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Sermones

¡Despierta! es más tarde de lo que piensas

Miguel Núñez 29 junio, 2025

Romanos 13 contiene un llamado urgente que ha transformado vidas a lo largo de la historia. Agustín de Hipona, un hombre atrapado en la lujuria, escuchó una voz infantil que decía "toma y lee", abrió las Escrituras y sus ojos cayeron sobre los versículos 13 y 14: "Andemos decentemente como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias... vístanse del Señor Jesucristo". Ese día nació de nuevo. Lutero despertó de la pesadilla de intentar ganarse la salvación por obras. Wesley, siendo evangelista, descubrió que él mismo necesitaba ser evangelizado. Los tres despertaron de este lado de la gloria, y esa es la buena noticia.

Pablo escribe conociendo el tiempo —no el cronos del reloj, sino el kairos, la ventana de oportunidad entre la primera y segunda venida de Cristo. Llama a este siglo "tinieblas" y al venidero "luz". La noche está muy avanzada, dice, y el día está cerca. Cada cumpleaños, cada cana, cada dolor artrítico, cada funeral es un recordatorio de que es más tarde de lo que pensamos. Si supiéramos que moriremos en tres meses, ¿qué haríamos diferente? La realidad es que ninguno tiene garantía de ver el día de mañana.

Vestirse de Cristo significa lucir como él lució: transparencia, humildad, gracia, perdón, compasión que conmueve las entrañas. No basta con evitar los pecados extremos; Pablo menciona en la misma lista la inmoralidad y las envidias, las orgías y los pleitos. La carne debe ser crucificada —una muerte lenta, dolorosa, sin atajos. El pastor Núñez pregunta: si ciertos pecados persisten, ¿será porque secretamente nos funcionan, porque no queremos soltarlos todavía? "Señor, dame castidad, pero no todavía", oraba Agustín antes de su conversión. El llamado es a despertar hoy, porque mañana puede ser demasiado tarde.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Despierta, es más tarde de lo que piensas. Es más tarde de lo que piensas. Es el título de mi mensaje en esta mañana. Yo sé que el mensaje suena un tanto escatológico o profético, pero en realidad el texto sobre el cual voy a hablar no lo es. Aunque nosotros podemos y debiéramos encontrar una aplicación del texto en esa dirección, pero no una interpretación de lo que Pablo está diciendo o una exégesis. A diferencia de otras ocasiones, verá, donde hago una introducción quizás un poco más extensa, yo quiero leer el texto desde el inicio para que puedas entender mejor el título que acabo de mencionar.

Romanos trece, del 11 al 14: "Y hagan todo esto conociendo el tiempo, que ya es hora de despertarse del sueño. Porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos. La noche está muy avanzada y el día está cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz. Andemos decentemente como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias. Antes bien, vístanse del Señor Jesucristo y no piensen en proveer para las lujurias de la carne."

El texto más que hacer algo profético es lo que en inglés llamaría un "wake-up call", una llamada de... Es una llamada despertadora. Era más usual ante cuando no teníamos estos teléfonos. Cuando ibas a un hotel en Estados Unidos, tú llamabas a la operadora o la recepción, decías: "¿Podría tener mañana un wake-up call, una llamada que me despierte a equis horas?" dependiendo de cada caso. De manera que de esta forma la puedo expresar: los está atrayendo, este llamado de atención, a cada creyente e incluso a los incrédulos.

Pablo comienza el texto en el versículo 11 con una frase que nos ayuda inmensamente a conectar todo lo que le ha dicho en este capítulo 13 con lo que va a terminar diciendo ahora que está cerrando. Y esta es la frase conectora: "Y hagan todo esto conociendo el tiempo." Bueno, como Pablo, ¿que hagan todo qué? Él te diría: "Bueno, es que tengo un número de versículos hablándote de obligaciones que tienes con Dios, contigo mismo, uno con otros, obligaciones que tienes con el enemigo, obligaciones que tienes con el Estado civil y el último mensaje, incluso obligaciones que tienes con el prójimo, donde está incluido todo el resto de la humanidad." Hagan todo eso conociendo el tiempo. ¡Wow!

¿Cómo enseña Pablo el tiempo? Porque esto fue escrito hace dos mil años y está relevante hoy como en aquel entonces. Bueno, en otras ocasiones hemos hablado de que en el griego o del lenguaje original que esta carta fue escrita, hay dos palabras para tiempo. Está "cronos", que se refiere al cronómetro, al reloj, al calendario, pero esa no es la palabra aquí. Está la palabra "kairos", que se refiere a una ventana de oportunidad. Y creo que tenemos una ventana de oportunidad entre la primera venida de Cristo y la segunda venida de Cristo. La primera, Él vino a salvar; la segunda, Él vino a juzgar. Hay una ventana de tiempo. Pero también la palabra "kairos" puede hacer referencia a la cualidad, calidad del tiempo que tú estás atravesando.

Si pensamos un poco a través de la Biblia, quizás Cristo mismo, que predicó antes de Pablo, pudiera ayudarnos a diferenciar este tiempo del que habla Pablo con otro tiempo. Cuando tú vas a Mateo 12:32, Cristo dividió todo el tiempo de esta manera: este siglo y el siglo venidero, según la Nueva Biblia de las Américas. La Nueva Versión Internacional lo traduce como este mundo y el mundo venidero. La traducción en inglés usa una frase que es "this age and the age to come", como esta época o esta era y la era que vendrá. ¿A qué era Pablo se está refiriendo? A este tiempo, ahora en esta vida, en este mundo, versus la era que vendrá. Ese es el trasfondo.

