La vida cristiana enfrenta una tensión constante: cómo disfrutar lo que Dios ya nos ha dado mientras anhelamos lo que aún no llega. El desafío que presenta Hebreos 13:5-6 es aprender a vivir satisfechos y confiados en Dios, sin que la incertidumbre del mañana robe el gozo del presente. La clave está en conocer y abrazar las promesas divinas: "Nunca te dejaré, ni te desampararé." Esta declaración, que aparece desde Deuteronomio cuando Moisés animaba a Israel y luego a Josué antes de entrar a la tierra prometida, sigue siendo el fundamento de nuestra paz. La palabra "nunca" en el griego original es una doble negación imposible: jamás existirá un instante en que podamos decir correctamente que Dios nos ha abandonado.
El enemigo trabaja precisamente contra esta verdad. Desde el Edén, la estrategia de la serpiente ha sido hacer que la bondad de Dios parezca crueldad y que la desgracia asegurada luzca como cortesía. La incredulidad susurra al corazón que Dios se cansó de nosotros, que estamos solos. Pero cuando aprendemos a ver a Dios como nuestro ayudador, cuando crecemos en admiración por sus obras y su carácter, entonces viene la liberación del temor. El Salmo 118 muestra esta secuencia: primero el reconocimiento de la bondad de Dios, luego la experiencia personal de su respuesta, después la confianza creciente, y finalmente la declaración: "¿Qué puede hacerme el hombre?"
Una ilustración lo hace tangible: una familia alemana de vacaciones en Puerto Plata maldijo su suerte cuando un accidente obligó a hospitalizar a su hijo, impidiéndoles abordar su vuelo. Al día siguiente, ese avión se estrelló sin sobrevivientes. A veces Dios permite un mal menor para librarnos de uno mayor. Nuestra paz no se compra ni depende de las circunstancias; es fruto del Espíritu cuando aprendemos a confiar en quien prometió estar siempre con nosotros.
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Doblen si son tan amables, por favor, vamos al libro de Hebreos en el Nuevo Testamento, libro de Hebreos, capítulo 13, versos 5 y 6. Hemos estado considerando este texto desde el domingo pasado con un título: "Desafiados a una mejor vida". Y antes de empezar, déjenme decir algo. En el primer servicio, el pastor Miguel estaba dando la introducción como un saludo a todos los que él hacía, y él dijo algo que no está aquí en mi mano escrito, pero dijo algo que, aunque yo lo había escuchado antes, yo creo que tocó mi corazón de una manera muy especial. Él decía: "Dios está aquí, Dios está aquí".
Esa es una realidad que todos nosotros queremos. Las Escrituras dicen: "Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estaré allí en medio de ellos". Y yo estoy seguro que todos nosotros estamos confiados, convencidos de que es una realidad. Dios no fallará a su promesa de estar aquí. La pregunta entonces no es si Dios está aquí; la pregunta es si yo puedo verlo, la pregunta es si yo puedo escucharlo cuando habla, la pregunta es si yo puedo escuchar a Dios de tal manera que yo pueda salir de estas puertas hoy diferente a como yo llegué.
Y la única manera de hacer eso es viviéndolo. Y lo que yo he querido animarles en esta mañana es que en la medida que nosotros escuchemos su Palabra, pues simultáneamente en el corazón podamos estar orando: "Señor, álzame, Señor, revélate a mi vida, déjame verte, yo quiero ser transformado, yo quiero experimentar aún más el poder de Jesús", así como cantábamos. Amén.
Muy bien, en Hebreos capítulo 13 vamos a estar enfocados en el versículo 5 y versículo 6. De ahí lee, dice: "Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque él mismo ha dicho, Dios ha dicho: Nunca te dejaré ni te desampararé, de manera que decimos confiadamente: El Señor es el que me ayuda, no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?"
La semana pasada nosotros hablábamos de que aunque somos gente de aspiraciones, somos gente de sueños, somos gente que tenemos deseos, y en cierta manera eso es una evidencia de que estamos vivos, nosotros aspiramos a cosas. Pero es importante que pongamos un balance en todo eso. Y la idea es que si ponemos a depender nuestra satisfacción presente en el logro de esas cosas que aspiramos, somos candidatos para la desilusión, porque hay muchas cosas que deseamos y aspiramos que tal vez nunca vamos a conseguir.
Entonces es importante poner un balance, y ese balance se podría alcanzar si tenemos más en cuenta a Dios. Decíamos, en el caso del creyente, la clave es esta: exponer todos esos sueños, todas esas aspiraciones en una completa alineación con las promesas de Dios. Y la idea es: si yo aprendo a desear, si yo aprendo a buscar lo que Dios ha prometido, entonces hay una mayor garantía de que lo podré alcanzar. Y decíamos, este es el desafío al cual Dios nos llama.
