IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Miguel Núñez • 8 junio, 2025
El creyente transformado por el evangelio se distingue por un carácter que contradice cada fibra de la naturaleza humana: bendice a quien lo persigue, no paga mal por mal, y busca la reconciliación hasta donde sea humanamente posible. Después de once capítulos exponiendo la condenación del hombre y la salvación por gracia, Pablo gira en Romanos 12 para mostrar cómo debe lucir una vida verdaderamente impactada por el evangelio. Si lo has creído, demuéstralo —esa es la exigencia apostólica.
La historia de David ilustra esta actitud contracultural. Cuando Simei lo maldecía y le tiraba piedras, sus hombres querían cortarle la cabeza. Pero David reconoció la soberanía de Dios detrás de aquel insulto: "Quizás el Señor mire mi aflicción y me devuelva bien por su maldición". David entendió que quien lo hería era un instrumento en manos de Dios para seguir formando su corazón. Lo mismo hizo Cristo en la cruz, intercediendo por sus verdugos, y Esteban mientras lo apedreaban.
El pastor Núñez subraya que el único lugar donde todos recibirán la justicia que demandan es el infierno; el único donde recibirán la gracia que no merecen es el cielo. Si Dios no nos ha tratado con justicia sino con gracia, ¿cómo exigir justicia para el otro? Tomar venganza revela que no creemos las palabras de Cristo: "Mía es la venganza, yo pagaré". La falta de perdón aprisiona en el pasado, genera amargura y resulta en disciplina divina. Quien no perdona, no será perdonado. El llamado es claro: ser pacificadores mansos y humildes, dispuestos a pagar el precio que sea por la reconciliación, porque nada se compara con lo que costó la cruz.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Por 11 capítulos, el apóstol Pablo estuvo exponiendo con lujo de detalle, de manera impresionante, dos grandes áreas de doctrina. Una es la condenación del hombre debido a su corrupción moral, y la otra es la salvación de Dios debido a su gracia, una salvación que llega a nosotros a través del mensaje del Evangelio. Hasta el punto que en el capítulo 1 de la carta, en el versículo 16, nos habla de que el Evangelio es el poder de Dios, el poder de Dios para salvación de todos aquellos que creen: del judío primeramente, pero también del griego o gentil.
Después que Pablo desempaca por 11 capítulos todo lo que Dios ha hecho a nuestro favor, toda esta doctrina grandiosa, por así decirlo, de lo que es la gracia de Dios y una salvación sin obras, ahora, como que da un giro en el capítulo 12. En esencia, lo que le está diciendo es que se supone que una vida impactada por el Evangelio es una vida transformada por el mismo Evangelio. De manera que si tú has creído los primeros 11 capítulos, muéstramelo. En esencia eso es. Y esta es la razón por la que el mensaje del domingo pasado nosotros lo titulamos, o el de tres domingos atrás, que estaba fuera del púlpito debido a mi problema respiratorio que está terminando pero todavía no lo hace. Si tú lo oíste, llamamos al mensaje "El impacto del Evangelio en una comunidad creyente." O sea, cómo luciría ese Evangelio, o mejor dicho, cómo lucirían las vidas de esa comunidad si el Evangelio verdaderamente ha producido la transformación que se supone.
Y ahí es que estoy diciendo que Pablo le está diciendo: "Yo te prediqué el Evangelio, si es que lo creíste, déjame verlo, porque tengo que verlo." Cuando tú lees las cartas de Pablo y prestas atención, no hay duda que para Pablo abrazar el Evangelio para luego vivir deshonrando el Evangelio es una hipocresía que el cielo no toleraría. Hay otra forma de ponerlo: abrazar el Evangelio y luego vivir deshonrándolo es una hipocresía de parte nuestra, y a eso es que Pablo está apuntando.
Entonces, el texto de hoy es breve. Lo que voy a hacer con el texto es que, en vez de aplicarlo a toda una comunidad, lo voy a aplicar como a cada uno de nosotros de manera individual. Entonces, eso nos va a ayudar a vernos en el texto, por así decirlo. Yo recuerdo, yo voy a leer Romanos 12, voy a exponer del 17 al 21, pero yo tengo que leer el versículo 14 primero, porque el versículo 14 dice exactamente lo mismo que sigue en el 17, y es como para hacer la conexión entre esos dos mensajes.
Romanos 12, versículo 14: "Bendigan a los que los persiguen; bendigan y no maldigan." El versículo 17, nuestro texto hoy: "Nunca paguen a nadie mal por mal; respeten lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres. Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien."
Bueno, leímos el pasaje. Vamos a hacer un ejercicio que hemos hecho varias veces desde este púlpito, porque yo creo que no solamente me ayuda a ver el texto, pero te ayuda a estudiar la Biblia. Estudiar la Biblia tiene algunas complejidades, pero yo creo que nosotros la complicamos mucho más de lo debido. En esencia, yo tengo que preguntarme antes de escudriñar ese texto, después que lo leo una vez, dos, tres veces: ¿De qué habla el texto? Primera pregunta. Porque entonces puedo quedarme en el contenido del texto. ¿De qué habla el texto? Yo creo que para mí es obvio que el apóstol Pablo está hablando de una persona que ha sido impactada por el Evangelio, y está hablando de su carácter. El texto habla del carácter de una persona que ha sido transformada por el Evangelio, del cual él habló por 11 capítulos.
Pregunta número dos: ¿Qué dice de eso que está hablando? ¿Qué dice Pablo del carácter de esa persona? Y ya tenemos la estructura del mensaje si tú quieres. Obviamente tú verás que es un poco más complejo que eso, pero yo creo que Pablo está mostrando que una persona que ha sido impactada por el Evangelio es un pacificador. El versículo 18 está ahí, lo vamos a ver un poco más adelante. Y ese pacificador, por las cosas que él dice, tiene que ser manso y humilde. Dado eso, este es mi título para el día de hoy: Un creyente transformado por el Evangelio es un pacificador manso y humilde.
Y vamos a seguir conectando con el mensaje anterior, versículo 14: "Bendigan a los que los persiguen; bendigan y no maldigan." Recuerden que en el mensaje anterior a este yo les mencioné, de acuerdo a los estudiosos del griego, los verbos al final de Romanos 12 son participios. No voy a entrar en la definición porque nos vamos a desviar de lo que es un participio, pero son participios que funcionan como imperativos, como mandatos. De manera que el apóstol Pablo no me está sugiriendo que haga esto. No me lo está simplemente recomendando. No, no, no, no, no. Él, con su autoridad apostólica, dado el llamado que Dios le hizo, nos está ordenando en el nombre de Cristo a bendecir al que te persigue. Y luego nos dice la misma cosa desde el punto de vista negativo: no maldigan.
