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Sermones

Sabiduría navideña

Enrique Crespo 1 diciembre, 2024

La Navidad es mucho más que un ambiente festivo de luces y regalos; es el relato de cómo Dios intervino sobrenaturalmente en la historia para salvar a la humanidad. En Mateo 2 aparecen dos grupos con reacciones radicalmente opuestas ante el nacimiento de Cristo: por un lado, Herodes y los eruditos judíos, que poseían las Escrituras, sabían exactamente dónde nacería el Mesías y conocían las profecías, pero usaron ese conocimiento para conspirar o simplemente permanecer indiferentes. Por otro lado, unos sabios del Oriente, gentiles con información limitada —quizás una tradición oral heredada desde tiempos de Daniel y una estrella misteriosa—, viajaron durante meses para adorar al niño con todo lo que tenían.

Herodes era un político astuto que había sobrevivido a múltiples cambios de poder en Roma, pero su astucia solo sirvió para intentar eliminar al rey recién nacido. Los escribas conocían Miqueas y podían citar que el Cristo nacería en Belén, pero ninguno se movió para adorarlo. En contraste, los magos llegaron con oro, incienso y mirra, se postraron y adoraron con gozo. Su ofrenda probablemente sostuvo a la familia durante su huida a Egipto, mostrando cómo Dios orquesta providencialmente cada detalle para proteger a los suyos.

El conocimiento bíblico sin obediencia no produce fruto; en cambio, un corazón dispuesto, aunque tenga poca luz, puede ser guiado sobrenaturalmente hacia Cristo. La historia navideña es un legado de salvación e inclusión verdadera: los más lejanos pueden acercarse, y los que parecen tenerlo todo pueden perderse por su indiferencia.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Mis hermanos, el título del mensaje de hoy ha sido "Sabiduría navideña". Estamos usando el término navidad adrede, y bastante, y mucho, porque ahora mismo hay una tendencia en la cultura occidental, sobre todo, de borrar toda influencia, comenzando por borrar la influencia del cristianismo. Y para no ser ofensivos a otras creencias, lo que muchos pretenden es "felices fiestas". Pero ¿cuáles son las fiestas?

Bueno, que Cristo no nació en diciembre, es cierto, es cierto. Compramos ese punto de que la historia y las condiciones climáticas, según el relato, etcétera, no apuntan a que Cristo nació en un diciembre; no había las condiciones climatológicas para eso. Pero lo cierto es que el que pone el arbolito, el que pone el nacimiento en diciembre, la fecha "antes de Cristo" y "después de Cristo" se refieren a que en un momento en la historia Cristo nació, y eso es innegable. No importa la cantidad de regalos que se compren en los moles, no importa la cantidad de fiestas, no importa el tiempo de ocio, los bombillitos; todo eso es un tiempo muy alegre aquí en República Dominicana. A las rancas de octubre creo que si más se adelanta, ¿verdad? Todo ese tipo de cosas y el ambiente festivo y de jolgorio.

Pero hay algo más profundo. Si nos quedamos solamente en un espíritu festivo, en una fiesta de la que no sabemos para qué es, se está perdiendo el relato de la navidad. Y hoy nosotros quisiéramos proponerle que viéramos en Mateo capítulo 2. Voy a estar leyendo de la NBLA. Vamos a ver varios grupos y varios personajes, pero vamos a hacer énfasis en un grupo de magos que aparecen en este relato, gente misteriosa, que yo espero que no sea tan misteriosa al final del mensaje.

Dice Mateo capítulo 2: "Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos sabios del Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: '¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.' Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y todo Jerusalén con él. Entonces el rey reunió a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, y averiguó de ellos dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: 'En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un gobernante que pastoreará a mi pueblo Israel.'"