Y él continúa diciendo: "Conociendo el tiempo, ya es hora de despertarse del sueño." Yo creo que esa frase "ya es hora" me ayuda a entender que Pablo está hablando de este tiempo. Este tiempo, ya es hora. Entonces, ahora Pablo viene a despertar a la realidad de qué clase de tiempo estás viviendo, qué Dios espera de ti y de mí. Yo creo que ahora puedes entender un poco mejor mi título: Despierta, es más tarde de lo que piensas.

Yo quiero contarte, yo quiero hablarte de tres personajes famosos en la historia de la Iglesia. De uno te voy a hablar mucho más que de los otros dos, pero lo voy a poner en contexto en relación al Libro de Romanos. Y el primero de quien te voy a hablar es en relación con el texto que acabamos de leer, porque el texto que acabamos de leer es el texto que Dios usó para convertir al gran Agustín de Hipona, conocido entre los católicos como San Agustín.

Déjame recordarte, a veces hemos hablado de él en otras ocasiones, pero Agustín fue... su primer nombre fue Aurelio. Poca gente lo conoce como tal. Nació el 13 de noviembre del 354 en el norte de África, en un lugar conocido como Tagaste. Ese pueblo hoy se encuentra probablemente en el país de Algeria. Y fue hijo de una pareja mixta. Su madre se convirtió; su padre siguió siendo un hombre pagano, como eran llamados los incrédulos en esa época. Y por consiguiente, su padre estaba interesado en que Agustín llegara a ser un gran hombre rico, intelectual, de influencia. Su madre tenía otro interés. Ella quería que Agustín llegara a ser un hombre de Dios.

Entonces, Agustín inicia su estudio ahí en el pueblo pequeño donde nació. Eventualmente se traslada a la ciudad de Cartago, conocida hoy como Túnez, que también está en el norte de África. Y ahí en Cartago entonces se dio a conocer, pero donde él estudió en ese momento había una gran corrupción moral. Agustín estudió retórica. No es algo muy mencionado hoy, pero en Grecia y en Roma alguien que estudiara retórica llamaba la atención. Era alguien entrenado en la oratoria, pero no simplemente en la oratoria, sino cómo hablar de una forma clara, convincente, efectiva. Y él comenzó a distinguirse por esos dotes.

A la edad de 16 años, Agustín, 16 años, ya era un hombre promiscuo. Pero luego, un año más tarde, a los 17 años, él se une a una mujer con quien estuvo unido por 14 años, y según lo que él confiesa, él fue fiel durante ese tiempo. Eventualmente, Agustín y esta mujer fueron forzados, no estoy seguro bajo qué condiciones, a separarse para que pudieran tener o hacer un matrimonio legal. Agustín se muda a Roma y de Roma pasa a Milán, donde fue influenciado por el obispo Ambrosio de Milán, un hombre con una gran capacidad intelectual, igualmente con gran verbo, un hombre que se decía, o se dice hasta el día de hoy, que fue un gran predicador. Agustín fue a escucharlo.

Y él comenzó a ser convicto de pecado, y en su libro más famoso, "Confesiones", él dice que él oraba y le decía a Dios: "Concédeme castidad y continencia, pero no todavía." Escucha por qué: "Porque temía que Dios me escuchara pronto y me liberara pronto." Me pregunto cuánta gente está hoy en pecado, le pide a Dios una cosa pero realmente desea otra cosa.

Agustín tuvo un amigo de nombre Alipio, y ellos todos comenzaron a leer la Palabra. Agustín estaba en la casa de Alipio un día, estaba leyendo la Palabra, nuevamente había dado en comienzo a sentir convicción de pecado, y él se retira, va al jardín de la casa. Se retira de Alipio porque no quería que lo oyera ni que lo viera llorando, ni mucho menos que lo oyera sollozar. Y de repente, cuenta Agustín en su libro "Confesiones", que oyó un niño, una niña, no podía estar seguro, que decía: "Tolle lege", que en latín, traducido al español, quiere decir "toma y lee". Agustín tomó eso, porque no sabía de dónde venía la voz, como un llamado de Dios. Regresa al lado de Alipio, toma su Biblia, la abre, y el primer texto que sus ojos vieron fueron los versículos 13 y 14 de Romanos 13, que te acabo de leer y al cual vamos a regresar.

De manera que Romanos 13:13 y 14 cambió la vida de Agustín. Sabemos que Dios lo hizo, y Agustín cambió la historia de la Iglesia. Romanos 1:17 cambió la vida de Lutero: "El justo por la fe vivirá." Mateo 12:34 contiene una frase que dice "no estás lejos del reino de Dios", una frase que Cristo pronuncia a un fariseo en un momento dado donde Cristo le preguntó, o él le preguntó a Jesús, qué se requiere para ganar la vida eterna. Cristo le responde: "Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, toda tu fuerza, y al prójimo como a ti mismo." El fariseo, viendo que Cristo respondió bien, como que accediera, que eso es lo que la Palabra dice, entonces Cristo le dice al fariseo: "No estás lejos del reino de Dios."

Este fue John Wesley. John Wesley había estado en Estados Unidos, había ido a predicarles a indios norteamericanos para que se convirtieran. Cuando él regresa, en el barco que él venía, él comenzó a darse cuenta que aunque él había ido a convertir a los indios, él no era un hombre convertido. El 24 de mayo de 1738, un miércoles en la noche, él fue a una reunión de hombres cristianos moravos. Él tenía la frase en su mente: "No estás lejos del reino de Dios." Y esa noche, cuando él llega, alguien estaba leyendo el prefacio del Libro de Romanos, Romanos otra vez, que Lutero había escrito, y donde se hablaba de la justificación por la fe. Y registra en su diario que a las 8:45 de la noche su corazón se tornó extrañamente cálido, sintiendo una nueva confianza en la salvación por medio de la fe en Cristo y que sus pecados habían sido removidos.

