IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cuando Jesús tomó un látigo y expulsó a los mercaderes del templo, no perdió el control: estaba defendiendo el propósito sagrado de aquel lugar. El templo había sido diseñado como casa de oración para todos los pueblos, un sitio donde cualquier persona —sin importar su pasado, su origen étnico o su condición social— podía acercarse a Dios y entrar en pacto con él. Isaías 56 lo había establecido claramente: incluso los eunucos y los extranjeros, excluidos por la ley anterior, podían ser recibidos si amaban a Jehová y guardaban su pacto. Sin embargo, los saduceos convirtieron el atrio de los gentiles en un mercado, cobrando comisiones por cambiar dinero y vender animales para el sacrificio. Se volvieron, en palabras del Señor, una cueva de atracadores que estorbaban el camino de salvación.
Hoy no existe un templo físico de aquella magnitud, pero la gloria de Dios mora ahora en cada creyente. Somos templos del Espíritu Santo, sacerdotes llamados a interceder, y nuestras vidas pueden convertirse en casas de oración y salvación para quienes nos rodean. La historia demuestra que todo avivamiento genuino ha sido precedido por oración extraordinaria: los moravos oraron sin interrupción durante cien años; en la calle Fulton de Nueva York, reuniones de oración desataron conversiones masivas; en Gales, niños y mineros transformaron comunidades enteras.
El llamado es claro: no basta una oración casual. Los tiempos que vivimos demandan creyentes que se sumerjan en la presencia de Dios con devoción persistente, reflejando su gloria a un mundo que anhela, sin saberlo, regresar al Edén.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Pues bien, mis hermanos! Y amigos que están acá y que nos escuchan. Yo creo que hay un pasaje en las Escrituras que, aunque muchas personas no sepan dónde está, lo han oído mencionar. Es en un momento dado que el Señor Jesucristo hace un látigo, hace un látigo sí, y saca los mercaderes del templo, y les dice que su casa será llamada casa de oración, pero que ellos la han hecho cueva de ladrones. Eso es un texto famoso de las Escrituras, muy conocido, y si usted nunca lo había oído, pues sepa que es famoso, de verdad; uno lo ha oído desde que uno es pequeño.
Ese texto como que tiene una connotación negativa, por lo menos cada vez que yo recordaba ese texto, siempre me acordaba de la acción del Señor sacando a todos los mercaderes. Pero ¿por qué el Señor hizo eso? Es más, uno pudiera estar pensando: "Caramba, pero Dios es bueno. Jesucristo es manso y humilde. ¿Por qué una acción de esa naturaleza?" Obviamente, siendo Dios, no fue que perdió el control, pero ¿por qué lo hizo?
Para poder entender por qué lo hizo, quizás tenemos que ir al texto original y ver qué fue lo que pasó. De ahí se toma ese texto, que es de Isaías, capítulo 56, y vamos a estar leyendo desde el versículo 1 hasta el versículo 7. Ahí nosotros tenemos a Isaías, que fue un profeta que escribió este texto; creen los expertos que ya cuando el pueblo de Dios estaba en el exilio. El libro de Isaías, en los primeros 49 capítulos, le está hablando sobre la represión; Dios está trayendo represión al pueblo de Israel porque han abandonado el pacto. Del capítulo 49 al 55, Dios comienza a hablarle de restauración, básicamente, o principalmente. Y a partir del capítulo 56, Dios comienza a hablarle de la gracia.
Aparentaría como que es una exhortación que le está haciendo: que cuando este pueblo, que abandonó los pactos y fue juzgado por Dios y fue enviado al exilio, cuando volviera otra vez a la tierra prometida, pudieran renovar su lealtad hacia Dios, hacia Jehová cuando ellos regresaran. Y comienza a explicar en el capítulo 56; leo a partir del versículo 1:
"Así dijo Jehová: Guardad derecho y haced justicia, porque cercana está mi salvación para venir y mi justicia para manifestarse. Bienaventurado, feliz, dichoso el hombre que hace esto y el hijo de hombre que lo abraza, que guarda el día de reposo para no profanarlo y que guarda su mano de hacer todo mal. Y el extranjero que siga a Jehová no hable diciendo: 'Me apartará totalmente Jehová de su pueblo.' Ni diga el eunuco: '¡He aquí, yo soy árbol seco!' Porque así dijo Jehová: a los eunucos que guarden mis días de reposo y escojan lo que yo quiero y abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré que nunca perecerá. Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos, a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte y los recrearé en mi casa de oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos."