Así comienza el Evangelio de Mateo, después de presentar la genealogía de Cristo y el nacimiento de Cristo. Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes. ¿Quién era este rey Herodes? Porque aparece como alguien fundamental, principal, protagonista, pudiéramos decir, de la historia. El rey Herodes venía de una familia en la que su padre y él, ambos reyes de Israel, habían sabido sortear una serie de situaciones en el mundo que les tocó vivir. De hecho, Flavio Josefo se refiere a él diciendo lo siguiente: "Herodes era capaz, astuto y cruel; fue un hombre de gran ferocidad contra todos los hombres por igual, y esclavo de su pasión." Augusto César, el emperador romano, decía: "Prefiero ser un cerdo de Herodes que uno de sus hijos."

¿Y por qué? Bueno, estos personajes, tanto su padre como él, supieron nadar en diferentes aguas, y nadar en esas aguas y estar en el poder en los tiempos del imperio romano, que había que ser una gente —como diríamos en República Dominicana— de cinismo, que se comen una caja de bacalao y escupen los clavos. Eso era más o menos Herodes: una gente hábil. Un zorro. De hecho, a uno de los hijos del Señor, el Señor le dijo "esa zorra". Era una gente que podía flotar en cualquier agua. Estas gentes sobrevivieron a Julio César, a Pompeyo, a Octavio, a Marco Antonio, a Cleopatra, a todo el mundo. Se las pillaron a todos, y ellos ahí, estando pegados en cualquier gobierno, teniendo buenas relaciones en cualquier gobierno. Ellos sabían ser, en aquella época, de alguna manera ingeniárselas para aparecer bien también con el que subía. Nunca estuvieron en malas con ningún rey y siempre fueron favorecidos.

Era un hombre que creía en la cultura helenística, fomentó la cultura helenística, pero se casó con una descendiente de la línea asmonea, que era una línea real, vamos a llamarlo así, de Israel, para poder cubrir su pasado gentil. Recuerden que los gentiles son todos aquellos que no son judíos, y no eran bien vistos por los judíos. Entonces, este hombre no era bien visto por los judíos por su pasado gentil. Un hombre que mató a la suegra, a la esposa, a sus hijos, a sus amigos y a todo lo que respirara que se le pusiera en frente, o que él entendiera que aspiraba a su trono. Un hombre que fue constructor —con esto no quiero hacer ninguna referencia a ningún político dominicano, la verdad que me vino— pero era constructor, la verdad. Y trajo esplendor a Jerusalén; el gran templo fue él quien lo comenzó a construir, etcétera.

Y ya al final de sus días, según Flavio Josefo, falleció cerca de los 70 años, de múltiples males que lo pusieron en condiciones muy críticas. Entonces, esto quizás ocurrió cuando él tenía quizás 68 o 69 años, siendo ya viejo. De hecho, era tanto el odio que le tenían a Herodes que él pensaba que nadie lo iba a llorar cuando se muriera. Y por eso reunió a muchos nobles y gente de renombre, los metió presos y dijo que, cuando él viera que su muerte se acercaba, que los mataran a todos, porque decía: "Si no lloran por mí, por lo menos habrá llanto el día de mi muerte." Esa era el calibre de este hombre.

Y este hombre, ya con 68 o 69 años, recibe la visita de unos sabios que le dicen: "¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?" No dice que habrá alguien que será el Rey de los judíos, sino: "¿Dónde está el Rey de los judíos que ya ha nacido?" Ya era rey. Imagínense cómo tomó esto este hombre. ¿Cómo fue? Pero tú estás en un palacio real. No sé si te has dado cuenta, porque en el cargo estoy yo. ¿Qué dónde está el Rey de los judíos? De ahí la turbación. Dice que cuando él oyó esto, que estos magos llegaron, él se turbó, y todo Jerusalén con él. Hubo un estado de mente —como está escrita esta palabra en el original— de turbación: es el estado de mente de aquellos con miedo y perplejidad, asombro, indecisión, sorpresa. Fue algo sorprendente. Yo me imagino que la ciudad también estuvo en expectativa: ¿y ahora qué va a hacer este hombre? Yo me imagino que comenzaba a cortar cabezas. No se sabía lo que iba a hacer. Temor.

