IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Cristo Jesús. Pero esta mediación no fue abstracta ni genérica; Cristo cumplió su misión reconciliadora ejerciendo tres oficios inseparables: profeta, sacerdote y rey. Como profeta, no solo trajo la verdad de Dios como lo hicieron los anteriores, sino que él mismo era la verdad, la luz que ilumina la mente oscurecida del hombre. Por eso tuvo la autoridad para pararse en un monte y decir: "Habéis oído que se os dijo, pero yo os digo". Como sacerdote, ofreció el sacrificio definitivo, pero a diferencia de los sacerdotes del antiguo pacto que permanecían de pie porque su trabajo nunca terminaba, Cristo se sentó a la diestra del Padre porque su ofrenda fue perfecta y final. El velo del templo se rasgó, y el acceso a Dios quedó abierto para siempre. Como rey, toda autoridad le fue dada en cielos y tierra, y su reinado no tendrá fin.
Job anhelaba un árbitro que pudiera entender a Dios y entender al hombre al mismo tiempo, alguien que salvara el abismo entre ambos. Cristo fue ese mediador: garantizó cada cláusula del pacto, cumplió lo que a Dios correspondía y lo que nos correspondía a nosotros, y restauró la paz perdida desde Edén. Por eso un día toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es Señor, el mediador incomparable.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, el domingo pasado yo terminé —perdón— una serie sobre la epístola a los Gálatas, que como ya sabemos, fue escrita por el apóstol Pablo. Y antes de iniciar la próxima serie, que francamente la anunciaremos, por varios domingos vamos a estar revisando varios temas distintos, temas que no necesariamente caen o son cubiertos usualmente dentro de una serie que estés haciendo, pero que son vitales. Y este es uno de esos temas.
En el día de hoy voy a estar exponiendo acerca de un tema del cual se habla muy, muy poco, a menos que tú estés leyendo teologías sistemáticas. Es el tema de los tres oficios de Cristo, íntimamente relacionados, de los cuales nosotros cantamos hoy de los tres, literalmente hablando. De uno cantamos más que de otro, pero los tres estaban ahí en nuestras canciones. Y me estoy refiriendo al hecho de que Cristo fue profeta, sacerdote y rey.
Están tan relacionados que Martyn Lloyd-Jones, en su libro The Great Doctrines of the Bible o Las grandes doctrinas de la Biblia, dice que en Cristo nosotros tenemos a un profeta sacerdotal, a un rey profeta y a un rey sacerdotal. Esa es la manera de verlo. Y por eso, como él es nuestro mediador, yo he querido titular mi mensaje: Cristo, el mediador incomparable. No tiene comparación; usamos esta palabra de hecho en una de las canciones. El primer teólogo de peso que habló de estos tres oficios fue el muy conocido Juan Calvino en los años de 1500.
Cuando oíste que se iba a hablar acerca de estos tres oficios, quizás no te llamó mucho la atención porque quizás no resonó en tu mente como un tema vital. Sin embargo, es un tema glorioso, es un tema desafiante en cierto sentido, porque tiene que ver con toda la persona y la obra de Cristo Jesús en esta tierra y en los cielos. Hay cosas que él hizo dentro de estos tres oficios aquí abajo; hay cosas que él continúa haciendo desde los cielos que tienen que ver con esos oficios.
Y tratando de encontrar un pasaje que pudiera ayudarme a exponer esos tres oficios sin tener que traerlo de múltiples pasajes distintos —lo cual voy a hacer para ilustrar este pasaje singular— encontré un verso en la primera carta de Pablo a Timoteo, en el capítulo 2, versículo 5, que dice lo siguiente: "Porque hay un solo Dios y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre." Este versículo me dice que hay un solo Dios y un solo mediador, pero Pablo no me dice ahí ni más abajo cómo él medió. No me dice de qué manera el mediador hizo su trabajo. Yo quiero decirte que la manera como lo hizo es precisamente llevando a cabo esos tres oficios de profeta, de sacerdote y de rey.
La palabra ahí usada en nuestro idioma, traducida como "mediador", en el griego es mesites. Déjame decirte lo que un mesites era de acuerdo a uno de los diccionarios teológicos. Es alguien, en primer lugar, que garantiza la ejecución de todos los términos estipulados en un pacto. Aquellos de ustedes que son abogados que están aquí ya ven que los pactos, los convenios, los contratos tienen cláusulas, tienen eso mismo: estipulaciones. Se supone que las partes cumplan cada uno con su deber. Bueno, el mediador tiene la responsabilidad de garantizar —el mesites tiene la responsabilidad de garantizar— que todas las partes se cumplan. La palabra también hace alusión a un árbitro que restaura la paz entre dos personas, pero mira cómo: especialmente a través de las condiciones de un pacto. Eso es el mediador. Él tiene la responsabilidad de garantizar la ejecución de todas las partes en el pacto y, al mismo tiempo, cuando esas partes o cláusulas hayan sido llenadas, entonces es responsabilidad suya traer la paz a las partes que estaban irreconciliadas.
