IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Es posible tener una religión relacionada con el Dios verdadero y no tener una relación con ese mismo Dios. Esta tensión atraviesa Romanos 2, donde Pablo confronta al judío de su tiempo que se gloriaba en su herencia, en la ley y en la circuncisión, confiando en que estas cosas le garantizaban la salvación. El problema no era lo que profesaban creer, sino que sus vidas contradecían aquello que enseñaban. Pablo les lanza preguntas incómodas: tú que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se debe robar, ¿robas? Tú que dices que no se debe adulterar, ¿adulteras? La acusación es grave: el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes.
Jesús había dicho lo mismo en su tiempo. Llamó a los fariseos guías ciegos y sepulcros blanqueados: limpios por fuera, pero llenos de hipocresía por dentro. La circuncisión, la ley, incluso la descendencia de Abraham no servían de nada si el corazón permanecía en rebelión. El pastor Núñez aplica esto directamente: hoy podemos tener padres cristianos, recibir educación cristiana, bautizarnos, ser miembros de una iglesia ortodoxa, y aun así no ser creyentes genuinos.
Lo que Dios valora no es la apariencia externa sino la condición interior: un corazón circuncidado por el Espíritu, no por la letra. La evidencia de ese nuevo corazón es una vida de obediencia continua, no perfecta, pero sí marcada por el arrepentimiento cuando fallamos. Como dijo Agustín: Dios puede demandar lo que quiera, pero debe concedernos lo que necesitamos para cumplirlo, porque en nuestra debilidad no podemos.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, el día de hoy seguimos con nuestra serie en la carta de Pablo a los Romanos. Y para seguir dándote una mejor idea acerca de lo que esta carta es, déjame recordarte simplemente: en el capítulo 1, Pablo le está hablando al hombre que no conoce a Dios, o el hombre que dice no conocer a Dios, porque como Pablo mismo explicó, todo ser humano sabe que existe un Dios y simplemente niega la verdad que él conoce.
En el capítulo 2 de Romanos, que pensamos cerrar en la primera parte del versículo 1 al 16, Pablo le está hablando al moralista, ya sea al individuo que no cree en Dios o no sigue necesariamente ninguna religión, pero vive una vida más o menos moral y piensa que, como él vive esa vida, no necesita de Cristo o no necesita nada en su vida para alcanzar salvación. Pero puede estarle hablando, como en efecto así era, al judío también que se consideraba justo en sí mismo. Pero pudiera estarnos hablando a nosotros como cristianos, que por igual pudiéramos estar llevando una vida esforzada y en nuestro esfuerzo creer que de cierta manera estamos contribuyendo a la ganancia de nuestra salvación.
Pero lo que Pablo estaba tratando de hacer en la segunda parte del capítulo 2 de Romanos, ya no con toda la primera parte de ese capítulo, pero en la segunda que vamos a leer hoy, lo que le está tratando de hacer es ayudarle a los judíos de su tiempo a ver que es posible tener una religión incluso relacionada al Dios verdadero y no tener una relación con ese mismo Dios. ¿Notaste que hablé de tener una religión sin una relación? Dicho de otra forma, como veremos, el apóstol Pablo estaba tratando de dejarles ver, y dejarnos ver al mismo tiempo, que es posible tener una vida religiosa externamente sin una vida piadosa internamente; que es posible tener una vida religiosa que impresiona a los hombres, pero no a Dios; o una vida que afirma lo que Dios ha revelado y mientras lo afirma estar en rebelión con relación a la revelación de ese Dios.
Eso lo vamos a ver, de qué manera Pablo lo desempaca para los judíos de su tiempo. Pero igualmente, si queremos hacer teología aplicada, yo creo que la mejor forma de hacer eso es ver todo lo que Pablo tenía que decir a los judíos de su momento y aplicarlo a nuestra vida. Si no tenemos una vida de continua obediencia —y recuerda, o más bien, anota que he hablado de una vida de continua obediencia y no una vida de perfecta obediencia, lo cual es una imposibilidad— pero una vida de continua obediencia implica que reconocemos que estamos en la carne, que fallamos, y al mismo tiempo, como Martín Lutero nos invitaba, entonces llevamos una vida de continuo arrepentimiento, justamente porque el arrepentimiento es parte de mi obediencia.
Entonces ahora, con eso en mente, debido a que Pablo le estaba hablando a los judíos de su época con relación a su confianza en la ley, en la circuncisión y todo lo demás, en vez de usar ese contexto para el título de mi mensaje, en esencia lo he titulado: "¿Crees la Biblia o vives la Biblia?" Cuando Pablo le habló a los judíos de su época, se estaba refiriendo a la ley. En este caso, nosotros que estamos en esta época tenemos que hablar de si creemos la Biblia o vivimos la Biblia. Y con eso, te quiero invitar a que leas conmigo del capítulo 2 de Romanos, del versículo 17 al 29. Es un largo pasaje, pero ese pasaje engloba una sola idea, y por eso lo estamos haciendo de esa manera.
Pero si tú, dice Pablo, que llevas el nombre de judío y te apoyas en la ley, que te glorías en Dios y conoces su voluntad, que apruebas las cosas que son esenciales siendo instruido por la ley, y te confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los necios, maestro de los faltos de madurez, que tienes en la ley la expresión misma del conocimiento y de la verdad, tú pues que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se puede robar, ¿robas? Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que abominas a los ídolos, ¿saqueas templos? Tú que te jactas de la ley, violando la ley, ¿deshonras a Dios? Porque tal como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes.
Pues ciertamente la circuncisión es de valor si tú practicas la ley, pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión se ha vuelto incircuncisión. Por tanto, si el incircunciso cumple los requisitos de la ley, ¿no se considerará su incircuncisión como circuncisión? Y si el que es físicamente incircunciso guarda la ley, ¿no te juzgará a ti, aunque tienes la letra de la ley y eres circuncidado, eres transgresor de la ley? Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni la circuncisión es la externa en la carne, pues es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra, la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios.