Ahora, hermanos, si tú eres honesto, tú sabes que esas palabras están contra, o son contrarias, a cada fibra de la naturaleza humana. Nosotros deseamos justicia. Nosotros vemos lo mal hecho y quisiéramos ser nosotros los justicieros. Nos encanta. Pero otras veces nosotros somos como los receptores de la injusticia, y nosotros demandamos, exigimos que sean justos con nosotros.
Pero déjame decirte esto, subráyalo con todos los colores que te puedas subrayar ahí al frente. El único lugar donde todo el mundo recibirá la justicia deseada es en el infierno. Nadie llega a aquel lugar injustamente. Y por otro lado, el único lugar donde todo el mundo ha de recibir la gracia que nunca mereció es el cielo. Eso nos pone en perspectiva. A la hora de nosotros lidiar con el otro, con mi enemigo, con aquella persona que me hirió, y yo demandar justicia, recuerda que Dios no te ha tratado con justicia. De lo contrario, tú estarías rumbo al infierno. Él te ha tratado con gracia, y se supone que ese debe ser un carácter distintivo del cristiano. No le pagues al otro con la justicia con la cual yo quisiera que fuera castigado. No le des al otro lo que tú quisieras hacerle. Dios te dice: "No, no, mejor tú lo bendices, y deja que él reciba la gracia que tú recibiste de parte mía."
Otra vez, el texto que leímos, yo creo que no hay palabras más contraculturales que el texto que nosotros leímos, y es también en contra de cada fibra de la naturaleza humana. Si hay algo que ha demostrado la historia de personas, matrimonios, familias, iglesias, naciones, es lo inclinados que nosotros estamos hacia la venganza o hacia la retaliación de una manera natural. Y al mismo tiempo, nosotros somos adversos a la idea de poder tratar bien a aquellos que nos han herido u ofendido.
A la mayoría de nosotros se nos dificulta orar por nuestros enemigos. Y cuando lo hacemos, lo que le pedimos es que él caiga en cuenta de lo que hizo, de cómo me hirió, de cómo me dañó, cómo me maltrató, y que él entonces venga y me pida perdón para que reconozca su falta. El problema es que el versículo 14 no me pide simplemente que ore por él; me pide que lo haga en una dirección muy particular: "Bendigan a los que los persiguen; bendigan y no maldigan."
Hermanos, una cosa es pasar por alto o ignorar a la persona que te ha maldecido o maldito, y otra muy distinta es pedirle a Dios que lo perdone y lo bendiga. Mira, te lo digo otra vez: una cosa es que tú ignores a la persona, no le hagas caso, lo pases por alto. Y otra cosa es que tú no solamente ores, sino que al orar le pidas a Dios que lo bendiga.
Y eso no es nuevo. No es nuevo, está a lo largo de toda la Biblia. Déjame decirte cómo Jesús lo dijo en el Sermón del Monte, en la versión de Lucas, capítulo 6, versículos 28 y 29: "Bendigan a los que los maldicen. Oren por los que los insultan. Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra. Al que te quite la capa, no se la niegues, tampoco la túnica; dale la túnica también."
¿Ves? Esa es una cosa. Si eso se trata de ti como creyente y un incrédulo, y hay este tipo de cosa o de situación, te voy a decir: la pelota está de tu lado, no de él o de ella. Él no conoce a Dios, no puede orar por ti, no puede interceder ante Dios. La única persona que puede interceder para que Dios pueda hacer algo a su favor y a favor de ambos eres tú. Y en esa lección que tú quisieras que el otro aprendiera, tú eres el maestro. La pregunta es qué tan buen maestro tú puedes ser.
Yo te lo voy a ilustrar desde la Biblia. Me gustan las historias. Creo que ya ustedes lo han notado a lo largo de los años, pero me gustan todavía mucho más cuando las historias yo las puedo encontrar en la Biblia misma. Escucha lo que dice el segundo libro de Samuel, capítulo 16, versículos 5 al 14:
"Al llegar el rey David a Bahurim, entonces salió de allí un hombre de la familia de la casa de Saúl que se llamaba Simei, hijo de Gera. Cuando salió, iba maldiciendo." Eso es de lo que nos está hablando Pablo. ¿Qué es lo que voy a hacer cuando me maldicen? "Cuando salió, iba maldiciendo y tiraba piedras a David," al hombre más poderoso de Israel en ese momento, "y a todos los siervos del rey, aunque todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda. Así decía Simei mientras maldecía: ¡Fuera, fuera, hombre sanguinario e indigno!" La Nueva Traducción Viviente dice: "¡Vete de aquí, asesino y sinvergüenza! El Señor ha hecho volver sobre ti la sangre derramada de la casa de Saúl, en cuyo lugar has reinado. El Señor ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón. Aquí estás, prendido en tu propia maldad, David."
¿Por qué eres hombre sanguinario? Entonces Abisai, hijo de Sarvia, dijo al rey: "¿Por qué ha de maldecir este perro muerto a mi señor el rey? Déjame que vaya ahora y le corte la cabeza." Pero el rey dijo: "¿Qué tengo yo que ver con ustedes, hijos de Sarvia? Si él maldice y el Señor le ha dicho 'maldice a David', ¿quién pues le dirá 'por qué has hecho esto'?"
Entonces David dijo a Abisai y a todos sus siervos: "Mi hijo, que salió de mis entrañas, busca mi vida. ¿Cuánto más este benjamita? Déjenlo que siga maldiciendo porque el Señor se lo ha dicho. Quizás el Señor mire mi aflicción y me devuelva bien por su maldición de hoy." Así pues, David y sus hombres siguieron su camino, y Simei iba por el lado del monte paralelo a él, y mientras iba lo maldecía, le tiraba piedras y le arrojaba polvo. El rey y todo el pueblo que iba con ellos llegaron fatigados y allí descansaron.