Y es exactamente lo que ocurrió. Dios es un Dios de pacto; es un Dios de pacto con el hombre. Él hizo un pacto con Adán y Eva en primer lugar. Eso es lo que llamamos —aunque algunos difieren en esto, pero yo lo veo de esta forma junto con otro grupo de teólogos en la historia— que Dios hizo un pacto de obras. El único pacto de obras con Adán y Eva: tú haces esto, tú haces esto, tú haces esto; tienes un chance para equivocarte y si te equivocas no hay gracia, en el sentido de que vamos a comenzar de nuevo de la misma manera. No. Te equivocas: el día que peques morirás. Pecaron y murieron espiritualmente.
A partir de ahí Dios restaura, entonces, su trabajo de redención. Comienza su trabajo de redención a través de la gracia. De manera que todos los pactos de ahí en adelante involucraban la gracia de Dios, y por tanto las faltas iban a ser múltiples y los perdones, por así decirlo, a lo largo de los siglos por igual. De manera que Cristo tuvo que venir y hacer todo en lugar nuestro para garantizar que el pacto se cumpliera, y eso incluye la parte que le correspondía a Dios, por así decirlo, y la parte que nos correspondía a nosotros. Por eso era el Dios hecho hombre. Cristo salvó el abismo entre Dios y el hombre, y la cruz fue el puente. Hay un abismo; esta es la cruz; por ahí cruzas de este lado a este lado.
De manera que la misión encomendada a la segunda satisfechas de la Trinidad fue la de mediar, la de un mediador. Pero para lograr la reconciliación, él no podía hacer eso a menos que él fuera al mismo tiempo un profeta, un sacerdote y un rey. Uno sin el otro hubiese sido algo insuficiente y por tanto deficiente. Y cuando tú comienzas a ver la revelación de Dios, que fue progresiva tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, tú comienzas a ver muy tempranamente que Dios de alguna forma inspiró, movió a gente del pasado para que comenzara a pensar que aquí falta algo. Aquí en mi relación con Dios falta algo, y no es otro hombre simplemente; es algo que no está ahora mismo.
La primera persona que pensó de esta manera fue nuestro amigo Job, porque Job tenía un problema. Job entendía que era un hombre íntegro que no merecía los sufrimientos por los cuales él estaba pasando. Pero al mismo tiempo, Job entendía que él no era lo suficientemente santo como para ir y tener un argumento con Dios en una corte. Y Job escribió en el libro que lleva su nombre, capítulo 9, versículo 2: "¿Cómo puede un hombre ser justo delante de Dios?" Job estaba en esencia preguntándose y diciendo: yo creo que no he pecado para merecer todo esto, pero al mismo tiempo yo sé que si yo voy a la corte con Dios, él no me va a justificar, porque nadie tiene ese nivel de justicia, de santidad, para que al final Dios diga: "Ok, vimos el caso, se declara justo."
Y Job agrega en el versículo 3 del capítulo 9: "Si alguno quisiera contender con él, no podría contestarle ni una vez entre mil." Si me pongo a argumentar con Dios, él va a tener tantas cosas que decirme que al final yo no podría contestarle una entre mil. De manera que Job entendía el problema claramente.
Y Job sigue pensando, y más abajo en el mismo capítulo —es interesante porque él piensa en el problema y piensa cuál pudiera ser la solución— en los versículos 32 y 33, Job dice: "Porque no es hombre como yo." Ese es el problema: es que como él no es hombre como yo, él me va a ganar. "No es hombre como yo para que le responda, para que juntos vengamos a juicio." Pero no hay una forma de venir a juicio que resulte bien para nosotros los hombres. Por eso el versículo 33: "No hay árbitro entre nosotros." No hay alguien que pueda hablar con Dios y pueda hablar conmigo al mismo tiempo, como que pueda entender a Dios y me pueda entender a mí, que pueda mediar.
Job estaba buscando, pensando en la posibilidad de un mediador. Y cuando yo pienso en eso que Job estaba anhelando —como a un Jesucristo, yo no puedo decir "a Jesucristo" porque no estaba revelado tan claramente, pero estaba anhelando como a un Jesucristo— cuando yo pienso en eso digo: "Job, ¡oh wow! Esto no te lo reveló ni carne ni sangre." Ni carne ni sangre te reveló el hecho de que tiene que haber un árbitro que resuelva este problema. Y ese árbitro es el mediador del que Pablo le habla a Timoteo: hay un solo mediador entre Dios y el hombre, Cristo Jesús. Profeta, sacerdote y rey.