Y ahí está el contexto del pasaje. Comienza pidiéndole a la gente que guarden derecho y que hagan justicia. Si ustedes recuerdan el texto de Miqueas, que ha pedido el Señor: hacer justicia, misericordia y que seas humilde delante de Él; eso es lo que el Señor está pidiendo. Y algo parecido está planteando aquí.
"Guarda derecho." Decía la otra ocasión, en el servicio anterior, que la verdad es que el derecho muchas veces tiene sus detractores, como que no nos gustan mucho los abogados. De hecho, se dice —y esto no es una crítica a mis colegas, aunque yo no llegué a graduarme— pero la verdad es que yo pienso que eso se ve en todas las profesiones realmente. El derecho en sí mismo es una carrera digna, preciosa y hermosa, porque el derecho muchas veces se define como una conducta que está en armonía con el orden creado. Y cuando nosotros tratamos de hacer leyes es para que precisamente las personas y la sociedad puedan andar en orden con la creación, con lo que Dios estableció, con lo que todo ser humano tiene en su conciencia. Nosotros sabemos que no está bien matar, etcétera, etcétera. Entonces hay personas que no entienden este tipo de cosas, que están fuera de ese orden, y hay que hacer leyes para poder encauzarlos.
Bueno, Él está diciendo que vayan a guardar el derecho y que hagan justicia; es decir, que tengan rectitud moral, que hagan lo que es inherentemente correcto en cualquier relación, como es definida en un pacto; en este caso, en un pacto con Dios. "Ustedes que van a regresar ahora, que van a volver otra vez a la tierra prometida, guarden derecho, hagan justicia, no hagan cosas mal hechas, tengan rectitud moral. Bienaventurado, dichoso el varón que hace esto y que entra en pacto con el Señor."
Esta gracia, esta gracia que incluye a todo el mundo, incluye también a los excluidos de Deuteronomio 23:1-3. Dice: "No entrará en la congregación de Jehová el que tenga magullados los testículos o amputado su miembro viril. No entrará amonita ni moabita en la congregación de Jehová, ni hasta la décima generación de ellos; no entrarán en la congregación." ¿Por qué acontecía esto? Bueno, los moabitas y estos extranjeros —fíjense que eran algunos extranjeros— habían faltado al pueblo de Dios, lo habían ofendido de manera grande, y estaban excluidos. Además, los eunucos en aquella época, en esta región de Asia, muchas veces eran personas que habían cometido crímenes sexuales, que habían ofendido con crímenes sexuales o que eran culpables de sodomía, y eran castrados, eran convertidos en eunucos. No solamente era un asunto de que cuidaran el harén de los reyes, sino que muchas veces era sentencia. Por lo tanto, si una persona venía en esa condición, probablemente había cometido algo muy malo.
Sin embargo, aquí lo que está diciendo Dios es que ahora, primero, no es un asunto de clase social, ni de etnia, ni de raza lo que vinculaba a Dios con la gente, sino un asunto de poder andar conforme a lo que Dios ha establecido, andar derecho y hacer justicia. Incluso aquellas personas que han sido señaladas y separadas del pueblo de Dios, o que pueden ser señaladas como que han cometido algo malo, la gracia de Dios los puede abarcar. Todos aquellos que quieran hacer pacto —versículos 4 y 6—, que amen a Dios, que decidan ser sus siervos y decidan adorarle, pueden entrar en pacto con Dios. Esa fue la base sobre la cual se construyó el segundo templo.
Sin embargo, si nos vamos al primer templo, en 1 Reyes, capítulo 8, versículo 29, vamos a estar leyendo la oración de Salomón cuando dedicó el primer templo, el templo de Salomón. Si recuerdan, antes estaba el tabernáculo; después vino Salomón y construyó el templo. Y en el momento que está orando en ese templo, donde se manifestó la gloria de Dios de una manera impresionante —antes se había manifestado en columna de fuego, en columna de nube, y ahora dentro del templo se manifiesta la gloria de Dios— ahí está Salomón orando y dice, hablando de ese templo:
"Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo y a su plegaria, oh Jehová, Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti, que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: 'Mi nombre estará allí'; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar. Oye la oración de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este lugar. También tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona."
Y dice el versículo 41: "Asimismo el extranjero" —ved la misma idea—, "asimismo el extranjero que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre, pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido, y viniere a orar a esta casa, tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiera clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman como tu pueblo Israel." "Bendice las oraciones que aquí te hagan en este templo, para que todos los pueblos de la tierra conozcan de tu gran nombre."
