellos sabían lo que estaban haciendo, aparentemente. Éfeso —siempre me tengo que voltear para que ustedes imaginen el mapa, y yo también—, si usted ve: si aquí está Grecia, por aquí está lo que es actualmente Turquía, y Éfeso está en la costa occidental de Turquía. Aquí está el mar Egeo entre Grecia y Turquía. Entonces Éfeso estaba ahí en la costa y era una ciudad bastante interesante, porque servía como puente entre todas estas rutas comerciales que venían de Asia Menor, lo que actualmente es Turquía, y todas estas rutas comerciales que venían también de Grecia y del mundo grecorromano de Europa. Entonces como que convergían ahí, y era una ciudad interesante.

Ya había pasado su mejor época; sin embargo, Éfeso seguía siendo la cuarta ciudad del Imperio. Era un centro comercial de Asia Menor con mucho tránsito de personas, una provincia próspera. De hecho, el procónsul romano residía allí; el procónsul viene a ser como el gobernador de esa zona. Había dos factores para su prosperidad que todavía se mantenían: era el factor de comunicación que acabo de mencionar, y también el gran turismo y comercio religioso por Artemisa. Si usted recuerda en Hechos, ahí mismo un poquito más adelante, se alborotó una vez un tumulto de dos horas donde decían "¡Grande es Diana de los efesios!" Esa Diana es Artemisa. El panteón o templo de Artemisa era cuatro veces más grande que el Partenón de Atenas; era algo inmenso. Sería como un gran banco de la antigüedad: ahí los mercaderes y algunos reyes ponían su tesoro bajo el cuidado de esta diosa. Entonces estamos viendo que el texto nos empieza a mencionar una serie de personas con algunas características y también un sitio con algunas características que ayudaban a la multiplicación.

Vamos a ver el centro de esta estrategia de multiplicación. Versículo 8 del capítulo 19. Dice: "Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios." Y dice: "Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tirano. Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor. Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo."

El tiempo del mensaje: aquí dice dos años, dos años y tres meses, y el versículo 31 del capítulo 20 nos habla de tres años; es decir, que fue durante tres años. Nos dice también el público, que lo acabamos de ver: judíos y gentiles. Nos dice el fondo del mensaje en el versículo 8: hablaban del reino de Dios. No era cualquier cosa; era acerca del reino de Dios.

Y hablábamos que en una ocasión nosotros podemos tener la tendencia, o muchos pueden tener la tendencia, de hacer obras de caridad, lo cual es bueno. Volvemos a través de los extremos: no es que vamos a votar todo, vamos a votar al niño con el agua de jabón, ¿verdad? No es esa idea, pero si solamente nos quedamos con las obras de caridad, no vamos a poder llevar el Evangelio del reino.

Yo recuerdo que por aquí pasó un hermano que había sido un ex adicto y le predicaba el Evangelio a adictos. Él testificaba que cuando él era adicto, sabía ubicar a hermanos cristianos y decía: "Mira, si tú les puedes hacer una historia triste a estos hermanos y sabes tocar algunas áreas, ellos te van a entregar dinero." ¿Y qué hacía él con el dinero? Pues se compraba sustancia. Entonces, él hacía relaciones públicas, él hacía la obra de caridad sin el Evangelio, y se queda corto. Se queda corto. Vamos a hacer obras de caridad, claro que sí. Obras de misericordia, claro que sí, pero tienen que ir acompañadas con el mensaje del reino. Si no, nos vamos a quedar en el aire. No hacemos mucho, lo he dicho en otras ocasiones, mandando gente sana y bien vestida al infierno. No, no hacemos mucho.

Además, decía también en el otro mensaje, y quizás muchos de aquí lo recuerden, que eso de entregar la fundita de caridad no es muy efectivo, porque, como acabamos de explicar muchas veces, la gente puede tomar la fundita simplemente por el beneficio. Y aquí quizás algunos recuerden que hubo una época en nuestro país donde los políticos acostumbraban a dar la fundita, y ahí mismo le gritaban: "Le tomamos la fundita y no somos del partido ese." Entonces, así mismo pueden hacer con nosotros: le tomamos el dinero, le tomamos la fundita, le tomamos lo que sea, y al Evangelio no nos interesa, no nos interesa.