El profeta declaraba la verdad que tú y yo necesitábamos oír, y Cristo vino y dijo: "Yo soy la verdad." Pero como sacerdote —los sacerdotes ofrecían sacrificio para el perdón de los pecados— y cuando Cristo vino dijo: "Yo soy el sacrificio, pero yo soy también el sacerdote." Por primera vez el sacrificio y el sacerdote eran la misma cosa. Y luego entonces, ante esta realidad de que necesitas un sacrificio que pueda perdonar tus pecados —porque cuando Adán y Eva pecaron ellos murieron— aquí está la vida: "Yo soy la vida." Y cuando tus progenitores pecaron y fueron expulsados, ellos se perdieron, perdieron el camino, ellos se rebelaron contra el Dios soberano del universo. "Yo he venido para mostrarte cómo regresar, y yo soy el camino. Pero yo también soy el rey, al que tú tienes que someterte y no rebelarte."
La primera vez entonces, hablando de Cristo como profeta, se comienza a revelar de una manera más clara a través de Moisés, el gran profeta Moisés, quizás el más grande profeta del Antiguo Testamento. En Deuteronomio 18 él escribió, Dios hablando a él para que le hablara al pueblo, dice que llegaría el día en que levantaría un profeta como él, y "yo, Dios, pondré mis palabras en él para que a él escuchen." Luego el apóstol Pedro en el Nuevo Testamento comienza y asume su función de apóstol, le habla a la iglesia y predica un primer mensaje apostólico, tres mil personas se convierten. En el segundo mensaje apostólico, Pedro dice en Hechos 3, versículo 23: "Y sucederá que todo el que no preste atención a aquel profeta del que habló Moisés será totalmente destruido de entre el pueblo." De ningún otro profeta se dijo algo semejante; de este sí. Él es el punto final de la historia profética, y hay algo especial en él: el que no cree será destruido, el que no obedezca no tendrá vida eterna, el que escucha y obedece recibirá la vida que Adán, el primer Adán, perdió.
De manera que cuando Cristo comenzó su ministerio entre ellos, había alguien mayor que Moisés. Moisés habló de que él vendría, pero cuando él vino, vino alguien mayor que Moisés. Como hemos hablado otras veces, Dios y Adán, Dios y Eva estaban cara a cara, unidos, pero cuando ellos pecaron, Dios le da la espalda al hombre. Y ahora Dios comenzó a enviar profetas que le hablaran cara a cara al pueblo de parte de Dios. Dios es como que se retiró, envió a sus mensajeros, ellos le hablarían cara a cara al pueblo en espera de este profeta final.
Todos los profetas anteriores profetizaron precisamente acerca de este profeta que vendría, y él vino precisamente para poder volver el rostro de Dios hacia el hombre y terminar la irreconciliación, de manera que la paz pudiera ser establecida. Esa era la función de un mesías o de un mediador. Como la revelación de Dios es progresiva, cosas que no se entendieron claramente en el Antiguo Testamento se revelaron de manera clara en el Nuevo Testamento.
Yo quiero leerte Hebreos uno, los primeros tres versículos, para que tú puedas entender todo lo que se dice acerca de este profeta: "Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas anteriores, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo". Es la revelación de la verdad de Dios, nos habló por medio de su Hijo, "a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad". Esa purificación es una función sacerdotal. "Se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas". Esa posición está reservada para un rey, pero está hablando del último de los profetas.
¿Tú te percataste de todo lo que se dijo en ese texto de Hebreos acerca de este profeta? Se dice que es la revelación final de Dios; esa era la función del profeta. Se dice también que es el Hijo de Dios, el heredero de todas las cosas, el creador de todo lo que existe. Él es Dios, porque es el resplandor de su gloria y la representación exacta de su naturaleza, la naturaleza de Dios, su divinidad. Cristo es exactamente lo que Dios es. Él es quien sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Ese profeta llevó también a cabo la purificación de nuestros pecados, y al terminar su obra, se sentó a la diestra de su Majestad.
Este no es cualquier profeta. Este es un profeta incomparable. No hubo ni antes ni después de él un profeta igual, un profeta semejante, tan extraordinario. Este profeta fue este profeta que, cuando Isaías, considerado como el profeta mesiánico, viene a hablar de él, escucha cómo él lo califica. Dice que es Admirable Consejero, algunos lo tienen separado: Admirable, Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. La realidad es que este profeta conocía absolutamente todo lo que los otros profetas no pudieron, no sabían, no conocieron. Él era la fuente de sabiduría.
