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Sermones

La definición bíblica de un discípulo

Miguel Núñez 23 marzo, 2008

La Gran Comisión no es un mandato exclusivo para misioneros profesionales que dejan su país y su familia; es una ordenanza para cada creyente. El texto griego no dice "id" en imperativo, sino algo más cercano a "yendo" —en la medida en que vayan por el mundo haciendo sus actividades cotidianas, hagan discípulos. Esto significa que los padres deben hacer discípulos de sus hijos, los jefes de sus empleados, los médicos de sus pacientes, los hombres de negocios de sus clientes. Cada cristiano, en el lugar donde Dios lo ha puesto, tiene la responsabilidad de reproducirse espiritualmente en otros.

El problema es que la iglesia ha fallado en formar verdaderos discípulos de Cristo. Les hemos enseñado a orar, a diezmar, a bautizarse, pero no a pensar bíblicamente. Los estudios revelan que menos del diez por ciento de los cristianos nacidos de nuevo ven el mundo consistentemente con lo que la Escritura enseña. Hemos formado discípulos del gimnasio que saben cuántos minutos de abdominales necesitan, discípulos de la televisión que conocen cada detalle de sus series favoritas, pero que no pueden memorizar un versículo porque "no tienen memoria para eso".

Un verdadero discípulo de Cristo tiene una cosmovisión bíblica —un lente a través del cual ve todo: su matrimonio, sus finanzas, su trabajo, sus entretenimientos. Cuando examinas su hogar, encuentras un hombre santo liderando y una mujer sometida. Cuando revisas sus finanzas, está libre de deudas porque no consume lo que no produce. Cuando observas lo que ve en televisión sin que él lo sepa, no hay violencia ni sensualidad. No se ríe de las cosas que hacen llorar a Dios. La pregunta incómoda es: ¿qué tan cómodo te sientes en esta sociedad? Mientras más cómodo, mayor la evidencia de una mente secular.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

No es Mateo 28, es el versículo 16. "Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. Cuando le vieron, le adoraron, mas algunos dudaron. Y acercándose Jesús, les habló diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."

Yo decía esta mañana, en los dos cultos anteriores, que la mayoría de las veces en un día como este estamos acostumbrados a ver textos que están relacionados a la resurrección de Cristo y a su encuentro, como haría Magdalena o las mujeres que vinieron al sepulcro por primera vez en la mañana temprano ese día. O que estamos muy familiarizados con el texto quizás de Jesús cuando se le aparece a Tomás, el incrédulo, que tuvo que ver para creer, y que cuando vio y puso sus dedos en la llaga finalmente creyó. U otras veces he predicado tantas veces el mensaje de aquellos discípulos que iban camino a Emaús, que Jesús se les apareció, y que Jesús comienza a revelarles cosas, y finalmente, cuando Él les abre los ojos, descubrieron ahí sentado alrededor de la mesa que ciertamente era el Maestro.

Y la mayoría de nuestros sermones en días como este giran en torno a pasajes como estos, y raramente hemos oído nosotros este sermón de la Gran Comisión predicado en un domingo de resurrección. Pero yo creo que vale la pena tomar esta enseñanza, que es una enseñanza post-resurrección, y considerarla como algo que nosotros necesitamos ver de una manera que yo creo Cristo la quiso ver en ese momento, pero que su iglesia por casi dos mil años no la ha visto de esa manera, por lo menos en su gran mayoría.

En el texto de hoy, verdad, que acabamos de leer, yo quiero que veamos la instrucción a los discípulos, la reacción de los discípulos, la protección sobre los discípulos, la comisión para esos discípulos y la preservación de los mismos discípulos.

Comencemos con la instrucción a los discípulos. El texto dice en el versículo 16 que los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. Galilea era el área de reencuentro, y que Jesús se lo había anunciado incluso antes de morir. Horas antes de su crucifixión, Cristo les recordó a los discípulos que Él iba a morir, que Él iba a resucitar, y que Galilea sería el punto de reencuentro. Escucha sus palabras en Mateo 26, versículos 31 y 32: "Entonces Jesús les dijo: Esta noche todos vosotros os apartaréis por causa de mí, pues escrito está: Heriré al pastor y las ovejas del rebaño se dispersarán. Pero después que yo haya resucitado, después que yo haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea."

Galilea era el área donde Cristo había llevado a cabo la mayor parte de su ministerio. Probablemente era el área donde vivían o residían la mayoría de sus discípulos. Cristo se lo dijo antes de morir. El primer día de la resurrección es el primer domingo. Cuando el ángel mueve la roca, ese mismo ángel se sienta sobre la roca y les habla a las mujeres que habían venido esa mañana. Y una de las primeras cosas que ese ángel les menciona es precisamente que ellas debían ir a los discípulos, y les menciona el lugar donde se iban a encontrar: "Id pronto y decid a sus discípulos que Él ha resucitado de entre los muertos, y he aquí, Él va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis. He aquí, os lo he dicho."

Jesús se aparece un poquito más tarde a las mismas mujeres y les da exactamente las mismas instrucciones, ahora de parte de Jesús, de sus propios labios: "No temáis; id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán." Galilea era el lugar de reencuentro. Los discípulos lo recordaron, los discípulos obedecieron. Finalmente ellos habían aprendido que cuando nosotros obedecemos tenemos la oportunidad de encontrarnos con Dios, tenemos mayores privilegios, mayores beneficios, mayores bendiciones, y que la obediencia es la llave que abre la puerta a mis privilegios y a mis beneficios. Que hay un lugar donde Cristo quiere revelarme, donde Él quiere que yo esté, donde Él quiere hablarme, y ese lugar es allí donde Él me ordena, y no aquí donde yo quiero estar.