Dios contesta esta oración en el capítulo 9, versículo 3: "Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado para poner mi nombre en ella para siempre, y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días."
Esta idea era similar; más hacia atrás todavía la tenemos en Deuteronomio 12, cuando Moisés estaba dando instrucciones, instrucciones que Dios estaba dando a través de Moisés. Dice: "Porque hasta ahora no habéis entrado al reposo y a la heredad que os ha dado Jehová vuestro Dios. Mas pasaréis el Jordán y habitaréis en la tierra que Jehová vuestro Dios os hace heredar, y Él os dará reposo de todos vuestros enemigos alrededor, y habitaréis seguros. Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando."
¿Qué tenemos acá? Si ustedes se fijan, este templo —el primer templo, el segundo templo, el de Salomón también fue destruido y después se construye el tercer templo— eran templos donde la gloria de Dios se manifestaba de manera especial, donde todos los pueblos podían ir allá, donde podían hacer pacto con Jehová, donde había un sitio de reconciliación y de salvación para todos los pueblos. Todo el mundo podía ir allí, no importa lo que hubiera hecho en su pasado, no importa su condición social; Jehová los podía acoger si había arrepentimiento verdadero y entraban en pacto, si podían amarlo a Él, si decían: "Señor, perdóname, permíteme amarte, y yo quiero andar de una manera diferente agarrado de Ti."
Y yo seré tu cielo de ahora en adelante, sitio de salvación para todos los pueblos. ¿Qué resulta? Ese templo también, después que construyen el templo de Herodes, que se dice que fue el más grande, el más hermoso, pues aparecieron unas personas: los fariseos y los saduceos. Y sobre todo a los saduceos se les ocurrió una brillante idea, brillante entre comillas. Ellos dejaron, bueno, dejaron un espacio grande, muy grande, que era el atrio de los gentiles, para que todos los pueblos pudieran acercarse a Jehová.
Sin embargo, esta gente dijo: "Mira, está viniendo mucha gente; nosotros quizás podemos ganarnos un dinerito," y se volvieron mercaderes religiosos. Dijeron: "Mira, si tú vas a venir aquí a dar ofrendas, ese dinero con el cual tú andas es un dinero pagano; nosotros podemos darte un dinero santificado," obviamente a cambio de una módica comisión, y aparecieron las casas de cambio. También, si usted iba a sacrificar algo, pues ellos miraban y decían: "Esa vaquita no está del todo bien, pero yo tengo una, mira aquí, modelo 2023," obviamente a cambio de una módica comisión. Y así ellos comenzaron a ver cómo se ganaban un dinerito, comenzaron a tener prosperidad. Esa idea no es de ahora, es bastante vieja, ¿verdad? Pues bueno, les fue bien a estos mercaderes de la religión.
Y comenzaron a estorbar el camino por el cual todo el mundo podía acercarse a Dios. Por eso es que en Mateo 21, a partir del versículo 12, dice: "Y entró Jesús en el templo de Dios y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y les dijo: 'Escrito está: mi casa, casa de oración será llamada.'" ¿No ves? Ustedes están estorbando. Casa de oración será llamada, mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y ese término "ladrón" no es solamente como el carterista, que le saca a usted la cartera sin que se dé cuenta; es más bien como el atracador, el que roba mediante violencia. Ustedes eso son: un grupo de atracadores que están aquí atracando, violentando, sacando provecho de las ovejas, y están estorbando para que otros puedan venir aquí a mi casa de oración.
Spurgeon, predicador, el príncipe de los predicadores, tenía algo. Él dijo una frase famosa: "Quien predica por un salario tiende al infierno por ganancia." ¡Qué boca tan dura! Sin embargo, el Señor, manso y humilde, los sacó a todos a chuchazo, lo cual yo tampoco me atrevería a hacer. Yo ni me atrevo a decir lo que dijo Spurgeon, y tampoco me atrevería a hacer lo que hizo el Señor, no es que lo que hizo el Señor estuvo mal, Él nunca pecó. Pero es para que podamos ver cuán indignado estaba Dios de que pudieran estorbar el camino de salvación para tantas personas.