¿Qué sabían Herodes y los eruditos, y cómo lo usaron? Noten que en todo esto nosotros vamos a estar viendo que Herodes y los eruditos judíos sabían mucho, pero aplicaron muy poco para bien. Esta gente sabía mucho, pero aplicó poco para bien. ¿Qué sabían Herodes y estos eruditos? Bueno, la primera noticia que les llegó fue de los magos: que el Rey de los judíos había nacido. Él entendió perfectamente esto, porque miren, cuando él reúne a los eruditos, él averiguó de ellos dónde había de nacer el Cristo. O sea, él sabía que el Rey de los judíos era el Cristo. De hecho, los eruditos le dijeron claramente que era en Belén de Judá donde iba a nacer. O sea, ya tenía el sitio. Y también, según Miqueas, ellos le dan algunos títulos a este Cristo, a este Rey de los judíos: dicen que era un gobernante y un pastor. Más adelante, Mateo nos revela en el versículo 15 que era el Hijo de Dios. Entonces, ellos sabían perfectamente que estaban hablando del Mesías, del Cristo, del Hijo de Dios, que era un gobernante, que era un pastor, y que había nacido en la ciudad de Belén, un pueblito pequeño. Todo eso lo sabían.

Ahora bien, ¿para qué lo usaron? Los escribas, ninguno dijo —cuando vieron que era Belén— ninguno de ellos dijo: "Vamos a adorarle." El mismo Herodes determinó, con astucia, preguntar cuándo habían visto la estrella que ellos dicen que estaban siguiendo, para calcular más o menos la edad, pero sin hacer la pregunta directa. Como queriendo decir: "Desde cuándo ustedes vieron esa estrellita, cuéntenme." Y les dice: "Cuando averigüen bien dónde está esa casa, díganmelo, para que yo también vaya y le adore." Un zorro, un zorro, un político con experiencia, la verdad. Un hombre que sabía cómo moverse en todo esto, sabía cómo trucar, cómo usar las palabras, cómo moverse en los recónditos para alcanzar su objetivo.

Yo me imagino también a los eruditos, los escribas y los fariseos, que quizás, viendo lo que estaba aconteciendo, que el Mesías había nacido en Belén, quizás no querían tirarse en contra de Herodes. Ellos dirían: "Bueno, si es el Mesías, él se defenderá; Dios lo defenderá. Mejor guardemos nuestras ropitas. Hay que saber guardar las ropas. Vamos a recoger, vamos a dejar que esto pase, porque no es el tiempo de estar muy en el medio." Yo no estaba ahí, yo no puedo afirmar eso —yo siempre digo que estoy un poco viejo y acabado, pero no llego hasta allá— pero me imagino que algo así pudo haber acontecido.

Y ahí tenemos la reacción de gente erudita y gente con revelación específica, particular, que eran las Escrituras. Tenían conocimiento de las Escrituras, no vacilaron en dar unas respuestas, sabían quién era el que había nacido y sabían dónde había nacido. Y lo único que hicieron fue tratar de crear un complot para asesinar, con apatía y autoconservación. Esa fue la reacción de este grupo de personas, todos pertenecientes al pueblo de Dios, de manera nominal al menos.

Pero aparece este otro grupo que fue el que trajo todo este revoltorio: los sabios, dice Mateo; algunos otros textos dicen los magos.

Y la verdad es que cualquiera de las dos traducciones es correcta. Lo que pasa es que el término "mago" al día de hoy se asocia con magia, y aunque pudo haber algunos de ellos que se ocuparan de la alquimia y este tipo de cosas, algunos trucos, pero ese no era el fuerte de los magos. También yo sugiero que nos quitemos la imagen tradicional que tenemos de los tres santos reyes magos.

Yo en esta semana conversaba con un filósofo y erudito dominicano, amante de la cultura, el pastor Reinaldo Logroño. Oye, Reinaldo, no me creen. Y él decía que él solamente tenía un problema con los tres santos reyes magos: que ni eran tres, ni eran santos, ni eran reyes, ni eran magos. Yo le propongo que nos quitemos el cliché de Melchor, Gaspar y Baltasar, y todo ese tipo de cosas —los reyes, los de Madrid, los caramelos— y que nos olvidemos de eso. Nadie va a entregar cartas aquí, no se reciben cartas al final, nada de eso. Quitémonos un poquito el cliché de los reyes magos para ver si podemos entrar en el texto y ver quiénes eran estos sabios, estos magos del Oriente.