El versículo 17 que acabamos de leer hasta el 20, Pablo enumera todas las formas como el judío de su tiempo se gloriaba, se ufanaba de aquellas cosas que él había recibido como herencia. La primera cosa que Pablo menciona, por donde él inicia, es hablándole de que el hecho de ser judío mismo, ese hecho mismo, ese hecho solo, ya era motivo para ellos de orgullo. Porque ellos entendían que si eras judío pues tú eras descendiente de Abraham y que la mayoría de los hombres no podían decir cosas semejantes.
Cuando Cristo vino, les enseñó que no había ninguna garantía de salvación en ser descendiente de Abraham. Y de hecho les enseñó más que eso: les enseñó que es posible considerarse como hijo de Abraham aun si uno no fuera judío. Lo que quiero hacer ahora es tomar una sola ocasión, una sola de las enseñanzas de Jesús, para que podamos ver de qué manera Jesús, que era del mismo tiempo de Pablo, está tratando de enseñarles cosas similares a aquellos judíos que le estaban escuchando.
La narración de la conversación aparece en Juan 8 y te voy a ir leyendo versículos por separado. Versículo 30 y así 33: "Y conocerán la verdad y la verdad los hará libres." Ellos le contestaron: "Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú que serán libres?" Ahora, esto es una conversación, más bien es un diálogo entre Jesús y los judíos. Y en esencia Jesús dice una cosa y ellos ripostan, por así decirlo, ellos contestan otra. Y ahora ellos le están diciendo: "¿Cómo tú nos vas a hacer libres y nosotros no queremos ser esclavos de nadie?"
Y tú puedes ver entonces lo que el orgullo es capaz de hacer, porque el orgullo hizo que los judíos olvidaran que habían sido esclavos de los egipcios por 400 años, que habían sido esclavos por 354 años de diferentes tribus durante el tiempo de los jueces, que ellos habían sido esclavos de Asiria por años, que habían sido esclavos de Babilonia por 70 años, que habían sido esclavos de los griegos por otro número de años, y ahora en este tiempo en el que ellos están viviendo eran esclavos de los romanos. Y sin embargo ellos le dicen a Jesús: "Nosotros nunca hemos sido esclavos de nadie." Y así es el orgullo.
La conversación de Jesús continúa, versículo 36 y 37: "Así que si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres. Sé que ustedes son descendientes de Abraham, y sin embargo me quieren matar porque mi palabra no tiene aceptación en ustedes." Son descendientes de Abraham, Cristo es la simiente de Abraham, y sin embargo quieren matar a Jesús. Ellos le contestaron: "Abraham es nuestro padre." Jesús les dijo: "Si son hijos de Abraham, hagan las obras de Abraham."
El versículo 41: "Ustedes hacen las obras de su padre." Ellos le dijeron: "Nosotros no nacimos de fornicación, tenemos un padre, es decir, Dios." Jesús les responde: "Ustedes son de su padre el diablo y quieren hacer los deseos de su padre." ¿Qué está Cristo ayudándoles a ver? Que aunque ellos eran descendientes de Abraham, espiritualmente eran otra cosa. No eran tales descendientes, no eran herederos, por así decirlo, de la salvación. Por lo menos hasta ese momento no había garantía de que tu descendencia étnica te fuera a dar entrada al reino de los cielos, como no lo es hoy tampoco. Si tú eres hijo de Juan Calvino o de Martín Lutero o de Spurgeon, no hay ninguna garantía de ese tipo. La salvación requiere mucho más que algo externo, y es lo que está tratando de decirles.
Por otro lado, el judío confiaba en la ley, la ley que le fue dada por Dios a través de Moisés. Pero en vez de considerar la ley como un privilegio y usarla para guiar su vida, ellos consideraban la ley como una garantía de la salvación. Es como aquellos de nosotros que hoy en día pensemos que nosotros estemos hablando con musulmanes y le digamos: "No, nosotros tenemos la Biblia." Estamos hablando con incrédulos y esta Biblia es mi garantía de la salvación. Bueno, no lo es. Yo creo que cuando nosotros vemos el pasado de donde ellos vienen, probablemente vamos a entender mejor por qué Cristo les estaba hablando como les habló, y ahora Pablo está haciendo algo similar.
Déjame darte una cita de Miqueas 3:11 para que nosotros podamos ver la contradicción. Ellos tenían la ley, sin embargo Dios dice de ellos en Miqueas 3:11: "Sus jefes juzgan por soborno, sus sacerdotes enseñan por precio, sus profetas adivinan por dinero." Aquí están los líderes del pueblo, de la ley de la cual ellos se ufanaban, y sus líderes estaban así de corrompidos. Y aun esa situación de corrupción de parte del liderazgo, escucha lo que ellos dicen en el mismo versículo de Miqueas que te leí, de Miqueas 3, se apoyan en el Señor diciendo: "¿No está el Señor en medio de nosotros? No vendrá sobre nosotros mal alguno." A pesar de estas cosas, a pesar de la condición de los jefes, adivinan los profetas, ustedes se apoyan en mí diciendo: "¿No está el Señor en medio de nosotros? No vendrá sobre nosotros mal alguno." Estando en este estado de corrupción con relación a la ley, de repente ellos asumen que no va a venir ningún mal porque Dios estaba entre ellos. Y tú puedes ver que Pablo les está diciendo a los judíos exactamente algo similar: ustedes se ufanan de la ley pero violan la ley. ¿De qué les sirve? ¿Cuál es el beneficio de tal cosa?