Esta es la dinámica de perseguir una excelencia de vida. La idea es esta: yo tengo que aprender a vivir bien ahora con lo que Dios ya me ha dado, y al mismo tiempo yo tengo que aprender a desear lo que Dios ya ha prometido. Yo lo voy a repetir otra vez. La dinámica, el desafío para vivir es esto: yo debo aprender a deleitarme, a disfrutar las cosas que ya Dios me ha dado hoy, y al mismo tiempo aprender a soñar, a aspirar y a buscar lo que Dios ha prometido. Ese es el más alto llamado a una excelencia de vida. Ese es el más completo estilo de vida que podamos alcanzar. Ese es el desafío al cual Dios nos llama en su Palabra. Ese es el desafío que yo quisiera seguir considerando en esta mañana.
Somos desafiados por Dios a una mejor vida. Y lo que hemos hecho es destacar, considerar una de las demandas más cruciales, más hermosas de la vida cristiana. Es una demanda combinada, son dos cosas al mismo tiempo: yo debo aprender a estar satisfecho en Dios, yo debo aprender a estar confiado en Dios.
El domingo pasado nosotros consideramos la primera parte de todo esto: estar satisfecho en Dios. Decíamos, "sea vuestro carácter", dice el verso 5, sea tu estilo de vida. La exhortación es un llamado, no un pensamiento de un fin de semana. La exhortación del texto no es algo temporal y pasajero. La exhortación del texto es dirigida a lo que somos, a nuestro carácter, a nuestra costumbre, a nuestra manera de decir a dos cosas.
Sea vuestro carácter sin avaricia. En otras palabras, que nuestra vida no esté gobernada y controlada por fuertes deseos de cosas pasajeras, de cosas temporales. El problema de la avaricia, como veíamos el domingo pasado, es que la avaricia es un mal que neutraliza mi temor de Dios. Y cuando la avaricia neutraliza mi temor de Dios, entonces lo que sucede con mi vida es esto: en vez de yo estar deleitándome en las promesas de Dios, ahora yo estoy provocando sus juicios. Esa es la descripción de lo que llamaríamos una vida miserable. En vez de yo disfrutar las cosas que Dios me promete en Jesús, por causa de mi falta de temor, yo estoy provocando su juicio.
Esta mañana entonces nosotros queremos considerar la segunda parte de esto. Y la idea es: ¿cómo puedo yo balancear el disfrute de mi realidad presente con la búsqueda de mis posibilidades futuras? ¿Cómo puedo yo aprender a vivir más en paz hoy, aunque yo no sé lo que está por venir mañana? ¿Cómo puedo yo, qué tengo que hacer para que la incertidumbre de lo que está por venir no me impida el gozo de lo que ya ha llegado? ¿Cómo puedo aprender a vivir mejor hoy y prepararme independientemente de lo que el día de mañana traerá?
Y la respuesta a todas estas preguntas es la misma: necesitamos aprender a confiar más en Dios. Necesitamos aprender a confiar más en Dios, y yo voy a tomar toda la mañana en el tiempo que nos toca aquí de la predicación para tratar de explicar todo esto.
La exhortación entonces: estar confiados en Dios. Y el texto, voy a leerlo otra vez para ver cómo se dice, dice en el texto. Voy a leerles el verso 5, dice: "Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis. ¿Por qué? Porque él mismo ha dicho: Nunca te dejaré ni te desampararé, de manera que decimos confiadamente: El Señor es mi ayuda, no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?"
En primer lugar, la idea es esta: cuando decimos vivir confiados, lo que queremos significar con eso es que yo tengo que conocer más las promesas de Dios. Yo tengo que aprender por fe a creer esas promesas. El desafío es vivir descansando en las promesas de Dios. ¿Cómo? ¿Cómo yo logro eso? Y déjenme tratar de explicar el versículo.
Primero, ¿cuál es la base de esta promesa? ¿Cuál es la base? El texto dice "porque él ha dicho". El "porque" explica que vuestro carácter sea sin avaricia, contentos con lo que tenéis. ¿Por qué? Dios ha dicho. Dios ha dicho. La clave entonces de todo esto es Dios, especialmente lo que él ha hablado.
En realidad, tanto el verso 5 y verso 6 de Hebreos 13 están continuamente haciendo referencia al Antiguo Testamento. Yo quiero que busquemos esos textos porque son citas del Antiguo Testamento aquí. Por ejemplo, Deuteronomio capítulo 31, por favor, si son tan amables, vamos a buscar la primera. Cuando él dice aquí en Hebreos "porque él ha dicho", la pregunta es: ¿dónde Dios dijo eso? ¿Qué fue lo que dijo? El texto dice: "Yo no te dejaré, yo no te desampararé". Dios dijo eso. Vamos a buscarlo.