Bueno, estos sabios orientales eran una casta sacerdotal, por lo regular poseedores de poder y conocimiento sobrenatural. Eran astrónomos, muchos de ellos. Astrónomos, no astrólogos. Los astrólogos son los del horóscopo; los astrónomos son los que miran las estrellas. Y eso era lo que eran ellos. En aquella época, de hecho, era gente de mucho respeto.

En aquella época, en los relatos de la cultura helenística, era común, era conocido, que personalidades se desplazaran de muy lejos cuando ocurría el nacimiento de alguien de trascendencia e importancia. Además, estos nacimientos venían acompañados por lo regular de grandes señales en el cielo. Por ejemplo, este tipo de relatos y de visitas acompañaron el nacimiento de Alejandro Magno, de Mitrídates, de Alejandro Severo. Y Virgilio cuenta en la Eneida que Eneas fue guiado por una estrella —la estrella de Venus— hasta el lugar donde Roma fue fundada. O sea, fíjense que las estrellas viniendo de Oriente eran parte de la cultura helenística, a la cual Herodes conocía bien y estaba muy acostumbrado. Además, alguien de ese nivel es muy raro que no conociera la Eneida de Virgilio, muy difícil, y ahí está el relato de que Eneas fue guiado por esa estrella hasta el lugar donde Roma fue fundada.

La tradición rabínica también señalaba que fenómenos similares se vieron en el cielo cuando nacieron Abraham, Isaac y Moisés. Y en esta coyuntura es que se aparecen unos sabios diciendo que han seguido una estrella, y una estrella con algunas características, como una especie de GPS de otra dimensión, más o menos, porque aparecía, desaparecía, los iba guiando. No tenía que decirles "en cien metros doble a la derecha"; no, iba adelante constantemente, iluminando y guiándolos. Estos magos quizás duraron meses caminando —en camello, a caballo, lo que fuera—, quizás recorrieron miles de kilómetros, simplemente siendo guiados por una estrella.

Algunos dirán: "¿Pero tú crees eso de la estrella todavía?" Porque ya se ha hablado mucho de la famosa estrella y se han hecho estudios de que quizás fue un eclipse, y se han dado muchísimas historias. Pero la verdad es que todas estas versiones de la famosa estrella no le hacen honor al relato bíblico. Es un pobre intento de quitarle lo sobrenatural al relato bíblico. Y la verdad es que si uno parte del criterio de un universo cerrado, este tipo de relatos no tendrían acogida ni veracidad.

Un universo cerrado entiende que prácticamente lo único que existe es lo material, pero se queda corto a nivel filosófico esa interpretación del universo. Porque la verdad es que la filosofía debe responder preguntas sobre lo que existe y tratar de responder a las inquietudes de por qué lo que existe está aquí. Y un universo cerrado deja muchas preguntas inconclusas. Por ejemplo, si solamente lo material existe, ¿de dónde surgen los sentimientos? ¿Cómo lo inmaterial viene de lo material? ¿Cómo lo material dio paso a lo inmaterial?

O sea, una piedra no tuvo un mal sentimiento un día, no le entró una depresión a una piedra y dijo: "Caramba, yo me siento muy mal, me siento tratada como basura, los perros vienen y se orinan en mí." Eso no se ve. Una gallina tampoco tiene criterio de belleza, de estética. No dice: "Déjame poner un huevo cuadrado ahora, y amarillo, para dar un poco de variedad." Eso no se ve. ¿De dónde viene la estética, el amor, la ira? No puede venir de una piedra ni de un animal. Por eso es que el concepto de un universo abierto puede dar mejores explicaciones a lo que tenemos.