Escucha ahora la próxima acusación que Pablo trae. Por otro lado, el judío al que Pablo se refiere se gloriaba en Dios mientras buscaba su propia gloria. Los judíos se habían vuelto monoteístas. Dios les dio un monoteísmo, ellos terminaron adorando dioses ajenos, finalmente dejaron de adorar dioses ajenos, se volvieron a su monoteísmo, y ahora pensaban que como ellos tenían un solo Dios, a diferencia de las tribus alrededor que eran politeístas, que eso por sí solo les traería salvación. Y aunque ellos eran monoteístas, ya no querían dioses ajenos, sin embargo habían hecho un ídolo prácticamente de todo. Habían hecho un ídolo del templo, habían hecho un ídolo de la herencia judía, de la ley misma, de la circuncisión, de sus títulos, y de múltiples otras cosas por igual. Pablo les dice todo eso en el versículo 17 de forma resumida.
En el versículo 18 ahora Pablo les habla de que ellos dicen conocer la voluntad de Dios, y en gran medida sí era, porque ellos tenían la revelación del Antiguo Testamento. Pero conociendo la voluntad de Dios, violaban dicha voluntad. Lo hicieron antes de Cristo, lo hicieron durante el tiempo de Cristo. Y esto es lo que Cristo mismo dice, que Juan registra en el capítulo 15, versículo 22. Les dice: "Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa por su pecado." En otras palabras, una vez nosotros tenemos conocimiento, en el caso de los judíos de la ley, una vez nosotros tenemos conocimiento de la Palabra, nosotros no tenemos excusa para nuestro pecado, porque está descrito cómo es, lo que Dios permite, lo que Dios no permite, cómo debiera ser. Y eso es lo que Pablo les está diciendo a los judíos: por ustedes se jactan de que conocen la voluntad de Dios, ustedes se jactan de que tienen la ley, y sin embargo ustedes debieran violándoles la ley.
En el Antiguo Testamento Dios, a través de su profeta Miqueas otra vez, les resumió en un solo versículo qué es lo que Dios requiere. En uno solo. Nosotros de hecho cantamos una canción acerca de ese solo versículo. Escúchalo en Miqueas 6:8: "Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti sino solo..." Aquí tiene lo que Dios demanda de nosotros. Dios dice: "Yo, lo único que te voy a pedir es solo practica la justicia, ama la misericordia, anda humildemente con tu Dios." Y eso es exactamente lo que Cristo condena en ellos cuando viene y comienza a enseñar: "Ustedes le dan el diezmo del comino, de la menta, de una serie de cosas, de cualquier cosa que ustedes produzcan tratan de dar el diezmo, sin embargo se han olvidado de las cosas más importantes." Y les habla de la ausencia de esa misericordia en ellos.
Pero aun así ellos entendían que ellos conocían no solamente la voluntad de Dios, conocían las cosas esenciales, cardinales, les dice Pablo en el versículo 18, de la revelación de Dios. Tiene una o dos cosas más que señalar y les dice en el versículo 19: ustedes se consideran guía de los ciegos, y se supone que lo sean; se consideran luz de los que están en tinieblas, y se supone que lo sean. De hecho nosotros también, Dios nos llamó la luz del mundo, la luz para un mundo que está en tinieblas, la luz de un mundo que no tiene su revelación. Pero Dios les había dicho lo mismo al pueblo judío. Entonces ellos se consideraban así y por consiguiente entendían que eso era no solamente un privilegio sino garantía de su salvación. Cuando Cristo viene, recuerda que Cristo y Pablo son de la misma época.
Misma época, el martes anterior a su muerte, Cristo les habla de los ciegos que ellos son. Sin embargo, ellos se creían guías de los ciegos, les dice Pablo en Romanos 2:19. Escucha lo que Cristo les dice en Mateo 23:16-22, que estuvimos revisando el miércoles pasado aquí mismo: "¡Ay de ustedes, guías ciegos! Porque dicen: 'No es nada si alguien jura por el templo, pero el que jura por el oro del templo contrae obligación.' ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro, o el templo que santificó el oro? También ustedes dicen: 'No es nada si alguien jura por el altar, pero el que jura por la ofrenda que está sobre él contrae obligación.' ¡Ciegos! ¿Qué es más importante: la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? Por eso, el que jura por el altar jura por él y por todo lo que está sobre él; y el que jura por el templo jura por él y por aquel que en él habita; y el que jura por el cielo jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él."
Los judíos, ahora hablándoles Pablo a ellos, Pablo les dice: ustedes se consideran guía de los ciegos, pero Cristo les está diciendo ustedes son hipócritas y ciegos. Estaban más ciegos que los gentiles. ¿Por qué? Porque ciertamente los gentiles eran ciegos porque no tenían la luz, no tenían la revelación de Dios. El problema con los judíos era que eran ciegos pero tenían la luz, tenían la revelación de Dios, pero todavía eran ciegos porque sus ojos espirituales se habían cerrado. Si hubiesen estado abiertos, hubiesen visto la luz y no serían ciegos. Pero ahora Cristo mismo los acusa de ser ciegos, y siendo ciegos se creían maestros de los faltos de madurez, como les dice Pablo.
Y una más, Pablo les dice: ustedes dicen tener la expresión misma del conocimiento y de la verdad. Sí, hubiesen podido tener la verdad, conocer la verdad, pero desobedecen la verdad. Tienen dos problemas: no obedecen lo que conocen y se glorían de saber lo que ellos mismos violaban. "Conocemos la verdad, nos gloriamos en esto, que los gentiles no conocen la verdad. Nosotros sí." Pero gloriándonos de la verdad, violamos la verdad.
Y como estas cosas quizás no eran tan fáciles de entender, Pablo, pienso yo, quiso como aplicar sus enseñanzas. Y les hace entonces, en los versículos que siguen, cinco preguntas retóricas. Son retóricas no simplemente porque Pablo no esperaba que le respondieran, porque ciertamente no creo que lo estaba esperando, porque él estaba escribiendo y estaba en otro lugar, pero sí porque la respuesta a cada pregunta es afirmativa.