Pero a diferencia de tiempos atrás, cuando esa sabiduría fue revelada, él mismo vino y se encarnó, de manera que por primera vez ellos tenían en medio de ellos a la fuente de la sabiduría y al instrumento de revelación de la misma sabiduría. Cristo era la fuente de sabiduría y el instrumento de revelación de la sabiduría de Dios. Los profetas anteriores vinieron, enseñaron, y la gente los interpretó como pudieron, porque tenían revelación muy, muy, muy parcial. Pero muchas veces lo interpretaron como quisieron, hicieron nuevas leyes y mandatos y todo lo demás. Pero ahora hay alguien aquí en medio de ellos que viene con claridad a decirte: "No, tú no me vas a interpretar como ustedes pudieron o quisieron, no, porque yo soy la fuente de la revelación y soy el instrumento de la revelación, de manera que yo te voy a hablar con más profundidad, más amplitud, más claridad".
Y por eso, cuando él vino, tuvo la audacia para pararse en un monte y decir: "¿Habéis oído que se os dijo? Pero yo os digo". Yo tengo la autoridad para ayudarte a entender lo que debiste haber entendido, de manera que él es la persona que vino a aclarar todos los malentendidos anteriores. Yo os digo, yo os digo, yo os digo.
La realidad es que después de la caída del hombre, el hombre quedó en oscuridad en todo el sentido de la palabra. Y si alguien iba a venir a traer una verdad de parte de Dios en medio de la oscuridad, él tendría que ser la luz del mundo. Y eso dijo él: "Yo soy la luz del mundo. Yo soy la verdad que ilumina la mente oscura del hombre, la oscuridad en la que vivimos. Yo soy la verdad que pone fin a la ignorancia que aleja al hombre de Dios. Yo soy un profeta tal que yo no solamente te digo la verdad como los demás, los anteriores, no, yo soy la verdad". Aquí está la personificación de la verdad y no simplemente alguien que te dice la verdad.
De hecho, Cristo dijo a Pilato: "Yo vine a este mundo, para esto yo he nacido, para esto he venido, para dar testimonio de la verdad". ¿Cómo vas a dar testimonio? Así como lo hicieron los profetas, y más allá, porque yo te voy a decir la verdad, pero yo también soy la verdad. Yo soy un profeta diferente. Los demás profetas hablaron en nombre de Dios; Jesús habló por Dios. Muy singular. Hablar en nombre de Dios y hablar por Dios son dos cosas diferentes. De manera que aquí tú tienes a alguien que no solamente trajo mensaje, es que él era el mensaje. Nosotros leemos acerca del mensaje del Evangelio, pero el apóstol Pablo nos dice en un momento dado que Cristo era el mensaje.
El profeta tenía la función de traer la verdad de Dios que confrontaba muchas veces al pecador, y lo hacía para qué: para enseñar y para corregir y para reprender y para instruir en justicia. Pero cuando Cristo vino, él hizo todo eso, pero lo hizo de manera perfecta y final. Él fue el punto final de la historia profética. En otros tiempos Dios nos habló por medio de los profetas, pero ahora nos ha hablado por medio de su Hijo, el profeta final.
El gran Moisés, que ya es el profeta más grande del Antiguo Testamento, el gran Moisés pecó, y cuando pecó fue disciplinado y no pudo entrar a la tierra prometida, a la tierra de reposo. Pero ahora aquí estaba alguien mucho más grande que Moisés, el mejor y final de los profetas, que iba a garantizar que tú y yo pudiéramos entrar, no solamente a la tierra prometida temporal, sino al reposo final y eterno. Cristo fue ese profeta.
Recuerda que el profeta frecuentemente traía la verdad de Dios, confrontaba al pueblo, pero él no era quien reconciliaba al pueblo con Dios. Tú tenías que ir donde otro a que te reconciliara, el sacerdote, y tú tenías que ir a llevarle un cordero o algo similar para hacer un sacrificio buscando la reconciliación. Pero resulta que como este es un profeta sacerdote, es suficiente ahora para reconciliarte también.
El profeta, como hemos dicho en otras ocasiones, le hablaba al pueblo. Sí, porque el rostro de Dios estaba volteado, le hablaba al pueblo de parte de Dios. Dios me dio. Pero el sacerdote entonces recibía lo que el pueblo decía, sus pecados, les escuchaba sus males, incluyendo sus enfermedades, la lepra y otras cosas. Frecuentemente venían y ellos examinaban para diferenciar una cosa de la otra. Y luego él intercedía ante Dios en la dirección opuesta, de manera que Dios pudiera escuchar al sacerdote, de tal forma que el sacerdote ejercía su función a favor de los pecadores.