En un universo abierto existe lo que estamos viendo, y existe otra dimensión que no vemos, que no contemplamos, pero que interviene en esta naturaleza. Esa otra dimensión está por encima del tiempo y del espacio; por lo tanto, crea fenómenos que no pueden ser explicados dentro de esta dimensión. Yo creo que la mejor forma de ilustrar eso fue la historia que cuentan de un niño que la escuchó en la escuela dominical: la historia de Jonás, que fue tragado por una ballena. La Biblia no dice que fue por una ballena, fue un gran pez; pero, en fin, al niño le explicaron que era una ballena. Y la maestra en su colegio le dijo: "¿Cómo va a ser eso, niño?" Y comenzó a aplicar una serie de argumentos. Y el niño le respondió: "Mire, si la Biblia dice que la ballena se tragó a Jonás, se lo tragó. Y si dijera que Jonás se tragó a la ballena, también me la trago."

Nuestro Dios es sobrenatural. Nuestro Dios es sobrenatural. No está limitado al tiempo y al espacio, y ese razonamiento, por infantil que parezca, es una realidad. Por lo tanto, si aquí dice que apareció una estrella, apareció una estrella, y lo guió y lo llevó donde sea.

Si el cristianismo no fuera sobrenatural, ¿a dónde vamos a acudir cuando tengamos cáncer, cuando se muera un familiar, cuando tengamos un problema grande que no podemos resolver? No a nuestra fuerza, sino a la fuerza sobrenatural que está por encima de esta creación. Al Dios que controla los cielos y la tierra, al Dios que hace que el clima esté bien cuando usted tiene que viajar en un avión, al Dios que hace que usted pueda pasar en una canoa en una selva teniendo remolinos de un lado y el bote con el motor dañado. Claro que sí. Al Dios que resucita muertos.

Se pasó, pastor. ¿El Dios que resucita muertos? Hasta ahí no, que no... Miren, para muestra un botón. Yo no sé si la cámara va a poder tomar esto, pero si aquí alguno de los que está aquí estaba muerto en sus delitos y pecados y ha sido resucitado por la sangre de Cristo y el poder de Dios, por favor, levante la mano. ¡Poder de Dios! Es más fácil que usted pare en un cementerio frente a una tumba y le diga "levántate" a que nosotros hayamos venido al arrepentimiento y a la conversión. Muertos resucitados. ¡Poder! Si hay algo que tiene el cristianismo es que es sobrenatural.

Ahora bien, estos magos, ¿de dónde vinieron? ¿Quién les explicó lo de la estrella? La verdad es que hay muchas teorías. A mí me gusta una. En Daniel, capítulo 2, versículo 48, dice lo siguiente —está hablando de un rey de Babilonia—: "Entonces el rey engrandeció a Daniel y le dio muchos regalos espléndidos y le hizo gobernador sobre toda la provincia de Babilonia y, ojo, jefe supremo sobre todos los sabios de Babilonia." Y en Daniel, capítulo 4, versículo 9, dice: "Beltsasar" —que es Daniel— "jefe de los magos, ya que sé que el espíritu de los dioses santos está en ti y que ningún misterio te confunde."

Era alguien que revelaba misterios y fue hecho jefe de los magos, y estuvo en varios imperios —en el de Babilonia y en el de Persia— y fue el profeta Daniel. Daniel tuvo también la profecía de las setenta semanas, donde se calculaba la venida del Mesías Príncipe. Yo no estaba ahí, es una hipótesis, pero ¿habrá dejado Daniel algún tipo de enseñanza que se multiplicó a nivel de oralidad y fue traspasada de siglo en siglo hasta que llegó a estos magos? No sabemos, pero la verdad es que coincide que Daniel fuera jefe de los magos y que estos magos tuvieran cierto conocimiento del Mesías Príncipe.

Lo otro que hicieron estos magos, además de viajar por tanto tiempo, lo dice en Mateo, capítulo 2, versículo 9: "Después de oír al rey, los sabios se fueron, y la estrella que habían visto en el Oriente iba adelante de ellos." Tiene que ser algo fenomenal y sobrenatural de lo que estamos hablando: una estrella que va adelante, que es sobrenatural, y se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. "Cuando vieron la estrella, se regocijaron mucho con gran alegría, y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose lo adoraron; y le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra."