Entonces escucha lo que Pablo hace: cinco preguntas retóricas que están en el texto que leímos. Pregunta número uno: "Tú pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?" Tú que dices tener el conocimiento de la ley, como lo tuvieron, ustedes tuvieron la ley, ¿por qué eso que tú les dices a otros que deben hacer, por qué no te lo dices a ti mismo? ¿Te enseñas a ti mismo para ver si lo comienzas a hacer?
Eso me recuerda que estando en Estados Unidos tuvimos un pastor que una noche, por una serie de circunstancias, dejó a su familia. Y uno de los ancianos que le conocía por años lo llamó. No era el tiempo como hoy donde todo era tan técnico; simplemente había una contestadora en la casa donde tú dejabas un mensaje grabado. Y él lo llamó, el pastor no tomó la llamada, pero le dejó un mensaje y le dijo: "Fulano, ¿por qué todas las cosas que tú has enseñado en consejería, por qué no te las hablas a ti mismo?" Y al otro día él regresó a su casa. Yo creo que esto es lo que Pablo está diciendo: "Tú pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?"
Y mira cómo el Señor Jesucristo, consciente de eso, estando apenas todavía a unos tres días de su crucifixión, ese día martes al que yo ya aludí, en Mateo 23:2-4 escucha lo que Cristo les dice: "Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés y son los maestros, y son los que saben. De modo que hagan y observen todo lo que les digan." Cristo reconoció la ortodoxia de las enseñanzas de esta gente, o sea, Cristo reconoció que lo que ellos enseñaban salía de aquí. "Pero no hagan conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen." Eso es lo que Pablo está diciendo: ustedes, que son maestros, ¿por qué no se enseñan a sí mismos? Porque ustedes dicen y no hacen. Y Cristo dice: "Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos mismos ni con un dedo quieren moverlas." En otras palabras, les dan mandamientos, reglas pesadas, a sus discípulos, y luego ellos mismos no quieren hacer ningún esfuerzo, aun si fuera simplemente mover un dedo, para cumplir con las cargas que ellos imponen sobre sus discípulos. Y eso es lo que Pablo les pregunta: "Tú pues, que enseñas a otro, ¿por qué no te enseñas a ti mismo?"
Segunda pregunta, todavía en el versículo 21. La primera pregunta está en el versículo 21, primera parte; la segunda pregunta, en el versículo 21, segunda parte: "Tú que predicas que no se debe robar, ¿robas?" Con esa frase encaja una multitud de aplicaciones posibles, pero quizás eso se estaba refiriendo a lo que estaba ocurriendo en el templo en esos días. Porque te hablé de la confrontación de Jesús el martes con los escribas y fariseos, pero el día anterior, lunes a su crucifixión, Cristo está en el templo, está limpiando el templo por segunda vez, está tumbando las mesas de los cambistas. Y al final les dice: "Escrito está" —de manera que ya estaba profetizado en los Salmos, es en Isaías específicamente— "Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la están haciendo cueva de ladrones." ¿Por qué? Porque allí se vendían sacrificios: corderos, palomas, todo tipo de animales para los sacrificios. Y como el cordero, por ejemplo, tenía que ser perfecto, bueno, cuando llevabas el tuyo, siempre le encontraban un pero, y tenían que venderte uno que ellos habían inspeccionado y encontrado perfecto. Eso sería una manera de Cristo concluir la manera que concluyó.
Pero hoy en día, lo más probable es que ninguna persona que esté en una iglesia de sana doctrina, por lo menos, sea un ladrón en el sentido de entrar a una casa y robar en medio de la noche. Pero hay diferentes formas de robar, y nosotros que decimos "no robarás", que aprobamos el mandamiento número ocho de no robar, pudiéramos estar robando. Y Pablo pudiera decir la misma cosa. Nosotros podemos robarle al gobierno con impuestos. Nosotros podemos robarle a Dios con nuestros diezmos y ofrendas. Nosotros podemos robar tiempo a quien me contrata por un número de horas al día, y emplear un número de horas haciendo cosas para lo cual no me contrataron. Nosotros podemos robar salarios. ¿De qué manera? Bueno, hay un salario que tú tratas de... tú contratas a alguien, le pagas un salario, alguien que está en necesidad, le pagas un salario que es la costumbre de lo que se paga en la sociedad, pero tú sabes que ese salario está muy mal pagado. Pero tú estás reteniendo, o yo estoy reteniendo, una parte del salario que realmente le corresponde a ese obrero. Y la lista pudiera ser interminable. Tenemos que hablar de esas cosas, porque si no pensamos: "Bueno, pero es que eso fue en el templo y esas cosas no pasan." No, no tenemos un templo así, pero tenemos que aplicarlo a nuestras vidas.
Pregunta número tres: "Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras?" Y ahora tenemos que de nuevo volvernos a poner en los días de Pablo. Los judíos en la antigüedad tenían muy poco respeto por las mujeres, lo cual ha continuado lamentablemente en múltiples culturas hasta el día de hoy. Y por consiguiente, el hecho de adulterar era relativamente común. Pero peor aún, los judíos habían llegado a creer que el adulterio del hombre no era adulterio. No lo llamaban adulterio, literalmente hablando; solo la mujer adulteraba. Y yo creo que eso es lo que explica en Juan 8, cuando a Cristo le traen la mujer que fue tomada en adulterio. ¿Dónde está el esposo? Es que, ¿cómo? Ella no estaba adulterando sola. ¿Dónde está el marido? Bueno, no sería el marido, pero ¿dónde está el hombre con quien ella estaba?