Dirás: "Bueno, eso fue en el Antiguo Testamento; ya no hay un templo, no tenemos que ir a Jerusalén. ¿Qué pasaría entonces ahora en el Nuevo Testamento?" Bueno, en el Nuevo Testamento tenemos 1 Corintios 6:19, para ir viendo qué es lo que somos. Dice, 1 Corintios 6:19: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?" Ahora no tenemos un templo físico de esa magnitud como la que teníamos en el Antiguo Testamento; obviamente tenemos un templo físico, aquí estamos sentados en uno, pero no tiene esa magnitud y esa trascendencia como la que tenía en el Antiguo Testamento.
Ahora, esa gloria de Dios manifiesta que se exponía en el templo del Antiguo Testamento, ahora la gloria de Dios reside dentro de todos y cada uno de aquellos que somos parte del pueblo de Dios. Ahora nosotros somos el templo de Dios. En vez de que haya un solo templo, ahora hay miles, millones de templos que se están moviendo alrededor del mundo. Pero no solamente eso, sino que dice Juan 17:21 que el Señor, en su oración sacerdotal, pidió no solamente por sus apóstoles, sino por aquellos que habían de creer por la palabra de estos, es decir, por nosotros, y pidió que fuéramos uno, así como el Padre y Él eran uno. Ahora Dios reside en nosotros, y como Dios reside en nosotros, ahora nosotros también podemos tener unidad los unos con los otros para poder reflejar al mundo que somos el pueblo del pacto.
Ahora que hemos hecho pacto con Él, 1 Pedro 2:9 nos dice que somos linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, para proclamar a Dios a todo el mundo. Ahora nosotros no solamente somos templos, sino que además de eso somos nación santa, somos sacerdotes; no solamente somos templos, sino que venimos a ofrecer sacrificios, sacrificios espirituales delante de nuestro Señor. Romanos 9:8 dice que hemos sido unidos al pacto de Dios; nosotros estamos dentro del pacto. Y Efesios 2:14 dice que ya la barrera de separación entre judíos y gentiles ha sido rota; ya somos solamente un solo pueblo. Y 1 Timoteo 2:1 nos exhorta: "Exhorto ante todo a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres."
Somos el templo de Dios. Ahora la gloria de Dios mora en nosotros, y para más remate nosotros también somos sacerdotes, estamos llamados a interceder por los demás. No sé si usted ha pensado, pero si el templo era hermoso teniendo la gloria de Dios, me imagino el Edén. El Edén, lo más bello que tenía no era el paisaje, aunque me imagino que era un paisaje hermoso y precioso, pues tuvo el mejor diseñador de exteriores: el mismo Creador. Pero lo más hermoso del Edén no era el paisaje, era la presencia de Dios.
Y ahora esa presencia de Dios reside en ti y en mí, querido hermano. Cuando nosotros vemos afuera, lo que vemos es desolación, porque el Edén fue destruido, o por lo menos el hombre fue expulsado de ahí. Y pareciera como que el hombre, en su consciencia, tiene una imagen ahí, está la imagen de Dios caída, y tiene todavía un hoyo grande, como que anhela volver a ese Edén. Y no sabe por qué, pero todo lo que está pasando en el mundo no suena bien, no le hace lógica, no le hace sentido; por más que se lo expliquen, guerra, rumores de guerra, destrucción, esto no está bien. No está bien, debería ser de otra forma.
Pues bien, hermano querido, tú y yo tenemos una especie de Edén dentro de nosotros, en cierto sentido hablando. La imagen de Dios ha sido restaurada en nosotros, y en la medida en que nosotros podamos tener cada día mejor comunión con Dios, es como si estuviéramos restaurando ese Edén, como si estuviéramos levantando otra vez ese verdor, como si Dios nos estuviera dando verdor. Dijo el Señor Jesucristo que todo aquel que se acercara a Él, de su interior correrían ríos de agua viva; no una llavecita, sino ríos de agua viva. Por lo tanto, todo aquel que tiene a Dios dentro de sí tiene un manantial que fluye hacia el exterior, tiene un Edén que fluye hacia el exterior. Y eso ha de notarse en medio de un mundo de desolación.
Nosotros somos templos de Dios. Por lo tanto, ahora nuestras casas, nuestros templos pueden ser casas de oración, casas de oración donde compartamos el galardón de Dios, la bendición de Dios con nuestros amigos, nuestra familia, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, con todo el mundo. Nosotros conocemos el camino de regreso a este Edén, a la nueva Jerusalén y a las cenas del Cordero.