Deuteronomio capítulo 31. Esto es Moisés hablando al pueblo de Israel antes de entrar a la tierra prometida. Yo quisiera, por favor, que usted lo entienda. Es todo lo que se llama una transición de mando. El gran líder de Dios, Moisés, que condujo al pueblo de Israel desde Egipto, en su esclavitud, por todo el desierto. Justo cuando está llegando el momento tan anhelado, después de tantos años, ya están al borde de entrar a la tierra prometida, Dios dice: "Voy a cambiar esto. Terminó la labor de Moisés. Y ahora la empresa, el proyecto, va a ser manejado por un jovencito con poca experiencia". Se llama Josué. Es un momento de tensión.
Escuchen entonces a Moisés hablando al pueblo de Israel con la intención de trabajar sus temores, con la intención de calmar su incertidumbre ante un cambio tan significativo. Deuteronomio capítulo 31, versos 6 al 8, dice: "Esforzaos y cobrad ánimo. No temáis ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo". Y aquí está la expresión que cita Hebreos 13: "No te dejará ni te desamparará". "Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate, porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar. Y Jehová va delante de ti, Josué. Dios estará contigo". Y otra vez el texto tiene la misma expresión: "No te dejará ni te desamparará. No temas, no te intimides".
Más adelante, cuando ya se da la transición de gobierno, Dios viene otra vez al joven Josué a hablarle. Escuchen esto, dice Josué capítulo 1, verso 5, Dios hablando: "Nadie te podrá hacer frente todos los días de tu vida. Porque como yo estuve con Moisés por todos estos años, yo también voy a estar contigo". Y aquí viene Dios y dice lo mismo: "No te dejaré, no te desampararé".
Miles de años después, el autor de los Hebreos, escribiendo a una iglesia sufrida en persecución, él dice: "Somos desafiados a una vida más excelente, no gobernada por la avaricia, sino cultivando contentamiento". ¿Por qué? Y él conecta eso con lo que está aquí. "Él dijo, porque él dijo, Dios dijo: No te dejaré, no te desampararé".
El punto es este: la base de nuestra confianza, entonces, es lo que Dios habló. Cuando nosotros estamos en temores, en incertidumbre, todo cambia cuando Dios aparece en el escenario. La mayoría de nuestros problemas es que no vemos a Dios en la situación. Por tanto, decimos, una de las más importantes disciplinas espirituales es cultivar más esta consciencia de su presencia. Aprender a ver más a Dios y al mismo tiempo aprender a vernos menos a nosotros mismos.
El autor de los Hebreos dice: "Porque él dijo". Dios habló. Aquí está en su Palabra. Por tanto, hermanos, el desafío es este: nosotros necesitamos entender mejor esa Palabra. Dios se revela allí.
Debemos aprender a conocer más esa satisfacción, Palabra. Debemos aprender a amar más esa Palabra. Debemos aprender a atesorar más esa Palabra. Necesitamos aprender a tener más en cuenta a Dios. Y la única manera es conociendo mejor esto.
Hermanos, no pasemos un juicio final, una conclusión final, no importa la circunstancia, hasta que hagamos seguro que Dios ha sido tenido en cuenta. No hay manera de vivir bien si no tomamos en cuenta lo que Dios ha dicho. Por eso nosotros aquí, como iglesia, ya hablando a nosotros en esta iglesia local, y los líderes estamos comprometidos con el entrenar en esta Palabra. Nuestra vida está íntimamente relacionada con conocer esta Palabra. Por eso nos preparamos para exponerla. Por eso los cursos de entrenamiento, como decía el pastor Miguel de la TESI, por eso nos entrenamos en lo que Dios ha revelado aquí.
¿Qué dice el autor de Hebreos que Dios ha dicho? Él dice: "Nunca te dejaré, no, nunca te desampararé". ¿Saben ustedes lo que significa la palabra "nunca"? Nunca. Me tomó un rato de estudio y llegué a esa conclusión. "Nunca" en el idioma original, en el griego en que se escribió este libro, es una doble negación imposible. Es una afirmación de que la oferta de amor de Dios para con nosotros en Jesús por eso siempre permanecerá. Escuchen esto: nunca, jamás, podrá existir una milésima de segundo donde podamos decir correctamente "Dios me ha dejado". Nunca, jamás, podrá existir la más mínima posibilidad de que podamos decir correctamente "Dios se olvidó de mí". Nunca jamás será posible que Dios esté tan lejos que no pueda escucharme, que Dios esté tan ocupado que no pueda atenderme. Sencillamente, eso es imposible. Porque Él ha dicho: "No te dejaré ni te desampararé". Esto es un precioso regalo de amor de Dios para nosotros en Jesús.