La función de Cristo como sacerdote fue anunciada, fue identificada, fue ilustrada en el Antiguo Testamento mucho mejor y más ampliamente que su función como profeta y como rey. El sacerdote tenía que ofrecer sacrificio todos los días por el perdón de los pecados, todos los días. Tenía que interceder ante Dios por el pecado del pueblo. Y Cristo viene y es el sacerdote por excelencia, pero es el sacrificio por excelencia.
La razón por la que decimos que fue el sacrificio por excelencia es porque cuando tú llegas al libro de Hebreos, capítulo 10, en el versículo 4, te dice que la sangre de los toros y los machos cabríos nunca —¿te imaginas la frustración de esto ahora?— nunca pudo calmar la conciencia de los pecadores. Voy al tabernáculo, voy al templo, presento mi cordero, pido perdón a Dios, Dios cubre mi falta, yo me voy y me siento culpable todavía. Nunca pudo calmar la conciencia de los pecadores ni remover el pecado. Dios lo cubrió, pero no removía el pecado.
Pero cuando Cristo ofreció su sacrificio, dice el mismo autor de Hebreos, capítulo 10, diez versículos más adelante, en el versículo 14, dice que por una sola ofrenda Cristo hizo perfectos para siempre a aquellos que iban a ser santificados o salvados.
Tan frustrante era este sistema de sacrificio del Antiguo Testamento, que no calmaba la culpa de la conciencia del pecador, que los sacerdotes fueron instruidos a no sentarse mientras ofrecían estos sacrificios día a día. Todo un día parado, no te sientes, no hay silla. No había silla en el tabernáculo, no había silla en el templo tampoco. No se supone que te sientes, porque el pecador sigue siendo culpable y la conciencia sigue siendo cargada.
Pero resulta que cuando Cristo vino, su sacrificio finalmente propició, calmó la ira de Dios, y ahora de repente en el trono de Dios hay lugar para que este sacerdote se siente, porque él terminó. No hay más sacrificio, nada más que ofrecer. Terminamos. ¡Consumado es! Siéntate a mi derecha. Ya no había más sacrificio, y esta cruz donde Cristo se ofreció fue un altar, fue el altar donde el sacerdote Cristo ofreció su propio sacrificio.
¿Te acuerdas de Abraham cuando iba a ofrecer a su hijo? Su hijo vino con él, cargó la leña, pero el hijo estaba atemorizado porque él no veía, no veía cordero. Y Abraham dice por inspiración: "Dios proveerá". Pero lo que Abraham no supo, por lo menos que no haya sido revelado, es que cuando Dios le dice: "Abraham, para ese brazo, no entierres ese cuchillo en el pecho de tu hijo, yo voy a proveer", lo que no sabía era que esa provisión era Cristo Jesús. "Yo voy a salvar a tu hijo, pero voy a matar el mío. El unigénito mío es el que va a pagar por el unigénito tuyo". En ese momento Abraham tuvo más hijos después, pero en ese momento era su unigénito.
Y por eso yo te digo que el Antiguo Testamento ilustra, enseña, explica mucho mejor el sacerdocio de Cristo, mucho mejor que lo que sería su oficio de profeta o de rey. De hecho, déjame abrirte otra vez algo que hemos hablado en un par de otras ocasiones, pero no necesariamente todo el mundo estuvo aquí. En el Antiguo Testamento, el Día de la Expiación explicado en Levítico 16 es un paralelismo casi exacto de lo que Cristo vino a hacer, de manera que tú puedes ver que aquello que ocurría el Día de la Expiación o el día de perdón de pecados una vez al año, fue exactamente lo que ocurrió con Cristo.
Había una serie de sacrificios, siete en total, que el sumo sacerdote ofrecía este día por el perdón del pueblo. Pero había un sacrificio particular que tenía que ver con un chivo expiatorio. Un chivo expiatorio porque era el chivo que expiaba tu pecado, que perdonaba tus pecados. Entonces había dos chivos y se tiraba a la suerte, vamos a decir por sorteo, para ver cuál de ellos sería ofrecido a Jehová. Y donde cayera eso que ellos usaban en verdad como una especie de dados, por así decirlo, este sería el chivo a matar. Entonces era escogido, el sumo sacerdote imponía sus dos manos sobre la cabeza del chivo, y el chivo simbólicamente, apuntando a un Cordero expiatorio verdadero que vendría, transfería los pecados del pueblo a este chivo.