Ahora bien, a este mensaje lo titulamos "La oración extraordinaria." Permítannos ir aterrizando con algunas palabras de aplicación, porque no le pusimos al mensaje "la oración matutina," o "la oración de la tarde," o "una oración rápida." No, lo que pusimos fue "la oración extraordinaria," algo que salga de lo común. ¿Y cómo se puede ver eso en la práctica? Déjame decirte cómo lo han visto algunos, y después te voy a poner algunos ejemplos para que tú sigas añadiendo los ejemplos que tú quieras y puedas aplicarlo a tu vida como tú desees, mi querido hermano. Porque en un sermón de oración hay que dejar que el Espíritu de Dios obre también, ¿verdad que sí? Entonces vamos a orar para que al final tú decidas cómo lo vas a aplicar en tu vida y en medio nuestro, pero yo te voy a dar algunos puntos.
Matthew Henry decía: "Cuando Dios desea tener una gran misericordia de su pueblo, Él los pone a orar primero." Y en la historia se ha visto que no ha surgido un solo avivamiento espiritual y, consecuentemente, un avivamiento misionero y evangelístico, sin que previamente haya venido un movimiento de oración. Y esos movimientos de oración han sido extraordinarios.
Decía Jonathan Edwards, quizás la mente más brillante de América del Norte en el siglo XVIII, que había que promover un acuerdo explícito y una unión visible de todo el pueblo de Dios en oración extraordinaria. No es una oración simple, sino oración extraordinaria. Y dice: de promover, de ser proactivo, de poder entusiasmar a otro, de hacer un acuerdo a que todos nos pongamos juntos de la misma mente, y que ese acuerdo sea explícito, no en secreto, sino que sea conocido, y que haya una unión visible. Recuerda todo lo que acabamos de ver: una unión visible de todo el pueblo de Dios, no solamente con el que yo me identifico, sino con todo el pueblo de Dios, en oración extraordinaria. Y el término "extraordinario" es algo que trasciende lo ordinario, lo común y lo corriente.
Hermano, ya nos ha explicado qué es la oración extraordinaria, pero ¿cómo se ve eso? Bueno, vamos a empezar a ver algunos ejemplos. El primer ejemplo que quiero traer aquí, el que queremos presentar, es el de nuestros hermanos moravos. Estos hermanos moravos, que vivieron en el siglo XVIII, como su nombre indica eran de Moravia, una región que está entre la actual República Checa, Eslovaquia y parte de Alemania y Austria, y fundaron una aldea en Herrnhut. Como su nombre lo indica, Herrnhut no estaba cerca de Moravia, estaba en Alemania. Y ahí, en Herrnhut, que significa "cabaña de Dios," ellos se reúnen.
Y algunos hermanos dijeron: "Claro, hay mucho peligro, pero la verdad es que unos trabajan." El tentador siempre está cerca, por lo tanto necesitamos orar, y comenzaron a reunirse mientras otros trabajaban, y se iban rotando. Esa reunión de oración que empezó era las 24 horas del día, los siete días de la semana, y duró 100 años. Cuando yo leí esto la primera vez fue en inglés, y yo lo leí tres veces para ver si estaba entendiendo bien. 24 horas al día, siete días de la semana, durante 100 años; obviamente el que cerró no fue el mismo que abrió. Pero ahí estuvo esa oración, ese movimiento de oración, esa reunión.
Esos hermanos, en su época de apogeo, habían llegado a tener, por cada ocho a doce personas, la capacidad de enviar a un misionero. En una época donde la esperanza de vida de un misionero era máximo dos años, si lograba sobrevivir al viaje de ida. Ellos sabían perfectamente el riesgo e iban, simplemente porque sabían que había algo más. Habían estado en contacto con la gloria de Dios, habían tenido comunión con el Altísimo. Su corazón estaba lleno de Dios, y de la abundancia del corazón habló la boca. Para que ustedes tengan una idea, los bautistas del sur tienen un misionero por cada tres mil y tantas personas, y son muchos; sin embargo, aquellos tenían muchísimo más. De hecho, ha sido la proporción más alta que se ha logrado registrar de población versus misioneros enviados.
Los puritanos no se quedaron atrás, y en Inglaterra tuvieron una oración 24 horas al día, los siete días de la semana, que duró 80 años. Comparada con la anterior, fueron 20 años menos, pero fueron 80 años orando, 24 horas al día, siete días de la semana. Pero eso no para ahí. Resulta que, ya pasado el tiempo, un hombre en Canadá comienza a orar en un bosquecito, por allá por Canadá, donde había hermosos y muchos pinos. Allá en ese bosquecito él comienza a orar, pidiendo por un avivamiento del pueblo de Dios.