Aquí estamos viendo gente que son gentiles. Vienen de lejos, vienen con lo mejor de ellos, cargados con tesoros, y se los ofrecen al niño. No se nos dice que hicieron algo más. Después de haber caminado por tanto tiempo, lo único que hicieron fue venir y adorar con gozo, con alegría y con todo lo que tenían encima. Eso fue lo que ellos hicieron.

Esto recuerda a Isaías, capítulo 60, versículos del 1 al 6. Miren cómo describe lo que acontecería en el futuro, y recuerden que las profecías pueden tener cumplimiento en diferentes momentos de la historia: "Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti. Porque tinieblas cubrirán la tierra y densa oscuridad los pueblos."

Pero sobre ti amanecerá el Señor y sobre ti aparecerá su gloria, y acudirán las naciones a tu luz y los reyes al resplandor de tu amanecer. Levanta tus ojos en derredor y mira: todos se reúnen y vienen a ti, tus hijos vendrán de lejos y tus hijas serán llevadas en brazos. Entonces lo verás y resplandecerás, y se estremecerá y se regocijará tu corazón, porque vendrá sobre ti la abundancia del mar; las riquezas de las naciones vendrán a ti. Y el versículo 6 dice: traerán oro e incienso.

Era parte de este relato de la venida de Dios y de este Mesías príncipe: cómo vendrían de naciones lejanas con tesoros a ofrecerle, inclusive habla de oro e incienso. Y aquí estaban estos magos de oriente que están en la casa del niño trayendo estas cosas, estos tesoros, y poniéndose a su disposición.

El versículo 11 —y permítanme aclarar algo para los que ponen las escenas del nacimiento— nos trunca un poco la versión. Entrando en la casa. No dice el pesebre. No dice el pesebre; dice entrando en la casa. ¿Por qué en la casa? Bueno, después de mucha consulta y después de mucho estudio, se concluye que fue en la casa porque fue en la casa. No le demos más vuelta: no hay pesebre. El episodio del pesebre ya había pasado.

De hecho, si ustedes recuerdan, cuando los padres de Cristo fueron a presentarlo al templo, ¿qué fue lo que ofrendaron? Tórtolas y palominos, porque eran pobres. Era una pobreza. Y eso ocurría alrededor de los cuarenta días después de nacido. Pero si la visita de los magos hubiera sido antes de esos cuarenta días, hubieran tenido oro. O sea, algo les quedaba. Pero no tenían cosa alguna. Era una pobreza. Aparentemente los magos no habían pasado por ahí todavía. No había caído el regalo. No había pasado por ahí.

Sin embargo, quizás ya serían dos o tres meses después. Ya era un niño que podía ser cargado con más confianza, porque por lo regular, cuando están tan recién naciditos, da miedo; uno cree que se van a desarmar. Pero ya era alguien más durito, ¿verdad? Y allá aparecieron ellos.

¿Por qué ese oro? ¿Para qué ese oro? Bueno, aparentemente ese oro sirvió después —junto con el incienso— para mantener a la familia en Egipto. Aparentemente, o al menos algunos creen que fue así. Y tiene cierto sentido, porque si usted es pobre y le dan un tesoro y tiene que irse fuera, pues lógicamente usted emplearía ese dinero en sostenerse.

Fíjense cómo, con Herodes furioso y mucha gente tratando de hacerle daño al niño y a su familia, Dios está moviendo las cosas: trae unos magos desde lejos cargados de tesoro, los pone allí, y luego les habla en sueños. Todo esto es sobrenatural. Todo esto es sobrenatural. En el versículo 9 vemos una estrella; en los versículos 12, 13 y 19 hablamos de sueños, de ángeles que hablan y que se manifiestan. Toda una guía tratando de sacar y de cuidar a esta familia para el propósito que Dios le había reservado.

Incluyendo a estos gentiles que venían desde bien lejos con muy poca información. Muy poca información tenían ellos, pero la supieron utilizar bien. Tenemos, por un lado, a los judíos que tenían mucha información pero no la usaron para bien. Y por otro lado, tenemos este grupo de gentiles que vino de lejos con poca información —quizás un fenómeno atmosférico, un fenómeno astronómico y una tradición oral, probablemente— y ya con eso, ellos utilizaron esa información para mucho bien.