Si los discípulos hubiesen ido a Samaria, si los discípulos hubiesen ido a Jerusalén, si los discípulos hubiesen pensado: "Pero, ¿por qué Galilea y no mejor el templo de Jerusalén donde nos pueda ver todo el mundo?", ellos hubiesen ido allí, pero allí no hubiese sido el lugar del encuentro. Y de esa misma manera hay un "allí" donde Dios te quiere. Hay un "allí" donde Dios le dijo a Jacob: "Baja a Egipto, y allí yo te haré una gran nación." Y Dios muchas veces nos ha querido en un "allí" y nosotros no hemos estado en aquel lugar.

Ese "allí" puede ser una iglesia donde Dios me quiere mover, puede ser una localidad geográfica donde Dios quiere que yo esté, puede ser un trabajo donde Dios quiere que yo esté trabajando. Pero puede ser también un estado de crecimiento de mi desarrollo espiritual donde yo debo estar hoy y no estoy. Y como no estoy ahí, Él no tiene revelaciones para mí hoy, porque esas revelaciones son para cuando yo esté allí, en aquel lugar donde yo debía haber estado hace un año y no estoy.

Yo creo que es una gran lección. Nosotros necesitamos estar en el lugar donde Dios ha señalado, en el lugar donde Dios nos quiere, porque ese lugar es el lugar de la obediencia, y la obediencia es el prerrequisito para Dios hablar conmigo, para Dios revelarme su Palabra, para darme iluminación. El "yo" no quiere estar allí; el "yo" constantemente quiere estar aquí, en el ahora donde él desea, donde él disfruta. Y frecuentemente es ese "yo" que impide mi relación con Dios, que impide que yo me acerque a Él, que impide que yo esté en el lugar de revelación. Y yo necesito una vez más, con perdón de la palabra, asesinar al "yo". Sin misericordia, yo tengo que sacrificar al "yo" en el altar de Dios, de tal manera que yo pueda estar libre del "yo" en el lugar donde Dios me quiere. La obediencia es el prerrequisito para la revelación de nuestro Dios.

Ya vimos su primera instrucción. Yo quiero que veamos la reacción de los discípulos, versículo 17: "Cuando ellos le vieron, le adoraron, mas algunos dudaron." La adoración y la duda en un mismo lugar.

Nosotros habíamos visto algunas experiencias singulares de adoración. Habíamos visto a una mujer pecadora del pueblo quien entra a la casa del fariseo, de Simón el fariseo, y le adora a los pies, le unge los pies, le seca los pies, le besa los pies. Eso fue un acto de adoración: una persona. Habíamos visto a María, la hermana de Marta, en otra ocasión, también a los pies de Jesús: unge sus pies, le besa los pies, le seca los pies. Una persona adorando a Jesús. Habíamos oído a Tomás después de su incredulidad, cuando él quedó tan estupefacto de lo que estaba viendo, y cuando él dice: "¡Señor mío y Dios mío!", una expresión de adoración. Pero quizás esta fue la primera vez cuando los once como grupo tuvieron la oportunidad de adorarle.

Decía alguien que aquello que yo adoro es aquello a lo que yo sirvo. Aquello que yo adoro es aquello a lo que yo sirvo, y la calidad de mi adoración determina la calidad de mi servicio. Eso es una gran verdad. La calidad de mi adoración determina la calidad de mi servicio. Y como hemos dicho que mi obediencia es mi mejor adoración, la calidad de mi obediencia determina la calidad del servicio que yo le estoy rindiendo a Dios.

El texto dice que ellos le adoraron, pero otros dudaron, y no está claro quiénes son los otros. Hay dos ideas diferentes de quiénes son los otros. Una idea es que de esos once, unos le adoraron y otros todavía dudaron. Yo no creo que, si ellos dudaron, si parte de esos once dudaron, yo no creo que fue acerca de si Él había resucitado, ¿no? Porque era la segunda o la tercera vez que ellos le estaban viendo resucitado. Yo creo que probablemente la duda estaba en si debían adorar a este hombre como Dios, aun después de su resurrección.

Pero hay otra idea que a mí de hecho me gusta más aún, y es que los once fueron a Galilea. Como no había restricción en la ordenanza de quiénes debían ir, sino que simplemente Cristo dijo: "Decid a mis hermanos" o "decid a mis discípulos que nos encontramos en Galilea", la voz corrió en Galilea, en el lugar donde Él había hecho la mayor parte de su ministerio, en el lugar donde probablemente residían la mayoría de sus discípulos, y una gran cantidad de personas se acumuló en aquel lugar, en aquella montaña.

Y algunos especulan, yo creo que tienen mucha lógica, que aquello que Pablo dice en Primera de Corintios 15, que en una ocasión le vieron más de quinientos testigos oculares, es muy posible que esta montaña en Galilea haya sido el lugar donde eso ocurrió. Y que entonces estos once vinieron y le adoraron, pero entre aquella multitud de más de quinientos testigos oculares había algunos que aún tenían dudas. No dice qué clase de dudas, no dice si las dudas tenían que ver con la resurrección, si las dudas tenían que ver con quién Él era, si verdaderamente era Dios, o simplemente si las dudas tenían que ver con si le iban a entregar su vida finalmente o no a este Cristo resucitado.