El punto es que necesitamos fe para creer eso. Yo siempre digo, eso está muy lindo aquí, domingo en la iglesia, aire acondicionado, luces, y mañana lunes usted tiene un jefe que es lisado y hace lo que le da la gana. ¿Cómo en mi dificultad yo voy a procesar esto? Eso es lo que necesitamos hablar. Dios está por nosotros, Dios está a nuestro favor. Es la incredulidad que nos susurra al corazón: "Pero mira, date de eso, Dios se cansó de ti. No te das cuenta de que tú estás hablando ridículo, tú estás solo, esto se acabó". Eso nunca podrá venir de Dios.
Dice Números 23:19: "Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Él habló, ¿y no lo ejecutará?". ¿Qué se necesita que pueda ponerse en el medio cuando Dios dice "voy para allá"? Ustedes ven, nosotros tenemos un problema, tenemos limitaciones. Algunas veces, sobre todo los padres con los hijos, nosotros queremos darle a nuestro hijo lo máximo, lo mejor. El problema es que muchas veces yo no puedo hacerlo. No soy Dios. En realidad nuestro amor tiene limitaciones. Pero Dios, Dios, cuando se mezcla el amor de Dios y su poder, ¿cuál es el efecto de todo eso? Dios está por nosotros.
La doxología del apóstol Pablo es una de las doxologías más hermosas de adoración a Dios en la Biblia, en Romanos. Él dice, pensando en esto: "Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido", dice él. Esto no es un asunto de ensayo, prueba y error, a ver qué pasa. "Estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, y por si acaso se me olvida algo, ni ninguna otra cosa creada, nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro".
Él dice: "Nunca te dejaré, nunca te desampararé". Esa expresión "no te dejaré" es una promesa de compañía: estaré contigo. Pero es más que estar con nosotros; en el idioma original las referencias dicen: "Me deleito contigo. Me gusta estar contigo. Es un gozo el poder estar ahí". Además, Dios dice: "No te voy a desamparar". Esa es una promesa de protección. Dios dice: "Te prometo mi compañía contigo. Te prometo mi protección contigo".
¿Cómo yo veo esto en la realidad? Yo le decía en el servicio pasado, yo lo voy a saturar de la Biblia hoy en la mañana. Yo quiero que veamos en la Biblia cómo los hombres luchaban con eso, sobre todo en los Salmos. Cómo el salmista, en medio de su circunstancia, de sus temores, de sus inquietudes, él podía abrazar esas promesas como una realidad para él.
Vengan conmigo al Salmo 73, por favor. Salmo 73. Déjenme explicarles qué pasa en el Salmo 73, como una introducción. El Salmo 73 es el relato de un creyente que llega a un momento en que se desilusiona de servir a Dios. ¿Qué veía alrededor? Que personas que no llamaban a Dios ni deseaban a Dios ni lo tomaban en cuenta, les iba bien, relativamente. La persona prosperaba económicamente. Su salud estaba en verdad deseable. Los niños le nacían ojos azules, rubios, gorditos. Y él aquí está, yendo al culto continuamente, no sale de la iglesia, no deja de orar, hace su devocional diario, paga los impuestos. Y está viendo desastre, es un lío. Es un problema continuo, termina bien el hijo, cuando no es el trabajo es la salud, cuando no es la familia es el matrimonio, el negocio, la iglesia. Y él dijo: "Ya, agárrenme, no tiene sentido. ¿No es esto, que aquellos que viven en una desobediencia abierta les va mejor que a mí?"
Y un día, entrando al santuario de Dios, Dios abrió sus ojos y le enseñó la eternidad. Entonces la película no ha terminado, es la idea. Tranquilo. Y cuando él contempló esa realidad, cuando él despertó, escuchen lo que él dijo.
Salmo 73, dice el verso 21: "Cuando mi corazón se llenó de amargura y en mi interior sentía punzadas, entonces era yo torpe y sin entendimiento. Era como una bestia delante de ti. Sin embargo", dice él, "yo siempre estoy contigo. Tú me has tomado de la mano derecha. Con tu consejo me guiarás y después me recibirás en gloria".
Y esta es la conclusión de su reflexión: "¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo aquí en la tierra. Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre. Porque he aquí, los que están lejos de ti perecerán. Has destruido a todo el que te es infiel. Mas para mí, el estar cerca de Dios es mi bien. En Dios el Señor he puesto mi refugio para contar todas tus obras".
Cuando este hombre aprendió a descansar en eso, él pudo nutrirse de lo que Dios dice. Dice el autor de Hebreos: "Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos". ¿Por qué? Porque Dios ha dicho. ¿Qué dijo Dios? "Nunca te voy a dejar, nunca te voy a desamparar".
La pregunta es: ¿qué efecto debe producir en mi alma esa realidad? El hecho de que Dios habló, el hecho de que Dios prometió, entonces ¿qué efecto debe tener en mí? Y esa es la segunda parte que yo quisiera que veamos.