Esa clase de abusos, yo creo que eso puede explicar a la mujer samaritana que había tenido cinco maridos y estaba viviendo con uno que no era su marido. No sabemos verdad de su trasfondo, de todo lo que pasó ahí, pero como la mujer no tenía cómo ganarse la vida, eso contribuía —no era la causa, pero contribuía— a los abusos y demandas que muchas veces los hombres hacían sobre las mujeres. Y ya tenían desde el pasado una historia que era común entre los gentiles, pero no era común entre los judíos, no se suponía que fuera. Y por eso, ya al cierre del Antiguo Testamento, Dios les envía un profeta, el profeta Malaquías. Y a través de Malaquías, Dios tiene como una... Si tú a Malaquías entero te he dicho un día que lo leas, porque es como un debate, por así decirlo, entre Dios y el pueblo. Así que está construida la conversación de Malaquías: "Yo te digo y tú me dices, yo te digo y tú me dices." Literalmente, creo que es interesante que lo puedas leer de una sentada.
Entonces Dios les dice en un momento dado: "Ustedes vienen aquí al altar y me lloran y me lloran." Y qué me dice: "Ya el Señor no responde nuestras oraciones." Y ahora Dios les dice: "Te voy a decir por qué. Si tú no sabes por qué, yo te voy a decir por qué. Es porque has sido desleal contra la mujer de tu juventud." Y no solamente eso, sino los abusos encima de los cuales ellas eran sometidas. Y ahora Pablo les trae la misma situación, porque no había cambiado. Les dice: "Tú que dices que no se debe adulterar," que es el mandamiento número siete, "¿adulteras?"
Pregunta número cuatro, versículo 22: "Tú que abominas a los ídolos, ¿saqueas templos?" Aparentemente, por la historia, algunos se daban a la tarea de ir a templos paganos, invadirlos y robarles. Ellos decían que estos templos eran una abominación; sin embargo, eso no les impedía entrar a los lugares de abominación para ir y robarles. Me imagino que cómo lo justificaban: "Estos son ídolos, no vamos a robar el oro, la plata que allí encontramos." Lo que Pablo está tratando de hacer es como: mira cómo te confronté acerca de una serie de cosas que tú violas, que tú supuestamente crees y que tú has recibido en una ley.
Ahora te quiero como poner las cosas en términos prácticos, y te hago preguntas específicas. La última de esas preguntas, la número cinco, dice: ¿Tú que te jactas de la ley, porque es el problema, te jactas de la ley pero una ley que no cumples? Enseñas la ley pero tú no la cumples. Enseñas a otro, ¿por qué tú no te enseñas? Tú que te jactas de la ley, violando la ley, ¿deshonras a Dios? Es como, tú dime: si cuando tú violas la ley, ¿tú deshonras a Dios o no? Porque cuando deshonras la ley, deshonras al dador de la ley. Y lo que Pablo estaba tratando de decirles era: ustedes profesan el judaísmo por fuera, pero por dentro son una cosa muy diferente.
No solamente lo dice Pablo ahora, pero años antes lo dijo Cristo de ellos, en ese día martes anterior a su crucifixión. Ya lo leí, escucha. Mateo 23:25-26: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo —ahí está otra vez la acusación de robo para ellos— y de desenfreno! Fariseo ciego, limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que lo de afuera también quede limpio."
Cristo continúa, versículos 27 y 28: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que son semejantes a sepulcros blanqueados! Por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos muertos y de toda inmundicia. Así también ustedes, por fuera aparecen justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad." Ahí está el problema. Ahí está el problema en los tiempos de Jesús. Ahí está el problema en los tiempos del Antiguo Testamento. Ustedes tratan de ir al templo y de llevar a cabo todos los requisitos de la ley, de manera que ustedes son como vasos limpios por fuera, pero por dentro llenos de toda inmundicia e iniquidad, les dice Cristo.
Lamentablemente, para el ser humano a lo largo de la historia, la apariencia ha sido lo más importante: el qué dirán, lo que otros piensen. Pero para Dios, la lealtad a Él, la devoción de mi corazón, lo que yo soy en mi interior, es lo único que tiene valor para Él. Y como ya hemos dicho a lo largo de la serie de Romanos, Dios no es engañable, porque Él conoce todos mis pensamientos, conoce mis palabras. Impresionante lo que David dice: que Dios conoce mis palabras antes de que ellas lleguen a mi boca; cuando yo las pienso, ya Dios las conoce. Y a eso se está refiriendo: yo sé lo que ustedes son por cómo lo hacen por fuera, pero por dentro ustedes son otra cosa. Y es exactamente lo mismo que Pablo está tratando de traer a colación.
Ahora, habiéndoles hablado a los judíos en los primeros versículos de las cosas de las que ellos se ufanaban, habiéndoles ahora ilustrado con preguntas lo chocante que resultaba y lo contradictorio que resultaba que ellos defendieran una cosa y luego la violaran, o afirmaran una cosa y luego no la cumplieran, él les dice en el versículo 24: déjame decirte cuál es el problema, o sea, cuál es el daño que ustedes han traído, no solamente a ustedes sino más allá. Es como: déjame enseñarte el daño que han traído al nombre del Dios que les dio la ley.
Versículo 24: "Porque tal como está escrito" —o sea, esto que yo voy a leer ya se dijo del pueblo anteriormente, por eso es que dice "porque tal como está escrito"— "el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes." ¡Wow! ¿Qué es lo que Dios está diciendo? La idea que el otro se forma de Dios, el que no conoce a Dios, el que no lee su revelación, la idea que él se forma es la del Dios que él ve que nosotros modelamos, por así decirlo.