Usted dirá: "Bueno, parece que no es de ahora." No es de ahora; siempre ha habido hermanos que han estado orando por un avivamiento. Comienza a orar por un avivamiento, comienza a reunirse con algunos hermanos, y comienza a llevar esta inquietud a la iglesia. Comienzan a reunirse, a abrir la Biblia, a estudiar la Biblia, a leerla y a tener comunión los unos con los otros. Y comienzan ahí a echar hacia adelante.
Hay algunos que se entusiasman con esta idea y van a Nueva York. Hay quienes dicen que fue el pastor de Nueva York a quien se le ocurrió, y otros que fue alguien más; pero sin importar a quién se le ocurrió, a Dios le demos la parte que le corresponde. Llegan allá a la calle Fulton, y ahí en la calle Fulton comienzan con la misma idea que tenía aquel hombre en Canadá. Convocan una reunión de oración, y no llega nadie; cinco minutos, no llega nadie; a los veinte minutos tampoco; pero a partir de la media hora comienzan a llegar de a poquitos.
Ahí, llegando de a poquito, comienza la gente a orar, comienzan a animarse, comienza la gente a pedirse perdón los unos por los otros. Comienzan a llegar más personas; inclusive se convierten algunas, comienzan a regular sus cosas delante de Dios. Llega un momento en que ha durado tanto la reunión de oración que el pastor dice: "Miren, disculpen, son como la una de la noche, tenemos que irnos. Si ustedes quieren pueden seguir afuera, pero yo tengo que cerrar." Se va el pastor a su hora, y alguien llega a la puerta del pastor y le dice: "Pastor, miren, es que está nevando y la gente todavía está afuera orando. Si usted pudiera hacerles el favor de dejarlos entrar, por lo menos para que no se congelen afuera, porque hace demasiado frío." Hubo que volver a abrir la iglesia, y ahí amanecieron orándole al Señor.
La gente sale de ahí, comienza a hablar con su vecino, comienza a hablar con su familia, y comienza entonces un gran avivamiento a expandirse. El avivamiento pasa por Chicago; ahí hay un hombre de Dios, un zapatero, que se convierte. Ve que hay niños en las orillas del Lago Michigan y él tiene vocación por la enseñanza. Va a su iglesia y dice: "Yo quisiera dar clase a niños en la escuela dominical." Le responden: "Bueno, mira, aquí está todo lleno, todo el mundo está dando clase de escuela dominical y hay una lista de espera como con diez personas por curso; por lo tanto, en principio no hay espacio. Pero si tú dices que viste niños a la orilla del Lago Michigan y tienes deseo de dar clase, enséñales a ellos." Y así arrancaron.
Muchísimos niños empiezan a convertirse, muchísimas familias empiezan a convertirse, comienza ahí a moverse la gente de la iglesia, y surge un avivamiento grandísimo con la escuela dominical y con las familias. Este hombre se mueve entonces a Gran Bretaña, y allá comienza a predicar el Evangelio, y las multitudes también comienzan a convertirse. Hay un sitio en el cual un grupo de mineros se convierte. Cuando se convierte este grupo de mineros, tienen que comenzar a reentrenar a los caballos que arrastraban las carretillas, porque al convertirse ya no decían malas palabras, y entonces los caballos no entendían los comandos. Tuvieron que ser acostumbrados al lenguaje piadoso.
¿Te imaginas un avivamiento así aquí? Que la gente no entienda qué es lo que usted está diciendo. La gente se extraña y tiene que ser reentrenada para poder comunicarse, porque de otra manera los demás no van a entender lo que están diciendo. Pues eso pasó ahí. En Gales, una niña llega a su colegio diciendo que quiere convertirse, en lloro y en llanto. Muchos niños también deciden lo mismo; el profesor se siente impactado, rompe a llorar, los maestros se convierten, todo el mundo se convierte. Llegan los padres a recoger a los niños, y también empiezan a convertirse. Se suspendieron las clases, regresan a sus hogares, y adivinen qué pasó: los niños, las mamás, los papás que fueron a buscarlos, todo el mundo convertido, comenzaron a predicarlo en su vecindario, y siguió la gente convirtiéndose, siguió la gente convirtiéndose.