Aparte de decirte que este es un libro que ha sido ampliamente usado en la historia de la Iglesia, yo quiero básicamente usar brevemente la vida de estos tres hombres para decirte: Agustín necesitaba ser despertado de su sueño de lujuria que él disfrutaba tanto. ¿Verdad que Pablo nos llama a despertar del sueño? Es el título de mi mensaje de alguna manera. Lutero fue despertado de una pesadilla donde él se sentía continuamente acusado por Dios, no limpio, tratando de ganarse la salvación por obras. Wesley despertó a la realidad de que él, siendo un evangelista, él mismo necesitaba ser evangelizado. Y eventualmente despertó.

No sé dónde pudiera estar alguien de nosotros hoy en día, distraído y gozoso con los placeres de este mundo. El caso de Agustín. Lutero, en medio de una pesadilla, despertó y pasó de llevar una vida religiosa, cargado de culpa, lleno de actividades de iglesia, con mucho estudio de la Palabra, a pasar una vida, o a vivir una vida de libertad santa, no para pecar, sino para mantenerse lejos del pecado. Y Wesley despertó a la realidad de que es posible creerte convertido, creerte un evangelista y estar evangelizando y ni siquiera ser tú un evangelizado previo.

Agustín descubrió que no es posible vivir disfrutando del pecado y seguir a Cristo al mismo tiempo. No, eso no es posible. Esa no es la vida que caracteriza a un verdadero creyente. Lutero descubrió que no puedes alcanzar la salvación por medio de las obras de la ley, pero puedes ser un hombre muy religioso, muy fiel a tu iglesia, muy fiel a la actividad de la iglesia, pero una vida religiosa. Y Wesley descubrió que hay evangelistas incrédulos que están tratando de convertir a otros incrédulos.

La buena noticia para ellos es que ellos despertaron de su sueño de este lado de la gloria, porque Cristo habla de personas que van a despertar de aquel lado de la gloria, donde cuando se encuentren con él dirán: "Señor, Señor, en tu nombre hicimos milagros, predicamos." Y él les dirá: "Fuera de mí, lejos de mí, yo nunca los conocí."

Pablo dice: "Conociendo el tiempo, el kairós, es hora de despertarse del sueño." Y, hermanos, yo no sé si tú vives con ese sentido de urgencia, pero sabes algo, a ninguno de nosotros nos queda mucho tiempo. No necesariamente por la edad que tengamos, aunque eso puede ser un factor, pero no necesariamente. Tú y yo no sabemos cuándo termina el calendario de mi vida en esta tierra. Y esa sola realidad debiera llevarnos a vivir con un sentido de urgencia.

Piensa por un momento. Si tú supieras que estamos al final de junio, julio, agosto, septiembre, que al final de septiembre tú vas a morir, 30 de septiembre digamos. ¿Qué tú harías diferente en los próximos tres meses? ¿De qué manera tú te propondrías cambiar tu vida? ¿Cuáles énfasis tú estarías haciendo los próximos tres meses que no estás haciendo hoy? Porque sabes qué, ni tú ni yo tenemos garantía de que vamos a ver el día de mañana lunes. Pero vivimos como si tuviéramos toda la eternidad por delante para hacer las cosas que me gustan, que disfruto en este siglo. Distraídos con las atracciones del mundo y los placeres temporales de la carne.

Oye lo que Cristo advirtió en el famoso sermón que encontramos en Mateo 24-25, en el Monte de los Olivos. Cristo advirtió que cuando él viniera, la generación, cuando sea, la generación iba a estar haciendo exactamente lo que la generación de Noé hizo cuando él comenzó a construir el arca. Y él dice lo que hicieron: estaban comiendo, estaban bebiendo, estaban casándose, dándose en matrimonio. Él dice: mientras Noé predicó por ciento veinte años, entendemos. Cristo dice: y ellos no entendieron. Subraya la palabra: no entendieron. No entendieron qué cosa: la urgencia del tiempo, el kairós, la ventana de oportunidad. Y no entendieron hasta que Noé entró en el arca y Dios cerró la puerta.

Si nosotros seguimos viviendo sin sentido de urgencia, es posible que la venida de Cristo nos tome por sorpresa y seamos, valga la redundancia, sorprendidos.

Hermano, yo no sé si te has percatado. En la Biblia hay un llamado recurrente a despertar. El profeta escribió en Isaías 51:17: "Despierta, despierta, levántate, Jerusalén, tú que has bebido de la mano del Señor la copa de su furor, que has bebido el cáliz del vértigo hasta vaciarlo." Jerusalén, tú has pasado por la justicia de Dios y sigues durmiendo. No entiendo, Jerusalén.

En Efesios 5:14, Pablo le escribe a la iglesia de Éfeso: "Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo."

En Apocalipsis 3:2, Cristo, pasando revista a sus iglesias, se encuentra con la iglesia de Sardis. Le dice a la iglesia de Sardis, en la Nueva Traducción Viviente: "Despierta, fortalece lo poco que te queda, porque hasta lo que queda está a punto de morir. Veo que tus acciones no cumplen con los requisitos de mi Dios."

Tú encuentras el llamado a despertar, ya sea con esa palabra o con una palabra sinónima o parecida, un llamado recurrente a lo largo de la Palabra.