Pero yo creo que esos quinientos están representados aquí, o pueden estar representados en cualquier otro grupo donde hay un grupo de personas que le adoran como Dios, le siguen como Señor, le obedecen. Junto a ese grupo hay otros dos grupos con dudas: unos que no son discípulos, que no han nacido de nuevo, que todavía tienen dudas si realmente hay que convertirse para entrar al reino de los cielos, si realmente hay que cambiar mi estilo de vida, si tengo que ser regenerado, cambiar mi naturaleza para entrar al reino de los cielos. Y otro grupo que ya ha sido regenerado, que ya ha nacido de nuevo, pero que tiene áreas de su vida que no están bajo el señorío de Cristo, y ellos tienen dudas si realmente yo tengo que entregar esta área de mi vida al señorío de Cristo.

Yo no estoy seguro de ese negocio, yo tengo que entregarlo al señorío de Cristo. O esta novia, novia inconversa, yo no estoy seguro, estoy orando para ver, porque tengo, me falta seguridad. Tienen áreas de inseguridades donde el señorío de Cristo debiera estar presente, y esa duda los arrastra con frecuencia a no estar allí donde Dios les quiere, sino a estar aquí. Entre esta multitud, ellos le adoraron y otros dudaron. ¿Esa hubiese sido tu reacción?

Quizás esto es lo que hace que Cristo pronuncie las próximas palabras. Unos le adoran, otros dudan, e inmediatamente después Cristo dice: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo como en la tierra." Quizás es la duda que hace que Cristo diga: yo quiero convencerlos de que yo y el Padre uno somos. Yo quiero convencerlos de que ciertamente el Padre ha dicho que todo juicio a mí me ha sido dado, para que honremos al Hijo de la misma manera que honramos al Padre, que yo y el Padre uno somos. Toda autoridad a mí me ha sido dada en los cielos como en la tierra, algo que ya Cristo había demostrado en múltiples ocasiones, de múltiples maneras.

Él demostró tener autoridad sobre los endemoniados. Esa es la razón por la que al endemoniado le dice: "Cállate y sal de él", y no hay resistencia. Si Él es el Señor entonces sobre los endemoniados, y Él es mi Señor, y Él es mi amo, y Él me compró, y yo le pertenezco, ¿qué hago yo teniéndole miedo al reino de las tinieblas?

Él demostró una y otra vez que es Señor sobre la naturaleza. Al viento le dijo: "Cálmate, sosiégate", y el viento se detuvo. Las aguas se detuvieron. Si esa es la razón, ¿qué hago yo teniéndole miedo a los desastres naturales que están bajo el señorío de mi Señor? ¿Qué hago yo cuando me monto en un avión y siento los vientos, temiendo los vientos que Él domina, que Él señorea? Ellos están bajo su señorío, y Él es mi Señor también.

Cristo demostró tener señorío sobre las enfermedades. A los ciegos les dio la visión, a los sordos les devolvió la audición, al paralítico le dijo: "Levántate y anda", y él se paró y anduvo. Si Él tiene entonces dominio, señorío, control sobre las enfermedades, ¿qué hago yo temiendo mi enfermedad? ¿Qué hago yo temiendo que mañana yo pueda tener una enfermedad que está bajo su señorío? Él las controla, Él las permite, Él las cura o Él las deja que hagan su curso. Todo es parte de su señorío. Yo soy su siervo y yo le sirvo, y si Él permite la enfermedad en mí, es para que yo le glorifique.

Él demostró tener autoridad para perdonar los pecados. De hecho, por esa razón los discípulos pensaban que Él estaba blasfemando y querían apedrearlo. Pero sabes una cosa, si Él tiene autoridad para perdonar pecados y Él es mi Señor, entonces yo sé dónde ir para hallar limpieza. Cada vez que me veo un interior sucio y necesito ser limpiado, Él es la persona que me puede presentar ante el Padre sin arrugas, sin mancha, sin avergonzarse de mí, porque no se avergüenza de nosotros que somos sus hermanos.

Pero Él demostró tener también poder sobre la vida y sobre la muerte. "Lázaro, sal fuera." Tú solo, no los demás. Llamó a Lázaro, además. Si no dice "Lázaro", salen todos los cadáveres a la vez. Y si Él tiene poder sobre la muerte y sobre la enfermedad, ¿qué hago yo temiendo mi muerte? ¿Qué hago yo preocupándome por el último día de mi vida? ¿Qué hago yo preocupándome por quién se va a encargar de los míos cuando yo muera, cuando Él es Señor de la muerte y de la vida?

Él demostró tener autoridad para juzgar. Ahí en la cruz, Él condena al ladrón de un lado y libera al ladrón del otro lado. A uno lo manda a la condenación, al otro lo manda al paraíso, porque Él tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra para juzgar y para salvar. Y Él es mi Señor, y Él me ha salvado, y Él me recibirá en el reino de los cielos.

Cristo, antes de partir, quiso afirmarles con toda claridad a sus discípulos que toda autoridad le había sido dada, tanto en el cielo como en la tierra. Recordemos que cuando Satanás lo tienta, una de las cosas que Satanás hace es ofrecerle todos los reinos de este mundo. Y sin embargo, ahora después de su muerte y resurrección, Cristo tiene autoridad no solamente sobre los reinos de este mundo, Él tiene autoridad sobre este mundo, sobre el mundo venidero, y por eso Él dice: "Toda autoridad me ha sido dada en los cielos y en la tierra."

Él es Señor de las naciones, Señor de los gobernantes, Señor de la naturaleza como ya dijimos, Señor de la historia, Él la orquesta. Señor de los ángeles, Señor de los demonios, Señor de cada cosa. Todo el universo se mueve bajo su señorío. Por eso dice el libro de Hebreos 1:3 que el universo entero se sustenta por el poder de su palabra. Colosenses 1:17: todas las cosas se sustentan en Él, todas las cosas están sostenidas, entre las alas, todas las cosas están caminando debido a la cohesión que ellas tienen en la persona de Jesús. Él es la piedra angular, Él es el creador, Él es el sustentador.