Pero hubo un hermano que dijo: "Caramba, esto tiene que llegar a las universidades." Y oró para que en la Universidad de Cambridge pasara algo semejante. ¿Qué sucedió? Que se convirtieron siete jóvenes de alta cuna, y estas personas, que eran famosas, sobre todo una de ellas, comenzaron a predicar el Evangelio también, y eso generó una ola de estudiantes misioneros que salieron al campo misionero, de alrededor de cien mil misioneros. Yendo al sur, antes de una conferencia de misiones, hay un grupo de padres que empieza a orar por sus hijos. Pero esos padres estaban en el suelo; eso ya es difícil. Pero no solamente en el suelo, sino que amanecieron la noche entera orando, y además de eso estaba nevando: fue una noche entera bajo la nieve, orando sobre el suelo. Al otro día, más de diez mil personas se comprometieron a ir al campo misionero. Oración extraordinaria.
Si nosotros queremos enfrentar los tiempos que vienen, y que ya están acá, no podremos hacerlo sin oración. Tenemos que hacerlo con oración, con devoción y con una pasión que nos lleve a la acción. Y no estamos hablando de simple oración, sino de oración extraordinaria. Aquí en la IBI tenemos algunas cosas: hay chat de oración los martes, los miércoles, los domingos; hay personas que se reúnen a orar virtualmente de lunes a viernes de 6:30 a 7:30 de la mañana, y lo hacen a través de WhatsApp.
Y si les parece muy temprano, déjenme aplicar esto con un testimonio de mis queridos hermanos en Colombia. Estábamos viendo con ellos la posibilidad de hacer un devocional, y querían hacerlo en la mañana. Nos dijeron: "Pastor, estamos muy interesados en hacerlo, pero la verdad es que nosotros trabajamos muy duro, y en verdad se trabaja duro en Colombia. Aquí el tráfico, usted ha visto cómo es; hay veces que es una y dos horas para llegar a un sitio. Y nosotros tenemos que preparar a nuestros hijos para salir, y a nuestros esposos, que también tienen que prepararse, llevar a los hijos al colegio. Es difícil, por lo tanto, si se pudiera, hermano, si lo pudiéramos hacer entre 4 y 5 de la mañana, así sería bueno." ¿Qué les decimos? Yo cogí la ley del mínimo esfuerzo, penosamente: "5 de la mañana son 6 de la mañana aquí; vamos a hacerlo a las 6 de la mañana." Ahí estábamos todos a las 6 de la mañana, y se reunieron personas de más de trece o catorce países, porque eso se regó también. Eran más de cien personas las que llegaron a inscribirse, y se rotaban; eran como setenta personas, toda la mañana, todos los jueves, a las 6 de la mañana, porque esa gente no podía hacerlo a otra hora debido al trabajo y al tránsito.
Esto es para que vean un ejemplo de ahora mismo, honrando a nuestros hermanos colombianos. Nosotros también tenemos aquí en la IBI especiales de oración y conferencias. Hay hermanos que quieren orar antes y después de los cultos; hay algo que se ha orado, que es poder tener una sala de oración, y ya se ha encontrado el sitio para tenerla, y ver si podemos orar 24 horas al día, los siete días de la semana también.
Hermanos, yo les he dicho lo poco que estamos haciendo, lo poco. ¿Por qué lo comparo con todo esto? ¿Quién puede decir que está haciendo mucho, mis hermanos? Siga pensando en qué puede hacer y a qué Dios lo ha llamado. Porque definitivamente nosotros necesitamos oración extraordinaria, de manera tal que nosotros como IBI seamos conocidos como casa de oración y de salvación para todos los pueblos.
Aquí en Santo Domingo, en República Dominicana y más allá de nuestras fronteras y alrededor de todo el mundo, que nosotros seamos casa de oración y de salvación para todo el mundo y de todas las naciones. Y eso solamente podemos hacerlo con oración extraordinaria, comenzando desde ahora.
Ahora yo les quiero confiar algo. Mis hermanos, cuando uno ve todo esto, uno lo único que puede decir es: ¿y quién es suficiente para estas cosas? Yo debo confesar, mis hermanos, que yo no tengo una vida de oración así. El Señor Jesucristo, los apóstoles lo vieron y dijeron: "Señor, enséñanos a orar." La vida de oración, quizás, no genera eso. Sin embargo, ¿me han puesto aquí como pastor? Imagínese usted, si uno de los pastores no tiene una vida de oración, ¡bájenle el té!