¿Dónde te has detenido? ¿Dónde no te has detenido a ver lo perceptivo que fue David? Tú has leído acerca de que David fue un hombre conforme al corazón de Dios, y obviamente David tuvo graves pecados, sin lugar a dudas. Pero al lado de su historia hay como destellos de que este hombre realmente conocía a Dios. Sin esta historia, queda claramente establecido que Simei lo odiaba. Pero David reconoció la soberanía de Dios, que permitió que Simei lo maldijera. O sea, que lo digas. Hermano, si alguien te ofende, te hiere y te maldice, créeme que pasó por las manos de Cristo primero. Cristo lo aprobó y dijo: "¿Sabes qué? Mi siervo que va a ser herido tiene algo que aprender de esta lección que yo quiero enseñarle, y el otro es simplemente el objeto de la lección." David dice: "¿Quién sabe si fue el Señor que lo mandó a él a maldecirme?" Déjalo tranquilo.
Por otro lado, David tenía hijos, tenía más, pero este en particular, Absalón, andaba buscando a David para matarlo. Pero David oraba para que Dios tuviera misericordia con él. Pues sabes que si David quiere misericordia para Absalón, David ni más está diciendo: "Mi hijo, que salió de mis propias entrañas, me anda buscando para matarme. El que este hombre quiera matarme es más entendible todavía." David tiene destellos significativos de luz aquí y allí. Y David razona: "Quizás Dios verá mi tristeza y quizás, quién sabe, si tiene compasión de mí al verme de esta manera."
Bueno, eso no es un hecho aislado. Te digo que está este tipo de órdenes para nosotros, mandatos, mandamientos, a lo largo de toda la Biblia. Si Jesús estaba en una cruz, colgando de tres clavos en un madero, cuando dijo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." Jesús bendijo a sus enemigos con un perdón. Ellos no saben lo que están haciendo; si lo supieran, no lo harían. A pesar de que sabe que es Dios encarnado. No, no, no, espera.
Esteban, el primer mártir de la Iglesia, libro de los Hechos, capítulo 7, está siendo apedreado, lo están asesinando a pedradas, y el texto dice que antes de caer muerto dijo: "Señor, no les tomes en cuenta este pecado." A sus asesinos, sí, a mis asesinos.
Y cuando Pablo le escribe a los corintios en su primera carta, capítulo 4, versículo 13, es el mismo corazón: "Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, andamos mal vestidos, somos maltratados y no tenemos dónde vivir. Nos agotamos trabajando con nuestras propias manos." Escúchenme ahora: "Cuando nos ultrajan, bendecimos. Cuando somos perseguidos, lo soportamos. Cuando nos difaman, tratamos de reconciliar. Hemos llegado a ser hasta ahora la escoria del mundo, el desecho de todo."
Hermano, ¿tú has notado? Yo lo he aprendido a la mala y lo he visto, y ha sido bueno para mi alma. ¿Tú has notado que frecuentemente la persona que te hiere, que te ofende, que te traiciona, que te abandona, no son más que instrumentos de Dios, o instrumentos en las manos de Dios, que Él está tratando de usar para seguir formando tu corazón en la dirección del suyo? Para seguir ablandando tu corazón, que es duro como la piedra. Es la única forma de reflejar el impacto del satisfacer, el impacto que el satisfacer ha tenido en mi vida.
Y en el texto de hoy, verdad, Pablo nos está previniendo de vengarnos desde el versículo 14. Pero el texto de hoy quiero verlo del 17 al 21. En cinco versículos Pablo nos dice tres veces la misma cosa con palabras un poco diferentes. Versículo 17: "No paguen a nadie mal por mal." Y 19: "Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos." 21: "No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien." Tres veces en cinco versículos. Pablo conoce nuestra naturaleza. Algo conoce de lo mucho que nosotros no creemos merecedores del perdón que nos otorgamos, de la gracia que no merecemos, de la misericordia que hemos recibido.
Entonces lo que voy a hacer para desempacar estos cinco versículos es básicamente darte como cinco llamados que nosotros hemos recibido. No son excluyentes uno del otro, son inclusivos uno del otro.
Voy a comenzar con el llamado número uno: hemos sido llamados a vivir en este mundo injusto con reglas de juego relativas a la ofensa y la retribución que son completamente opuestas a la manera como vive el ciudadano de la tierra. ¿Dónde está eso? Lo vimos ya en el versículo 17: "Nunca paguen a nadie mal por mal." Nosotros vivimos en un planeta injusto; no esperes justicia prácticamente en ningún lado necesariamente. Pero nuestras reglas de juego en cuanto a la ofensa y la retribución son completamente contrarias a como el mundo vive.
Y Pablo nos deja ver eso en varias de sus cartas. Cuando escribió a los tesalonicenses, su primera carta, en 5:15, dice: "Miren que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino que procuren siempre lo bueno los unos para con los otros y para con todos." Pablo los separa. Cuando dice "los unos para con los otros", suena como lenguaje de comunidad, de iglesia. Y dice no, pero que no termina ahí, sino también "para con todos". Es el llamado del cual estamos hablando aquí en Romanos.
Pedro nos dice la misma cosa en Primera de Pedro con otras palabras. Moisés dijo exactamente lo mismo a los ciudadanos israelitas en el desierto, en Levítico 19:18. Salomón escribió algo muy similar en Proverbios 20:22, por no decir igual. Jesús lo dijo a los judíos en el Sermón del Monte. Pablo se lo dijo por lo menos a los corintios, a los tesalonicenses y a los romanos, probablemente en otras cartas que no vienen a mi mente.
Hermano, si pagamos mal por mal, nosotros dejamos ver, por un lado, que nosotros tenemos un corazón exactamente igual que aquel que nos hizo el mal o el daño. En cuyo caso, yo merezco la misma justicia que aquel. Además, si pagamos mal por mal, ¿cómo están los otros? ¿Cuál es el creyente y cuál es el incrédulo? Si son iguales, dicen iguales, piensan igual, no sabemos cuál es la diferencia que el satisfacer ha hecho en esa persona. Tu estilo de vida deja ver a Cristo a los demás si verdaderamente has nacido de nuevo y si el satisfacer transformó tu mente y tu corazón.
Quizás nosotros no pensamos que somos capaces de vengarnos de alguien porque la palabra "venganza" suena como severa para nosotros. Pero no, esto incluye todo tipo de mal que yo piense, desee o ejecute contra el otro en el día a día. Escucha. Incluye el no subir la voz cuando el otro la sube. Incluye también el no hablar mal de otro cuando el otro habla mal de ti. Incluye el no ser contencioso, sino pacífico. Y el no tratar de probar que tienes razón a expensas de las heridas profundas que tus palabras causen. No puedo ganar el argumento y perder a la persona.