Dice el verso 6: "De manera que podemos decir ahora confiadamente: El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me pueda hacer el hombre". En otras palabras, cuando Dios promete algo y yo abrazo esa realidad, entonces confío. Cuando consideramos las promesas de Dios, eso debe producir en nosotros confianza. Proverbios capítulo 1, verso 33 dice: "Pero el que me escucha", dice Dios, "vivirá seguro y descansará sin temor al mal".
Miremos el tema en los Salmos. Vamos al Salmo capítulo 4, por favor. De nuevo, ¿cómo el hecho de que Dios haya hablado, cómo la realidad de que Dios ha prometido, debe traer un efecto en mi vida? ¿Cómo eso me mueve en mi alma a confiar?
Salmo capítulo 4, versos 3 al 8. Y de nuevo, yo quiero recalcar esto: esto es teología práctica. Esto es lo que yo necesito el lunes en la mañana. Esto es lo que yo debo traer para yo poder procesar mi circunstancia tomando en cuenta a Dios.
Salmo capítulo 4, versos 3 al 8, dice: "Sabed que el Señor ha apartado al piadoso para sí. El Señor oye cuando a Él clamo. Temblad y no pequéis. Meditad en vuestro corazón sobre vuestro lecho y callad". Cuando las circunstancias no son favorables, dice: medita en Dios y cállate. Espera. Y dice en el versículo 5: "Ofreced sacrificios de justicia y confiad en el Señor. Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza, Señor, sobre nosotros la luz de tu rostro".
Y esta es la experiencia personal del salmista: "Alegría pusiste en mi corazón, mayor que la de ellos cuando abundaban su grano y su mosto". Y esta es su conclusión: "En paz me acostaré y así también dormiré". ¿Por qué hay dinero en el banco? ¿Porque la salud está buena? ¿Porque yo tengo prosperidad? ¿Porque la familia anda bien? No. "Porque solo tú, Señor, me haces habitar seguro".
Escuchen esto, hermanos: la paz no se compra por internet, no importa la tarjeta que usted tenga, Visa, Platino, ponga de todo lo que usted quiera. Eso no se compra. Esto es un fruto del Espíritu Santo. La paz no vendrá a mi corazón porque yo crea que soy grande, porque yo crea que soy listo, porque yo crea que soy gracioso, porque yo crea que soy inteligente, sino porque yo puedo ver a un Dios que es más grande y poderoso que mis circunstancias. La fuente de paz no tiene nada que ver con lo que yo piense sobre mí, sino con lo que Dios declara sobre Él. La paz que sana el corazón tiene que ver cada vez menos conmigo; tiene que ver todo con Dios. Dios es la fuente de nuestra paz.
Ahora, lo que el autor de Hebreos nos desafía es no solamente ver el efecto general de lo que Dios promete, sino ¿cómo eso yo lo transfiero a algo personal? Yo tomo una promesa de Dios de 55 mil pies de altura y la aterrizo en mi vida como algo especial para mí. Él dice: "El Señor es mi ayudador, no temeré". Entonces ya le está hablando de cosas muy prácticas, ya le está aplicando a su vida eso. Es ver a Dios como nuestro amigo, como nuestro ayudador. Es ver a Dios que está a mi favor, ¿no entienden? Dios ha comprometido su gloria con ese propósito. Dios está a nuestro favor.
Cuando yo no pienso así, entonces eso en la vida se llama incredulidad. Yo no veo bondad en Dios. Yo me siento abandonado. Yo me siento que lo que recibo es injusto. Yo pienso que merezco más. Me voy a decir esto.
Esto es más complicado porque hay un ser en la existencia, nuestro enemigo espiritual, que quiere lograr eso. Él quiere lograr eso. Déjeme ilustrarles esta realidad en el relato de la creación. Déjame ilustrarle en el relato de Génesis cómo el enemigo, desde el día uno, lo que está tratando es de bloquear que no veamos bondad en Dios.
Génesis capítulo 3, por favor. Esto es muy importante, si pueden acompañarme. Génesis capítulo 3. Esto es lo que se conoce como el relato de la caída del hombre. Génesis capítulo 3. Voy a leer del verso 1 al 5: "Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho no comeréis de ningún árbol del huerto?" ¿Y qué Dios es ese? ¿Cómo es posible que Dios diga que te ama y limita tus posibilidades de progreso y de éxito y de disfrute y todo lo que te quiero poner ahí? Él estaba tergiversando las cosas.