Y esa es la razón por la que antes de Él partir hacia su Padre, oye con tanta claridad la autoridad que Cristo les menciona. ¡De qué forma más absoluta les habla cuando les dice: toda autoridad! Id a todas las naciones, enseñadles todas las cosas, y yo estaré con vosotros todos los días. Toda autoridad, todas las naciones, todas las enseñanzas y todos los días. Ese es mi Dios, mi Señor, mi amo y quien me compró.

Ahora bien, esta es una parte importante de este mensaje. El otro fue en introducción; este es el mensaje: la comisión para los discípulos. El versículo 19: "Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado." Aquí hay cuatro cosas que yo quiero ver: el id, el dónde, el cómo y el para qué.

Id. Imperativo. Los expertos en el lenguaje original dicen que no está así en el lenguaje original. No está en la forma imperativa; está en lo que ellos llaman el participio presente, lo que implica que esto debió haberse traducido de esta manera: "Yendo por las naciones, haced discípulos." La idea es esta: en la medida en que vayan por las naciones desempeñando sus diferentes actividades, haced discípulos. Y la iglesia por dos mil años no ha entendido ese mandato.

Este es un texto usado una y otra vez todos los años en conferencias de misiones, porque este es un texto misionero para los que abrazan las misiones de manera profesional, que dejan su país, su familia, y esto es para ellos y no para nosotros. No, no es verdad. Este texto es totalmente diferente a lo que nosotros hemos oído y cómo se ha enseñado por dos mil años. Cristo está diciendo que esta ordenanza es para cada creyente, de tal manera que cada creyente, en la medida en que él va por el mundo, él va haciendo discípulos de Cristo. Los padres hacen discípulos de Cristo de sus hijos, las amas de casa de sus trabajadoras, los jefes de sus empleados, los médicos de sus pacientes, los hombres de negocio de sus clientes. Cada uno de nosotros, en la medida en que Dios nos lleva por el mundo, tiene la responsabilidad de tratar de duplicarse en el otro, porque esa es la Gran Comisión. Es una ordenanza para cada uno de nosotros.

Hoy en día, en los últimos años, se ha puesto muy de moda —y sobre todo cuando Bush subió a la presidencia, que estaba subiendo y cogió fuerza— que si subimos al poder cambiaremos la sociedad. Entonces algunos suben al poder, muchos se corrompen en el camino, los que no se corrompen llegan al poder, logran cambiar algunas cosas, muchas cosas, pocas cosas, grandes cosas, no importa. Terminó ese tiempo y no hicieron discípulos. Ese no es el mandato. En ningún mandato Cristo dijo ir y subir al poder y cambiar las cosas. Si Cristo te permite y te llama a estar en esa posición, es para que en esa posición tú hagas discípulos de Cristo, de manera que esos discípulos a su vez se multipliquen en otros, y que cuando tú termines queden discípulos en ese lugar de la persona de Cristo. De lo contrario, nosotros hemos hecho discípulos del momento, de la ocasión, de la oportunidad, del sistema de gobierno, pero hemos fracasado en hacer discípulos de Cristo. En la medida en que vayan por el mundo, haced discípulos de Cristo.

Dónde. Todas las naciones. Todas las implicaciones, peligros, riesgos, todos los costos, todo el trabajo. Esa obra no es para once personas. Esa obra no es para quinientas personas. De hecho, esa obra ha tomado dos mil años, miles o millones de cristianos, y todavía no la hemos completado. Esa obra es para todo el mundo. La Gran Comisión, la gran enseñanza, son las últimas palabras de Jesús para cada individuo que ha creído en su persona. Los abuelos y abuelas deben estar haciendo discípulos de sus nietos. Los profesores de sus estudiantes deben tratar, intentar por lo menos, hacer discípulos.

Cómo. El texto dice: "Bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo." No, el bautismo no hace discípulo a nadie. Esa no es la idea. No es la idea de los primeros sacerdotes que llegaron aquí con los indios, que los bautizaban y les llamaron que estaban cristianizados. Esa no es la idea. La palabra "bautizo" ciertamente implica sumergirse, pero implica más que sumergirse: implica identificarse con alguien, con algo. Lo que Cristo está diciendo es: en la medida en que vayan por el mundo y hagan sus funciones, desarrollen discípulos que estén identificados con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo.

Esa va a ser la diferencia entre los verdaderos discípulos y los discípulos de los mormones, que están identificados con el Padre, nada con el Espíritu, y lejanamente con Cristo. Esa es la diferencia entre los discípulos bíblicos y los discípulos de los Testigos de Jehová. Estos van a ser testigos de Cristo, identificados con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Ahí está la gran diferencia: discípulo que está identificado con la Trinidad como un solo Dios, que entiende que toda la Trinidad está involucrada en el plan de redención, que el Padre los elige, el Hijo los redime, y el Espíritu los regenera y los santifica. Bautizarlos en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ese es el cómo: la identificación.

Y para qué. Para que les enseñen a guardar todo lo que os he enseñado. Ahí es donde la iglesia ha fracasado por dos mil años, y sobre todo ahora, donde le enseñamos a guardar nada sino a proclamar promesas y bendiciones. Cristo no dijo enseñarles todas las promesas, enseñarles todas las bendiciones. No dijo eso. Enseñarles a guardar, a obedecer las prohibiciones, los mandatos, las órdenes. Enseñarles las bendiciones, las protecciones, enseñarles cada una de esas cosas, las promesas. Pero la iglesia ha fallado en hacer lo que debía haber hecho, y es formar discípulos verdaderamente de Cristo, lo que implica que esa persona va a tener una mente bíblica y una cosmovisión bíblica.