Pero resulta que como lo que estaba tipificando era lo que vendría, y la crucifixión de Cristo sería tan cruel, tan horrenda, tan brutal, tan como fue, ¿qué tú piensas que pasaba este día? Es que el chivo expiatorio, una vez transferido simbólicamente los pecados, era sacado fuera de la ciudad, como Cristo fue sacado fuera de la ciudad para ser crucificado. Y ese chivo expiatorio era conocido como Azazel, de manera que ahora iban a llevar a Azazel fuera de la ciudad. Pero algunos piensan que la palabra misma significa "fuera, fuera", de manera que cuando el pueblo veía que el chivo venía cargado ya con todos sus pecados, no lo querían en medio de ellos para que no contaminara el pueblo, y gritaban entonces: "¡Azazel, Azazel!"
¿Sí? No. Cristo viene, él fue elegido en lugar de Barrabás, como entre dos chivos expiatorios. Pilato sentado ahí: "Uno de estos dos va a tener que cargar con la culpa que ustedes están trayendo. ¿A cuál ustedes quieren que les suelte?" ¿Qué tú piensas que gritó el pueblo? Dice Juan 19:15: "¡Fuera, fuera, crucifícale!" Es como que el pueblo estaba diciendo: "¡Azazel, Azazel, crucifícale!", pero afuera, no aquí adentro. Y ciertamente así se llevaron a Cristo.
Ahora déjame decirte algo más que creo que no te había dicho. Te acuerdas, la tradición judía en la Mishná, que es la tradición oral, este día el chivo era llevado fuera y entonces era llevado a un precipicio rocoso de múltiples rocas debajo. Una cinta roja era cortada en dos; una mitad era colocada sobre la roca —eso no es lo que la Biblia dice, eso es lo que la Mishná, la tradición oral judía, dice que pasaba— y la otra era colocada sobre los cuernos del chivo. Y desde ahí entonces despeñaban al chivo, que se descuartizaba mientras caía. El Talmud judío, que es una serie de comentarios de los rabinos, el Talmud judío dice que antes de que el chivo llegara hasta allá a su final, la cinta roja año tras año cambiaba de color a blanco, con lo cual ellos entendían que Dios había aceptado el sacrificio para el perdón de los pecados.
Pero el mismo Talmud dice que unos cuarenta años antes de la destrucción del templo, que ocurrió en el año 70 —setenta menos cuarenta, treinta de nuestra era—, la cinta dejó de cambiar de color. El año 30 es justamente cuando se piensa que Cristo fue crucificado. No sabemos si eso es así, si fue así; es una tradición escrita. Pero si lo fue, es como una manera de Dios decir: "Tus pecados no han sido perdonados porque tú rechazaste el sacrificio y el sumo sacerdote que yo te envié para el perdón de tus pecados". Así de cruel moría el chivo; así de cruel murió Cristo. Fuera de la ciudad tenía que morir el chivo; fuera de la ciudad murió nuestro Señor.
Ahora, este Sacerdote que ofreció el sacrificio, al igual que el Profeta —que te leí una serie de cosas: que el Profeta era el resplandor de la gloria de Dios, la representación exacta de su naturaleza y todo lo demás que te dije—, de esta misma manera este Sacerdote tenía ciertas características. Escucha lo que dice Hebreos 5:1-5: "Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en las cosas que a Dios se refieren, para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados, y puede obrar con benignidad para con los ignorantes y extraviados, puesto que él mismo está sujeto a flaquezas. Y por esta causa está obligado a ofrecer sacrificio por los pecados, tanto por sí mismo como por el pueblo. Y nadie toma este honor para sí mismo, sino que lo recibe cuando es llamado por Dios, así como lo fue Aarón. De la misma manera Cristo no se glorificó a sí mismo para hacerse sumo sacerdote, sino que lo glorificó el que le dijo: 'Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy'".
¿Notaste lo que este texto dice? En el versículo 1, que el sacerdote tenía que ser escogido de entre los hombres. Esa, entre múltiples otras razones, era una por la cual Cristo tuvo que encarnarse: para poder constituirse en sumo sacerdote, porque tenía que ser escogido de entre los hombres. De acuerdo al versículo 2, el sumo sacerdote era alguien que podía empatizar con los ignorantes y extraviados porque él mismo estaba sometido a flaquezas. Y el autor de Hebreos nos dice que Cristo fue tentado en todo, pero sin pecado. Eso lo hacía singular, lo separaba de todos los demás. El versículo 3 nos dice que el sacerdote tenía que ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, pero que tenía que ofrecer sacrificio por él mismo. Cristo ofreció sacrificio por los pecados del pueblo, pero no tuvo que ofrecer sacrificio por sí mismo. Eso lo vuelve a separar de los demás.
El versículo 4 dice que nadie puede constituirse en sacerdote a sí mismo, y de esa misma manera Cristo fue llamado por el Padre y no se llamó a sí mismo. El versículo 5 nos dice que a este sacerdote Dios le llamó "Hijo mío", y eso lo separa de los demás.