¿Cómo vamos a hacer? Pues yo le propongo algo, mis queridos hermanos, para que no nos quedemos con una culpa. Porque la idea no es salir de aquí con culpa, sino con gozo, con alegría, restaurando nuestra relación con el Señor y aumentando el alma, si cabe el caso. Porque nuestra justificación es segura por la sangre de Cristo, no por cualquier cosa que hagamos. Pero sí podemos hacer algo. Podemos venir delante del Señor en esta mañana.
Acompáñame, mis hermanos, acompáñame. Un pastor, líderes, miembro, cualquiera que esté aquí, que decida: "Yo quisiera eso también. Yo quisiera pedirle perdón al Señor y pedirle al Señor que me dé el ánimo de poder tener oración extraordinaria." Vamos hoy de Su mano. Por favor, todos juntos como pueblo, roguémosle al Señor que nos conceda poder ser hombres y mujeres de Dios que podamos tener, no solamente un momento de oración, sino que podamos hacer oración extraordinaria, sobre todo por los tiempos que se avecinan y que ya estamos viviendo. ¿Les parece bien, mis hermanos? Vamos, oremos.
Señor, que estás en los cielos, Padre, nosotros queremos venir delante de Tu presencia en esta mañana. Pidiéndote perdón, Padre, si no Te hemos buscado cada día con carga, con anhelo. Señor, nosotros conocemos Tu bondad. Nosotros sabemos que Tú eres un Dios todopoderoso. Padre, Tu hijo Jesucristo dijo que de nuestro interior correrían ríos de agua viva, Padre. Que Tú eres una fuente y manantial de vida eterna.
Padre, perdónanos las veces que no nos hemos zambullido, no nos hemos puesto debajo de este gran manantial de agua que fluye. Pero queremos rogarte, Señor, que este sea un día de transformación. Queremos rogarte, Padre, que Tú nos ayudes a amarte más, que Tú nos ayudes a deleitarnos en Tu presencia, que Tú nos ayudes, Padre, a poder sentarnos con nuestra imaginación en el edén espiritual y deleitarnos, Señor, con que Tú estás allí. Ayúdanos, Padre, a poder disfrutar del mar de vidrio.
Padre, nosotros sabemos que en el día de mañana, en la nueva Jerusalén, habrá, Señor, un árbol, el árbol de la vida, estará ahí de nuevo con fruto de sanidad para todas las naciones, y un río, un río de agua de vida, Padre. Ayúdanos, Señor, refresca nuestras almas con este río de agua pura, de vida bendita, Señor. Concédenos, Padre, cada día poder abrir nuestros ojos y deleitarnos en Tu presencia, Señor.
Ayúdanos, Padre, a ser nosotros templos del Espíritu Santo, que podamos, Señor, reflejar Tu gloria a todos aquellos que nos rodean, porque nosotros hemos sido impactados por Tu gloria. Ayúdanos, Señor, cuando nos reunamos aquí en esta casa de oración, que sea casa de oración y de salvación para todos los pueblos. Ayúdanos, Padre, a poder tener vidas frescas, ser como dice el Salmo 1, Señor, que el justo será como el árbol plantado junto a corrientes de agua, que su hoja siempre está fresca y verde y su fruto nunca cae. Ayúdanos a que nuestras raíces estén inmersas cada día en este río y en esta fuente de agua de vida, Padre.
Concédenos, Señor, no tener nunca más vidas secas. Señor, concédenos, Padre, nunca más tener vidas en las que nosotros estemos lejos de Tu rostro agradable, Padre. Ayúdanos a experimentar Tu sonrisa cada día. Ayúdanos a reflejarla a todos aquellos que nos rodean. Padre, que la iglesia sea casa de salvación y de oración para todos los pueblos, en Santo Domingo, en República Dominicana y en todo el mundo. Bendice a Tu pueblo aquí en esta mañana y ayúdanos, Señor, a salir, Padre, gozosos y contentos porque hemos tenido contacto hoy y hemos visto al invisible. En Cristo Jesús, amén.
Enrique Crespo fue llamado a salvación en 1980 y desde entonces ha servido al Señor en la evangelización, enseñanza, consejería y predicación. Es miembro de la IBI desde 2005 y, desde 2015, dirige Misión Antioquía, el ministerio de evangelismo, plantación de iglesias y misiones de la iglesia. Posee estudios en Mercadeo, Derecho, Educación y Teología, incluyendo una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Aurora Almánzar y tienen tres hijos adultos: Aldo, Iván y Javier.