La razón para que nosotros seamos así y reaccionemos así y hagamos ese tipo de cosas, y múltiples otras, con nuestras propias vidas y con otros, es una sola razón: no hay suficiente aprecio ni valor por la dignidad de la imagen de Dios en el ser humano. Si el ser humano no fue hecho a imagen de Dios, no hay ninguna razón para tener ningún freno entre nosotros. Ahora, si tú reconoces el valor de la imagen de Dios en ti, eso, entre otras cosas, va a comenzar a decirte a ti: "No, yo tengo un compromiso que va más allá de no hablar mal; yo tengo que orar por este hermano."
Nosotros nos parecemos más a Pedro: "Me voy a dejar ir de ese manotazo que cortó la oreja de este hombre, el soldado que viene." Bueno, nos parecemos a Juan y Jacobo. Y tú sabes, tú me lo has oído un montón de veces, el pastor Pepe predicó la semana pasada y claro que los mencionó también. Juan y Jacobo, que no los recibieron en una villa, e inmediatamente, tú sabes, ellos se lo dijeron: "Señor, ¿tú quieres que nosotros, Juan, Jacobo y tú, la trinidad, hagamos descender fuego del cielo?" Nos parecemos más a ellos, o nos parecemos quizás a Abisai, y el siervo estaba loco porque le dieran permiso para cortarle la cabeza, como el que le corta la cabeza a una gallina, a este hombre que él consideraba un perro muerto.
Esa es la entrada. Su mano, llamado número dos: hemos sido llamados a vivir las implicaciones del satisfacer. Hermanos, esa es la clave de todo lo que hemos estado viendo en los últimos diez a quince años en el seno de las iglesias. La gente estudia la Palabra, y como yo ya oí del pastor Pepe en estos días recientemente decir: tú puedes estudiar diez horas al día teología, la Biblia, por cuarenta años consecutivos, y no conocer a Dios.
Hemos sido llamados a vivir las implicaciones del satisfacer, de tal manera que nuestro estilo de vida llame la atención del mundo por la piedad con que vivimos, y no por los escándalos que creamos al decir una cosa y vivir otra. Nuestro estilo de vida debe llamar la atención del mundo.
Esto es como Pablo lo dice en el versículo 17, segunda parte: "Respeten, honren lo bueno delante de todos los hombres." La palabra en el original para "bueno" es kalós, con kappa. Y uno de los diccionarios del griego consultados dice que kalós significa: bueno, correcto, propio, mejor, honorable, honesto, hermoso o precioso. Ok, leo para atrás: "Respeten lo bueno, correcto, propio, mejor, honorable, honesto, hermoso o precioso delante de todos los hombres." Creo que el afán es delante de todos los hombres. "Seréis mis testigos." O sea, son mis testigos. Tienen una creencia intelectual.
Tiene una póliza de seguro para evitar ir al infierno. No, no, no, no, no, no. Esto es un estilo de vida que refleja lo que he creído.
Hermanos, déjame aterrizarlo todavía un poco más. Si no estamos dispuestos a dar al otro la misma gracia, la misma misericordia, la misma tolerancia, la misma paciencia que Dios ha tenido contigo, no te sigas llamando cristiano. Quizás no lo eres. O le estás dando una mala reputación al nombre de Cristo. No debo esperar que Dios haya de suplir sus atributos de gracia, misericordia, tolerancia, benevolencia para conmigo, si yo no quiero dejar pasar ese viento hacia otro. No, no puedo contar con eso.
Y piensa por un momento: Dios, infinitamente santo y justo, es el ser más demandante de todo el universo. Él dice: "Sed perfectos porque yo soy perfecto." Dice Dios. Y ese ser ha tenido la tolerancia con pecadores empedernidos, dentro de los cuales estamos tú y yo. Si nosotros imitamos a Cristo, esa sería la mejor forma de demostrar que el satisfacerlo de Cristo y su causa tienen un valor supremo. De hecho, Cristo es en persona lo que el satisfacerlo es en palabras. Cristo es en persona lo que el evangelio es en palabras. Lo que Cristo vino fue a anunciar el evangelio y demostrar el evangelio: cómo se vive y cómo se supone que luce una persona que verdaderamente ha nacido de nuevo.
León Morris, uno de los académicos del Nuevo Testamento, en su comentario sobre este versículo 17 dice: "Pablo los llama a vivir las implicaciones del evangelio." Las implicaciones del evangelio. No han aprendido de memoria lo que el evangelio es; deben vivir a una altura tan elevada que incluso los paganos lo reconozcan. Siempre vivirán a la vista de los no cristianos y su estilo de vida debe ser tal que transmita o refleje lo esencial del mensaje cristiano. Si es un recordatorio de que tú y yo siempre estamos en la mira del mundo que nos observa. Pueden ser tus hijos, pueden ser tus cónyuges, pueden ser tus familiares, pueden ser tus amigos, tus vecinos o miembros de la iglesia. Siempre estamos en la mira de alguien que está observando cómo vives, cómo te comportas, y frecuentemente cuestiona no solamente tu persona, sino lo que tú crees.
Llamado número tres: fuimos llamados a procurar la reconciliación con todos los hombres, hasta donde sea humanamente posible. Ese es el llamado. Y la razón es que Cristo nos reconcilió con Dios al más alto precio pagado. De manera que tú y yo deberíamos estar dispuestos a pagar un precio sacrificial para vivir en armonía con los demás. Y eso lo veo en Romanos 12:18: "Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres."
Bueno, yo no sé si tú lo has visto así, pero una responsabilidad que tú tienes, si eres creyente, es de ser un pacificador, no un buscapleitos. Y de hecho, Cristo pronunció una bendición para aquellos que eran pacificadores. Mateo 5:9, es el Sermón del Monte: "Bienaventurados los que procuran la paz." Otra traducción dice: "los pacificadores, pues ellos serán llamados hijos de Dios." Cristo nos llamó a procurar la paz entre el hombre y Dios, pero de manera automática nos está llamando a procurar la paz entre los hombres.