¿Y más? Él sabía tanto que Eva se dio cuenta y dice que Eva respondió. La mujer, dice el verso 2, respondió a la serpiente: "No, no, no, no, no, no, no es así. Esto es lo que Dios dijo: del fruto de los árboles del huerto podemos comer, de todos los frutos. Es al revés, de todos, pero de este específico, de uno, el fruto del árbol que está en medio del huerto, ha dicho Dios, no comeréis. Yo diría ni lo tocaréis, para que no muráis." ¿Y cuál fue el desafío de la tentación de la serpiente? La serpiente dijo a la mujer: "¿Ciertamente no moriréis?" Eso no es verdad. No es verdad lo que Dios ha dicho. No es tan bondadoso como se te describe, tampoco es tan temible en lo que declara. ¿No moriréis?
Es el mismo momento que el enemigo sabe. Solo sabemos lo que Dios nos manda y en la tentación él dice: "No va a pasar nada. Eso lo hace todo el mundo. Tranquilo." ¿Cuál dice que es la esencia del problema? Lo que el enemigo está tratando es esto: él quiere que la bondad de Dios parezca como una crueldad y la desgracia asegurada como una cortesía. Lo que el enemigo trata de lograr es presentar a Dios injusto, y su oferta de amor, su bondad, la veamos como una crueldad. Y en cambio su propuesta, que es una desgracia asegurada, la podamos ver como una cortesía.
Las cosas no las entendemos muy bien hasta que termine la película. Déjenme contarles un suceso. Hace muchos años yo estuve laborando en la empresa turística; fui gerente general de un hotel aquí en la zona norte. Yo recuerdo como hoy, solamente en esa zona, me imagino que en todo el país en ese tiempo, en la época de inicio del año, enero, febrero, marzo y todo eso, el tiempo de frío en otros países, sobre todo en Europa. Entonces esos turistas venían aquí huyéndole al frío y se quedaban mucho tiempo. Solamente eran estadías de dos semanas, de tres semanas. Específicamente en el caso de Alemania, pero antes en ese entonces, las vacaciones eran obligatorias, eran deducibles de tus impuestos, y solamente tú tenías que decir a dónde querías ir. Estas eran obligatorias, eran pagas, igualito que aquí más o menos.
Yo recuerdo una pareja con un niño pequeño. Ellos querían disfrutar tanto el sol que a veces planificaban quedarse tanto tiempo aquí que a veces avisaban allá y faltaban al trabajo, para darles una idea. Este es una pareja que tiene un niño pequeño como de unos nueve años. La noche antes de irse, el niño está saltando en su cama, aparentemente es solo eso que les describí. El niño está saltando, saltando, y en un salto tan alto que el abanico de la habitación le pega. Hubo que llevarlo al hospital, parece que fue una cirugía delicada que hubo que hacerle, y la sugerencia médica es: no debes volar, el niño debe estar en observación, no te puedes ir.
Y yo quisiera que te imagines a este hombre, sobre todo el momento. Este hombre maldijo a todo el mundo. Él estaba enojado con todo el mundo. La suerte que hablaba en alemán, yo no entendía mucho, pero él hablaba: "¿Por qué a mí? ¡Qué maldición! Esto no puede ser. Yo voy a perder mi empleo. Esto es una desgracia. A mí no me gusta nada." Y bueno, no hubo nada que hacer, debí que calmarlo y todo. El día siguiente, 6 de febrero de 1996, ese avión se cayó en el agua de Puerto Plata. 189 muertos, toda la tripulación, todo el que estaba ahí. Cuando él despertó en la mañana y le dieron la noticia, hubo que hospitalizarlo también.
Muchas veces Dios permite un mal menor para librarnos de un mal mayor. Pero siempre, siempre, siempre, siempre, siempre, escuchen esto, siempre Dios es bueno con nosotros. Dios es bueno. Él dijo: el Señor es mi ayudador. El Señor es mi ayudador. Dios está por mí, Dios está conmigo. No tengo que temer.
Ahora, yo quisiera llevarlos al otro texto en los Salmos para que ustedes puedan ver en colores cómo el salmista aplica esta verdad en medio de circunstancias difíciles. Miren conmigo el Salmo 146, por favor. Libro de los Salmos, 146. De nuevo, escuchen esto. La bondad de Dios: Dios ha dicho, no te dejaré, no te voy a desamparar. Y él dice: bueno, confiadamente entonces yo puedo decir, Dios es mi ayudador. Dios es bueno, Dios está por mí. ¿Cómo yo veo eso aquí en la vida?
Salmo 146. El verso uno: "Aleluya, alma mía, alaba al Señor. Alabaré al Señor mientras yo viva, cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista. No confiéis en príncipes, ni en hijo de hombre, en quien no hay salvación. Su espíritu exhala, muere, y vuelve a la tierra." En otras palabras, el mejor de los hombres no es más que eso: un hombre. Es finito, imperfecto.