"Pastor, ¿y qué es eso?" Bueno, eso no es tan complicado. Esto es lo que es una cosmovisión: es un lente, es un lente que usted se lo pone, y a través de ese lente usted ve todo el resto del mundo que le rodea. A través de ese lente usted ve la crianza de sus hijos, cómo funciona, cómo debe funcionar un matrimonio. Usted ve cómo usted debe trabajar en un trabajo, usted ve cómo debe funcionar la sociedad, cómo debe ir el gobierno, cómo debe ser el arte, cómo debe ser la música. A través de ese lente. Es una serie de presuposiciones, de ideas, de conceptos, de valores que han salido de la Biblia. Eso es una cosmovisión bíblica, que está en mi mente y a través del cual yo ahora puedo ver toda la vida.

No es algo que yo me pongo y me quito. Me lo pongo el domingo, voy con mi cosmovisión bíblica a la iglesia: "Buen día, hermano. ¿Cómo está, hermano? ¡Aleluya! ¡Gloria! Adiós, ¿cómo está usted? ¡En victoria, hermano!" Tanto amor, y mi cosmovisión bíblica como está, ahí va mi lente limpiecito. Lunes en la mañana, quito mi lente y trabajo como un pagano: engaño gente, a veces miento. "Voy a coger el teléfono, voy a coger el teléfono." Sirvo a medias, me cojo el tiempo. Increíble eso, porque no hay una mente bíblica. La iglesia no ha formado discípulos de Cristo.

Les decía un poco lo que los estudios han revelado en Estados Unidos, pero yo no creo que estamos diferentes. George Barna tiene años estudiando la iglesia. Él tiene un grupo que se llama Grupo Barna, y todos los años publica un libro diferente. Recientemente publicó uno que se llama "The Second Coming of the Church" (La segunda venida de la iglesia). Y ahí lo que él dice es que menos de un diez por ciento de los cristianos nacidos de nuevo ven el mundo consistentemente con lo que la Palabra enseña. Menos de un diez por ciento tienen una cosmovisión bíblica. Uno de cada diez, o menos, de esos cristianos vive consistentemente con lo que esta Palabra enseña. En otro estudio del mismo grupo, más del sesenta por ciento de esos entrevistados dijeron que creían en la Biblia y al mismo tiempo que no creían en valores absolutos. Eso es una inconsistencia.

La empresa Gallup. George Gallup, él es cristiano. Él dijo, él hizo otro estudio. De hecho, la Gallup ha hecho estudios todos los años sobre la iglesia en Estados Unidos. Yo te voy a leer lo que él dijo, y estas palabras son de él, no mías, así que no me llamen, no me pongan emails y cosas de esas, que él fue que lo dijo y no yo. Dice que la mayoría de los cristianos son analfabetos bíblicos. Analfabetos bíblicos. ¿Qué es un analfabeto? Que no sabe leer. Entonces un analfabeto bíblico no sabe leer la Biblia. Son analfabetos bíblicos con grandes inconsistencias de creencias, con una fe superficial, con creencia en Dios pero no confianza en Él. Eso hace que cuando se comparan los estilos de vida de cristianos y no cristianos, haya pocas diferencias entre uno y otro.

Ese es el resultado del fracaso de la iglesia en formar mentes bíblicas. Que cuando vemos a los hijos, en otros estudios, de padres cristianos que dicen ser nacidos de nuevo, sus hijos comienzan las relaciones sexuales a la misma edad que la gente del mundo. Que cuando vemos sus hábitos de consumo, los lugares donde van, la forma como visten, la forma como comen, la forma como gastan, la forma como invierten, hay una enorme dificultad en diferenciar quién es cristiano y quién no es.

Claro, porque es que tenemos una eternidad enseñándole a la gente lo que en inglés llaman "how to": cómo hacer esto, cómo arreglar tu familia, cómo criar tu hijo, cómo mejorar tu negocio, cómo tener éxito en la vida, y no le hemos enseñado a cambiar el corazón. Y entonces ahora tengo deudas y le enseñamos cómo salir de la deuda. Es una verdad, es una verdad, mas voy a enseñarle. Si yo tengo deuda porque gasté mi dinero en cosas triviales, pecaminosas, mi problema no es dinero, es un corazón mundano. Entonces, cuando yo comienzo a elaborar un plan para salir de la deuda pero el corazón se queda igual, yo saldré de esa deuda y entraré en la próxima deuda.

Y la iglesia lo que necesita es ayudar al individuo a cambiar su corazón, a cambiar su forma de pensar, de manera que él pueda tener otra forma de vivir. Pero no, sobre todo el cristiano de hoy día quería algo práctico, fácil, diluido, que no tengas que pensar. "¡Ay, pastor, que eso da tanto trabajo! Es recordarme los versículos bíblicos, ¡ay no, son muy difíciles!" Pero acá anoche yo te voy hablando de pelota: tú te sabías los jonrones de fulano, las bases robadas de sutano, los hits que había dado, la baraja de quince personas diferentes. ¿Y cómo es eso? Ah, porque no tenemos discípulos de Cristo, tenemos discípulos de deportes, tenemos discípulos del gobierno de la mañana, tenemos discípulos de las noticias que consistentemente ven, ven, ven varios periódicos del día, tenemos discípulos de gimnasios, tenemos discípulos de salones de belleza.