Lo que necesito ser es un imitador de Cristo en lo que Él hizo para conmigo. Romanos 5:10: cuando éramos enemigos, ¿ok?, estábamos... Fuimos reconciliados con Dios. Dios el mayor, Dios dio el primer paso. Fuimos reconciliados con Dios, voz pasiva del verbo. Alguien lo hizo por mí. Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. Ahora, tú y yo somos los embajadores de Cristo para predicar ese mensaje y para vivir ese mensaje.
Mi pregunta ahora para ti, en el desarrollo del mensaje: ¿Cuál fue el costo de la reconciliación que Dios pagó por ti, o que Cristo pagó por ti? Una vida vivida sin pecado que termina colgado de un madero, de tres clavos. Colgado de tres clavos en un madero. ¿Ok? Eso fue lo que le costó para reconciliarte a ti.
Hermanos, te hago una pregunta. Ahí piensa brevemente. Si hay alguien en tu vida con quien tú tienes una irreconciliación, un distanciamiento, una rencilla, un remordimiento, una amargura hacia él o esa persona, ¿qué costaría? ¿Qué te costaría reconciliarte primero en tu mente, en tu corazón, y luego, si es necesario, en la vida con esa persona? Yo no conozco dónde cada cual está, pero ya más o menos tengo la respuesta. Lo que sea que te vaya a costar es nada que se pueda comparar con la cruz de Cristo, que es lo que costó reconciliarte a ti. Y en cuanto dependa de ti, debes hacerlo posible para estar en paz con todo el mundo. Cuando tú puedas. Si yo hice todo lo posible y la persona no quiso, no se pudo, bueno, entonces se puede estar en paz con Dios.
Entonces, nosotros cantamos porque la fe así lo tiene acerca del Príncipe de Paz. Te voy a recordar la canción: "Príncipe de paz." Ya no puedo cantar ni cuando la voz está bien, mucho menos ahora. Pero tú no puedes llamar a Cristo Príncipe de Paz y nosotros ser sus embajadores conflictivos, contenciosos, porfiados, polémicos, ganapleitos, beligerantes, combativos. No, completamente contrario. Y lamentablemente la gente aprende a vivir cómoda alejados de otra gente, porque eso me aleja de Dios.
Cuando Pablo les escribió a los corintios, el capítulo seis viene a describir acerca de muchos problemas que hubo en esa congregación muy inmadura. Y el capítulo seis está lidiando con los corintios que están llevando hermanos a las cortes. Les está diciendo: "A ustedes debiera darles vergüenza. Si no encuentran hermanos entre ustedes para tratar este asunto, ¿tienen que ir a llevar sus diferencias ante los incrédulos? Es una vergüenza para el evangelio."
Y en esa carta, Primera de Corintios capítulo 6, en el versículo 7, Pablo le hace dos preguntas a los corintios: ¿Por qué no sufren mejor la injusticia? ¿Por qué no ser mejor defraudados? Absorbe la pérdida, absorbe el daño, absorbe el maltrato, como Cristo lo hizo en la cruz. Y me permito la ilustración: el Cristo abrió su pecho y absorbió toda tu culpa. Antes de avergonzar el evangelio ante los incrédulos, ¿por qué no sufren la injusticia?
No solamente Cristo es el Príncipe de Paz, según nosotros vemos en la Palabra, pero el evangelio de Cristo es llamado el evangelio de la paz por lo menos en dos lugares: en Hechos 10:36 y Efesios 6:15. El evangelio de la paz. ¿Por qué se le llama el evangelio? Ese es el mensaje, hermanos, que puede crear el vínculo entre Dios Padre y nosotros. Bueno, si ese es el evangelio que tú has abrazado y tú sabes el costo que ese evangelio tuvo, entonces tú y yo debiéramos estar dispuestos a ir la milla extra diez veces si fuera necesario para tratar de ganarnos al hermano.
Eso es como Cristo lo dijo en el Sermón del Monte, versión de Mateo: "Y cualquiera que te obliga a ir un kilómetro, o una milla según la Reina Valera del 60, ve con él dos." No te pongas a discutir. No discutas con pasajeros. No "porque ya yo llegué aquí y ya vine andando, huele la flota, el que te haga ahora." Ve dos millas. ¿Por qué? Por amor a la cruz, por amor a la cruz, por la honra de Cristo.
Llamado número cuatro: fuimos llamados a reconocer a Cristo, y este es vital, como juez sobre las acciones de los hombres y como el único con autoridad para condenar al que ha obrado mal. El versículo 19, amados. "Nunca" es lo que se llama en lógica un negativo universal. Nunca, en ninguna circunstancia, en ningún momento, en cualquier año, no importa dónde, cómo, cuándo y qué. Nunca. "Nunca os venguéis vosotros mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor."
Cuando alguien te hiere, te ofende, te hace daño, la reacción inmediata, la reacción visceral como de tus órganos, es pensar inmediatamente: "¿De qué manera lo voy a hacer pagar?" "No, pastor, no. No pienso que yo soy tan malo." No, nosotros somos peor de lo que pensamos. Y me atrevo a ver: "Cuando me llame no lo voy a responder. Es más, lo voy a bloquear. Es más, la próxima vez que me llame le digo que estoy ocupado, que no puedo. Solo llama cuando quiere un favor." Todo eso puede ser verdad, y Dios diciendo: "Saquen, saquen eso de ahí, no, no." Si ustedes saben que el corazón de ustedes hay que trabajarlo, lo tengo que trabajar de alguna forma. Yo tengo mucha gente que te va a dar problema en tu vida porque eso va a hacer un instrumento. Si tu corazón fuera más maduro, no necesitarías esas personas.
Entonces, cuando no pensamos cómo vengarnos, pensamos de qué manera le podemos hacer sentir culpable para que sienta el dolor que tú me has hecho sentir. De nuevo, como Pedro en el jardín, verdad. Los soldados vinieron, cuando se acercaban desenvainados, pero... Se había ceñido su espada, corta la oreja del siervo. Eso es como tú y yo. Y el Señor Jesús, como en otra esfera, su mano toca la oreja cortada y la sana. Y Cristo me está diciendo: "¡Hey! Yo no estoy llamándote a vivir como Pedro; yo estoy llamándote a vivir como yo."
Así somos, ¿sí? ¿Sabes qué? Alguno va a tener la osadía de decirme al final: "Bueno, pastor, pero yo no tengo espada, o sea que eso no me aplica tanto." Bueno, tú no tienes una espada literal como la de Pedro o la de otros soldados, pero tú y yo tenemos otra espada que es peor que la de Pedro. ¿Cómo se llama? Oh, wow, pues yo no sé, pero ustedes estaban tan... Estaban tan adictos con los teléfonos públicos, ¿eh? ¿Sabes por qué lo supieron hacer? Porque es una espada que usamos todos los días.