Mi hermano querido, no sé si alguien aquí está pasando por alguna tribulación, angustia o problema: si Dios cuidó así a su Hijo, también puede cuidar así de nosotros. Y eso es parte de la sabiduría navideña que nos traen los magos. Mira, de cualquier manera, de cualquier forma, por cualquier vía, Dios sigue teniendo control de todas las circunstancias y de todo lo que ocurre para el beneficio de sus hijos. Quizás no sea el medio o la respuesta que uno quisiera, pero sí tenemos que recordar que, como vivimos en un universo abierto, Dios trabaja para la eternidad, no para la temporalidad.

Hay personas que han fallecido, pero han traído a otros a Cristo por ese fallecimiento. Son muertes que son para vida, no para destrucción. Hay enfermedades que han traído personas a conversión, aunque sean catastróficas, pero son enfermedades que Dios ha usado para que personas se conviertan. No sabemos por qué es, pero el futuro tuyo y mío están en las manos de Dios y Él conoce lo que va a ocurrir. Como sabía que Herodes iba a perseguir también al niño, como sabía que iban a tratar de matar a todos los niños de dos años para abajo en Belén y sus alrededores, lo sabía, y fue manejando las circunstancias para proteger al niño.

¿Qué conclusiones podemos ir sacando de todo lo que estamos hablando? La primera que les propongo analicemos, a la luz de todo lo que hemos visto, es que el conocimiento teórico de las Escrituras no lleva necesariamente a hacer el bien. El conocimiento teórico de las Escrituras no lleva necesariamente a hacer el bien. Hay personas que pueden citar la Biblia de memoria, hay personas que pueden hacer un devocional solamente con la Biblia, lo cual es muy bueno y yo siempre estoy suscrito a esa tendencia. Pero quizás hacer un devocional solamente para poner un check y seguir de largo sin detenerse, y mucho menos ponerlo en práctica, eso no funciona mucho.

Los antiguos pietistas decían que había que trabajar corazón, mente y manos. Si solamente es la mente, uno se vuelve teórico. Si solamente es el corazón —la parte espiritual y emocional—, uno se vuelve alguien sumamente emotivo, una veleta. Y si solamente es la parte práctica, uno tendría una especie de Evangelio Social. Tienen que estar las tres cosas: corazón, mente y manos. Si leemos algo y no lo practicamos, no estamos entendiendo que la Biblia es un manual de vida.

Esta gente tenía mucho conocimiento teórico, pero todo ese conocimiento que tenían no les sirvió para hacer el bien. Al contrario, lo usaron para hacer el mal. Pensemos en eso. Uno puede quizás decir: "¡Caramba, qué gente tan mala!", pero muchas veces uno pudiera verse sorprendido buscando un texto de la Escritura para decirle tres cosas al hermano, para que él sepa cómo es la cosa. "La Biblia lo dice."

Se cuenta que Moody, una vez, le dijo a Spurgeon —se decía que Spurgeon fumaba tabaco, puro— y Moody le dijo: "¿Hasta cuándo usted va a seguir dando mal ejemplo, siendo un predicador, usando el nombre de Dios y dando tan mal ejemplo fumando tabaco?" Y él le respondió: "El mismo día que usted coja carácter y deje de hablarle mal a las personas." Yo no estaba ahí; no puedo decir que esas fueron las palabras exactas, pero palabra más, palabra menos, ese es el relato entre Moody y Spurgeon. Hay gente que pudiera tomar la Biblia simplemente para dársela a alguien por la cabeza. Y esa no es la idea. Esa no es la idea.