Tenemos discípulos que en el gimnasio saben cuántos minutos de abdominales necesito, cuánta onza de carne me puedo comer, cuánta onza de queso, cuánta... Pero la Palabra, "ay, no sé, aquí yo no tengo memoria, estoy muy malo para memorizar la Palabra." Sé cuál es la crema, el champú, el rinse para cabellos rizados, cabellos lacios, cabellos amarillos, verdes, azules, de todos los colores, para cabellos cortos, cabellos largos. Cuando voy a la playa, no me quito de la playa, me conozco todos los por cientos de la crema que se ponen para tomar sol. Pero un versículo, "ay, que yo no tengo mente pa' eso, no tengo memoria para eso."

¿Te das cuenta qué es lo que hemos formado? ¿Te das cuenta qué es lo que esos estudios están revelando? Que nosotros tenemos un grupo de personas llamadas discípulos de Cristo, pero son discípulos del mundo, que tienen una cosmovisión del mundo, una cosmovisión secular, y no una cosmovisión cristiana. Porque nosotros hemos creído que esta Gran Comisión es para misioneros, nosotros creemos que la misión de esto que está aquí es poder predicar un mensaje evangelístico, darle las cuatro leyes espirituales, hacer un llamado, hacerlo pasar adelante, recibir a Cristo, amén, lo discipulamos por tres semanas o tres meses y ahí tenemos cincuenta discípulos de Cristo. Si ellos al final de ese tiempo están pensando igualito que la sociedad piensa, eso no son discípulos de Cristo. No importa cuántas veces lo hayamos bautizado, aunque lo hayamos ahogado debajo del agua, esos son discípulos de la sociedad, no de Cristo.

Oye lo que es un discípulo de la Gran Comisión, oye lo que es un discípulo al estilo de Cristo, al estilo de lo que estaba aquí plasmado. Cuando tú miras un discípulo de esa manera, cuando tú miras a su hogar y su hogar es un hogar de discípulo de Cristo, tú miras a su familia, tú encuentras a un hombre santo, espiritual, líder, con una mujer espiritual y sometida. Eso es un matrimonio discípulo de Cristo. Cuando tú miras a sus hijos, tú te encuentras que ellos están tratando de pasarles a ellos todo el consejo de Dios, que ellos están tratando de formar discípulos de Cristo en ellos, que ellos no les enseñan solamente las bendiciones y las protecciones de Dios, les enseñan también las prohibiciones y las consecuencias.

Si tú inspeccionas su trabajo, tú te encuentras que él es un individuo honesto, que no corta esquinas, que no toma atajos, que es un individuo veraz, que es un individuo confiable, y es un individuo que no se sirve de los demás, él le sirve a los demás. Eso es un discípulo de Cristo. Cuando tú revisas no solamente su familia, su matrimonio, sus hijos, su trabajo, cuando tú revisas sus finanzas, él está libre de deudas, porque él no consume lo que no produce, no gasta lo que no tiene y no va donde no puede. Él tiene una idea de lo que es la mayordomía cristiana. Eso es un discípulo de Cristo. Él no se deja comprar por los anuncios de la sociedad y de la televisión.

Si tú miras sus amigos, sus amigos son y están dentro del reino de los cielos, por lo menos los más cercanos son discípulos de Cristo también. No lo ves siendo él un discípulo del reino y sus amigos más cercanos discípulos de la sociedad, y ahí donde está su unión más íntima. Eso no es un discípulo de Cristo. Si tú revisas sus conversaciones, no son triviales, no son morbosas. El morbo del sexo, eso es algo que tú no lo escuchas. Si están solteros, ellos quieren saber del sexo, pero lo reservan para la alcoba con su esposa, con su esposo, y el morbo anterior al matrimonio ellos no lo tienen, el morbo que la televisión les ha vendido ellos no lo compran. Sus conversaciones tienen significado, tienen propósito, tienen profundidad.

Si lo miras viendo televisión sin que ellos sepan que están siendo observados, tú te das cuenta que ese discípulo no ve violencia, no ve sensualidad. Él no se para adelante de una televisión a ver estas series cómicas que nos hacen reír de cosas inmorales, de mentiras, de las cuales o por las cuales Cristo lloraría. No, él no disfruta eso, él no se ríe de las cosas que hacen llorar a Dios. Eso es un discípulo de Cristo. Si tú te sientas o caminas con él, te das cuenta cuáles programas ella ve o él ve.

"Ah no, pastor, pero es demasiado radical. Yo solo digo los amigos míos, yo aprendí en la escuela y viví." Pero hace falta, ¿demasiado radical? Sí, cuando yo no tengo una cosmovisión bíblica, así es como la cosmovisión bíblica suena: radical. La cosmovisión bíblica es un movimiento contracultural. El movimiento contracultural, dice John Stott en su libro acerca del Sermón del Monte, más grande de toda la historia de la humanidad es el movimiento cristiano.

Tienes que preguntarte qué tan cómodo te sientes, qué tan cómodo te sientes en la sociedad en la que vives. Mientras más cómodo te sientas, mayor la indicación de que tienes una mente secular, por eso te sientes cómodo. Pregúntale al pez qué tan cómodo se siente cuando lo sacas del agua. Tú lo ves brincando de una vez. Así debe brincar tu espíritu cuando está en medio de la sociedad.

Anoche, anteanoche ya no recuerdo, un momento ya tenía horas trabajando y le digo a mi esposa: "Voy a bajar a ver si descanso un poco." Ya tenía hora y sentado imprendo la televisión, paso varias cosas, vuelvo y subí, digo: "Yo no sé para qué yo perdí media hora de mi tiempo viendo tanta basura." No había nada en qué detenerse, absolutamente nada. Es por eso que días pueden pasar y no me interesa, porque ni siquiera me siento cómodo frente a la televisión. El lente bíblico, cuando ves esas cosas, las rechaza.