En el caso de Pablo, él nos dice en el versículo 11, el primer versículo que leímos, en la segunda parte: "Porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos." Bueno, cuando Pablo dice que la salvación está más cerca de nosotros, él no está diciendo "de nosotros los incrédulos, ya pronto vamos a ser salvos." No, no. Recuerda que otra vez les he dicho que hay un sentido en la Palabra donde nosotros ya somos salvos, pasado: ahí fuimos libres de la pena del pecado en la cruz de Cristo. Hay un sentido en el que nosotros estamos siendo salvos del poder que el pecado ejerce sobre nosotros a través de la santificación. Pero "para nosotros" está refiriendo a la finalización de ese proceso, donde nosotros seremos librados de la presencia del pecado, en la presencia de Dios, con cuerpos glorificados, sin deseos de pecado.

Bueno, tú y yo no tenemos certidumbre de cuándo culmina el calendario de Dios para este siglo, para este mundo. Ahora, de algo tú y yo podemos estar seguros: es dos mil años más tarde que cuando Pablo escribió esto. Dos mil años más tarde que cuando Pablo escribió esto.

Hermano, ¿sabes algo? Cada cumpleaños que tú celebras te dice que estás más cerca del día final: hacia el día final de tu vida o del día final cuando Cristo regresa. Cada cana que tú notas en ti o en otro es un recordatorio de que estamos más cerca del final. Cada arruga que tú encuentras —la historia "tengo veinte años," tú la puedes ver en nosotros entonces— cada arruga que tú ves es un recordatorio de que estamos más cerca del final. Cada dolor artrítico que tú experimentas es otro recordatorio, y cada funeral es un recordatorio a todas voces: hay un final de la vida de este lado de la gloria.

Y ese final, no sé si será en un día, en un año o en veinte. Yo no sé si tú piensas eso; yo pienso eso con frecuencia. Y lo único que eso ha hecho es aumentar mi sentido de urgencia, porque tengo un llamado recurrente a vivir con sentido de urgencia. Y hermano, cada una de esas cosas es un recordatorio más de que es más tarde de lo que tú crees.

Cristo dividió el tiempo en este siglo y el siglo venidero, o este mundo y el mundo venidero. Pablo comienza en el versículo 12 del texto de hoy a caracterizar este tiempo, este kairós. Versículo 12: "La noche está muy avanzada y el día está cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz."

Notaste cómo Pablo ve el tiempo. Él llama a este siglo, a lo que Cristo llamó "este siglo," tinieblas. Y él llama a la vida venidera, al siglo venidero, lo que Jesús llamó así, él le llama luz. Y por tanto nos llama a usar las armas de la luz.

Yo creo que la mejor ilustración es literalmente las veinticuatro horas del día. A las nueve de la noche en nuestro país tú sales, está oscuro. A las diez, igualmente oscuro. A la una de la madrugada, igualmente oscuro, pero estamos más cerca del día. Dependiendo de la época del año, a las cinco de la mañana puede estar igualmente oscuro, pero no estamos igual de cerca a la salida del sol.

Pablo está diciendo: esta era es una era de tinieblas, de oscuridad, de pecado, pero está avanzando la oscuridad. La noche está muy avanzada, dos mil años atrás, pero nos estamos acercando al día. ¿Cuál día? El día de su retorno. Pablo tenía eso tan consciente que en Efesios 6:12, hablando de la guerra espiritual y de la armadura de Dios, él llama, dice que nuestra lucha es contra los poderes de este mundo de tinieblas.

Hermanos, nosotros andamos por el mundo muchas veces como que no necesitamos ni un foco ni una lámpara, como si nosotros anduviésemos en medio de la luz. No, es un mundo de tinieblas. Y esa es la manera como Pablo caracteriza el tiempo, el kairós, entre la primera y segunda venida de Cristo.

En Colosenses 1:13, Pablo todavía, a otra iglesia, nos dice que nos libró Cristo del dominio de las tinieblas, haciendo alusión al pecado. Pero esa es una cosa: el pecado no se ha ido de nosotros. Hay áreas de tinieblas en nosotros todavía.

Cuando escribió a los de Tesalónica, su primera carta, 5:5, dice: "Porque ustedes son hijos de la luz e hijos del día. Son hijos de la luz, Cristo, e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas." No puede ser que hijos de la luz quieran andar en la oscuridad. No puede ser que hijos de la luz quieran hacer las cosas que se hacen de noche, como ponerte la pijama, acostarte, relajar, ver y tener un buen tiempo.

No podemos olvidar lo que la Palabra dice en 2 Crónicas 16:9: "Los ojos del Señor recorren toda la tierra." Hermano, cuando estás en tu habitación, frente a tu computadora o en cualquier otro lugar, los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos que son completamente suyos. En privado y en público, el Señor nos está viendo, porque la misma Palabra atestigua que para Dios la noche es como el día. O sea, él ve igual siempre. Su visión nunca es afectada.

Pablo está escribiendo esta carta a la iglesia en Roma y usa palabras fuertes para advertirle. Pero si recuerdas lo que yo dije, creo que en uno de los primeros tres sermones en esta serie, que van cuarenta y dos, yo creo, cómo Pablo entendía las condiciones en que Roma vivía. Decía en esa ocasión que el filósofo Séneca, contemporáneo de Pablo, decía que Roma era una cloaca de iniquidad. Y el poeta Juvenal, contemporáneo de Pablo, la describió como una cloaca inmunda donde llegaban las escorias del imperio. Si me he detenido, Agustín fue un hombre promiscuo; conoció algo de lo que era la cloaca. Nació en el norte de África, se mudó a Roma, realmente experimentó algo de eso.