Y él dice, dichoso, bienaventurado, en el versículo cinco: "Aquel cuya ayuda," ahí está la palabra, "es el Dios de Jacob. Dichoso, bienaventurado aquel cuya esperanza está en el Señor tu Dios." Y la pregunta mía es: ¿por qué? ¿Qué tú piensas que es mejor poner tu confianza en Dios en circunstancias?
Entonces él explica, dice el verso seis: "Porque Dios hizo los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, que guarda la verdad para siempre, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor pone en libertad a los cautivos. El Señor abre los ojos a los ciegos. El Señor levanta a los caídos. El Señor ama a los justos. El Señor protege a los extranjeros, sostiene al huérfano y a la viuda, pero trastorna el camino de los impíos." Y dice él: "El Señor reinará para siempre, tu Dios, oh Sion, por todas las generaciones."
Escuchen esto: la única manera como vamos a poder confiar en Dios es si crecemos en nuestra admiración. La única manera como yo voy a poder crecer en confianza en Dios es si yo medito en sus obras, si yo reflexiono en la grandeza de su ser. Mientras yo vea la oferta del amor de Dios en Jesús para mí como algo poco atractivo, eso significa entonces que mi vista es muy corta, eso significa que mi vuelo está muy bajito. Pero significa que yo debo de levantar mi alma. Dios es fiel, Dios es grande, Dios es poderoso, y mi alma disfrutará de paz cuando yo aprenda a confiar en él. Y la clave es su Palabra. Él ha dicho, él ha hecho, él ha revelado. Yo tengo que saber qué es todo eso, eso es lo que tengo que traer a mi corazón.
Y algo más que esa confianza hace. Él dice: yo no temeré lo que me pueda hacer el hombre. Yo quiero llamar atención a la secuencia de los eventos. ¿Cómo este hombre llega al punto de no temer? ¿Qué sucede antes? Primero está la promesa de la compañía y el cuidado. Dios dice: yo no te dejaré nunca, yo no te voy a desamparar. En segundo lugar, yo necesito por eso aprender a ver a Dios como mi ayudador. Yo aprendo a confiar, y ahí entonces, y solo entonces, viene la liberación de mis temores.
Si yo quiero ser sanado de mis temores, sobre todo temor a los hombres, yo debo considerar qué es lo que Dios ha dicho. Yo debo aprender a conocer más de sus obras. Yo debo aprender a confiar más en él. Yo debo aprender a verlo a mi favor, es mi ayudador, y entonces seremos librados de nuestros temores.
¿Quién de ustedes quiere ver eso en la práctica? Miren conmigo el Salmo 118. Es el salmo en el Antiguo Testamento que el autor de Hebreos está citando aquí. Cuando él dice "yo no voy a temer lo que pueda hacerme el hombre," es una cita del Salmo 118. Miren el Salmo 118. Yo voy a tratar de explicártelo, de componérselo. Esto es lo que nosotros necesitamos, esto es comida para el alma.
Y ese es verso 1 al 4. Lo primero que encontramos en los primeros cuatro versículos de este salmo es un reconocimiento de la bondad de Dios. Miren cómo dice: "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque para siempre es su misericordia. Diga ahora Israel: para siempre es su misericordia. Diga ahora la casa de Aarón: para siempre es su misericordia. Digan ahora los que temen al Señor: para siempre es su misericordia." Yo no creo que hay que ser muy inteligente para usted saber qué es lo que el salmista está diciendo. No hay que ir a Harvard para usted saber qué es lo que quiere decir: que para siempre es la misericordia de Dios, que es bueno con nosotros.
Esa verdad general encontró una experiencia personal en su vida. Dice el verso 5: "En medio de mi angustia yo invoqué al Señor. El Señor me respondió y el Señor me puso en un lugar espacioso." De manera que yo puedo testificar que para siempre es su misericordia. Yo lo viví, yo estaba en angustia, yo lo invoqué y él me oyó.
Y eso entonces generó en él más confianza para con Dios. El verso 6: "El Señor está a mi favor, no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?" Es la cita que aparece en Hebreos capítulo 13. ¿Y a qué conclusión llega el salmista después de esa experiencia? Verso 8 y 9: "Es mejor," dice él, "refugiarse en el Señor que confiar en el hombre. Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en príncipes."
¿Y cuál es el cúspide de toda esta reflexión? Él termina exaltando la bondad de Dios. Dice el verso 28 y 29: "Tú eres mi Dios y gracias te doy. Tú eres mi Dios y yo te exalto. Dad gracias al Señor porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia."
Ahí es donde necesitamos llegar. En medio de nuestras dificultades, ese es el desafío: yo necesito llegar a ver a Dios tan real que yo pueda confiarle mi caso a él.