Por lo tanto, el fondo del mensaje era el reino de Dios: que Dios se hizo hombre, tomó forma humana y vino aquí a pagar por los pecadores lo que tú y yo no podíamos hacer. Lo hizo Él para satisfacer la justicia divina. Y ahora el reino de Dios ha sido inaugurado: Pentecostés ocurrió, vino el Espíritu Santo, bajó, llenó a todos los creyentes, los hijos de Dios. Y ahora esa nueva era de este reino de Dios que ha invadido este mundo nos ha cautivado, y cada uno de nosotros somos ciudadanos del reino con el poder de Dios dentro de nosotros para predicar el Evangelio del reino y para multiplicarnos. Nosotros somos los que tenemos este mensaje, y tenemos esta conducta, y tenemos esta vida que mostrarles a los demás. Es tiempo de multiplicarnos.

Sigue diciendo: esto fue en cuanto al fondo, veíamos que era el reino de Dios. En cuanto a la forma, dice el versículo 8 que se discutía; no era que peleaban, sino que colocaban delante una argumentación como si fuera un discurso temático. Explicaban de manera tal que llevaba a la ponderación, a la reflexión, a la meditación; los oyentes tenían que resolver algunas cosas en su mente. No solamente eso, sino que también, dice, persuadía, se convencía con argumentos a las personas. Entonces, fíjense que no es solamente un activismo. Hay una obra tenaz de estar haciendo cosas, de estar enseñando, de estar convenciendo, de estar presentando una verdad de determinada manera.

Nos dice también que estaban en la escuela de Tirano, nos dice nuestro texto. Y quizás "Tirano" era el apodo que él tenía, porque era un poco severo, aparentemente. Las escuelas sofistas como la escuela de Tirano, por lo regular, tenían enseñanza matutina hasta las 11, descansaban un par de horas y después tenían la tarde para la enseñanza. Cuando Pablo dice en el versículo 31 del capítulo 20, dice lo siguiente: "Acuérdense que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno." Y en el versículo 20 dice: "¿Y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros públicamente y por las casas?"

Entonces, esta escuela de Tirano parece que ellos explicaban ahí el día entero, algunas siete horas, y seguían durante la noche, pero también dice Pablo que explicaba en las casas. ¿Y qué se refiere con "las casas"? Obviamente el término "casas" significa casa física, es verdad, pero trasciende lo que es la casa física. Ese término implica todo lo que son nuestras relaciones sociales, económicas, laborales; todo lo que son nuestras relaciones está envuelto en este término "casas". De hecho, las casas eran sistemas de relaciones económicas y sociales que servían como sustento, o eran la base para el imperio, porque el imperio no tenía mucha fortaleza centralizada: no había secretaría de agricultura ni secretaría de tal cosa. Entonces, las casas, estos sistemas económicos y sociales, estas unidades productivas, servían de sustento para lo que eran las ciudades-estado. Eran ciudades que eran estados en sí mismos, y cada una de ellas servía de base para el gran Estado general. En la medida en que eran más saludables estas casas, el Estado tendría más recursos para poder cubrir una serie de gastos. O sea, eran claves para el desarrollo social y económico de esa época.

Si usted quiere saber un poco el uso del término "casas": si usted recuerda, Potifar puso a José a cargo de su casa, no era que iba a limpiar la ventana, sino que lo puso a cargo de todos sus asuntos. En Hechos también se le habla al carcelero de Filipos: "Serás salvo tú y tu casa." No es que la casa física se iba a convertir, sino todo en lo que él estaba involucrado. Si usted recuerda en la historia, la Guerra de Sucesión de España enfrentó a la Casa de Austria y la Casa de Borbón; o sea, todos los que apoyaban a los descendientes de los reyes de Austria y todos los que apoyaban a los descendientes de los reyes de Francia, los Borbón, que todavía reinan allá. No era que eran dos casas peleando en medio de un campo con chimenea; no era eso, sino que eran seguidores. Entonces ahí vemos el concepto de casa.