El segundo punto que les propongo es que el amor a Dios hace que personas lejanas puedan ser guiadas por el Señor, por diferentes medios, a tener una relación con Él. Mateo 21 tiene un relato interesante. Miren esta parábola, versículo 28: "¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegándose al primero le dijo: 'Hijo, ve, trabaja hoy en la viña.' Y él respondió: 'No quiero'; pero después, arrepentido, fue. Llegándose al otro, le dijo lo mismo, y este respondió: 'Yo iré, señor', pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" "El primero", respondieron ellos. Jesús les dijo: "En verdad les digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que ustedes, porque Juan vino a ustedes en camino de justicia y no le creyeron, pero los recaudadores de impuestos y las rameras le creyeron; y ustedes, viendo esto, ni siquiera se arrepintieron después para creerle."

El amor a Dios hace que personas lejanas puedan ser guiadas por el Señor, por cualquier medio o por diferentes medios, para tener una relación con Él. Quizás aquí hay alguien, o uno está oyendo a alguien, que tiene un pasado muy oscuro o un presente muy negro: alguien que quizás haya vendido drogas, alguien que quizás sea mafioso, cualquier tipo de situación. Yo recuerdo, inclusive, a alguien, un capo colombiano que me dijo en una ocasión: "Yo no visito una iglesia porque las cosas de Dios se respetan, y yo he matado mucha gente o he mandado a matar." Él decía que había matado directamente o mandado a matar a más de cien personas. "Cada vez que uno mata o manda a matar a alguien, algo se le rompe por dentro; por lo tanto, las cosas de Dios se respetan. Ya yo no tengo salvación."

Eso dio la oportunidad de predicarle el Evangelio, porque a gente como él es que vino a salvar el Señor Jesucristo. Gente como tú y como yo también, mi hermano querido. Gente como tú y como yo: Él vino a buscar lo que se había perdido. El que está sano no tiene necesidad de médico, sino aquel que está enfermo, dice Lucas. Por lo tanto, no importa lo profunda que puedas considerar tu enfermedad; hay solución en Cristo Jesús.

Lo tercero que les quisiera sugerir es que noten cómo la revelación general no contradice a la particular. O sea, todos estos fenómenos y todas estas cosas sobrenaturales que estaban sucediendo iban de acuerdo con las profecías dadas en las Escrituras. Hay gente, por ejemplo, que comienza a buscar algún tipo de señal para hacer algo que está contrario a las Escrituras. Si ya está señalado que es contrario, no lo busque, porque está claramente revelado. "Apareció un dinero, ¿me lo robo o no me lo robo, para poder solucionar mis problemas?" No te lo robes, porque dice claramente: "No robarás." ¿Qué parte de "no robarás" no entendiste? Muy claro está.

Entonces, la revelación general —cualquier fenómeno, cualquier idea sobrenatural— no contradice la Escritura. Si viene de Dios, no la contradice. Aquí nosotros no creemos tampoco en brujería, ni estamos defendiendo el castillo de Hogwarts, ni Gryffindor, ni Harry Potter. Es algo totalmente diferente, totalmente diferente.

Por último, ten en cuenta que la historia de la Navidad es un legado hermoso del Cristianismo. No lo perdamos. No lo perdamos. No es solo un "¡Feliz Navidad!", "¡Gocemos!", no. Es una historia hermosa, sobrenatural, de salvación, de verdadera inclusión. Todos los malos podemos encontrar salvación en el Señor. Es algo de gozo, de alegría, de regocijo.

Es verdad que podemos alegrarnos con la comida, con los regalitos, con los regalos. Todo eso está bien. Pero hay algo que trasciende, y es esta historia de la salvación de Dios.

Por lo tanto, mi querido hermano, para concluir con sinceridad de corazón, les quiero desear a todos, y también a quienes nos ven: ¡Feliz Navidad! ¡Que Dios los bendiga a todos!

Enrique Crespo

Enrique Crespo

Enrique Crespo fue llamado a salvación en 1980 y desde entonces ha servido al Señor en la evangelización, enseñanza, consejería y predicación. Es miembro de la IBI desde 2005 y, desde 2015, dirige Misión Antioquía, el ministerio de evangelismo, plantación de iglesias y misiones de la iglesia. Posee estudios en Mercadeo, Derecho, Educación y Teología, incluyendo una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Aurora Almánzar y tienen tres hijos adultos: Aldo, Iván y Javier.