Pero aún donde él estudió, en Cartago, era una ciudad de mucha corrupción moral. Y el día que Dios quiso llamar a Agustín, no sé cómo Dios usó la voz de ese niño o de esa niña, que aparentemente era como un juego: "Toma y lee, toma y lee, toma y lee." Agustín va al lado de su amigo Alipio, toma la Biblia, abre la Biblia como al azar, y esto es lo que lee: versículos 13 y 14 del texto de hoy. "Andemos decentemente," imagínate a Agustín que está leyendo esto, "como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias. Antes bien, vístanse del Señor Jesucristo y no piensen en proveer las lujurias de la carne." Ese día, Agustín de Hipona, nació de nuevo.

Y ahí la historia que te quise hacer más larga que la de Lutero o la de John Wesley, porque este texto que yo acabamos de leer fue usado en la vida de un hombre que tenía un trasfondo de distorsión de su sexualidad. Pero tú notaste que el texto que te leí no solamente habla de promiscuidad sexual y lujurias. De hecho, en el original es un poco más fuerte y no lo quise traer, lo dejé así tal como está traducido. Pero menciona ahí mismo pleitos y envidias. En otras palabras, no importa si es inmoralidad sexual o envidias o pleitos, son todas obras de la carne.

Y cuando Pablo les escribió a los gálatas, les hace una lista no idéntica, pero muy similar, para decirles a ellos cuáles eran las obras de la carne que no se esperan en la vida de un cristiano. Y en esa lista, que te la voy a leer otra vez porque ya la di una vez hace dos o tres años atrás, hay pecados extremos y pecados del día a día, que él los junta todos. Gálatas 5 del 19 al 21: "Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son..." Yo la voy a leer, voy a tomarla con cierta lentitud, porque hay algunas cosas extremas, pero hay algunas otras que son del día a día. A ver con cuál de ellas tú te identificas para que puedas ver que son obras de la carne, son obras de las tinieblas, no son típicas de los hijos de la luz.

Son estas obras: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería. Ahí estamos bien, probablemente. Escucha ahora: enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias. ¿Cómo vamos? Borracheras, extremos ahora, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Pero no entiendo, o sea, enemistades, pleitos, celos, enojos, ¿qué no se supone que eso sea parte de la vida de un hijo de Dios? No es que pierdo mi salvación, es que el fruto del Espíritu no se acaba de formar. Y en parte no se acaba de formar, no solo porque, aunque no lo digamos, como que en el fondo nos gusta. Como somos nos funciona, por eso no cambiamos. Si no nos gustara, cambiaríamos al otro día. Si tú tienes un zapato que desde que te lo pusiste te hace un cayo y te molesta, yo creo que tú lo dejas y te compras otro, o comienzas a usar otro zapato, claro, porque no te gusta. Pero entonces, ¿por qué no cambias el zapato de tus obras de la carne? ¿Qué, me gusta al final? "Quítame eso, pero no todavía, Señor."

Escucha lo que Philip Ryken escribió, creo que en su comentario a los Gálatas, acerca de estas obras de la carne. Porque yo creo que este es otro problema, que tú y yo no entendemos la guerra, la batalla campal que ejercen las obras de la carne contra mi espíritu, de la cual Pedro habla en una de sus cartas. Dice que combaten contra mi alma. No es que no le hacen bien, no, es una guerra campal contra mi alma.

Este es el comentario de Philip Ryken, él es el presidente de Wheaton College. Escucha: "El Espíritu está involucrado en un combate moral con la carne, un combate. Los deseos de la nueva naturaleza, los deseos del Espíritu, hacen guerra contra las pasiones de la naturaleza carnal. En esta guerra no habrá un cese al fuego. No hay tratado de paz. La naturaleza espiritual no puede entrar en negociaciones de paz con la naturaleza carnal." Es imposible. Por eso cuando se lo digo a los corintios: ¿qué tienen en común Cristo con Belial, con Satanás? Tampoco puede rendirse. Esa es la nueva naturaleza, no puede rendirse. El Espíritu tiene que batallar el pecado hasta hacerlo morir. Por eso, cuando el Espíritu captura o atrapa la carne, él no la retiene simplemente como alguien que retiene un prisionero, sino que le hace la guerra. El Espíritu pone la naturaleza carnal a muerte. Y esto no es simplemente cualquier muerte. La forma de hacerla morir, dice Ryken, es crucificándola.

Eso es lo que se requiere para andar como de día, como leemos o leímos en Romanos 13:13. Escucha, te lo leo de nuevo: "Andemos decentemente como de día." ¿Cómo así, Pablo? Bueno, pregunto: ¿qué significa andar como de día? ¿Qué significa crucificar la carne? Porque andar como de día es como andar como que tú has crucificado la carne.

Recuerda, anterior a tu conversión, tu carne te dominaba, era tu amo. Tú no podías controlarla porque lo único que tú tenías era la ley moral que Dios ha escrito en el corazón de cada uno de nosotros y tu conciencia que funciona junto con la ley moral. No tenías ningún otro poder, y el poder de la carne es más fuerte que ambas cosas en la vida del incrédulo. Pero, en el sentido de frenar, los deseos de la carne andaban por su cuenta, como decimos nosotros, dominándote.

Ahora, en la persona que ha entregado su vida a Cristo, eso cambió radicalmente, pero parece que no nos percatamos. Porque Dios puso en nosotros la tercera persona de la Trinidad con poder infinito. Entonces, si aquellas cosas que me siguen dando problemas, trabajo, que siguen siendo tropezadero, no las domino, no es porque me falta poder. Es sobra de poder. Es porque yo no las acabo de rendir y no acabo de soltarle el control a nuestro Dios.