Ahora, para que puedas apreciar lo que Dios nos dio en Cristo, el sacerdote no solamente ofrecía sacrificio, ofrecía oraciones. Y Cristo, a su paso por la tierra, Hebreos 5:7 nos dice que Él ofreció oración y súplica con gran clamor y con lágrimas. A veces se retiraba a orar en privado, y entiendo que estaba orando por muchas cosas, incluyendo Él mismo, pero probablemente por los suyos. Pero a veces oró en público, y cuando oró frente a la tumba de Lázaro Él dijo: "Padre, gracias porque me oíste, aunque Tú siempre me oyes, pero lo he dicho por causa de la multitud."
Este es el sacerdote ideal: uno que cuando pide por mí, siempre lo oyen. De manera que este es el sacerdote que yo necesito. Y ese sacerdote, no como los del Antiguo Testamento que por su propio pecado quizás los oían o no los oían. No, este es uno que, como es Hijo de Dios, cuando Él intercede por mí siempre es oído. Y ahora yo entiendo a Juan cuando dice que si pecamos, abogado tenemos frente al Padre. Yo tengo allá arriba en los cielos, que cuando yo peque, a alguien a donde yo pueda ir, haya conversado con Él, haya pedido perdón, me haya perdonado y que haya podido defender mi causa. ¡Qué sacerdote! ¡Qué clase de sacerdote es este!
Fue un sacerdote tan extraordinario, tan incomparable, tan sin igual, que cuando Él muere resulta que el velo que tipificaba la separación entre Dios y el hombre se rasgó en dos y dejó el lugar santísimo abierto. De manera que aquellos que antes éramos rebeldes ahora hemos sido hechos hijos, y no solamente hijos, hemos sido hechos sacerdotes. Porque ahora yo puedo directamente entrar al trono de la gracia y hablar con Dios cara a cara otra vez. De manera que Él nos hizo reyes o príncipes y sacerdotes, dice la Palabra, para Dios. Un sacerdote, un gran sumo sacerdote que me ha hecho sacerdote con Él. ¡Wow! Un profeta sacerdotal.
Pero Él también fue un sacerdote real. En inglés sería "a royal priest", un sacerdote de la realeza. Segunda de Samuel 7:12-13 comienza a anunciar que vendría un rey descendiente del linaje de David. Y ahí Isaías 9:7 dice que el aumento de su soberanía... comienza a caracterizar qué tipo de rey sería. Entonces comienza a decirme que el aumento de su soberanía y de la paz no tendría fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto.
Segunda de Samuel 7 me habla de que vendría un descendiente de David a sentarse en el trono, e Isaías 9 me dice no solamente que era descendiente de David, sino que cuando Él se siente, su reinado será eterno y para siempre, y que Dios iba a garantizar que eso se cumpliera.
Pero esta revelación de que ese Cristo sería rey estaba desde mucho antes. Porque recuerdan el libro de Génesis, cómo se nos dice que Jacob tuvo doce hijos y uno de esos hijos fue Judá. Y de esa tribu de Judá, en Génesis 49:10 dice: "El cetro, el reino, no se apartará de Judá, y a él se le dará la obediencia de los pueblos." Judá era el hijo de Jacob; de ahí vendrá el rey. Y cuando el reino de Israel se separó en dos, el reino del sur que permaneció fiel, todos los reyes del reino del sur fueron descendientes de Judá. Y luego Cristo, el León de la tribu de Judá, que vino a reinar sobre toda la creación.
Pasamos del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento. Tenemos a María que recibe un anuncio, y una de las cosas que María escuchó fue que el hijo que ella tendría ocuparía el trono de David y que Él sería rey eterno. Y al momento de Cristo estar a punto de ascender y dar la Gran Comisión, Él revela la extensión de su autoridad, de su gobierno como rey: "Toda autoridad me ha sido dada en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra." Y Él reclama su reinado, su soberanía sobre cada pulgada cuadrada del universo. Su reinado, su autoridad real, de la realeza, es incuestionable.
Cuando Pablo escribe a los colosenses, que ya el pastor Luis nos leyó, no deja fuera parte del reinado de Cristo. Comienza a caracterizar a ese rey y dice que en Él, en este Rey, fueron creadas todas las cosas, todas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles. Lo que tú ves y lo que no puedes ver fue creado por Él, ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades, ya sean ángeles, arcángeles, serafines, querubines. Todo fue creado por Él, todo ha sido creado por medio de Él. Él es el instrumento de la creación, pero fue creado también para Él. ¡Qué privilegio! Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. Eso habla de su poder para crear, de su poder para gobernar, de su poder para controlar, de su poder para poder aplacar a todos sus enemigos.