Cuando Dios, cuando Cristo le dice a Pedro, Andrés, a Jacobo, a Juan: "Sígueme", ellos dejaron las redes. Siempre vivían remendando las redes, pero una vez ellos se comprometieron con la causa, dejaron las redes. Y ustedes pudieran pensar: "Bueno, yo no tengo redes, qué bueno que no soy pescador." No, pero están enredados, peor todavía, están enredados en redes. Y esas son las redes que tienen que dejar: todas aquellas cosas que les impiden avanzar en su vida cristiana, y que son muchas. Tienen que dejar todas esas redes, aquellas cosas que nos enredan, que nos impiden continuar avanzando en nuestra vida cristiana.

Una pregunta que ya le he hecho a los dos grupos anteriores, no tiene que responder: ¿Cuántos de ustedes, discípulos de Cristo, están leyendo un libro en este momento, y de forma continua, que va a cambiar tu vida, tu forma de pensar, tu forma de ser o tu carácter? Bueno, ahí pudieran levantarse algunas manos. Si separamos dos grupos, las mujeres para este lado, los hombres para este lado, y hacemos la misma pregunta, la mayoría de las manos van a estar de este lado. Y pocas manos de aquel lado. El ochenta por ciento de los libros cristianos los compran las mujeres. El ochenta por ciento de los libros que compran los hombres los leen sus mujeres. Te das cuenta, grave el asunto. Si yo no estoy permitiendo que ese tipo de literatura moldee mi mente, le dé forma a mi mente, ¿qué es lo que le está dando forma a mi mente? Las películas, la televisión, el cine.

Entonces, le hemos enseñado a la iglesia a orar, a diezmar, a bautizarse, pero no a pensar. "Ay no, que eso da tanto trabajo, pastor. Deme algo fácil, algo ligero, algo diluido, algo que yo en cinco minutos lo tengo, ya lo hago mañana. Cinco minutos, mateo de día, cinco minutos, y ya cumplí con la tarjeta, todo bien con Dios. Pero no algo que me haga pensar, que me transforme."

"Pastor, es que, ¿qué usted piensa, que todo el mundo como usted?" Yo estoy hablando de cosas reales, yo no lo estoy inventando. Preguntas así. No, yo no quiero que la gente sea como yo. Yo sería la persona más egocéntrica del mundo. Yo quiero que la persona sea como Jesús, como la Biblia dice. Y no hay manera de que yo pueda ser hecho a la imagen de Jesús si lo que yo me estoy exponiendo es a la imagen que la sociedad me vende continuamente a través de tantas cosas. Le dedicamos más tiempo al cuerpo, a su belleza, a su formación, que a la formación de mi espíritu, una y otra vez.

Un discípulo de Cristo es alguien que tiene una cosmovisión, una perspectiva de la vida tan diferente, que no solamente son sus negocios, no solamente son sus hijos, no solamente son sus enfermedades, él tiene una perspectiva totalmente opuesta a la del mundo cuando tiene que ver incluso con la forma de enfrentar sus aflicciones. Él no es una víctima, es un triunfador. Él no tiene un complejo de "pobre de mí", él tiene un sentido de que es un triunfador en Cristo. En la iglesia estamos en victoria. Nos juntamos con un grupo de amigos: "Ay, pobre de mí, imagínate tú esta vida que tengo." No es como piensa un discípulo de Cristo.

Segunda de Corintios 4:8-11: "Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos; llevando siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Porque nosotros que vivimos, constantemente estamos siendo entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo mortal."

Claro que tenemos aflicciones y estamos por tanto afligidos en todo, pero aflicciones no me agobio.

Claro que a veces estoy perplejo de lo que está pasando a mi alrededor, pero yo no me desespero. Claro que a veces me siento como perseguido, pero estoy protegido. ¿Te das cuenta de cuál es el lente, la cosmovisión bíblica de un verdadero discípulo de Cristo? Él es una persona firme, estable. Él no es una chichigua que le cortan la cola y se va en banda. Él no es una persona que le pasa cualquier cosita y se fue en banda. No, él es una persona, él es un barco anclado en la Palabra, en su verdad, en la persona de Jesús. Es una persona estable, inmovible, inconmovible, porque él está anclado y su ancla va muy profunda.

Más o menos él piensa de esta manera. Él ve la cruz, él la contempla y dice: ¿Dado eso? Yo creo que yo tengo que ofrecerme. Mi parte es ofrecerme como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Entonces, cuando él termina de ofrecerse como sacrificio vivo, agradable y santo a Dios, él se sienta a reflexionar y dice: Yo creo que eso es mi culto racional. Yo creo que eso es lógico, es sensible, es razonable. Él, que después de ver la cruz, yo quiero ofrecerme a Dios como sacrificio vivo, agradable y santo.

Entonces, cuando él termina de resolver eso, él se da cuenta de una cosa: que eso, yo no he hecho algo extraordinario, he hecho algo lógico. Yo no he hecho ningún esfuerzo, eso es algo natural. Esto es lo más natural, que yo responda de esa manera a la cruz. Y cuando él comienza a vivir de esa manera, de repente él se da cuenta que él puede ahora comprobar que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta; que no es mala sino buena, que no es agria sino agradable, y que no es cuestionable, es perfecta. Eso es como él piensa, eso es como él ve la vida, eso es como él reacciona ante la vida.