Por eso Dios nos dice a través de Pedro, en el Nuevo Testamento, que nosotros somos —tú conoces el texto— que nosotros somos linaje escogido, que nosotros somos sacerdocio real, que nosotros somos nación santa, y luego nos dice para qué: para que nosotros proclamemos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz. Se supone que tú y yo, que hemos sido comprados, conocemos a un Dios que nos ha dado forma, nos ha salvado, está tallando su imagen, regenerando, reproduciendo la imagen de Cristo en nosotros. Y se supone que yo debo salir, uno, a proclamar, y dos, a reflejar la imagen de ese Dios. Pero si yo lo hago de mala manera, por estas contradicciones de las que Pablo estaba hablando, entonces la imagen que otros se forman del Dios del pueblo de Israel estaba en descrédito. Y Dios dice: eso es un problema, y no pequeño.
Con razón dice Daniel de Orián en su comentario sobre el libro de Romanos, escucha lo que él dice con relación a esto que acabo de decir en el versículo 24 que leímos: "Todos los cristianos, pero especialmente los pastores y otros líderes —ahí estoy yo— tienen la habilidad de traer honor o vergüenza al nombre de Dios. Cuando nuestra luz brilla, el Padre es glorificado. Cuando nuestras prácticas contradicen lo que predicamos, nosotros invitamos a quienes nos observan a deshonrar a Dios."
El Antiguo Testamento, en ocasiones, Dios disciplinó a su pueblo con la intención expresa no solamente de que ellos aprendieran y cambiaran, sino también con la intención de que los vecinos que habían visto a su pueblo comportarse de la forma que se comportara, no llegaran a la conclusión errónea de que este Dios de los hebreos realmente le importa poco la inmoralidad de su pueblo. Otras veces, Dios trajo bendición a su pueblo a pesar de que ellos no se merecían la bendición, ¿para qué? Para declarar que Él es un Dios que promete y que cumple, versus un Dios que promete pero no cumple, un Dios infiel.
Y esa es la razón por la que Dios le habla al pueblo a través del profeta Ezequiel, cuando Ezequiel estaba en el exilio con el pueblo, un exilio que ellos estaban sufriendo precisamente por causa de su indisciplina y de su desobediencia. Y escucha lo que Dios dice en Ezequiel 36:22: "Por tanto, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Dios: No es por ustedes, casa de Israel, que voy a actuar, sino por mi santo nombre, que han profanado entre las naciones adonde fueron." En otras palabras: yo los voy a regresar a la tierra prometida setenta años después, cuando se cumplan los setenta años, pero yo quiero que ellos entiendan, dice Él, yo quiero que ellos entiendan que cuando yo haga eso, no es a causa de la casa de Israel, que no tiene nada que ver con ellos, que ellos no se merecen esto. Yo lo voy a hacer por mi santo nombre, que han profanado entre las naciones adonde fueron. Como yo prometí, yo cumplo. Mi nombre está en juego, por lo menos la reputación de mi nombre. Yo voy a cumplir, no porque ellos lo merezcan, sino para levantar mi nombre.
Dios ha demostrado desde el Antiguo Testamento un celo exquisito, celoso por así decirlo, por la integridad de su nombre. Lo demostró cuando nos dio los diez mandamientos: tomó uno y lo dedicó a cuidar su nombre. "No tomarás mi nombre en vano." Pero luego lo demostró en la práctica cuando los hijos de Aarón —ya conoces la historia también— cuando los hijos de Aarón ofrecieron un sacrificio que Dios no había ordenado, Dios los quemó en el instante. Estaban adorando al Dios verdadero, pero estaban adorando al Dios verdadero de una manera que Dios no había autorizado. Y Dios les quita la vida; fuego vino del cielo. Y Aarón va donde Moisés y le pregunta: "¿Qué fue ayer?" En el día de ayer, literalmente hablando, esos dos hijos míos y yo fuimos consagrados al Señor, y hoy me los quitó, me los quemó de esa forma de repente. Y Moisés le dijo: "¿Tú sabes lo que el Señor dijo? Que entre los que se acercan a mí, yo seré tratado como santo, porque yo no quiero mi nombre maltratado."
Cuando Moisés desobedeció, cuando Moisés desobedeció e hizo una arrancada de ira delante del pueblo, Dios le dijo exactamente las mismas cosas: "Tú no vas a entrar, porque delante de mí yo seré tratado como santo", y Moisés no lo trató de esa manera.
Entonces ahora tú puedes ver lo que Dios estaba diciendo al pueblo cuando le dice: el problema es que, por la manera que ustedes se han comportado, ustedes han profanado mi nombre entre los gentiles.
Ahora, nosotros hemos hablado de la confianza que los judíos habían puesto en su herencia de ser descendientes de Abraham y en la ley de Moisés: su herencia étnica y su legado en la ley. Pero ellos tenían un elemento más sobre el cual ellos habían depositado confianza, y tenía que ver con la circuncisión. Ese es el tercer elemento. Ellos habían idolatrado tanto el rito de la circuncisión que escucha lo que el teólogo Charles Hodge dice con relación a cómo ellos pensaban de la circuncisión: "El rabino Menachem, en su comentario sobre los libros de Moisés, dice que nuestros rabinos han dicho que ningún hombre circuncidado verá el infierno." La cita agrega que Dios había jurado, según ellos, que ninguna persona que hubiese sido circuncidada sería enviada al infierno, y luego que Abraham estaba sentado afuera en la puerta del infierno para no permitir que ningún hombre circuncidado entrara a aquel lugar. ¿Qué? Tú puedes ver hasta dónde un pueblo puede tomar una idea, distorsionarla y crear algo completamente contrario a lo que Dios había dicho.
Por tanto: judío, descendiente de Abraham, circuncidado, poseedor de la ley… "¡Todos vamos a entrar!" Y Pablo está haciendo… Pablo comienza a decirles en los versículos que quedan: "Hey, si tú te has circuncidado y no cumples la ley, eso no te vale de nada en lo absoluto. Y el gentil que no está circuncidado, si él es cumplidor de la ley, es como si él estuviera circuncidado."