Dice el autor de Hebreos: "Sea vuestro carácter sin avaricia. Contentaos con lo que tenéis, porque Él ha dicho: Nunca te dejaré, nunca te desampararé." De manera que, si eso es verdad, yo puedo decir ahora confiadamente que el Señor es mi ayudador. ¿Qué podrá hacerme el hombre?
¿Qué aprendemos? ¿Qué aprendemos de todo esto? ¿Qué tan bien nos estamos alimentando de la Palabra? La base de ese argumento es "porque Él ha dicho". Entonces mi pregunta es esta: ¿Qué tanto conozco lo que Él ha dicho? Nuestro gozo, nuestra paz, está directamente relacionada a lo que Dios ha dicho. Y la Biblia es la Palabra de Dios revelada. Eso no es un simple libro. Es el manual de nuestras vidas.
La pregunta es: ¿Qué es lo que nos guía la vida? Cuando estoy en dificultades, en temor, en incertidumbre, ¿qué es lo que gobierna mi mente? ¿A dónde acudo? ¿Cuál es el consejo que busco? ¿Es lo que yo creo o es lo que Dios cree? ¿Es lo que yo siento o es lo que Dios ha dicho? ¿Es lo que la gente opina o es lo que Dios ha declarado? ¿Cuál es la base sobre la cual yo estoy construyendo mi esperanza? ¿En qué me estoy basando?
Nosotros necesitamos más a Dios. Necesitamos conocer más su Palabra. Necesitamos aprender a atesorar su Palabra en el corazón. Necesitamos orar por eso. En el Salmo 119, un capítulo de la Biblia dedicado a la Palabra de Dios, dice: "¡Cuán dichosos, cuán bienaventurados son los que andan en la ley del Señor! ¡Cuán dichosos son aquellos que guardan sus testimonios con todo el corazón, le buscan!" Y dice: "Yo me deleitaré en tus estatutos. Yo no me olvidaré de tu Palabra."
Necesitamos la Palabra. Ninguno de nosotros va a crecer en esa confianza en Dios gastando mucho tiempo en el Facebook. No necesitamos el Hollywood. Necesitamos la Biblia. Mi confianza no vendrá porque yo vea la cara y el rostro de la gente. Mi confianza vendrá porque yo vea el rostro de Dios. Yo necesito ver su sonrisa. Yo necesito experimentar su amor. Yo necesito sobre todo atesorar sus promesas.
¿Cómo está nuestra confianza en Dios? Yo estoy seguro que todos nosotros tenemos suficientes razones quizás para estar confundidos, para estar turbados. Hay muchos problemas en esta vida. Yo sé que alguno debe tener problemas familiares, en el matrimonio, con conocidos. Quizás otros están enfrentando retos en sus empleos, en sus trabajos, algunos retos de salud. Nos están enfrentando a un futuro que es incierto, y mi pregunta es: ¿Qué tú vas a hacer? ¿Qué vas a hacer?
Es obvio que hay cosas que no están bajo control, que no están bajo nuestro control. Pero la fe comienza cuando nuestra posibilidad termina. Así que Dios nos desafía a que nosotros nos rindamos a Él. Dios es más glorificado cuando nosotros estamos más satisfechos y confiados en Él.
Hoy Dios te desafía a confiar en Él. Dios te dice en medio de toda esa circunstancia: "Yo estoy contigo. Yo nunca te voy a dejar. Yo nunca te voy a desamparar. Yo he prometido no volverme atrás de hacerte el bien." Yo te pregunto: ¿Qué vas a hacer? ¿Cómo vas a salir de este lugar diferente a como tú entraste? ¿Qué vas a hacer?
Tenemos que pedirle a Dios: "Señor, aumenta mi fe. Dame la fe para que yo pueda creerte." Tenemos que pedirle a Dios que nos ayude a ver nuestra pequeñez, pero al mismo tiempo su grandeza. Tenemos que pedirle a Dios que Dios nos muestre nuestra debilidad, pero al mismo tiempo su poder. Tenemos que pedirle a Dios que podamos ver los desafíos reales, pero que también traen oportunidades reales para Dios, para Dios mostrarse en nuestra vida.
Dios quiere decirte que Dios está listo para eso. Este es el momento para tú rendir tus temores a Dios. Este es el momento para tú rendir tus incertidumbres a Dios. Es el momento para tú entender que tú no has sido llamado para controlar todas las cosas de la vida. Dios, el Rey soberano del universo, está en su trono. Dios reina.
Dios nos desafía a una vida diferente. Dios nos desafía a una vida mejor. En medio de un mundo que está convulsionando por tantas incertidumbres, por tantos desbalances, Dios nos pide que nos rindamos a Él. Dios nos pide vivir una vida llena de gozo en nuestra realidad presente. Dios nos pide que podamos vivir confiando en los eventos futuros.
Que Dios bendiga su Palabra. Que Dios nos ayude a rendirnos a Él.
Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D