El Espíritu vino a morar en nosotros e inmediatamente comenzó a debilitar o a frenar los deseos de la carne. Hasta el punto que Pablo nos dice a nosotros los creyentes: "Considérense muertos al pecado." Él no está diciendo que ya el pecado no vive ni reina en ti, no, no, no. O sea, cuando tú piensas en el pecado, considérate muerto al pecado. En otras palabras, ¿qué? No tienes razón para practicarlo. Él ya se murió, no tienes razón para seguir en él. Entonces él usa esta metáfora de la crucifixión de la carne para explicar qué es lo que ha ocurrido.

Entonces, cuando tú verdaderamente, genuinamente, naciste de nuevo y recibiste a Cristo, no solamente como Salvador, sino como Señor. No como una póliza de seguro para no ir al infierno, no, no, no. Tú le entregaste tu vida, y aunque vas a tener que batallar a lo largo de la santificación, tú se la entregaste porque tú deseabas que Él gobernara tu vida y que pasara a ser tu nuevo amo y no el pecado. Entonces, si verdaderamente Cristo gobierna, esa es la razón por la que decimos que la carne fue crucificada con Cristo, porque Cristo se crucificó, se dejó crucificar justamente para quitarle el poder al pecado: primero la pena, luego el poder al pecado.

"Pastor, pero si Cristo viene a mi vida y verdaderamente nací de nuevo, ¿por qué lo sigo pecando tan frecuentemente?" Bueno, a veces la conversión no se ha dado, ¿no? A veces me pasa como John Wesley. No me estoy diciendo que eso es la mayoría de las veces en personas de iglesia, no lo sé, pero a veces pasa. Otras veces pasa porque yo soy un rebelde sin causa. ¿Cómo sin causa? Bueno, porque ya yo se supone que Cristo vive en mí, Él gobierna, con el poder infinito, yo no tengo razón para permanecer en esta práctica de pecado. Entonces, ¿por qué lo sigo? "Es insubordinación, pastor, pero eso no le pasa a usted." Claro, cada vez que yo peco, eso es otra insubordinación. A veces no he madurado, yo puedo tener diez, veinte años en la fe cristiana y no haber madurado emocionalmente. Pero si no puedes controlar tu pecado, es el pecado que está reinando en ti y no Cristo. Y ninguna de las dos opciones son buenas: una, verdaderamente Cristo no vive en mí; y la otra, Cristo vive en mí, pero sigo insubordinado y en rebeldía.

Por eso que Pablo escribió a los corintios, que vivían con celos, envidias, pleitos, divisiones. Les dice: "Hermanos, examínense, pónganse a prueba para ver si están en la fe, examínense a sí mismos." Segunda de Corintios 13:5. ¡Wow!

Tú recuerdas que cuando Cristo estaba crucificado, ahí en la cruz, en un momento dado Él dijo: "Tengo sed." Y le dieron lamentablemente a beber un vinagre, un trapo empapado de vinagre, como parte de su castigo. Con esto lo que quiero decir es que, aún después de crucificar la carne, la carne tiene deseos. Y ahora no estoy hablando de sed, otros deseos. Pero el hecho de que la carne tenga deseos no quiere decir que yo tengo que satisfacer los deseos. No, para eso tengo el poder del Espíritu para evitar hacerlo. Esos deseos siguen haciendo demandas. "Pastor, por eso nos ha encontrado a veces cediéndole a las demandas." Sí, yo te lo digo porque yo soy un ser humano que ha sido regenerado, al igual que muchos de nosotros.

En la antigüedad no había forma más cruel de matar a una gente que la crucifixión. Pablo toma esa metáfora y dice: bueno, para tú matar la carne, tú tienes que ser cruel con la carne. ¿Tienes un problema de lujuria? Para qué prender la televisión, porque aunque no hay nudismo, hay otras cosas sensuales que terminan llevándote a las otras cosas.

Y en la época de Cristo obviamente no había televisión, pero Él lo ilustró mejor que la televisión. Marcos 9: "Si tu mano te es ocasión de pecar, córtatela. Es mejor entrar manco al reino de los cielos que teniendo las dos manos ir al infierno, donde el fuego no se apaga." Versículo 43 fue eso, de Marcos 9. Versículo 45: "Y si tu pie te es ocasión de pecar, pues córtatelo. Es mejor entrar cojo a la vida que teniendo los dos pies ser echado al infierno." Ahí viene la televisión y la computadora. "Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo. Es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo que teniendo dos ojos ser echado al infierno."

La iglesia donde nosotros pertenecemos en Estados Unidos había un señor que era el electricista, pero era un electricista profesional y eso. Y él un día se percató de esto que acabó de leer, y él estaba viendo la televisión que lo había hecho caer. Él desconectó la televisión, al otro día la puso en el basurero para que el camión se la llevara, y estaba buena la televisión. Esa fue su interpretación de "si tu ojo te hace pecar, pues sácatelo". El ojo representa cosas que vemos, las manos representan cosas que tocamos, desde el dinero a otras cosas. Los pies representan lugares que visitamos que no debiéramos visitar.

Hermanos, hay cosas que tú y yo no debemos ver. Hay cosas que hacemos que tienen que parar, hay pensamientos que tienen que desaparecer, no los puedo seguir alimentando. Formas de hablar, formas de pensar, lugares. Hay formas de actuar que tienen que cambiar, forma de ver la vida: pasajera, temporal, para gozarla, para disfrutarla. Tienen que cambiar expresiones de rebelión, de rebelión, tienen que cambiar.