Y Dios no la pasa por alto. La describe y en la descripción nos advierte en Santiago 3. Versículo 5 dice que la lengua es capaz de encender todo un bosque. Seguro eso te lo recuerdas, por eso es fácil de recordar. Versículo 6 dice que la lengua es un mundo de iniquidad; probablemente lo recuerdas. En el mismo versículo 6, segunda parte, probablemente no lo recuerdas. Escúchame. Subraya: la lengua es encendida por el infierno.
Tú recuerda que Pablo nos mandó: "Airaos, pero no pequéis. Ni se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo."
Claro, porque cuando estás airado, cuando estás pensando cómo vengarte de los otros, Satanás te influencia de alguna manera. La Palabra no se explica: encendía tu lengua, escucha, e inflama el curso de nuestra vida. Versículo 8: ningún hombre puede domar la lengua. Esa es otra negativa universal: ningún hombre puede domar la lengua. "Pero pastor, ¿Dios no podría ponerle el poder de Dios?" Es un mal turbulento y lleno de veneno. Este es el peor aspecto.
Alguien me dice: "Pastor, déjeme... pero no, no creo, yo no soy así. No, mire, cuando yo estoy así muy airado, yo me callo para no incendiar nada". El problema es que cuando te callas para no incendiar nada, dejas tu cerebro incendiado con todos los pensamientos que permites que entren y que no rechazas. Esa es parte de la anatomía y la fisiología del pecado.
El problema de Adán no fue Eva. Es impresionante que la humanidad ni ha comenzado y ya ha aprendido a culpar a otro. Esa es parte de la anatomía y la fisiología del pecado para defender su pellejo. "No, no fui yo, y aquí en Foque mordió la fruta". "No, la mujer que tú me diste, ella me dio". Como que Eva fue y le dijo: "Toma, come, muerde, muerde, muerde". No, tú mordiste. Y el problema de Eva no fue la serpiente, no, claro que no. El problema de Adán fue Adán y su corazón. Y el de Eva fue Eva y su corazón. Y el problema tuyo y mío no es el otro, eres tú. Y el problema mío no eres tú, soy yo.
Si no puedes cambiar al otro, solamente puedes cambiar tú cuando tú acudas al cirujano Dios y le digas que te haga la cirugía de corazón abierto y que destape todas las arterias que tiene ocluidas. Mientras tanto, cuando nosotros hacemos que el otro pague lo que Cristo no ha hecho contigo, no exigirte el pago, tú ignoras y violas la Palabra que más de una ocasión dice: "No os venguéis". Ignoras y violas la Palabra. Tú rehúsas conocer a Cristo como el único fiscal que ha existido en la vida y juez condenador, con autoridad para acusar y condenar. ¿Qué es lo que Él dice en el texto que leemos? "Déjame a mí la venganza, yo pagaré". Y cuando tomamos la justicia en nuestras manos, estamos mostrando que no creemos las palabras de Cristo, sino que yo tengo que hacerle pagar.
¿Cuándo es que el pueblo de Dios va a entender que nosotros no podemos vivir a la altura de aquellos que no conocen a Cristo? ¿Cuándo es que vamos a acabar de entender? Nosotros tenemos un llamado contracultural. No importa cómo el mundo vive, así no es, porque tu ciudadanía no está aquí y tu mente no se supone que esté aquí, sino en las cosas de arriba. Nosotros debiéramos... No, si la Palabra no me llama ni siquiera solamente a que haga un esfuerzo para reconciliarme. Nosotros debiéramos amar la reconciliación.
De hecho, si ha habido de decirlo desde este púlpito, pastor, si lo ha oído en una conferencia afuera: yo odio la irreconciliación. No porque emocionalmente no me siento bien, eso es parte de la humanidad. Odio la irreconciliación porque niega el satisfasmo de Cristo, y sobre todo entre cristianos, completamente.
O quizás todavía otro me dice: "Pastor, yo no estoy ahí. No, que usted es muy fanático, pero yo no estoy ahí. Yo no puedo hacer esas cosas". Bueno, mira, yo quiero ser pastoral, yo no quiero ofenderte, y la verdad no sé lo que es eso. Es otra cosa, pero yo pecaría si mi intención es herirte u ofenderte. Pero si yo no puedo hacer esas cosas, yo no he entendido la cruz. Si no he entendido la cruz, yo no he entendido el satisfasmo. En ese caso, de nuevo, hay dos posibilidades: quizás no soy creyente, o le estoy dando una mala reputación al nombre de Cristo. No hay más opción.
Esa es la razón por la que Pablo nos llama, tempranamente, versículo 17 que lo leímos, a hacer lo bueno delante de todos los hombres. Lo repito: lo correcto, lo propio, lo mejor, lo honorable, lo honesto, lo hermoso o lo precioso, delante de todos los hombres. Yo les he dicho más de una vez: yo he oído el satisfasmo definido por mentes brillantes, lo que es teológicamente correcto. Yo he visto mucho menos el satisfasmo vivido.
A mí en los últimos años me carga mucho menos. Lo compartí con un grupo de pastores de la ciudad en días pasados, donde uno de nosotros compartía algo e hizo una excelente presentación, no entro en los detalles. Pero al final el plan fue buenísimo, pero te voy a decir lo que a mí me carga más: si he visto el estado de la iglesia en Norteamérica y en Latinoamérica y Europa, ya prácticamente no me asombro. Pero claro, porque es que el mundo... queremos que Dios haga llover juicio sobre el mundo, pero el mundo no le conoce. Mas Dios nunca ha llamado al mundo a representarlo a Él, nunca, ni nunca ha esperado que el mundo cumpla lo que solamente un cristiano puede cumplir. Claro, le está dando cambio, pero Dios sabe que él no lo va a cumplir. De ti y de mí es otra cosa.
¿Qué más? Número cinco: fuimos llamados a estar dispuestos a pagar hasta el más alto precio en busca de la reconciliación con los hombres, para mostrar que somos personas intrínsecamente diferentes luego de nuestro nuevo nacimiento. Que estemos dispuestos al último sacrificio tratando de alcanzar la reconciliación como una evidencia, una muestra de que nosotros verdaderamente somos personas intrínsecamente distintas después del nuevo nacimiento.