Estas casas fueron claves para el desarrollo de la iglesia. De hecho, los arqueólogos han descubierto casas físicas de aquella época del mundo grecorromano y señalan que una casa por lo regular tenía capacidad para recibir en su área social unas 20 o 30 personas; quizás una villa romana podía llegar a albergar 100 personas. ¿Qué quiere decir? Eran iglesias pequeñas. De hecho, por lo regular se cree que los paterfamilias, que eran educados y con un carácter probado, fueron los primeros pastores. Ahí están Priscila, Filemón, y alguien a quien yo de cariño creo que fue un antecesor mío de hace mucho tiempo: Crispo, uno que se menciona también en el libro de Hechos. Le tengo cariño por eso.

Entonces, ¿qué resulta de estas personas? Parece que estuvieron envueltos entre los primeros pastores: paterfamilias con un buen testimonio. No es que se buscaba exclusivamente a paterfamilias, sino que entre ellos también pudo haber personas que dirigieran esto. Si ustedes se ponen a pensar, mis hermanos, ahora la tendencia es hacer grandes volúmenes. Y no es que está mal; no es que está mal, ojalá nosotros seamos iglesias mucho más grandes todavía. Sin embargo, las iglesias grandes como la nuestra tenemos que volver otra vez a este patrón para poder tener comunión los unos con los otros. ¿Qué tenemos que hacer? Grupos de 20, 30 personas, 12 personas, para poder tener comunión los unos con los otros. A eso le llamamos grupo pequeño, grupo de crecimiento, o como usted quiera, pero son fracciones de la iglesia para que podamos compartir los unos con los otros, para que podamos amarnos los unos a los otros, para que podamos aprender en pequeñas comunidades. Fíjense cómo inclusive tenemos que volver a aquellos patrones.

Pero qué hermoso sería, mis hermanos, si no solamente nosotros, sino nuestros grupos pequeños, nuestras familias, nuestras unidades, pudieran también convertirse en estos oikos; que cada uno de nosotros pueda aprovechar para el reino de Dios nuestras cuentas bancarias, nuestras posesiones, nuestras relaciones familiares, nuestras relaciones comerciales, y cualquier otro tipo de vínculo y relación que tengamos para el beneficio del reino de Dios y para la expansión del reino de los cielos. Tú, mi hermano, puedes multiplicarte con la ayuda de Dios utilizando estas cosas que están ahí. Fíjate que no tienes que hacer una cosa del otro mundo. Si te entrenas, si te capacitas, si aprendes, si estudias, está perfecto, mi hermano; síguelo haciendo. Pero hoy puedes empezar a multiplicarte, mi hermano, con lo que tienes en la mano y con el poder de Dios.

El alcance del mensaje. Bueno, ya nosotros vimos que toda Asia escuchó el mensaje. Si usted recuerda, a partir del capítulo 2 de Apocalipsis comienza con la iglesia de Éfeso, precisamente. Y todas las iglesias que se mencionan ahí aparentemente son de esta cadena de iglesias que se formaron y que se multiplicaron en toda esta región de Asia Menor. De hecho, estas iglesias están en esta ruta que habíamos mencionado de conexión, y ahí están todas estas iglesias.

¿Se fundaron todas a la vez? Es posible que de todo el trabajo con todas estas enseñanzas de Pablo salieran a comenzar a fundar iglesias; es posible. Pero por la característica que vamos a ver —esto no lo dice el texto, uno puede intuir o llegar a pensar— una se multiplicaba plantando otra, y esa plantaba la siguiente, y esa plantaba la siguiente, porque están todas en el mismo camino y cerca una de la otra. Por ejemplo, Esmirna está a 40 millas de Éfeso; Pérgamo está a 65 millas de Esmirna; Tiatira está a 45 millas de Pérgamo; Sardis está a 30 millas de Tiatira; Filadelfia, a 25 millas de Sardis; y Laodicea, a 40 millas de Éfeso. Todas están una detrás de la otra, y hay tres que están muy cerca entre sí.