Ray Ortlund, de nuevo citándolo, dice: "Nuestra naturaleza pecadora ama tanto a esos pecados que nosotros secretamente quisiéramos que ellos continuaran viviendo". Ya. Si tienes personas que tienen un problema de, como le llaman aquí, un carácter fuerte, es un problema de ira. Y muchas veces, sobre todo hombres, la esposa no ha podido como hacerlo cambiar aunque ya no puede. Pero ¿sabes por qué lo siguen usando? Porque le funciona, porque la esposa se intimida. Hablando del caso de consejería, cuando el esposo viene del trabajo, "recojan, recojan muchachos, que ahí viene su papá", o sea, viene el león. Le funciona. Entonces él llega y lo dejan tranquilo.

Los deseos de la carne pueden ser muy deseables o intensos para la carne, porque no lo son para Dios y no lo son ni siquiera para mi espíritu regenerado. Déjame decirte, cuando de eliminar el pecado se trata, no hay atajos, sino simplemente una muerte dolorosa, lenta y larga. Cuando del pecado se trata, la única forma de hacerlo morir es a través de una muerte lenta, dolorosa y larga, porque estamos todavía en la carne.

William MacDonald, en su comentario, escribió algo como esto: "Sé intolerante de cualquier cosa en tu vida que pueda disminuir tu efectividad para Dios". Es como decirle: "Señor MacDonald, ¿cómo yo vivo en la luz? ¿Cómo uso las armas de la luz?" Y él diría: "Son tantas, y yo no te conozco, que yo simplemente te puedo dar un consejo general: evita cualquier cosa en tu vida que tú entiendes, o Dios te hace entender, que va a disminuir tu efectividad para Dios".

Dios tiene un rol que jugar en tu vida, vital. Sin la participación del Espíritu no hay santificación, pero ¿sabes qué? Sin la participación tuya tampoco hay santificación. La salvación es monergista, o sea, un solo lado. Dios es quien salva, a punto. Yo no participo; participo al creer, pero ya Dios me ha regenerado. En la santificación es sinergística, en otras palabras, hay dos, dos individuos, personas: Dios, la más importante, y yo. Hay cosas que Dios no va a hacer si tú no las haces, porque las ha dividido bien las responsabilidades.

Dice Pablo ya al cerrar: "Antes bien, vestíos del Señor Jesucristo". Nota que Pablo no dice "déjense vestir del Señor Jesucristo". Ustedes vístanse del Señor Jesucristo. "Y no penséis en proveer para las satisfacciones de la carne". ¿Tú no te has dado cuenta también que Pablo no dice "y no proveas para las satisfacciones de la carne"? No, que no lo pienses, que no tomes estos pensamientos y comiences a elucubrar, a imaginar y a planificar de qué forma vas a satisfacer las concupiscencias de la carne. Tienes que triunfar a nivel de tu mente antes de poder triunfar a nivel del día a día.

Vístanse del Señor Jesucristo. Esto implica, bueno mira, yo estoy vestido, es una ilustración. Tú sabes de qué color es mi saco, mi corbata, mi ropa, y me cubre, verdad, mi cuerpo. Entonces tú sabes cómo yo luzco. Vestirse del Señor Jesucristo implica lleva una vida, vive una vida que luzca como lució la de Él. Porque como yo le comentaba al equipo de trabajo de la iglesia el viernes, en un devocional, nosotros pensamos en la imagen de Dios en el hombre, y Cristo está redimiendo la imagen de Cristo en nosotros. Seremos como Él, lo veremos como Él, porque seremos como Él.

La pregunta es: cuando yo pienso en la imagen de Cristo que está siendo redimida en mí, ¿qué es lo primero que viene a la mente? Y frecuentemente, casi siempre, casi exclusivamente, santidad, como respondió alguien, y yo estuve de acuerdo. Y ¿sabes qué? Ciertamente, debo vivir una vida de santidad, pero eso no es lo único que corresponde a la imagen de Cristo. Una vida veraz, transparente. Mi vida pública, mi vida privada y mis palabras coinciden. Nada oculto, nada que probar, nada que temer.

Tengo que exhibir su humildad, su mansedumbre, su gracia, su misericordia, su perdón, su pasión por salvar al perdido, su empatía con el dolor humano. Vio las multitudes, y al verlas se compadeció de ellas, tuvo compasión de ellas. Si es una palabra, es splanchnízomai ahí en el griego, que implica que sus entrañas se conmovieron. Tengo que exhibir su espíritu de sacrificio y entrega, que a veces ni tenían tiempo para comer. Tengo que exhibir el estilo de vida de Cristo, siempre relacionado, siempre estaba con gente, excepto cuando se retiraba a las montañas para estar en un tiempo solitario, porque la gente es el propósito de la vida, no las tareas. Yo tengo que llevar a cabo tareas para llegar a la gente, pero no puedo usar la gente para llevar a cabo mis tareas.

Bueno, debiera, tengo que exhibir su habilidad de perdonar, aun si estoy crucificado y los que me crucificaron están al pie de la cruz y no me están pidiendo perdón. Pastor, pero eso no es tan fácil. Bueno, yo no estoy diciendo que es fácil, yo lo estoy diciendo siendo que no solamente el testimonio de Cristo y el de Pablo, ahí hay testimonio de la iglesia hoy en día, en países donde la iglesia está siendo perseguida, donde la gente vive de esa manera.