Déjame darte estas tres enseñanzas con relación a la circuncisión y lo que Pablo estaba tratando de comunicarles. Enseñanza número uno se desprende del versículo 25: la circuncisión solo tiene valor si tú vives en obediencia a la ley; de lo contrario, no sirve. Esto dice el versículo 25: "Pues ciertamente la circuncisión es de valor si tú practicas la ley, pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión se ha vuelto incircuncisión." La circuncisión les fue dada como señal del pacto. Dios había hecho un pacto con ellos, pero el pacto presuponía obediencia a la ley. De hecho, un solo capítulo de Deuteronomio te puede convencer: Deuteronomio 28. Tú lo puedes leer: si tú haces esto, y tú haces esto, y tú haces aquello, yo te voy a bendecir de esta manera y de aquella manera.
Tus ganados multiplicarán, y Dios le da una serie de bendiciones. Pero si tú no haces eso, entonces estas son las consecuencias que vendrán sobre ti. La circuncisión fue dada como señal del pacto para aquellos, para que recordaran que Dios había entrado en un pacto con ellos, y como recordatorio de que ellos tenían dentro de ese pacto una obligación con ese Dios.
Solamente en nuestro caso nosotros no nos circuncidamos, pero tenemos un bautismo. Entonces, en ocasiones tú preguntas cuando alguien te habla de alguien, quieren que oren por ella, o una visita a la clínica, al hospital: "¿Y él es creyente? ¿O ella es creyente?" "Bueno, él se bautizó una vez". Eso es lo mismo que la circuncisión. Ahora, se supone que el bautismo es una señal de algo, de una realidad interior que no se puede ver. Entonces, en el mejor caso, el bautismo claro que revela algo importante, y es el nuevo nacimiento del creyente. Sí, pero eso es en el mejor caso. Pero igual que la circuncisión, puede ser mal usada.
Según la enseñanza de Pablo del versículo siguiente, del 26: si el gentil no es circuncidado pero cumple la ley de Dios, pudiera ser considerada como una persona que tuvo la circuncisión. Mire algo aquí, versículo 26: "Por tanto, si el incircunciso cumple los requisitos de la ley, ¿no se considera su incircuncisión como circuncisión?" Bueno, si esa persona, un gentil, que sería el incrédulo, llega a tener una vida piadosa verdadera, la conclusión sería en nuestros días: de alguna manera Dios le hizo nacer de nuevo, y su vida piadosa es la expresión externa de su condición interna. Y en este caso lo que Pablo está diciendo es que si el incircunciso obedece la ley, la única manera en que le puede cumplir la ley, aunque no perfectamente, es si el Espíritu Santo lo regenera. Si él cumple la ley, entonces ahora su incircuncisión se toma como circuncisión. Al final Pablo le va a hablar de qué tipo de circuncisión.
Tercera enseñanza, se desprende del versículo 27: el gentil que no es circuncidado pero vive en obediencia, como que de cierta manera se constituye en un testigo en contra del judío que vive en desobediencia. Mira cómo Pablo lo dice en el versículo 27: "Y si él que es físicamente incircunciso guarda la ley, ¿no te juzgará a ti, que aunque tienes la letra de la ley y eres circuncidado, eres transgresor de la ley?" En otras palabras, el gentil que no tiene la circuncisión está viviendo más en consonancia con la ley que el judío que tiene la circuncisión. El gentil mismo, en cierta manera, es un testigo en contra del judío, que pudiera decirle: "¿De qué te ha servido estar circuncidado si no vives conforme a la ley que nos dio la circuncisión como institución?"
Eso es como similar en ocasiones, que yo he estado en un círculo de personas y alguien ha dicho: "Yo no sé por qué él o ella siempre iba diciendo que yo esto, que yo no lo otro, porque en realidad yo vivo mejor que él o que ella en términos de obediencia". Yo no sé si eso es verdad o no, pero es como la misma idea.
Entonces, de estas tres enseñanzas que Pablo le está dando con relación a la circuncisión, Pablo establece dos conclusiones que están en los últimos dos versículos del texto. Conclusión número 1: no es judío el que lo es exteriormente. El beneficio de la circuncisión, el beneficio incluso de la aparente obediencia a la ley, pero tampoco la circuncisión es la externa, en la carne. Hay una circuncisión, pero la verdadera no es exterior, no es en la carne.
En otras palabras, en los tiempos de Pablo él pudo haber dicho: "Ustedes pueden nacer de padres judíos, ustedes pueden ser criados en el judaísmo, ustedes pueden haber recibido la circuncisión al octavo día, ustedes pueden haber ido al templo o a las sinagogas, ustedes pudieran haber observado las diferentes fiestas judías, y aun así no tener una relación verdadera con el Dios de los judíos o con el Dios de ustedes".
De igual modo, en el día de hoy nosotros podemos nacer de padres cristianos, recibir una educación cristiana, ser enviados a un colegio cristiano, hacer una profesión de fe, bautizarnos, ir a la iglesia los domingos, ser miembro de una iglesia ortodoxa, participar en actividades de una iglesia ortodoxa, y todavía hay una posibilidad de que yo no sea creyente. Y lo hemos visto en los últimos quince años: el número de pastores que han apostatado, han abandonado la fe y han apostatado de la fe. De manera que todo eso es posible, porque lo que testifica acerca de una verdadera conversión es una vida de obediencia continua. Una vez más, no es una vida de obediencia perfecta, no. Pero cuando la vida de obediencia continua se rompe, entonces la otra forma de obedecer es el arrepentimiento.
De ahí que la primera tesis de las 95 tesis de Martín Lutero era justamente que cuando Cristo nos llamó a arrepentirnos, nos llamó a arrepentirnos el resto de nuestra vida.