O sea que da la impresión de que hay un efecto de multiplicación, y al final ustedes tienen los versículos del 17 al 20, que no solamente hubo alcance, sino que ese mensaje fue entregado con poder de lo alto. Dice, y esto fue notorio: había unos exorcistas ambulantes y pasaron vergüenza porque el demonio los dominó. Esto es exorcista ambulante. Dice que esto fue notorio a los que habitaban, a partir del versículo 17, a los que habitaban en Éfeso, así judíos como griegos, y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús.

Y muchos de los que habían creído venían confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo, muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos, y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. Así, de esa manera, crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor, crecía y prevalecía con milagros, con obras de poder.

Dice, cuando dice que prevalecía, significa que, según el Diccionario de la RAE, la Real Academia Española, significa que algo que prevalece tiene una característica que es superior a otra; es algo o alguien que tiene algo que supera a los demás. Dice que así prevalecía con poder de lo alto el Evangelio y la palabra del Señor Jesús. ¿Con qué era que prevalecía? ¿Con poder de lo alto?

Ahora bien, estamos de acuerdo en que podemos tomar en cuenta la metodología. Hay un libro —no recuerdo el autor— pero habla de la "McDonalización" de la Iglesia; ese es el título que le puso el autor. Y es porque hay algunas esferas que creen que tenemos que multiplicar las iglesias bajo una cierta metodología, como si fuéramos empresas comerciales que nos reprodujéramos como esas cadenas de comidas rápidas, por eso el título. O sea, la carne tiene que tener tal proporción, les das una vuelta, les das otra vuelta, cierta cantidad de aceite, el pan tiene que ser de esta forma, tiene que salir la hamburguesa en tantos minutos, y la hamburguesa que te comes aquí es la misma hamburguesa que te comes allá.

La gente y la Iglesia son diferentes. Nosotros estamos viviendo en un mundo cambiante y necesitamos adaptabilidad, y lo mejor que podemos tener para enfrentar este mundo cambiante es el poder de Dios. Con eso fue que creció la Iglesia, con el poder de Dios. Decía A. W. Tozer, a principios del siglo XX, que la Iglesia tiene muchísimos recursos y herramientas como nunca antes en la historia los había tenido, pero cuánta falta de poder nos hace falta. Y si hay algo que tenemos que buscar, es el poder de Dios, que nos dé pasión por su obra, que nos dé pasión por Él, que deseemos abrir nuestra boca para compartir nuestra fe con los demás, con nuestros vecinos, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo, que nos multipliquemos, porque para eso es que estamos aquí: para pelear la buena batalla.

Al final de nuestro texto, en el versículo 22, dice Pablo que, enviando a Macedonia dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se quedó por algún tiempo en Asia. Unos se quedan, otros van. Si recuerdan cuántas personas hemos mencionado: mencionamos a Apolos, mencionamos a Priscila, mencionamos a Tirano —porque se notaba, pero bueno—, y estaba Pablo, ¿verdad? Pero además de todos estos, ahora se mencionan a un par más: Timoteo y Erasto.

Y si usted quiere saber cuántas personas colaboraron con Pablo, usted puede ver a cuántas personas él saludó al final de sus epístolas y buscar algunos nombres propios dentro de las epístolas, y usted va a ver que Pablo tenía equipos de más de setenta personas que lo ayudaban. Equipos que se formaban en un sitio, se dividían, se formaban en otro lado, volvían y se reagrupaban, y todo eso con una unidad, formándose como si fuera un equipo de equipos, con la característica que ya anunciamos: podían trabajar con cierta independencia bajo los mismos criterios y lineamientos, con el poder de Dios.

Y eso es lo que le da vida al pueblo de Dios. En este mundo de complejidad tenemos que adaptarnos. Si este templo nos lo cerraran mañana por cuestiones de estos virus, no importa: si tú tienes el Espíritu obrando en ti y una Biblia, puedes seguir compartiendo en tu casa, puedes seguir compartiendo en tu trabajo, puedes seguir compartiendo con tu familia, donde sea.