Pero ¿sabes qué? La historia de la iglesia ha mostrado también que cuando la iglesia ha vivido más entregada a una vida devota a Cristo es cuando la iglesia ha tenido pendiente el segundo retorno de Cristo. Mira cómo lo dice Juan Calvino: "Esto ha sido añadido", o sea, el fin aludiendo a la venida de Cristo y al juicio venidero, "para que los creyentes estén siempre velando. Él ahora los sacude de su somnolencia", y está el sueño otra vez, "para poder esperar con atención a Cristo en todo momento. De lo contrario, nos volveríamos inactivos y negligentes, como es generalmente el caso. Porque ¿cuándo es que la carne se entrega a sí misma sino cuando no hay pensamiento de la venida de Cristo cerca?"

Cuando no hay pensamiento, cuando no hay espera, cuando no estamos velando, cuando pensamos que tenemos todo el tiempo del mundo para esperar por Cristo, entonces nos entregamos a la carne. Hermano, yo no sé cuál es tu visión escatológica, pero escúchame. Si tú eres amilenial, tú piensas que ya estás en el milenio, que no hay rapto. Está bien, pero ¿sabes cuál es el próximo evento a ocurrir entonces bajo esa visión? Que Cristo se aparezca, que sea esta noche. Tú no sabes cuándo. ¿Y vas a vivir durmiendo?

Bueno, yo no tengo esa posición. Bueno, no me importa tampoco, hermano. ¿Cuál sería el próximo evento si eres premilenial y pretribulación? El próximo evento a ocurrir es el rapto de la Iglesia, que pudiera ocurrir esta noche o mañana o en la mañana. No hay más profecía que tenga que cumplirse en la Palabra de Dios. Y sobre todo si tú miras a Oriente Medio, no voy a entrar en los detalles ahora, y ves a qué estamos llegando. ¿Y no vamos a vivir con sentido de urgencia? Si hay algo que ha aumentado en mi ser en varios años, precisamente es mi sentido de urgencia. Mi vida está terminando, pero la tuya pudiera terminar primero que la mía, no lo sabemos.

De hecho, escucha cómo Pedro en su segunda carta, capítulo 3, versículos 10 al 14, cómo usa la venida de Cristo para motivar a una vida de piedad: "Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¿qué clase de personas no deben ser ustedes en santa conducta y en piedad?"

Precisamente porque todo lo que se ve es desechable y el Señor va a venir, puede llegar en cualquier momento. Eso debiera moverlos a una santa conducta y piedad. "Esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor. Pero según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia. Por tanto, amados, puesto que ustedes aguardan estas cosas, procuren con diligencia ser hallados por Él en paz", ¿y qué más? "Sin mancha e irreprensibles".

En vista de la venida de Cristo, en vista del juicio ante el trono de Cristo, en vista de que esto pudiera ocurrir esta misma noche y de que todo este mundo es desechable, tú y yo tenemos una sola opción: no es solamente vivir en paz, debemos vivir sin mancha y de manera irreprensible.

La segunda venida de Cristo es usada para motivar a los creyentes a vivir en santa conducta y piedad en Segunda de Pedro 3:5, en Tito 2:11-13, en Hebreos 10:24-25, en Santiago 5:7, en Primera de Pedro 4:7-10, una y otra vez. Es similar a cuando, guardando la diferencia, pero es similar a cuando Cristo les dice a los apóstoles o a sus discípulos en el jardín de Getsemaní: "Velad y orad para que no entréis en tentación". ¿Se quedaron durmiendo? Tres veces los despertó. ¿Ni una hora? En serio. Bueno, es exactamente lo que ocurre al creyente hoy en día, que un sermón lo despierta y esta tarde ya se ha dormido otra vez. Pablo está diciendo: despierten, que ustedes conocen el tiempo, conocen las condiciones del tiempo.

Son días de tinieblas. Despierten a esa realidad, aprovechen bien el tiempo porque los días son malos, no sean insensatos, no sean necios, Efesios 5:16 y 17. Que les cuenten una y otra vez.

Yo oraba al principio del sermón que yo no saliera, que me bajara de este púlpito de la misma manera que me subí. Yo oraba para ti exactamente lo mismo, que no salgas de aquí de la misma manera que llegaste. Vamos a orar antes de cantar y recordar en canción que Cristo volverá.

Si cierras tus ojos, baja tu cabeza. Quizás el Espíritu de Dios abrió tus ojos, quizás te despertó, quizás tuviste una experiencia como la de Agustín, Lutero o Wesley. Y a ti, de repente, viste cosas que no estabas viendo. Señor, hoy. Hermano, hoy, hoy es el día de salvación, no mañana, hoy. Si has encontrado que quizás estás como Wesley, hablando la Palabra, pero te diste cuenta que no eres cristiano, hoy entrega esa vida al Señor. Tu corazón, tu mente, voluntad, tus deseos, ambiciones, tu futuro, tu presente, tu pasado. Proclámalo como Señor de tu conducta de aquí en adelante, de tus pensamientos.

Pero si eres creyente, caminaste, te vestiste con visión. Algo similar, necesitamos seguirnos arrepintiendo. Y si no sientes arrepentimiento, como a veces he escuchado, dile: Señor, yo te he pedido perdón porque ni siquiera estoy arrepentido, dame arrepentimiento de, y ahí tú llenas el espacio en blanco.

Recuerda, Cristo volverá y para siempre reinará. Y a nosotros nos anima al final de Apocalipsis a decir: Ven, Señor Jesús. Esperamos, tu satisfacción espera. Oímos.

Perdónanos, Señor, cuando nos hemos dormido en nuestros laureles, en nuestros triunfos. Pero gracias te damos por tu Espíritu y por tu Palabra, que usa tiempos como estos para despertarnos. Te pedimos todo esto en el nombre precioso de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.