Entonces, como la mejor forma de decirlo: en el día de ayer alguien me escribió, alguien de fuera de aquí por cierto, me dice que había visto un clip, un video corto, donde yo hablaba de la Mora de Dios y una serie de cosas. Entonces me pregunta, fue una muy buena oportunidad: "¿Cómo yo sé, cómo sabe una persona si ama a Dios?" Y entonces le respondí en la madrugada de hoy, que fue cuando tuve el tiempo de hacerlo. Y bueno, te voy a responder con la Palabra porque creo que es la única forma de hacerlo. Cristo dijo: "Si me amáis, obedeced mis mandamientos". Entonces la mejor evidencia de que verdaderamente amo a Dios es si obedezco los mandamientos de Dios. Pero ¿qué pasa cuando tropiezo y no obedezco? Obedezco de otra forma: me arrepiento, y comienzo entonces a enmendar lo ocurrido.
Entonces, de esto que está hablando Pablo, de que el ser humano, en el caso el judío, para que pueda realmente considerar de algún valor su judaísmo en sus días, tenía que vivir conforme a lo que el judaísmo establecía, y era una obediencia a la ley de Dios.
Conclusión número 2: el verdadero judío que ha llegado a serlo, ¿por qué lo es? Porque algo ha pasado en su interior. Eso es lo que, bueno, míralo aquí como Pablo dice por sí en el versículo 29: "Pues es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no con un objeto cortante, no por la letra". No es la letra la que causa la circuncisión, es el Espíritu de Dios. Y luego Pablo concluye: la alabanza del cual procede, la alabanza de ese hombre que ha sido circuncidado por el Espíritu, no procede de los hombres sino de Dios. A eso se estaba refiriendo el apóstol Pablo.
En el Antiguo Testamento ya Dios reveló a través de Jeremías y de otros, incluso otros profetas, que la circuncisión que era de valor es la que Dios vendría a hacer en tiempos futuros, que sería de corazón. Y entonces en ese momento le estaría escribiendo su ley en el corazón de nosotros, que es lo que se supone ha pasado en la realidad de cada creyente considerado como un cristiano genuino. Dios lo circuncidó de corazón, regeneró el corazón por medio de su Espíritu y no por la letra de la ley.
Lo que Dios valora, revelado desde el Antiguo Testamento, es el interior de cada ser humano. Samuel estaba pendiente de la apariencia de los hijos de David. Tú recorres la historia y estaba pensando él que el más hermoso de ellos, el más alto, el más corpulento era probablemente la elección. Y Dios le dijo: "No, no es él. Es el muchachito, el más joven, el de menos experiencia, porque yo no soy como los hombres. Yo no miro lo externo, sino lo interior del corazón".
De manera que, a la hora de pensar con qué me quedo de todo lo que Pablo tiene que decirle a los judíos en este momento, pero que tiene aplicación para cada uno de nosotros hoy, es lo siguiente: lo que Dios valora no es solamente mi condición interior. Pero de eso que estamos llamando condición interior, ¿qué es? ¿Cómo se llama? ¿Cómo se deletrea de forma resumida? Y esto es: Dios valora mi lealtad a Él de manera exclusiva, y mi devoción, la devoción de mi corazón. Mi lealtad a Dios, no dos señores porque serviré a uno y odiaré al otro. Mi lealtad a Dios de manera exclusiva, y luego mi devoción, la devoción de mi corazón exclusivamente para Él. Y eso se traduce en una vida de obediencia continua, no perfecta.
De hecho, aquellos de ustedes que han leído o han visto la portada de mi libro, que se llama "El poder del Espíritu", abajo dice: "Una vida de continua obediencia". Una vida de continua obediencia solo es posible en el poder del Espíritu, y esa vida solo es posible cuando mi corazón ha sido regenerado y ciertamente ha nacido de nuevo, y el Espíritu viene a morar y viene a llenarme para que yo pueda vivir la vida que Dios demanda. Eso es lo impresionante de nuestro Dios.
Y así oraba Agustín hace mil seiscientos y tantos años atrás. Agustín oraba: "Señor Dios, demanda, pide lo que tú quieras, no importa lo difícil que pudiera ser, pero concede lo que tú demandas". En otras palabras, Dios tiene demandas muy altas. Muy bien, demándalo, tú tienes el derecho, pero concédenos lo que yo necesito para llenar tus demandas, porque yo no lo tengo y yo no puedo. Ni tú tampoco. Y eso es como es, y es la vida en el Espíritu que viene luego de haber sido regenerado.
Vivimos en la carne, pero como les leí el día de ayer, creo que fue una cita, creo que de Calvino, decía que estamos en la carne, pero recordemos que cuando se nos dijo "la carne es débil", eso fue una advertencia y no una licencia para pecar. Yo creo que eso es un buen recordatorio, porque a veces decimos: "Bueno, que la carne es débil". Pero no es la justificación, es la advertencia para que luego no necesites justificar algo como Dios no me ha mandado u ordenado en su Palabra.
Que Dios tome esto y nos ayude a reflexionar, y nos ayude a vivir en el poder de su Espíritu para su gloria, y que mi obediencia pueda hablarle a otros de que es posible vivir en obediencia cuando Dios concede lo que nosotros requerimos en la debilidad de la carne.
Padre, te damos gracias. Gracias por tu Palabra. Te decíamos al principio con la canción: "Habla, oh Dios, y luego enséñame a obedecer humildemente".
Tú nos enseñas por tu Palabra, pero nos das poder para obedecer por tu Espíritu. De manera que sé con nosotros, ayúdanos a reflexionar aún más cuando cantemos para cerrar. Bendito sea tu santo nombre, y gracias por tanta gracia que me has concedido a mí mismo de manera personal a lo largo de los años, a través de las altas, las bajas, los tropiezos y los éxitos, si pudiéramos decir. Y gracias también porque eso es una gracia que Tú concedes a todos tus hijos hasta que entremos en gloria, y aun después continuaremos necesitando de tu gracia para vivir hasta la eternidad. En tu nombre, Jesús.
Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.