Donde tú ves versículo 20: "Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer". Ahora, no es una apelación a la misericordia del que está fuera, pobre, que no comió esta mañana, dale algo de comer. Ahora, eso hay que hacerlo también, es parte de la implicación del satisfasmo. No, no, aquí es el enemigo. Pero es el que a veces en consejería, cuando una pareja se distancia, a veces el hombre, a veces la mujer, me dice: "Mire, pastor, que ya después de tal cosa, ya yo no lo puedo ni siquiera amar como mi esposo". Ayudando con la tentativa de la implicación del satisfasmo, digo: "Bueno, como mi esposa a veces pasa una cosa. Yo puedo entender. ¿Tú crees que lo puedes amar como el prójimo?" "Bueno, para empezar, sí, la Palabra dice esto, que hay que amar al prójimo, pero hasta como el prójimo me da trabajo". "No, yo entiendo, porque me ha contado algunas cosas que son difíciles, yo entiendo. ¿Tú crees que lo podrías amar como tu enemigo?" "Bueno, que bueno, ¡ahí qué le voy a hacer, pastor!" Yo te pregunto, ¿no? Porque quizás si comenzamos amándolo como el enemigo, podemos pasar a amarlo como un prójimo que no es tu enemigo, a ver si otra vez yo los llevo a amar al cónyuge como se supone que era antes.
"Si tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza". Yo creo que es la parte que más le gusta a todo el mundo: los carbones encendidos. El problema es que no es eso, porque Dios no me está diciendo: "A la injusticia hay que quemarle la cabeza". No, la idea, yo creo que es la explicación más congruente de muchos de los que han estudiado el texto también, es que cuando tú te comportas de esa manera, Dios usa tu testimonio y le hace carga al otro de culpa y de vergüenza, y esa persona muchas veces se viene donde ti cargado de culpa, porque ya no puede vivir así con eso, confiesa, pide perdón, pide perdón a Dios, y se reconcilia.
Yo te he dado el testimonio sin nombre, pero yo lo he mencionado públicamente, de alguien en la iglesia, una pareja que estuvo casada ya hace muchos años atrás, ambos todavía con nosotros. Y justamente por eso, la esposa dio un testimonio de ese tipo al esposo que era incrédulo. Y un día fue donde ella, él le dijo, ella te voy a invitar a cenar. Y cuando se sentaron a cenar fuera, le dijo: "Yo quiero decirte dos cosas". Él le contó cosa número uno, no voy a entrar en esa hora, y número dos: "Yo no sé lo que tú tienes, pero lo que tú tengas, yo lo quiero, porque nadie puede amar a un perro como yo".
"No, pastor, por acá está ahí, no, no llega". Eh, mira la cruz. Yo no estoy diciendo "camina, yo estoy aquí". Ah, me toca una oportunidad, sí, pero no. Quiero decir que mires la cruz y luego me digas si hay algún precio que tú necesitas pagar que es demasiado alto. Y Cristo, en el Sermón del Monte, nos llamó, Mateo 5:44, a amar y orar por el enemigo, ambas cosas. Y luego en el 45 me dice por qué: para que ustedes sean hijos de su Padre que está en los cielos. En otras palabras, para que ustedes demuestren que verdaderamente ustedes son hijos del Dios en que ustedes han creído, porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos.
De manera que cada vez que alguien se está comportando mal, la inclinación inmediata es que tú no quieres ni mirarlo ni darle los buenos días, por así decir. Y Dios nos dice: tú no acabas de entender. El sol sale para justos e injustos, y la lluvia cae sobre la tierra de personas altamente pecaminosas y personas creyentes. De manera que si tu Padre es así, ¿por qué tú no demuestras que eres hijo de Él? La única manera como las personas pueden saber que nosotros somos hijos de Dios es si lucimos como el Padre. De otra manera no lo van a saber.
Déjame resumir el texto. Versículo 14 nos llama a bendecir a nuestros enemigos que nos persiguen. En el 17 se nos prohíbe pagar mal por mal y se nos llama a hacer lo contrario. En el 18 se nos llama a estar en paz con todo el mundo en cuanto depende de nosotros. El 19 nos prohíbe tomar la venganza o la justicia en nuestras manos. Y el 20 nos llama a dar de comer y de beber al enemigo, porque entonces amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza, y ya les expliqué el significado de esa palabra.
Lo bueno de Dios es que Dios nunca le ha pedido a sus hijos que hagan algo que Él no haya hecho primero. Y lo bueno de la Biblia es que no lo deja a la imaginación. Cuando Pedro escribe en su primera carta, capítulo 2, versículos 21 al 23: "Porque para este propósito han sido llamados". Tú has sido llamado. ¿A cuál propósito, Pedro? "Pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus pasos".
O sea, lo que él hizo tú, es como él caminó tú caminas, como él perdonó tú perdonas, como él amó tú amas. Él, el cual no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca. Escucha, y quien cuando lo ultrajaban no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga con justicia.
Una de las verdades es que no se da, a nosotros nos gusta que nos llamen cristianos, sobre todo en este contexto. Si te han visto en un ciclo social o te han visto tu vecina y pasa algo y alguien dice: "No, Miguel no fue porque es un hombre cristiano muy serio." ¡Oh, wow! Nos encanta que nos llamen cristiano, pero odiamos tener que comportarnos como Cristo. Lo uno o lo otro. Nos encanta reconocer, decir, hablar: "No, es que todo por gracia, nosotros pecamos" y levantamos la bandera de la gracia para justificar. Pero rehusamos dispensar la misma gracia para aquellos que pecan contra nosotros. Cuando estamos ya no de culpa, salimos corriendo por al turno de la gracia, pedir perdón, para sentirnos un más ligero. Pero cuando nos toca perdonar, eso es otra historia. No pasó, pero tampoco ha sido.
El texto de hoy básicamente era del 17 al 21. Dos portalibros, el 17 dice lo mismo que el 21 con diferentes palabras. Te voy a leer el 17: "Nunca paguen a nadie mal por mal." Y ahora te voy a leer el 21 para que puedas verlo: "No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien." ¡Wow! ¿Cuántas veces tiene Pablo que decirnos la misma cosa? Yo creo que esas cosas que hemos dicho nos dan una idea de cuántas veces nos ha ido la mano o la lengua de la mano, la espada o la lengua de la mano, contra aquellos que nos han herido, a veces incluso que nos han herido y ellos no se enteraron o que no se dieron cuenta. Literalmente a veces.