Ahora bien, ¿se imagina usted a Pablo con Zoom? La Gran Comisión —hubiéramos tardado ni cinco años en cumplirla, menos mal que llegó ahora, ¿verdad? Para que nos hayan dejado algo. Pero con Zoom, ¿quién sabe lo que Pablo hubiera hecho? Oye, usted tiene Zoom y tiene cincuenta mil cosas que hacer. Desde su casa usted tiene una ventana al mundo entero para llegar adonde usted quiera, solamente con un poquito de pasión, un poquito de amor, el Espíritu Santo y la Biblia. Usted se puede multiplicar y puede aprender cuanto quiera también para hacerlo mejor.

Entonces, en este mundo de complejidad, la estrategia divina de multiplicación descentralizada es clave. Hecha con estrategia, como ya vimos: la selección del sitio, de la gente, de los equipos. Hecha con adaptabilidad y contextualización, adaptando el mensaje a estos tiempos —no sacándolo fuera del contexto, sino aplicándolo a estos tiempos, usando la cultura—, y sobre todo con el poder de Dios y compasión. Es así la mejor forma de expandir el reino de Dios. Amén.

Esa es la estrategia del Espíritu Santo: la multiplicación. Tú la tienes, hermano, y yo la tengo. Lo único que nos falta es pedirle a Dios que nos dé pasión por Él para ponerla en práctica. Buena pesca, hermanos.

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Vamos ahora en oración. Padre que estás en los cielos, Señor, nosotros queremos darte las gracias por la cantidad de dones y talentos reunidos esta mañana aquí en este lugar, por la cantidad de dones y talentos esparcidos en muchas de las personas que nos escuchan. Queremos rogarte por ellos. Tú traes a nuestra mente, inclusive, la comunidad en Bogotá —ese pequeño grupo de hermanos— para que ellos puedan seguir creciendo y multiplicándose, Señor, en esa ciudad. Haz lo mismo, Señor, en toda ciudad de Latinoamérica y del mundo donde haya hermanos fieles a ti.

Nosotros te rogamos que tú los ayudes a poder abrir sus labios y a compartir sus casas y sus vidas con las personas que los rodean. Capacítanos, Señor. Ayúdanos a no salir iguales a como entramos. Ayúdanos a salir diferentes, con mayor pasión por ti, con mayor amor por ti, que podamos pelear la buena batalla con tus herramientas, con el poder de tu Santo Espíritu.

Señor, ¿es posible que aquí haya alguien hoy que no conozca tu Palabra, que no haya nacido de arriba? Yo te ruego, Padre, que tú lo traigas a conversión, que tú lo hagas nacer de lo alto. Si hay aquí algún amigo que está sentado en medio nuestro y que no ha aceptado todavía a Cristo como su Salvador, yo te animo a que te acerques al final aquí adelante. Si tienes preguntas, te las vamos a contestar; si no, acércate a cualquier hermano que está alrededor, que estos hermanos, con el poder del Espíritu Santo y con una Biblia abierta, van a poder explicarte con mayor precisión el mensaje del Evangelio.

Señor, que estas palabras que acabamos de decir no caigan en vano, en mera palabrería. Ayúdanos como comunidad a poder ser sensibles a la voz de tu Espíritu, a poder ser instrumentos tuyos para multiplicarnos y guiar a otros a la fe. Gracias, Padre, por tu bendición. Gracias, Padre, por este día. Bendice a cada hermano aquí presente, a cada persona reunida aquí, que tengan un buen fin de semana y una semana en la que puedan ser pescadores de hombres, multiplicándose, Señor, como tú has dispuesto, has mandado y tu Espíritu nos ha guiado. En Cristo Jesús, amén.

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Enrique Crespo

Enrique Crespo

Enrique Crespo fue llamado a salvación en 1980 y desde entonces ha servido al Señor en la evangelización, enseñanza, consejería y predicación. Es miembro de la IBI desde 2005 y, desde 2015, dirige Misión Antioquía, el ministerio de evangelismo, plantación de iglesias y misiones de la iglesia. Posee estudios en Mercadeo, Derecho, Educación y Teología, incluyendo una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Aurora Almánzar y tienen tres hijos adultos: Aldo, Iván y Javier.