Y el versículo siguiente de Colosenses 1, en el 18, dice que Cristo es la cabeza de la iglesia. De manera que si hay un lugar donde Cristo reina de manera especial, es justamente sobre su iglesia, porque es la cabeza. Él la compró, Él dio su sangre por ella, y recibió a esos elegidos de parte de Dios como una ofrenda de amor.
De manera que Cristo fue el profeta sacerdotal que reinó y que reina. Cuando Él vino en su función de profeta, Él trajo la verdad que podía sacar al hombre de la oscuridad. Cuando Él vino como sacerdote, Él pagó la culpa que tenían los hombres bajo condenación. Cuando Él vino como rey, entonces Él vino a mostrarnos el camino para poder reconciliar al hombre con Dios.
Ahora recuerda lo que dijimos de Mesías y de mediador: que Él tenía que garantizar que todas las cláusulas, por así decirlo, del pacto fueran cumplidas. Bueno, ¿qué tú piensas qué pasaría cuando Él garantizara eso? Bueno, en primer lugar, que restableciera la paz que se había perdido entre Dios y el hombre, de manera que pudiera reconciliar a los dos. Bueno, eso ocurrió.
Cuando Él terminara de efectuar todo lo que le tocaba efectuar, entonces ¿qué tú piensas que debió haber pasado? Exactamente lo que Pablo dice que pasó, y que lo describe en Filipenses 2: que Dios le exaltó hasta lo sumo. ¿Y por qué lo hizo? Porque ya Él terminó. Él hizo su labor de profeta, de sacerdote y de rey. Le confirió entonces el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ese es el Rey, el Rey de reyes y Señor de señores. Toda lengua le va a confesar, toda rodilla se va a doblar, todo el mundo le va a reconocer. Aun los que están en el infierno tendrán que hacerlo, porque fíjate que ahí dice "los que están debajo de la tierra." Él había culminado su labor de mediador.
Ahora recuerda que nosotros somos los únicos seres existentes; también hay ángeles y arcángeles y serafines y querubines, y ellos han estado observando la historia de la redención. En Efesios 3 nos dice que Dios les está enseñando a esos poderes y autoridades a través de la iglesia. La iglesia es como el aula de clase de estos seres.
Entonces, ¿qué tú piensas que ocurrió? Recuerda cuando cantamos que cuando Él se levantó de la tumba, todo el cielo se asombró. Hay cosas ahí, que los ángeles no son omniscientes, que ellos han visto la historia de la redención que los ha asombrado. ¡Wow! ¡Wow! Mira lo que Dios está haciendo.
Bueno, pues sé lo que va a ocurrir al final de este profeta, sacerdote y rey. Cuando Él haya culminado con todo lo que tenía que hacer para reconciliar al hombre, toda lengua, tribu, lengua y nación... Apocalipsis 7, Juan está escribiendo y dice: "¡Uf! Estoy viendo la historia de la redención en este rollo." Y después de esto que él acababa de contar: "Vi una gran multitud que nadie podía contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua." Este es el resultado del trabajo de un profeta, de un sacerdote y de un rey perfecto. "Y estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas" —santificados, limpios, el sacrificio de la cruz los había limpiado— "y con palmas en las manos," que es como el símbolo de júbilo, de celebración. "Y clamaban a gran voz: La salvación pertenece a nuestro Dios que está en el trono, y al Cordero."
"Y todos los ángeles" —todos los ángeles estaban de pie, miríadas de miríadas, millones de millones de ángeles, arcángeles, serafines, querubines, ahí en el trono junto con nosotros— imagina los erizo y te pone la piel de gallina. "Están de pie alrededor del trono, alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, y cayeron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos."
Tú terminas: ¡Amén! ¡Amén! ¡A la gloria! ¡Gloria a Dios por toda la eternidad, desde la eternidad hasta la eternidad! La salvación es de nuestro Dios y del Cordero que está en el trono.
Él es tu mediador. Él es tu mediador incomparable. No hay otro igual, no hay nadie como Él, no lo habrá. De manera que adórale como tú jamás hayas adorado a alguien. Ahora que lo has visto mejor, exaltado, sentado en el trono, reinando por siempre.
Gracias, mil veces gracias. Aleluya. A Ti, a tu Hijo, al Espíritu. Gracias por darnos tal mediador que nos reveló la verdad, que nos enseñó el camino y que se volvió la vida. Gracias, Jesús, por decir: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Gracias por darnos lo que nadie podía darnos. Gracias por garantizar que todas las partes del pacto se cumplieran. Y gracias por traernos a la paz con Dios nuevamente. Bendito seas Tú por los siglos de los siglos. Tu pueblo dice: ¡Amén!
Recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.