En conclusión, para llevar a cabo cada uno de esos llamados mandatos que mencionaron el día de hoy, tú necesitas dos cosas. Tú necesitas un carácter manso y humilde como el de Cristo, por eso nos llamó a aprender de él. De fuentes podrás aprender de Pablo, de quien tú quieras, de Santiago, u otras cosas, pero esas dos cualidades solamente las puedes aprender de mí: que sea manso y humilde de corazón, ¿no? ¿Que lo parezca? Sí, requisito número uno.
Y requisito número dos es poder perdonar a aquellos que han pecado contra ti, sabiendo que muchas veces tus pecados, si eres honesto, honesta, han sido más frecuentes y más graves que los pecados que tú estás usando para restregárselo en la cara al otro. Pablo estaba siempre apercibido cuando decía: "Yo soy el peor de los pecadores." E Isaías quedó apercibido de su condición cuando dijo: "Yo soy un hombre de labios impuros," y eso es igual que todo el mundo, un pueblo de labios impuros. Daniel, no sé si hay alguien más estable aquí, más en la Biblia por su integridad que Daniel, y ahora: "Yo y mi pueblo hemos pecado contra ti." Yo necesito perdonar, ya han sido un carácter manso y humilde y tener a disponibilidad, a disposición de perdonar a aquellos que han pecado contra mí, porque muchas veces mis pecados son más numerosos o más graves, pero quiero el perdón de Dios.
Entonces, al cierre déjame leerte, son seis o siete principios que salen de un libro que se llama Cuatro, poco conocido: El arte de dar y recibir perdón, porque de eso es que está hablando. Número uno, la falta de perdón aprisiona a las personas en el pasado. Te quedas en el pasado. Estamos hablando de algo, algo que hubo hace tres años, viene a tu mal, cinco años, el año pasado, no has podido moverte del pasado. Eso te aleja de Dios.
Número dos, la falta del perdón provoca amargura y la amargura es el cáncer del corazón. Según MacArthur, la amargura es el cáncer del corazón.
Número tres, el acto del perdón es el acto más parecido a Dios que una persona pueda realizar. El acto más parecido a Dios que una persona pueda realizar.
Número cuatro, el perdón afirma el amor inmerecido.
Cinco, Dios promete su amor a quienes perdonan a los demás. Por lo menos, su amor y no de gracia y de perdón. El perdón en tu vida previene el odio que se gesta en tu interior.
Número seis o siete, la falta de perdón resulta en disciplina divina. Dios no la pasa por alta. Recuerda la parábola, dos siervos: uno debía mucho dinero, fue donde su amo, el amo lo perdonó. Salió, se encontró con su consiervo, debía poco dinero, no lo perdonó. El amo se enteró, le dijo: "Tráiganme a ese siervo, métanlo en la cárcel y díganle que lo torturen hasta que no pague el último centavo." Pero no es una cárcel real, es la cárcel en la que tú vives. Déjalo ahí que sufra emocionalmente toda la tortura y congoja y amargura hasta que no perdone la última ofensa.
De manera que ciertamente la falta de perdón resulta en disciplina divina. Quien no perdona, no será perdonado por Dios. Eso fue dicho por Cristo mismo, exactamente igual. ¿Se puede el Padre Nuestro? Pero si vosotros no perdonáis a los hombres sus pecados, vuestro Padre tampoco os perdonará.
Yo quiero creer que tú no quieres estar en esa posición, que tú no quieres estar en una prisión, torturado, viviendo en el pasado, en una condición donde Dios no quiere perdonarte porque tú no has perdonado primero. Una vez más al final, eso es mi intención, es el latido de mi corazón como pastor, que tú puedas tomar decisiones serias, ¿no? Si hoy oyes su voz, no endurezcas el corazón como en Meriba durante la rebelión.
Yo quiero aportar desde aquí. Yo quiero que tú pienses ahí, realmente, si tienes, porque quizás no es el caso, pero si hay alguien que tú tienes, que tú piensas, que todavía te genera resentimiento, distanciado, enemistado, la condición que sea, que tú entiendas que por lo menos tengo que reconciliarme en mi mente y en mi corazón con esa persona. Quizás no requiera tenerlo aquí donde la persona viva, la condición varía, pero quizás sí lo requiera. Sí, pero no lo vas a hacer ahora, obviamente.
Entonces vamos a dar un par de segundos y yo simplemente, si cierran los ojos de hecho, simplemente te voy a pedir que si quieres que yo ore por ti, porque yo ore por ti, por la reconciliación posible entre tú y quien sea, o el acercamiento, el perdón, de manera que la amargura pueda irse y que eso no enferme cancerosamente a tu corazón. Ahí donde están, permíteme orar por ti.
Como están diciendo, Señor, gracias. Tú eres tan claro en tu Palabra, Tú eres tan repetitivo en tu Palabra, que nos dejas sin excusa para no hacer lo que nos toca hacer. Señor, aquí están hermanos, hermanas mías, hijos tuyos, que de alguna manera Tú trajiste a su mente a alguien y que ellos están en necesidad de reconciliación, ya sea interna y perdón para que toda esta amargura se pueda ir, o están en necesidad de ir físicamente en algún momento y buscar la reconciliación. Yo te pido, Dios, Tú les sigas dando gracia, iluminación, discernimiento, dominio propio para sobreponerse a sus emociones humanas, y que Tú les permitas que ellos puedan decirte: "Señor, de la misma manera que Tú me perdonaste incondicionalmente, yo te perdono incondicionalmente." Que puedan verbalizar esa misma forma que Cristo en la cruz, no dijo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" y luego arremetió contra ellos porque "yo estoy aquí por culpa de ustedes" y todo lo demás, sino que simplemente intercedió por ellos. Como lo hizo Esteban, como lo han hecho otros. Sosténme, hermanos, y permite ahora que al cantar, Tú permitas por medio de la canción recordarnos también que Tú nos has declarado lo que es bueno, y como el profeta Miqueas 6:8 nos dice, Tú nos has pedido no solamente que busquemos la justicia, pero que amemos la misericordia. Haznos amantes de la misericordia. Pues te lo pedimos en el nombre de Cristo y para la gloria de Cristo. Su pueblo dice: Amén.
Pongámonos de pie y cantamos.