Y la razón por la que él sabe, él entiende y él quiere ser transformado a la imagen de Jesús, es porque él entiende un principio muy claro que salió de los labios del mismo Jesús, y que Lucas registra en Lucas 6:40, cuando él dice: Un discípulo no está por encima de su maestro, mas todo discípulo después que sea preparado bien será como su maestro. Todo discípulo después que sea preparado bien será como su maestro. En otras palabras, los discípulos que vamos a producir muchas veces van a lucir como nosotros: rebeldes, airados, cuestionadores, seculares, mundanos. ¿Por qué? Porque cuando un discípulo sea preparado bien y se reproduce en otro, el otro luce exactamente como su maestro.

Esa es la razón por la que tú y yo tenemos que ser transformados día a día, de gloria en gloria, como a la imagen de su Hijo, porque nosotros tenemos una obligación, y es de reproducirnos en otros. Y esos otros van a lucir como nosotros, y si yo no luzco como Cristo, yo estoy haciendo un mal papel en cuanto a la Gran Comisión. Porque la Gran Comisión no es hacer discípulos del pastor, o del padre, o de la madre, o del líder de GAP, o de JAR, o de PANAS, sino hacer discípulos de Cristo, que luzcan como Él, a su imagen; piensan como Él, sienten como Él, ven como Él, lloran como Él, se ríen como Él, van a los lugares como Él.

Finalmente, la protección de los discípulos: "Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo." Discípulos, yo quiero decirles que la vida es una tarea grande, es difícil, más grande que usted, difícil de conquistar. Pero no temáis, yo estoy con vosotros. Y más aún, no solamente que estoy con vosotros, que estoy con vosotros hasta el fin del mundo. En cada decisión, yo estaré ahí. En cada dificultad, yo estaré ahí. En cada tentación, yo estoy contigo. En cada tribulación, estoy a tu lado. En cada enfermedad, no me he despegado de ti. En cada trabajo, yo te acompaño. En cada vacación, yo me voy contigo. En cada viaje, voy contigo.

No hay ningún lugar donde tú puedas decir, donde puedas meterte, donde yo no esté. No hay ninguna pérdida que yo no pueda llenar. No hay ninguna pérdida que no pueda reemplazar. No hay ningún vacío que tú vayas a enfrentar que yo no pueda llenar. No hay ninguna debilidad que yo no pueda confortar o fortalecer. No hay ninguna caída de tu pasado que yo no pueda redimir. No hay matrimonios que yo no pueda vendar y sanar. No hay hijos que yo no pueda llamar, pero necesito que sus padres sean mis micrófonos. Yo hablo a los hijos a través de los megáfonos, y los megáfonos son los labios de los padres.

En cada compra que tú haces, yo estoy contigo y sé si me agrada o no me agrada. En cada dinero que inviertes, en la forma en que lo inviertes, yo estoy contigo y sé cómo lo inviertes. En cada trabajo que tienes que te produce ingreso, yo estoy contigo y sé si los ingresos son honorables, de Dios, o no. En cada final de año, yo estoy contigo y sé si pagas tus impuestos o no. En cada ocasión que has estado frente a una situación, a una televisión, a un cine, yo estoy contigo y sé de lo que te ríes y sé de lo que yo haría.

En cada vida de soltero que quiere un hombre de Dios y una mujer de Dios, y que ha estado esperando por un hombre de Dios y una mujer de Dios, yo he estado ahí. El problema es que mientras me pides un hombre de Dios o una mujer de Dios, estás frente a estas imágenes y formas de vivir y estilos de vida que son totalmente seculares, y no te puedo mandar a un hombre de Dios o una mujer de Dios a ser influenciado por estilos seculares de vivir y de pensar. Cuando tu deleite esté en mí y solo en mí, yo tengo montones de hijos solteros y de hijas solteras que pueden virar en tu dirección, pero no para que me lo dañes, no para que me lo influencies, no para que me lo debilites. Para eso me lo reservo.

¿Si quieres un esposo, el internet es el lugar para buscar un esposo? Está de moda hoy en día. ¿Qué mente bíblica es eso? Que va al internet, es cristiano, es cristiana, va al internet a buscar un anónimo, sabrá Dios con qué trasfondo. ¿Y dónde está el señorío de Cristo en mi soltería y en mi futuro matrimonio? Si el internet es la solución a mis problemas, no es el Señor Jesucristo. Pero quiero ir al internet, entonces voy a ir donde Cristo y le digo: De eso que está en el internet, mándame uno. Y que sea cristiano, Dios. Así que no tenga mañas, así que no...

Yo a veces pienso que me gustaría estar como en el reino de los cielos y ver el rostro de Dios, si pudiera haberlo, ver su expresión cuando Él ve a uno de sus hijos hacer cosas como esas. Porque el rostro mío, a veces cuando yo he oído cosas así, yo no puedo creer cómo es que un cristiano... ¿Te has dado cuenta dónde el mundo le ha dado forma a la mente del cristiano?

¿Cuándo finalmente, y qué generación es que se va a parar, con perdón de la expresión, en dos patas, y va a decir: hasta aquí llegó la influencia del mundo sobre nuestras vidas, sobre nuestros hijos, sobre nuestros hogares, sobre nuestros matrimonios? ¿Dónde va a haber una generación de integridad que va a decir: aquí terminó, no solamente el pecado dentro de nuestro hogar, sino aquí terminó la influencia que la fuera va a hacer en el adentro? ¿Usted va a ser esa generación? Yo espero que sí. Porque alguien tiene que comenzar.

Y con esos que comiencen, Dios dice: Yo estaré con vosotros todos los días, pero en obediencia. Y en Él allí, en mi allí, en tu Galilea, donde va a ser el lugar de encuentro contigo. Cuando tú estés ahí, ahí hablamos, y ahí yo te doy tu comisión personal para tu vida.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.